Donald Trump presidente de los Estados Unidos de America

Un lugar con buen talante y pluralidad democrática donde se debate lo más relevante de la política y la actualidad nacional e internacional.

Imagen

Avatar de Usuario
Invitado

Donald Trump presidente de los Estados Unidos de America

Mensajepor Invitado » Dom 13 Nov, 2016 2:25 am




MELANIA QUIERE SER JACKIE

La nueva primera dama de los EEUU es en realidad una incógnita que LOC trata de resolver con la ayuda de expertos y conocidos. Será esposa y madre antes que política. Su pasado comunista no ayuda.

COTE VILLAR


El encuentro entre Michelle Obama y Melania Trump el jueves por la mañana, en plena resaca electoral, fue muy cordial. Michelle condujo a Melania por todas las estancias de la Casa Blanca para mostrarle el que será su nuevo hogar. No se conocían hasta entonces. Hubo una parada especial en el jardín, donde Michelle ha construido su ya famoso huerto para animar a los estadounidenses a una alimentación más sana. Ésa ha sido una de sus causas, igual que la de Melania será, según dejó traslucir en campaña, la lucha contra el acoso en Internet. Es de las pocas pistas que ha dado sobre cómo va a abordar su nuevo papel como Primera Dama de los Estados Unidos.

A juzgar por las opiniones de distintos expertos consultados por este suplemento, Melania devolverá el rol a su faceta más tradicional, aunque sin desaprovechar su potente imagen. Jean W. Harris, que estudia el papel de las primeras damas desde la Universidad de Scranton (Pennsylvania), cree que "será una primera dama en el modelo de Jackie Kennedy: con ganas de permanecer en la esfera privada lo más posible y de ser reconocida como una glamorosa anfitriona. Una esposa adoradora y soporte de su marido. Un bálsamo para el temperamento de Donald Trump, que trate de suavizar su imagen y humanizarlo para el público. Tendrá un 'proyecto mascota' que no sea polémico... La veo en el papel típico de las primeras damas republicanas contemporáneas".

En una entrevista concedida por Melania a la revista Yo Dona el pasado mes de abril le preguntaron cuál era su rol durante la campaña. La felina esposa del nuevo presidente electo de los Estados Unidos no pestañeó. "Muy sencillo: soy esposa y madre. Me ocupo de nuestro hijo Barron porque no se lo confío a una niñera [...]. En cuanto a mi marido, mi preocupación principal es que cuando regrese a casa encuentre un clima de paz y tranquilidad para que pueda recuperarse y continuar este tremendo maratón. A veces asisto a sus debates televisivos, pero lo esencial, para mí, es que se sienta lo mejor rodeado y lo más protegido posible cuando está en la intimidad familiar".

¿Una mujer arrodillada esperando a que llegue su esposo de trabajar para ponerle las pantuflas? "Donald y Melania son en realidad muy similares a como eran Viktor y Amalija". Nena Bedek, vecina de los Knavs (que luego germanizaron su apellido para convertirlo en Knauss, nombre de soltera de Melania) en Svenica, relató en el New York Times cómo fue la infancia de la señora Trump en esa ciudad industrial de la antigua Yugoslavia donde nació Melanija Knavs hace 46 años. El padre, Viktor, fue de los pocos eslovenos que formó parte del partido comunista, un pasaje oscurecido como tantos otros de la biografía de la primera dama. Le iba bien. La madre diseñaba y trabajaba en una fábrica textil. El padre fue conductor y luego montó una tienda de coches y bicicletas. Viktor Knavs tenía mucha personalidad y los amigos de la infancia de Melania le recuerdan limpiando y abrillantando sus Mercedes incesantemente. El señor Knavs siempre llevaba corbata, ropa elegante y un maletín. Melania y su hermana Ines también destacaban por su maquillaje y su vestuario, impecable. "Todos sabíamos que Svenica se les quedaba pequeño. Cuando se fue no miró atrás", relató la actual directora de la escuela local y ex compañera de aula de la señora Trump a Reuters.

Con 16 años, Melania fue descubierta por el fotógrafo Stane Jerko durante un concurso de moda. Comenzó a pisar las pasarelas y se mudó a Milán, la contrató una agencia italiana. El fundador de ID Models Management, Paolo Zampolli, la conoció entonces, cuando trabajaba en París y Milán, y la invitó a unirse a su agencia en Estados Unidos. "Hacía lo que una modelo tiene que hacer, ir al gimnasio y a trabajar". Fue precisamente en una fiesta organizada por Zampolli durante la Fashion Week de Nueva York, en 1998, cuando Melania y Donald se conocieron. Ella apuntó su teléfono. Se casaron en 2005 y tuvieron a su primer y único hijo en común en 2006.

"Es un poco pronto para vaticinios, pero con sus antecedentes como modelo, yo creo que al menos es seguro que querrá marcar estilo. Lo cierto es que hasta que Michelle Obama apareció, ser una primera dama en los Estados Unidos del siglo XXI significaba ser poco más que una esposa, una anfitriona de primera, alguien cuyo papel primordial era hacer que su marido fuera bien vestido y que encarnara los sanos valores de América. Melania Trump encaja muy bien con esa primera parte -tiene la mirada de adoración muy ensayada-. Pero es joven, es moderna y el traje de seda blanco de un hombro que llevó cuando su marido pronunció su discurso de aceptación sugiere que tampoco va a apuntar a la versión más anticuada de lo que en los Estados Unidos llamamos FLOTUS [acrónimo de primera dama en inglés]. Por otro lado, me cuesta imaginarla rompiendo su manicura mientras cava en la huerta de la Casa Blanca de Michelle Obama. Tenga en cuenta que ella tiene un hijo pequeño y los Trump arrancarán al pequeño Barron de su zona de confort en la ciudad de Nueva York para llevarle al frenético mundo de la vida en la Casa Blanca. Eso es un gran trabajo en sí mismo", valora Elizabeth Mehren, profesora de periodismo en la Universidad de Boston y experta en la figura de las primeras damas estadounidenses.

De los cinco hijos de Donald Trump, Barron (10) es el único que tiene edad para mudarse a la Casa Blanca. Su imagen, muerto de sueño y algo abrumado en la madrugada del triunfo electoral, ha dado la vuelta al mundo. A Barron le apodan little Donald porque le gusta vestir con corbata desde que era muy pequeño, juega al golf con su padre y su personalidad es "idéntica" a la del gran Donald. Hasta el momento, el joven Trump estudiaba en una escuela privada de Manhattan, algo que previsiblemente cambiará.

Él ha sido (y será) la perfecta excusa para que Melania no se dejara ver en campaña más que en contadas ocasiones. Su fuerte acento esloveno no ayuda, tampoco su pasado comunista, que mintiera sobre sus estudios (que no terminó), que trabajara de forma ilegal en los Estados Unidos en sus inicios como modelo, sus posados desnuda y sus escasas habilidades políticas. Todo parece indicar que seguirá con un perfil bajo.

Sobre todo porque hay otra mujer con un potencial político claro en la familia: Ivanka. Pero ésa es otra historia.





Imagen


MELANIA TRUMP
LA PRIMERA MODELO POLÍGLOTA

La señora Trump ya ha batido algún récord: es la primera tercera esposa, la segunda extranjera y la única a la que los americanos han visto desnuda.

COTE VILLAR


Jacqueline Lee Bouvier Kennedy fue primera dama de Estados Unidos entre enero de 1961 y noviembre de 1963. La glamurosa esposa de John F. Kennedy manifestaba a menudo que su labor principal como primera dama era "cuidar del presidente" y de sus vástagos: "Si quieres criar a tus hijos, nada es más importante". Y sin embargo, Jackie llevó a la Casa Blanca el gusto cultivado, la belleza y el interés por las artes. Dedicó mucho tiempo a hacer de la gran mansión neoclásica un museo de la historia americana y las artes decorativas, así como una residencia familiar que aunara la elegancia con las necesidades prácticas de sus cuatro hijos.

Melania Trump también es aficionada al arte, estudió Diseño en su juventud y es evidente que aporta belleza (con su 1,80 de estatura) a los vetustos muros de la Casa Blanca, pero aún está por ver cuál será su huella en la historia americana. De momento, ha conseguido encabezar algunos récords. Nacida en Eslovenia en 1970, la señora Trump será la primera mujer en su posición que no nació en Estados Unidos desde Louisa Adams, la esposa del presidente John Quincy Adams, que lo hizo en Inglaterra en 1775 cuando América aún era una colonia inglesa.

Es la primera tercera esposa. Otros ex presidentes han tenido varias esposas (Reagan, Wilson y Theodore Roosevelt entre ellos) y Betty Ford tuvo un marido anterior, pero nadie más antes que Donald Trump se ha casado y divorciado dos veces. El magnate se casó en primeras nupcias con Ivana Marie Zelnícková, una esquiadora de la antigua Checoslovaquia que le dio tres hijos: Donald Jr, Ivanka y Eric. El matrimonio se rompió cuando Ivana descubrió el romance de Trump con una reina de la belleza, Marla Maples, a la que el empresario dejó embarazada de Tiffany, su cuarta hija. Maples y Donald se casaron en 1993 y sólo convivieron durante tres años y medio. Por fin, Melania consiguió llevar de nuevo a Donald al altar en 2005 y en 2006 tuvieron a Barron, el quinto vástago Trump.

Es también la primera modelo profesional (con portadas en Vogue, Harper's Bazaar o Sports Illustrated) que ocupa esta posición, aunque es cierto que tanto Betty Ford como Pat Nixon flirtearon con la moda.

Las malas lenguas dicen que Melania es la primera FLOTUS retocada estéticamente. Se intuye a través de unas imágenes que publicó el New York Post en julio, y en las que se ve a la bella modelo eslovena en el esplendor de sus 25 años, completamente desnuda. Quizá para olvidar el hecho de que nunca antes los americanos habían conocido tan íntimamente a una primera dama, los escotes de Melania han ido recortándose en la campaña.

Además, Melania es la primera para la que el inglés no es su lengua materna. Este hándicap se compensa porque habla cinco idiomas: esloveno, serbio, inglés, francés y alemán. Precisamente, una de las mejores cualidades de Jackie Kennedy en su rol de primera dama era que además del inglés, dominaba el francés y el español.

Avatar de Usuario
Invitado

Donald Trump presidente de los Estados Unidos de America

Mensajepor Invitado » Dom 13 Nov, 2016 2:26 am

Imagen
Partidarios de Trump en un mitin en Pensilvania. A la izda., Pax Dickinson celebrando la victoria.


EN EL CORAZÓN DE TRUMP-AMÉRICA

Viajamos a Mingo Junction, en el condado donde dos de cada tres apoyaron al hoy presidente. Siempre fue demócrata, hasta ahora, cuando los estadounidenses cobran un 10% menos que en 1970 y el mito del ‘sueño americano’ se ha roto. “Yo no me voy a poner a trabajar en la construcción como un mexicano”, asegura Dan, minero en paro

PABLO PARDO


Aun lado del muro estaba el escenario perfecto para una mezcla de Blade Runner y Los juegos del hambre. Al otro, el escenario natural para la segunda parte de No es país para viejos.

Y todo sin necesidad de ningún retoque de Hollywood. Tras la muralla estaba, intacta, una planta siderúrgica abandonada. Las chimeneas de piedra, las cintas transportadoras de mineral, los edificios administrativos, y hasta el horno eléctrico que había costado 120 millones de dólares (110 millones de euros) y apenas había trabajado durante cuatro años, lucían un impresionante rojo de óxido la mañana de octubre en el este de Ohio.

Al otro lado de la muralla, estaba lo que quedaba de la comunidad a la que la fábrica había dado vida entre 1869 y 2009: Mingo Junction, un pueblo fantasma de 3.500 habitantes, en el condado de Jefferson, en Ohio, pero en la convergencia de ese territorio con Pensilvania y Virginia Occidental. Jefferson había sido siempre un territorio firmemente demócrata.

Sociológicamente, Mingo Junction es idéntico al pueblo del que proceden los protagonistas de El cazador, la primera película que puso Vietnam en la pantalla de los cines, o, si se quiere algo más ligero, Flashdance: obreros metalúrgicos, blancos, descendientes en su mayor parte de inmigrantes que llegaron de Europa del Este huyendo del hambre y la guerra en el siglo XIX, y de alemanes que escapaban de las interminables guerras de religión del XVII y XVIII. Sindicalistas. Gente de izquierdas, pero a los que no les gustan las bobadas multiculturales que ni entienden ni les interesan. Gente trabajadora que sólo quiere hacer su turno e irse al bar a tomar una cerveza y, el fin de semana, a cazar. Gente demócrata. Gente de cuello azul, es decir, que llevan un mono azul de trabajo.

Sin fábrica, eso no existe. Y en Mingo Junction la fábrica cerró en 2009. Fue la puntilla para el condado de Jefferson, que ha perdido el 70% de su población en los últimos 40 años, a medida que una a una las siderurgias que punteaban sus llanuras boscosas han ido cerrando.

En 2012, por primera vez en 80 años, los demócratas no ganaron las elecciones en Jefferson County. Fue Mitt Romney, un financiero multimillonario hijo de un empresario multimillonario, quien se impuso al hijo de un inmigrante nacido en una familia monoparental que había ido con beca y pidiendo créditos a las mejores universidades, y que había salvado a Estados Unidos de caer en la Gran Depresión de los años 30. Precisamente, fue en esa crisis cuando los demócratas atornillaron su control político sobre Mingo Junction. Y fue en la Gran Recesión —como se llama en EEUU a la crisis desencadenada por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria— de 2008 y 2009 cuando lo perdieron. De Roosevelt a Obama.

Y de Obama a Trump. El martes de la semana pasada, Donald Trump sacó dos de cada tres votos en Jefferson. Es la victoria más abultada de un candidato desde que el demócrata Michael Dukakis se presentó a las elecciones en 1988. El condado de Jefferson también renovó a sus máximas autoridades locales: todas republicanas. El senador Rob Portman le sacó casi 20 puntos al aspirante demócrata, Ted Strickland, que no era ningún desconocido, puesto que hasta 2011 fue el gobernador de Ohio.

Así que Mingo Junction ya ha dejado de ser demócrata. Ahora es… ¿qué es?

En realidad, es lo que siempre ha sido. La gente de Mingo Junction siente que el contrato social que tenían ha sido violado por una de las partes. No por ellos, obviamente, sino por lo que llaman el establisment, la casta. Piensan que les han estafado. Porque la muerte de la siderurgia ha sido un buen negocio. Para otros, claro está. La siderurgia Wheeling-Pittsburgh, de la vecina Pittsburgh, la vendió a la rusa Severstal, que suspendió toda la producción y después la vendió al fondo de inversión neoyorquino especializado en adquirir «activos bajo estrés» (o sea, empresas en quiebra técnica) Renco. A su vez, Renco puso la fábrica en suspensión de pagos, y la vendió a Frontier Companies, otro fondo, esta vez de Chicago, que está especializado en reflotar empresas pero que hasta la fecha lo único que ha hecho en Mingo Junction es vender como chatarra parte de la siderurgia. Todos ellos han ganado dinero en esas operaciones. Pero ese dinero se ha ido a Pittsburgh, a Nueva York y a Chicago, tres ciudades en las que los demócratas arrasan. Y a Moscú, por supuesto.

Y la consecuencia es que Mingo Juction se ha convertido en algo puramente estadounidense: una ciudad fantasma.

Históricamente, Estados Unidos es un país de ciudades fantasma. Pueblos mineros abandonados en el desierto de California y de Nevada, granjas que se están cayendo en Kansas, y, a dos horas en coche de Mingo Junction, la increíble región de Centralia, en Pensilvania, cuyo subsuelo lleva ardiendo desde hace 53 años, cuando se incendió una galería de una mina de carbón, y en la que no se puede vivir porque el suelo se colapsa y las casas y las carreteras se caen en un fuego como si el infierno se abriera bajo los pies.

Pero antes siempre había un sitio al que escapar de la ruina. La fiebre del oro en California era seguida por la fiebre del oro en Colorado. El boom del aceite de ballena de Massachusetts era seguido por el boom del petróleo de Ohio y Pensilvania, que a su vez continuaba con la transformación de Detroit en «el arsenal de la democracia» durante la Segunda Guerra Mundial. Siempre había una salida. Y los estadounidenses estaban dispuestos a pagar el precio de vivir constantemente en movimiento de un sitio a otro, sin tiempo para echar raíces, en busca de la quimera inalcanzable del sueño americano, uno de los mayores éxitos de marketing de la historia, comprensible sólo en un país tan bien dotado para ello que ha logrado que la Humanidad beba una cosa negra con burbujas y cuya composición es secreta.

En 2016 no hay esperanza de un futuro mejor. El mito del sueño americano no se sostiene. El marketing ha perdido su poder. En dólares reales, es decir, descontado el coste de la vida, el trabajador medio estadounidense cobra hoy un 10% menos que en 1970, según el Centro de Estudios Pew, una organización independiente sin ánimo de lucro. Entretanto, una élite se ha enriquecido con la desgracia ajena.

Trump ha prometido el regreso de los empleos industriales a Estados Unidos. Miente. Las fábricas ya están regresando, pero los empleos, no. En 2012, la siderúrgica austriaca Voestalpine llevó una fábrica entera de Austria a Texas. Los bajos costes laborales y de energía y las ayudas públicas a la inversión en Texas hacían más barato producir acero en EEUU y transportarlo a Austria que en Europa. La china Lenovo ha vuelto a hacer ordenadores en EEUU. General Electric, Ford y General Motors, a las que el presidente ha puesto de vuelta y media por exportar puestos de trabajo a México, han traído de vuelta a su país de origen varias de sus plantas.

Lo que no han traído son los empleos. En su lugar, han puesto robots. Igual que en los hoteles Yotel de Nueva York, en los que se registra uno en una tableta a la entrada y, si quiere guardar el equipaje después de marcharse, sólo tiene que dejarlo en una bandeja para que un brazo mecánico se lo lleve.

En esa nueva economía, la clase trabajadora estadounidense no tiene sitio. Y no lo tiene en buena medida porque el sistema educativo del país es pésimo. En la universidad George Mason, en Virginia, el autor de estas líneas vio hace dos años cómo a jóvenes de 21 años se les explicaba el concepto de uso sostenible de los recursos naturales con un caldero con peces de plástico que los chicos tenían que atrapar usando palillos como los que se emplean en los restaurantes japoneses. El Departamento de Economía de George Mason, financiado en buena medida por los grandes donantes del Partido Republicano, cuenta con dos premios Nobel. El de Derecho, que también ha recibido grandes donaciones, es excelente. Pero las desigualdades entre unos y otros quedan ejemplificadas con los palillos y los peces de plástico.

Y, encima, a Mingo Junction ha llegado una gente que está dispuesta a hacer el trabajo que los descendientes de europeos del este y alemanes no están dispuestos a hacer: los inmigrantes latinoamericanos. Como explicaba en 2012 Dan, un minero del carbón de 44 años en el paro y con un futuro profesional complicado, en las afueras de su casa: «Yo no me voy a poner a trabajar en la construcción o a hacer arreglos en casas como un mexicano. Primero, porque yo me tengo en mejor consideración. Y segundo, porque tendría que trabajar con otros mexicanos, y no entiendo lo que dicen. Por lo menos, que aprendan inglés esos ilegales».

Porque, si en Mingo Junction se habían empobrecido, al menos les quedaba un consuelo: culturalmente, ellos eran EEUU. Podían estar orgullosos de lo que habían logrado. Y ahora también han perdido eso. Cada vez hay más inmigrantes. Tienen que pedir perdón a los negros por la esclavitud. Acaso algún día hasta deban disculparse ante los indígenas de la tribu Mingo, de los que no queda ni uno en el pueblo que lleva su nombre. Y, en territorios donde las mujeres se levantan de la mesa cuando los hombres van a hablar de política (eso es algo muy común en EEUU, incluso a una hora en coche de Washington), ahora resulta que el hombre blanco es el culpable de todos los males.

Esa cultura es una bendición para Trump. Porque, de nuevo, hay que dejar claro que el futuro presidente no ha cambiado nada en EEUU. Simplemente, es muy americano. El enemigo son los otros. Y hay que ir a por ellos. Trump habla como John Wayne y como Clint Eastwood. Recuerda un poco a Ross Perot, el candidato independiente que sacó el 19% del voto en 1992 y que destrozó la reelección de George Bush padre. Perot, que había sido miembro del consejo de administración de General Motors, resumió su filosofía con una frase memorable: «Cuando veo una serpiente de cascabel, le pego un tiro. Cuando en General Motors ven una serpiente de cascabel, forman un comité». ¿Dicen que el hombre blanco es malo? ¡Pues aquí vais a tener hombre blanco!

Así es como Trump ha ganado. Vendiendo la idea de que él va a sacar el revólver y liquidar a todas las serpientes. Su campaña es simplemente nacionalista. La culpa es de los demás. De China. De México. De Washington. De los negros. De los inmigrantes. El nacionalismo es la ideología que mejor resiste la derrota, porque necesita siempre un enemigo. Más derrotas sólo confirman que hay más enemigos.

Así es como los habitantes de Mingo Junction vuelven la espalda a la realidad. «¿Por qué no explotamos el gas natural, el petróleo que tenemos bajo tierra? ¿Por qué no nos deja el Estado?», se preguntaba hace cuatro años Billy, de 59 años, que sobrevivía haciendo chapuzas junto a Mingo Junction. Era una crítica infundada. La región está viviendo un pequeño boom del petróleo y del gas natural gracias al uso del fracking, una técnica que consiste en romper las rocas para liberar los hidrocarburos y que es odiada por los ecologistas. Es cierto que el Gobierno de Obama la ha limitado. Pero no lo es menos que, una vez que los pozos han sido perforados y la roca partida, aquello es automático. Tres personas en turnos de 8 horas en una sala de control y otras dos a tiempo parcial para examinar los pozos in situ dos veces al día supervisan una docena de perforaciones en Oklahoma y en Texas. Así no se crea empleo.

No sólo eso. El gas extraído por fracking (muy barato), y no las regulaciones, es lo que está matando a la minería del carbón, y lo que había dejado en paro y con pocas posibilidades de encontrar empleo a Dan. Por la autopista que une Cleveland con Pittsburgh, y que pasa cerca de Mingo Junction, grandes carteles denunciaban en 2012 la «Guerra de Obama al carbón», un concepto sin fundamento que ha sido muy útil al Partido Republicano. La culpa, una vez más, de los otros.

El resultado de todo ello es una vuelta al nativismo, a las esencias. Cuando una ideología no funciona, caben tres posibilidades: abandonarla, modificarla o adherirse de forma más estricta a ella y acusar a los que proponen las otras opciones de desviacionistas o, simplemente, traidores. El Partido Republicano lleva adoptando esa retórica desde hace dos décadas y media. Ahora, con Donald Trump, ya se ha convertido en la línea dominante no ya de esa formación política, sino del Gobierno del país más poderoso de la Tierra.


EL MUNDO. CRÓNICA. DOMINGO 13 DE NOVIEMBRE DE 2016

Avatar de Usuario
Invitado

Donald Trump presidente de los Estados Unidos de America

Mensajepor Invitado » Dom 13 Nov, 2016 2:28 am




MICHAEL MOORE: POR QUÉ SUPE VER QUE GANARÍA ÉL

Después de vivir en Londres los resultados del ‘Brexit’, el director de documentales volvió a EEUU convencido: “Este tipo miserable, payaso a tiempo parcial y sociópata va a ser nuestro próximo presidente”. Se refería a Trump. Y aún quedaba un mes de campaña. Lo clavó

PABLO PARDO


Lo vio venir y pidió disculpas de antemano: «Nunca en mi vida he deseado estar más equivocado que en este momento». Y sin embargo Michael Moore se caló la gorra de béisbol, se subió al escenario del teatro Murphy de Ohio y se aprestó a dar la «sorpresa de octubre» a su compatriotas: «Donald J. Trump va a ganar en noviembre. Este tipo miserable e ignorante, payaso a tiempo parcial y sociópata a jornada completa, va a ser nuestro próximo presidente. Presidente Trump. Así que idos preparando y repetir las palabras, porque es lo que vais a estar diciendo los próximos cuatro años. Presidente Trump».

«No, Mike, esto no va a pasar», le seguían diciendo en los foros demócratas, a lo que él respondía con su sonrisa escéptica: «Vivís en una burbuja y no escucháis más que el eco de vuestros amigos que piensan que los americanos no van a elegir a un idiota como presidente. Pasáis del espanto a la risa por el último comentario loco, o a la vergüenza por su último arranque de narcisismo. Y entonces escucháis a Hillary y veis a la primera presidenta, alguien a la que todo el mundo respeta… ¡Tenéis que salir de esa burbuja ahora! ¡Tenéis que salir del estado de negación y afrontar la verdad!».

A sus 62 años, Michael Moore estaba ya casi de retirada. Tras alcanzar la cima de su popularidad como el azote de la era Bush —con documentales como Bowling for Columbine o Farenheit 9/11— su relumbrón como faro de la América progresista se había apagado notablemente durante el mandato de Obama, en el que no acabó de encontrar el guión. La bola de nieve de Donald Trump sirvió sin embargo para incendiar de nuevo su vis cómica y crítica, a tiempo para lo «impensable».

Las aventuras de Michael Moore en Trumplandia (su último documental) cobran una nueva dimensión ahora que ha estallado la burbuja. Hasta el último momento, suspiró para que sus predicciones fueran erróneas. Su cerebro le recordaba que aún había algún resquicio de esperanza para Hillary (de hecho, ganó el voto popular), pero sus tripas se lo decían y las palabras regurgitaban contra su propia voluntad: «Presidente Trump. Presidente Trump». Pero no fue sólo un presagio intestinal. Moore lo razonaba tras su paso por el Reino Unido, donde fue a presentar su penúltima cinta (¿Qué invadimos ahora?) y recibió en plena cara la bofetada del Brexit: «Los británicos se han vuelto definitivamente locos»…

Fue al regreso a su Michigan natal cuando lo vio todo mucho más claro y dio con la clave: «Como en el norte de Inglaterra, nuestro cinturón industrial está roto y deprimido. La gente que antes formaba parte de la clase media, y que ahora lucha por encontrar un trabajo y por llegar a fin de mes, está cabreada con razón. Para esa gente, Trump es el cóctel molotov que estaban esperando, la granada humana que estaban deseando lanzar contra el sistema que robó sus vidas».

«Mike, tenemos que votar a Trump porque necesitamos una sacudida», le dijo otro de esos americanos anónimos que se acercan a veces a Moore como si fuera un confesionario andante. Y esa llamada de atención le sirvió al director para atar finalmente los cabos: «Trump ganará Michigan, Ohio, Pensilvania y Wisconsin porque la gente se siente abandonada por los demócratas, y porque ha tenido el valor de decir a la Ford que si se lleva la fábrica a México, les impondrá un 35% de aranceles si quieren seguir vendiendo coches en Estados Unidos».

Recordaba de paso Moore la campanada del luchador Jesse Ventura como gobernador de Minnesota, usando la misma fórmula: «Ventura fue la primera versión de una broma buena y práctica, lanzada contra un sistema político enfermo. Y lo mismo va a pasar con Trump».

En un caso y en otro, los medios desempeñaron un papel fundamental. Moore destaca cómo las anteriores intentonas políticas de Trump acabaron en el fracaso y en la bancarrota. La diferen- cia la marcó su paso por el concurso televisivo El Aprendiz, donde se hizo mundialmente famoso por el exabrupto: «You are fired!» («¡Estás despedido!»). «Los medios odian ahora a Trump, después de haberle amado y de haberle creado», asegura.

Moore, que votó a Bernie Sanders en las primarias demócratas, puso también sobre el tapete las «limitaciones» de Hillary, vinculada al viejo establishment y considerada como «deshonesta» por el 70% de los votantes. Y luego estaban «los hombres blancos en peligro», que ya se sintieron amenazados por la llegada del primer presidente negro.

De modo que el camino estaba más que abonado para el ruidoso, racista y sexista «outsider», que fue capaz de dejar atrás a los 16 caballos republicanos en plena galopada. De poco servían los razonamientos al estilo «la gente no va a votar a un bufón» o «los americanos no van a votar contra sus propios intereses». La «machada» de los británicos, con visita incluida de Mr. Brexit (Nigel Farage), sirvió incluso de aliciente: «¡Vamos a recuperar nuestro país!».

El Trumpazo ha dejado estupefacto a medio mundo y ha sacado a las calles a miles de americanos. Moore no recomienda la pedrada en el escaparate, pero asegura que lo peor que pueden hacer los norteamericanos es enterrar la cabeza ante la victoria del líder «protofascista». He aquí, a modo de epílogo, sus recetas para el día después…

Lo primero, recuperar el control del Partido Demócrata, rescatarlo de las elites y devolverlo al pueblo. «Nos ha fallado de forma miserable», se lamenta Moore, que apela a los principios que movilizaron a las bases y a la gente joven en torno a Bernie Sanders: «Que un socialista haya sido capaz de ganar las primarias en 22 estados es todo un indicio».

Segundo consejo: dar la espalda a los comentaristas, analistas y expertos en encuestas que fueron incapaces de reconocer lo que estaba realmente pasando. «Esa misma gente os dirá ahora que es el momento de dejar atrás las divisiones y curar las heridas. ¡Apagad el televisor!».

El cineasta hace un llamamiento a todos los congresistas demócratas a «luchar, resistir y obstruir» a Donald Trump de la misma manera que los republicanos torpedearon día a día a Obama en la Casa Blanca durante ocho años.

La cuarta receta va dirigida al común de los votantes demócratas: «Dejad de decir que estáis conmocionados por lo ocurrido. Salid de vuestra burbuja y reconoced que no estabais prestando atención a los norteamericanos que viven en estado de desesperación. Después de haber sido ignorados durante años por los dos partidos, su necesidad de revancha contra el sistema no hizo más que crecer y crecer».

«Trump nunca fue una broma. No tomarle en serio fue lo que le hizo más fuerte»

Como ocurrió con Al Gore frente a Bush, Moore recuerda el deber de insistir en que «Hillary ganó el voto popular», que ya es hora de acabar con ese anacronismo del siglo XVIII que es el «voto electoral», que permite una y otra vez la injusticia de ver en la Casa Blanca no al primero, sino al segundo candidato más votado. Recalca por último Moore que en el fondo nada ha cambiado, que la mayoría de los americanos creen en el cambio climático, en la igualdad de género, en el aumento del salario mínimo o en un seguro médico universal… «Este el país en el que seguimos viviendo a pesar del presidente Trump. Podemos no sólo digerir, sino superar las malas noticias»


EL MUNDO. CRÓNICA. DOMINGO 13 DE NOVIEMBRE DE 2016

Avatar de Usuario
Assia
de Melbourne
de Melbourne
Mensajes: 19369
Registrado: Mar 29 Dic, 2015 2:19 am
Flag: Australia

Re: Donald Trump presidente de los Estados Unidos de America

Mensajepor Assia » Dom 13 Nov, 2016 3:59 am

Siempre he sido admiradora de Michael Moore, tengos alguos de sus libros y he vistos varios de sus documentales. Pero Moore, nos tenia enganados con no decirnos la verdad de que tenia capitales invertidos en fabricas que el critiaba. Todo eso salio a la luz, cuando comenzo el divorcio y las peleas por el reparto de los bienes del matrimonio Moore. Ignoro que paso con ese divorcio
Vaya, aqui no hay a quien creer y por mi parte prefiero esperar a ver lo que pasa.Segun el Sr. Trevijano ''TRUMP ERA UNA NECESIDAD..''
Pero si Moore ha estado en Europa, deberia de saber que 1 mayoria de britanicos decidieron salirses de la UE por todo el derroche y burocracia que hay en Brusela.En mi caso, si yo hubiera sido britanica, tambien hubiera votado SI a la salida del RU de la UE.Lo aque Moore oculta es que actualmente la economia en RU va mucho mejor que va la economia en Alemania.
Assia

Avatar de Usuario
Invitado

Trump expulsa a tres millones de indocumentados

Mensajepor Invitado » Dom 13 Nov, 2016 6:01 pm

Imagen

Trump promete deportar de inmediato a tres millones de inmigrantes con antecedentes

En una entrevista asegura que en cuanto tome posesión echará del país a todos los indocumentados que tengan antecedentes

El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, se propone expulsar del país cuanto antes hasta tres millones de personas indocumentadas. Según sus cálculos, esa podría ser la cifra de inmigrantes irregulares que tienen algún tipo de antecedente. Después, ya verá lo que hace con aquellos que queden en el país.

La confirmación de los planes de deportaciones masivas de Trump llegó en una entrevista con el programa 60 Minutes de CBS. Preguntado si mantenía su promesa electoral, contestó: “Lo que vamos a hacer es que vamos a echar del país o vamos a encarcelar a todos los que tienen antecedentes criminales, traficantes de drogas, miembros de bandas, probablemente dos millones, podrían ser hasta tres millones. Los vamos a sacar del país. Están aquí ilegalmente”.

A continuación, el presidente electo dice que cuando haya hecho “segura” la frontera, decidirá el destino de los demás. “Después de asegurar la frontera y cuando todo esté normalizado, tomaremos una decisión sobre la gente de la que hablan (no dice quién), que es gente estupenda, estupenda, pero vamos a tomar una decisión sobre eso. Pero antes de tomar esa decisión… es muy importante, vamos a hacer la frontera segura”.

Donald Trump comenzó su campaña electoral el 16 de junio de 2015 diciendo que los inmigrantes mexicanos eran narcotraficantes, criminales y violadores. Después, fue endureciendo su discurso hasta prometer la deportación masiva de todos los inmigrantes irregulares en el país, que él llama “extranjeros ilegales”. Llegó a detallar que crearía una “fuerza de deportación” específica. Más adelante en la campaña, pareció suavizar esa posición. Los líderes republicanos nunca respaldaron esta idea.

La última vez que dio un discurso específico sobre inmigración fue el 1 de septiembre en Phoenix, Arizona, horas después de reunirse con el presidente de México, Enrique Peña Nieto. Dijo entonces que todos los inmigrantes irregulares deberían salir del país y volver respetando las leyes, que construiría un muro en toda la frontera, que haría a México pagar por ese muro, y que cambiaría las leyes de inmigración para hacer más difícil la entrada legal en el país.

Esta es la primera vez que se pronuncia después de haber ganado las elecciones. Preguntado en la entrevista por el “muro”, un eslogan de campaña que entusiasma a sus seguidores, dice que en algunas partes podrá ser “una valla”. La frontera con México ya está vallada prácticamente en su totalidad.

Avatar de Usuario
Invitado

Donald Trump con Nigel Farage

Mensajepor Invitado » Dom 13 Nov, 2016 6:32 pm

Nigel Farage and Donald Trump in Jackson Mississippi - Brexit Debate

Donald Trump humilla a Theresa May y a los políticos europeos con su encuentro con Nigel Farage

"Ha sido un honor pasar un rato con Donald Trump y encontrarle relajado y lleno de ideas", dijo Farage, que confirmó que ha sido invitado a su investidura

Donald Trump ha humillado a la premier Theresa May y a los políticos europeos con su encuentro por todo lo alto con Nigel Farage, líder del Partido de la Independencia del Reino Unido (Ukip). La extraña 'alianza' Trump-Farage, que empezó gestarse en la Convención Republicana, ha dado un salto cualitativo tras la reunión mantenida por los dos entre los reflejos dorados de la Torre Trump de Nueva York.

"Ha sido un honor pasar un rato con Donald Trump y encontrarle relajado y lleno de ideas", dijo Farage a la salida del encuentro y tras confirmar que ha sido invitado personalmente a su investidura. "Estoy convencido de que va a ser un buen presidente".

"Trump se ha hecho rodear de un equipo de asesores probritánicos, pero no olvida las declaraciones duras contra él de Theresa May y de varios miembros de su Gobierno", declaró Farage a The Daily Telegraph. "Tuvieron una cordial conversación por teléfono esta semana, pero aún queda una largo camino".

Farage ha sido efectivamente el primer político europeo en tener acceso directo y en persona al recién elegido presidente estadounidense. Mientras el Gobierno de Theresa May sigue dándole vueltas a cómo negociar con Trump, el controvertido líder nacionalista ha logrado abrirse camino y se ha ofrecido como intermediario, una posibilidad rechazada por Downing Street.

Para cubrir las apariencias, Theresa May dará un discurso este lunes en la Mansions House de Londres, proclamando que "el cambio está en el aire" y pidiendo a los políticos que despierten ante los votantes que han sido "víctimas de la globalización". May barrerá para casa e intentará establecer paralelismos con el resultado a favor del Brexit en el referéndum de la UE.

La premier ha encajado sin embargo un doble golpe bajo desde el triunfo de Trump, que decidió llamarla por teléfono después de hablar con otros 10 líderes mundiales (incluido el irlandés Enda Kenny) y despachó finalmente cara a cara con un político, Farage, marginado sistemáticamente y considerado como uno de los mayores enemigos del Partido Conservador, pese a su ruidosa contribución al Brexit.

"Trump es un hombre con el que podemos hacer negocios", dijo Farage, tras confirmar que hablaron sobre todo "de la victoria y de la libertad", con un repaso a la situación mundial y al futuro de la relación entre los dos países. "Tenemos que dar las gracias de tener un presidente anglófilo", dijo, recalcando el contraste con Obama, al que llegó a describir, en declaraciones a una emisora de Florida, como "una criatura odiosa".

"Estoy especialmente satisfecho por la idea de volver a ver el busto de sir Winston Churchill de vuelta en el Despacho Oval", agregó Farage, que colgó en su cuenta personal la foto de familia, con Trump sonriente, descorbatado y rodeado por el equipo de confianza de Farage, incluido el millonario Arron Banks, el principal contribuyente del Ukip y de la campaña a favor del Brexit.

Avatar de Usuario
Assia
de Melbourne
de Melbourne
Mensajes: 19369
Registrado: Mar 29 Dic, 2015 2:19 am
Flag: Australia

Re: Donald Trump presidente de los Estados Unidos de America

Mensajepor Assia » Dom 13 Nov, 2016 10:51 pm

No se, pero no se porque sera, este Trump, habla como el COMANDANTE CANOSA. Trump, aunque tiene creo, la mayoria en las 2 Camaras
no podra pasar esas leyes abusivas e inhumanas sin pasar esas leyes por las 2 Camaras. Y lo mas importante es, que no todos los republicanos que estan hoy ocupando las 2 Camaras,apoyaron esas leyes inhumanas de Trump durante sus campanas electorales. Al no ser que yo este mal informada. Hay muchos republicanos electos que detestan a Trump.
En cuanto al idiota de Nigel Farage, ya lo critique duramente por su cara dura de no creer en la UE y haber puesto su candidatura y ser parlamentario en Bruselas, cobrando todos los beneficios, los sueldazos, las dietas y los viajes en avion.
Assia

Avatar de Usuario
Invitado

Donald Trump presidente de los Estados Unidos de America

Mensajepor Invitado » Lun 14 Nov, 2016 12:26 am

El presidente Barack Obama ha deportado durante sus ocho años de mandato a 2,5 millones de personas con antecedentes criminales. Ha sido el presidente que más inmigrantes ha expulsado en la historia.

http://internacional.elpais.com/interna ... 55103.html

Que malo es Trump .... :pinocho:

Avatar de Usuario
Assia
de Melbourne
de Melbourne
Mensajes: 19369
Registrado: Mar 29 Dic, 2015 2:19 am
Flag: Australia

Re: Donald Trump presidente de los Estados Unidos de America

Mensajepor Assia » Lun 14 Nov, 2016 1:23 am

Ya conteste al Sr. Trevijano y a otros colegas, que TRUMP solo seria 1 presidente mas. No es Obama solo el que ha deportado a pobres inmigrantes sin papeles, Australia para verguenza de muchos ha deportado y seguira deportando. Alemania, RU, Francia y muchos mas paises de Europa incluyendo los paises escandinavos y los paises bajos. No tengo que leer EL PAIS para saber lo que estan haciendo con esos inmigrantes sin papeles.
Assia

Avatar de Usuario
Invitado

Donald Trump presidente de los Estados Unidos de America

Mensajepor Invitado » Lun 14 Nov, 2016 1:35 am

Imagen
Las tres mujeres de Donald Trump

Carlos García-Calvo



Me encantaría titular esto 'Trío de damas', pero ninguna de las tres lo es. Esa frase lapidaria escuchada a mi abuela en mi tiernísima infancia, "she's not a lady", no podría ser más certera en este caso. Ni una de la mujeres de Donald Trump es una dama, ni tan siquiera la actual, flamante 'First Lady' de los Estados Unidos.

Además lo de trío de damas es un cliché algo cursi y recuerda a películas de Laura Valenzuela.

Solo conozco a una de ellas, a Ivana, la primera, née Zelnícková. Me la presentó Reinaldo Herrera en uno de los desfiles de su mujer en Nueva York. Al marido de Carolina Herrera le encanta presentarte celebridades y así conocí a C.Z. Guest, uno de los 'cisnes' de Truman Capote y al escritor Dominic Dunne.

Ivana, divorciada desde hacía un tiempo de "The" Donald y de un marido efímero, Riccardo Mazzucchelli, se había hecho varias operaciones faciales para rejuvenecerse, algo que suelen hacer las mujeres repudiadas para enseñar que siguen juveniles y pimpantes. Iba acompañada por un auténtico príncipe menor que ella llamado Roffredo Gaetani di Laurenzana dell'Aquila d'Aragona que emanaba testosterona italiana por cada poro y que le había regalado un Ferrari. Se rumoreaba que había hecho un espléndido e hirsuto desnudo integral en una película, por cierto.

A la ex señora de Trump, está claro que los italianos le gustan ya que volvería a casarse con otro que resultó igual de breve que el anterior con otro apellido imposible: Rosssano Rubicondi.

Lo que más me impresionó de ella fue su aire tan artificial y ese eterno peinado que le hace parecerse al Pájaro Loco.

Ya había empezado su existencia -hilarante para muchos- de 'jet setter', pasando las temporadas invernales en Gstaad y las veraniegas en Saint Tropez, donde llegó a comprarse una planta baja decorada en colores estridentes por su peor enemigo.

Con todo, no solo fue la mujer más longeva de Trump al que le dio tres hijos, dos varones y la célebre Ivanka de cara tan artificial como su madre, sino una gran ayuda en todos sus negocios.

Después de ella "The" Donald de casaría con una actriz de serie tirando a B llamada Marla Maples que contó que su marido era insuperable en la cama. El matrimonio duraría seis años y tendrían una hija en común llamada Tiffany.

La tercera y última por el momento señora de Trump es una ex modelo eslovena llamada Melania Knauss o Knavs que le ha dado un hijo, Barron. La nueva primera dama. Será una muy controvertida ya que no paran de aparecer fotografías suyas en la prensa y las redes sociales en las que simula comer joya o está desnuda y en actitud algo sáfica.

Avatar de Usuario
Invitado

Donald Trump presidente de los Estados Unidos de America

Mensajepor Invitado » Lun 14 Nov, 2016 1:38 am

Imagen
Dos mujeres en Moscú ante un cartel que muestra a Putin y Trump.

¡Peligro: democracia!

El poder más temible en un sistema político libre es la saludable capacidad de toda la ciudadanía de poder elegir, aunque vaya en contra de la argumentación más racional

Fernando Savater


Esta edad vanidosa
que se alimenta de vacuas esperanzas,
ama los cuentos y odia la virtud;
esta edad que adora lo útil
y nunca ve la vida,
se hace cada día más inútil”.
(G. Leopardi, ‘El pensamiento dominante’)



Confieso sentir un perverso placer cuando las predicciones de los especialistas sobre algún comportamiento colectivo fracasan estrepitosamente. Y ello aunque lo que realmente ocurre sea para mí más inquietante que lo que parecía que iba a pasar. Mi regocijo agridulce es del mismo tipo que expresa la repetidísima exclamación de Voltaire (apócrifa, por otra parte): “Estoy en completo desacuerdo con lo que usted dice, pero daría mi vida por que pudiera seguir diciéndolo”. De semejante modo, lamento que los votantes en una consulta o en unas elecciones se pronuncien mayoritariamente contra lo que aconsejan los expertos más fiables o la simple argumentación racional, pero me alegro de que tal desvío pueda ocurrir, porque la capacidad masiva de disparatar a coro es una prueba de salud democrática. De hecho, esta temible disposición es el argumento derogatorio que han empleado siempre contra la democracia sus adversarios más insignes, desde Platón a Borges. Y hoy continúa escandalizando a muchos de menor talento. Pero precisamente en ese punto estriba lo característicamente democrático. Jean Cocteau aconsejaba: “Lo que todos te censuran, cultívalo… porque eso eres tú”. Con algo de prosopopeya, también podríamos decírselo a Doña Democracia.

Deplorando el resultado de las elecciones presidenciales norte­americanas, una portavoz de Podemos dijo: “Hoy es un día triste para la democracia”. Lo repitió varias veces y luego, ya lanzada, dijo también que “era un día triste para la humanidad”. Pasemos por alto esta última hipérbole, porque a todos se nos puede calentar la boca. Pero ¿por qué es un día triste para la democracia? Sin duda es una jornada poco radiante para quienes, como esa señorita y yo mismo, aborrecemos el ideario agresivamente xenófobo, clasista, machista y sobre todo apoyado en descaradas exageraciones y falsedades del ya presidente Trump. Pero ni la portavoz ni yo somos dueños de las instituciones, debemos compartirlas con otros millones de personas que desdichadamente no piensan como nosotros. En cambio, desde otra perspectiva, unas elecciones donde los ciudadanos prefieren contra todo pronóstico a un candidato al que no apoyan ni en su propio partido (mientras a su rival la recomendaba el presidente anterior, los periódicos de referencia, artistas, intelectuales, etcétera), que vomita barbaridades, se comporta públicamente como un patán, ofende a todos los grupos sociales imaginarios, promete medidas políticas autoritarias, belicistas o que amenazan mejoras sociales, demuestra ser un ignorante en casi todo y elogia demagógicamente a quienes lo son aún más que él… Pues vaya, caramba, eso sí que es una muestra estremecedora pero indudable de libertad. Porque elegir según recomienda la lógica, la fuerza de las razones, la opinión de los expertos políticos y morales, puede ser socialmente beneficioso, pero deja un regusto de que es “lo que hay que hacer”, lo obligado; mientras que ir contra lo que parece conveniente y cuerdo es peligrosísimo, pero sin duda revela que uno sigue su real gana. Cuando se incendia la casa, el que sale corriendo para salvar el pellejo hace muy bien, pero obedece a las circunstancias; libre, lo que se dice grandiosamente libre, es el que se queda dentro cantando salmos entre las llamas.


No somos dueños de las instituciones, debemos compartirlas con otros que no piensan como nosotros


La libertad política es algo muy deseable de tener pero peligroso de utilizar. Nos hemos criado oyendo mencionar al poder como el coco que quiere devorarnos: el lenguaje del poder, las asechanzas del poder, la cara oculta del poder… Lo imaginamos oculto en cenáculos restringidos donde conspiran unos cuantos plutócratas desalmados. Seguro que hay algo de verdad en esta caricatura siniestra, pero el poder más temible en democracia es precisamente el que comparten todos y cada uno de los ciudadanos: el poder de elegir. Temblamos con razón ante los autócratas que monopolizan el mando, pero en nuestras democracias es lógico sentir escalofríos al pensar en las multitudes que deciden quién debe ostentarlo. Algunos tratan de aliviar este recelo asegurando que la mayoría de los ciudadanos no pueden ser llamados realmente libres porque son ignorantes en las cuestiones de gobierno, se dejan engañar o seducir con promesas vanas, se asustan ante amenazas imaginarias, son venales, xenófobos, intolerantes… Pero todo esto sólo quiere decir que son humanos: esos mismos defectos existen en todas partes, aunque no haya libertades políticas. En democracia la diferencia es que pueden expresarse y elegir lo que prefieren: quizá no sean más felices que otros vasallos, pero al menos son tratados como realmente humanos. No se les reconocen sus virtudes, sino su dignidad. La democracia no es ante todo el asilo de la lucidez, la solidaridad, el buen gusto o la creación artística, sino que es “la tierra de los libres”, como dice el himno de Estados Unidos.

Para evitar que el devenir democrático sea una serie de dictaduras electivas contrapuestas, están las leyes. Los ciudadanos basan las garantías de su libertad participativa en el acatamiento de la Constitución. Los que hablan de fascismo y caos tras la victoria de Trump fantasean tétricamente. Lo único que verdaderamente sonó inquietante en el discurso electoralista de Trump fue la amenaza de no respetar el resultado de las elecciones si no le gustaba. Algo parecido a lo que hoy berrean por las calles —espero que por poco tiempo— los modernos caprichosos del “No es mi presidente” o “No me representa”, que se consideran por encima de la democracia y capacitados para decidir cuándo la libertad ha optado por el bien y cuándo no.


Mejor es perseverar en educar a la gente para argumentar y comprender en lugar de aclamar


En España ya estamos acostumbrados a quienes piensan que la democracia funciona mejor sin leyes que la coarten, como la paloma de Kant creía volar mejor en el vacío… Sin duda Trump es populista, como en nuestro país Podemos y sus siete enanitos: no porque prediquen lo mismo sino porque predican del mismo modo, empleando la retórica demagógica para conseguir aunar la heterogeneidad de los descontentos.

En la era de Internet, el populismo tiene campo abonado. Y es inútil empeñarse en regañar a la gente por sus preferencias (todos son “gente”, los que piensan como nosotros y los demás), mejor es perseverar en educarla para argumentar y comprender en lugar de aclamar. También hay que proponer alternativas ideológicas fuertes, no simplemente apelar al pragmatismo y la rentabilidad. Hagamos lo que hagamos, seguiremos remando en lo imprevisible. Porque la incertidumbre no la ha traído Trump, sino la libertad.

Avatar de Usuario
Invitado

Donald Trump presidente de los Estados Unidos de America

Mensajepor Invitado » Lun 14 Nov, 2016 1:50 am

Imagen
Nigel Farage, líder del partido xenófobo UKIP, con Donald Trump, en agosto de 2016.


La peste

Un populista excéntrico preside EE UU y aves de la misma ralea ocupan o se acercan al poder en media Europa

Claudi Pérez


Una rata llegada a Cádiz en 1347 acabó con el feudalismo: trajo a Europa un bacilo llamado Yersinia pestis, y en apenas cinco años había matado a una cuarta parte de la población. Aquello dio la estocada a un sistema que se estaba descomponiendo: para esa gente fue como presenciar el fin del mundo. El apocalipsis casi siempre defrauda a sus profetas —desde aquel fin de la historia de Fukuyama lo único seguro es que vendrán más años malos y nos harán más ciegos—, pero ha transcurrido casi una década desde la caída de Lehman Brothers y lo único que está meridianamente claro es que la Gran Recesión está sacando algún que otro fantasma del armario de la historia, repleto de ratas y pestes.

Así sucede en todas las crisis mayores. El mundo descubrió con Lehman que las bases de la economía globalizada eran más frágiles de lo que parecía. Arrancó así una sucesión de crisis con aire de thriller existencial: financiera, económica, de deuda y, por fin, política. Todas las grandes crisis empiezan y terminan en la política. Y en esas estamos: el Brexit veraniego y el trumpismo otoñal de 2016 son las dos últimas expresiones de un fenómeno más profundo que ha llegado para quedarse. Y ahora viene el invierno, con citas con las urnas en Italia, Austria, Francia, Alemania, Holanda: el bacilo político-económico que afecta al Atlántico Norte —un populista excéntrico preside EE UU, y aves de la misma ralea ocupan o se acercan al poder en media Europa— amenaza con apuntillar el orden internacional nacido en la segunda mitad del siglo XX.

Al calor de la crisis del euro y amparados por la desafección hacia la UE, los movimientos antiestablishmenthan arraigado. Partidos que eran euroescépticos son ya abiertamente eurófobos y abogan por cerrar fronteras, volver a las monedas nacionales y convertir la UE en una mera asociación de Estados; la pésima gestión de la crisis en Bruselas, con las élites dando la espalda a la gente, ha sido de gran ayuda. Pero el golpe definitivo lo han dado los anglosajones, que se retiran de las playas de Normandía. Reino Unido se va. Y Trump está dispuesto a suspender los acuerdos comerciales (descanse en paz el TTIP), a reducir drásticamente su papel en la seguridad global (¿descanse en paz la OTAN?), a retirar su firma del acuerdo de París para luchar contra el cambio climático y, en definitiva, a poner patas arriba el orden internacional liberal trazado a partir de 1945 sobre las bases construidas por Roosevelt después de la Gran Depresión.

“Trump quiere levantar muros, reducir derechos sociales y deportar inmigrantes. Es inaceptable. La UE va a denunciarle por plagio”, dice el politólogo Andrés Malamud con el punto ácido característico de los tiempos que corren. La UE encara ese órdago tras una crisis interminable que ha abierto grietas en la unidad europea. Y tiene apenas unos meses para buscar consensos en lo más urgente: debe diseñar un plan de política exterior y seguridad, a la vista de que EE UU no está dispuesto a seguir pagando la defensa europea y eso puede generar líos en la vecindad Este (Rusia) y Sur (Oriente Próximo).

Conviene invertir en ese capítulo no solo por reducir la dependencia de EE UU: ese podría ser el estímulo que Berlín ha negado al continente durante años. Eso sí, para matar esos dos pájaros de un tiro hace falta algo más que el proverbial ir tirando de Bruselas: es imprescindible que la política europea salte por encima de las brechas que se han abierto entre Norte y Sur, acreedores y deudores, incluso entre Este y Oeste. Es poco probable que eso suceda. Es más fácil que las élites sigan mirando hacia otro lado, que el establishment político, financiero —¿y periodístico?— que no vio venir el Brexit ni a Trump siga sin comprender la magnitud de la insurrección que aparece puntual en cada cita con las urnas.

Bajo esa dinámica late un rotundo cabreo con un sistema que genera problemas de desigualdad y redistribución: ese es el paisaje después de la batalla tras años de excesos del capitalismo y erosión democrática. Los partidos que entiendan eso dominarán el tablero político en los próximos años. El asunto ya no es civilizar el capitalismo: es hacerlo con reformas democráticas o con formas más autoritarias, con un nuevo nacionalismo económico; con ratas y pestes. En cada lugar, ese fenómeno adoptará las formas más acordes con su historia. EE UU ha alumbrado a su Trump; es hora de que Europa decida qué quiere ser de mayor. Puede acercarse por segunda vez en un siglo a las promesas hipnóticas de los demagogos. O puede buscar a su Roosevelt. “No existe más que un problema filosófico verdaderamente serio: es el suicidio”, escribió Camus. Sería bueno que Europa no eligiera, solo por esta vez, ese camino.

Avatar de Usuario
Invitado

Donald Trump presidente de los Estados Unidos de America

Mensajepor Invitado » Lun 14 Nov, 2016 1:51 am


Avatar de Usuario
Invitado

Donald Trump presidente de los Estados Unidos de America

Mensajepor Invitado » Lun 14 Nov, 2016 1:53 am

Imagen
El abuelo de Donald Trump en 1918.


Los Trump: todo empezó con el burdel del abuelo proxeneta

Friedrich Drumpf, así se llamaba, emigró a EEUU desde Alemania con solo 16 años. Hizo fortuna con hoteles y restaurantes que funcionaron como prostíbulos durante la fiebre del oro. El nuevo presidente nunca ha querido hablar de este capítulo familiar.


El destino es caprichoso. En 1885 llegaba a la Casa Blanca el demócrata Grover Cleveland, un presidente atípico por ser el único que ha tenido dos mandatos no consecutivos, que además vetó una ley que pretendía restringir la entrada de extranjeros al país. Aquel mismo año arribaba a la joven nación un inmigrante alemán de 16 años llamado Friedrich Drumpf. Traía sólo una maleta y no sabía una palabra de inglés, pero su talento innato le llevó a cumplir el sueño americano y levantar un imperio económico, regentando hoteles y restaurantes que funcionaron como prostíbulos durante la fiebre del oro. Amasó una fortuna y regresó a su patria con la intención de quedarse para siempre, pero el gobierno germano le expulsó por eludir el servicio militar obligatorio. Aquella decisión cambiaría el rumbo de la historia. Hoy, 131 años después, otro presidente poco común se prepara para tomar el mando de EEUU y, en este caso, cerrar las fronteras: Donald, su nieto.

La presencia de la saga Trump en estas tierras ha sido de todo menos discreta y convencional desde que pisaran por primera vez el nuevo mundo. Al pasado del abuelo se suma el del padre, Fred Jr., que recientemente ha sido vinculado con los grupos del Ku Klux Klan de los años 20 de Nueva York. Pero para narrar la historia de esta estirpe, debemos primero viajar a su lugar de origen, una pequeña aldea rodeada de viñedos en la región germana del Palatinado.


Imagen
El abuelo paterno de Donald Trump, Frederick, en una imagen de 1887.


La periodista Gwenda Blair es la autora del libro The Trumps: Three Generations That Built An Empire (Los Trump: Tres generaciones que construyeron un imperio), actualizado en una reciente edición como The Trumps: Three Generations of Builders and a Presidential Candidate (Tres generaciones de constructores y un candidato a la presidencia), donde investiga el origen de este linaje y sus negocios durante tres generaciones. La obra aún no está traducida al castellano, aunque la escritora dice que le encantaría que algún editor lo hiciera.

En una entrevista con EL ESPAÑOL, Blair explica que visitó Alemania y los lugares clave en la vida de este inmigrante. "Hablé con los familiares que aún quedan allí, y también estuve en las ciudades americanas donde trabajó", relata. De aquel trabajo de campo obtuvo la mayoría de los detalles que han ayudado a reconstruir su apasionante periplo.

Friedrich, el abuelo del nuevo presidente de EEUU, vivía con sus padres, Christian Johannes Drumpf y Katharina Kober, dos vendimiadores que se ganaban la vida recolectando la uva, en Kallstadt, un apacible pueblecito germano cuya tradición vitivinícola data del Imperio Romano.


De Friedrich a Frederick

Tras una larga enfermedad, su padre, el bisabuelo Christian, moría en 1877 con 48 años, dejando a la familia en la ruina. Sus cinco hermanos se pusieron a trabajar en el campo, pero la salud de Friedrich era tan endeble para afrontar aquella faena que, con sólo 14 años, en 1883, lo mandaron a la localidad vecina de Frankenthal para trabajar como aprendiz de peluquero.

Cuando aprendió el oficio, tras dos intensos años, volvió a su pueblo natal. Allí, este joven, ya con 16, se dio cuenta de que aspiraba a algo que la vieja Europa ya no podía darle, riqueza. Además, hasta Baviera llegaban entonces los cantos de sirenas de una nueva tierra de oportunidades que se abría paso al otro lado del Atlántico. De modo que una noche, sin avisar, cogió la maleta, dejó una nota a su madre y se encaminó a Bremen, donde embarcó rumbo a EEUU.

Allí lo esperaba Nueva York, ciudad que la historia uniría para siempre a su apellido. Pero no al de Drumpf. El 16 de octubre, como muchos inmigrantes, se inscribió en el registro norteamericano, donde lo anotaron incorrectamente, u optó por asimilarlo a un sonido más inglés, como Frederick Trumpf, que acabaría derivando en Trump. Vivió un par de años en la casa de su hermana Katharina, que había emigrado antes que él. Encontró trabajo en una barbería donde hablaban alemán y se quedó allí seis años.


Imagen
La familia de Friedrich Trump. De izquierda a derecha: Fred (padre de Donald), Friedrich, Elizabeth, Elizabeth Christ (abuela de Donald) y John.


Pero el primero de los Trump anhelaba más. En 1891, se marchó a la costa oeste, a Seattle, donde compró con sus ahorros un restaurante en el centro de la ciudad, en una zona donde en la época abundaban casinos, salones y burdeles, el red-light district conocido como Lava Beds. El local fue bautizado como Poodle Dog, y en él servía alcohol, comida y ofrecía "habitaciones para señoritas”, que era como eufemísticamente se anunciaba que había prostitutas.


"NADA ERA ILEGAL"

"No creo que exactamente sea correcto llamarlo proxeneta”, apunta Gwenda Blair. “Él abrió restaurantes y otros establecimientos. Cualquiera que los hubiera tenido hubiera hecho lo mismo", valora. A su juicio, "en unos tiempos muy duros fue muy hábil anticipando lo que su clientela iba a demandarle, que básicamente era comida, licor y compañía femenina”.

La autora considera que el abuelo Trump “tuvo la habilidad de medir el mercado y ver hasta dónde podía llegar sin sobrepasar la ley”. “Era un hombre de negocios que facilitaba el acceso a mujeres. Yo, al menos, no encontré evidencias de nada ilegal", subraya la autora.


Imagen


En 1892 Trump adquiere la ciudadanía estadounidense y vota en sus primeras elecciones, cogiéndole el gusto a eso de las campañas electorales, como veremos más adelante. Un par de años después, vende el restaurante y se instala en la ciudad minera de Monte Cristo, atraído por los rumores sobre la aparición de nuevos depósitos de oro y plata.

Allí adquirió un terreno, el primero de la familia, y levantó su primer hotel -o pensión- Trump. La operación estuvo rodeada de ciertos problemas legales, pero nada que no pudiera solucionar para en 1896 presentarse a unas elecciones a juez de paz, que ganó por un margen de 32 a 5. Premonitorio. “Donald Trump no ha sido el primero de su clan en ganar unos comicios en este país”, resalta Blair.

Frederick vendió sus propiedades justo antes de que el negocio se viniera abajo, para luego trasladarse a Klondike, en el territorio canadiense de Yukon, junto a Alaska, donde volvió a repetir la fórmula de ofrecer cama, comida, licor y sexo en establecimientos como el Restaurante Hotel Actic y el White Horse Restaurant Inn.


"SONIDOS DEPRAVADOS"

Un periódico local describía su negocio como apto “para los hombres solteros del Ártico, con excelentes alojamientos, así como el mejor restaurante, pero no aconsejable para mujeres respetables que vayan a dormir, porque son susceptibles de escuchar sonidos depravados que ofendería su sensibilidad”. La fórmula se repetía en sus locales. Un bar, instalaciones para juegos de azar y zonas oscuras con cortinas de terciopelo, donde ofrecían sus servicios las conocidas como sporting ladies.

Tras la aventura americana, Frederick Trump dio por concluido su sueño. Vendió sus inversiones y regresó a Alemania en 1901. Una vez más, le funcionó el olfato y se adelantó al final de la fiebre del oro y el consiguiente declive de la prostitución. En opinión de la biógrafa, “demostró ser muy previsor y supo retirarse justo antes de que aquello empezara a decaer y los mineros se marcharan”. “Y no se contagió de la fiebre del oro. Muchos empresarios como él no hicieron dinero allí".

Una vez de vuelta a su pueblo natal, se casó con su antigua vecina Elizabeth Christ, la abuela de Donald. Regresaron a Nueva York, donde abrió una barbería y regentó un hotel y un restaurante. Allí tuvieron a su primera hija, Elizabeth. Pero al poco, la nostalgia sumió a su esposa en una depresión, y en 1894 volvieron a Alemania con la idea de envejecer allí. Pero el Gobierno germano apareció en escena.


Imagen


¿PRESIDENTE DE ALEMANIA?

"Es muy llamativo, pero por muy poco la segunda generación Trump podría haber sido alemana", sugiere la autora. ¿Podría Donald ser ahora mismo presidente de Alemania? "Desde luego que podría, o eso o algo importante. Esos son los asombrosos accidentes de la historia. Algo pequeño puede tener un efecto mínimo o consecuencias colosales, como este caso", explica.

En aquella época el servicio militar era obligatorio en Alemania hasta los 35 años, justo la edad a la que regresó el abuelo Trump. Su ayuntamiento trató de ayudarle, en un intento de conservar en el pueblo la fortuna de aquel hijo pródigo, valorada en 80.000 marcos, medio milllón de dólares de hoy. Pero las autoridades de Baviera consideraron que Firederich, con su aventura americana, sólo perseguía evitar el servicio militar, de modo que le retiró la ciudadanía y lo mandó de vuelta a América en 1905, con su esposa embarazada, que daría a luz en Nueva York a Frederick, padre de Donald, y luego John, ya completamente estadounidenses.

Finalmente, el abuelo del nuevo presidente murió a los 49 años, en Queens, durante la epidemia de gripe española. Su mujer Elizabeth usó su herencia para continuar el negocio inmobiliario con su hijo mayor, nuestro siguiente protagonista, Fred Junior, el padre del comandante en jefe electo.

“El segundo Trump también mostró destreza. No vivió la fiebre del oro y le tocó la gran depresión, pero supo sacar provecho de los programas de ayudas federales y subsidios de la época que buscaban levantar la economía. Él transmitió a su Donald todo sobre negocios y cómo ser competitivo. Le enseñó la frase de ‘ganar lo es todo, no hay límites’. Y mira ahora a su hijo", señala Blair.


Imagen
Elizabeth Christ y Friedrich Trump, os abuelos paternos de Donald Trump, en 1918.


VÍNCULOS CON EL KKK

Al margen de la faceta empresarial que recoge en este libro, sobre el padre del futuro presidente de los EEUU, fallecido en 1999, aparecieron en septiembre de 2015 noticias inquietantes. Justo cuando su hijo daba los primeros pasos de su carrera política, la prensa desenterró de la hemeroteca del New York Times un artículo publicado el 1 de junio de 1927 que relacionaba a Fred Trump con el Ku Klux Klan. La crónica periodística lo vinculaba con una pelea que enfrentó a 1.000 civiles relacionados con el grupo racista contra 100 policías en Queens.

Aunque no fue acusado oficialmente, Fred Trump fue uno de los siete arrestados durante el incidente. Hay que tener en cuenta que en aquel momento las prácticas racistas en los EEUU estaban generalizadas y el KKK campaba a sus anchas.


Imagen
La prensa vinculó al padre de Donald Trump con el KKK.


Donald Trump más tarde negaría la relación de su padre con el KKK, aunque no pudo desmentir por completo aquel suceso. El propio New York Times publicaba una conversación con el magnate en septiembre de aquel 2015. “Es totalmente falso. Nunca pasó. Y la noticia decía que no hubo cargos, nada. Mencionarlo en los medios es injusto, porque no hubo cargos. No sé contra los otros, pero no contra mi padre. Así que incluso asumiendo que fue él, que yo incluso lo dudo, nunca escuché nada de eso. No es justa la mención. Nunca pasó”, dijo un Trump tan indignado, que incluso pidió al reportero que no incluyera el asunto en la entrevista.

Lo cierto es que aunque el nombre coincide con el de su padre, y el censo revela que vivió en el barrio donde se produjo el suceso, según la información no se le acusó de nada, aunque fue detenido. Después de esto, las acusaciones de racismo continuaron, y dos años después de que Donald se uniera a la compañía inmobiliaria de su padre en 1971, la empresa recibió una demanda de derechos civiles por negar el alquiler de apartamentos a ciudadanos afroamericanos.


Imagen
Trump en un anuncio de Pizza Hut junto a su primera esposa, Ivana.


SE HIZO EL SUECO

Pero Frederick Trump también fue una víctima del rechazo por razones de nacionalidad. Tras casarse con una joven escocesa llamada Mary Anne MacLeod, retomó el negocio inmobiliario con su madre, la viuda de Friedrich, una mujer orgullosa de su origen germano, algo que espantaba a muchos de los clientes del negocio, judíos. De modo que con la II Guerra Mundial, cuando se generó un sentimiento antialemán en EEUU, el padre de Donald Trump comenzó a decir a la gente que era sueco.

Mientras tanto, la madre, a sus 80 años, organizó un viaje de vuelta a Kallstadt con varios de sus nietos, no con Donald, que heredó la mentira sobre Suecia, y hasta la incluyó en su biografía El arte del trato. Un periodista en Vanity Fair le preguntó a Donald Trump en 1990 si no era cierto que en realidad era de origen alemán, a lo que el millonario respondió que "en realidad, era muy complicado". “Mi padre no era alemán; los padres de mi padre eran alemanes... suecos, y realmente de toda Europa...". Años después admitiría su origen alemán, aunque nunca ha visitado aquel pueblo.


Imagen
Donald Trump junto a sus padres en 1993 cuando contrajo matrimonio con Marla Maples, su segunda esposa.


Simone Wendel, cineasta de Kallstadt, se reunió con él en 2014 en la Trump Tower durante el rodaje de su documental Kings of Kallstadt, un retrato de esta localidad de 1.200 habitantes de la que salió también la familia Heinz, famosa por el ketchup, que a diferencia de los 'Drumpf' no renegaba de su pasado.

"Durante la reunión, Donald estuvo bastante reservado”, contó Wedel en varias entrevistas, si bien el empresario se entusiasmó cuando vio fotografías de sus abuelos y de la modesta casa de su abuelo. "I love Kallstadt", llegó a decir.

Reconciliado ya con su pasado, Trump es consciente de que no será el primer inquilino de la Casa Blanca de ascendencia alemana. La familia de Dwight Eisenhower se llamaba originalmente Eisenhauer y provenía de Karlsbrunn, cerca de la frontera germano-francesa. Y los antepasados de Herbert Hoover fueron llamados Huber y arribaron desde Baden, en el sur de Alemania.

El papel de Donald Trump en la historia americana está aún por escribir. Lo que nadie podrá borrar ya es su ascendencia. Y aunque no le emocione, sin saberlo, probablemente el futuro presidente de los EEUU tiene más de Kallstadt en su interior de lo que cree. Y es que no deja de ser irónico que a los habitantes de este pueblecito se les conozca cariñosamente como Brulljesmacher, una palabra que en el dialecto regional significa fanfarrón. Caprichos del destino.


Imagen
Donald Trump nació en 1946.

Avatar de Usuario
Assia
de Melbourne
de Melbourne
Mensajes: 19369
Registrado: Mar 29 Dic, 2015 2:19 am
Flag: Australia

Re: Donald Trump presidente de los Estados Unidos de America

Mensajepor Assia » Lun 14 Nov, 2016 7:06 am

Me parece a mi que se la esta dando demasiada propaganda y metiendo demasiado miedo con este TRUMP y al final, como todos los Presidentes de Estados Unidos hara lo que le manden los lobbies que han pagado su campana electoral. ULTIMO CHISTE O NOTICIA SOBRE TRUMP.? TRUMP NO COBRARA EL SUELDO DE PRESIDENTE. VAMOS, SOLO COBRARA 1 DOLAR AL ANO PORQUE ASI LO REQUIERE LA LEY DE ESTADOS UNIDOS. Ni siquiera he leido la noticia en la pagina que me sale al conectar Internet. Esperare, a que llegue Enero y comience a gobernar. Bueno, al no ser que algun colega ponga otra entrevista del Sr. Trevijano, no pienso leer nada mas de Trump ni en espanol ni en ingles.
Assia




Volver a “La Crispación”