Donald Trump presidente de los Estados Unidos de America

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Mensajepor Invitado » Dom 02 Jul, 2017 9:43 pm

Pa chulo Donaldo


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Mensajepor Invitado » Sab 15 Jul, 2017 2:35 pm



Lo de este hombre no tiene nombre
Las lamentables declaraciones sobre Brigitte Macron han sido el último acto de un comportamiento machista y denigrante impropio de un jefe de Estado

Este pasado viernes Donald Trump pensó que la mejor manera de dirigirse a Brigitte Macron (delante de periodistas, cámaras de televisión y fotógrafos de varios continentes) era repasándola de arriba abajo con mirada de taberna y diciéndole a su marido, el presidente de Francia, que su esposa estaba en muy buena forma, varias veces. “Preciosa”, apostilló.



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Mensajepor Invitado » Dom 16 Jul, 2017 4:07 pm


Duelo de estilos entre Melania Trump y Brigitte Macron
Melania Trump, en su papel de primera dama de Estados Unidos, ha rivalizado con Brigitte Macron en un duelo de estilos entre las mujeres del presidente de los Estados Unidos y el vigesimoquinto presidente de la República Francesa, respectivamente.

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Re: Donald Trump presidente de los Estados Unidos de America

Mensajepor Assia » Lun 17 Jul, 2017 2:42 am

Sere yo sola la que pienso que mas culpa le hecho yo a Macron que a 1 burro como es Trump. Macron no debio pasar por alto que su esposa fuera insultada publicamente por Trump. Pero, segun fotos de ese momento, Macron hasta sonrio a la chuleria de Trump.
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Re: Donald Trump presidente de los Estados Unidos de America

Mensajepor Assia » Sab 22 Jul, 2017 3:18 am

Segun EL PAIS: '' UN NUEVO VENDAVAL HA SACUDIDO LA CASA BLANCA'' El portavoz official, Sean Spicer, ha presentado su dimision, No me parece nada sorprendente Srs. de EL PAIS, nadie quiere estar al servicio de 1 pobre perturbado mental como es Trump. Pero no hay que preocuparse, que a '' Rey muerto, Rey repuesto,'' seguro que Centeno de la LIBERTAD CONSTITUYENTE, no le importaria estar al servicio de Trump, como ya estuvo durante la campana electoral para que los hispanos votaran por Trump.
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Re: Donald Trump presidente de los Estados Unidos de America

Mensajepor Assia » Sab 29 Jul, 2017 1:08 am

Trump deja fuera a su jefe de gabinete y nombra en su lugar al general Kelly. Sera este general tambien el favorito de Centeno y del eminente pensador como dicen que es el genal favorito de Trump.?
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Mensajepor Invitado » Sab 05 Ago, 2017 10:49 pm


Pepe López: "Quiero ser Donald Trump"

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Mensajepor Invitado » Lun 07 Ago, 2017 9:19 pm

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El desempleo de Estados Unidos cayó a su nivel más bajo en 16 años

Estados Unidos sumó 209.000 puestos de trabajo en julio y redujo la tasa de desempleo por 0,1% con respecto a junio, regresando así a los niveles que había registrado ya en mayo de 4,3%, según el informe mensual que publica el Departamento de Trabajo sobre la “situación del empleo” en el país.

Entre los sectores que más contribuyeron a la expansión de la fuerza laboral se destacaron el de alimento y bebidas (+53.000), profesional y de negocios (+49.000) y sanitario (+39.000). La minería, por su parte, sumó 1.000 trabajadores a la industria.

El ingreso promedio por hora para todos los empleados subió nueve centavos a USD 26,36. A lo largo del año, el ingreso promedio por hora ha subido 65 centavos, o 2,5%.

La cifra de trabajadores empleados en mayo fue revisada de 152.000 a 145.000, mientras el dato reportado para el mes de junio fue elevado de 222.000 a 231.000.

En los últimos tres meses, el país norteamericano ha contratado a un promedio de 195.000 trabajadores por mes. Así ha alcanzado el desempleo más bajo de los últimos 16 años, después de tocar su piso en 2009 con el 10 por ciento.

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Re: Donald Trump presidente de los Estados Unidos de America

Mensajepor Assia » Jue 10 Ago, 2017 7:00 am

Iba a desconectar mi ordenador, cuando como siempre me sale la pagina del canal 9 australiano. En 1 recuadro a la drecha, hay 1 foto con 1 TRUMP furioso con a boca abierta y debajo desafiando al rufian dictador de Korea del Norte con esta provocativa frase: '' VAMOS A ENCONTRARNOS CON FURIA Y FUEGO''
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Mensajepor Invitado » Dom 13 Ago, 2017 1:17 am



Estados Unidos: Un coche (conducido por un nazi) atropella a manifestantes antirracistas en #Charlottesville

Al menos un muerto y 19 heridos por un atropellamiento en Charlottesville a manos de un nazi enloquecido, según la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU). Cientos de supremacistas blancos marcharon por las calles de Virginia al grito de consignas nazis. Declarado el Estado de emergencia. Las primeras versiones indican que la víctima sería un trabajador anarquista, miembro de la IWW. Seguiremos informando…Noticia en construcción


La marcha ultranacionalista “Unir a la derecha” convocada por un grupo de blancos supremacistas y nacionalistas en Charlottesville, en Estados Unidos, provocó este sábado un muerto y varios heridos (al menos 19) por un atropello masivo a los y las manifestantes antirracistas que se manifestaban. La avanzada ultraderechista ha obligado a declarar el estado de emergencia de seguridad por parte del gobernador de Virginia, Terry McAuliffe. Las primeras versiones indican que la víctima sería un trabajador anarquista, miembro de la IWWW.




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Mensajepor Invitado » Lun 14 Ago, 2017 2:56 pm

LAND OF LINCOLN
Lo que se ha roto con Trump

¿Nazis en EEUU? La violencia en Charlottesville no es sino la consecuencia del caldo de cultivo que el presidente estadounidense se ha encargado de alimentar

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En el día más importante, Donald J. Trump se olvidó de tuitear.
En realidad no. Pero lo hizo tarde y mal. Tarde porque el hombre que levantaba el dedo acusador antes de que, en las calles europeas, las autoridades determinaran la autoría de un atentado, ayer apareció en la red social que tanto le gusta a regañadientes, casi por pura obligación. Mal porque el agitador especialista en enumerar enemigos, señalar culpables, ya sean personas físicas, jurídicas o metafóricas, desde Obama hasta Washington en general, fue incapaz de pasar de un vergonzoso “en todas partes” a la hora de condenar una violencia que solo estaba en un lado. Que siempre ha estado, casi desde la fundación de este país, y a la que ni siquiera fue capaz de llamar por su nombre: desde supremacistas blancos nostálgicos de la segregación racial a ultraderechistas de diploma y altavoz mediático pasando por neonazis y fascistas sin camisa negra, pero de pistola al cinto.
En el día más importante, el presidente de EE.UU. se olvidó de hablar.
En realidad, tampoco. Pero también lo hizo tarde y mal. Tan tarde y tan mal que su discurso lo acabó dando otra persona, el gobernador de Virginia, el demócrata Terry McAuliffe. Suyas fueron las palabras más importantes, las más contundentes, las más necesarias.
“Tengo un mensaje para todos los supremacistas blancos y los nazis que han venido hoy a Charlottesville. Nuestro mensaje es simple y simple: váyanse. No son queridos (…) Qué vergüenza. Pretendéis ser patriotas, pero sois todo menos patriotas. (…) Habéis venido aquí hoy a hacerle daño a la gente. Lo habéis conseguido. Pero mi mensaje es claro. Somos más fuertes que vosotros. Nos habéis hecho más fuertes, no tendréis éxito. No hay lugar para vosotros aquí, no hay lugar para vosotros en América. (…)”.
Antes, Trump no solo había evitado condenarlos, sino que en un tuit que pretendía conciliador, el presidente volvió a las andadas rematándolo con su conocido lema. América Primero. Otra vez. Una (no)declaración que fue muy bien recibida en los propios medios de la ultraderecha americana: “no nos ha atacado (…) Dios lo bendiga”
No fue suficiente y Trump se negó incluso a contestar a la pregunta directa de un reportero. Qué les diría a los supremacistas blancos que durante todo el día de ayer lanzaron cánticos en su apoyo. Trump huyó como el que sabe que acaba de cometer una fechoría y confía que no le pillen.
TRUMP HUYÓ COMO EL QUE SABE QUE ACABA DE COMETER UNA FECHORÍA Y CONFÍA QUE NO LE PILLEN
No fue una sorpresa. De todos es sabido la querencia de la ultraderecha estadounidense por Trump. Desde el primer minuto y reafirmada ayer. Un amor nunca rechazado de forma contundente por el ahora presidente pues no se rechaza lo que es propio de uno. Si bien la mayoría de los votantes de Trump no son racistas ni supremacistas ni nazis, es seguro que todos los racistas, supremacistas y nazis de América abrazaron la causa del América Primero y acudieron a votar en masa por el hoy inquilino de la Casa Blanca.
Saben que es suya. Saben que ella está habitada por miembros de su misma especie y que susurran a la oreja del presidente. Comenzando por el célebre Steve Bannon y acabando por el inefable Steve Miller, ideólogo privilegiado de los neonazis. Pasando por Sebastian Gorka. El pasado miércoles, el propio Gorka dejó claras las prioridades y los aliados de esta administración, al asegurar literalmente que los supremacistas blancos “no son un problema” y que no deberían ser objeto de escarnio ni de crítica.
Para vergüenza de propios y extraños. Unos propios que ayer, a duras penas, también tarde pedían contundencia y explicaciones. Sirva un muestrario. El senador Cory Gardner (R-Colorado), instó al presidente a “llamar al mal por su nombre”, mientras que el senador Marco Rubio (R-Florida) y Orrin Hatch (R-Utah) también hicieron declaraciones igualmente duras. Contunde fue, como era de esperar, John McCain (R-Arizona): “Los supremacistas blancos no son patriotas, son traidores. Debemos unirnos contra el odio y el racismo”.
Tarde.
Acabo de regresar a EE.UU. después de un mes de vacaciones en España durante el cual me cansé de recibir la misma pregunta.
― ¿Qué ha cambiado en la América de Trump?
Mi respuesta siempre era la misma: Trump no ha cambiado nada y lo ha cambiado TODO.
Nada, porque tras ocho meses de gobierno los logros del presidente son, no exiguos, sino inexistentes. Ni tan siquiera ha conseguido tumbar el tan vilipendiado Obamacare. Sí ha conseguido que EEUU vuelva a ser un país que causa rechazo en el mundo después de los ocho años de Barack Obama.
TODO porque se nota, se palpa en el ambiente. En miradas y en gestos. En zonas donde tu color de piel y tu acento te delata como no bienvenido. En ataques racistas en los lugares más insospechados, como la cola de un supermercado. En las cacerías de indocumentados emprendidas sotto voce por la Migra. En la guerra abierta entre las llamadas ciudades santuario y un presidente que amenaza al que no colabore con la razzia.
En comentarios que nadie haría antes en voz alta y que ahora se sueltan como si nada. En la supuestamente inocente pregunta de una compañera de departamento (de inferior categoría en el escalafón profesional) a otra, mexicana, muy por encima en dicho escalafón.
―Oye, ¿tú entraste como ilegal a este país?
Una campaña dominada por la retórica netamente fascista que empleó el candidato ganador no nos iba a salir gratis.
La única diferencia es que lo de ayer en Charlottesville fue televisado para todo el país. Y ya hay una primera mártir.
Todo eso es lo que ha cambiado. Todo eso es lo que ha roto Trump. Que aquellos cuyas parafernalias e ideologías netamente racistas se mantenían, si no ocultos, sí en un disimulado segundo plano, se hayan visto legitimados para emerger a la superficie y responder a un llamado crepuscular e imposible al mismo tiempo: el célebre Make America Great Again tatuado en las gorras rojas de Trump.
AQUELLOS CUYAS PARAFERNALIAS E IDEOLOGÍAS NETAMENTE RACISTAS SE MANTENÍAN, SI NO OCULTOS, SÍ EN UN DISIMULADO SEGUNDO PLANO, SE HAYAN VISTO LEGITIMADOS PARA EMERGER A LA SUPERFICIE
Las antorchas han vuelto a marchar en agosto de 2017 en EE.UU., pero éste no es solo un problema americano. Echen una ojeada a su alrededor. A Francia. A Inglaterra o al silencioso bloque oriental de la UE. A Rusia. Solo era cuestión de tiempo. Nadie puede decir que no estábamos avisados, simplemente preferimos hacer caso omiso de las señales.
Algunos dirán que, en EE.UU., el aviso llegó el 17 de junio de 2015, cuando Dylann Roof entró en la Iglesia Metodista Episcopal Africana Emanuel, en Charleston, Carolina del Sur, y mató a nueve personas hiriendo de gravedad a otra. Roof, supremacista blanco de bandera confederada en la habitación, confesaría a la policía que su intención era desatar una “guerra racial”.
Otros dirán que podemos remontarnos incluso más atrás, al 19 de abril de 1995 en el edificio Alfred P. Murrah, en Oklahoma City, donde un ultraderechista, Timothy McVeigh, asesinó a 168 personas tras hacer explotar un camión aparcado frente al complejo.
Los últimos dirán que lo ocurrido ayer en Charlottesville, Virginia, es consecuencia directa de la elección como presidente de Donald J. Trump el pasado noviembre.
Todos tienen algo de razón. Y todos, también, están en parte, equivocados. Porque las explicaciones a problemas complejos nunca son simples.
En realidad, contamos con un grave problema de apreciación. Después de llevar años llamando nazis y fascistas ―incluso terroristas―, a todos aquellos con los que no estamos de acuerdo, cuando aparecen los verdaderos nazis y fascistas, a algunos les cuesta reconocerlos. No digamos ya, llamarlos por su nombre, aunque todos lo lleven escrito en la solapa. Es el primer estadio de la banalización.
DESPUÉS DE LLEVAR AÑOS LLAMANDO NAZIS Y FASCISTAS ―INCLUSO TERRORISTAS―, A TODOS AQUELLOS CON LOS QUE NO ESTAMOS DE ACUERDO, CUANDO APARECEN LOS VERDADEROS NAZIS Y FASCISTAS, A ALGUNOS LES CUESTA RECONOCERLOS
Pocos llamaron terrorista al responsable del atentado de Oklahoma City. Nadie (o casi nadie) llamó terrorista a Roof. Ambos lo eran. La principal amenaza terrorista a la que hace frente EE.UU. es y ha sido siempre de naturaleza interna. Diseminados por todo el país, las agencias de seguridad (FBI y ATF fundamentalmente) mantienen más o menos vigilados a casi un millar de “grupos de odio”. Un bonito eufemismo para referirse a grupos organizados y armados hasta los dientes alimentados por un combustible tan demoledor como gratuito: el odio. A todo, pero fundamentalmente a lo que no sea blanco, cristiano, occidental. En este orden.
Normalmente nadie los llama terroristas (ayer lo hizo Marco Rubio, también Rob Portman, senador R-Ohio), denominación acotada en EE.UU. a todo lo derivado del 11S.
Pero es cierto que algo cambió en 2015. Tras la matanza perpetrada por Roof muchos americanos cayeron en la cuenta de que la Guerra de Secesión (1861-1865), lejos de haber caído en el olvido, todavía seguía muy presente en ciertas zonas del país. En realidad, no la guerra sino la memoria de la misma. A ver si ahora se explican lo nuestro, cuya herida mal cerrada aún no ha cumplido los 80 años.
Grosso modo podemos exponer una premisa. Si bien el Norte de Lincoln ganó aquella cruenta contienda consiguiendo mantener al país unido, el Sur (la Confederación secesionista) acabó por ganar todo los demás, comenzando precisamente por la memoria del conflicto. De nuevo, resumiendo mucho, está el plano real y plano simbólico.
Plano real: ¡albricias y zapatetas! El Norte ha ganado. Los esclavos son libres tras la Declaración de Emancipación de Lincoln (en realidad solo afectaba a los estados del Sur rebelde) se ha borrado el pecado original, todos somos iguales ante la ley. Esto, si alguna vez fue cierto, que no, solo lo fue durante el periodo de la Reconstrucción (1865-1877) que siguió a la contienda. Y a punta de bayoneta. Tan pronto como las casacas azules abandonaron territorio gris, las cosas volvieron a su particular curso “natural”. Recuerden: Jim Crow, el complejo entramado legal que apuntalaba la segregación racial bajo el mantra de “separados pero iguales” (falso) comienza en 1876 y se extiende un siglo, hasta 1965 (!), justo en pleno auge de los Derechos Civiles.
Plano simbólico. Ya en los primeros años tras la contienda, vencedores y perdedores son conscientes de una cosa: lo importante es el recuerdo. Así, en el Sur surge el mito de The Lost Cause (La Causa Perdida) y sus variantes, la causa honorable. Ese Sur mítico trazado de plantaciones y poblado por caballeros y damas de modales exquisitos donde el sistema de la esclavitud era uno en el que amos y esclavos convivían en un bello idilio: queriéndose y respetándose los unos a los otros, pero cada uno en su lugar.
Nota: revisen Lo que el viento se llevó (1939).
Sobra decir lo enfermizo de la versión, pero no por ello, esta dejó de triunfar. Sobre todo en unos estados que mascaban una derrota con amargo sabor a humillación (un saludo a la Alemania post IGM).
Fue solo después de la matanza de 2015 cuando los americanos repararon en una cosa: la parafernalia confederada que todavía está presente en muchos estados del Sur, banderas (una enseña de odio reconvertida en icono pop) y monumentos por delante. Tras una corta ceremonia televisada en directo a todo el país por medio de las principales cadenas de noticias, la bandera confederada que había ondeado durante 54 años en el Capitolio de Carolina del Sur fue finalmente arriada el 10 de julio. La enseña fue colocada en lo alto de la cúpula del Capitolio en 1961 coincidiendo con el centenario de la Guerra Civil, curiosamente en plena ebullición de las luchas por los Derechos Civiles que pondrían fin a la segregación. La ceremonia tuvo un componente simbólico extra: Carolina del Sur fue el primero de los once territorios que declararían su separación de la Unión, el 20 de diciembre de 1860, para conformar, los Estados Confederados de América.
De la misma forma, la marcha de ayer en Charlottesville organizada por organizaciones supremacistas, bajo el lema de “Unite the Right”, tenía su componente simbólico. No solo se trataba de protestar por la inminente retirada de la estatua del General Robert E. Lee (principal figura militar de la Confederación, no es lo mismo “recordar” que “honrar”), sino que Virginia, estado natal de Lee (el cementerio de Arlington es la antigua plantación del general rebelde) era el que al comienzo de la Guerra Civil contaba con un mayor número de esclavos.
Ayer, tras mostrar imágenes de esvásticas, tipos disfrazados del KKK y paramilitares armados hasta los dientes deseosos de usar unas armas, por lo demás, legales alguien me dijo que “la violencia está en ambas partes” situándolo en un simple problema de “libertad de expresión”. Curiosamente, fue lo mismo que después diría el presidente.
Es la equidistancia, esa que nunca es inocente y siempre es cómplice. Así, frente a los unos, se colocan los otros. O directamente se equiparan; como ayer mismo hacía, en España, el otrora diario independiente de la mañana, a quien, tras el atropello en el que resultó muerta una persona (entre los heridos hay cinco en estado crítico), aún le costó un par de horas hacer la distinción “entre grupos radicales (la cursiva es mía) en Virginia”. Como a Trump.
Se trata al fin y al cabo de una batalla en la que la primera víctima ha sido el propio lenguaje al aceptar (y naturalizar) conceptos tan falaces ―y fascistas―, como “posverdad” o “hechos alternativos”, en lugar de hablar directamente y sin tapujos de mentiras. Cuando hemos elevado a la categoría de virtud política razonamientos del tipo de “al menos cumple lo que prometió”. Cuando hablamos de alt-right en lugar de ultranacionalistas, supremacistas raciales, nazis o fascistas. Cuando incluso debatimos si llamar racista a un racista es demasiado porque no hace falta insultar y, por eso, recuperamos del olvido palabras como bigot o bigotry (qué suavidad, qué elegancia, siempre al detalle) para calificar discursos y posiciones que, en otro tiempo y lugar, llamaríamos simplemente racistas y racismo. Cuando a freaks conspiranoicos como Infowars o directamente filonazis como Breitbart han sido aceptados por el público en general y los medios de comunicación tradicionales como fuentes y agentes de información legítimos.
SE TRATA AL FIN Y AL CABO DE UNA BATALLA EN LA QUE LA PRIMERA VÍCTIMA HA SIDO EL PROPIO LENGUAJE AL ACEPTAR (Y NATURALIZAR) CONCEPTOS TAN FALACES ―Y FASCISTAS―, COMO “POSVERDAD” O “HECHOS ALTERNATIVOS”, EN LUGAR DE HABLAR DIRECTAMENTE Y SIN TAPUJOS DE MENTIRAS
Por eso, como bien señala el historiador estadounidense Timothy Snyder en su reciente panfleto, Sobre la tiranía (que debería de ser de lectura obligatoria en los colegios de todo el mundo), este clima de posverdad en el que Trump ha situado a EE.UU. ―mucho me temo que seguido de manera más sutil en otras latitudes―, es la antesala del fascismo. Solo falta un grupo paramilitar con beneplácito oficial. De momento, ayer por las calles de Charlottesville, vimos algo de lo descrito por Snyder: “Cuando los hombres armados que siempre han afirmado estar en contra del sistema empiezan a llevar uniformes y a desfilar portando antorchas y retratos de un líder (ayer sólo hubo cánticos de adhesión), el final está cerca”.
No hay todavía paramilitares “oficiales”. Pero está el NRA que, en su anunció más reciente, si no llamaba directamente a la insurrección violenta contra todo lo que huela a “liberal”, se le parecía bastante. Otra señal a la que nadie hizo caso.
Lo de ayer es solo otro aviso. Uno más, quizá el más sonoro y trágico hasta la fecha para todos aquellos que repetimos, queriendo tranquilizar(nos), ese seguro conformista: “Oh, no será candidato, no le dejarán”. “Oh, no ganará las elecciones, no lo permitirán”. “Oh, Washington acabará por domar a la fiera”. “Oh, existen contrapesos, las instituciones son fuertes”. Siento darles una exclusiva. Esto mismo era lo que muchos repetían en la Europa de los años 30. Oh, están las instituciones. Existen contrapesos. El resto es historia.
Entre las muchas imágenes que se vieron ayer, destacaba una fotografía. Banderas confederadas, saludos nazis y tipos disfrazados del KKK detrás de una valla de seguridad. De espaldas a ellos, un oficial de policía negro protegiendo sus derechos.
Incluso, cabría añadir.

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Mensajepor Invitado » Lun 14 Ago, 2017 4:17 pm

Los analfabetos funcionales llaman nazi y fascista a todo lo que se menea .... se llaman SUPREMACISTAS BLANCOS de la USA.

Los nazis son estos ...

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Mensajepor Invitado » Lun 14 Ago, 2017 6:36 pm

igualicos que estos so vejiga.... akjajajajajajaj


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Mensajepor Invitado » Lun 14 Ago, 2017 6:51 pm

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estos son los bolivarianos.

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Mensajepor Invitado » Mié 16 Ago, 2017 3:05 am

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Enfrentamientos en en Charlottesville entre supremacistas neonazis y contramanifestantes.


Cazar nazis

No hay ninguna diferencia entre el que actúa y el que mira para otro lado, o dice que no es para tanto

MANUEL JABOIS


En Cazadores de nazis (Turner, 2017) de Andrew Nagorski se explican varios asuntos relacionados con el nazismo, el primero de todos aquel que tuvo que ver con la gestión de la venganza. No la justicia de Núremberg, ni Dachau, ni Jerusalén. La gestión de la venganza fue la que hicieron algunos fiscales honrados, intachablemente demócratas, que al entrar en los campos de concentración y encontrarse a judíos libres rodeando a un guardián nazi, optaron por darse la vuelta. Esa no interferencia, ese retrasar la llegada de la civilización para que la barbarie siguiese un poco más su curso, ahora del lado de las víctimas, es una terrible opción, pero es una opción humana.

Resulta imposible que hoy esa actitud del fiscal y el comportamiento violento de los judíos mereciesen una grandilocuente condena equitativa al grito de que todas las violencias son iguales y muchas, “de cualquier tipo”; el crimen fue de tal magnitud que quien se hubiese atrevido a semejante condena colectiva hubiera sido tachado automáticamente de algo tan necesario como un nazi: un aguador de nazis, un legitimador de la violencia nazi midiéndola a su violencia de respuesta o violencia común.

¿Cuál es entonces la diferencia entre Rudolf Höss, que al ser detenido se descargó de responsabilidad diciendo que solo era el director del programa de exterminio de Auschwitz, y los estadounidenses que defendían en Charlottesville una América blanca? ¿Cuál es la diferencia entre un nazi que exhibe una bandera nazi y los que lo acompañan orgullosos en el desfile con otras igualmente repugnantes?

No es una diferencia sutil; ni siquiera es una diferencia. Por la misma razón por la que Alemania no fue nazi por los nazis sino por los que miraron a otro lado, los que dijeron que no era para tanto, los que se dejaron llevar, los de “respetemos las ideas” o los que creyeron que era mejor no meterse en problemas. Por los mismos inalterables imbéciles que hoy dicen que el hecho de que en Charlottesville hubiese una bandera nazi no quiere decir que fuesen todos nazis, como si ellos acompañasen sus reivindicaciones a diario con esvásticas a su lado. La integración del Holocausto.

Tiempos cínicos, o peor aún: tiempos sin memoria. Trump necesitó dos declaraciones para llamar a los nazis por su nombre (la alt-right española, esa alcantarilla moral, se lo reprochó con aspavientos de tarado) antes de insistir en su idea: hay buenos y malos en los dos lados, como si hubiese dos lados. Sólo hay uno, nunca hubo otro. En 80 años hay algo que no ha cambiado entre nazis y sus insípidos cheerleadears de la equidistancia: los segundos también saben que al final siempre hay un crematorio, pero prefieren hacerse los tontos. Algunos sin tener que fingirlo.




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