EL CIRCO CATALÁN

Un lugar con buen talante y pluralidad democrática donde se debate lo más relevante de la política y la actualidad nacional e internacional.

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Mensajepor Invitado » Lun 02 Oct, 2017 3:13 pm


El director de www.hispanidad.com, Eulogio López, recuerda que todo referéndum resulta engañoso.

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Mensajepor Invitado » Lun 02 Oct, 2017 4:31 pm


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Assia
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Re: EL CIRCO CATALÁN

Mensajepor Assia » Lun 02 Oct, 2017 10:17 pm

El circo catalan sigue si a 1 jugador de futbol ayer, cuando salio al campo a jugar, escucho gritos de '' PIQUE, CABRON TU ERES, ESPANOL''
Vamos, Espana pudo vivir con la perdida de Filipina, de Cuba. de Gibraltar, pero no podra vivir con 1 Cataluna independiente.? Poca gracia me hace a mi esta Independencia y con la mala leche que se hizo ese referendum. Cuanto mejor hubiera sido 1 Referendum por derecho y estoy segura que hubiera ganado el NO A LA INDEPENDENCIA!
Assia

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Mensajepor Invitado » Mar 03 Oct, 2017 1:55 am


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Allí donde el Estado no existe - David Gistau

Mensajepor Invitado » Mar 03 Oct, 2017 2:07 am




EL SÁBADO, a las diez en punto de la noche, arranca una cacerolada en la calle Numancia de Barcelona, cerca de Sants. Al principio es una cacerola sola que suena como cuando te tienes que levantar porque oyes un grifo mal cerrado. Se van sumando otras y detona una fanfarria por la cual sacan sus teléfonos para grabar los turistas, siempre abundantes en Barcelona. En los balcones hay hasta señoras en bata a las que, por la fuerza con la que percuten, no les importa la posibilidad de descubrir abollado el menaje el siguiente día que la familia venga a almorzar. Algunos coches emiten claxonazos solidarios. Uno hay cuyo conductor baja la ventanilla y grita un «Viva España». Lo grita justo cuando pasaba por delante de un badulaque de chinos que sonríen porque lo mismo les habría dado que hubiera gritado «Cumpleaños feliz» o «Me caso». De pronto, tamizada por la lluvia, por arriba de la calle asoma una hilera de luces azules. Es un convoy de alrededor de una docena de furgones de la Policía Nacional, con los cristales opacos, con la cadencia lenta, que se dirige a tomar posición en alguna parte. La bronca es estrepitosa, formidable, aun tratándose ésa de una zona residencial llena de bares con selecta carta de coctelería. Belfast, piensa uno, sólo faltan los fogonazos de los otros cócteles. El sistema inmunológico de la Cataluña independentista empieza ya a detectarse cuerpos extraños contra los cuales, al día siguiente, ejercerá una intensa hostilidad militante. Sobre todo más allá de Barcelona, entre las montañas del interior, donde el Estado español se queda sin cobertura antes que los teléfonos.

Llueve todavía a las 7.30 del domingo en la autovía C-31 a su paso por Badalona. Qué tristes son siempre las fachadas periféricas cortadas por la carretera. Al entrar en el Maresme circula otro convoy, éste de Patrols de la Guardia Civil, con las sirenas prendidas aunque sin sonidos. Bajo la lluvia, las fasces romanas estampadas en las puertas de los vehículos, en el ambiente de rechazo, en la grisura neblinosa de la mañana desapacible, evocan las incursiones en los pueblos vascos en los años ochenta. No sólo eso lo evoca. En Argentona, por ejemplo, pueblo gobernado por las CUP, pueblo, como otros del día, de una radicalidad endogámica, la entrada de un extraño en una cafetería provoca un recelo espeso, como de Western. Durante toda la jornada, este cronista notará esa desconfianza, mayor cuanto más lejano es el pueblo, y cierta obsesión por identificar a los posibles guardias civiles infiltrados para hacer acopio de información. Obviamente, ponerse a tirar fotos te convierte de inmediato en un claro candidato: «Éste sí que lo es, seguro».

Pasadas las ocho de la mañana, hay un gentío haciendo cola en un colegio electoral improvisado en la zona de descarga de la fábrica Velcro Europa S. A. La calle Parres está cortada en sus dos extremos por tractores cruzados que, a modo de barricadas, habrían impedido el paso de un dispositivo policial. Habrá de ser recordado el papel jugado por los tractores en esta algarada de resonancias carlistas, con sus ínfimos tigres del Maestrazgo. En un tiempo de contracción que ha convertido en peyorativa la palabra cosmopolita, los tractores sirven como recordatorio de que no es precisamente en las grandes ciudades donde germina el fanatismo nacionalista, la devoción minifundista. Al analizar ciertos fenómenos políticos globales, resulta que son siempre las grandes ciudades las que no sucumben -o sucumben en menor medida- a tentaciones relacionadas con una modalidad disruptiva de reacción. No sé yo lo del encanto pastoral del campo, lo de los próceres agrarios a lo Cincinato o Jenofonte.

Discretos, apartados en una esquina más allá del tractor, hay dos «mossos». Ni hablan al periodista ni piensan intervenir. Remiten a sus mandos. A las 8.48, abre el colegio electoral improvisado en el ayuntamiento de Argentona. También allí hay tractores John Deere cruzados en una calle más ancha e importante para la circulación. Los vecinos, que también aquí conforman un gentío, se traen las papeletas de casa y las revolotean al aire entre gritos de júbilo cuando abren las puertas. Hay cuatro «mossos» que también tienen pocas ganas de responder a la pregunta de si piensan intervenir. «¿Por qué? -dice uno-. Yo no sé para qué es esa cola. A lo mejor es para comprar entradas para el fútbol». Otro dice, mirando a las familias que esperan: «Eso es una gran barrera humana. No podríamos entrar». No intervendrán ni jamás tuvieron intención de hacerlo. No aparecerá la Guardia Civil. La votación, ordenada, transcurrirá a lo largo de toda la mañana. Los que terminan van luego a comprar en establecimientos de comida hecha el almuerzo dominical. Reparo entonces en que se propaga un agradable olor a pollo a l’ast, un olor muy de domingo. En uno de estos establecimientos, los que aguardan a ser atendidos comentan lo vivido y lo visto en la televisión: «¿Decían que no íbamos a votar? Pues hemos votado, hala».

Berga, a mediodía. También zona cupera. La autopista C-16 se va angostando y, al llegar a Berga, se convierte en un solo carril que se diluye en las calles del pueblo. Sensación, por tanto, de estar en un lugar remoto y terminal, entre montañas que prolongan las del santuario de Montserrat. Bajo el cartel de entrada hay otro añadido: «Municipio por la independencia». A la entrada hay pintados murales que recuerdan los del País Vasco: mujeres guerrilleras que empuñan armas, alusiones revolucionarias. Y un enorme «Puta Espanya». La muchedumbre que espera para votar en la escuela es aún mayor que la de Argentona. Una cola que recorre todo el patio y a la que nadie molesta: hay «mossos» pero ayudan, orientan. También hay bomberos dispuestos a ejercer de barrera protectora si es necesario, así como muchachos con un vago aire radical y otros que llevan camisetas que alude al «orgullo minero» de Berga con martillos cruzados como los de Pink Floyd. No necesitarán enfadarse. Nadie impedirá la votación, el Estado español no existe en Berga, ha sido regurgitado. De España ni siquiera existe el mínimo rastro sentimental. No hay un solo símbolo español compensatorio como los que sí se ven a veces en Barcelona: esteladas como ropa tendida que cuelgan en todos los balcones, incluso en el albergue juvenil, donde hay una inmensa. Una aún mayor, junto a una pancarta del «Sí», cuelga de la muralla del castillo de San Fernando. Un coche circula por el pueblo dando instrucciones para votar por megafonía. También aquí están asando el pollo dominical y la gente se junta en los bares para el vermut. La única presencia del Estado es un Patrol de la Guardia Civil medio escondido en un final de calle a las afueras del pueblo. Los ocupantes miran con tensión a cualquiera que se les acerque: otra vez evocaciones vascas. Desde Barcelona llegan noticias de choques en algunos colegios electorales. En estos pueblos no ocurrirá: se ha renunciado a ellos, han sido entregados. No hay nadie con quien chocar, no ha comparecido España, su Estado, que fue ingenuo sí creyó que tendría en los «mossos» un terminal obediente. Los «mossos» han transferido a la PN y la GC la obligación represora para que con ellos se retrate, en la dimensión internacional, un país que aplasta democracias. Ésa es la trampa de la jornada. Los «mossos» más entusiastas llegarán a chocar personalmente con sus colegas, jugando a paladines de un ejército popular.

De regreso a Barcelona, sigo a un convoy de furgones de la PN que toma la salida en Badalona. Callejean un poco hasta llegar a la calle Guipúzcoa. Ahí está la enorme comisaría de La Verneda, que es uno de los puntos de concentración de los efectivos policiales. Hay decenas de furgones alrededor de la comisaría: parecen carromatos puestos en círculo para defenderla de los sioux. Los que pasan putean y tensan el dedo. Se está votando sin molestias en dos colegios ubicados a tan sólo una manzana de la comisaría. Las cafeterías de los alrededores están plagadas de policías. En el bar Picnic toman café efectivos de la UIP que se alivian del calor provocado por los chalecos dejándolos sobre los taburetes. Uno de los miembros de la UIP cree que no habrá grandes movilizaciones violentas porque la jornada ha sido pensada para que sean ellos, los policías y los guardias, los que queden como radicales. La comisaría de La Verneda es un fuerte Apache. Algunos policías se muestran nerviosos, amenazados, cuando alguien se aproxima demasiado. Uno agarra por detrás a este cronista y le dice: «Amigo, ¿por qué no te vas bien lejos de aquí?». Un poco Belfast, un poco el Norte, y todo en una fea jornada lluviosa donde el Estado español se quedó sin cobertura allí donde aún funcionaban los teléfonos. Al caer la tarde, en los colegios de Barcelona, alrededor de la Rambla, los votantes cantaban «Imagine». Para que se hagan una idea.

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Mensajepor Invitado » Mar 03 Oct, 2017 2:12 am

Suma y sigue

Quim Monzó



POCO MÁS de las 7 de la mañana, delante del colegio electoral que me toca: el CEIP Diputació, en la calle de este nombre, entre Borrell y Viladomat. Desde vete a saber cuándo la cola de los que aspiran a votar viene desde la puerta del colegio, gira por Viladomat, llega hasta la casa Golferichs –que en los años setenta el constructor Núñez quería derribar para construir pisitos–, gira por la Gran Via y se pierde hacia lo lejos.

Cuando pasan por delante de la gente algunos coches hacen sonar sus cláxones. La gente les aplaude. Me encuentro al señor Bartolo, con quien a menudo coincido en el bar Lalans a la hora del desayuno. Hay dos mossos (un hombre y una mujer) que pasean, muy serios, controlando la situación. Es la segunda vez que vienen. La otra ha sido hace unas horas. Como no pueden entrar, dan media vuelta y se van entre gritos de “Visca els Mossos!”. Borrell abajo pasan veintitrés furgonetas de la Guardia Civil.

En la puerta del colegio electoral me parece oír que cantan “En Joan Petit quan vota, vota, vota, vota, en Joan Petit quan vota, vota amb el dit...”. Pero no. Lo cantan a la manera tradicional: “En Joan Petit quan balla, balla, balla, en Joan Petit quan balla, balla amb el dit”. Lástima. Subido a una jardinera hay un joven barbudo que se encarga de poner orden en la cola: “Dos filas a cada lado, y dejemos un paso para que puedan salir”. La puerta de la escuela está cerrada porque un hombre no quiere que la abran. ¿Quién es? No lo sabe nadie. Preguntan desde la puerta: “¿Hay algún abogado?” Aparece uno. Aplausos. Convence al hombre, que se va. Gritos de “Burro!”, seguidos de “Votarem!”.

Justo ante la escuela, el restaurante Napoletani DOC. Lástima que a esta hora esté cerrado, porque desayunar una buena pizza sería fastuoso, sobre todo si estás en ayunas, como es mi caso. En la cafetería Denny’s, veo que Telecinco informa de la barbarie secesionista. En el bar Diamante tienen la fórmula 1. El agosto lo hacen los súpers asiáticos y latinoamericanos. La gente sensata, por cierto (o no por cierto), ha llevado sillas plegables para sentarse.

Cada tanto aparece uno de la secta del “¿Esto cómo lo ves?”. Respuesta básica: “Ni puta idea, señor”. Poco después de las diez y cuarto, el de encima de la jardinera anuncia que se ha solucionado el problema y ya tenemos conexión. “¡Formad un pasillo para que puedan salir los que ya hayan votado!” Me cuesta entender qué dice porque, además de poseer yo una cierta sordera, a mi lado tengo a un señor mayor que grita “Que ho vegi tot el món, que ho vegi tot el món!”, como si no se le hubiera ocurrido antes a nadie. Finalmente abren la puerta. Los primeros en votar son las personas mayores. La primera en hacerlo es una señora de noventa y ocho años. Cada viejo que sale se encuentra con un estallido de aplausos. Algunos, en vez de “Votarem!”, corean “Estem votant!”

Y entonces, cuando faltan cinco minutos para las 11, tachán!: llegan furgonetas de la Policía Nacional. Unas por el lado de Borrell, las otras por el de Viladomat, con la intención de hacer un sándwich. Los policías del lado de Borrell son una de las dos rebanadas y los de Viladomat, la otra. El embutido somos nosotros, bien emparedados y sin mostaza. Para evitar ser devorados, jóvenes y mayores forman una barrera humana, unos en Borrell y otros en Viladomat. Gritan: “¡No pasarán!” y “Fora les forces d’ocupació!” Tras bastante rato, los vehículos dan media vuelta mientras formaciones de robocops nos observan.

Milagrosamente me encuentro unos tiítos. Antes tenían una tienda de lámparas en la calle Casanova, junto a Mallorca, y como yo vivía por aquella zona nos veíamos más. Ahora, muy de vez en cuando, pero me van la mar de bien para poder acceder a la escuela con ellos. Se oyen nuevos aplausos, no por nosotros, sino porque los robocops entran en sus furgonetas y se largan. Votar, sin embargo, no es fácil. Una vez dentro, no hay forma de hacerlo porque la red está colapsada. Los que vigilan que todo vaya bien piden a la gente que ponga los móviles en modo avión, para no congestionar, pero la mayoría no tiene ni idea de qué se trata eso del modo avión, de manera que la red está tan congestionada que la cola para votar se hace eterna. Le digo a una pareja que tengo al lado: “Cierren los móviles, porque, si no, no podremos votar”. Con voz aflautadament triste, la señora presenta alegación: “Pero entonces no podremos hacernos selfies...” Con gente como esta, francamente, a veces dudo si nos merecemos la independencia. Pero entonces veo imágenes de otros colegios, con heridos, cabezas partidas, sangre..., y se me pasan las ganas de bromear.

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Mensajepor Invitado » Mar 03 Oct, 2017 2:14 am


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Mensajepor Invitado » Mar 03 Oct, 2017 3:40 pm


Federico a las 7: Echan a Policía y Guardia Civil de hoteles catalanes
Federico analiza la inacción de Rajoy mientras en Cataluña acosan y echan a policías y guardias civiles de hoteles. Los Mossos siguen sin hacer nada.

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Mensajepor Invitado » Mar 03 Oct, 2017 3:55 pm


Alucinante intervención de los Mossos en un pueblo de Cataluña
1-O. Los mossos tienen orden de identificar, desalojar y precintar los buticolegios antes del 30-S.
Vea lo que hacen.



Brutal: Mossos enfrentándose a la Guardia Civil... y catalanes recriminándoselo
Butifarrèndum ilegal del 1-O. Los Mossos se niegan a hacer su trabajo y tiene que venir la Guardia Civil. Vea lo que pasa.
Y lo que hacen los catalanes de seny.

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Mensajepor Invitado » Mar 03 Oct, 2017 4:10 pm

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La embustera es concejala de ERC: La mujer que denunció que los policías le habían roto los dedos admite ahora que mintió

El testimonio de la catalana Marta Torrecillas, concejala de ERC en Gallifa (Barcelona), con el que denunció la brutalidad de la actuación policial durante la jornada del pasado 1-O, ha dado un giro brutal. La protagonista había asegurado que los antidisturbios le rompieron los dedos de la mano “uno a uno” y llegaron incluso a tocarle los senos. Este pasado lunes, para un programa de TV3, Torrecillas confesó que solo sufre capsulitis en un dedo, una inflamación benigna de la cápsula de una articulación.



El relato anterior fue captado en vídeo y dio la vuelta al país en pocas horas. Otras imágenes captan el momento en que es reducida por la Policía en los intentos por desalojar los colegios habilitados para la votación del referéndum por la independencia de Cataluña. Torrecillas se encontraba en el Institut Pau Claris, en pleno barrio del Eixample barcelonés. Su rostro ya se suma al listado de las falsas imágenes del 1-O.

“Estaba defendiendo a la gente mayor porque han pegado a niños, a ancianos, me han tirado escaleras abajo, me han dado patadas, me han roto los dedos uno a uno, en medio de las escaleras con la ropa levantada, me han tocado las tetas y se reían. Me han pegado mientras los grababa todo el mundo. Explícalo, que se entere todo el mundo. Me han roto los dedos uno a uno. Esto es mucha maldad, mucha, mucha”, manifestó la edil de ERC.

El Departamento de Salud del gobierno catalán, según recoge ‘ABC’, confirmó que solo cuatro personas pasaron la madrugada del domingo al lunes hospitalizadas como consecuencia de las heridas sufridas durante la intervención policial.


La farsante de ‘los dedos rotos’ es edil de ERC y la quieren convertir en icono mundial de la represión

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Mensajepor Invitado » Mar 03 Oct, 2017 6:44 pm

El Rey se dirigirá a los españoles sobre Cataluña a las 21 horas »

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Mensaje de Su Majestad Felipe VI de Borbón sobre el proceso secesionista catalán

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Mensaje de S.M. el Rey Felipe VI

Mensajepor Invitado » Mar 03 Oct, 2017 9:21 pm


Mensaje de S.M. el Rey Felipe VI a la nación sobre el conflicto de Cataluña

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Agresiones - ANTONIO ESCOHOTADO

Mensajepor Invitado » Mié 04 Oct, 2017 3:47 am

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Agresiones

Lo hilarante del momento es que la sedición sea políticamente correcta, la violencia se finja, y quienes proponen una verdad distinta de la realidad de las cosas crezcan en número

ANTONIO ESCOHOTADO


Pensaba escribir sobre el derecho de secesión, que años atrás me tuvo debatiendo con Fernando Savater, a quien acabé dando toda la razón en el caso vasco, cuando parece mucho más urgente empezar sopesando la metamorfosis del término 'violencia'. Compruebo que expresiones como abuso de fuerza y brutalidad desmedida se emplean para describir la actuación policial en Barcelona desde la Semana Trágica (1909) a las Jornadas de Mayo (1937) y al 1-O de 2017 —sin ir más lejos, este lunes la alcaldesa apareció "horrorizada ante tanta violencia"—, aunque los muertos fueron pasando de miles a cientos, y de cientos a dos heridos leves por arma blanca, con un caballero comprensiblemente molesto por un pelotazo de goma en uno de sus ojos.

¡Qué inmenso progreso, no matar a mansalva, sacando de sus féretros a las odiadas monjas, y tampoco tomarla con los trotskistas y los anarquistas! Pero ¿por qué no reconocerlo? Tuvimos cuatro guerras civiles en un siglo, dos de ellas disfrazadas como carlistas, y en 1937 la pendencia entre PC y POUM suscitó salvajadas tan peregrinas como situar un cañón a tres metros de un cine lleno y dispararlo. No obstante, es hoy cuando Podemos habla de "800 heridos, orden de apalear ancianos y reino de la represión". En paralelo, y suponiendo que nadie amenaza ni tira objetos a los antidisturbios, Pedro Sánchez desautoriza las "cargas policiales": en vez de ello permanecerán estoicamente donde están, o irán despacito de aquí para allá. En otro caso, los oráculos del buenismo —'NY Times', 'Washington Post', 'Le Monde'— denunciarán la "desproporcionalidad".
Los hermanos Gasol se preguntan "¿era la violencia necesaria?", y me pregunto qué término emplearían para describir lo habitual aquí durante los sesenta


Los hermanos Gasol se preguntan "¿era la violencia necesaria?", y me pregunto qué término emplearían para describir lo habitual aquí durante los años sesenta, cuando los universitarios provocábamos con manifestaciones a una policía normalmente montada, y el Tribunal de Orden Público dictaba todavía sentencias de muerte. Para entonces, la dictablanda franquista sustituía la ferocidad del periodo previo, por más que en España nunca hubo un reino remotamente tan largo y atroz de represión como en la URSS y sus émulos. Por ejemplo, juraría que Manuela Carmena y yo corrimos al menos una vez dentro del mismo grupo, sin sentirnos mártires ni héroes, aunque cada uno de aquellos manifestantes se jugase infinitamente más que quien rompe hoy los cristales de una furgoneta policial, para llenarla con basura de contenedores.

¿Valdrá 'violencia' para circunstancias tan distintas? Oigo decir que la RAE está a punto de reconocer el término 'posverdad', atribuyéndole el sentido de algo no vinculado con el estado real de cosas sino con sentimientos momentáneos particulares, según propone el llamado relativismo posmoderno. Quizá recuerden que la biblia de este movimiento fue 'Mil mesetas', de Deleuze y Guattari (1980), que propuso dinamitar el capitalismo sustituyendo al indeciso proletariado por la actitud esquizofrénica, e inspira hoy al profesor Negri.

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La posverdad abre camino a portentos, como que dos horas después de concluir la consulta, el portavoz del Govern, Jordi Turull, disponga de los respectivos porcentajes: más del 90% apoya la independencia, y un 7,8% lo contrario. Entretanto, vimos a una señora de mi edad cubierta de sangre, y a un adolescente en la misma tesitura, aunque las imágenes sean al parecer de 2012, una tomada en Austria y otra en Italia. Bastante más claro es ver cómo se cae una urna camino del colegio electoral, esparciendo muchas papeletas metidas ya en sus sobres, o los repetidos ejemplos de personas que votan varias veces; pero es perder el tiempo insistir en lo absurdo de comicios obstaculizados.

Lo hilarante del momento es que la sedición sea políticamente correcta, la violencia se finja, y quienes proponen una verdad distinta de la realidad de las cosas crezcan en número o se mantengan estables. Siete décadas sin guerras en el occidente europeo, y otro tanto de crecer la opulencia, promueven un crecimiento exponencial de la cobardía a ambos lados del espectro político. Para culminar la pantomima, un leninista declarado como Iglesias pide "una mayoría restauradora de la democracia". La agresión no necesita consumarse, basta con que sea posverdadera.

*Antonio Escohotado es un pensador, ensayista y profesor universitario español

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Assia
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Re: EL CIRCO CATALÁN

Mensajepor Assia » Mié 04 Oct, 2017 7:45 am

Oh si , ''la violencia era necesaria.'' Esa violencia les convenia tanto a Rajoy como al gobierno catalan. 2 Mandtarios presuntos corruptos como presuntos ladrones. En cuanto al mensaje de Felipe VI, me sorprende que el rey de Espana estudiara en Canada como dicen que studio. Muy poco aprendio en Canada Felipe VI, lo que es 1 democracia en 1 monarquia parlamentaria.No es ya la violencia pasada, a la que yo mas temo, es que habra mas violencia en el futuro. con lo facil que hubiera sido seguir el ejemplo de Canada, de Escocia y hasta el de Gibraltar.
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Mensajepor Invitado » Mié 04 Oct, 2017 2:17 pm

Manifestación con banderas españolas por el centro de Barcelona

Cientos de catalanes se sumaron a varios jóvenes que portaban banderas de España por el centro de Barcelona

No todo fueron banderas separatistas en la jornada de huelga general en Cataluña y de acoso a las fuerzas de seguridad. En Barcelona, recorrió el centro de la ciudad un grupo de cientos de personas, con banderas españolas.





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