Mario Conde entra en política - Sociedad Civil y Democracia

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Mensajepor Invitado » Mar 14 Jun, 2016 2:17 pm

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Mario Conde queda libre bajo fianza de 300.000 euros

El juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz ha impuesto este martes una fianza de 300.000 euros al ex banquero Mario Conde para salir de prisión, donde está ingresado desde abril por el supuesto blanqueo de 13,06 millones, ya que entiende que no hay riesgo de fuga ni de que obstaculice la investigación.

En un auto, el magistrado acuerda la puesta en libertad de Conde una vez deposite dicha cantidad, aunque le impone como medidas cautelares comparecencias semanales, la retirada del pasaporte y la prohibición de salida del territorio nacional; además, el ex banquero deberá estar siempre localizable.

Fuentes de su defensa han asegurado que están intentando reunir dicha cantidad aportando bienes de amigos en garantía con el fin de facilitar la salida del expresidente de Banesto de la prisión madrileña de Soto del Real, donde ingresó el pasado 13 de abril.

En esta ocasión, el magistrado ha alegado que el régimen de libertad no pone en riesgo el devenir de una investigación de la que el juez ya levantó el secreto de sumario a comienzos de mes y en la que figuran como querellados más de una decena de personas del entorno familiar y personal de Conde.

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Mensajepor Invitado » Jue 23 Jun, 2016 4:48 pm



Mario Conde: "Vive Dios que habría 'cantado' antes que ver sufrir a mis hijos"
El exbanquero visita 'El Gato al Agua' en su primera entrevista en libertad. Explica la procedencia del dinero por el que le acusan –“una operación de 1980”- y reconoce que lucha consigo mismo para no vivir con rencor. “Si me venzo al odio habré perdido la peor batalla de mi vida”.

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Mensajepor Invitado » Lun 12 Mar, 2018 6:39 pm

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EL DINERO NO PROCEDE DE BANESTO
Suiza respalda a Mario Conde: el dinero procede de negocios lícitos

Dreyfus, el banco de Suiza en el que Mario Conde tenía cerca de 16 millones de euros, ha respondido al requerimiento del juez Santiago Pedraz. El dinero no procede de Banesto, por lo que se desmorona la acusación sobre un hipotético caso de blanqueo de capitales, sino de negocios lícitos.

La comisión rogatoria de la Audiencia Nacional a la entidad helvética alcanza los 700 folios y muestra todos los movimientos bancarios, supervisados por la Fiscalía helvética. En ninguno de los folios se acredita delito alguno, es más, se demuestra que el ex banquero obtuvo el dinero con negocios lícitos, y no de actividades delictivas, como pretende la acusación.

Según la declaración de Conde al juez, el dinero en la cuenta procede de un depósito de 500.000 euros al poco de abrir la cuenta, 10 millones por la venta de Antibióticos SA a Montedison y otros tres millones por la venta de Laboratorios Abelló, según los documentos a los que ha tenido acceso El Mundo. El resto, hasta completar los 16 millones, se deben a las plusvalías e inversiones, como la compra de lingotes de oro. La acusación contra Mario Conde tiene una base con pies de barro, que se desmorona con estas pruebas aportadas por la entidad financiera suiza. Desde el inicio, la defensa de Mario Conde argumentaba que la acusación era solo por repatriar dinero a España, una acusación que se caía por su propio peso, como está empezando a demostrarse ahora, con papel.

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Mensajepor Invitado » Vie 01 Jun, 2018 2:07 pm

¿El fin del Sistema no democrático?

Pensemos. ¿Qué nos ocurre en España? ¿Cómo es posible haber llegado aquí, a esta situación de desmoronamiento institucional tan severa que genera en muchos españoles una incertidumbre que puede culminar en alguna forma de angustia?

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Esta madrugada, con la distancia que me proporciona mi experiencia pasada en los circuitos del poder en España, he leído, con cierta displicencia -lo admito- el editorial que el inefable diario El País destina a razonar -es un decir- sobre la inviabilidad del Gobierno que presumiblemente pueda formar Sánchez una vez conseguido el éxito en la investidura. Ese periódico, junto con el anterior Presidente Felipe González, fueron los actores principales, los artífices implacables del desmontaje de Sánchez como Secretario General del viejo PSOE, y, casualmente, se vieron obligados a tragarse sus propias palabras cuando las bases del partido le eligieron para el puesto a pesar de todos los apoyos del aparato que recibió la Presidenta actual de Andalucía. En fin, una prueba de que algo ha cambiado en España, seguramente gracias a las redes sociales.

Pues bien, en ese editorial de hoy se contiene una frase que me ha entusiasmado. La transcribo literalmente: El rechazo de uno a dimitir tras haber perdido la mayoría y del otro a ir a las urnas para tener una mayoría estable se convierte así en un elemento adicional de la crisis del sistema democrático en el que la política se ha instalado desde 2015. No está mal que ese diario que, junto con los demás instrumentos de comunicación del Grupo Prisa, ha sido uno de los responsables principales del mantenimiento de la estructura de poder que califiqué de Sistema en mi libro, El Sistema, publicado en 1994, apele ahora a esa terminología sobre la que destinó cientos de palabras descalificando lo que en ese libro explicaba y razonaba sobre la base de mi experiencia en el trozo de poder que fue Banesto y su Corporación Industrial.

Pensemos. ¿Qué nos ocurre en España? ¿Cómo es posible haber llegado aquí, a esta situación de desmoronamiento institucional tan severa que genera en muchos españoles una incertidumbre que puede culminar en alguna forma de angustia? ¿Dónde se encuentran sus raíces, en que barbechos crecieron hasta estallar en semejante producto? Pues es duro decirlo, pero la verdad en ocasiones se manifiesta con la dureza de la simplicidad. Vamos a ello.

La clave reside en que las estructuras oligárquicas de poder que se instalaron en el siglo XIX han continuado a lo largo del siglo XX y de alguna manera se consagraron, bajo el fantasma de una democracia formal, en la Constitución de 1978, que, como escribí en su día, nació vieja. Con independencia del inmenso error de la apelación a las “nacionalidades” que se contiene en el Titulo VI, el modo y. manera de entender la democracia que consagra ese texto constitucional, permitió que las oligarquías se perpetuaran en el dominio del Estado y la sociedad.

Durante siglos el acceso al poder se reservaba para una clase dominante: la aristocracia, que, con independencia de una supuesta limpieza de sangre -¡vaya por Dios!- controlaba las fuentes de riqueza en un modelo económico en donde lo rural y lo incipiente industrial se convertían en factores decisivos. Pero el mecanismo de transmisión hereditaria se encontraba fatalmente destinado a su autoaniquilación, como así ocurrió. Pero nació una nueva aristocracia destinada seguir dominando los circuitos del poder: la clase política, que si bien no imitó el modelo hereditario directo, se puso manos a la obra de construir un modelo endogámico en el que ellos, y solo ellos, fueron los elegidos de una falsa Providencia para detentar, usar y a la vista está, abusar, del poder, ante una sociedad dormida, cuando no mejor anestesiada a través del dominio de los medios de comunicación.

Su invento fueron los partidos políticos. Para acceder al poder del Estado el sendero estaba diseñado de modo implacable: hay que pertenecer a uno de los partidos dominantes, que, tras el duelo liberal-conservadores, se consolidó en la lucha PP-PSOE. Nombres diversos pero esencias idénticas que se proyectan impenitentes a lo largo del siglo XIX y del XX. Y, claro, conrtinúan en este trozo del XXI.

Ellos, la nueva aristocracia, se percataron de que podían dominar el Estado y para ello fraguaron un parlamento de celofán mediante el mecanismo vergonzante de la disciplina de voto, a través del cual los teóricos representantes del pueblo se convierten en súbditos del jefe de su partido, convirtiendo al Parlamento en una trágica farsa en la que la votación de cualquier norma se celebra entre dos personas, líder del gobierno y de la oposición, mientras los demás integrantes de ese llamado lugar de la soberanía popular, se transforma, sin solución de continuidad, en un mero escenario en el que la voluntad del jefe es lo determinante. ¿Soberanía popular? ¿Parlamento? No. Lugar en donde se acatan las decisiones del jefe ¿Democracia? No. Una nueva forma de tiranía disfrazada de apelativos grandilocuentes que no son sino literatura barata para consumo de masas inertes.

Y contemplando como la ciudadanía —es un decir— admitía semejante esperpento, se pusieron manos a la obra de dominar el poder judicial mediante el mecanismo de designación de los magistrados a través de Consejo general del Poder Judicial y de las asociaciones de Magistrados y Fiscales.

Y la obra se remató consagrando la financiación con cargo al Estado de los partidos políticos. El Partido, los Partidos, se adueñaron del Estado. El Sistema de poder alcanzó su plenitud. Eliminaron cualquier voz que viniera de la sociedad actuando de modo tan arbitrario como implacable. Y eso es lo que pude comprobar en mi experiencia y lo que describía, con cierto pudor y prudencia, en el libro mas atrás mencionado.

Algo así no podía subsistir en un entorno de cambio como el que nos toca vivir. Y aquí juega un papel decisivo lo ocurrido con Banesto. No quiero convertirme en ningún protagonista de la historia sino en un ejemplo, paradigmático, de como funciona el Sistema, y lo digo porque yo estaba allí sin ser de allí. La diferencia entre estar y ser es cualitativa, amén de altamente ilustrativa. Decidieron dos personas, Aznar y González, eliminar una fuente de poder civil como era Banesto para conseguir dos objetivos: el primero, eliminar cualquier contraste o debate que no fuera el edulcorado de la propia clase política. La segunda, mandar una mensaje a la sociedad española de que el sistema no conoce limites a su poder, porque para conseguir sus fines disponen de todos los resortes del Estado. Lo consiguieron. Silenciaron a la sociedad. Introdujeron el pánico que provoca la conciencia de la brutalidad del poder.

Pero al tiempo sintieron la “gloria” de la conciencia de impunidad y de este modo el abuso del poder se convirtió en la norma de conducta dominante, lo que, unido a la avaricia y a las ansias de tener lo que siempre tuvo la clase dominante, esto es, dinero, provocó la corrupción elefantiásica de la que ahora contemplamos lo que tal vez sea únicamente la punta del iceberg.

Esa es la verdad. Simple y dura, como sucede en todas las ocasiones en las que con sinceridad queremos describirla.

NO, señores de El País, no es el sistema democrático el que se encuentra en crisis, sino el sistema no democrático que ustedes contribuyeron de modo decisivo a instalar en este país. Es exactamente al revés: lo que tenemos que hacer es construir un verdadero sistema democrático y no perpetuarse en este modelo cuyos frutos ya hemos lamentablemente consumido. ¿De que sirve cambiar a Rajoy por Sánchez? ¿Que aporta el esperpento de un gobierno integrado por quienes quieren romper España? Integrado o soportado, que me da igual que me da lo mismo.

Hace muchos años que vengo reclamando el protagonismo de una sociedad civil en las decisiones que a ella le afectan mediante una participación directa de dicha sociedad en las estructuras del Estado rompiendo de una vez ese monopolio casi delincuencial de los partidos políticos. Tengo la sensación de que en el fondo es la clase política, cualquiera que sea su signo, la que trata de mantener el modelo a costa de lo que sea, aun de la incertidumbre, desasosiego y falta de rumbo futuro de esta inerte sociedad española.

No. El camino no es este sino reconstruir un nuevo modelo en el que la ciudadanía no sea un conjunto de súbditos con mentes abducidas por los medios de comunicación, sino unas personas con criterio, conocimiento, capacidad de decisión y responsables de su propio futuro.

Pero esto no pasa de ser un sueño. Poco más. Así nos va. Así nos va a seguir yendo. Al menos hasta que la sociedad cumpla el mandato bíblico: “Levántate y anda”.


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Mensajepor Invitado » Vie 01 May, 2020 8:52 pm

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Mensajepor Invitado » Mar 16 Jun, 2020 7:41 pm



Mario Conde demanda al Estado más de 50 millones tras ser exculpado de la repatriación de dinero robado de Banesto

Mario Conde interpone una reclamación patrimonial junto a sus hijos y colaboradores por haber sido encarcelado de nuevo en 2016 acusado de repatriar dinero saqueado de Banesto que mantenía oculto

El ex banquero Mario Conde ultima una reclamación millonaria contra el Estado de más de 50 millones de euros tras haber sido exonerado por la Audiencia Nacional en la denominada 'Operación Fénix', que le condujo a prisión de nuevo en abril de 2016. La Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil y la Fiscalía Anticorrupción le acusaron entonces de repatriar más de 12 millones de euros procedentes de Banesto y anunciaron haber encontrado fondos distraídos de la entidad bancaria que no habían podido ser localizados hasta ese momento. Según los investigadores, Conde intentaba de esta forma esquivar las responsabilidades civiles del caso Banesto, que se fijaron en más de 26 millones de euros.

La Sección Tercera de la Audiencia Nacional exculpó por completo hace ahora un año a Conde, a su familia y a los colaboradores que fueron detenidos y encarcelados con él por fraude fiscal y blanqueo tras descartar que los fondos manejados por la familia Conde en Suiza procedieran de la entidad financiera que presidió.

Tal y como defendió Conde desde el primer momento, el origen del dinero estaba en la venta de los Laboratorios Abelló a la firma italiana Montedison: la célebre operación que le convirtió en multimillonario a finales de la década de los ochenta y que le permitió comprar acciones del banco para tomar su control.

Conde va a interponer en los próximos días, tal y como ha podido confirmar EL MUNDO, una reclamación patrimonial contra el Estado en la que van a estar integrados sus hijos y otras once personas que fueron implicados en la denominada Operación Fénix.

La demanda la ha confeccionado el letrado Manuel Santaella, hijo del histórico letrado del ex banquero, y se basa en el fiasco de la operación judicial que devolvió a Mario Conde a prisión durante un periodo de dos meses dos décadas después de que el Tribunal Supremo le condenara por el denominado caso Banesto a 20 años de prisión.

Los reclamantes, encabezados por Conde, subrayan en su reclamación, en primer lugar, que la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional confirmó el 30 de mayo de 2019 el sobreseimiento que previamente, en octubre de 2018, había decretado el juez Santiago Pedraz. Todo ello después de que en marzo de 2016 y tras una investigación que duró dos años, el Ministerio Público atribuyese a la familia Conde y a sus principales colaboradores, un rosario de 11 delitos graves por lavar el dinero procedente de las apropiaciones indebidas que el propio Conde supuestamente realizó en Banesto bajo su mandato. Las pesquisas fallidas se iniciaron en 2014 después de que el Servicio de Prevención del Blanqueo de Capitales (Sepblac) detectara una transferencia procedente de Suiza que ascendía a 600.000 euros.

Mario Conde, su hija Alejandra, y el abogado Javier de la Vega, destacan que pasaron algo más de dos meses en prisión preventiva (en el caso de Alejandra Conde fue sometida a un arresto domiciliario por razones humanitarias debido a la enfermedad de su hijo), y se acogen a la nueva doctrina del Tribunal Constitucional que establece que todas las prisiones preventivas serán indemnizables cuando se demuestre la inocencia del privado de libertad, como es su caso.

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Mensajepor Invitado » Mié 13 Ene, 2021 3:06 am

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¿Acaso es tan difícil predecir nuestro futuro tras lo que significó la intervención de Banesto?

Mario Conde

Han pasado ya 27 años desde que el 28 de diciembre de 1993 se adoptara una de las decisiones más abyectas, miserables, y, al tiempo, esclarecedoras, desde que se implantó el modelo de convivencia que fue calificado, con indudable cinismo, de democracia. Me refiero, claro, a la decisión de intervenir Banesto y su potente grupo industrial que representaba mas del 1 por 100 del producto interior bruto español. No voy a detenerme ahora —no merece la pena— en los ridículos ”razonamientos” económico-financieros que no fueron sino el disfraz con el que se cubrieron las espurias intenciones del modelo de poder.

Confieso que cuando arribé en el banco conocía únicamente la epidermis del modo en que se ordenaba nuestra convivencia. Pero pronto me percaté de que en una plataforma semejante, además de ejercer poder financiero e industrial, penetrabas de lleno en el círculo en el que se ejerce el verdadero poder, y precisamente por eso, y no por otra suerte de reclamaciones de corte genético social, se exigía que cualquiera que deseara pertenecer a semejante cofradía, llegara con los deberes hechos, esto es, con los suficientes compromisos adquiridos en su trayectoria como para no poder negarse en su momento a los requerimientos del poder.

Me di cuenta de que mas allá del postulado democrático parlamentario el verdadero poder se localizaba y ejercía desde un entramado al que califiqué de Sistema, integrado por los partidos políticos, el poder financiero y el entonces todopoderoso poder mediático. Y su esencia era tan simple y llana como negar en la práctica el absurdo de un modelo construido sobre la premisa de un hombre un voto.

Seguramente escandalizará algo el aserto, pero no por ello deja de ser verdad. La inteligencia que alimenta el Sistema se dio cuenta de que en un barbecho integrado por el irracional principio de que cualquier hombre, ilustrado o lego, responsable o maleante, tiene el mismo derecho con su voto a conformar el modelo de convivencia, nada sólido y eficiente podría edificarse. Así que se diferenció entre literatura ilusoria y poder de facto. Literariamente se manifestó ese principio: un hombre un voto. Desde el poder se trabajó para mantenerlo en la epidermis y circuncidarlo en la praxis. Para ello se edificaron cuatro baluartes: el monopolio de los partidos políticos en el acceso al poder del Estado, el principio de disciplina de voto de los “parlamentarios” electos, la asociación de intereses con los poderes financieros y el control social mediante los medios de comunicación. De este modo se mantenía viva la ilusión de la democracia mientras se operaba en la práctica con un poder de corte déspota-ilustrado, solo que, lamentablemente, lo ilustrado en demasiadas ocasiones brillaba por su ausencia. Así nació el Sistema. Por ello en 2005, en mi libro “Cosas del camino”, escribí: cuando la llamada democracia descubrió el poder político de la inducción sobre la masa, se convirtió en Sistema.

¿Y qué tiene que ver la intervención de Banesto con el Sistema? Solo las mentes poco dotadas, las abducidas y las propias de los autores, cómplices y encubridores de semejante fasto de poder pueden seguir sosteniendo que aquello fue algo debido a consideraciones financieras. Como digo, no quiero detenerme en semejante despropósito, sería echar rosas a los cerdos. Vamos al grano, al meollo, al epicentro del poder.

Aquella mañana del 28 de diciembre de 1993 me llamó el Rey Don Juan Carlos a mi despacho de Banesto. Unos pocos consejeros habíamos pasado la noche en vela tratando de adivinar qué extraños designios se escondían tras la inconcebible actitud de un hombre débil y pusilánime llamado Angel Rojo que fue nombrado Gobernador del Banco de España tras el inevitable, y algo escandaloso, cese del inefable gobernador Mariano Rubio, ambos tristemente fallecidos al dia de hoy. El rey, en aquella llamada, con una voz entre angustiada y enervada, con un tono que mas recordaba al grito que a la calma, me espetó:

—Me ha llamado el Presidente del Gobierno para decirme que van a intervenir Banesto -gritó

—¿Y qué le ha respondido Vuestra Majestad? —pregunté con tono calmo propio de quien sabe vivir lo inevitable.

—Que eso no se pude hacer en el mundo occidental; que JP Morgan es el primer banco del mundo que ha estudiado a fondo Banesto y tras el estudio ha decidido invertir su dinero, así que hay que hablar con ellos antes que cualquier otra cosa —sentenció en tono enervado.

Guardé unos segundos de respetuoso silencio y en el mismo tono calmo y sereno de antes pregunté:

—¿Y qué le ha respondido el presidente, Señor?

—Que no me meta en política —dijo el Rey en un alarde de sinceridad.

Silencio espeso. Mi mente funcionaba a toda velocidad. Entendí. La suerte estaba echada. ¿Qué podía hacer? Ya nada dependía de mí sino del Rey, de cómo entendiera esa frase. Así que no me quedó más remedio que responder.

—Pues eso, Señor, no se meta en política….

Asi terminó una de la conversaciones mas elocuentes, duras, difíciles y al tiempo dolorosas de mi vida. Esas frases fueron más ilustrativas del país en el que vivo que todas las bibliotecas del mundo.

¿Política? me dije para mis adentros. El Rey tiene como misión constitucional salvaguardar el normal funcionamiento de las instituciones. Pues en ese dia, en ese instante, el Gobierno, la oposición de Aznar, el Banco de España, el Ministerio de Economía, todas esas instituciones se encontraban funcionando de modo nítidamente espurio. Era evidente: Aznar, por quien el monarca profesaba tan escasa admiración, y González, Presidente del Gobierno, decidieron semejante atrocidad con la excusa de salvar el “sistema”, cuando en realidad obedecían única y exclusivamente a sus propios intereses. Era obvio de toda obviedad. ¿Qué haría el Rey? Me pregunté. ¿Diría que quería hablar con el presidente de JP Morgan y el Gobernador antes de decidir?. No se trataba de política con minúsculas, de algo que interesaba únicamente a España, por importante que fuera. Se trataba de la credibilidad de nuestro país, de nuestro sistema financiero, un asunto de repercusión mundial. ¿Ejecutaría el rey su atribución constitucional de velar por el normal funcionamiento de las instituciones?.

Entendí lo que ese dia sucedió. González y Aznar quisieron impedirlo. En el fondo le estaban diciendo a Don Juan Carlos:”entérese Señor de quien manda en España. El poder lo ejerce el Sistema. Así que aléjese de este escenario”. Don Juan Carlos fue Rey por decisión de Franco, primero, y de los llamados padres de la Constitución después. Seguramente un rey consciente de algo así presiente su limitación de origen. Por ello el Sistema ese día se impuso de forma rotunda. Enseñó al Rey quien manda en el sistema financiero, en los medios de comunicación y, poco después, en la fiscalía y la judicatura. Es decir, sobre la libertad, dignidad y hacienda de todos los españoles.

Fue tan obsceno todo que la sociedad civil se quedó atónita, acobardada, en silencio. Desde ese día ninguna voz crítica desde esa inerte sociedad civil osó expresarse en contra del poder o simplemente criticando sus decisiones. Unicamente escarceos desde lugares inocuos, pero desde cualquier plataforma mínimamente importante no se escuchó más que el acobardado sonido del silencio.

Del mismo modo en que fagocitaron la democracia hicieron lo propio con La Monarquia. Mantuvieron en ambos casos la formalidad exterior de la carcasa, pero eliminaron la esencia del contenido.Por ello ese día 28 de diciembre de 1993 el Sistema alcanzó no ya el punto álgido de su poder sino la osadía de evidenciarlo ante los ojos de una sociedad adoctrinada, sumisa y acobardada que prefirió consumir mentira e injusticia antes que mirarse al espejo de su propia inanidad.

La pregunta entonces es: ¿nos extraña lo que está sucediendo hoy en día en nuestro país? ¿Acaso es tan difícil predecir por dónde vamos a caminar en este año 2021 que ahora comienza? ¿Hay, acaso, fuerzas capaces en nuestra sociedad de alterar ese rumbo?.

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Mensajepor Invitado » Mar 26 Ene, 2021 2:31 am

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Si continuamos con este Sistema de partidos políticos administrando al Estado vamos directos al abismo social

Mario Conde


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Mis hijos y nietos viven en Madrid. No pocos de mis entrañables amigos residen en el territorio de esa comunidad. Confieso que en estos momentos siento una honda, profunda y seria preocupación. No se trata sólo de la nueva invasión del recurrente virus Covid, ni de las cifras de contagios, ingresos, UCIS y fallecidos. Todo ello confecciona un mosaico realmente macabro y aterrador en gran medida, aún a pesar de quiénes sostienen, no sé si con supina frivolidad, ignorancia inexcusable o culpabilidad criminal, que no sucede nada, que el virus en una mentira canallesca orquestada por no sé que oscuros poderes mundiales que buscan la destrucción de la economía planetaria, aunque yo , en mi humildad , sea absolutamente incapaz siquiera de vislumbrar los beneficios que se obtendrían con semejante demolición económica y social. ¿Un gobierno planetario? Puede, pero ¿encargado de gobernar sobre tal miseria, sobre tal podredumbre que, a menos que se consiguiera la desaparición física de un gigantesco porcentaje de la Humanidad, sería sencillamente incontrolable, salvo estado de guerra permanente? No me parece….

Seamos claros: el mundo se ha empeñado en una globalización integral en gran medida suicida para determinados códigos de valores y la posibilidad de un gobierno planetario deja de ser una mera quimera para convertirse en un posible —para algunos no deseable— fáctico, edificado sobre los dos grandes pilares: la libertad de circulación de capitales y el control de las llamadas democracias occidentales mediante la inducción gestada a golpe de propaganda. El evidente control de una clase política enferma de mediocridad contagiosa y que no guarda distancia social alguna entre ellos mismos, es, sencilla, llana y lisamente, un presupuesto previo para el objetivo final. Con actores políticos formados, capacitados técnica, política y moralmente, que albergaran en sus adentros las convicciones propias de quien cree en la dignidad de todo ser humano, ese llamado objetivo final sería de mucha mas complicada factura y logro. Pero tenemos lo que tenemos, seguramente porque somos lo que somos.

Y lo que tenemos nos está destruyendo en tantos aspectos que incidir en ellos es llover sobre aceras urbanas mojadas por un riego artificial. Ahora me concentro en Madrid y en la enfermedad del Coronavirus. ¿Qué es lo que realmente está sucediendo? ¿Cuáles son las cifras reales de contagios, de transmisión del virus, de inmunidad social, de ingresos hospitalarios, de disponibilidad de camas en general y en UCI en particular, de efectivos sanitarios dispuestos a la lucha? Me da escalofríos tener que preguntarme algo tan elemental, unos datos que son sencillamente indispensables cuando una sociedad se encuentra invadida por ese virus artificial o no, pero letal en una medida nada despreciable. Incertidumbres, dudas, ignorancias…¿Cómo es posible que ignoremos algo tan esencial? Al menos cómo es posible que siquiera dudemos de la veracidad de los suministrados por uno y otro bando. Pues es posible, a la vista está, a consecuencia de que la batalla contra el virus da toda la sensación de que ha cedido su espacio a una nueva suerte, infecciosa donde las haya, de batalla política entre el Gobierno central y el de la Comunidad de Madrid.

Vaya por delante que me da exactamente igual quién sea el malo y quién el bueno de esta nueva serie de terror político, en la que, como en la vieja película de Sergio Leone, no se trata de un puñado de dólares sino de un puñado de ese ambiciado y a toda costa deseado poder. Da toda la sensación de que lo que está sucediendo en Madrid es una guerra política, al tiempo que una propagación infecciosa, letal para algunos, del maldito virus de genética desconocida. ¿Cómo es posible que algo así esté sucediendo ante nuestras narices? ¿Cómo es posible que lo aguantemos como súbditos propios de una tiranía absolutista ni siquiera conocida en los albores de las monarquias castellanas, y no digamos aragonesas? Está claro como el agua que a lo largo y ancho del siglo XX —como poco— y lo que va de XXI la clase política ha jugado a los dados con nuestra libertad, dignidad y hacienda. Ahora parece no contentarse con tan vitales territorios y decide entrar de lleno en el juego con la salud de la población. Es sencillamente aterrador. Y me da igual que la cantidad de juego sea mucha o poca. Yo percibo la situación tal y como la describo y al percibirla así la interiorizo y al interiorizarla me afecta emocionalmente y es sabida la relación entre lo emocional y lo orgánico, de modo que es posible que no me contagie de virus pero me están inoculando un coste emocional al contemplar lo que me veo obligado ver y desgraciadamente a analizar.

¿Por qué no somos sinceros de una vez? Las democracias parlamentarias basadas en los partidos políticos están fracasando en lo mas elemental: solucionar nuestro problemas reales. Dejemos ahora de hablar de la Monarquia, porque hemos llegado al punto de que un Rey —sí, un Rey— no puede hacer lo que le gusta cuando lo que le place es respetar las instituciones. Abandonemos la altura y vayamos a la base: todo es debido al infernal juego de esas entidades llamadas partidos políticos. ¿Instrumentos al servicio de la limpieza en la participación del pueblo soberano en la conformación del Estado? Como broma de mal gusto no está mal, pero la realidad no admite mediastintas: los partidos políticos están infectando al Estado, porque gestan y sitúan en el poder a una clase política mediocre, carente de formación, alucinada por el poder, angustiada por el dinero con el que vivirán cuando cesen en sus espléndidos cargos. Los partidos, así confeccionados, no son un limpio canal de participación popular en el Estado sino un sucio sumidero por el que circulan —a la vista está— formas de corrupción que transitan desde lo mas burdo —robo puro y duro— a la burla del Estado de Derecho, al desprecio lacerante de la Ley y del Ordenamiento Jurídico mediante el control —¿se duda?— de algunos jueces y fiscales afectos a esos mismos partidos, sabedores de que sus carreras, ascensos y emolumentos dependen, no sólo ni preferentemente de sus capacidades técnicas, sino de su disposición a cumplir los deseos, mas o menos espurios, del poder al que se adscriben. ¿Excepciones? Claro, y muy honrosas, pero la regla es la regla. Al menos la regla de quienes más poder ejercen. La sociedad está cambiando gracias a la tecnología. El futuro es incierto, pero seguramente inevitable y para ello hay que prepararse. Algunos ya lo estamos haciendo. Pero si cambia la sociedad debe mutar en consonancia el forma de ejercicio del poder. No es lógico ni siquiera sano, sino mas bien tóxico, seguir administrados por unos esquemas de poder que no sólo pertenecen al pasado sino a un pasado sórdido, plagado de corrupciones, de mentiras, de individuos preñados de mediocridad, de ambiciones sin límites, de códigos de valores confeccionados con merengues y envueltos en celofán. No me cansaré de repetirlo, y lo llevo diciendo desde 1993: si queremos ser súbditos no tenemos el derecho a quejarnos. Si seguimos administrando el Estado a base de partidos políticos de semejantes características y de su derivada clase política, si la sociedad civil permanece pasiva ante la conformación del Estado, sencillamente caminamos con paso firme al mas profundo abismo social.




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