ESPAÑA VA BIEN CON MARIANO

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Mensajepor Invitado » Lun 07 Ene, 2013 3:23 am

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La España insostenible de Mr. Rato


Si es verdad, como decía Caballero Bonald, que “somos el tiempo que nos queda”, es muy probable que España se esté convirtiendo es un país insostenible. No es un derrotismo fácil basado en una percepción subjetiva. Ni un juicio de intenciones. Es la constatación empírica de una realidad compleja y demoledora que se manifiesta en una comparación clarificadora. Hacienda ha revelado que en 2011 -últimos datos disponibles- existían en España apenas 12,5 millones de asalariados ‘puros’. Es decir, trabajadores por cuenta ajena que no tienen otra fuente de ingresos más que su empleo.

La cifra es significativa, pero lo que es realmente impactante es que, a la luz del IRPF, existen 9,1 millones de españoles que o bien son pensionistas ‘puros’ -sólo perciben rentas de su pensión- o son parados con algún ingreso.

La proporción es aterradora -casi el 73% entre unos y otros- , y muestra las dificultades históricas de este país para crear puestos de trabajo (más allá de la burbuja inmobiliaria) para una población que supera ya ampliamente los 46 millones de habitantes. Pero es todavía más llamativo comprobar que en 1999 -al arrancar la unión monetaria- España contaba con 11,9 millones de asalariados ‘puros’, mientras que había 7,3 millones de pensionistas y parados con una sola fuente renta.

Eso quiere decir que mientras el número de asalariados ha crecido apenas un 0,5% en una docena de años, el número de pensionistas y parados ha aumentado casi un 25%. La relación no sería tan mala si no fuera porque en ese mismo periodo tanto la prestación de servicios públicos -sanidad, educación o asistencia social- como las inversiones del sector público (que conllevan gasto corriente) no hubiera crecido de forma exponencial, pero sucede justamente lo contrario, y eso explica que este país comienza a ser insostenible si no cambian las cosas. Y no parece que vayan por ahí los tiros.

El país sigue viviendo -al menos es lo que se intenta transmitir- como si se tratara de una crisis económica más a la que se le puede hacer frente con soluciones pacatas y de subsecretario. La consigna parece ser ganar tiempo como sea a la espera de que escampe en Europa. Y el fichaje de Rodrigo Rato por Telefónica va en esa dirección. Es más de lo mismo. Forma parte de la modorra nacional. De la inercia que conduce al abismo. De la España de la escopeta nacional.

Sólo muestra la pervivencia de algunas élites políticas y empresariales incapaces de entender el tiempo que les ha tocado vivir. Y que campan a sus anchas absolutamente desconectadas de una opinión pública (que otra cosa es la democracia) a la que desprecian, amparadas en esa sensación de impunidad que da el poder (Alierta está sobrado, asegura un fino economista). Probablemente, porque esas mismas élites viven instaladas en un hedor conformista que les impide comprender la dimensión del problema.


Una larga cambiada

Esta realidad ‘de toda la vida’ es la que explica que el bueno de Don Rodrigo se haya pasado por Moncloa en busca de árnica de la fiscalía. Incluso, en busca de algún consejo de administración como el de Repsol, a lo que Rajoy respondió con una larga cambiada.

Y es que Rato necesita cariño, reconocimiento. Pero como le sucedía al coronel de García Márquez, no tiene quien le escriba. Él no lo hace por dinero, sino que lo suyo es enredar (por eso se volvió de Washington), como en los viejos tiempos de Hernández Mancha. Rato sólo pide ahora favores a los viejos amigos de esa aristocracia económica que él amamantó en la segunda mitad de los años 90 tras la retirada del sector público de la actividad empresarial. Los barandas de los antiguos monopolios que hoy presumen de estar en medio mundo. Pero que siguen comportándose como en los tiempos del INI o del Patrimonio del Estado.

Que se sepa, ningún alto ejecutivo del Ibex ha hecho mutis por el foro desde que estallara la crisis, como si el alto endeudamiento de muchas empresas cotizadas -léase la propia Telefónica- o algunas inversiones ruinosas en el exterior fueran culpa del empedrado. Como si la escasa internacionalización de la empresa española fuera responsabilidad de una maldición bíblica.

Claro está, siempre hay un Gobierno al que echarle la culpa. O siempre hay una buena campaña de imagen para lavar malas conciencias. Los pecados de soberbia, como es el nombramiento de Rato, se pagan así. Con oraciones pecuniarias.

Detrás de este comportamiento se encuentra, sin duda, la escasa movilidad empresarial existente en España, donde hay presidentes de grandes compañías que llevan años y años al frente de los consejos de administración de sus empresas sin apenas tener representación accionarial. Simplemente por haber sido capaces de tejer a su alrededor una guardia pretoriana de fieles dispuesta a matar por el jefe y sus honorarios. O un comité de nombramientos, retribuciones y buen gobierno, que así se llama, que elige a Rato miembro de un fantasmal consejo asesor porque sabe que en ningún país civilizado podría ser elegido para formar parte del consejo de administración. Ningún regulador lo hubiera aceptado en EEUU. Como dice un avezado empresario: ‘’que mal debe estar Rato para aceptar un puesto tan inútil’. Y qué poco le interesa la opinión pública a compañías que viven de millones de clientes.

Estamos ante esa misma España añeja que sale en los publirreportajes sobre el Rey, donde sólo se habla de pasado, pero nada de futuro. Y que desconoce aquella frase célebre de Ortega recogida por Julián Marías en sus Memorias, dicha en los primeros años de la República, cuando las Cortes comenzaban su actividad legislativa: “Hay tres cosas”, decía Ortega, “que no podemos venir a hacer aquí: ni el payaso, ni el tenor, ni el jabalí”, pero, como decía Marías, hubo bastantes representantes de las tres categorías.

Y en eso estamos. Una España insostenible en lo macroeconómico que se empobrece día a día y que convive con la España adocenada que desprecia cuanto ignora, que decía Machado de los castellanos. La España incapaz de dialogar en manos de un puñado de altos ejecutivos que controlan el Ibex a su antojo.

Mucha atención se ha prestado en los últimos años a la crisis del sector público, sin duda por razones obvias y en coherencia con tan irresponsable gestión. Pero poco se ha dicho del buen gobierno en las empresas cotizadas, donde el amiguismo y hasta el fulanismo forman parte de sus señas de identidad. Ignorando que todas las economías de mercado que funcionan de manera correcta son una mezcla de Estado y de mercado, pero sin inconfesables vasos comunicantes.

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Mensajepor Invitado » Lun 07 Ene, 2013 4:28 am

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Que paguen ellos también: breve compendio de la crisis en España


La crisis financiera ha traído, entre otros efectos, una enorme cantidad de basura informativa. Esto no es nuevo: un alto porcentaje de la prensa diaria se escribe solo para llenar papel, práctica tan antigua que Arthur Schopenhauer tuvo tiempo de denunciarla: “Existen dos tipos de escritores: aquellos cuyo motivo para escribir es el fondo y aquellos cuyo motivo para escribir es el hecho mismo de escribir. Los primeros han tenido pensamientos que les parece que vale la pena compartir; los segundos necesitan dinero y por eso escriben, por dinero”. Estos últimos, ni que decir tiene, son “amigos del claroscuro” y por este motivo su escritura carece de toda precisión. De ahí que se pueda notar en seguida que solo escriben para llenar papel.

En el caso de la crisis cualquier relajación, no obstante, resulta inaceptable, por mucho beneficio que tal o cual artículo pueda reportar al experto que lo suscribe. Esta literatura o basura informativa responde, de modo general, a una corriente que trata de calmar los ánimos y se adscribe, con ánimo más o menos deliberado, a la llamada escuela neoliberal de pensamiento, que es lo que la mayoría del público lector ha terminado por asumir. De forma sintética, la tesis fundamental de tales artículos acusa a la sociedad española de irresponsable y concluye, por no decir celebra, que los recortes representan la justa respuesta a su insensato comportamiento. El objetivo de dicha operación desinformativa es, en suma, hacer creer a la clase media que es partícipe principal del desastre y que por lo tanto ha de pagar el fin de fiesta. Dado su cometido, dichos documentos suelen fundarse en una serie de tópicos y también en la ocultación de la naturaleza real de la crisis. No se pretende insinuar aquí que la clase asalariada no tenga ninguna responsabilidad en la ruina actual del país. Pero queremos poner el énfasis en que ese colectivo no es el único ni principal culpable ni tiene que cargar sobre sus hombros el peso principal de la ruina nacional. Este texto se opone a una consigna política que se ha propagado como la pólvora.

El sentimiento general de la población, eficazmente delineado por una escuela neoliberal que cuenta con el respaldo de una ingente literatura académica pero cuyo crédito científico es nulo, sostiene que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Y que ahora corresponde pagar colectivamente la factura. Esto es una monumental mentira que confirma, entre otros extremos, que dicha escuela neoliberal no basa sus tesis en evidencias empíricas sino en corrientes (interesadas) de pensamiento, eso sí, emitidas con gran prosopopeya y repetidas hasta la saciedad. Así luce la economía. Una de las más sombrías lecciones del presente es que quienes pretenden sacarnos de la depresión son las cabezas especulativas que nos metieron en ella y lo que es peor, van armados con la misma ideología que nos condujo al abismo. Esto, que es fabuloso, pone los pelos de punta. Fíjense que un problema no se resuelve con las premisas que lo crearon. Pero ahí andamos.

Como resultado de esa poderosa ofensiva de la élite neoliberal, a la que hay que reconocer una sensacional falta de escrúpulos para enriquecerse, la prensa abunda en pretendidos principios económicos de validez universal. Estos preceptos, en su mayoría falsos, se repiten en un medio y otro y se realimentan hasta convertirse en moneda común. La única solidez de tales principios es, como se ha dicho, su indiscutible capacidad de persuasión. Y suelen defenderse porque eximen de toda responsabilidad a quien los publica. Señalemos un par de tales mentiras. La primera, repetida ad náuseam, sostiene que España padece una hiperinflación crónica de empleados públicos. Es obvio que hay funcionarios que no trabajan y que debería haber mecanismos simples para despedirlos, como en cualquier empresa. Pero argumentar que dado que hay funcionarios indolentes todos merecen que les bajen el sueldo —aprovechando la coyuntura de recortes presupuestarios— supone un evidente desatino, lo mismo que no tiene ningún sentido pretender que quien disfruta de un empleo vitalicio —por motivos justificados— vaya a aceptar un recorte salarial ad infinitum. A ningún empresario en su sano juicio se le ocurriría bajar el sueldo a todos sus empleados por el simple motivo de que una fracción se conduce irresponsablemente o de que disfruta de un contrato indefinido. En cualquier caso, si se consultan las cifras, se comprueba que España disfruta de la proporción de empleados públicos más baja de la UE-15.

Otra mentira muy apreciada por la propaganda neoliberal lamenta que los sueldos españoles son excesivos —el insigne Díaz Ferrán no pudo ser más claro: hay que trabajar más por menos dinero—, que están por encima de los alemanes y que eso ha supuesto un impedimento para el desarrollo económico nacional, so pretexto de pérdida de competitividad. Cabe señalar, en primer término, que quienes dicen esto suelen pensar en el sueldo medio de un empleado o en el salario mínimo interprofesional, pero no tienen nada en contra de los obscenos estipendios que se pagan a sí mismos. De otro lado, son incontables los expertos que han señalado la falacia de tal argumento y que defienden el auge de salarios porque, en contra del dogma neoliberal, no frenan la economía. Un sueldo alto se traduce en un mayor consumo, con lo cual las empresas venden más y se reanima el comercio. Por si esto no quedara claro, la presente sucesión de recortes no ha hecho más que deprimir la economía. La gente compra menos porque tiene menos o porque no tiene nada e incluso porque aun teniendo algo está razonablemente preocupada y ha decidido que lo más sensato, en este momento, es ahorrar. Pero es que, además, si se calcula el incremento español de los sueldos con relación a la inflación real —que debe considerar el precio de la vivienda, como ha hecho David Lizoain— entonces el asalariado medio español resulta otra vez perjudicado. En ese caso, las nóminas en España han disminuido proporcionalmente incluso en la reciente época de abundancia.

Si unos sostienen una cosa y otros la contraria, ¿a quién creer? Cada vez que alguien señala, por ejemplo, la hipertrofia del cuerpo de empleados públicos españoles no aporta una sola cifra, porque ninguna le puede dar la razón a no ser que se tergiverse o descontextualice, mientras que quienes sostienen lo contrario se limitan a comparar el porcentaje de empleados públicos españoles con el de otros países de la UE-15. En ese caso, en que no hay lugar para la discusión, el último refugio de los neoliberales es acusar a sus adversarios de mentir, es decir, de inventarse las cifras. Curiosamente, además, se contentan con repetir que esos datos son falsos sin aportar otros capaces de rebatirlos. No los aportan porque no existen. Ni que decir tiene que hay miles de ingenuos dispuestos a creer esa enésima mentira neoliberal (i.e. la mentira de que el otro miente) y rechazar esas cifras (verdaderas) porque no encajan en su retrato imaginario de la economía. La mediocridad es altamente contagiosa, sobre todo si sirve para que una élite amase una colosal fortuna.

Dado que defiende lo que no admite argumento, la prosa de un retórico neoliberal suele diferir del diáfano estilo del profesional competente. Este último, por principio, intenta expresarse amablemente, es decir, con claridad, mientras que el experto neoliberal es partidario del principio de “si no puedes convencerlos, confúndelos”. En general, cuando un artículo de prensa resulta incomprensible se debe a que el autor no tiene grandes cosas que decir o, por el contrario, tiene muchas cosas que ocultar. Los neoliberales son grandes expertos en este arte de vestir la mona. Alan Greenspan, por ejemplo, una de sus más ilustres luminarias —y responsable directo de la quiebra financiera norteamericana— es célebre por no haber acertado una predicción en su vida —los economistas serios compiten por señalar sus más sonadas meteduras de pata, todas descacharrantes— a pesar de lo cual hizo carrera gracias a su jerga incomprensible que no entendía nadie pero entusiasmaba a los políticos que lo pusieron al frente de la Reserva Federal.

El volumen de mentiras convertidas en artículo de fe produce pavor. Desde que en la primavera del 2010 Angela Merkel, Obama, el BCE e tutti quanti “persuadieron” a Zapatero de que había que aplicar la tijera, la economía española solo se ha resentido. No decimos que no se pueda o deba racionalizar el gasto público, pero ni esta es la solución ni debe plantearse sin medidas paralelas de activación. Como por ejemplo: elevar los tributos a los grandes capitales, combatir el fraude y los paraísos fiscales o crear un impuesto sobre las operaciones financieras internacionales. Así de simple, aunque a ellos les parezca muy complicado, cuando no técnicamente imposible, porque no tienen ninguna intención de rascarse el bolsillo ni mucho menos incordiar a sus socios de expolio. El tiempo ha dado la razón a quienes sostenían que esos brutales recortes eran un disparate, así como algunos de los artífices de dicha política, que han matizado su discurso —empezando por Christine Lagarde, directora del FMI— y han reconocido que España no puede salir de la recesión únicamente recortando el gasto público.

La oposición a tales medidas salvajes no se debe, por tanto, a que ideológicamente resulten aberrantes sino a que los hechos demuestran su absoluta ineficacia. Todo esto lo ha resumido con especial claridad el inspector de Hacienda Raúl Burillo: “Se habla mucho de gasto, pero es una crisis de ingresos”. Es decir, el problema no es que de repente el Estado gaste mucho más, sino que ingresa mucho menos, de forma que aunque puedan ajustarse los gastos lo más sensato sería tratar de aumentar otra vez los ingresos. ¿Cómo? Queda dicho: persiguiendo a quienes más tienen e ingresan menos, llamados también grandes defraudadores. Y esto no lo decimos nosotros sino Hacienda. El fraude fiscal en España, que en sus tres cuartas partes proviene de los grandes capitales, asciende a varias decenas de millones de euros. Si cada año se recaudara esa cantidad, no sería necesario ningún recorte.

Esos mismos articulistas suelen presentarse como acérrimos defensores de la flexibilidad laboral. Su argumento es claro: si el empresario puede despedir sin apenas costes será menos reacio a contratar. Esto puede ser cierto, pero también será menos reacio a despedir. Y no solo para evitar pérdidas, sino para aumentar los márgenes de beneficio, como así ha sido. Hace unos meses España aprobó la reforma que universaliza el despido sin que se hayan producido posteriores mejoras, todo lo contrario. Frente a esa tesitura, Andreu Mas-Colell, conseller catalán de economía, ejecutó una sensacional pirueta deductiva: si tales medidas no tienen un efecto positivo a medio plazo (a corto plazo ya daba por descontado que iban a resultar un desastre) significará que hay que flexibilizar más la contratación, es decir, el despido. Su razonamiento viene a ser el siguiente: “Si con nuestras medidas el empleo aumenta, la razón es nuestra. Si empeora, también: simplemente será que no se nos concedió suficiente margen. De hecho, exigimos un margen más amplio. Lo que hacemos lo hacemos bien. Déjennos hacerlo mejor”. Bajo esta premisa neoliberal es imposible equivocarse: la banca siempre gana. Esto es así porque no funda sus tesis en la realidad sino en sus delirios neoliberales. Se trata de un clarísimo incumplimiento del principio de demarcación de Karl Popper, criterio que determina lo que no es una práctica científica porque no admite refutación empírica. Pase lo que pase, tienen razón. Para algo se están forrando.

Otra de las grandes preocupaciones de la propaganda neoliberal consiste en subrayar la responsabilidad de quienes pidieron préstamos que no iban a poder pagar, sin citar a quienes concedieron préstamos que no iban a poder cobrar (y se supone que estos eran los expertos en riesgos), con dinero que además no era suyo y que habían pedido a su vez prestado y no iban a poder devolver. Es decir, los segundos, esto es, los bancos, incurrieron en una doble irresponsabilidad. Prestaban lo que no iban a poder recuperar y pedían lo que no iban a poder devolver. Además, debe añadirse que los primeros, si no pagan, acostumbran a quedarse sin casa y con la restante deuda pendiente de pago, mientras los segundos, que han provocado enormes agujeros crediticios porque no fueron imprudentes una sino cientos o miles de veces, se jubilan con retribuciones multimillonarias. Para mayor escarnio, la ley no persigue esta práctica indecorosa.

Lo más sobresaliente, con todo, es que los estúpidos banqueros que prestaron cifras indecentes a sus homólogos españoles lo hicieron a cargo de entidades alemanas o francesas, empezando por el Deutsche Bank. Se calcula que los bancos alemanes y franceses tienen metidos en Italia y España 730.000 millones de euros. El país que esté libre de culpa que tire la primera piedra. Quien presta a un banco que concede una hipoteca a un ciudadano o empresa que acaso no le devuelva el crédito, debe asumir su parte de responsabilidad. Y si no, ¿para qué pagan esos sueldos a sus analistas de riesgo? Pero seamos francos. Tales profesionales no se guían por análisis sino por modelos que en verdad son consignas, no excesivamente sutiles: “Ahora presta a todo el mundo. Ahora no prestes ni a Dios. Etcétera”. Es sabido cómo fluye el crédito en España en la actualidad. El BCE o el FROB lo transfiere a los bancos y estos se lo quedan, tapan agujeros, especulan con él, se suben los sueldos o compran deuda pública. De modo que la economía real no ve ni un solo céntimo de esa monumental inyección de dinero público porque no existe una legislación que obligue a su distribución equitativa.

De todo eso no se suelen ocupar tales articulistas, como si la culpa fuera únicamente de la clase media y su manía de aspirar a un hogar. Tampoco se dice que la primera vivienda constituye un derecho inalienable recogido en la Constitución ni que el enorme agujero crediticio de los bancos españoles no se debe solo al impago de particulares sino de promotoras, constructoras e inmobiliarias. Por otro lado, cuando se detienen en la burbuja inmobiliaria, tales expertos suelen omitir uno de los motivos principales de su brutal impacto, cuya responsabilidad ha de atribuirse también a los bancos y la legislación hipotecaria. Nos referimos a la posibilidad real, es decir, chifladura, de embargarse durante más de treinta años a un tipo variable de interés. Si los bancos no hubieran admitido esta práctica demente o si los gobiernos la hubieran prohibido, el estallido de la burbuja inmobiliaria hubiese parecido un juego de niños comparado con lo que luego sucedió. Aquí todos son responsables, los que firmaron la hipoteca, es decir, los que pidieron prestado a un interés variable durante décadas (particulares y empresas) y los que prestaron. Y también los que permitieron que dichos contratos fueran legales, así como los que prestaron a quienes prestaban. Recuerdo un amigo holandés que no podía entender esa chaladura crediticia y que no dudó un solo instante en que tarde o temprano la burbuja iba a estallar y los precios se iban a derrumbar. Este amigo es ingeniero aeronáutico. Entre tanto, todos esos expertos analistas que repartían millones a espuertas (y cobraban suculentos sueldos por su desvarío) no vieron nada o no quisieron verlo. O nadie les hizo caso. Para qué, si se estaban amasando gigantescas fortunas.

Tampoco se subraya en tales medios que la actual ruina de España se ha visto seriamente agravada por el precio de la deuda y que dicha deuda se ha disparado debido a la negativa del Banco Central Europeo a comprar bonos públicos. Lo confesó Mas-Colell con asombrosa franqueza: el 5% que tenía previsto recortar el 2012 del sueldo de los funcionarios catalanes (luego Rajoy se le anticipó) lo pensaba gastar en el incremento de la deuda pública autonómica. Para disminuir los intereses cobrados por esa deuda el “mercado internacional”, ese eufemismo que encubre a delincuentes financieros, pidió recortes. Hubo recortes y entonces la prima subió. En este punto, es obvio que la falta de liquidez pública no se debe solo al anterior despilfarro sino también a la actual especulación del mercado financiero internacional. Por eso supone una mezquindad responsabilizar a quienes son víctimas de una constante hemorragia patrimonial hacia arriba, aunque puntualmente hayan participado en el desvarío colectivo que condujo a la crisis.

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Existe, en este punto, un conjunto de interrogantes que no ha merecido la atención de los especialistas pero que no obstante está desempeñando un papel fundamental en la ruina española. A saber, ¿cómo se calcula el riesgo de impago de una deuda y cómo se traduce dicho riesgo en el interés resultante de un crédito? ¿Ese riesgo es producto de un cálculo final o bien de las llamadas leyes de mercado? Y, finalmente, ¿qué confianza merecen quienes calculan ese riesgo o establecen los mecanismos que lo determinan? Si un hipotético prestamista está dispuesto a prestar una suma de dinero a otra parte al 3% y a renglón seguido un experto o el mercado vaticinan que esta segunda parte (la prestataria) puede sufrir graves problemas de solvencia y que por tanto existe un elevado riesgo de impago (que técnicamente es lo que afirman las agencias de calificación del estado español), entonces el futuro prestamista, si tiene dos dedos de frente, no prestará a un interés más alto, pongamos el 6%. Sencillamente no va a prestar. Ni un céntimo. Los inversores, sin embargo, como no se fían del estado español, prestan al 6 o al 7 en vez del 3%. ¿Cómo se explica eso? Hay quien defiende que el cálculo de los intereses (el 6 o el 7 en vez del 3) responde a sutiles modelos o mecanismos que analizan el riesgo, etcétera. Esto es una absoluta majadería. ¿Cómo se puede prever con un margen tan ajustado el riesgo verdadero de que España pague su deuda? Y, lo que es peor, ¿cómo vamos a creer las previsiones de un mercado o de una clase tecnócrata incapaz de anticipar el estallido de la burbuja inmobiliaria?

Es más, un mercado o una agencia calificadora que no supieron prever el colosal estallido crediticio americano una semana antes de que se desencadenara, ¿cómo van a predecir con tal detalle —el que va de un 3 a un 4, un 5 o 6%— y con diez años de anticipación el riesgo de que España pague su deuda? Un pretendido experto que no distingue una vaca a un metro de distancia, no va a describir un mosquito a cincuenta. Por lo demás, si hace cinco años el mercado o tales agencias sostenían que se podía prestar a España durante diez años al mismo interés que Alemania, hay que concluir que fracasaron estrepitosamente, porque si ahora no mienten esa deuda a diez años, de los cuales solo ha transcurrido la mitad, corre un grave peligro de no ser cobrada. Así que se equivocaron hace cinco años o se equivocan ahora, y de qué manera. Entonces, ¿por qué tomar en serio sus predicciones? Y, sobre todo, ¿por qué admitir la sutileza apreciativa que conduce de un 3% a un 5% de interés?

Puede aducirse que en el caso de las agencias estas fueron capaces de prever el estallido inmobiliario pero guardaron silencio. Peor aún. Si en un contexto tan flagrante mintieron irresponsablemente, ¿cómo vamos a creerles cuando se trata de un vaticinio mucho más complejo y que les reporta ingentes beneficios? Seamos claros: sus modelos matemáticos —que pueden dar como resultado lo que se les antoje— se basan en intereses particulares y rumores sin ninguna base científica. Es más, la inaceptable reforma que el PSOE aplicó la pasada legislatura sobre el Artículo 135 de la Constitución Española, garantiza el pago de esa deuda por delante de un conjunto de gastos públicos fundamentales. Lo saben bien quienes prestan su dinero al estado español y agotan los bonos en minutos, por mucho que finjan desconfianza para percibir intereses más altos.

Aun cuando los anteriores argumentos no persuadan al lector sobre la estafa de la deuda pública, puede adoptarse una estrategia más simple: los hechos. Vicenç Navarro, entre otros, lleva meses advirtiendo que la prima de riesgo de un país como España no viene determinada por la llamada confianza del mercado sino más sucintamente por el Banco Central Europeo (BCE). Si el BCE compra deuda, la prima baja. Si no compra, sube. La prueba de que esto es así pudo verse unas semanas atrás cuando el BCE anunció, por fin, que iba a adquirir deuda española. A pesar de la tibieza de ese gesto (se trataba de deuda a tres años en el mercado subordinado, es decir, el BCE no iba a comprar bonos a España sino a los compradores de tales bonos) la prima sufrió un significativo e inmediato descenso. ¿Por qué, entonces, el BCE no compra deuda española para sacarnos del actual agujero crediticio? Porque de este modo, tomando como pretexto el alto precio de la prima, se da un motivo (a sí y a sus socios de la Troika) para seguir exigiendo nuevos recortes o, como dicen ellos, recuperar la confianza de los mercados. Y porque así obliga al estado español a devolver mayores intereses a los inversores, es decir, a ellos. En síntesis: para hacer pagar a la clase trabajadora española (así como a la irlandesa, portuguesa, griega e italiana) la factura del fiestorro financiero que se han pegado con asombrosa desvergüenza.

Puestos a poner el dedo sobre la llaga del BCE, tampoco la prensa ha dedicado el suficiente espacio a esa inexplicable normativa europea que prohíbe a dicho banco prestar dinero a los estados, según ellos porque no se fían de su solvencia. De modo que el BCE presta a los bancos españoles, que se están hundiendo, a un 1% y estos bancos prestan al Estado a un 6 o un 7%. Esto no es despilfarro público sino latrocinio. Resulta asombroso que el BCE confíe en esos bancos que están al borde del precipicio porque cuentan con el aval de un estado, el español, de quien dice no fiarse. O son unos dementes o unos caraduras. Si no queda claro, analícese el siguiente caso gráfico: si el director de una oficina bancaria presta diez millones de euros a un cliente al 1% y acto seguido dicho cliente le presta los diez millones a esa misma entidad a un 7%, es que el cliente es cuñado del director y alguien acaba en la cárcel. ¿Por qué cuando el BCE practica este mismo delito aparece amparado por una normativa comunitaria?

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En resumen: dichos articulistas y expertos asumen como bueno el punto de vista de quienes nos gobiernan, es decir, de quienes nos han estafado y de este modo solo se detienen (dichos artículos) en la responsabilidad de quienes han sufrido principalmente la crisis y además la están pagando. Desde que hace dos años empezó el tijeretazo, cada trabajador público español ha dejado de percibir unos 8000 euros en promedio. El Estado emplea a dos millones y medio de personas. En total, por tanto, se ha ahorrado sin contar los despidos unos 20000 millones de euros en nóminas, suma mucho menor que la que se va a acabar embolsando la banca. A este regalo le llaman “inyección de capital”. A fin de que los amos de entidades bancarias no pierdan sus privilegios, un sinnúmero de empleados públicos —la mayoría de los cuales son competentes profesionales— llevan más de 30 meses rehaciendo su economía doméstica, por no decir que pasan estrecheces. Hay quien defiende ese rescate bajo el argumento de que muchos particulares guardan sus “pequeños capitales” en las entidades intervenidas, pero pese a su opacidad contable, los expertos estiman que el 90% de los fondos bancarios españoles pertenece al 10% más rico. Proteger a la banca, una vez más, equivale a arropar a los superricos. La estafa de las preferentes, por si cupiera alguna duda, es otra prueba concluyente de que al gobierno no le preocupa en absoluto el “pequeño ahorrador”.

De este modo, cuando dicen que en el presente toca pagar los excesos de antaño omiten que, por el momento, aquí solo apoquina la clase media. Por ejemplo, con el incremento del IRPF mientras a las SICAV nadie les tose. Si los grandes capitales españoles tributaran lo mismo que en Suecia, por irnos a un extremo, el Estado ingresaría impuestos suficientes para crear varios millones de puestos de empleo, de cuatro a cinco según algunas estimaciones. Y lo mismo suele olvidarse que el resto, esto es, la superclase de los ricos —que como mínimo fue corresponsable de este desaguisado— vive mejor que nunca, aunque ahora empiece a disimular. La venta de automóviles de lujo constituye una prueba suficiente: algo que debería constituir un escándalo público pero que no merece más que alguna ocasional, breve, noticia de prensa.

Finalizaré con un apunte sobre la crisis como síntoma. Si a un tipo se le paga hoy mucho dinero —más de lo que vale— inmediatamente se cree que vale lo que cobra, e incluso más, y por eso pide un aumento de sueldo, que normalmente obtiene. Esta es una de las causas psicológicas de la crisis y la razón de que tanto incompetente campe a sus anchas por la plutocracia española. A quien le van las cosas estupendamente suele desarrollar la firme convicción de que es infalible. Íntimamente esto se expresa así: “Joder, es que soy la leche”. Nada puede irle mal porque sus méritos personales son ontológicamente incompatibles con el fracaso. Por eso son capaces de hundir una empresa y a la vez subirse el sueldo: miden su talento con la vara de su salario, que se ponen ellos.

John Kenneth Galbraith lo describe de forma gráfica en Breve historia de la euforia financiera: “En toda actitud favorable a la libre empresa subyace una acusada tendencia a creer que cuanto más dinero, ingresos o bienes obtiene un individuo, o cuanto más estrecha es su relación con ellos, más profunda y más exigente es su percepción de las leyes económicas y sociales, y más aguda y penetrante su inteligencia”. Y apostilla: “Además, en un mundo en que para muchos la consecución de dinero resulta difícil y las sumas a las que se puede acceder son siempre insuficientes, la posesión de dinero en elevadas cantidades parece un milagro. Así pues, esa posesión debe asociarse a algún genio especial. Esta visión se ve reforzada por el aire de confianza en sí misma y de autosatisfacción que acostumbra a asumir la persona opulenta”. Galbraith, no hace falta añadirlo, aclara a continuación que nada de esto es cierto, es decir, que el patrimonio personal no es reflejo del genio. Sin embargo, a quien le ha sonreído la suerte rara vez reconoce que su fortuna depende, en primer término, de las oportunidades y, en último, del azar —que no se distribuyen de forma universal— y por eso acostumbra referir la vida de Steve Jobs como si fuera Santa Teresa y obviar el ejemplo de cientos de jóvenes con idéntico talento que no dispusieron del favor del destino. Ese sentimiento, interiorizado por varias generaciones de incautos gracias a la industria americana del entretenimiento, tiene como consecuencia lógica el desprecio al desamparado, expresado en la siguiente fórmula: “Si vives en la miseria, es tu problema”. O más sucintamente: “Haber espabilado”. O también: “Págate tu colegio y págate tu sanidad”.

Admito que se trata de un argumento ad hominem, pero es difícil ignorar que quien reprende a la clase media su irresponsabilidad (i.e. su endeudamiento excesivo) sin señalar a quienes permitieron el marco legal y práctico para ese endeudamiento (i.e. los políticos) ni mucho menos a quienes lo explotaron impunemente y están siendo ahora rescatados (i.e. los banqueros), repito, cuando un experto afea a la clase media sus pretensiones pasadas y apunta casi con regocijo que ahora ha de pagar su insensatez, ese individuo suele expresarse desde el cómodo asiento de quien ha salido indemne de la crisis y, por ende, se cree invencible. Ha olvidado, como afirma Michael Lewis, que quien tiene suerte ha contraído una deuda con quien no la tuvo. Su pensamiento íntimo es el siguiente: “Me sonríe la fortuna. Yo NO he vivido por encima de mis posibilidades. Vosotros, sin embargo, creísteis que podíais ser como yo. Jodeos”. Las clases pudientes aplauden los recortes bajo el argumento de que ellos también sufren, sin querer ver que mientras sus ingresos rara vez resultan insuficientes —supóngase que no se redujeron o que lo hicieron de 10000 a 7000 Euros mensuales— otros, menos afortunados, han podido ver encogido un misérrimo salario de 1000 Euros hasta los 700, el mismo 30%. Y eso en el mejor de los casos. Lo primero puede calificarse de pequeño contratiempo. Lo segundo es el umbral que conduce a la miseria. Y si todos son responsables de este triste desaguisado, resulta evidente que los segundos están pagando un precio mucho mayor. Esto es lo que hay que denunciar, no su discutible irresponsabilidad.

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Mensajepor Invitado » Mié 09 Ene, 2013 10:37 pm

Esteban escribió:Eso a la seccion de sucesos aqui se habla de alta politica.


Aguirre, a Botella: '¿Ana, te pasa algo?'

Ana Botella llegó tarde hoy a la reunión del comité de dirección del PP en la planta primera de la calle Génova. Se sentó en su sitio cuando ya habían comenzado las intervenciones.
Cuando llevaba diez minutos en su puesto recibió una llamada en su móvil. La alcaldesa contestó y no habló. Una de las personas que estaba en la reunión dijo a este periódico que le cambio la cara poco a poco.
Ana Botella se despidió de los presentes con un "lo siento me tengo que ir". A lo que Esperanza Aguirre le preguntó: "¿Ana te pasa algo?".
La alcaldesa se disculpó y dijo: "No, no me pasa nada". Y se fue rápidamente de una reunión en la que no estuvo más de diez minutos.

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Mensajepor Invitado » Jue 10 Ene, 2013 3:43 am

Bajar a los 'baltares'

MANUEL JABOIS


Que con el país hundido en el paro se persiga judicialmente al mayor empleador de España, y se haga además con pruebas, produce tanta expectación como el parto de un carnero. Especialmente en Galicia, donde se lleva persiguiendo la Gran Novela Gallega sin saber que ésta la lleva publicando en los periódicos Baltar con algún particular tour de force, como cuando cogió el trombón y se puso a cantar en una romería: «Y si no eres del Pepé, jo-de-te, jo-de-te».

Baltar hizo realismo mágico: llenó la provincia de Ourense de bedeles que transitaban por edificios vacíos como zombies, incluso en aquellos por inaugurar. En una exposición del pintor Celso Varela yo conté seis en un hall; cada uno en una esquina, vigilantes y armoniosos, llevando un sueldo a casa con esos empleos surrealistas que Baltar fabricaba a discreción.

Luego supe que había doce más: los colocaba en medio de los pasillos, en plantas vacías o en cuartos que se habilitaban específicamente para ellos, por no montar directamente un trastero y almacenarlos allí. Dicen, y ya me arrepiento de no habérselo preguntado al hijo, que el padre de Sabina murió preguntándose para qué valían las diputaciones provinciales; en el campo de la reconstrucción de los árboles genealógicos son probablemente sus piezas más valiosas.

Las historias de Baltar son inabarcables. Ha asistido a tantos funerales que seguramente falte al suyo por estar dando el pésame en otro lado. Fue con el único viejo barón con el que no pudo Feijóo, a quien le colocó a su hijo en las narices para sucederle en el PP de Ourense, en la Diputación y en donde a él le petase. No se podía esperar otra magna obra de quien, denunciado en los periódicos por enchufismo, se paseaba en campaña por los pueblos enseñando las páginas al grito de: «¿Veis cómo yo me preocupo por los míos?».

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chiton

Mensajepor chiton » Jue 10 Ene, 2013 11:25 pm

a mas de 100 enchufes por provincia ... ajajaj saca la cuenta ... y luego que las comunidades ... patatin .. que patatan .. ajajaj las diputaciones están al servicio de los caciques y todos chitones.(como dios manda)

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vamos BIEN

Mensajepor vamos BIEN » Vie 11 Ene, 2013 3:05 am

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Rentabilidad inferior al 5%
La prima de riesgo cae a mínimos de marzo, por debajo de 340 puntos

La prima de riesgo baja con fuerza, más de 35 puntos, hasta situarse por debajo de los 340 puntos, su nivel más bajo desde marzo de 2012.

La prima de riesgo ofrecida a los inversores por el bono español a diez años respecto a su homólogo alemán registraba este jueves un fuerte descenso de más de 35 puntos básicos, lo que permitía al riesgo país situarse por debajo de los 340 puntos básicos y marcar su nivel más bajo desde marzo de 2012. En concreto, el diferencial del bono español a diez años ha llegado a descender hasta los 334,8 puntos básicos, en comparación con los 371,5 puntos básicos en los que había iniciado la jornada, un valor que no alcanzaba desde el pasado 21 de marzo.

http://www.libremercado.com/2013-01-10/ ... 276478846/

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Mensajepor Invitado » Vie 11 Ene, 2013 12:02 pm

y ¿?

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Mensajepor Invitado » Mié 16 Ene, 2013 7:10 pm

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Mensajepor Invitado » Jue 17 Ene, 2013 1:28 am

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Bárcenas tuvo hasta 22 millones en una cuenta en Suiza que vació al ser imputado


Luis Bárcenas, extesorero y exsenador del PP, ha dispuesto hasta 2009 de una cuenta en Suiza que entre los años 2005 y 2009 llegó a tener un saldo medio (entre dinero líquido y valores) de unos 15 millones de euros; y que en uno de esos ejercicios, a finales de 2007, alcanzó incluso los 22 millones. Así lo acredita la investigación que realiza el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz en el marco del caso Gürtel, la trama de corrupción vinculada a altos cargos del PP de la que, además, han salido ramificaciones en las comunidades de Valencia, Madrid y Castilla y León.

El hallazgo de estos millones de euros en Suiza a nombre de Bárcenas cayó ayer como un bofetón en el PP. Tras estallar el caso Gürtel, altos cargos del partido (y, especialmente, el hoy presidente del Gobierno, Mariano Rajoy) se fiaron de él y defendieron su inocencia. Bárcenas se aferró al cargo durante más de un año, hasta que dimitió como tesorero y senador en abril de 2010.

Ayer, los nuevos descubrimientos sobre Bárcenas crearon gran incomodidad en la sede de Génova. Tras una reunión de coordinación entre el Gobierno y el partido comparecieron el ministro de Economía, Luis de Guindos, y el número tres, Carlos Floriano. No dieron explicaciones ni justificaciones. Ni le atacaron ni le defendieron. Guindos habló de la importancia de la lucha contra el fraude. Floriano recordó, eso sí, que Bárcenas “ya no pertenece al PP”, porque se dio de baja en 2010, y que no tenían más información que la facilitada en la prensa sobre que ocultase dinero fuera. Desde las filas socialistas, en cambio, recordaron las palabras que hace dos meses pronunció la presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, en Barcelona. En referencia a una información periodística que apuntaban a que el presidente Artur Mas tenía dinero en Suiza, Cospedal dijo: “¿Vosotras os imagináis que de un presidente o una presidenta del PP se hubiera sabido que ellos, algún familiar o sus predecesores del mismo partido tienen dinero fuera, lo han evadido, se han quedado con dinero que no era de ellos y que se hablara de cuentas corrientes en Suiza? ¿A qué yo ya habría tenido que dimitir?”.

Los datos bancarios que inducen a pensar al juez que Bárcenas también recibió dinero de la trama del cabecilla de la red Gúrtel, Francisco Correa, figuran en una comisión rogatoria que acaban de enviar las autoridades suizas al juez Ruz. En ella se señala que Bárcenas dispuso de una cuenta multimillonaria en la entidad Dresner Bank, en Ginebra (Suiza). La investigación revela que el saldo de esa cuenta entre 2005 y 2009 fluctuó entre 11 y 22 millones de euros. Señala Ruz que Bárcenas vació de dinero esa cuenta en el verano de 2009, tras estallar el escándalo Gürtel y salir su nombre entre los investigados. Bárcenas sabía que estaba en la lupa de la UDEF y había trascendido una grabación de Correa en la que este, delante de otras personas de la trama, se jactaba de haber entregado a Bárcenas “más de 1.000 millones de pesetas a su casa y a Génova”, sede del PP y donde el extesorero tenía su despacho. Bárcenas siempre negó haber recibido comisiones de Correa por interceder ante colegas suyos del PP, altos cargos, para conseguir obras públicas para la red Gürtel. Incluso se querelló en varias ocasiones contra EL PAÍS por difundir los numerosos indicios que entonces acumulaba la UDEF contra él.

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El auto que emitió ayer el juez Ruz deja claro que Bárcenas mintió. El extesorero siempre negó tener dinero en Suiza e incluso señaló que sus reiterados viajes al país helvético, constatados por la policía, eran porque le gusta la montaña y esquiar. De la investigación se infiere que no solo viajó a Suiza para esquiar. También para vaciar el dinero de la citada cuenta. Ruz le ha descubierto una cuenta multimillonaria en el Dresner Bank, que está a nombre de una sociedad panameña denominada Sinequanon y cuyo titular “sería” Bárcenas.

Tras recibir la comisión rogatoria de Suiza, una de las 17 enviadas a otros tantos países europeos, americanos y asiáticos, Ruz emitió un auto en el que señala: “(...) de la documentación remitida por las autoridades suizas resulta que el verdadero beneficiario económico de la cuenta número 8.401.489 abierta en la entidad Dresner Bank (LGT) de Ginebra a nombre de la Fundación Sinequanon sería el imputado señor Bárcenas Gutiérrez”. En ese mismo auto, el juez pide a Suiza que le facilite más información sobre esta y otras cuentas que también pueden estar vinculadas al extesorero. En la caja B de la trama Gürtel, de donde salían las comisiones con las que el cabecilla Correa sobornó a altos cargos del PP, Bárcenas figuraba bajo las iniciales "L. B., L. Barc. o Luis el Cabrón”. El extesorero del PP siempre negó que esas iniciales se correspondieran con él, a pesar de que tanto la Fiscalía Anticorrupción como la UDEF expusieron su plena convicción de que esas iniciales le pertenecían. Incluso se las endosó a otra persona, y logró sembrar dudas en el juez Antonio Pedreira, antecesor de Ruz en la instrucción de Gürtel. Pedreira acabó archivándole la causa, si bien posteriormente fue reabierta por la Audiencia Nacional a petición de las fiscales Anticorrupción Miriam Segura y Concepción Sabadell.

En la cuenta de Suiza se identifica a Bárcenas con las iniciales de su nombre. En concreto,como “Mr. L.B.”, “L.B.” y “L.B.G.”. Algo parecido a como le identificaba Correa en su caja B, de la que salían las comisiones para pagar a políticos. Aunque en el caso de Suiza, hay mucho más que iniciales. La entidad helvética alude a las iniciales pero las conecta con su nombre completo, Luis Bárcenas Gutiérrez, e incluso aporta su DNI. Y para disipar cualquier duda, en el informe remitido a Ruz se incluyen comentarios de empleados de esa entidad bancaria que indican que “L.B.” está dedicado a la “actividad política” y que es “miembro del Senado español”. Los empleados también aluden a él, en una comunicación del año 2009 que ya obra en el sumario y procedente de Suiza, como “tesorero del Partido Popular en España”. No obstante, el juez quiere atar bien este asunto. Y para que no haya dudas sobre esas iniciales, requiere a Suiza para que facilite la identidad exacta del titular de esa cuenta.

Una cuenta, la de los 22 millones de euros, que, por otra parte, Bárcenas vació de dinero en 2009, según Ruz. Supuestamente lo hizo tras saltar el escándalo de la trama Gúrtel que le implicaba y luego de conocer que el juez Baltasar Garzón, primer instructor del caso, había pedido a Suiza, y con éxito, el bloqueo de las cuentas de los principales responsables de la trama: Correa y su lugarteniente, Pablo Crespo. A ambos le fueron retenidos entonces, y aun lo están, 21 millones de euros. Sobre el vaciamiento de esa cuenta, Ruz señala en el auto que dictó ayer: “En el año 2009, una vez conocida la investigación que se seguía contra Luis Bárcenas Gutiérrez e, incluso, tras su declaración ante el Tribunal Supremo, el 22 de julio de 2009, el imputado habría procedido a realizar diversas transferencias desde esa cuenta para finalmente clausurarla, transfiriendo todos sus activos a otra cuenta de la misma entidad a nombre de la mercatil Tesedul, SA, con número IBAN CH 39 0873 6084 0256 700 71”. Ruz concluye también que “en fechas posteriores a julio de 2009, el imputado habría acordado transferir determinados fondos a la cuenta también de Tesedul de la entidad Lombard Odier Darier” de Suiza.

No es esta la única cuenta de Bárcenas en Suiza, señala el magistrado. “De acuerdo con la documentación remitida, el imputado mantendría o habría mantenido otras cuentas en Ginebra, una de las cuales sería la número 204337, abierta a nombre de la Fundación Sinequenon, en la entidad Lombard Odier Hensch Cie de Ginebra”. Ruz pide más información a Suiza sobre ellas. En concreto, que se le indique quienes son “los titulares”, sus “apoderados y beneficiarios”, si los hubiese. También que se le informe de si dispone de “tarjetas de firma y bancarias, perfil del cliente, y que se reflejen las fechas y cantidades de los depósitos, disposiciones, intereses...”. Asimismo, quiere que se le facilite “información sobre préstamos e hipotecas” hechas contra esas cuentas, si disponen de “cajas de seguridad, bonos del tesoro” y del contenido “de la correspondencia” que hayan mantenido estas entidades con Bárcenas.



"Si alguien del PP tuviera cuentas en Suiza, yo tendría que dimitir"

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y otra

Mensajepor y otra » Jue 17 Ene, 2013 1:33 am

22 de noviembre de 2012
Cuentas en Suiza

Esperanza Aguirre


Si las informaciones que ahora conocemos y que tienen su origen en un informe policial se confirman y resultara probado que los dirigentes de CiU, la familia Pujol y la familia Mas tienen unas cuentas, nada desdeñables, en Suiza no declaradas nos encontraríamos ante el escándalo político-financiero más grave de la democracia.

Es verdad que la prensa catalana, que en las últimas décadas no ha dado muestras nunca de excesiva independencia del poder político, no quiere indagar nada sobre este asunto. Es verdad que los partidos políticos catalanes tampoco quieren cargar las tintas en este posible escándalo. Unos, los catalanistas e independentistas, porque serían los directos protagonistas o cómplices del affaire. Y los demás, porque creen que acusar de corrupción a los políticos de CiU puede actuar como efecto llamada para que aquellos catalanes que quieren la independencia de Cataluña, al ver en apuros a los políticos que la propugnan, vayan a votarles, a pesar de que se esté demostrando que son unos corruptos. Todo eso es verdad, como también es verdad que el contenido del informe que hemos conocido debe ser refrendado por la acción judicial y, por tanto, nadie debe sacar conclusiones que vulneren la presunción de inocencia.

Pero, a apenas tres días de las Elecciones, ¿es tan complicado pedir a Mas y a los Pujol que juren que no tienen ninguna cuenta en Suiza? Sólo eso. Y ya está. Igual que fueron al notario a declarar que nunca apoyarían iniciativa alguna del Partido Popular, pues que ahora vayan al mismo notario y declaren bajo juramento que todo lo que dice el informe de la Policía es mentira. Si no lo hacen antes del domingo, sí que pensaré que puede haber algo de verdad en ese informe. Y con que haya un poquito de verdad en ese informe, CiU y sus dirigentes serían unos corruptos y no deberían ni siquiera presentarse a unas elecciones sin antes haber depurado sus responsabilidades penales y políticas.

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Mensajepor Invitado » Jue 17 Ene, 2013 8:00 pm

Premio a la mejor actriz dramática por "le puede pasar a cualquiera":


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Mensajepor Obse » Jue 17 Ene, 2013 8:05 pm

Soraya haciendo pucheros, por favor, estas cosas se hacen bien o no se hacen:

El que corra menos que yo que se dé por jodido...

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Mensajepor Obse » Jue 17 Ene, 2013 10:34 pm

Es que no puedo con mi armaaaa y sigo dándole vueltas al asunto: un convenio que recoge el derecho a fracasar y sale en el BOE. Derecho a fracasar, derecho a fracasar, derecho a fracasar. Lo tengo clarísimo no tendré hijos con nacionalidad española hasta que no vengan de regalo en un huevo kinder.
El que corra menos que yo que se dé por jodido...

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memeo

Mensajepor memeo » Jue 17 Ene, 2013 11:53 pm

Mientras La Razón:

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gambita

Mensajepor gambita » Vie 18 Ene, 2013 12:58 pm

Cospedal, sobre los sobresueldos en negro en el PP: 'No me consta'

ELMUNDO.es | Madrid

Según una información que publica este viernes en exclusiva EL MUNDO, el ex gerente y ex tesorero del PP Luis Bárcenas pagó durante años sobresueldos en dinero negro a parte de la cúpula del partido y otros altos cargos. Los beneficiados de los sobres tenían además un salario orgánico -y en muchos casos, también uno institucional-. [Lea esta información en ORBYT].

A raíz de esta información, la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, ha afirmado que la contabilidad interna de su partido "es clara y diáfana y está auditada por el Tribunal de Cuentas". Según ha añadido, "no hay nada en la contabilidad interna que induzca a pensar que hay algo raro o irregular".

"No conozco ninguna otra contabilidad", ha añadido Cospedal, recordando que "hace tiempo" que Bárcenas dejó su cargo de tesorero y que el PP se enteró de que tenía una gran cantidad de dinero en cuentas de Suiza "prácticamente al mismo tiempo" que se difundió esa información en los medios de comunicación".

Cospedal se ha pronunciado en estos términos en sendas y prácticamente consecutivas entrevistas en la cadena Cope y en Onda Cero, en las que se le ha preguntado por la información publicada este viernes por EL MUNDO. La 'número dos' del PP ha negado "rotundamente" y "claramente" que ese tipo de pagos se hayan producido durante su etapa como secretaria general, cargo que ocupa desde 2008. Asimismo, ha añadido que tampoco le "consta" esa práctica en etapas anteriores del partido.

"Tengo la conciencia más que tranquila, tranquilísima", ha afirmado Cospedal en su intervención radiofónica, en la que ha reiterado que ella "nunca hubiera permitido la práctica" de pagos de sobresueldos con dinero negro.

María Dolores de Cospedal explicó que ahora las cuentas están en orden porque, cuando Bárcenas abandonó el cargo, tomó posesión José Manuel Romay Beccaría y se produjo un "cambio en la forma de funcionar" que ahora ha mantenido la actual tesorera, Carmen Navarro.

Cospedal presumió de haber cambiado el método de trabajo en las cuentas del partido desde que ella tomó posesión como secretaria general del PP en junio de 2008. "Rajoy me dio manos libres para este tema y todos los demás", explicó. "Dije a mis colaboradores que tenían que actuar con cumplimento de la ley" y "de forma escrupulosa".

Desde que estallase el 'caso Gürtel Bárcenas' -que aparecía en la contabilidad paralela de la trama dirigida por Francisco Correa como 'Luis el cabrón'-, ha venido amenazando a las más altas instancias del PP con identificar a los perceptores de los sobresueldos si no le libraban de "comerse el marrón judicial".

Al más puro estilo Diego Torres -ex socio de Iñaki Urdangarín-, advierte que, o le buscan un atajo para sortear la cárcel, o arrojará "las bombas atómicas" que obran en su poder. El pasado miércoles se hizo público que el hombre que gestionaba las finanzas del PP llegó a tener, «junto a otras personas» cuya identidad no ha revelado, 22 millones de euros en el Dresdner Bank de Ginebra a través de una sociedad panameña.

La bomba atómica que posee Luis Bárcenas, se llama 'contabilidad B del PP'. Y esa contabilidad B, que asegura tener a buen recaudo, recoge todos los salarios en negro que abonó durante años a la cúpula del PP y altos cargos de Génova 13. Hasta cinco fuentes diferentes han confirmado a EL MUNDO lo que Bárcenas relata entre bastidores. Que los sobres en negro a la cúpula iban desde los 5.000 euros al mes para los secretarios de área, a los 15.000 euros que percibían las más altas instancias.

Esta costumbre procede de la época en que Manuel Fraga presidía Alianza Popular. En aquellos momentos, era tradición en todas las formaciones políticas el empleo de dinero en metálico para llevar a cabo la mayoría de las remuneraciones internas. Con el relevo de José María Aznar, el político asturiano prosiguió con su costumbre de los sobresueldos en B. Bárcenas era el encargado del trabajo sucio. Tarea para la que fue confirmado en su puesto por Javier Arenas en 1999.

Con la llegada de Mariano Rajoy a la presidencia del PP, en octubre de 2004, tampoco se interrumpió la entrega de sobres. Sin embargo, según las fuentes consultadas, el ahora presidente del PP no cobró nunca estos complementos. Fue María Dolores de Cospedal, y a instancias de Rajoy, la que dijo "basta ya" al reparto de sobresueldos en B en el partido tras acceder a la Secretaría General del partido.




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