CONGELAN SALARIOS EN ESPAÑA

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marcelo mouhape
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CONGELAN SALARIOS EN ESPAÑA

Mensajepor marcelo mouhape » Jue 29 Dic, 2011 5:51 pm

Antes de leer la crónica de abajo, les recuerdo: ESPAÑOLES, TODO ESTO SE LOS AVISE CUANDO LA ELECCION LA GANO EL PP....

"El gobierno español del conservador Mariano Rajoy anunció otro tramo del profundo ajuste que impondrá a su economía al comunicar ayer el congelamiento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), una medida que provocó el rechazo inmediato de las grandes centrales obreras que consideran que la crisis la pagan los asalariados y no los ricos. La medida fija el techo a los salarios y achica notablemente el poder adquisitivo de los trabajadores españoles.

La medida supondrá una pérdida de poder adquisitivo de 641,4 euros mensuales para aquellos ciudadanos que cobren el mínimo legal, en momentos en que la inflación de noviembre registró una suba interanual del 2,9 por ciento respecto del mismo mes del pasado año. Al mismo tiempo, los sindicalistas expresaron su rechazo porque los únicos que pagan la crisis son los trabajadores.

El anuncio se conoce un día después de que el ministro de Economía y Competitividad español, Luis de Guindos, anunciara que el gobierno aprobará el próximo viernes un decreto ley con un primer recorte del gasto público de alrededor de 4.000 millones de euros. En esa oportunidad, De Guindos insistió en los malos augurios expresados el día anterior y advirtió que el cuarto trimestre de este año será “muy, muy duro”, tras explicar que el ajuste reducirá el gasto público en 16.500 millones de euros. Aunque no aclaró por cuenta de quién será el costo.

El congelamiento del SMI se produce a pesar de que las dos principales centrales sindicales –Comisiones Obreras (CCOO) y Unión General de Trabajadores (UGT) – enviaron a mediados de este mes una carta al entonces ministro de Trabajo, Valeriano Gómez, para que el salario mínimo recuperara el poder adquisitivo perdido en 2010 y 2011 y lo mantuviera en 2012. Según los cálculos de CCOO y UGT, el SMI es percibido por unos 183.000 trabajadores, pero fija el techo a los demás salarios. Las críticas también vinieron desde la izquierda, que esperaba un aumento salarial."
"Porque el periodismo es un sacerdocio
no un negocio, usted necesita saber,
todo".
Ese es mi lema laboral y actúo de la misma forma en lo personal. Doy todo y me gusta recibir de la mujer que se permite ser mujer
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Saludos desde Tres Arroyos, Argentina.

Marcelo N. Mouhapé Furné

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Mensajepor Invitado » Vie 30 Dic, 2011 4:55 pm

Escuela Austríaca (y algo de "tipos")

Hasta que consiga organizarme para escribir un pequeño manual de introducción a la economía para profanos, voy a tratar de explicar, criticar o desenmascarar, en algún post, los conceptos de la economía académica oficial.

A ver si consigo entender y diseccionar las supersticiones keynesiana y neoclásica pero creo que, para que no todo sea bazofia, también conviene incluir algunas cosas de la “escuela austríaca”, la más honesta y menos delirante rama de la ciencia económica académica.

Mi plan era haber hecho una lectura comentada de algún texto austríaco de referencia, añadiendo pequeños comentarios o notas al texto original, pero mi tendencia de irme por las ramas y divagar ha creado un tocho desorganizado tras solo las primeras frases del texto que se suponía tenía que comentar.

Es la introducción del libro “Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos”, del profesor Huerta de Soto. A Huerta de Soto se le considera una autoridad en la escuela austríaca y esta introducción concretamente es considerada por muchos economistas inteligentes como la mejor explicación disponible de la actual “crisis”


Link al Libro

La política de expansión artificial del crédito consentida y orquestada por los bancos centrales durante los últimos quince años no podía terminar de otra forma. El ciclo expansivo que ahora ha visto su fin se refuerza a partir de que la economía norteamericana saliera de su última recesión (fugaz y reprimida) en 2001 y la Reserva Federal reemprendiera la gran expansión artificial crediticia e inversora iniciada a partir de 1992. Esta expansión crediticia no se vio soportada por un aumento paralelo del ahorro voluntario de las economías domésticas.



[font=Georgia"]¿La expansión crediticia artificial orquestada por los Bancos Centrales no se vio soportada por un aumento paralelo del ahorro voluntario?

Quizás como en “La expansión de la actividad de la mafia de Chicago no se vio acompañada por una reducción paralela de la criminalidad en Chicago” o como en “la popularización de las orgías y bacanales no se vio soportada por un incremento paralelo de la castidad y la abstemia”

Cuando el conductor de un coche pisa el acelerador, lo que intenta es que aumente la velocidad del coche y este aumento de la velocidad del coche no suele ir acompañado de una reducción paralela de la velocidad del coche.

Los austríacos parecen pensar que los Bancos Centrales son una pieza innecesaria, superflua, un defecto de fabricación del sistema que tiende a funcionar mal porque no puede funcionar bien, porque las leyes económicas no permiten que funcionen bien.

Los Bancos Centrales, sin embargo, funcionan perfectamente. Destruyen la economía y llevan a las sociedades a la pobreza, por supuesto, pero funcionan perfectamente bien porque su función no es lograr la prosperidad de la gente sino reforzar el crecimiento del poder del Estado.

Toda expansión crediticia artificial, y todo lo que hace un Banco Central es “artificial” en este sentido, consiste en inducir una distorsión en el mercado de crédito que simule la existencia de un ahorro que no existe, que no ha sido previamente producido y ahorrado. El que las expansiones crediticias inducidas sistemáticamente por los bancos centrales no vayan acompañadas de una creación paralela de ahorro real, no es una coincidencia casual anecdótica sino la esencia del proceso.

Cuando el banquero central deprime deliberadamente los tipos de interés, fuerza a los agentes a tomar posiciones “cortas” en dinero, a endeudarse adquiriendo unas deudas que el banco central garantiza que serán borradas mediante la progresiva evaporación del valor de la moneda en que están denominadas. Si una distorsión, como la depresión de los tipos de interés, induce el endeudamiento, no puede a la vez inducir el ahorro que es lo opuesto.

En una economía con tipos de mercado, el aumento del ahorro disponible debido a la creación de ese ahorro, hace descender los tipos y ese descenso de los tipos provocado por la abundancia de ahorro, induce el uso productivo de ese ahorro previamente acumulado: da lugar a una expansión de crédito. Si el ahorro acumulado escasea, los tipos suben y esos tipos más altos inducen la producción de ahorro y restringen el uso de ese ahorro escaso: contraen el flujo de crédito. La mayor o menor abundancia de ahorro determinan los tipos y el nivel de los tipos autorizan o vetan el uso de ese ahorro disponible y modulan el flujo de crédito real, soportado por ahorro real.

Si el Estado, a través del Banco Central, se arroga el derecho a decretar los tipos no es porque pretenda decretar los tipos naturales que habría decretado el mercado, sino porque quiere tener el poder de decretar unos tipos falsificados que generen la ilusión de que existe un volumen de ahorro real disponible diferente al que realmente hay, y equivalentemente, un flujo de crédito distinto al que puede ser realmente soportado por el ahorro real en la economía. Si se arrogan el derecho a introducir una falsificación en el sistema es porque quieren falsificar el sistema. Obviamente.

Los “tipos equivocados” de un banquero central, como las cuentas equivocadas de un cajero que roba al banco, siempre están “equivocadas” en la misma dirección. Unos tipos distorsionados al alza, “artificialmente” altos, darían lugar a un flujo de crédito reducido en relación al ahorro disponible e inducirían la producción y acumulación de un exceso de ahorro. Esto sin embargo jamás ocurre. Los tipos de los bancos centrales siempre están distorsionados a la baja, impidiendo que el ahorro sea producido y acumulado, y induciendo un ingente flujo de crédito no soportado por la abundancia real de ahorro en la economía.

Esto, como el que en las cuentas del cajero que “sisa” siempre falte dinero y nunca sobre, no es un error inocente debido a la impericia del aprendiz de brujo que mueve los hilos del banco central, sino un mecanismo perfectamente diseñado para lograr un fin determinado, que es la transferencia de poder al Estado.

Los “austríacos” parecen incapaces de ver lo evidente en este punto (los keynesianos y neomercantilistas ni siquiera ven “el punto”), aunque no tengo claro cuáles pueden ser los motivos. Probablemente son presas de la “falacia contable” debido a que comparten con los clows keynesianos su origen en ese delirante engendro llamado “revolución marginal”. La “falacia contable” les condena a una descripción “estática” de la economía en la que el valor económico del mundo no cambia (o es un objeto subjetivo, indefinido cuantitativamente, que existe solo en la percepción que tenemos del mundo y no en el mundo). El “error” de unos tipos “equivocados” decretados por el banco central, no podrían producir un cambio en el valor de la economía (en el valor del capital acumulado) sino una distorsión en su conformación, en la estructura de su uso y asignación. El capital, siempre constante, sería “mal invertido”, asignado a usos poco productivos, a la producción de bienes situados en un escalón equivocado de la estructura de producción o a la acumulación de ciertos bienes innecesarios mientras que bienes necesarios resultarían escasos. La cura, más o menos dolorosa de esta asignación distorsionada del capital, consistiría en una reasignación, en desarmar el puzle mal encajado por el banco central y dejar que las piezas recobren su ensamblaje espontáneo, por así decirlo.

Bien, malas noticias: no es posible reasignar el uso de ese capital o reutilizarlo para la construcción de una estructura económica productiva porque no existe ese capital. Ese capital ha sido consumido. La acción deliberada de los bancos centrales que distorsiona los tipos y crea una expansión demencial del crédito, no solo crea unas estructuras de capital grotescas, sino que permite el consumo de ese capital. Es este consumo de capital lo que alimenta la voracidad del parásito estatal en su imparable crecimiento y por eso existen y son protegidos por el Estado los bancos centrales, porque son los instrumentos que facilitan la transferencia del capital hacia el Estado para su consumo.

El carácter “contable” y su origen en “la revolución marginalista” parecen condenar, también, a la escuela austríaca a esa descripción “estática” que no ve la economía sino solo el cadáver contable de una economía. La patología que desencadenan los tipos equivocados del “banco central” sería, en realidad, una perturbación retórica, contable: la riqueza sigue ahí, solo que mal utilizada, asignada a las cuentas contables equivocadas.

Los “austríacos”, por suerte, saben o sienten que los peligrosos juegos de los aprendices de brujos que diseñan el intervencionismo estatal en la economía provocan severas enfermedades económicas y que la sociedad debe pararles los pies a los clows cuanto antes pero su diagnóstico es muy ingenuo. La enfermedad que producen 50 años seguidos de inflación keynesiana (no 15) es mucho más severa de lo que imaginan: la ausencia de un capital que ha sido consumido y no la distorsión estructural de un capital que ha sido mal asignado (que también). Por otro lado, parecen pensar que los errores inducidos por el intervencionismo estatal son erráticos, desinteresados y debidos a la impericia de los clowns y a la imposibilidad teórica de que la optimización de la asignación de los recursos pueda ser “calculada” centralmente. Aunque la inmensa mayoría de los clowns neo-mercantilistas son obscenamente estúpidos y actúan como tontos útiles en el sistema y aunque obviamente quienes dirigen los bancos centrales, decretan los tipos de interés y modulan el flujo de financiación no tienen ni siquiera una idea remota de qué es un banco, qué son los tipos de interés o qué pueda ser la financiación de una economía (o qué pueda ser una economía, para el caso), lo cierto es que el patógeno es implacablemente eficiente en lograr sus objetivos. Y es que el poder o la “inteligencia ciega” del patógeno estatal, como la del mercado, no depende de la inteligencia individual de quienes solo son engranajes de la máquina.

Los “tipos de interés artificialmente bajos” son mucho más que un error producto de la impericia de unos reguladores cegados por su ignorancia económica y su enfermiza arrogancia. Los tipos de interés artificialmente bajos, aún siendo el signo de una enfermedad económica devastadora que afecta a los tipos de interés que, literalmente, son el latido del corazón de la economía, solo son un síntoma de algo más profundo, de una enfermedad más devastadora que la de la pobreza. Los tipos de interés artificialmente bajos solo son el signo económico que acompañan siempre a una sociedad enferma en la que el Estado crece hasta aplastarla, los tipos artificialmente bajos son el signo de una sociedad que ha decidido sacrificar el futuro.


“En el largo plazo, todos estaremos muertos” Baron Keynes of Tilton


En el largo plazo estarás muerto tú, hijo de p*ta pero seguirá habiendo niños que quieran vivir. Pocas frases pueden mostrar de forma más fría, siniestra e implacable el egoísmo inhumano al que pueden conducir el servilismo patológico a un criminal despreciable.

Los “tipos de interés”, técnicamente una “frecuencia propia” de los fenómenos económicos, miden la velocidad a que transcurre el tiempo económico y también, de forma equivalente, lo lejos que queda y lo importante que es el futuro.

El Estado crece cuando una sociedad decide despreciar y sacrificar el futuro y el crecimiento del Estado se basa y establece esa aniquilación del futuro. Es rechazo a cualquier trabajo, esfuerzo o sacrificio, la destrucción de la naturaleza y el consumo del capital, la ausencia de niños, el colapso demográfico, los abuelos sin nietos o los tipos “artificialmente bajos” son todos ellos síntomas de una misma enfermedad.
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Advertencia para mentes sensibles: La introducción a los “tipos de interés” que sigue, destila un inconfundible aroma a lunático pero no se deje amedrentar porque no hay nada de eso. Lo que sí es delirantemente lunático, es la descripción de los tipos de interés que encontrará en Wikipedia o en cualquier texto universitario de economía al uso. Si esto lo que sigue le suena lunático y lo otro no, es solo porque ellos, los lunáticos, han dispuesto de mucho tiempo y de mucho poder para inducir en el subconsciente colectivo el contenido de su grotesca superstición mediante un proceso de lavado de cerebro e hipnosis colectiva.


Nota técnica (Tocho1 sobre “tipos”):

Cuando bajan los “tipos de interés”, baja, por ejemplo, el precio de la renta del alquiler de una vivienda al mismo tiempo que sube el precio de las viviendas. El precio de la renta de alquiler es proporcional al valor que obtiene quien vive en esa casa a cambio de pagar esa renta. La vivienda es un fragmento de capital que produce un flujo continuo de riqueza. Este flujo de riqueza que produce la vivienda consiste, para quien vive en ella, en refugiarse del frío en invierno, tener un lugar donde cocinar, guardar las cosas o donde los niños puedan jugar sin escaparse. Es valor que produce la vivienda y el valor que compra el inquilino cuando paga su renta, depende de lo cómoda o ventajosa que se vuelva la vida cuando se vive en esa vivienda.

¿Por qué el precio de la renta de alquiler, el precio de comprar esta comodidad o esta vida más ventajosa, disminuye cuando bajan los tipos de interés?¿Una disminución de los tipos de interés hace que la vivienda se vuelva más incómoda y el servicio que nos presta menos valioso? No, obviamente.

El precio de la renta de alquiler disminuye, como los dividendos de las acciones, los cupones de los bonos o los intereses de los créditos, porque lo que compra una renta de alquiler no es un bien económico, un fragmento de riqueza sino un “flujo” de riqueza. Un flujo en el tiempo o “caudal”

Si un litro de gasolina tiene un precio de 1 euro y la manguera de la gasolinera produce un flujo de 12 litros de gasolina por minuto ¿Cuánto nos cobrará el gasolinero por mantener activada la manguera de la gasolinera mientras produce un flujo de gasolina que llena nuestro depósito?

Bien, está claro que eso depende de cuánto tiempo tengamos activada la manguera porque lo que compramos no es cierta cantidad de riqueza sino un “flujo de riqueza”. El flujo de gasolina que produce esa manguera tiene un precio de 12 euros / minuto, lo que hace que si mantenemos activado ese flujo durante, por ejemplo, 3 minutos, paguemos 36 euros.

El precio que pagamos es proporcional a la riqueza que obtenemos y en el caso de un flujo de riqueza constante en el tiempo, la cantidad de riqueza que obtenemos y el precio que pagamos es proporcional al tiempo. El tiempo, de eso tratan los tipos de interés.

La renta de alquiler, los intereses de un préstamo, el dividendo de las acciones, los cupones de los bonos, que son todos ellos “flujos de riqueza” disminuyen cuando bajan los tipos de interés. Si volvemos al ejemplo de la gasolinera, esto es como el que antes pagaba 36 euros por mantener activada la manguera de la gasolinera durante 3 minutos, ahora solo paga 25 euros los 3 minutos.

¿Ha hecho un descenso de los tipos de interés disminuir el valor de un litro de gasolina o la comodidad de esa vivienda en la que vive el inquilino? No, el valor cada litro de mercancía o de cada litro de vivienda no cambia y si el precio es más bajo es porque se obtienen menos litros de gasolina o de vivienda cuando los tipos son bajos porque disminuye el flujo.

Una manguera de menor diámetro o con un grifo más cerrado podría producir un flujo de 8 litros por minuto en lugar de 12 litros por minuto pero ¿Cómo los tipos de interés podrían reducir el flujo de comodidad o habitabilidad que proporciona una vivienda?

Esta es la parte más peliaguda de entender y ayuda a entenderla el cubrirse la cabeza con un gorro hecho con papel de aluminio. El flujo de riqueza que proporciona una vivienda a su inquilino, y a su arrendador, disminuye porque se expande el “tiempo económico”.

Recordemos que lo que define un flujo, por ejemplo, 12 litros / minuto es una cierta cantidad de algo en el numerador y una cierta cantidad de tiempo en el denominador. 12 litros / segundo, es un flujo 60 veces mayor que 12 litros / minuto, no porque cambie la cantidad de gasolina que figura en el numerador, sino porque cambia la cantidad de tiempo que figura en el denominador.

En los “contratos” que crea toda esa parafernalia legalista que rodea a la economía, los flujos se expresan como cantidades variables de algo, por ejemplo euros, en una cierta cantidad de “tiempo astronómico” que se considera absoluto. Donde “tiempo astronómico” es el tiempo corriente que marcan los relojes o el calendario. Una renta de alquiler de 600 euros, significa un flujo de 600 euros / mes, 600 euros mensuales o 600 euros cada 30 días.

Un mes en los “contratos”, es una cantidad de tiempo de 30 días, y cada día es el tiempo que el sol tarda en dar una vuelta a la tierra (aproximadamente el tiempo que la tierra da una vuelta sobre el eje que pasa por sus polos). La cantidad de tiempo que suponga un día, depende de la velocidad de rotación de la tierra y esa velocidad de rotación es constante según cierto entramado en que se apoyan los fenómenos físicos. La velocidad a que se mueven las agujas de un reloj es también constante según ese mismo entramado lo que hace que el reloj y el planeta se muevan sincronizadamente. Si construimos una manguera de gasolinera producirá un flujo que también está anclado en el mismo entramado físico que define la velocidad del reloj o el planeta. Esto significa que si mantenemos la manguera de gasolina con una configuración física constante, producirá un mismo flujo, una misma cantidad de gasolina en un mismo tiempo, tal como indican ese tiempo el reloj o la rotación de la tierra.

No es que el giro de la tierra fije o determine el flujo de la manguera sino tango el flujo de la manguera como la rotación de la tierra están determinados por un mismo entramado que ancla los fenómenos físicos.

Con el alquiler de una vivienda, la rentabilidad de un bono o el ritmo de acumulación de capital de una economía, esto no sirve. Los fenómenos económicos no ocurren a una velocidad física constante, como el movimiento de las agujas de un reloj o el flujo de una manguera, porque no es ese entramado físico, que ancla las leyes de la física, lo que determina esas velocidades.

Cuando medimos el paso del tiempo económico con un reloj o un calendario físicos, descubrimos que el tiempo económico transcurre unas veces a una velocidad mayor que otras. Los flujos económicos constantes, son constantes cuando se miden respecto al tiempo económico. Los contratos en la economía, sin embargo, expresan los flujos como ciertas cantidades de riqueza en ciertas cantidades constantes de tiempo físico. Esto produce la ilusión de que todos los flujos económicos cambian sincronizadamente obedeciendo misteriosamente a los cambios de los tipos de interés. Esto es ilusorio, no un fenómeno real, los flujos parecen cambiar solo porque los medimos con el reloj equivocado. Aunque un reloj físico define cantidades constantes de tiempo físico, define cantidades variables de tiempo económico y esas variaciones dependen de lo rápido o lento que vaya el tiempo económico en ese momento.

Si medimos los flujos económicos con un reloj que defina cantidades constantes de tiempo económico, comprobaríamos que esos flujos permanecen constantes. Acciones, bonos o viviendas suben de precio al unísono y dividendos, cupones o rentabilidades de alquiler bajan a la vez no porque haya un misterioso mecanismo de contagio que los sincronice, sino porque todos ellos son flujos económicos y no cantidades concretas de riqueza y porque esos flujos son constantes respecto a un mismo reloj económico que unas veces va más deprisa y otras veces más despacio que los relojes o calendarios corrientes cuyas unidades son utilizadas en los contratos.

No hay ningún fenómeno económico en la variación sincronizada de estas rentabilidades porque, en realidad, las rentabilidades no cambian. Lo que cambia es el desajuste de un reloj equivocado que se utiliza para expresar legal y contablemente esos fenómenos. Se trata de una ilusión de cambio debida al error cambiante con que esa realidad económica es erróneamente representada en contratos y balances contables, no en cambios económicos reales. (O al menos no en fenómenos económicos diferentes extrañamente sincronizados)

El inquilino, pagaba 600 euros por disfrutar durante un mes del flujo de comodidad que proporciona esa vivienda. Los tipos han bajado y ahora solo paga 500 euros. Veamos lo que ha sucedido y veamos porque sigue pagando lo mismo que antes.

Antes, el mes físico que figura en el contrato y miden los relojes, duraba lo mismo que un mes económico cuyo tamaño definiremos arbitrariamente y que marca cierto reloj económico. El mes físico está formado por 30 días del calendario que también son 30 días económicos. Todo esto hace que ese inquilino esté comprando por 20 euros / día el flujo que proporciona la vivienda.

Tras el descenso de los tipos de interés, el tiempo económico transcurre más lentamente (cuando se mide con un reloj físico). Esto hace que el mes económico dure ahora 36 días físicos (porque a un tiempo económico ahora más lento, le lleva más tiempo físico completar un mes económico). Cuando pase un mes físico del calendario, el inquilino habrá disfrutado de 30 días físicos pero solo de 25 días económicos, tal como los mediría un reloj económico. Como el precio fundamental de ese flujo de riqueza depende del entramado económico y no de la velocidad de los fenómenos físicos, la renta de alquiler baja de 600 euros el mes físico a 500 euros el mes físico, pero sigue siendo de 20 euros por día económico exactamente igual que antes.

No es, por supuesto, un cambio de los tipos de interés lo que hace que cambie el ritmo del tiempo económico. El tiempo económico varía su velocidad por razones económicas fundamentales y los tipos de interés de mercado simplemente miden la velocidad del tiempo económico en un momento dado.

Los tipos de interés están expresados como una cantidad de tiempo sino como el inverso de una cantidad de tiempo, son una velocidad o frecuencia propia. Algo parecido a la frecuencia de un latido. En una economía con tipos altos los fenómenos económicos trascurren rápido, utilizando cantidades menores de tiempo físico para completarse. Los tipos bajos corresponden a economías en las que los fenómenos económicos parecen ir más lentos cuando los miramos desde el tiempo físico.

Los economistas, no sé bien por qué, quizás simplemente porque lo ignoren, suelen mantener oculta la unidad de los tipos de interés, que como en todas las frecuencias, es el Hertz (Hz). (El Becquerel (Bq) que se hizo tristemente famoso por sus andanzas en Fukushima, es otro nombre de la misma unidad)

Cuando el BCE anuncia que sitúa los tipos de interés en el 2% está olvidando mencionar la unidad en que se expresa ese tipo de interés. El % no es una unidad sino un multiplicador, como “Kilo” en Kilómetro o “micro” en microfaradio. % simplemente significa “centi” y corresponde a un multiplicador de x 0,01. Así que 2% es solo un número, el número 0,02. Para que represente algo real como cantidad, tiene que ser una cantidad de algo, 0.02 “algo” por así decirlo. La unidad que no suelen molestarse en mencionar es “anual” y cuando hablan de un tipo de interés del 2% se refieren a un tipo de interés de “2% anual”.

Quien obtenga prestados 100 euros, deberá devolver 102 euros cuando pase un año. Quien preste 100 cabras recibirá 102 cabras cuando pase un año.

Naturalmente, este tipo de interés de 2% anual, no trata de euros o cabras ni del valor de los euros o de las cabras, de lo que trata, lo que define es que significa “cuando pase un año”, lo que define es la duración de un año legal medido en tiempo económico. La relación de velocidades entre el tiempo que determina los fenómenos económicos y el tiempo que miden los relojes.

“Anual” es 1 / año, una cantidad de tiempo de un año físico en el denominador, una magnitud que es una “inversa del tiempo” o una frecuencia.

Una frecuencia de 2% anual, es una frecuencia de 1.6 nanoHz.

Los fenómenos “lentos” a escala humana, las olas del mar en la playa, la oscilación de un terremoto o el latido del corazón, tienen frecuencias propias entre décimas y algunos Hz. El latido de la economía es entonces unas 1.000 millones de veces más lento que el latido del corazón de una persona. Solo un mercado permite detectarlo y medir su velocidad.




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