ESPAÑA DE PIE

Un lugar con buen talante y pluralidad democrática donde se debate lo más relevante de la política y la actualidad nacional e internacional.

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Mensajepor Invitado » Mar 16 May, 2017 8:58 pm

la gusana está perdida, solo dice chorradas ..... galopar dice, como mi jaca ..... que hostión te vas a llevar y yo me alegraré ...... pobre andalucía de panzas agradecidas ... para tener dicho elementa como presidenta.
bueno te quedará madrid ....... por la rubia de bote .... que nos salió rana. los pepones se alegrarán.

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Mensajepor Invitado » Jue 06 Jul, 2017 8:21 pm


EuroTuerka - ¿La libertad de expresión tiene límites?
Entrevista a Cassandra Vera y mesa de debate

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Mensajepor Invitado » Jue 06 Jul, 2017 8:35 pm

Hay que subir las dosis de hormonas a Ramón.

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Mensajepor Invitado » Lun 30 Oct, 2017 1:50 pm

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"La libertad de expresión en España es como los billetes de 500: no hay para los pobres"

Alfredo Remírez es el primero de los 76 detenidos por sus comentarios en redes sociales que ingresará en prisión

Alfredo Remírez tiene 37 años, vive con su pareja y un niño pequeño. Trabaja en una taberna en Bilbao, aunque tiene estudios como auxiliar de enfermería. Esa vida, no obstante, quedará en suspenso en los próximos días. La Audiencia Nacional ha ordenado recientemente su ingreso en prisión en cumplimiento de una condena por enaltecimiento del terrorismo del Tribunal Supremo en 2009 por unos hechos que se remontan a agosto de 2005. Está a la espera de una llamada, una notificación, que le diga que ya ha llegado el momento.

Remírez ha sido condenado en dos ocasiones por el delito de enaltecimiento del terrorismo. El primero, al portar un muñeco de cartón con la cara del condenado por colaboración con ETA Santos Berganza en el Salón de Plenos del Ayuntamiento durante el chupinazo de 2005. La segunda, que ha provocado su ingreso en prisión por la reincidencia, por dar la bienvenida en la red social Twitter a miembros de ETA a su salida de prisión tras cumplir condena. Remírez, de hecho, fue detenido el mismo día que el cantante César Strawberry durante la Operación Araña III. Y será el primero de los 76 detenidos por sus comentarios en redes sociales que ingrese en prisión aunque cumplirá la primera condena, de un año de cárcel.
"Tengo bastante claro que entraré en prisión a principios de mes. Estoy nervioso. A nadie le agrada entrar en la cárcel y menos por algo tan chorra y tan injusto. Tengo un trabajo que tengo que dejar, en una taberna. Se va a romper mi familia. No es fácil. Claro que sufro ansiedad. Están siendo unos meses muy chungos. Qué le vamos a hacer", responde Alfredo al otro lado del teléfono, desde Bilbao, justo después de terminar de dar de comer al menor.

http://www.publico.es/sociedad/operacio ... obres.html

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Francoland

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Mensajepor Francoland » Mar 31 Oct, 2017 11:39 pm


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Mensajepor Invitado » Sab 04 Nov, 2017 7:35 pm


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Pablo Hasél - Fascismo moderno

Mensajepor Invitado » Jue 30 Nov, 2017 5:12 pm


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Mensajepor Invitado » Sab 02 Dic, 2017 5:49 pm

¿ Cómo se utiliza Cataluña para no cambiar España ?

La Constitución no está para fiestas. El gobierno de Rajoy es, como bien diría Josep Pla, un pantano de mierda. La oposición de Sánchez no puede, quiere o sabe reventarlo. El cambio del presidente del Tribunal que ha de juzgar la caja B del PP, así como el nombramiento de un ponente ad hoc, es una nueva muestra de la separación de poderes, más propia de un Estado de la Derecha que de un Estado de Derecho. Ni siquiera una aberración democrática, como es la aplicación inconstitucional del 155 es denunciada por el PSOE; sino que, además, es avalada por esta sigla con una larga trayectoria histórica que nunca ha sido cómplice de políticas represivas contra los adversarios. Mientras la España oficial roba, encarcela y difama, la España real se ve incapaz para defender la decencia, la justicia y la información. ¿Por qué?

La cuestión catalana envenena los sueños progresistas de la sociedad española tanto como alimenta los felices de la derecha. De ahí que Rajoy y Rivera se bañen en las lágrimas de Sánchez e Iglesias. La real plurinacionalidad del Estado español impide hoy el cambio en España. Sobre la fragmentación territorial de la izquierda avanza la mayoría absoluta de la derecha. Sobre la clara desunión de las fuerzas democráticas cabalga ahora la involución política hacia los tiempos anteriores a la Constitución. Mientras el PSOE cree ver en los ojos de Podemos una supuesta paja subalterna del independentismo, por defender un referéndum pactado como el aplicado por los tories de Cameron sobre la cuestión escocesa, no ve esa real viga de la subordinación al 155 del PP en sus propios ojos, sin tener en cuenta que Iglesias tan solo propone mientras que Sánchez ejecuta.

El PSOE no se atreve a enfrentarse a la España Oficial, Podemos no puede hacerlo en solitario. Cuando se escriba la historia real de lo sucedido en este último otoño, encontraremos probablemente la respuesta a la pregunta de por qué Sánchez renunció a presentar la reprobación de la comandante en jefe de la salvajada policial de Barcelona, acaecida el pasado 1 de octubre tras una muy desafortunada intervención del Borbón. Los socialistas tenían al alcance de su mano encabezar la reacción democrática de toda la España real a la involución de la España oficial -para ello las bases habían colocado en Ferraz al defenestrado Sánchez- y la desecharon tanto al no apoyar una moción de censura de Podemos contra la corrupción de la banda de Rajoy, como al no atreverse a presentar una moción de censura propia por la irresponsabilidad de la Moncloa en la gestación del desafío de la Generalitat.

Esa falsa e inútil contraposición de la derecha, uninacionalidad oficial frente a plurinacionalidad real, intenta impedir el cambio de la sociedad española que vendría, irreversiblemente, de una propuesta conjunta de todas las fuerzas progresistas sobre Cataluña. No es tanto la configuración territorial de España la que inquieta a los habituales de los paraísos fiscales, su patrioterismo no va más allá de sus bolsillos, sino la perspectiva de una alternativa socioeconómica que sustituyera el gobierno de sus intereses por el gobierno de los intereses de la mayoría de los españoles. Es tanta su preocupación que no les es suficiente la explotación de la cuestión catalana sino que empiezan a adelantar, por si acaso, la cuestión vasca como ejército de reserva. Los músicos mediáticos sobre el cupo vasco señalan la partitura diestra que tocan.

Crisis social, territorial y política van estrechamente ligadas. Si la España oficial se centra en la territorial, la España oficial lo hace en la social. Justamente se agrava el problema territorial para intentar evitar que la crisis social estalle en la dura cara de los gobernantes. Si todas las fuerzas progresistas no logran salir de ese laberinto nacional, en el que la derecha ha logrado encerrar hasta ahora a la izquierda, estarán condenadas a sufrir un 155 social como el territorial que hoy se aplica. Para evitar precisamente que mañana afeiten las barbas de la cuestión social como hoy se las afeitan a la territorial, Iglesias las pone ahora en remojo jurídico con el necesario recurso sobre el 155 que va a presentar en el Tribunal Constitucional, para que siente un precedente sobre su futura utilización.

Pero esa oportuna iniciativa no puede ni busca ir más allá de una estrategia jurídica defensiva. Está bien, como dice el refranero popular, prevenir para no tener mañana que luchar por la liberación de presos políticos procesados en sumarios sociales. Es obvia la necesidad de tener una clara estrategia política y ofensiva que desemboque en una alternativa democrática que resuelva tanto la cuestión social como la territorial. Decirlo ahora, cuando las dos derechas han logrado encerrar en una torre de Babel a la izquierda instrumentalizando la cuestión catalana, puede parecer tanto como predicar en el desierto; pero mayor división se daba bajo la dictadura del general Franco e incluso en los tiempos preconstitucionales de Carlos Arias Navarro, tan añorados por Rajoy-Rivera, y no pudieron impedir las conquistas democráticas que hoy recortan con botas de siete leguas,

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Mensajepor Invitado » Lun 25 Dic, 2017 3:34 am


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Mensajepor Invitado » Lun 15 Ene, 2018 3:27 am

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Asamblea en la Puerta del Sol durante el 15-M.


Rebeldes desde el sofá: la gran mentira de la indignación


Levantó del sofá a parte de la sociedad española, situó el país en el mapa de la revuelta, generó esperanza, puso los mimbres de una nueva forma de hacer política y aceleró el fin del bipartidismo en una nación asentada en tal dinámica. Era 2011, el despertar de la indignación y del 15-M en España. Era también la época en que las redes sociales deslumbraban y acercaban, peligrosamente, al interminable pozo de la opinatitis.

En 2012, además, la plataforma de origen estadounidense Change.org se fusionó con la española Actuable y comenzó a popularizarse en nuestro país una nueva forma de participación social que se sirve precisamente de la indignación como empuje: el clicactivismo. No es la única estructura que permite que cualquier ciudadano, presuntamente, genere cambios a golpe de clic. Existen también Avaaz, CitizenGo, Facebook y hasta la organización conservadora HazteOir.org lo fomenta

Más de un lustro después, se impone la reflexión. ¿Hasta qué punto la indignación lleva a la acción? Y, mientras tanto, ¿nos ha convertido el proceso de indignarnos, al calor de las redes sociales, en jueces y opinadores de salón? Piensa el escritor Santiago Alba Rico, autor, entre otros volúmenes, de Ser o no ser (un cuerpo), publicado por Seix Barral en 2017, que "el que se indigna se cree justo" y siente, además "un enorme placer en sentirse justo y, por tanto, en indignarse". En este bucle en el que cualquiera puede convertirse en "justiciero", Alba Rico cree que "se han abierto dos vertientes: una positiva, resultado de una crisis institucional, como fue el 15-M, en la que una indignación colectiva puede ser matriz de cambios y de una nueva conciencia, y una segunda que fomenta que nos pasemos el día aplicando sentencias sumarísimas, como si viviéramos en un estado de guerra permanente".

"El problema llega cuando la indignación se fragmenta y se individualiza a través de las redes sociales. Lo propio de las guerras es que, mientras duran, se suspenden las garantías procesales que suelen conducir al fusilamiento del acusado. Estamos constantemente fusilando a todo el mundo, con el placer de sentirnos justos allí donde no podemos hacer otra cosa que indignarnos", desarrolla en conversación con Papel.

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Cartel de los indignados en la Puerta del Sol.

Esas mismas redes sociales son, sin embargo, las que permiten que el llamamiento de cualquier ciudadano tenga posibilidades de éxito a través un gesto que, en principio, es signo de generosidad: compartir. Sólo que en esta era lo que se comparten son peticiones de cambio digitales o posts indignados. José Antonio Ritoré, director de Change.org, menciona el caso de Anna González, cuyo marido fue atropellado por un camionero cuando montaba en bicicleta en 2013 y murió en el acto. El conductor no se detuvo, luego fue acusado de una imprudencia leve y, después, se archivó la causa. "Esto es imparable porque convierte a personas anónimas en líderes de movimientos. Este mes se vota en el Congreso la modificación del Código Penal para que se amplíe de cuatro a nueve años de prisión la condena para los conductores que arrollen a ciclistas o peatones. Anna puso de acuerdo a toda la comunidad ciclista y a todos los partidos", cuenta.

Ritoré reconoce que "son la indignación y el asombro los grandes movilizadores de opinión y de viralidad" y también que "esto no explotó hasta que lo hizo el 15-M". "Hay personas que deciden convertir la indignación en acción y usan el punto de partida de la petición. Son personas que lanzan un grito al vacío, en un momento de desahogo y, al final, Change canaliza ese desahogo en empoderamiento", resume.

Es lo que el escritor y ensayista Eloy Fernández Porta -Premio Anagrama en 2010 y Premio Ciudad de Barcelona de ensayo en 2012- describe como la indignación que "hace hablar bien". "El indignado se vuelve locuaz, elocuente, se hace escuchar llevado por la ira, encuentra de pronto en su vocabulario términos que no suele usar y formas sintácticas que no se le habían oído antes".

"Según la teoría clásica de la argumentación, la indignatio tiene el propósito de conmover a los oyentes para que simpaticen con la indignación del orador, detestando, como él, a sus adversarios y sintiendo desdén por los actos que él mismo desdeña. En la Grecia clásica, sólo Aristóteles defendió el valor oratorio de la indignación, porque el código argumentativo imponía dejar fuera del discurso los factores emotivos y pasionales para atenerse a los hechos", amplía este escritor.

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Manifestación en Puerta de Hierro (Madrid).

Pero la indignación es básicamente emoción, y así la define, entre otros, la investigadora Emmy Eklundh que, en 2014, analizó el movimiento en su ensayo Who is speaking? The indignados as political subjects: "Uno podría decir que los indignados no tienen una reclamación unificada, algo que es común en los movimientos de protesta, como el feminismo, el movimiento gay o los verdes. Su nombre es una emoción en sí misma y no una reclamación", afirmaba.

En ¡Indignaos!, Stephane Hessel advertía de que era la "indiferencia la peor de las actitudes". Y el intelectual Fabrizio Andreella recuerda que, el 11 de febrero de 1917, Antonio Gramsci publicaba en La Città Futura "un apasionado artículo en contra de la indiferencia como 'peso muerto de la historia' que 'opera pasivamente pero opera'". "Odio a los indiferentes porque me molesta su lloriqueo de eternos inocentes", escribía. Un siglo más tarde, Andreella insta a preguntarse "cuáles son hoy los nuevos rostros de la indiferencia y del lloriqueo inocente".

Sostiene este escritor italiano que "una nueva forma sutil de indiferencia es la indignación, que es una especie de indiferencia con verborrea". "Todos nos indignamos por algo. Por lo que hacen el Gobierno, los jóvenes, los medios, la economía, la Iglesia, los yihadistas, los pedófilos... Cada quien tiene su dosis de indignación que defecar y, ahora, las letrinas más populares tienen paredes transparentes: se llaman redes sociales. Hoy, indiferencia e indignación van de la mano, se sostienen la una a la otra. La primera sirve para sobrevivir al fracaso de los sueños colectivos. La segunda, para no cargar con la responsabilidad o complicidad de ese fracaso".

Su discurso se alinea con el de Alba Rico cuando éste afirma que "cada uno se aferra a su propia indignación como un indicio irrefutable de su propia capacidad para la justicia". "En paredes virtuales fusilamos a quien no nos cae bien y esto es peligroso porque las redes han eliminado las mediaciones. Pensamos directamente en la Red y esto obliga a replantearnos en términos jurídicos la frontera entre lo público y lo privado; la linde entre pensar y hablar ha quedado borrada porque el pensamiento de la humanidad queda expuesto a la luz", amplía.

Y se pregunta si "se pueden penalizar los pensamientos". "Diría que no. Ocurre ahora que el cerebro de la humanidad es enteramente transparente. Han quedado suspendidos los protocolos y las ceremonias, pensamos con nuestra indignación. No debería ser considerado delito pero deteriora los protocolos de convivencia que han permitido a los seres humanos relacionarse sin matarse", piensa.

Andreella cree que "la indignación se ha vuelto un género literario con la llegada de los social media, en un modelo de business donde el complot y la provocación son los ingredientes principales para organizar la admiración del ego hacia su misma perspicacia". Piensa este pensador muy preocupado por "esta época dura" en que vivimos que "la indignación se manifiesta como un estado de ánimo autosuficiente y endémico que ya no necesita de la realidad para sustentarse. Al contrario, determina la manera en que la realidad es percibida y estructurada".

Por todo lo anterior, considera Andreella que quedamos "atrapados en la indignación" y que, así, "no podemos intervenir en la realidad porque estamos demasiado preocupados en describirla". "Indignarse no es interesarse en la realidad sino más bien una toma de distancia psicológica que rechaza una implicación en lo que existe cerca de nosotros y hace evaporar las buenas intenciones".

Todo resulta bastante propio del carácter español porque, como afirma Borja Adsuara, profesor y consultor de estrategia digital, "tenemos un problema para asumir la parte de responsabilidad que nos toca". "No sabemos quejarnos, nos encanta hacerlo pero lo hacemos mal, de una forma más explosiva que efectiva. En un primer momento, la indignación es instintiva, desde el sofá, pero debería pasar de la protesta a la propuesta", apunta. Y defiende el valor de la indignación en tanto que, en esencia, "uno se indigna porque observa que algo va en contra de los derechos humanos y busca recuperarlos".

Sobre este nuevo activismo, apuntaJoaquín Marqués, profesor en la Universidad de Barcelona y autor de Los criterios de noticiabilidad como factor de éxito del clicactivismo, el caso de Change.org, que "el clicactivista no pasa a la siguiente fase por comodidad o por su situación personal". "Su comportamiento es poco reflexivo. Si una petición le despierta simpatías, habrá más posibilidades de que la firme, y esto depende de por qué canal le llegue; tendrá más eficacia si se la manda un amigo por WhatsApp, o si lo recomienda un influencer de su confianza".

Explica el investigador de la Universidad de Turku, en Finlandia, Henrik Serup Christensen, que los investigadores del slacktivism -participar de peticiones que nos hacen sentir bien con nosotros mismos pero no llegan a nada- están cada día más convencidos de que "la Red hace poco por ayudar a los ciudadanos a movilizarse". "Sólo los gestos cotidianos de una mayoría silenciosa y no las palabras memorables de una minoría habladora pueden renovar una ética y una política adecuada a los desafíos de esta época", propone Andreella.

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Mensajepor Invitado » Sab 27 Ene, 2018 2:16 pm


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Mensajepor Invitado » Dom 11 Feb, 2018 6:34 pm

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Sánchez se suma al grito "no nos resignamos" y llama a la "rebelión"

Se compromete a estudiar que los autónomos no coticen por encima de sus ingresos, a acabar con los 400.000 interinos y a implantar el IVA en la sanidad privada.

Si en anteriores asambleas abiertas el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, hizo múltiples guiños a las reivindicaciones del movimiento 15-M, en su intervención este sábado en Castellón se sumó directamente al grito “No nos resignamos”, que fue bandera de esta movilización ciudadana.

Sánchez señaló que una parte de la ciudadanía está en la resignación y cree que todo se circunscribe a la economía y al mercado, “contra lo que no puede luchar”. El líder socialista indicó que esto no es así. “Vamos a rebelarnos”, dijo, “porque queremos remover, perturbar las conciencias de muchos ciudadanos para que griten ¡Basta ya! Porque otro camino es posible”.

El dirigente socialista dijo que la solución pasa por respuestas socialdemócratas, “que pongan al ser humano en el centro de todas las decisiones políticas y económicas, y que haga una apuesta reformista que acabe con esta época de parálisis”, dijo.

Sánchez, en una primera intervención que sonó a una arenga en toda regla, pidió a los suyos que se movilizaran para este fin, “porque el cambio es posible, ganaremos a la derecha y, aunque no sea en dos telediarios, la ganaremos en dos años. Nosotros, no nos resignamos”, exclamó.




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