Franco tenía un solo cojón.

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Mensajepor Invitado » Mié 16 Ago, 2017 2:59 am

Invitado escribió:
:roll:


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Momento en el que el pleno de Sada votaba el sábado iniciativas encaminadas a la incorporación del Pazo de Meirás a patrimonio público y que sea el ayuntamiento quien gestione las visitas al inmueble.


El silencio del PP y el poder de la familia Franco

La gestión del Pazo de Meirás no debe estar en manos de la Fundación Francisco Franco


Nos podemos escandalizar de que al otro lado del Atlántico los supremacistas blancos defiendan a sus líderes confederados con violentos ataques a quienes se manifiestan en contra. Y sobre todo de ese presidente al que le cuesta condenar según qué conductas. Trump es mucho Trump. Pero a este lado también tenemos buenas razones para escandalizarnos de miserias que no generan las condenas ni las actuaciones que deberían ser obvias por parte de todos.

La familia de Francisco Franco, que se apropió ilegítimamente del Pazo de Meirás durante la dictadura mediante donación del pueblo gallego, y que lo ha mantenido en su poder de forma incomprensible, no solo no ha renunciado a una propiedad que no le corresponde salvo por la corrupción que desempeñó su patriarca, sino que ha cedido la gestión de las visitas a la fundación que lleva su nombre y que loa al generalísimo en cuanto tiene ocasión. Su presidente, Jaime Alonso, anunció en un comunicado que utilizará las visitas para mostrar “la grandeza” del ferrolano, cuya gloria cree no tiene parangón en España desde Felipe II.

El Ayuntamiento de Sada, donde se ubica el pazo que fue de Emilia Pardo Bazán, aprobó el sábado reclamar a la Xunta que aparte a la Fundación de la gestión de las visitas y se la traspase al municipio. La familia está obligada a abrir el pazo cuatro veces al mes tras su declaración como Bien de Interés Cultural y ya ha sido expedientada en dos ocasiones por no cumplir.

La moción se aprobó con la abstención del PP. La viceportavoz del Partido Popular de Galicia Paula Prado llegó a pedir a esta oposición “que se preocupa tanto por la Fundación Francisco Franco” que se preocupe más por los venezolanos. “El dictador se llama Nicolás Maduro”, dijo en una emisora local. Aunque qué otra cosa iba a hacer si hasta Rajoy responde “Venezuela” cuando Pablo Iglesias le pregunta en el Congreso por la corrupción. Nadie sabe por qué, pero Venezuela parece a estas alturas un fantástico comodín de la llamada para el PP.

El presidente Feijóo ha prometido emprender acciones legales contra la Fundación si se detecta alguna actuación ilegal y esta debe de estar temblando, a juzgar por la desaparición del comunicado de su Facebook. En él decía: “La Fundación Nacional Francisco Franco ha recibido como un honor la decisión de que gestionemos las visitas al Pazo de Meirás. Es una excelente oportunidad para mostrar al gran público la grandeza de la figura de Francisco Franco. El Pazo es hoy uno de los lugares emblemáticos de Galicia y sobre él recae parte de la gloria de quien lo habitó, probablemente el español de mayor relieve mundial desde Felipe II”. Recordaremos que Hitler también tuvo enorme relieve.

Algunos quisiéramos que el partido en los gobiernos de España y de Galicia condenara sin equívocos a los defensores de Franco y cerrara la puerta a su poder con la misma intensidad con la que deseamos que Trump condene sin excusas y a ser posible con prisa el racismo y el supremacismo. ¿Lo pueden intentar?


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Mensajepor Invitado » Dom 20 Ago, 2017 6:45 pm

con Franco se vivia peor .... :cry:

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Mensajepor Invitado » Mar 22 Ago, 2017 5:49 pm

con Franco no habia problemas con los moros ....

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Mensajepor Invitado » Jue 14 Sep, 2017 3:16 am


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Mensajepor Invitado » Lun 18 Sep, 2017 2:17 am

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La risa de Isaac

Fernanda Tabarés


La mujer del dictador sentía una desbordante pasión por las joyas. Les pasa a muchos tiranos, ese apego por el coleccionismo estrafalario, desde los 1.300 pares de zapatos de Imelda Marcos a las cabezas humanas en el congelador de Idi Amin. A Carmen Polo le ponían las alhajas y las joyerías de la Gran Vía. Cuando las visitaba, un emisario revisaba la ruta un rato antes para recomendar a los comerciantes que fueran generosos. Todo muy voluntario. Algunos reunían el coraje suficiente para cerrar la tienda antes de que llegara la señora y evitar así la ruina y la indignación. Una cerradura podía ser un acto de rebelión política con consecuencias imprevisibles.

Se ve que los Franco disponían así de las cosas. Era todo muy voluntario porque llegaban a los sitios y a todo el mundo se le despeñaban las ganas de regalarles cosas. Pasó el 30 de agosto de 1961 durante una exposición de arte románico en el pazo de Xelmírez. Las joyas de la muestra eran dos esculturas del pórtico de la Gloria, Isaac y Abraham, esculpidas por el Mestre Mateo y para entonces propiedad de la ciudad de Compostela. A doña Carmen le debió de asaltar el mismo instinto y a los comisarios de la muestra el mismo ímpetu que a los joyeros de la Gran Vía: las tallas acabaron en casa del déspota, cuya familia sigue custodiando hoy el expolio. Todo muy voluntario.

Según el Génesis, Isaac era el hijo de Abraham. Lo concibió Sara a una edad improbable para gestar: 90 años. Cuando se le reveló la noticia, Sara improvisó una risa incrédula, esa carcajada con la que impugnamos las chorradas. Eso significa Isaac: ‘risa’. Lo que llevan haciendo los Franco desde 1975 cada vez que se encuentran las estatuas de Mateo en el salón: reírse de lo gallegos.

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Mensajepor Invitado » Jue 19 Oct, 2017 7:31 pm

Recopilatorio de los Mensajes de fin de año de Franco (1957 y 1958)


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Mensajepor Invitado » Jue 16 Nov, 2017 3:08 am

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Iglesia de San Xián de Moraime, en el ayuntamiento de Muxía (A Coruña).


El antojo de Carmen Polo

Un abogado lucha por la devolución de dos pilas medievales que la esposa de Franco usurpó en 1960 de una iglesia de Muxía

SONIA VIZOSO


Cuentan en A Coruña que cuando Carmen Polo, la esposa de Francisco Franco, franqueaba tras su chófer los muros del pazo de Meirás para pasar el día en la ciudad, los anticuarios más avispados corrían a cerrar sus tiendas. Todos temían el ritual de la mujer del dictador: entrar, señalar, llevarse y no pagar. Ya le hubiera gustado al párroco de la iglesia románica de San Xián de Moraime, en el ayuntamiento coruñés de Muxía, haber sabido a lo que se exponía cuando “alrededor de 1960” recibió la visita de Polo al templo que regentaba, una antigua abadía benedictina levantada en el siglo XI y en la que se crió Alfonso VII.

La esposa de Franco se encandiló con dos pilones medievales de gran valor que adornaban el patio de la casa rectoral. Uno era estriado y destinado en otros tiempos a servir de pila bautismal para los nacidos en esta histórica aldea; el otro, liso y reservado para embalsar en su seno agua bendita.

Polo ordenó al cura, José Barrientos, que le enviara esas piezas a Meirás y, aunque también le dijo que solicitara los pertinentes permisos, el camión que al día siguiente llegó a la iglesia en nombre de la esposa del dictador para cargar los vestigios dejó claro que lo de las autorizaciones era solo parte del atrezzo. Alertado inmediatamente el Arzobispado de Santiago de lo ocurrido, las autoridades eclesiásticas, según relató el propio párroco, decidieron “no reclamar en aquel momento las pilas dada la identidad de la persona que las había tomado y su especial posición”.

De los pilones románicos no se ha vuelto a saber, mas ni siquiera la muerte del padre Barrientos, único testigo directo de aquella apropiación por parte de la familia Franco, ha logrado borrar del todo las huellas. El 3 de septiembre de 1980, poco antes de que el párroco falleciera, el abogado Celso Alcaina, originario de la aldea de Moraime y bautizado en la pila que el camión se llevó a Meirás, acompañó a Barrientos a la notaría del cercano municipio de Vimianzo.

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El abogado Celso Alcaina, en su casa de Madrid.

Allí fueron por consejo del entonces presidente de la Real Academia Galega, Domingo García-Sabell, con la esperanza de que el papel timbrado y la incipiente democracia obligaran a los Franco a devolver los pilones a San Xián. El cura, de 80 años, cargó hasta la notaría con los libros de inventario que demostraban la existencia de los desaparecidos pilones medievales de Moraime. Y así fue cómo todo quedó registrado en un documento que, sellado cinco años después de la muerte del dictador, aún conserva el escudo franquista del “una, grande y libre”.

Pese a las pruebas documentales y a que la iglesia de Moraime es Bien de Interés Cultural (BIC), la Xunta no piensa reclamarle los pilones románicos a la familia Franco. “La iglesia de San Xián de Moraime es propiedad de la Iglesia. Por lo tanto, quienes deben reclamar la propiedad de alguna de sus partes si así lo consideran adecuado son los titulares del bien”, alegan fuentes oficiales de la Consellería de Cultura. El Arzobispado de Santiago, por su parte, se limita a señalar que “estudiará el asunto”, examinando “la documentación que pueda existir procedente de la parroquia”.

Celso Alcaina, abogado y excura de militancia socialista, no entiende por qué las instituciones no han atendido sus denuncias. Durante la dictadura, dice, “bastaba que Doña Carmen levantara un dedo para que la Administración no hiciera nada”, pero desde 1980 sus gestiones ante el Gobierno central y la Xunta para que se restituyan los pilones románicos a su emplazamiento original han naufragado.

Tras ser alertado por Alcaina, en 2010 fue el alcalde socialista de Muxía, Félix Porto, quien envió a la Consellería de Cultura, que entonces dirigía el popular Roberto Varela, una carta reclamando formalmente que se impulsasen los trámites para recuperar las piezas que se llevaron los Franco. Aunque adjuntó el acta notarial donde el párroco José Barrientos denuncia lo ocurrido, el regidor confirma que nunca recibió contestación de la Xunta. Alcaina está convencido de que los pilones medievales, unas moles de granito de un metro de altura y "difíciles de transportar", siguen en los jardines del pazo de Meirás, a la vista quizás de los turistas, diputados e inspectores de Patrimonio de la Xunta que en los últimos años han entrado en la finca de los Franco.

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Mensajepor Invitado » Dom 19 Nov, 2017 3:04 am

CARMEN FRANCO:
‘‘NO TENGO MIEDO A NADA, NI TAN SIQUIERA A LA MUERTE’’

Hablamos con la hija de Franco días antes de publicarse su biografía novelada y con su autora, Nieves Herrero. “Tengo un cáncer terminal. Debe de ser de hace tiempo, pero lo he asumido y no pasa nada. No tengo tratamiento”.

MARÍA EUGENIA YAGÜE


Carmen Franco Polo ha sido siempre mujer de vida discreta y pocas palabras cara al público. En noviembre de 2015, al cumplirse 40 años de la muerte de su padre, rompió su silencio habitual y en una entrevista a La Otra Crónica descubrimos a un personaje que deseaba ajustar cuentas con la imagen que la gente tenía de ella. Y esa parece ser su intención en las 40 horas que ha pasado hablando con Nieves Herrero reflejadas en la novela histórica Carmen. El testimonio novelado de la hija de Franco. Una mujer testigo de la historia, editada por La Esfera de los Libros.

La periodista le da forma novelada a sus conversaciones con Carmen Franco, pero todo lo que cuenta este libro corresponde rigurosamente al testimonio directo de su protagonista, que al inicio de cada capítulo habla en primera persona.

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Carmen, posando en Machu Picchu. ARCHIVO REVISTA 'SEMANA'

Carmen Franco no ha quitado ni una coma del libro ni eludió pregunta alguna en cada conversación de dos horas y media con Nieves Herrero, a la que citaba a las 12 de la mañana en el salón de su casa de Madrid.

Hemos querido conocer su opinión sobre la novela de su propia historia. Y al otro lado del teléfono, su voz suena amable y ronca. Un resfriado propio de esta época.

"Bueno sí, ahora es catarro, pero lo que tengo es un cáncer terminal. Todo ha sido este verano, he estado 15 días de médicos y dicen que debe ser de hace tiempo, pero bueno, lo he asumido y no pasa nada. No tengo tratamiento, no hace falta, pero bien, muchas gracias por su interés".

La entereza y serenidad de sus palabras alejan cualquier tentación de dramatismo. Carmen Franco sabe mucho de infortunios y siempre ha salido airosa y entera de las adversidades vividas a lo largo de sus 91 años.

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En un párrafo del final del libro dice: "Aquí estoy, dispuesta a recibir aquello que venga, sin lágrimas, no tengo miedo a nada ni tan siquiera a la muerte, la he visto de cerca muchas veces y la conozco perfectamente. No le tengo miedo, no me pillará quieta, reivindico mi nombre porque no quiero ser juzgada por la vida de los demás ni la de mis padres ni la de mi marido ni la de mis hijos. Soy Carmen, nada más. Una mujer que ha sido testigo de casi un siglo de historia. No sé cuánto tiempo voy a vivir más, tampoco me importa. Hasta donde llegue he llegado...".


Sus hijos saben de su estado

Hablamos con su hijo Francis Franco del libro y nos sugiere que leamos un fragmento del epílogo: "Abuela, (le pregunta uno de sus nietos), ¿cómo te gustaría que te recordaran?". Y ella contesta: "Como una madre normal, aunque nunca he sido de dar muchos besos y esas cosas. Normal. Como decía de pequeña, soy muy corrientita. Recordadme como queráis".

Sus hijos conocen el estado de su madre, pero han preferido dejarlo en familia y que sea ella misma quien hable de su salud, como ha hecho ya con algunas de sus amigas.

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‘NO QUIERO SER JUZGADA POR LA VIDA DE LOS DEMAS’. “Y reivindico mi nombre”, cuenta la hija del dictador en la biografía novelada que se presenta la próxima semana. LOC ha hablado tanto con Nieves Herrero, autora del libro, como con la propia Carmen. “Tengo cáncer terminal, pero lo he asumido”.

Este verano, Carmen volvió exhausta de uno de sus viajes con una de sus mejores amigas, María Dolores Bermúdez de Castro. Cosa rara, porque hasta este mismo año no ha dejado de viajar por todo el mundo con una energía envidiable. Desde un crucero por el Caribe, que la llevó a la Cuba comunista de los Castro con la que Franco mantuvo una buena relación, a travesías en barco por los ríos europeos y partidas de caza, una de sus aficiones desde niña. Pero a los 91 años cualquier cansancio está justificado aunque ahora sabe que se trata de algo más.

Cuando le decimos a sus hijos que su madre habla de algo más que de un catarro, respetan su sinceridad: "Está pachucha, pero la cabeza la tiene perfecta, ahora, si ella te lo dice... Pero nosotros no somos nadie para hacer comentarios sobre su salud".

Lo cierto es que algunos episodios que le han ocurrido últimamente a Carmen Franco le han afectado bastante y pueden haber influido en su salud. Desde la petición de seis años de prisión para su hijo Francis a la persistencia de los partidos gallegos de izquierda en expropiar el Pazo de Meirás a la familia Franco. Una campaña que se ha hecho más insistente desde que los grupos afines a Podemos han entrado en los ayuntamientos gallegos.

"Desde que el pueblo donde ha pasado todos los veranos de su vida propuso declararla persona non grata, Carmen decidió no volver nunca más a poner sus pies en Meirás", cuenta Nieves Herrero. "Eso ha sido durísimo para ella".

En una ocasión, hablando este diario con la hija de Franco sobre el conflicto del pazo, le comentamos que el Gobierno socialista de Felipe González, o incluso el PCE de Santiago Carrillo, no removieron el tema y disfrutó durante años de bastante tranquilidad y hasta cierto respeto. "Es que aquellos eran políticos de otra clase", comentó con cierta amargura.

Por el contrario, según cuenta Nieves Herrero en la novela, Carmen siente un gran resentimiento hacia Adolfo Suárez y su primer Gobierno. No sólo por la sorpresa y el disgusto que produjo en la familia la legalización del Partido Comunista, una de las obsesiones del general Franco.

Carmen considera también que en el incendio del hotel Corona de Aragón en 1979, donde perdieron la vida 83 personas, los Franco no recibieron la ayuda ni la protección adecuadas. Toda la familia había acudido a Zaragoza para la graduación de José Cristóbal Martínez-Bordiú en la Academia Militar y salvaron su vida de milagro. Carmen le cuenta a Nieves Herrero que uno de los escoltas de doña Carmen Polo tuvo que ponerle una pistola en la sien a un bombero para que colocara una escalera en el balcón por la que evacuar a su madre.

Después de aquel incendio vino el que incomprensiblemente devastó el pazo de Meirás y la detención de Carmen en el aeropuerto de Barajas, llevando a Suiza unas medallas de su padre para hacerse un reloj con ellas. Se había desatado una especie de caza de brujas contra los Franco mientras gobernaba la UCD.

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Carmen Franco, junto a su hija, Carmen Martínez-Bordiú, en una imagen del pasado febrero.

El incendio de Zaragoza apuntaba a un atentado de ETA y su objetivo era sin duda, los Franco. Carmen, hija del caudillo de España durante 40 años, pasaba a ser la hija del dictador en la diana del terrorismo y una ciudadana cualquiera. La historia de esta caída de los dioses es uno de los mensajes que Nieves Herrero trasmite en su biografía novelada.

El episodio de las medallas obligó a Carmen Franco a dar explicaciones a la prensa por primera vez en su vida a su regreso de Suiza. Ella, que había sido una niña sin casitas de muñecas, sin amigas del colegio que nunca tuvo, que aprendió a montar a caballo, a jugar a piratas y a cazar con sus únicos compañeros de juego, los militares que rodeaban a su padre. Ella, que estuvo sobreprotegida por su madre, quien cortaba cualquier posible relación sentimental y nunca le permitió ir a un colegio y vivir como las chicas de su edad, tuvo que hacer frente al bombardeo de unos periodistas sin censura que la juzgaban sin miramientos.

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‘‘He estado 15 días de médicos. Estoy dispuesta a recibir lo que venga. Sin lágrimas’’

Nunca le pide explicaciones a sus hijos debido a la falta de libertad que tuvo hasta enviudar

Carmen siente un gran resentimiento hacia el gobierno de Adolfo Suárez

Lleva mal que quieran quitarle Meirás y no elude hablar de Serrano Suñer y Sonsoles Llanzol

La única vez que ha llorado fue cuando murió su nieto mayor, Fran, en un accidente

Carmen explicó que se trataba de medallas de escaso valor material, como demostró el comunicado que envió el relojero suizo que iba a hacer el encargo. Ella tenía un pasaporte diplomático que le hubiera permitido pasar la aduana sin enseñar su bolso, pero prefirió ir por el acceso normal con las amigas que la acompañaban porque pensaba que no cometía ningún delito. Y fue entonces cuando los primeros arcos de detección de metales instalados en el aeropuerto pitaron por las medallas y el episodio se convirtió en el escándalo del momento.

Pero aquello fue el aviso de que las cosas ya no volverían a ser como antes. Nieves Herrero asegura que ha sabido afrontar todas las circunstancias negativas porque es una mujer mucho más fuerte de lo que ella misma se considera. "Carmen ha sido educada en la disciplina, en el silencio, en contener sus sentimientos. No ha derramado una lágrima en su vida, excepto cuando murió su nieto mayor, Fran, el hijo de Carmencita y Alfonso de Borbón. Estaba en Costa Rica cuando ocurrió el accidente y en el avión que la traía en España no paró de llorar ni un momento. Las azafatas estaban impresionadas y no sabían cómo ayudarla. Es mujer fuerte y decisiones firmes. Cuando su padre salió de El Pardo para morir en el hospital, ella se puso una bata blanca y empezó a hacer paquetes con las cosas que se llevarían. Y el día que doña Carmen Polo abandonó la residencia familiar para siempre, ella decidió no pisar nunca más el palacio. Un día le propuse que fuéramos juntas y dijo que no. Jamás volvió".


Las controversias familiares

La novela de Nieves Herrero desvela episodios tan interesantes como inéditos de la infancia y la vida personal de Carmen Franco. Como esa niña que adoraba a su padre, aunque no le reconoció cuando tres meses después de estallar la guerra, regresó de Francia a donde había huido con su madre. Franco se había quitado el bigote por si le detenían para hacerse pasar por su primo Salgado Araújo. Estaba gordo, mandaba mucho y ya no le cantaba zarzuelas a su hija. La niña le hizo preguntas para comprobar que era el padre de siempre y no el doble del que se murmuraba en la calle.

Carmen Franco habla por primera vez del impacto que supuso en la familia el escándalo de los amores de Sonsoles de Icaza y Serrano Suñer, casado con una hermana de doña Carmen, novelado también por la periodista en su libro Lo que escondían sus ojos.

Y del primer amor de la joven Carmen con Ninín Suanzes, el guardiamarina Saturnino Suanzes de la Hidalga, una relación que doña Carmen cortó en seco. "Carmen nunca tuvo libertad, ni de movimientos ni para decidir. Su matrimonio con Cristóbal Martínez-Bordiú le permitió disfrutar de cierta libertad o de viajar por primera vez en su vida", cuenta Nieves Herrero.

Una falta de libertad que pesó en su actitud de respeto hacia los fracasos matrimoniales de sus hijos o la agitada vida sentimental de Carmen, la mayor."Siempre ha practicado con ellos el vive y deja vivir y nunca ha interferido en sus decisiones, todo lo contrario de lo que hicieron con ella", explica Nieves.

Carmen Franco ha querido hacer de este libro el testamento literario de un personaje del que se hablado mucho y al que se conoce poco. Una mujer coherente con sus ideas, con el respeto a su padre, "que a su manera sólo quiso el bien de España", elegante con el adversario.

"He llegado hasta aquí, dice, al final de una larga vida. Decían mis amigas que lo mejor que nos puede pasar a las mujeres es ser viuda. Yo no digo tanto...".

LA OTRA CRÓNICA EL MUNDO SÁBADO 18 DE NOVIEMBRE DE 2017

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Mensajepor Invitado » Dom 19 Nov, 2017 3:06 am

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Carmen Franco, vestida de novia por Balenciaga el día de su boda con el marqués de Villaverde, flanqueada por Franco, padrino del enlace, y la madre del marqués, María de la O Esperanza Bordiú. ARCHIVO SEMANA


CARMEN FRANCO
UNA VIDA A LA SOMBRA DE SU PADRE Y DE SU MARIDO

No se sintió libre hasta que murieron su padre y su marido: “Ya no tengo que rendir cuentas a nadie”, dice. Carmen Franco cuenta su vida como hija, esposa y madre a Nieves Herrero en su último libro, ‘Carmen’

NIEVES HERRERO


"Desconozco el tiempo que me queda por vivir, pero puedo asegurar que me da igual lo que hayan dicho o lo que vayan a decir sobre mí. Nunca he pretendido ser el foco de atención y voy a seguir así hasta el final". Habla Carmen Franco Polo desde el salón de su casa en Hermanos Bécquer, en Madrid. Ha preferido que mi imaginación no supla la verdad, su verdad, y me ha abierto las puertas de su casa y de su pasado. Es la primera vez que desvela sus recuerdos cotidianos, al margen de la política y de la figura de su padre, Francisco Franco.

Le hablo sobre la dictadura a Carmen y no parpadea, contesta sin ambages. Vivió siempre entre adultos, jamás asistió al colegio ni a la universidad. Su vida se forjó entre las paredes de los distintos cuarteles y palacios en los que vivió. La educación francesa se debió a sus dos institutrices. Salió del palacio de El Pardo para casarse con un aristócrata, el marqués de Villaverde, con quien tuvo siete hijos. Aunque ha sido muy explícita, en las distintas conversaciones que hemos mantenido, sobre el que fue su marido y sobre lo que piensa de sus hijos y de sus matrimonios, practica eso de "vive y deja vivir".

No fue realmente libre hasta que se quedó viuda de Cristóbal Martínez-Bordiú. Primero se sometió a la voluntad de sus padres, después a la de su marido. Hoy se siente libre y hace lo que quiere sin dar explicaciones a nadie. Ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos y ha pasado, sin solución de continuidad, de ser la hija del Generalísimo a ser la hija del dictador.

Fue guardiana del testamento y de la última voluntad de Franco. La vida le ha permitido convivir con personalidades de la talla de John Fitzgerald Kennedy o Eva Perón, entre otros muchos. También le ha hecho partícipe del cambio que supuso para los Martínez-Bordiú Franco la llegada de la democracia y, sobre todo, de los líderes de la UCD, quienes les dejaron patente que cualquier parecido con el pasado era pura coincidencia. Dice que su vida fue "más tranquila" con el gobierno de Felipe González que con el de Adolfo Suárez, con el que llegaron a sentirse perseguidos.

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Esta es la novela de su vida, construida desde su relato, desde sus vivencias. Primero con los ojos de una niña y, finalmente, con los ojos de una mujer que no tiene miedo a la vida y tampoco a la muerte. Esta es su historia...

No ha ido a una escuela, no ha entrado nunca en una cocina, no ha tomado decisiones por sí misma hasta que se quedó viuda. Siempre decidieron por ella y proyectaron su futuro sin contar con ella. Nadie, ni sus institutrices, le explicaron las grandes verdades de la vida; las tuvo que descubrir por sí sola. No pudo amar al joven del que se enamoró por primera vez. Hasta que no apareció el marqués de Villaverde, no consintieron sus salidas.

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Carmen Franco con su madre, Carmen Polo.
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Carmen recibió una educación francesa en casa por parte de dos institutrices, nunca fue al colegio. Recibió lecciones de piano, pero asegura que la música no es su pasión. ARCHIVO SEMANA
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EL ABUELO PACO Abajo, Francisco Franco con su nieta ‘Merry’, María del Mar Martínez-Bordiú, que hoy tiene 61 años. Franco llamaba a la niña ‘la ferrolana’ y posa con ella en esta foto en el barco ‘Azor’. ÁLBUM FAMILIAR
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Foto de los marqueses al llegar de un viaje. SEMANA
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Con su hija mayor, Carmen, nacida en El Pardo como todos sus hijos. ARCHIVO SEMANA
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Carmen Franco con su madre, Carmen Polo, con ellas Carmen, la ‘nietísima’
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El marqués de Villaverde en un viaje a EEUU con Jackie Kennedy.

Cristóbal Martínez-Bordiú fue su pasaporte al exterior de El Pardo. Desde ese momento, se movió sin escolta y se lanzó a viajar allá donde un avión se lo permitía. En Estados Unidos bailó con John Fitzgerald Kennedy antes de ser presidente de Estados Unidos; en La India compartió con el marajá de Jaipur la cacería de un tigre que finalmente abatió su marido. No hay un solo lugar del planeta que no conozca.

Asume que es la hija de Franco, incluso, que la llamen la hija del dictador. Asegura que su padre fue machista, "como los hombres de su época", y muy mandón en un momento en el que las mujeres contaban poco en las grandes decisiones.

Tiene pendiente ordenar sus papeles y las cintas de su padre que tiene grabadas en un magnetofón. Su vida contrasta con la de otras mujeres que pasaron penurias y hambre, así como persecución política. Ella habla desde su realidad y desde su mundo. Por primera vez, vislumbramos El Pardo desde dentro de los salones y de las habitaciones.


Lea el primer capítulo del libro 'Carmen', de Nieves Herrero

Enigmática, callada, fiel a su pasado, moderna, crítica hasta con su propia vida; hija, madre y abuela..., desde todas esas aristas nos ha prestado su vida. Espero que este viaje interior les ayude a ampliar el conocimiento de nuestra historia reciente.

Carmen ha asistido, desde primera línea de platea, a todo lo que sucedía en la España más opaca y hermética de nuestro siglo.

CON VOZ PROPIA


POR CARMEN FRANCO

“He llegado hasta aquí. El final de una larga vida. Decían mis amigas que lo mejor que nos puede pasar a las mujeres es ser viuda. Yo no digo tanto, pero desde luego, ahora que ya no tengo ninguna obligación ni ninguna responsabilidad, sí que me siento más libre. Puedo hacer lo que quiera cuando quiera y a la hora que desee. No tengo por qué dar explicaciones de mis actos. No tengo que rendir cuentas a nadie, ni tan siquiera a mis hijos. Procuro llevar una vida normal para que mis actos tampoco les comprometan ni perjudiquen. Soy libre. Más libre de lo que he sido nunca.

Durante gran parte de mi vida he tenido que hacer aquello que era lo correcto, lo que marcaba el protocolo de mi posición. Primero hija de Franco, después mujer de Cristóbal MartínezBordiú y, por último, Carmen a secas. Soy una mujer de mi tiempo. Nací en el hogar en el que se desarrollaron los acontecimientos que iban cambiando y transformando la historia de mi país. Viví entre algodones sin saber qué se hacía y qué no se hacía. En la guerra era una niña y no me enteraba de nada. Solo sé que tuve que cambiar de nombre. Elegí llamarme Teresa, y me escapé con mi madre a vivir a Francia. Después regresé al lado de mi padre en plena Guerra Civil y para mí fue un shock. Me encontré con un desconocido. Nada tenía que ver con el padre que dejé en Canarias. Un padre que me cantaba zarzuela y conducía su coche. Parecía otro hombre. Irreconocible. Le tuve que mirar durante un largo rato porque había cambiado por completo. Se había convertido en una persona diferente. Mandaba mucho y apenas podía hablar con él. Ya siempre le vi rodeado de gente. Ayudantes, militares, invitados… Nunca le pude ver a solas. Las comidas y las cenas eran nuestro punto de reunión, pero allí estaba prohibido hablar de aquello que fuera delicado. Yo me enteraba de lo que sucedía por mi madre o por mi entorno, nunca por su boca. Mis momentos junto a él fueron aquellos que la caza nos permitió compartir pero, repito, siempre con alguien a nuestro alrededor. Lógicamente, estuve más unida a mi madre, aunque la persona que más ha influido en mi vida ha sido él. Siempre fue machista, como los hombres de su época, y mandón. Las mujeres contábamos poco. Me acostumbré a ver, a oír y a callar. Desde jovencita leía muchos periódicos, era la única forma de enterarme de algo de lo que pasaba a mi alrededor”.



LA OTRA CRÓNICA EL MUNDO SÁBADO 18 DE NOVIEMBRE DE 2017

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Mensajepor Invitado » Dom 19 Nov, 2017 4:17 pm

Por estas caricaturas de Franco fueron fusilados el director y el dibujante de una revista satírica valenciana.

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