LA IZQUIERDONA

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Mensajepor Invitado » Mié 29 May, 2019 4:40 pm

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Mensajepor Invitado » Mar 04 Jun, 2019 1:32 pm


Repaso histórico de Federico a los 30 años de Tiananmen

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Mensajepor Invitado » Lun 29 Jul, 2019 2:49 am


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Mensajepor Invitado » Dom 11 Ago, 2019 3:15 am

Bájese los pantalones y enseñe el culo al nuevo McCarthy

DAVID GISTAU




POCAS bandas de rock pueden tener un aire tan institucional como los Rolling Stones. Armados caballeros y esas cosas. Y eso que, a diferencia de colegas como Bono, se han empleado poco en la actividad misionera. Pues bien, si los Stones programaran un concierto en España, aun tratándose de unos intocables supervivientes del infinitamente más libre siglo XX, tendrían motivos para temer la represión monjil de esos piquetes moralistas que tanto recuerdan lo que Berlanga decía de la censura franquista: «Me tienen miedo porque creen que voy a sacar un cura entrando en Pasapoga». Así, sin levantarme a mirarlo, como decía Umbral, se me ocurren dos canciones de los Stones que convierten a C. Tangana en un boy scout cantando himnos krausistas dedicados al excursionismo.

En una, Under My Thumb (Bajo mi pulgar), el querido Mick compara con una mascota a una novia, a la que tiene sometida a todos sus deseos y a la que maltrata psicológicamente porque le guarda rencor –toma empoderamiento femenino–. La otra, Midnight Rambler, ya es directamente para llamar a la policía porque, entre gemidos y contoneos cuando la canta en directo, Mick se entrega a una fantasía inspirada en el Estrangulador de Boston, en la que no faltan prolijas descripciones de puertas de dormitorios que se abren en plena noche, puñaladas y violaciones que no puede evitar el novio presente. «Cómo te duele», termina la canción.

En realidad, la música, el cine, la literatura, que sólo bajo las dictaduras aspiran a ser herramientas de adoctrinamiento social, ofrecen infinidad de relatos oscuros que indagan en los recovecos menos ejemplares de la condición humana –así como de la vida ahí fuera– y que parten de un acuerdo tácito entre el creador y su público: esto es un diálogo entre adultos. Esto provoca cortocircuitos terribles en las cabecitas del macarthysmo podemita porque se ha arrogado un deber de intervención social basado en estas dos hipótesis: que la sociedad entera es un ente infantil que ha de ser educado, y que las artes no son concebibles sino como herramientas de esta educación de masas tutelada por la infalibilidad del Estado.

El «arte decadente», como decía el nacionalsocialismo, en el que acaba de descubrirse incluido este C. Tangana, gloriosamente consagrado como malote gracias a los meapilas de izquierdas que se persignan a su paso, ha de ser apartado por un concepto de higiene social. Sobre todo si atenta al feminismo, que es la doctrina hegemónica, la que se legitima a sí misma para la función policial, aquella a la que nadie se resiste, ni siquiera un pobre diablo de ministro de Cultura, el cobarde Guirao, que acaba de autorizar supuestos para la censura basados en criterios ideológicos. No me jodas, hombre, pues como con Franco, aunque los criterios fueran otros.

Esta semana, hemos aprendido un par de cosas en materia de cultura. La primera, ya sabida en realidad, es que esto se ha puesto insoportable y que la dictadura cultural, puritana, ha convertido la rebeldía y el desacato en una obligación moral. Quién habría dicho que el espíritu punk acabaría donde está ahora. Espero que a los historiadores venideros les fascine esta sociedad que, en nombre de la pluralidad y el progresismo, fabricó uno de los mecanismos de aplanamiento mental más abrumadores de todos los tiempos. La segunda es que, si eres artista y te van a censurar, reza para que lo haga la derecha, porque entonces serás un mártir de la libertad atropellada, la siguiente banda se negará a tocar y los abajofirmantes se deslizarán por barras, como los bomberos cuando suena la alarma. Si lo hace la izquierda, dotarán a tu represión de justificaciones higiénicas, tú serás un fascista –o un machista– que les obligó a ellos a censurar y a nadie le importará una mierda lo que te pase.

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    CENSURA PURA Y DURA
    Después de la censura a C. Tangana en Bilbao, representativa del macarthysmo podemita, el ministro de Cultura, Guirao, ha hecho unas terribles declaraciones en las que autoriza la censura en según qué supuestos ideológicos. Es decir, como cualquier dictadura del siglo XX, aunque éstas no usaran la falsa coartada de la pluralidad.




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