El problema de la educación

Un lugar con buen talante y pluralidad democrática donde se debate lo más relevante de la política y la actualidad nacional e internacional.

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El problema de la educación

Mensajepor Invitado » Lun 18 Sep, 2017 6:22 pm


MAJESTAD: A LA UNIVERSIDAD SE ACUDE PARA APRENDER, NO PARA ENCONTRAR EMPLEO
El director de www.hispanidad.com, Eulogio López, recuerda al Rey que el sistema educativo es una cosa y el INEM otra.

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El problema de la educación

Mensajepor Invitado » Lun 27 Nov, 2017 2:20 am

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¿Y si Clint Eastwood tuviera razón? Hacia una sociedad adolescente

El irresistible avance de la corrección política es una señal muy potente que nos advierte de la infantilización de la sociedad occidental, reflejada con pavorosa nitidez en su universidad, de donde precisamente proviene.


En la genial novela de de Philip Roth, La mancha humana, la vida del decano universitario Coleman Silk se desmorona tras interesarse por dos estudiantes que han faltado a todas sus clases, “¿Conoce alguien a estos alumnos? ¿Tienen existencia sólida o se han desvanecido como negro humo?” pregunta en el aula. Desgraciadamente para Coleman, uno de los aludidos resulta ser afroamericano y, cuando llega a sus oídos la pregunta, la interpreta como un ataque racista. Aunque no había ánimo ofensivo en sus palabras, puesto que jamás había visto al estudiante, Silk es acusado de racista, cesado como decano y despedido. Sin otra universidad dispuesta a contratarlo, su economía familiar se deteriora rápidamente. Padece el rechazo de la comunidad, el repudio de amigos y conocidos y, en el colmo de la desdicha, su esposa sufre una apoplejía a causa del estrés y fallece.

Numerosos profesores norteamericanos son censurados o expulsados de las universidades porque sus discursos, o siquiera sus apreciaciones, turban a un alumnado cada vez más sobreprotegido e infantilizado


Aunque el decano Silk sea un personaje de ficción, Philip Roth refleja las vivencias de infinidad de profesores norteamericanos censurados o expulsados de las universidades porque sus discursos, o siquiera sus apreciaciones, turbaban a un alumnado cada vez más sobreprotegido e infantilizado. Porque no se ajustaban a lo políticamente correcto.


¿Universidades o jardines de infancia?

Hace poco más de dos años, según realtó Judith Shulevitz, estudiantes de la Universidad de Brown organizaron un debate abierto sobre agresiones sexuales. Inmediatamente, otro grupo de alumnos, temeroso de que los intervinientes pudieran exponer ciertas ideas “negativas”, protestó ante la dirección argumentando que la universidad debía ser un “espacio seguro” donde nada avivara los traumas de las víctimas. Las autoridades académicas no cancelaron el acto, pero pusieron a disposición de los asistentes su propio "espacio seguro": una sala contigua donde cualquiera pudiera acudir para recuperarse de algún punto de vista turbador, y, si se sentía con fuerzas, regresar al debate. La estancia estaba equipada con cuadernos para colorear, juegos de plastilina, cojines, música relajante, mantas, galletas, chuches, incluso un video en el que aparecían perritos jugando. También contaba con personal cualificado para atender posibles traumas. Cuando el evento finalizó, dos docenas de personas habían pasado por esta sala, una de las cuales explicó: "me sentía bombardeada por unos puntos de vista que van en contra de mis creencias más íntimas".

En otra ocasión, un profesor del Columbia College recomendó la visita a una interesante exposición de arte samurai japonés. Inmediatamente, uno de sus estudiantes protestó airadamente, tachando su sugerencia de políticamente incorrecta porque podía herir la sensibilidad de los alumnos chinos. Obviamente, la objeción era absurda; la invasión de China por el ejército imperial japonés había finalizado setenta años atrás. Sin embargo, para el estudiante el tiempo transcurrido era irrelevante. Siguiendo su lógica, el arte alemán ofendería en Francia, el francés en España por la invasión napoleónica, o el español en Flandes.

Larry Summers tuvo la desgraciada ocurrencia de defender teorías donde se mostraba que el coeficiente de inteligencia de los hombres presenta una dispersión, una varianza mayor que el de las mujeres


Otro caso llamativo es el del ex presidente de la Universidad de Harvard, el economista Larry Summers, que tuvo la desgraciada ocurrencia de defender teorías donde mostraba que el coeficiente de inteligencia de los hombres presenta una dispersión, una varianza mayor que el de las mujeres, planteando como hipótesis que este hecho podía influir en la asignación de puestos de trabajo en las escalas más altas y más bajas. Automáticamente fue acusado de machista y, tras una durísima campaña en su contra, Summers se vio obligado a dimitir en 2006.


Del oscurantismo a la ignorancia

El calvario de todos estos profesores ilustra la plaga de la corrección política, una moda que invade los campus universitarios del mundo desarrollado, constituyendo una asfixiante censura que, en no pocas ocasiones, provoca dramas absurdos perfectamente evitables. Lo peor, con todo, es que condena a la sociedad al oscurantismo, a la ignorancia. Al fin y al cabo, Summers sólo podría haberse ahorrado el calvario falseando las teorías, adaptándolas a la “realidad” de lo políticamente correcto o, sencillamente, renunciando a su exposición. Por su parte, el profesor de Columbia debería pensárselo dos veces antes de recomendar exposiciones de arte a sus alumnos puesto que todas, de alguna manera, herirán la sensibilidad de alguien. En cuanto a los estudiantes de la Universidad de Brown, para evitar sobresaltos tendrían que renunciar a organizar debates abiertos.

"La universidad no puede ser un 'espacio seguro'. El que lo busque, que se vaya a casa y abrace a su osito de peluche"

Richard Dawkins


El irresistible avance de la corrección política es una señal muy potente que nos advierte de la infantilización de la sociedad occidental, reflejada con pavorosa nitidez en su universidad, de donde precisamente proviene. Tanto despropósito llevó a Richard Dawkins, profesor de biología evolutiva de la Universidad de Cardiff a advertir a sus estudiantes, con indisimulada indignación: "La universidad no puede ser un 'espacio seguro'. El que lo busque, que se vaya a casa, abrace a su osito de peluche y se ponga el chupete hasta que se encuentre listo para volver. Los estudiantes que se ofenden por escuchar opiniones contraria a las suyas, quizá no estén preparados para venir a la universidad".

La corrección política es producto de ese pensamiento infantil que cree que el monstruo desaparecerá con solo cerrar los ojos. Pero la maduración personal consiste justo en lo contrario, en descubrir que el mundo no es siempre bello ni bueno, en la toma de conciencia de que el mal existe, en llegar a aceptar y encajar la contrariedad, el sufrimiento. Y, por supuesto, en aprender a rebatir los criterios opuestos. En su esfuerzo por hacer sentir a todos los estudiantes cómodos y seguros, a salvo de cualquier potencial shock, las universidades están sacrificando la credibilidad y el rigor del discurso intelectual, remplazando la lógica por la emoción y la razón por la ignorancia. En definitiva, están impidiendo que sus alumnos maduren.


La trampa del “espacio seguro”

Cuando se designa unos espacios universitarios como seguros, implícitamente se está marcando otros como inseguros y, por lo tanto, tarde o temprano habrá que “asegurarlos”, hasta que cualquier opinión desconcertante quede prohibida en todo el campus. Y, si esto es válido para la universidad, ¿por qué no trasladarlo a la sociedad en su conjunto? Así, la represión se extiende como mancha de aceite, prohibiendo palabras, términos, actitudes, estableciendo una siniestra policía del pensamiento.

En la práctica, es la autoridad quien acaba dictaminando lo que es políticamente correcto y lo que no. Y lo hace, naturalmente, a favor del 'establishment' y de los grupos de presión mejor organizados


Desde el punto de vista conceptual, la corrección política es incongruente, cae por su propio peso. Dado que no todo el mundo opina igual ni posee la misma sensibilidad, no es posible separar con rigor lo que es ofensivo de lo que no lo es, establecer una frontera objetiva entre lo políticamente correcto y lo incorrecto. Hay personas que no se ofenden nunca; otras, sin embargo, tienen la sensibilidad a flor de piel. La ofensa no está en el emisor sino en el receptor, Así, en la práctica, es la autoridad quien acaba dictaminando lo que es políticamente correcto y lo que no. Y lo hace, naturalmente, a favor del establishment y de los grupos de presión mejor organizados.

La corrección política es una forma de censura, un intento de suprimir cualquier oposición al sistema. Y es además ineficaz para afrontar las cuestiones que pretende resolver: la injusticia, la discriminación, la maldad. No es más que un recurso típico de mentes superficiales que, ante la dificultad de abordar los problemas, la fatiga que implica transformar el mundo, optan por cambiar simplemente las palabras, por sustituir el cambio real por el lingüístico.

"Es un error juvenil confundir los nombres con las cosas. Las palabras son sólo signos convencionales para identificar objetos o hechos: son estos últimos los que cuentan"

W. E. B. Du Bois


Lo expresó de forma certera el defensor de los derechos civiles W. E. B. Du Bois en 1928. Tras ser recriminado por un joven exaltado por usar la palabra "negro", Du Bois respondió: "Es un error juvenil confundir los nombres con las cosas. Las palabras son sólo signos convencionales para identificar objetos o hechos: son estos últimos los que cuentan. Hay personas que nos desprecian por ser negros; pero no van a despreciarnos menos por hacernos llamar 'hombres de color' o 'afroamericanos'. No es el nombre... es el hecho". En efecto, ni la discriminación, ni el racismo, ni cualquier otro problema, se resuelven por cambiar los nombres. Como mucho, se logra tranquilizar la mala conciencia de algunos.


Y el resultado es... Donald Trump

Hay mucha gente en el mundo, demasiada en España, que, al parecer, carece de la madurez emocional o de la capacidad intelectual para escuchar una opinión política que se aparte de sus convicciones sin considerarla un insulto personal. Al poner los sentimientos por encima de los hechos, de las razones, cualquier opinión válida puede ser desactivada tachándola de racista, sexista, discriminatoria. Puede que a estas personas la corrección política les haga sentirse más cómodos, pero a costa de instaurar la cultura del miedo en los demás. Clint Eastwood declaró: "Secretamente, todo el mundo se está hartando de la corrección política, del peloteo. Estamos en una generación de blandengues; todos se la cogen con papel de fumar". Aun así no era plenamente consciente del peligro que se avecinaba: tarde o temprano el virulento efecto péndulo invierte las magnitudes, la gente acaba hastiada de tanta censura, y como reacción... vota a Donald Trump.

Renunciar al libre discurso, al libre pensamiento, para evitar herir la sensibilidad de algunos es peor que estúpido: es peligroso porque pone en cuestión los principios de la democracia. Debemos ser respetuosos con todo el mundo, por supuesto. Pero también expresar con libertad nuestras ideas y argumentos. Si alguien se molesta, se rasga las vestiduras, es muy probable que esté mostrando su talante inmaduro, su carácter infantil e intolerante. Lo advirtió George Orwell en su novela 1984: "La libertad es el derecho de decir a la gente aquello que no quiere oír".

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Javier Benegas y Juan M. Blanco

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El problema de la educación

Mensajepor Invitado » Lun 22 Ene, 2018 4:02 am

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El juez Emilio Calatayud, en el Cerro de San Miguel este miércoles.


Juez Calatayud: "Confundir un cachete a un hijo con maltrato es una barbaridad"





Es el juez decano de menores en España, ha juzgado a unos 20.000 niños y aquí habla del mal uso de los móviles, la falta de autoridad de los padres y hasta de su internamiento adolescente"Suspendí ocho, yo no era malo, pero iba con un grupo y entrábamos en casas, cogíamos cosas, dinero...", reconoce sobre su juventud"Es más difícil ser padre que ser juez. Yo al fin y al cabo tengo a la Guardia Civil y le puedo dar un par de hostias al chico jurídicamente hablando. ¿Pero el padre?"


PEDRO SIMÓN


Si estuviésemos en un western, Emilio Calatayud sería el sheriff que se toma los güisquis de un trago, planta cara al forajido en medio del saloon y se enciende la cerilla en la barba de dos días con sólo rascar el fósforo. Un tipo honesto y duro, con ojos y arrugas del que lo ha visto todo.

Lo piensas cuando le escuchas hablar con ese vozarrón y te señala con ese dedo que parece un Winchester mientras contesta: «A mí llámame Emilio, coño, y de tú».

Pero estamos en el Juzgado de Menores de Granada y al juez de adolescentes que más tiempo lleva ejerciendo en España nadie le llama así. Es «don Emilio» para los dos guardias de la puerta, para los funcionarios, para el educador que viene a verlo, «don Emilio» para la madre de la víctima y hasta para el asesino.

Calatayud no lleva placa de sheriff, pero sí un corazón de ley a la altura del pecho.

-Ahí está el expediente, don Emilio. Un chico de 14 años le ha atravesado la mano a su madre con un cuchillo.

-¿Y eso?

Encarni, funcionaria del juzgado, termina de explicar.

-Ha sido porque le quitó internet... don Emilio.

Si estuviésemos en un western, el sheriff ahora escupiría por el colmillo. Pero lleva puesta la toga y no es plan. Así que hace un gesto de rabia y contesta como cualquiera.

-Vamos, un odioso...

    Muchos jueces defienden recuperar el derecho de corrección de los padres a los hijos...
    Eso lo reclamamos los jueces al entrar Rajoy: el derecho de corregir razonable y moderadamente a los hijos. Es lo que decía el Código Civil hasta que lo cambió Zapatero. ¿Cómo se corrige moderadamente? Eso ya cada uno...

    ¿Consecuencia?
    Ahora los chavales no reconocen ninguna autoridad. Toda autoridad tiene un derecho sancionador, lo hemos visto con el 155... [En lo que queda de respuesta golpeará hasta cinco veces con el puño en la mesa] ¿Qué derecho sancionador tengo yo con mi hijo? ¿Entonces qué autoridad tengo si no dispongo de un derecho sancionador? Te dicen que hay que educarlos sin atentar contra su integridad física o psíquica. ¿Y eso cómo se hace? Si al niño le digo que no, se trauma [irónico]... Es lo mismo que en Cataluña: se ha permitido todo hasta que se ha desbordado la criatura.

    Pasamos de los correazos del franquismo a ponerles el desayuno acojonados por si no les gusta.
    Hemos pasado de ser esclavos de los padres a ser esclavos de los hijos. Ya hemos visto sentencias que condenan a una madre por pegarle un soplamocos a un niño y darse con el lavabo en la barbilla: 65 días de prisión... Yo no soy partidario del castigo, pero confundir un cachete con un maltrato me parece una auténtica barbaridad.

    Hay muchos pedagogos que dicen que castigar a un niño es una abominación.
    Eso es un disparate. Yo soy lo que soy gracias a mis padres. Y a mí me han castigado lo que no está escrito. Si mis padres no me hubiesen castigado seguro que no era juez... A ver, ¿cómo puedes evitar que un niño de tres años meta los dedos en un enchufe?

    Fácil.
    Hay dos posibilidades. Cuando vaya a meter los dedos le das en la mano: «Pupa, nene». La otra es que le digas: «No introduzcas los dedos en el enchufe porque puedes originar un cortocircuito con unas consecuencias para tu salud». Te pones a razonar con el niño y se te electrocuta el niño... Si hasta Rajoy le pegó una colleja a su hijo en la radio.

    Muchos niños quieren las cosas aquí y ahora. Y los padres van corriendo con la red debajo.
    El problema es que los niños no admiten la frustración. Y la frustración es muy buena. Estamos haciendo unos niños muy light. Y la vida es dura.

    ¿Qué hace más daño a un niño, la abundancia o la carestía?
    Las dos. Hay chavales que lo tienen todo y cometen un delito. Chicas a las que les he quitado el móvil de 800 euros un fin de semana e intentan un suicidio. Otro que le rompió la nariz a su madre ciega por desconectarle el ordenador: el chico llevaba meses enganchado a un juego en red sin dormir...

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A lo que está enganchado Emilio Calatayud (sin el don) es a su Albaicín, al Madrid, a sus amigos, a sus «chorizos» y al tabaco de liar. Para fumar menos, se los hace muy finos y les pone dos filtros. Otra vez la imagen del western: el pitillo se le consume mientras habla y habla y te recuerda un poco a Lucky Luke.

-Cuando les condeno me llaman hijo de puta, pero luego me lo agradecen. ¿Tú fumas?

-No.

-Yo fumo pero ando mucho. Un roble.

Dice el juez que cuando era joven nadaba bastante y hacía los 100 metros en menos de un minuto. Lo hemos estado mirando: en los Juegos de Río hubo un señor etíope que tardó cinco segundos más que el juez en recorrer esa distancia.

    ¿Algún menor te ha pedido por favor que le pongas límites?
    Eso te lo agradecen después. Mira todos esos regalos que hay ahí. Son de chicos a los que condené. Los que absuelvo no vuelven... Hace cinco meses estaba tomando una cerveza. «Usted me condenó a una redacción de 200 folios, todavía me acuerdo de lo que me dolía la mano, pero me he sacado las oposiciones de bombero». Esa es la mayor satisfacción para un juez.

    ¿Y el mejor regalo de los que tienes ahí?
    Esa talla que ves ahí me la regaló un menor que le pegó cinco tiros a su suegro y al que condené a ocho años de internamiento.

    ¿Por qué lo mató?
    Porque se enteró de que su suegro violaba a su mujer. Me dijo: «Don Emilio, yo voy a hacer lo que usted me diga, pero si me vuelve a pasar lo volvería a hacer». Hoy es un tipo estupendo con tres niños, su mujer y su trabajo.

    ¿Y la piedra la talló él?
    No, no, ¡la robó!... Es del siglo IV. Yo me asusté al verla... Llamé a la Guardia Civil, la tasaron los expertos y se decidió que se quedara aquí en los juzgados.

    ¿De qué sentencia estás más orgulloso?
    De la de un chico enganchado a la droga al que condené por tentativa de asesinato. Iba con otros, abordó a dos chicas, se las llevaron a un descampado y al tratar de huir les pegó varios tiros. No las mató. Se comió ocho años. No le autoricé a salir para casarse ni cuando tuvo el niño.

    ¿Y qué sabes de él?
    Ahora es amigo mío.

    ¿Los móviles están cambiando a los chicos?
    Muchísimo. Recuerdo el caso de una niña de 12 años que se peleó con su noviete de 14, entonces un coleguilla del chico le dice a la chica que si quiere ser su nuevo novio. Y le pide una prueba de amor. [Da un golpe en la mesa. En lo que queda de respuesta la grabadora registrará hasta cuatro veces un golpe del puño en la mesa]. La niña se hace una foto y se la manda por WhatsApp. El nuevo novio le pide una prueba de amor más fuerte. La niña le manda una foto en tetas. El nuevo novio le pide una tercera prueba de amor. La niña le manda un vídeo de seis minutos masturbándose. El nuevo novio se lo manda al antiguo. Y éste lo cuelga.

    Las palizas ahora no se dan en los recreos sino en las redes.
    Esto [coge su teléfono] nos está ocasionando tres problemas. 1) es una droga; 2) es un instrumento muy peligroso para cometer hechos delictivos. Y 3) es un instrumento muy peligroso para ser víctima de un hecho delictivo. Yo soy fumador, pero a mí nunca se me ha ocurrido darle un cigarro a mi hijo con dos años. Pero estoy harto de ver a padres que le dan la tablet a bebés para que no den la murga en un restaurante. Yo lo primero que hago nada más levantarme es encenderme un cigarro. Cualquiera que haga lo mismo con el móvil tiene un problema.

    ¿Tendrías menos trabajo si no existiera internet?
    Sí. Y menos desagradable. Porque yo pongo a los padres a ver el vídeo del juicio. Hubo una vez en que cuatro chicos y una chica le dieron una paliza a un mendigo y lo grabaron. Les leí el escrito de alegaciones y los chavales decían que no. Dije: «Se ha terminado». Me cogí a un padre y a otro y a otro, cada uno con su hijo, a solas, y les fui poniendo el vídeo. No veas las caras.Porque el padre no se cree lo que hace su hijo...

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En el mirador del Cerro de San Miguel de Granada, justo al lado del centro de menores, varios jóvenes hacen botellón. El juez se acaba de quitar el casco y se baja de la moto. Uy si estuviésemos en un western.

Paseamos. Le hacemos unos retratos. El hombre toca la pared del edificio donde hay chicos en régimen cerrado como el que pone la mano sobre una barriga preñada. El juez que condena a hacer un cómic al que pinta una pared o a dar clases de informática al hacker no se olvida de sus otros condenados.

-Hay una persona en esa ventana del centro, Emilio. Arriba. A la derecha. Te está mirando.

-Es un niño. Cuando a las diez se apagan las luces en el centro de menores de Oria o en este de San Miguel, lo que se escuchan son llantos de niño.

    ¿Es más difícil ser padre o ser hijo?
    Es más difícil ser padre que hijo. Y es más difícil ser padre que ser juez. Yo al fin y al cabo tengo a la Guardia Civil... [se ríe] y puedo dar un par de hostias jurídicamente hablando. Pero el padre...

    ¿Fuiste peor padre o hijo?
    He sido peor hijo. Lo que sí he sido es buen marido... Perdí a mi mujer hace seis años. De cáncer de pulmón. Treinta años juntos. Falleció el 25 de agosto de 2011. Azucena tenía 50 años y yo 56. Me acuerdo de una imagen de Gran Torino, una peli de Clint Eastwood en la que sale escupiendo sangre en el pañuelo. Así veía yo a mi mujer. Fueron años duros y felices... Lo que más siento es no haberle dicho todos los días lo mucho que la quería. Luego entré en un túnel, claro. Comía en los bares, no me cuidaba... Me costaba entrar en casa, no iba más que a dormir, todo el día trabajando o zascandileando. Me salvó la familia, el trabajo, el barrio.

    ¿Qué habría hecho el juez Calatayud con el adolescente Calatayud?
    Le hubiese internado. Yo era el cuarto de siete hermanos y mi padre me internó con 13 años.

    ¿Y qué hiciste?
    Suspender ocho. Es que era tímido para los estudios [sonríe]. Y mi padre me ayudó a vencer la timidez... Y al verano siguiente me metió en un garaje de coches a trabajar. A 500 metros del colegio. Cambiar aceite, lavar coches, de todo...

    ¿Sólo por eso te mandaron a un internado?
    Hombre, yo no era malo, pero iba con un grupo y entrábamos en casas... Cogíamos cosas, dinero, travesuras...

    ¿Has conocido a algún chico del que hayas dicho: «Coño, así era yo a su edad»?
    Claro. Cuatro chicos cometieron el mismo delito que yo: entraron a una casa de verano en una urbanización. Los padres, gente bien, estaban deseando que yo los machacara. Yo les pregunté a los chicos: «¿Os han castigado vuestros padres?». Y ellos: «Sí». «¿A qué?». A esto, a esto y a esto, me dijeron. «Pues entonces marchad, no os preocupéis, que lo único que os puede pasar es que lleguéis a ser jueces de menores».


Emilio Calatayud: "Hay que violar la intimidad de nuestros hijos"


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Mensajepor Invitado » Jue 03 May, 2018 4:17 pm

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El tribunal de evaluación estaba integrado por tres profesoras de la Universidad Rey Juan Carlos, Alicia López de los Mozos, Cecilia Rosado y Clara Souto

El juez imputa a una profesora y la secretaria del máster de Cifuentes

Se trata de Amalia Calonge, secretaria que presuntamente falsificó las notas de la expresidenta y Cecilia Rosado

El juzgado de instrucción número 51 de Madrid ha citado a declarar como imputadas a dos de las personas vinculadas con el fraudulento máster de la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes. Se trata de Amalia Calonge, secretaria que presuntamente falsificó las notas de la expresidenta y Cecilia Rosado, una de las profesoras que formaban parte del tribunal de evaluación del postgrado y cuya firma fue falsificada. El juzgado ha decidido ampliar la causa que sigue por presunta falsedad en documento público también al acta relativa a la defensa del trabajo de fin de máster de Cifuentes.

El juez tomará declaración a estas personas el próximo 10 de mayo junto con otros testigos, entre ellos, las profesoras Clara Souto, Alicia López de los Mozos y Sergio Pulido, marido de esta última y que pudo acompañar a López de los Mozos en alguna de las reuniones con el catedrático responsable del máster, Enrique Álvarez Conde, tras la elaboración del acta fraudulenta de fin de master de Cristina Cifientes.

Unos interrogatorios que suponen una preparación para el interrogatorio como imputado de Álvarez Conde, prevista para el mes de junio.

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Mensajepor Invitado » Jue 14 Jun, 2018 7:21 pm

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Mensajepor Invitado » Lun 13 Ago, 2018 3:35 pm

Un perfecto caballero

16 Jul 2018 /ARTURO PÉREZ-REVERTE / Patente de corso

He escrito alguna vez que los tiempos pasados, los que se fueron, liquidaron oportunamente muchas cosas injustas o perniciosas; pero también arrastraron consigo, en la natural demolición que el tiempo aplica a todo, algunas, y no pocas, cosas buenas. También –y eso es lo que más lamento– determinadas actitudes, maneras de situarse ante la vida y los semejantes que, aunque trasnochadas, imposibles y hasta seguramente ridículas hoy en día, elevaban al ser humano por encima de su condición material y grosera, facilitaban la convivencia y lo convertían en respetable. Le daban dignidad y grandeza.

No hablo de gestos espectaculares, de épica o heroísmo. Tampoco hablo de actitudes relacionadas con una u otra clase social. Al contrario: con frecuencia era más fácil encontrar esa dignidad y esa grandeza en gente socialmente humilde que en otra más afortunada. Aquel magnífico y muy español «en mi hambre mando yo» me parece, quizá, la más exacta exposición de esto último. Y a menudo había, por irnos a un pasado no demasiado lejano, más dignidad en el padre analfabeto que liaba para su hijo el primer cigarrillo que éste fumaba, en el andén del tren que iba a llevarlo al barco en el que viajaría para morir en Cuba, que en el adinerado individuo que había dado unos duros de plata al Estado para que ese pobre muchacho fuese a la guerra en lugar de su hijo.

Las maneras. Con frecuencia insisto en ellas en esta página. En mi opinión, como buen reflejo exterior de lo que somos o no somos, ellas nos salvan o nos condenan. Siempre lo he creído así, y no es casual que la segunda novela que escribí tratara en buena parte de eso: la estética asumida como ética cuando las grandes palabras se desvanecen. La actitud elegante, digna, heroica a fuerza de orgullo –la soberbia es defecto, pero el orgullo puede ser una virtud–, de un viejo maestro de esgrima durante la caída de Isabel II: la historia del último hombre honrado en un mundo de conspiraciones políticas, mercachifles y canallas. Hay un diálogo en ese relato que es mi momento favorito, cuando el marqués de los Alumbres le comenta al maestro Astarloa: «Se olvida usted de Dios», y éste responde: «Dios no me interesa. Tolera lo intolerable. Es irresponsable e inconsecuente. No es un caballero».

Tuve la suerte –aunque quizá hoy sea una desgracia– de que me educaran para admirar esa clase de cosas. Para respetar ciertos ejemplos. Después la vida que llevé me condujo a otros lugares; pero mantuve intacta, o así lo creo, la facultad de admirar la dignidad y la elegancia moral en hombres y mujeres, sea cual sea su estado o condición. Al hilo de eso, recuerdo lo ocurrido a una de mis abuelas en los años 30 del pasado siglo. Estaba embarazada de seis meses y viajaba en tren de Cartagena a Madrid. El viaje duraba toda la noche; pero, al no quedar plazas libres en los coches cama, se vio obligada a viajar en un vagón convencional. En el compartimento sólo iban ella y un hombre de mediana edad, de aspecto modesto pero muy educado, a quien después de aquello mi abuela no olvidaría jamás.

El avanzado embarazo la tenía molesta, y eso era evidente. Tras interesarse por ella con extrema corrección, el señor le aconsejó que se tumbara en los asientos. Hay que entender que corrían otros tiempos, y una señora no se tumbaba por las buenas en un tren delante de un desconocido; así que la gestante viajera se mostró reacia a ponerse cómoda. Entonces, el caballero demostró que era exactamente eso. Cogió su petaca de cigarrillos, el encendedor y un libro, se puso el gabán, salió al pasillo, corrió las cortinillas, cerró la puerta, y se pasó toda la noche de guardia ante ella, fumando y leyendo, para impedir que nadie entrase en el compartimento e incomodase a mi abuela. Y por la mañana, al llegar a Madrid, la ayudó a bajar la maleta de la redecilla del equipaje y la acompañó hasta el andén, hasta dejarla en manos de los familiares que la esperaban. Ni siquiera dijo su nombre, escuchó las palabras de agradecimiento de mi abuela con una sonrisa amable y casi distraída, saludó por última vez tocándose el ala del sombrero, y se marchó.

Mi abuela me contó muchas veces esa historia, que cuando era niño me gustaba escuchar. Y ella siempre llegaba al final con un brillo en los ojos y una expresión dulce y conmovida. «Aún me parece verlo alejarse aquella mañana entre la gente –decía medio siglo después–. Ni siquiera era guapo. Tenía el cuello de la camisa rozado, el traje lleno de arrugas y las uñas tal vez demasiado largas. Pero nunca en mi vida vi tan perfecto caballero».

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Publicado el 15 de julio de 2018 en XL Semanal.

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Mensajepor Invitado » Mié 31 Oct, 2018 1:49 pm


BICICLETAS Y PATINETES IMPONEN LA VULGARIDAD EN VESTIMENTA Y EN URBANIDAD

Hoy, miércoles 31 de octubre de 2018, el director de www.hispanidad.com, Eulogio López, recuerda las evidencias ocultas sobre las bicicletas.

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Mensajepor Invitado » Mar 18 Dic, 2018 2:18 pm


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Mensajepor Invitado » Lun 16 Sep, 2019 7:18 pm

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Informe Fundación CYD
Endogamia en la universidad: el 70% de los profesores obtuvo el doctorado en la misma universidad en la que trabaja

España tiene la cifra de graduados universitarios que trabaja por debajo de su cualificación más alta de toda la UE (el 37%). La tasa de paro en los universitarios españoles dobla la media de la OCDE.

El 68,8% de los profesores obtuvo el doctorado en la misma universidad en la que trabaja. El dato es una muestra de la endogamia que existe en la educación superior española, en donde se contrata antes a los de dentro que a los que vienen de fuera, aunque sean mejores y tengan más méritos. En otros países, los docentes tienen que pasar un tiempo en otros campus antes de ser contratados en el de origen.

Lo denuncia la Fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD), un think tank que tiene como misión a promover la contribución de la universidad al desarrollo de España y que tiene en el patronato a los responsable de las principales empresas. Advierte que la mayor endogamia se produce en Canarias y en el País Vasco, donde más del 90% de los profesores que impartían docencia en las universidades públicas presenciales había leído la tesis doctoral en la misma universidad donde trabaja. Por el contrario, el porcentaje era inferior al 50% en Navarra y Castilla-La Mancha.

La Fundación CYD ha presentado este lunes su radiografía sobre el sistema universitario español, un compendio de datos que profundizan en sus principales males. La endogamia es uno de ellos, según este informe, que advierte que el porcentaje alcanzado en 2017-2018 es "solamente una décima inferior al del curso precedente, siguiendo con la muy lenta tendencia hacia el descenso que se observa en el último lustro".

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"Un año más, se constata que dicha endogamia es fundamentalmente alta en los centros propios de las universidades públicas (el 74,3% en los funcionarios y el 75,1% en los contratados), mientras que en los centros adscritos y en las universidades privadas los porcentajes respectivos eran del 47,7% y del 32,9%", advierte el informe, que ha sido presentado por Ana Patricia Botín.

Martí Parellada, catedrático de Economía Aplicada de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Barcelona y coordinador del informe, ha explicado que la endogamia "es un problema de la cultura de cada universidad". "Hay universidades donde está extendida y en otras no. No hay nada que prohíba a una universidad contratar a personas que cumplan la condición de estar un periodo de tiempo fuera, es algo que se hace en otros países como principio y ya hay agencias de acreditación regionales que lo acreditan en España. Si se quisiera hacer, se haría", ha manifestado.

Estos son otros "desafíos" que tiene la universidad española, según el informe de la Fundación CYD:

1. SOBRECUALIFICACIÓN

Los universitarios españoles se ven sometidos a una contradicción: por un lado ir a la universidad les proporciona ventajas innegables (más del doble de ingresos, más trabajo, mejores contratos), pero, al mismo tiempo, el sistema produce "una oferta de titulados muy superior a la demanda que requieren los empleadores". Esto tiene como consecuencia una sobrecualificación: España tiene la cifra de graduados universitarios que trabajan por debajo de su cualificación -el 37%- más alta de toda la UE.

Las empresas se encuentran con dificultades para cubrir determinados perfiles profesionales y, a cambio, hay overbooking en algunas titulaciones, lo que provoca que la tasa de paro de los universitarios españoles doble la media de la OCDE.

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¿Hay muchos universitarios? El informe señala que hay un 37% de titulados entre la población de 25 a 64 años, cinco puntos superior al conjunto de la UE. En España, la proporción de titulados entre 24 y 35 años duplica la de los que tienen entre 55 y 64 años. "Es el mayor porcentaje de titulados superiores de la historia en la población activa (y, por tanto, un capital humano preparado), si bien certifica un desajuste importante entre la demanda y la oferta tanto en cantidad como en calidad", avisa el trabajo.

2. FALTA DE CALIDAD

El informe advierte que continúa la tendencia en relación a producir más cantidad de investigación, pero de menos calidad, "ya que, si bien el volumen de producción científica crece, su crecimiento convive con el descenso del liderazgo y la excelencia científica de España, que, además, registra un declive en la colaboración internacional".

Las cifras constatan que el 21% de los funcionarios no tiene reconocido ningún sexenio de investigación. Este dato ha mejorado en relación a los últimos cursos, a razón de más de un punto porcentual por curso en promedio, pero "el porcentaje es aún elevado, e indica que más de uno de cada cinco no ha conseguido ver reconocida la investigación que realiza, esto es, ser evaluado positivamente y conseguir una retribución adicional".

Otro indicador de calidad, esta vez en relación a los propios estudiantes: sólo el 34% de los alumnos de grado finaliza esta carrera en los cuatro años previstos. El resto, se demora o abandona los estudios.

3. DESMESURADA OFERTA

Actualmente hay 8.526 titulaciones oficiales: 2.920 grados, 3.567 másteres, 1.137 doctorados, 810 dobles grados y 92 dobles másteres. Los autores se preguntan si tanta oferta es sostenible. Y pintan un panorama en el que ha cambiado el perfil del "cliente" universitario: "De un estudiante tradicional de 18 a 22 años que se matricula en un grado pasamos a estudiantes de más edad que hacen un máster".

El curso 2017/2018 es el sexto consecutivo en el que descienden las matrículas en los grados al tiempo que suben en los másteres. Mientras los estudiantes matriculados en grados en las universidades públicas descienden, aumentan en las privadas más de un 15%. ¿Por qué?

"Las universidades privadas dedican más esfuerzo a la empleabilidad y las públicas, a la investigación", explica Parellada. Francesc Solé, catedrático de la Universidad Politècnica de Catalunya y vicepresidente de la Fundación, apunta razones demográficas, pues hay cada vez menos jóvenes en España, así como al incremento de las matrículas de las carreras públicas.

Lo que se observa, en cualquier caso, es que hay un nuevo desafío en la coexistencia de lo público y lo privado. De las 88 universidades autorizadas actualmente, 50 son públicas y 38 privadas. Desde la creación de la última universidad pública, en 1998 (la Universidad Politécnica de Cartagena), se han autorizado más de 20 privadas, a razón de una por año. "Todo esto hay que encajarlo en el sistema público", alerta Parellada.

4. LA ELECCIÓN DEL RECTOR

Los autores recalcan que la elección del rector por sufragio universal ponderado ha producido "resultados muy dispares". "En un porcentaje no menor de casos el rector es escogido por el peso de los estudiantes y del personal de administración y servicios, en contra de la opinión del profesorado", explica Parellada. ¿Qué consecuencias tiene esto? "Que las propuestas electorales de los candidatos a rector están condicionadas por el perfil que tiene la masa electoral y por la capacidad de conseguir el apoyo de determinados colectivos universitarios", responde. Y recuerda que en casi ningún país de la UE se elige de esta forma al rector. "El sufragio universal es un sistema excéntrico".

Apunta que, en los países europeos, se crea un consejo de gobierno en el que están presentes profesores, estudiantes, trabajadores y representantes externos de la sociedad y otras personas de reconocido prestigio y es este consejo de gobierno quien nombra al rector, que tiene que rendirle cuentas. "Son personas responsables que garantizan que el gerente sigue un plan estratégico", indica Solé.

5. PROFESORES ENVEJECIDOS

La congelación de la tasa de reposición ha envejecido las plantillas del profesorado: más del 16% es mayor de 60 años. Entre los catedráticos, el 50% supera esta edad. No hay relevo generacional ni relevo de talento.

6. POCA INTERNACIONALIZACIÓN

La universidad cada vez está cada vez más internacionalizada, pero en España hay todavía un "mundo cerrado" en los campos, poco abierto al exterior, que nos lleva a tener sólo un 0,9% de alumnos extranjeros, frente al 4,3% de la media de la OCDE y al 6,5% de la UE. El porcentaje español es el tercero más bajo de todos los países analizados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. La ratio de profesores venidos de fuera tampoco es muy alta.

Parellada: "crear networks de universidades europeas en las que puede haber reconocimiento de títulos y créditos va a poner en tensión el marco legal, sobre todo en España". En esto, la universidad española "va rezagada".

7. FALTA DE FLEXIBILIDAD EN EL MARCO NORMATIVO

Los autores señalan que, desde 1983, cuando se aprobó la Ley de Reforma Universitaria, prácticamente "no se ha hecho nada". "La LOU de 2001 pone en acento en cómo el profesor realiza la carrera académica, algo que también modifica la ley de 2007, pero no ha habido cambios sustanciales. Las posibilidades que permite el marco legal a las universidades no han sido atendidas", dice Parellada. Así que "el marco legal no es el más adecuado para hacer frente a los desafíos y el comportamiento de las universidades no parece el más adecuado para hacer posible aquello que le ofrece la ley". La norma debe cambiar y no aplazar la reforma más tiempo. Lo reconocen los rectores y también lo quiere hacer el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez.




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