DEMONIZACIÓN DEL MUNDO ÁRABE?

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Mensajepor Invitado » Dom 12 Jul, 2015 2:27 am

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Jedha Goilabiyeva, en su boda forzosa con el oficial de policía Nazhud Guchigov, en una oficina de registros matrimoniales de Grozny, el pasado 16 de mayo


Novias a la fuerza en 'Kadirovlandia'

El 'virrey' de Putin en Chechenia ha extendido la poligamia, la 'sharía' y la tortura


Hace apenas tres años la niña chechena Jedha-Luiza Goylabiyeva leyó en el colegio la famosa primera frase de 'Ana Karenina': "Todas las familias felices se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera".


Antes de poder entender la profundidad de Tolstoi, Jedha se encontró el pasado mes de mayo con su original desdicha: llorando delante de un altar con sólo 17 años. A su lado, su inminente marido, un hombre famoso al que ella apenas conocía: Nazhud Guchigov, de 47 años, ya con el pelo blanco y una carrera como importante jefe policial del presidente checheno, Ramzam Kadirov. Gracias a su buena posición estos días Guchigov saborea su sueño de tener dos esposas. En Rusia no está permitida la poligamia, pero en Chechenia se hace lo que dice el líder checheno, que bendijo ese enlace como "la boda del siglo".

No es más que su última salida de tono. Rusia abierta, la ONG del disidente Mijail Jodorkovski, acaba de lanzar un documental sobre Kadirov. Titulado La Familia. Narra los excesos del caudillo checheno, que recauda ingentes sumas de dinero a través de un "complejo sistema de tributos" en el que todo ciudadano tiene que poner algo de su sueldo para una fundación que lleva el nombre del padre del líder Akhmat Kadyrov.

El caso Jedha ha golpeado conciencias aletargadas en Rusia, pues todos han visto por la televisión las imágenes de la boda. A una chica de 17 sollozando, pálida, rígida. Al jefe de gabinete de Kadirov haciendo de padrino. Cómo la llevan del brazo. Cómo le preguntan una vez si ella desea casarse, y no responde. Insisten, pero guarda silencio y mira hacia abajo. Al tercer intento suelta al fin un tímido "sí".

No es ni mucho menos la única vida aplastada por un poder que ha logrado manos libres a cambio de mantener el orden y evitar una tercera guerra chechena. "Allí opera un régimen feudal", explica a EL MUNDO Tanya Lokshina, jefa de proyectos de Human Rights Watch en Rusia, "y aunque en otras repúblicas vecinas también se dan casos de poligamia, en Chechenia se hace de manera abierta porque no es más que otro privilegio que concede Kadirov a cambio del vasallaje de los demás". El propio Kadirov está deseando estrenarse con otra chica. En 2011 dijo que estaba buscando una segunda esposa, pero que no había encontrado una lo suficientemente guapa para él.

Hace tiempo que el macho alfa que Vladimir Putin designó para que dominase Chechenia no cabe en el estanque. Su lealtad es con Putin, no con Rusia, y ahora está desafiando como nunca al poder federal. El primer toque de atención vino este año con el asesinato, a pocos metros del Kremlin, de Boris Nemtsov, un político opositor ruso que había sido muy crítico con los desmanes que Moscú permite en Chechenia, donde las propias fuerzas de seguridad rusas encuentran trabas para operar.



El FSB, sucesor del KGB, creyó que había llegado el momento de ajustar cuentas con Kadirov cuando detuvo por el asesinato de Nemtsov a un agente al servicio de Kadirov. Pero horas después el presidente Putin condecoraba a su virrey checheno lanzando una señal: en Rusia se cumple la ley, pero Kadirov es intocable. Lo comprobaron cuando poco después trataron de interrogar en Grozny a otro sospechoso del asesinato. "Los hombres de Kadirov cerraron el paso al FSB, que volvió con las manos vacías, así funcionan las cosas", explica el joven político Ilya Yashin, sucesor de Nemtsov.

Poco después el FSB lanzó una redada en suelo checheno para dar con el responsable de otro crimen. Kadirov montó en cólera y advirtió de que los suyos abrirían fuego contra cualquier agente de fuera de Chechenia, un desafío a Moscú que se ha visto obligado a matizar. Pero si los siloviki, los hombres de la élite armada rusa, son continuamente burlados por Kadirov, poco pueden hacer las adolescentes forzadas a casarse como Jedha.

Durante los últimos cinco años han crecido las quejas de chicas hostigadas en la calle por no llevar la cabeza cubierta por un pañuelo. El propio Kadirov se ha mostrado agradecido a los grupos de voluntarios que disparan con escopetas de 'paint ball' contra las mujeres que no se cubren. Según denuncia la ONG Memorial, se trata de agentes del orden vestidos de camuflaje. Aunque en Rusia la edad mínima para casarse son 18 años, hay cláusulas para permitir enlaces a edades más tempranas con el visto bueno regional. El defensor del menor ruso, al que le llegaron quejas por el caso, dio el visto bueno al enlace con una campechanía bastante exótica para su cargo: "No seamos ingenuos, la madurez sexual llega antes en algunos lugares [de Rusia] donde con 27 años una chica ya está arrugada y nos parece de 50 años".

Kadirov, por su parte, ha dado un consejo a todos los hombres para evitar más escándalos como este: "Evitad que vuestras mujeres tengan WhatsApp, encerradlas, así no cotillearán". Una receta para lograr una sociedad de familias felices. Al menos tan felices y parecidas como las de la época de Tolstoi.




    Los métodos de la 'mafia'

    Secuestros, torturas o la muerte son el precio que paga el que proteste, denuncian las organizaciones de derechos humanos. Y la peste de 'Kadirovlandia' ya se siente en Moscú, donde hay chechenos armados custodiando los intereses de empresarios de esta república en la capital rusa. Igor Kalyapin, jefe del Comité Contra la Tortura, denuncia que hombres armados irrumpieron el mes pasado en sus oficinas en Grozni, la capital chechena: «Lo peor es que la policía no hizo nada para pararlos». Elena Milashina, la periodista de investigación que desveló el 'caso Jedha' fue poco después amenazada de muerte por la prensa oficial chechena.

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Mensajepor Invitado » Dom 12 Jul, 2015 2:31 am

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Tren blindado detenido por la población civil en Gradacac en 1992 , ahora convertido en monumento conmemorativo


Las heridas de Bosnia veinte años después

Paula Corroto


Después de los disparos y los morteros quedan las heridas. Y los muertos. Y los desaparecidos. Como Amar y Alja, los hijos de Jasna Ploskiç. Así hasta más de mil personas de las ocho mil que fueron asesinadas solo en una pequeña región cuyo nombre ha pasado a la lista negra de los lugares malditos: Srebrenica-Potocari, en la República Sprska (zona serbia), dentro de Bosnia-Herzegovina, después de la división marcada por los Acuerdos de Dayton. Allí todavía se afanan médicos forenses, arqueólogos y antropólogos por buscar hasta la saciedad en las fosas comunes. Por hallar huesos y todo tipo de restos para darles un enterramiento y para que sus familiares y amigos supervivientes puedan despedirse al fin de ellos. Allí trabajaba hasta hace no mucho la doctora forense Ewa Klonowski. La protagonista de Como si masticaras piedras. Sobreviviendo al pasado en Bosnia, el largo reportaje que el reportero polaco Wojciech Tochman escribió en 2002 sobre las consecuencias de la tragedia bosnia y que ahora acaba de ser traducido al español por Libros del KO.

Quedo con Tochman en una terraza del centro de Madrid. Ha venido unos días para presentar su libro y dar una charla sobre la guerra en Bosnia y la masacre de Srebrenica, de la que el próximo 11 de julio se cumplirán veinte años. El periodista es alto y viste como si fuera un galerista de arte. No tiene el clásico aspecto del reportero de guerra. Tal vez porque él tampoco se considera uno. «Soy escritor de libros de no ficción, ya no soy más periodista, no escribo regularmente en los periódicos», me dice mientras se pide un cortado y enciende —y ofrece— un cigarrillo.

Es serio. Igual porque el asunto del que vamos a hablar lo es. Igual porque ha visto demasiadas cosas. Esas que nadie quiere ver.

Su relación con los Balcanes comenzó en las Navidades de 1992, cuando la guerra ya se había iniciado aunque el mundo todavía mirara para otro lado y aquello fuera cosa de nacionalistas impetuosos. Tochman llegó a Bosnia con un convoy que había puesto en marcha la ONG Polish Humanitarian Action, que también había organizado un autobús para periodistas. Un chollo en la Polonia de entonces. «El colapso del comunismo era reciente, los medios eran pobres y era la mejor forma de ir sin cargas económicas», cuenta el periodista, que entonces tenía veintitrés años y trabajaba para la Gazeta Wyborcza. Dice que hasta la frontera aquello fue un cachondeo. «¡Imagínate un autobús lleno de periodistas! ¡Una juerga!». Todo cambió una vez atravesada la línea. La atmósfera festiva se diluyó cuando empezaron a aparecer los pueblos en ruinas, carreteras cortadas y los disparos. La constancia de la guerra quedó clara al llegar al perímetro que los serbios habían creado en Sarajevo para cercar la ciudad. Aquello sucedió la noche del 31 de diciembre de 1992. No pudieron pasar hasta la mañana siguiente. Fue la primera vez que sintió miedo. «Había disparos por todas partes», relata. Bienvenidos al año nuevo en Bosnia.

«La guerra de Bosnia ha generado miles de teletipos, reportajes, exposiciones, libros, álbumes fotográficos, documentales y películas. Pero cuando terminó, los reporteros guardaron sus cámaras y se marcharon rápidamente a cubrir otras guerras». Esto está escrito al inicio de su reportaje. Por eso, su texto no va de la guerra. Va de lo que ocurrió después. Tochman volvió a Sarajevo en 1993 y en febrero de 1994, justo un día después de la masacre del mercado de Markale en el que murieron sesenta y ocho personas y ciento cuarenta y cuatro quedaron heridas por un mortero. Lo que allí sucedió lo escribió para el periódico. Lo que pasó a partir del año 2000 cuando regresó para ver cómo vivían los bosnios es lo que ha dado el contenido duro, cruel y dramático de Como si masticaras piedras.


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Una mandíbula inferior en las instalaciones de identificación de ADN del ICMP en Tuzla


En aquel primer año del nuevo milenio fue cuando Tochman conoció a la médico forense Ewa Klonowski, que trabajaba para el Comité Bosnio de Desaparecidos, financiado por los Gobiernos de Islandia y Estados Unidos desde 1996. Era toda una experta en huesos. «Los amo, me hablan», le decía al periodista. Ella y su equipo habían sido capaces de desenterrar ya mil cuerpos en toda Bosnia, depositarlos en bolsitas —los body bags— y, con suerte, entregárselos a sus familias. El reportero vivió este proceso con ella durante dos años. Conocieron a muchas mujeres bosnias que buscaban a sus maridos e hijos, la gran mayoría asesinados por las fuerzas serbobosnias del general Ratko Mladic en Srebrenica y Potocari. Se hicieron amigos y vivieron el primer gran funeral por aquellas víctimas que tuvo lugar en 2003.

Este funeral se celebra desde entonces todos los años. Y Tochman acude puntual. «Ahora ha cambiado. La gente que todavía espera encontrar huesos son la minoría. Antes eran la mayoría. La gente sigue viniendo de Nueva York, Australia, Nueva Zelanda, y de todo Bosnia para encontrarse con los vecinos, y por la noche en Srebrenica hay una sensación de mayor relax. Es ya la siguiente generación, una generación que recuerda Potocari de niños, y ellos se encuentran con otros, pero no es tan emocional, dramático como antes. No estoy seguro, pero creo que si vas por la noche allí el 11 de julio igual no recuerdas por qué se hace eso. Ellos están sentados en la calle, bebiendo. Y es lo natural. La vida sigue. El problema es que la limpieza étnica fue muy exitosa en Srebrenica y esta ciudad ya no es una ciudad musulmana. Y cuando digo musulmana me refiero a nación no a una etnia. Actualmente es un pueblo serbio», me relata de corrido.

Srebrenica es un pueblo que está entre montañas y que tiene una calle principal. Antes de la guerra la mayoría de la población era musulmana. Pero cometió un único gran error. Estaba dentro de lo que los serbobosnios consideraban la República Sprska y, por tanto, debía ser serbia. Nada de mezquitas ni de Coranes. Durante el conflicto, muchos musulmanes acudieron allí también a refugiarse porque Naciones Unidas lo consideró zona segura y envió allí a las fuerzas de UNPROFOR. El pequeño pueblo llegó a tener hasta treinta mil habitantes completamente hacinados y sin apenas recursos durante los años de la guerra. No llegaba suficiente comida, ni medicamentos ni nada que hiciera la vida vivible. Pero todo acabó el 11 de julio de 1995. Un día de calor insoportable en el que entraron los serbios y después de discutir con las fuerzas de la ONU holandesas —el general Thomas Karremans— comenzó la matanza. La OTAN llegó tarde. Todo el mundo llegó tarde. Y miles de personas murieron.

Le digo a Tochman que recuerdo esas imágenes —que he visto muchas veces en vídeo— y que siempre está la misma pregunta: ¿No se pudo evitar? ¿Por qué la ONU no hizo nada? ¿Por qué a Mladic se le permitió esa arrogancia mientras hablaba a los bosnios humillados y aterrorizados tras las vallas del campo de refugiados? ¿Por qué se le permitió que diera caramelos a los niños como si no pasara nada?

El escritor se queda pensativo. Me dice que la respuesta no es fácil, pero sí tiene algo claro: «No Holanda, pero las estructuras europeas, la OTAN y la ONU sobre todo podrían haber acabado con la guerra, y, de hecho, después de Srebrenica sucedió. Es decir, parece que tuvo que ocurrir un Srebrenica para que la guerra acabara. Incluso hay gente que acusa a los musulmanes de provocar lo de Srebrenica. Recuerdo cuando el secretario general de la ONU [Brutos Galli entonces dijo: “Estamos muy tristes por la masacre de Srebrenica y por la próxima masacre de Zepa, por lo tanto ya tenemos suficiente”». Y de ahí se saca su propia teoría sobre por qué durante tres largos años el mundo solo miró a los Balcanes con lástima pero sin hacer nada. «Imagina que Sarajevo, que estuvo bajo asedio durante tres años, con la gente muriendo porque no había medicinas, por los francotiradores, por veinte grados bajo cero… Era un desastre humano, pero era una ciudad musulmana asediada por cristianos [serbios. Imagina que en algún lugar de Europa, la ciudad estuviera asediada por musulmanes. Yo creo que Europa hubiera tratado este problema inmediatamente», recalca.

«¿Estamos hablando de que no se hizo nada porque eran enclaves musulmanes?», le pregunto.

«Bueno, la pregunta no es para mí. Tendrías que hacérsela a Bill Clinton y otros líderes de entonces. Lo que yo creo es que no se consideraba a los bosnios de los nuestros. Y por eso se les dejó a su suerte durante tres años», responde.


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Acto por el 18º aniversario del genocidio de Srebrenica donde fueron asesinadas más de 8.000 personas de etnia bosnia musulmana


Bosnia, año 2000

Y la suerte corrió para mal. Para muy mal, incluso algunos años después de la masacre. En el año 2000 muchos musulmanes intentaban regresar entonces a aquellas ciudades cerca de Srebrenica. Principalmente mujeres, que fueron las que más sobrevivieron —y las que más se han afanado luego en la búsqueda de sus seres queridos—. ¿Con qué se encontraban? Con que sus casas ya no eran suyas, sino de familias serbias. Tochman recuerda la historia de Mubina, de treinta y seis años, que perdió a su marido Hasan. Vivía en Bratunac. Con el estallido de la guerra ella se fue a Belgrado con su madre y sus hijos. Hasan se quedó y cuando las cosas se pusieron feas marchó a Srebrenica como zona segura. Nunca más le volvió a ver.

Mubina decidió volver a Bratunac y Srebrenica cinco años después de la matanza. La casa de sus padres ya no era suya, sino de los serbios. Tochman la conoció precisamente en el autobús que acudía ese día a Srebrenica. «Fue brutal, cuando entramos en el pueblo en todas las casas colgaba un cerdo ensangrentado. Era un aviso contra los musulmanes. Era puro odio», comenta. Y era el año 2000. Una huella tan indeleble que también había quedado en el propio traductor del periodista que ni siquiera quiso entrar en la ciudad porque era musulmán.

En el reportaje del reportero polaco también hay sitio para el sufrimiento de los serbios que viven en Bosnia. Así lo recoge en la visita que hizo a Nuevo Sarajevo y Sokolac. Ambos están en la República Sprska —la zona serbobosnia—. A comienzos del milenio en los dos pueblos había pobreza, muchísimo desempleo y ni cines ni teatros ni nada. Muchos de sus habitantes, serbios, vivían antes en Sarajevo, donde con la guerra empezó a mirárseles con odio. Como escribe el reportero, «son las consecuencias del aislamiento del mundo, que ha durado varios años, y del embargo comercial contra Serbia, que Occidente impuso durante la guerra (…) Hay quejas contra los musulmanes, Europa, Estados Unidos y el propio Gobierno, el de la República Sprska (…)». Como le contó uno de estos serbios, «el mundo nos convirtió en salvajes, pero nosotros éramos gente normal. Solo defendíamos nuestras casas, mujeres y niños. Sé lo que pasó en Srebrenica, pero en Sarajevo murieron más serbios que musulmanes». No es verdad, pero también hay historias terribles, como la de Stojanka, de treinta y seis años, que vivía en Sarajevo y huyó junto a su marido hasta que este fue reclutado por los serbios y llevado a disparar hacia su propia ciudad desde las montañas. Murió a causa de la metralla.

El periodista se incomoda cuando le comento que para Occidente, los serbios fueron los malos. Los grandes criminales de guerra. Desde el presidente de Serbia, Slobodan Milosevic hasta el de la República Sprska, Radovan Karadzic y generales como Mladic. Y, por supuesto, la población que participó de las matanzas. Y se lo digo porque él no toma partido. Escribe, señala, apunta. «Un autor de no ficción o un reportero no debe sentirse ofendido. No puede sorprenderse del mal porque el mal también es humano. Si al periodista le molesta no puede ser un periodista. El periodista lo que debe hacer es intentar comprender por qué esa persona cometió ese acto de horror. Por qué lo hizo, porque esa persona también es un ser humano. Yo no podría escribir nunca “es un monstruo”», me dice. Una crónica maniquea no es una crónica, es una opinión. Y eso no es periodismo. Lección primera.

De ahí que su texto sea también afilado como un cuchillo. Sus frases son gélidas. No juega con recursos estilísticos. No introduce más drama al trauma. «Quien escribe sobre el sufrimiento humano debe ser muy fuerte para recoger toda esa información y las emociones, pero a la vez debe ser débil. Porque una persona muy fuerte, con piel dura, nunca entenderá a una persona con ese trauma. Cuando hablo con gente en Bosnia nunca evito mis emociones, pero no puedo comportarme más sentidamente que la gente que sí ha perdido a sus seres queridos. Porque es su sufrimiento, no el mío», sostiene. Y a la hora de escribir todas las emociones deben quedar fuera, insiste. Hay que teclear con estilo quirúrgico, aconseja, «porque es un drama tan grande que no necesita ninguna figura retórica». Lección segunda.


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Grafitis hechos por adolescentes en el edificio donde ocurrió la mascare de Srebrenica


Bosnia, año 2015

Tochmann ha regresado muchas veces a Bosnia, tanto a la parte de la Federación Bosnia como a de la República Sprska. Me comenta que todo ha cambiado mucho desde que escribiera el reportaje en 2002. Ya no solo los funerales que aún se siguen llevando a cabo en Srebrenica. Sarajevo está «renovado», la vida se disfruta en las calles. La sombra de la guerra es cada vez más débil. Pero aún quedan cosas. Heridas sin cicatrizar. Odios sin diluirse. «Por ejemplo, ya no hay matrimonios mixtos entre musulmanes y serbios, cuando antes era lo normal. La falta de confianza aún es muy fuerte entre unos y otros. Quizá la división del país fue la mejor solución en 1995 con los Acuerdos de Dayton, pero ahora es la peor, veinte años después esa división es contra la unidad de la sociedad. Ahora tenemos tres sociedades en un país, croatas, bosnios y serbios. Imagina el sistema educativo, con lecciones de historia en una escuela serbobosnia y en una bosnia, es diferente», explica. Y como indica, aún hay parte de los serbios que no entienden que ellos sean los perseguidos por la justicia. No conciben que Karadzic o Mladic estén en prisión tras haber sido juzgados por el Tribunal Superior de La Haya. «A veces en casas serbias de la República Srpska todavía hay fotos de Karadzic como un gran héroe», apostilla. Y hay otros que se siguen escondiendo, que no quieren salir en fotos y documentales «por si alguna víctima les reconoce».

Para un extranjero son situaciones apenas perceptibles. Si se pasea por Sarajevo se observan recuerdos del conflicto como las famosas rosas que señalan el punto donde una bomba mató a varias personas en la calle, alguna casa aún sin rehabilitar —las menos, y están así porque no encuentran comprador—, pero, en general, es una ciudad bulliciosa, con gente yendo de compras a los centros comerciales, bebiendo en los bares o jugando en parques —llenos de tumbas, eso sí—. No obstante, si se agudizan algo más los sentidos se ven cosas como, por ejemplo, el orgullo de ser una ciudad que resistió el asedio serbio. En Mostar, donde, aunque se volvió a construir el puente, no se puede evitar la sensación de cierta división, por una parte el lado musulmán con sus mezquitas y llamadas a la oración, por el otro la católica (croata) con sus grandes cruces. Algo late.

«La guerra siempre puede ocurrir en cualquier lugar tal y como la historia nos ha enseñado. Por ejemplo, incluso, en Polonia hay gente que tiene miedo de la guerra por culpa de la política agresiva de Putin. Podemos decir que todas las guerras fueron inesperadas, hasta el comienzo de la guerra nadie podía pensar que esa guerra sería posible. ¿Quién podía pensar en los años treinta que sucedería la II Guerra Mundial?», sostiene Tochman, para quien la única solución pasa por que tanto Bosnia como Serbia se integren en la Unión Europea. «Aunque no es fácil. Serbia tiene una relación muy cercana con Rusia y a la Unión le preocupa que Bosnia sea musulmana», añade.

El próximo 11 de julio volverá a celebrarse un gran funeral en Srebrenica. Volverán a salir cientos de ataúdes verdes, la mayoría muy ligeros porque apenas se pueden reconstruir esqueletos completos, con dirección hacia aquella nave industrial en la que aquel día de 1995 se refugiaron miles de personas pensando que serían protegidas por las fuerzas de la ONU. Antes de llegar a su destino, los camiones serán llorados por cientos. Después se rezará el Corán, se les dará sepultura, y se seguirá buscando. Ewa Klonowski, la doctora forense que trabajó a destajo prácticamente desde que culminó el conflicto, ya está jubilada, pero los hijos de Jasna, que tenían cuatro años y nueve meses respectivamente, aún no han sido encontrados, como me dice Tochman. Como tantos otros. Es la gran herida bosnia. La memoria de un país que aún necesita decirle adiós a sus muertos.

El escritor se despide de mí y me pregunta por la dirección de un centro de arte donde quiere ver una exposición. En Occidente, la vida sigue.

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Mensajepor Invitado » Dom 12 Jul, 2015 2:33 am

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El sitio de Vukovar, 1991. Fotografía: Antoine Gyori


La hora gris

Arturo Pérez-Reverte


Pañuelos blancos: kleenex, como suelen llamarlos. Pañuelos de celulosa blanca que poco a poco se van perfilando en la luz sucia y gris de un amanecer. Eso es el miedo, o tal vez lo que mejor lo simboliza cuando miras atrás. Miedo y memoria. El lugar fue, o es, Vukovar, una ciudad de Croacia a orillas del Danubio. La fecha, uno de los primeros días de octubre de 1991. Son malos días. Muy malos, sobre todo para los que están dentro. Una ciudad cercada, bombardeada. Sin esperanza. Pocos días más tarde, las tropas serbias llegarán al centro de la ciudad y todos los combatientes croatas prisioneros, incluidos los que están heridos en el hospital, serán ejecutados y apilados en fosas comunes. Con varios de ellos, esos jóvenes que ya están muertos o morirán antes de una semana, habéis compartido muchas peripecias, tú, el cámara José Luis Márquez y vuestra intérprete croata, Jadranka. Los habéis grabado hablando, descansando, combatiendo. Son Grüber, Ivo, Sexymbol, Nilo, el pequeño Rado… Casi amigos vuestros, a esas alturas. O sin casi. Desde hace un mes y medio los habéis sacado en el telediario, yendo y viniendo desde Osijek para reuniros con ellos. Habéis fumado su tabaco —y más a menudo, ellos el vuestro— y compartido su comida. Ahora es la última vez, porque tenéis que largaros de allí. Os habéis despedido de todos, los que siguen vivos, porque ya no podréis volver. Lo saben y lo sabéis. Los tanques serbios presionan cada vez más, su infantería está a pocas calles del centro de la ciudad y las bombas siguen machacándolo todo. Aún queda un camino por los maizales que puede recorrerse: una vía hacia la salvación por la que se evacúa a los heridos, cuando se puede, y por la que vais a escapar vosotros antes de que se cierre la trampa en torno a Vukovar. Será al amanecer, con la primera luz, aprovechando el último contraataque croata para mantener el camino abierto unas horas más y sacar a los últimos heridos que se pueda.

La noche ha sido larga y fría. Húmeda, a causa del río próximo. No hay otra luz que el resplandor de las explosiones de artillería y fogonazos de disparos lejanos. Alguna bengala, de vez en cuando. Fluosss, hace allá arriba, y cae despacio, iluminándolo todo con un resplandor crudo y letal. Márquez, Jadranka y tú habéis pasado la noche acurrucados tras el parapeto de una trinchera, pegados unos a otros para daros calor, junto a cuerpos inmóviles que dormitaban o velaban con la cara pegada a la culata de un Kalashnikov. A Jadranka —Petrinja, Gorne Radici, Borovo Naselje, Vukovar, trágica geografía en vuestro cuentakilómetros— le ha encanecido el cabello en solo dos meses. Toda la noche tiembla pegada contra vosotros. De frío y cansancio. Es una de las mujeres más valientes que conoces, pero está al límite y ha visto demasiado. Márquez, como de costumbre, permanece silencioso e impasible, con su cámara entre las piernas, agachándose un poco más cada quince o veinte minutos para fumar, tapando la brasa en el hueco de la mano, cigarrillo tras cigarrillo. Como Jadranka, como tú, no pega ojo. La guerra es su estado natural, su lugar de trabajo desde hace treinta años, y por eso sabe lo que os espera mañana, cuando amanezca. También tú lo sabes de sobra: estos días habéis visto demasiados cadáveres degollados en los maizales. Piensas en distancias, fatigas, kilómetros. En la altura de la vegetación que, según los lugares, puede cubrirte o no. En suelos donde la hierba está aplastada, señal de que puedes hollarla sin riesgo de pisar una mina —Sexymbol, el croata, pisó una ayer por la mañana—, o suelos donde la hierba crece derecha, intacta, y en los que, por tanto, no debes poner un pie por nada del mundo. Piensas en si cuando empecéis a moveros habrá luz suficiente para ver la hierba. Y también en que, si tú puedes ver, otros pueden verte a ti. Piensas en la geometría de guerras que conociste antes de esta: lados buenos y lados malos de las calles, las casas, las carreteras y los campos; parábolas artilleras y líneas rectas, tiro tenso o curvo, ziaaang que pasa ya no es problema, tiempo de que dispones desde que escuchas el sonido de salida de un mortero hasta que llega el impacto. Cosas útiles de esa clase, que por lo general ayudan a conservar la cabeza en su sitio cuando más necesitas que esté ahí. Piensas en lo cansado y lo sucio que estás, y en que te quedan solo cuatro aspirinas y dos cigarrillos. Piensas en la oscuridad que te rodea, en el sabor de la infame lata de sardinas y los sorbos de agua sucia que te echaste al estómago hace unas horas. Piensas en el camino estrecho por los maizales, piensas en lo que os espera cuando amanezca, y sientes náuseas. Así que, apartándote de Jadranka, te alejas unos metros agachado, fuera de la trinchera, te pones de rodillas y vomitas intentando no hacer ruido. El vómito te quema la garganta y las fosas nasales. A tientas buscas en los bolsillos del chaleco —bolígrafos, bloc, Betadine, sulfamidas, vendas, condones, documentos, la radio Sony, el paquete de tabaco casi vacío— el último paquete de kleenex y te limpias la boca. Tiras los pañuelos sucios en la oscuridad y quedan colgados de unos arbustos, ante ti. Vas a regresar cuando una arcada te acomete de nuevo. Vomitas otra vez. Las putas sardinas, claro. Y los maizales. Sobre todo, los maizales. Te limpias con los últimos pañuelos, los tiras entre los arbustos y regresas a la trinchera.

Cuando te acomodas, bebes un sorbo de agua salobre de la cantimplora a fin de quitarte el gusto ácido de la garganta y miras por encima del parapeto, puedes ver las manchas claras de los pañuelos en la oscuridad. A veces los serbios tiran otra bengala, y la luz violenta recorta los arbustos con las señales blancas colgadas. Luego empieza la hora gris, la que lleva del alba al amanecer, y una claridad plomiza empieza a diluir las sombras, resaltando cada vez más la blancura de los pañuelos en los arbustos. No puedes apartar los ojos de ellos. De lo que significan. Al cabo de un rato, una forma oscura se destaca en la oscuridad y pasa por vuestro lado, una mano recia se posa en tu hombro. Hueles un uniforme sucio, a sudor, y te roza por un momento el cañón de un arma. Una voz áspera habla en croata y Jadranka traduce: «Nos vamos». Márquez se incorpora con su cámara abrazada y tú te pones en pie, colgándote la mochila a la espalda. Alrededor de vosotros suenan cerrojos de armas amartillándose, clac, clac, y siluetas confusas empiezan a salir de la trinchera. Una voz, quizá de un herido al que llevan en camilla, se queja con fuertes gemidos hasta que alguien, no sabes cómo, logra que se calle. Una claridad sucia y gris repta entre los escombros de las casas cercanas, demolidas a bombazos, que empiezan a perfilarse en el amanecer incierto. «Buena suerte», susurra Jadranka. Márquez responde con un gruñido; y tú, antes de concentrarte en el alivio de la rutina profesional, en la compleja geometría de lo que va a ocurrir en las próximas cinco horas —raras veces, en este oficio, el miedo va asociado a la palabra durante—, diriges una última mirada a las manchas blancas de los pañuelos colgados en los arbustos, respiras hondo y caminas hacia los maizales.


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Mensajepor Invitado » Mar 21 Jul, 2015 6:42 pm

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Sin noticias de Antonio Pampliega, José Manuel López y Ángel Sastre desde el 11 de julio

Tres periodistas españoles, secuestrados en Siria

El ministerio de Exteriores está al corriente de la situación y tratando de localizar a los reporteros

Tres periodistas españoles han sido secuestrados en Siria, según han confirmado a Efe fuentes de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE).

Tres periodistas españoles llevan varios días secuestrados en la zona de la ciudad siria de Alepo. Se trata de los reporteros Angel Sastre, Antonio Pampliega y José Manuel López, según confirmaron a Europa Press en fuentes diplomáticas.

Según fuentes gubernamentales, la última vez que se contactó con ellos fue el día 11 y, desde entonces, están desaparecidos. Las mismas fuentes apuntaron que no tienen constancia del secuestro. En Alepo, aunque la situación es bastante caótica, el grupo hegemónico es el grupo Al Nusra, u8n grupo islamista diferente del Estado Islámico con el que, dependiendo de la zona, está enfrentado o aliado.

Las citadas fuentes, que no quisieron hacer muchos comentarios al tratarse de un tema muy sensible, indicaron que tenían conocimiento de la situación y que estaban trabajando sobre este asunto.

El Ministerio de Exteriores está "al corriente de la situación", según fuentes del departamento que dirige José Manuel García-Margallo, que se han limitado a añadir que están "trabajando en ello".

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Mensajepor Invitado » Dom 27 Sep, 2015 1:16 am

Protesta de mujeres en Irán por la imposición del hijab obligatorio tras la revolución islámica de 1979

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Mensajepor cruzado » Mié 07 Oct, 2015 8:16 pm

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Un exedil del PP alavés lucha en Siria como francotirador contra el ISIS

«Siempre guardamos una última granada para que el Estado Islámico no nos cojan vivos»

Rodrigo Sanz «Joseba» está integrado en la unidad «Leones de Rojava», una organización formada por combatientes internacionales cuyo objetivo es frenar el avance del Estado Islámico en la zona kurda de Siria


El ex edil del PP en Alegría (Álava) Rodrigo Sanz «Joseba», que se ha sumado a la lucha de los kurdos contra el Estado Islámico (o DAESH) en Siria, ha relatado en una entrevista en la Cope que tanto él como cualquier combatiente "siempre" guardan alguna granada o una bala para que los terroristas no les «cojan vivos». Así, el Estado Islámico ofrece 150.000 dólares por la cabeza de cualquier miembro de los «Leones de Rojava» o de cualquier combatiente extranjero. «Aparecer en un vídeo donde al final te degüellan es para ellos publicidad y más publicidad para que más asesinos vengan aquí a matar a más gente», ha explicado.

Sanz está integrado en la unidad «Leones de Rojava», una organización formada por combatientes internacionales cuyo objetivo es frenar el avance del Estado Islámico en la zona kurda de Siria. «Si no los paras aquí los tenemos en casa, ya los hemos tenido en casa y eso hay que tenerlo en cuenta», ha narrado en la entrevista radiofónica.

Los 'Leones de Rojava', según ha contado, reciben el apoyo logístico y armamentístico de las Unidades de Protección Popular (YPG), las fuerzas kurdas en Siria. «El PKK (el Partido de los Trabajadores del Kurdistán) son los que están considerados terroristas, los YPG no están considerados terroristas, los YPG protegen a los pueblos y a las ciudades», ha remarcado. Es más, ha precisado que Turquía ataca al PKK, pero no a los YPG.

«Joseba», sin embargo, ha afirmado que no ha arriesgado su vida «tanto como se dice» porque el Estado Islámico «sólo sabe poner coches bomba» y es «bastante cobarde» en el combate. «En principio es bastante cobarde, lo que sabe es poner coches bomba pero cuando se tiene que enfrentar cara a cara son unos cobardes», ha recalcado.

En cualquier caso, el ex concejal vasco ha expresado su deseo de volver a España: «Yo quiero volver porque mi esposa no se encuentra bien», ha argumentado 'Joseba' añadiendo que de lo contrario se quedaría en Siria. «Vuelvo porque mi mujer me necesita sino me quedaría aquí ayudando a la gente», ha dicho. Para poder regresar a España, ha abierto una cuenta en la plataforma PayPal para recaudar a través de ella el dinero suficiente para hacerlo. «No estoy pidiendo caridad», ha aclarado añadiendo que no quiere que las instituciones le «agarren».

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Mensajepor Invitado » Mié 07 Oct, 2015 9:40 pm

Los progres nunca luchan contra los moros son sus amigos.

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Mensajepor Invitado » Sab 10 Oct, 2015 8:38 pm

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Ante el peligro de islamización de Europa, Angela Merkel pide «volver a la Iglesia y leer la Biblia»

Una declaración de la canciller alemana sobre el "peligro de islamización de Europa" que ha sorprendido a los medios de comunicación franceses.

La canciller alemana Merkel, que es hija de un pastor protestante, ha instado a sus compatriotas a ir más a menudo a la iglesia y a conocer mejor la Biblia.

Lo publican los periodistas de la revista alemana Pro: la canciller alemana participó en un debate público en la Universidad de Berna (Suiza) a principios de este mes.

Ante una pregunta sobre el riesgo de “islamización” de Europa, recordó que la mejor respuesta era tener “el valor de ser cristianos, saber fomentar el diálogo [con los musulmanes], volver a la iglesia, sumergirse de nuevo en la Biblia”. Luego añadió con pesar que “si le preguntas a niños en edad escolar qué es Pentecostés, las respuestas serán probablemente muy decepcionantes”.

Una oportunidad para profundizar en nuestras raíces
Una mujer del público le había preguntado cómo iba a “proteger a Europa y a su cultura de la islamización”. La canciller alemana, quien está muy implicada en la resolución de la crisis de los migrantes, quiso mostrar que el miedo al Islam no va a contribuir en nada a mejorar la situación. La afluencia de refugiados y los debates que esto crea constituyen también, según ella la oportunidad “para investigar un poco más acerca de nuestras propias raíces”. Para dialogar y hablar acerca de uno mismo, antes es necesario, de hecho, conocerse y entenderse.

Merkel pide redescubrir los tesoros del cristianismo
En lugar de crispar el tono sobre la identidad, Angela Merkel invita a los europeos a redescubrir los tesoros del cristianismo y de su fe. Lo que se mantiene en pie es nuestra fe en Jesucristo, muerto y resucitado por nuestra salvación, una fe que sólo puede hacer de nosotros verdaderos testigos del amor de Dios.

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Los musulmanes sienten un aumento del rechazo - Charles Taylor

Mensajepor Invitado » Sab 05 Dic, 2015 7:55 pm

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Charles Taylor: «Los musulmanes sienten un aumento del rechazo, y eso es exactamente lo que el Estado Islámico quiere que suceda»

Luis Marcelino y Jose Valenzuela


Nos quedaríamos cortos presentando a Charles Taylor (Montreal, 1931) simplemente como filósofo. Y es que el pensador canadiense se ha movido como pez en el agua entre la historia, la filosofía, la política e incluso la psicología; y en todas ellas ha realizado aportaciones relevantes.

Taylor se declara defensor de la identidad propia del Quebec dentro de una convivencia entre naciones y en sus distintas obras sobre la modernidad o el secularismo demuestra ese talante conciliador mediante el que trata de tender puentes entre posiciones encontradas como la fe y la razón. Aprovechamos su visita al CCCB de Barcelona para hablar sobre la cuestión nacionalista, el papel de las religiones en la sociedad moderna, la concepción del yo o nuestra tendencia hacia el conflicto y la reconciliación.



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DEMONIZACIÓN DEL MUNDO ÁRABE?

Mensajepor Invitado » Dom 31 Ene, 2016 9:30 pm

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Al menos 10.000 niños refugiados han desaparecido nada más llegar a Europa


Al menos 10.000 niños refugiados, que viajaban solos, habrían desaparecido nada más llegar a Europa, según estimaciones de la Europol (Oficina Europea de Policía) que publica The Guardian. Algunos estarían con familiares, sin conocimiento de las autoridades, pero otros se encuentran en manos de organizaciones de tráfico de personas, advierten.

En 2015 llegaron a Europa cerca de 26.000 menores sin acompañamiento, según datos de Save the Children; un 27% del millón de personas que atravesaron las fronteras huyendo de la guerra en Siria y otras zonas de conflicto. En total cruzaron la frontera 270.000 menores.

De acuerdo con las investigaciones de Europol - recogidas por los diarios británicos 'The Guardian' y 'The Observer'- la pista de la mitad del total de niños desaparecidos, que sí fueron registrados al entrar a Europa, se pierde en Italia, donde al menos 5.000 menores no acompañados han escapado de la supervisión de las autoridades y quedan a merced de una "infraestructura criminal paneuropea", relativamente nueva y enormemente sofisticada que ha fijado su objetivo en los refugiados. Otros 1.000 menores habrían desaparecido en Suecia.


Redes de explotación sexual

Esta organización criminal habría sido creada hace 18 meses y tendría sus epicentros en Alemania y Hungría, país que sirve como centro de tránsito desde el que las redes de trata humana reciben a los menores procedentes de Italia y Suecia y los distribuyen por el resto del continente, según el jefe de Personal de la Europol, Brian Donald. "Hay cárceles de Alemania y Hungría cuya población está casi exclusivamente compuesta por individuos relacionados con el tráfico de personas derivado de la última crisis migratoria", ha afirmado.

La Europol, además, ha descubierto una asociación entre las bandas criminales que secuestran a los niños con organizaciones de explotación sexual y esclavismo que lleva investigando desde hace años.

Con esta información, tiene previsto iniciar una ronda de conversaciones con las agencias de Policía en los países balcánicos, quienes han pedido una acción europea coordinada ante la imposibilidad de atajar esta ola de secuestros de manera unilateral. "Están absolutamente desbordados, están lidiando con esta situación todos los días y nos han pedido ayuda porque consideran que están ante un problema muy grave", explica Donald. La situación de los niños refugiados no acompañados se ha convertido en uno de los temas más urgentes en la crisis migratoria. La semana pasada se anunció que Gran Bretaña aceptaría menores de edad no acompañados de Siria y otras zonas de conflicto.

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DEMONIZACIÓN DEL MUNDO ÁRABE?

Mensajepor Invitado » Mié 03 Feb, 2016 4:09 am

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"Ni la espada ni la sangre arreglarán los problemas de Arabia Saudí"

El hermano de Nimr al Nimr, el jeque chií ejecutado en Arabia Saudí, rompe su silencio y relata a EL MUNDO el calvario familiar. Su hijo Ali al Nimr, de 21 años, espera su turno en el corredor de la muerte saudí pese a las continuas súplicas internacionales


Su sorpresiva ejecución ha causado en el último mes un cisma diplomático entre Irán y las monarquías del Golfo Pérsico. La muerte del clérigo chií Nimr al Nimr, decapitado junto a otras 46 almas en Arabia Saudí, aún duele en su pueblo natal, Al Awamiyah, en la provincia oriental saudí de Al Qatif. "Los jóvenes siguen muy irritados. Es la primera vez que la monarquía se atreve a ejecutar a un líder religioso chií", relata a EL MUNDO Mohamed al Nimr, hermano del hombre cuyo martirio se ha convertido en 'casus belli' entre los dos enemigos acérrimos de Oriente Próximo.

Su ajusticiamiento, acaecido el pasado 2 de enero, desató la furia en Teherán. El asalto a las legaciones diplomáticas saudíes en la capital iraní -que acaba de dedicarle una de sus calles- provocó la ruptura de relaciones diplomáticas entre ambas naciones, secundada por otros países árabes, en vísperas del fin de las sanciones internacionales contra la república de los Ayatolás.

Lejos de las cuitas políticas que incendian la región, la familia de Al Nimr aún elabora el duelo. Hasta la fecha han sido contadas las ocasiones en las que sus parientes más próximos han roto el luto para conversar con un medio de comunicación. "Todo el pueblo está de luto. Las tiendas permanecieron cerradas durante varias jornadas y en el funeral participaron miles de personas", comenta Mohamed.

A pesar de las exequias celebradas por sus allegados, el régimen saudí se ha negado a entregar el cuerpo del clérigo que regresó a casa en 1999 tras forjar su vocación religiosa en Siria e Irán. "No nos han permitido recoger su cadáver. Dicen que lo han enterrado en una tumba anónima. Insistimos porque es nuestro derecho", lamenta su hermano. Encarcelado desde 2012, el pasado octubre la Corte Suprema de Arabia Saudí le condenó a muerte por desobediencia al régimen, incitación a la lucha sectaria y organización y participación en manifestaciones.

"Nadie ha podido encontrar un vídeo en el que el jeque inste a la violencia. Jamás fue esa su filosofía", replica Mohamed al otro lado del teléfono. "Se ganó -agrega- un lugar en el corazón de millones de fieles por su carisma y religiosidad. Era un hombre humilde. No tenía dinero en el banco ni propiedades". Fue precisamente su figura -respetada entre las comunidades chiíes del Golfo Pérsico- la que propagó en su círculo la sensación de que la corte saudí no osaría cumplir la pena capital. "Han cometido un grave error. El Estado tenía que haber escuchado las súplicas de los países amigos. Al Nimr nunca fue un terrorista como sostienen quienes lo mataron junto a militantes de Al Qaeda".

En lugar de aplacar la rebelión iniciada al calor de la Primavera Árabe, su fallecimiento ha reforzado las llamadas de sus acólitos. En las marchas organizadas desde entonces, los jóvenes de Al Awamiyah y los pueblo contiguos han cruzado el callejero al grito de "Abajo los Saud". "No queremos derrocar al Gobierno saudí. No estamos contra ellos sino contra la segregación sectaria entre chiíes y suníes que practican. Pedimos a las autoridades que impulsen reformas; declaren la guerra a la corrupción; liberen a los detenidos y convoquen elecciones parlamentarias. Es lo que exigía el jeque y lo que seguimos reclamando nosotros", esboza su hermano, activista y empresario en la villa de Al Awamiyah.

Su voz resuena expedita, sin atisbo alguno de miedo. Y, sin embargo, la amenaza todavía se ciñe sobre el clan. Su hijo Ali al Nimr, de 21 años, lleva tres años entre rejas y aguarda en el corredor de la muerte saudí junto a otra decena de chiíes. La ejecución del clérigo ha disparado las posibilidades de que corra la misma suerte en un breve lapso de tiempo.

"Esperamos en cualquier momento la noticia de la muerte de mi hijo. Se debía solucionar este conflicto mediante la vía política pero han optado por la sangre. Su asesinato acarreará graves consecuencias y complicará la crisis que ya vivimos. Ni la espada ni la sangre arreglarán los problemas del reino", vaticina Mohamed, quien aún tiene prendida en la memoria la imagen de su vástago durante su último encuentro hace tres meses.

"Intentamos visitarle hace tres semanas. Recorrimos 500 kilómetros y cuando llegamos a la prisión no nos permitieron reunirnos con él", se queja. "Arabia Saudí -confiesa- no ha respetado los sentimientos de los chiíes que vivimos dentro y fuera de este país. Al Nimr sólo dijo en voz alta lo que todos pensábamos".

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Ruqia Hassan

Mensajepor Invitado » Dom 14 Feb, 2016 6:50 pm

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La vida en el califato del horror

Ruqia Hassan, asesinada por el ISIS, narró en Facebook el terror que desangra Siria

“He recibido amenazas de muerte. Seguramente, el Estado Islámico va a detenerme (…) y a decapitarme. Pero conservaré mi dignidad. Mejor morir que vivir humillada por estos tipos”. Se llamaba Ruqia Hassan Mohammed. La foto de su perfil de Facebook muestra a una joven elegantemente maquillada. Lleva un pañuelo negro sobre una diadema dorada, anillos y pulseras en ambas manos y una túnica larga y ceñida a la cintura. Tenía el rostro rellenito, los pómulos altos y una sonrisa tímida. Era siria y vivía en Raqa, la capital del Estado Islámico (ISIS, en inglés). Ruqia contaba en Facebook su vida en una ciudad bajo el yugo de los yihadistas. A estos no les gustó. A comienzos de enero, anunciaron que había sido ejecutada. Tenía 30 años.

Esta información llegó a Europa en enero. Algunas líneas, a veces un artícu­lo sobre una muerte más en Siria. ¿Por qué intentar averiguar más sobre Ruqia? ¿Para asociar una vida a esa foto? ¿Para intentar sacarla del anonimato estadístico? Tal vez. Pero hay algo más. Revisando la prensa de los dos últimos años —Le Monde, L’Obs, Le Figaro, Libération, los diarios británicos The Guardian y The Independent—, es posible dar con algunos retazos de la vida de Ruqia. Y, enlazados uno tras otro (gracias, queridos colegas), narran una parte de la tragedia siria. Ruqia luchó contra dos poderosas máquinas de muerte: el régimen de Bachar el Asad y el Estado Islámico. La suya es una historia ejemplar.

He recibido amenazas de muerte. Pero conservaré mi dignidad. Mejor morir que vivir humillada”


Ruqia tenía 30 años. A lo largo de todo 2015, bajo el seudónimo de Nissan Ibrahim, la joven publicó en Facebook una especie de diario de a bordo: la vida en tiempos del ISIS y de los bombardeos aéreos. “Cada día, prohibido, prohibido, prohibido. Lo único que hacen [los yihadistas] es prohibir. Sigo esperando el día en que finalmente permitan algo”. “Hoy la policía [los hombres del ISIS] ha llevado a cabo una oleada de arrestos arbitrarios. Dios mío, te lo suplico, líbranos de esta pesadilla y elimina a esta gente”. “Hoy una tunecina [una yihadista del ISIS] me ha llamado la atención a causa de mi atuendo. Yo la he ignorado y he seguido caminando. Me hubiera gustado tener una pistola para matarla. Quisiera acabar con estas humillaciones, con estos tipos que nos imponen su poder. Ya no soporto ser una ciudadana de segunda clase. Dios mío, ¡ayúdanos!”.

[...]

elpais.com

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alerta de un posible atentado en España

Mensajepor Invitado » Lun 15 Feb, 2016 1:48 am

La Inteligencia militar alerta de un posible atentado en España similar al de París

En un documento interno de la Guardia Civil se aconseja redoblar la seguridad en estaciones de tren, autobuses y recintos de las Fuerzas armadas por precaución

“Se espera que dicho atentado se produzca en sitios sensibles como estaciones de tren, autobuses o recintos de las Fuerzas Armadas”, indica el documento, al que ha tenido acceso El Confidencial. La alarma incluye a España dentro de un grupo de países en el que también sitúa a Estados Unidos, Francia, Bélgica e Italia.

http://www.elconfidencial.com/espana/20 ... s_1151796/

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DEMONIZACIÓN DEL MUNDO ÁRABE?

Mensajepor Invitado » Sab 20 Feb, 2016 8:54 pm

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Un niño de cuatro años, condenado a cadena perpetua por un tribunal militar egipcio

Es considerado coautor de cuatro muertes cuando tenía un año y medio de edad, junto con otros 114 acusados por crímenes cometidos a las afueras de El Cairo en 2014.


Tiene sólo cuatro años de edad y ha sido condenado a cadena perpetua por un tribunal militar egipcio por unos crímenes cometidos en el año 2014 cuando él sólo contaba con un año y medio de edad.

Su nombre, Ahmed Mansour Karni, fue introducido por error en una lista de 115 acusados por crímenes cometidos en el año 2014, pero las fuerzas de seguridad se negaron a aceptar los documentos que acreditaban su edad, según los abogados que lo defienden.

El caso fue transferido a la justicia militar, y el niño ha sido condenado en ausencia por un tribunal militar a la cadena perpetua porque tampoco se estimó la prueba de su nacimiento

Introducido por error

El nombre del niño fue introducido en una lista de 115 acusados ​​que todos fueron condenados a cadena perpetua a un tribunal militar en El Cairo por los crímenes cometidos el 3 de enero de 2014 en la provincia de Fayum, a 70 kilómetros al sur de El Cairo. informa Jerusalem Post, The Independent y MailOne, entre otros.

Ahmed Mansour Karni fue condenado en ausencia de cuatro cargos de asesinato, ocho de intento de asesinato, vandalismo, perturbación de la paz y amenazan a los oficiales de policía.




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