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Mensajepor Invitado » Mié 31 May, 2017 3:52 pm



Trump se inclina por retirar a EE UU del acuerdo de cambio climático


La balanza está a punto de inclinarse. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha decidido retirar a su país del Acuerdo de París sobre Cambio Climático, según numerosos medios estadounidenses. La medida, que no ha sido confirmada oficialemente por la Casa Blanca, implicaría mucho más que la ruptura de un pacto o la disolución del legado de Barack Obama; la salida consumaría el triunfo del aislacionismo y el avance del ala más radical de la Casa Blanca. Para el planeta, Estados Unidos, el segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero, habría dejado de ser un aliado.

Durante años Trump, que señaló en un tuit que haría pública su decisión en los "proximos días", se ha mostrado renuente a aceptar el acuerdo del cambio climático. Duda de que se deba a la mano del hombre y considera que se trata de un pacto contrario a los intereses estadounidenses. Si finalmente opta por salir del acuerdo, como apuntan Reunters, AP, CNN, The New York Times, BBC, FOX y Axios, la señal que enviaría es inequívoca. Estados Unidos sólo cumplirá los pactos que le convengan.

El impacto de una eventual retirada tardará meses o años en establecerse. Pero en la distancia corta se dirige hacia esos sectores deprimidos que le dieron el voto y que se quedaron rezagados en la era del carbón. Su supuesta mejora, el llamado "interés nacional", se antepone a la fractura de una sociedad ya altamente polarizada y a la desilusión de un planeta que llegó a creer en la Casa Blanca. Incluso entraña un revés para la gran industria energética, que en los últimos años ha hecho enormes inversiones para alcanzar registros más limpios.

El Acuerdo de París es básicamente político. No contiene sanciones ni medidas coercitivas. Es una expresión de voluntad de casi 200 naciones. Frente a la elevación de temperaturas, el deshielo de los polos, el aumento del nivel del mar y los fenómenos extremos, el pacto propone contener el calentamiento global limitando las emisiones de carbono. Cerrado el 2015, Estados Unidos se sumó en septiembre de 2016. Fue con Obama y ofreció reducir de las emisiones entre un 26% y 28% para 2025 respecto a los niveles de 2005. Con este objetivo, el anterior presidente desplegó una ingente batería de medidas legales que Trump se ha apresurado a bloquear. El republicano, que nunca se ha mostrado convencido de que el cambio climático sea obra humana, ha dado vía libre a la industria del carbón y a sectores altamente contaminantes. Los cálculos señalan que este giro limita la bajada de emisiones al 14%.

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ola de calor

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Mensajepor ola de calor » Dom 18 Jun, 2017 12:41 am

¿Por qué lo llaman ‘ola de calor’ cuando es cambio climático?



Los medios de comunicación dedican páginas y minutos a hablar de la ola de calor -que cada año parece adelantarse más al verano en España- pero solo de forma excepcional se apunta al cambio climático como una de las causas de la misma.

Llevamos ya varios días con temperaturas muy altas en la mayor parte de la Península Ibérica. Estas temperaturas son tan anormalmente altas que están generando situaciones críticas como la vivida en un colegio de Valdemoro, en el que hubo que atender a 50 chavales afectados por golpe de calor en su colegio. Los medios de comunicación están dando una información prolija sobre la ola de calor, aunque solo de forma excepcional se apunta al cambio climático como una de las causas de la misma. En realidad estamos ante un nuevo récord, que solo puede explicarse en el marco de las subidas globales de temperaturas: el cambio climático. Desde mi punto de vista es imprescindible comunicarlo así, ya que pareciera que el cambio climático fuera un fenómeno abstracto cuyos impactos nunca acaban de concretarse, y no es así.

Los informes del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) ya apuntaban el aumento del número y la intensidad de las olas de calor, como uno de los impactos esperables en nuestra región. Así lo llevan diciendo al menos desde el cuarto informe publicado en 2007: “Desde 1950, las olas de calor han aumentado y se han generalizado e incrementado las cantidades de noches cálidas. También hay más regiones afectadas por sequías, pues la precipitación sobre tierra ha disminuido relativamente mientras que la evaporación ha aumentado debido a condiciones más cálidas”.

Hubo polémica en Europa sobre las causas de las olas de calor extremas que causaron cientos de víctimas en 2003, pero una amplia revisión bibliográfica realizada por un equipo científico internacional y publicado en Climate Central en julio de 2015, concluía que se ha multiplicado por cuatro la incidencia de las olas de calor en Europa debido precisamente al cambio climático. Ese estudio hacía una correlación casi indudable con el cambio climático como causa de las olas de calor, y esta misma mañana Ricardo García Herrera, catedrático de Física de la Atmósfera de la Universidad Complutense de Madrid, respondía con un inequívoco sí a la pregunta de la periodista Pepa Bueno sobre la posible correlación entre la actual ola de calor y el cambio climático.

Esta tendencia de altas temperaturas sigue la tendencia confirmada por la NASA, la NOAA y la OMM que constataron que 2016 fue el año más caluroso desde que se tienen registros. El año pasado la temperatura global se situó 1,1 grados centígrados por encima de la que había en la era preindustrial. 2016, además, fue 0,07 grados más caliente que 2015, cuyas altas temperaturas ya fueron un motivo de alarma mundial.

La ola de calor que sufrimos con tanta intensidad a comienzos de este mes de junio no es un fenómeno ajeno a ese aumento de las temperaturas causado por el cambio climático. Por tanto es imprescindible abordar la cuestión en toda su magnitud. En tiempos de Trump, y de sus necias palabras y acciones, debemos de responder llamando a las cosas por su nombre: no digan ola de calor, cuando debemos decir cambio climático.

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Mensajepor Invitado » Dom 18 Jun, 2017 2:20 am

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ADOLFO EN LA ANTÁRTIDA. Ante una descarga glacial. «Entre 2002 y 2006 la pérdida de agua se ha duplicado»


EN LOS POLOS OPUESTOS DEL CAMBIO CLIMATICO

DEL DESHIELO A LA OLA DE CALOR. Ella es matemática y él, químico y geólogo. Y llevan décadas viajando al Ártico (ella) y a la Antártida (él) para medir cómo se derrite el planeta. Ellos se centran en los mejores sensores naturales: los glaciales. El mayor deshielo se está produciendo en el Polo Norte. “Si Trump no cree en el cambio climático, que se venga con nosotros a verlo”, dicen los españoles


Carmen descubrió el color azul insólito en el verano de 1997. En su primera expedición al Ártico. Un añil único que sólo existe en el interior de los glaciares. Allí estaba la joven Carmen —enfundada en un grueso traje amarillo— suspendida sobre un abismo de hielo. De hielo azul como ningún otro. Las manos bien sujetas a una cuerda, los ojos vivaces, la sonrisa congelada… Y a aquella exploración, al vasto casquete glaciar Vatnajokull, en Islandia (parte de la región ártica), le seguirían otras tantas decenas más.

El viaje de Adolfo empieza antes. En la otra punta de la Tierra. Este hombre de poblada barba gris pisa por primera vez territorio antártico a finales de 1987. Y es que Adolfo fue parte de la excursión que levantó en la isla de Livingston, en el archipiélago de las Shetland Sur, la primera base antártica española. La que lleva el nombre de Juan Carlos I.

La historia de Carmen Domínguez, alias Karmenka, y Adolfo Eraso es la de dos españoles que miden cómo se derriten los polos. O los glaciares que allí se encuentran. Lo hacen en cada extremo del planeta. Él, químico, académico y doctor en geología. Ella, doctora en matemáticas y profesora de la Universidad de Salamanca. La suya es una labor titánica. Extrema. Como las temperaturas que deben aguantar en cada visita que hacen a las regiones polares. Así, los últimos 20 años de su vida han transcurrido de expedición en expedición. El resultado es una base de datos única y viva (porque sigue creciendo) del derretimiento glacial. Una prueba inequívoca de que el cambio climático continúa. Y de que el calentamiento global no «fue creado por y para los chinos», como enarbola Donald Trump.

—¿Qué opina de la afirmación del presidente de EEUU? —le preguntamos a Adolfo.

—Yo no opino, yo investigo. Tengo cientos de miles de datos que me respaldan —sentencia él de un tajo.

Adolfo habla de las cifras de descarga glacial —hielo que se pierde en forma de agua— que han ido recopilando desde finales de los años 80. Desde que se desplazó hasta la Antártida para ayudar a instalar la base española. En esa ocasión, hizo mediciones sólo durante las dos o tres semanas que estuvo allí. Pero le bastaron para poder compararlas con las recabadas 13 años después. Así notó que la descarga glacial entre 1987 y 2000 se había duplicado. «Una pérdida de agua brutal», lamenta. Agrega el experto que después entre 2002 y 2006 pasó lo mismo. El valor se duplicó, pero en menor tiempo. En sólo cuatro años.

La descarga glacial «es un parámetro muy exacto y estable», dice Eraso. Es también una evidencia clara —y visible— de la existencia del calentamiento global. El aumento gradual de la temperatura ambiente, provocado por este fenómeno, hace que la masa de hielo de los grandes casquetes polares disminuya por fusión (es decir, que se derrite). Eso es lo que se conoce como descarga líquida glaciar y a la larga hace que el nivel del mar aumente.

Karmenka y Adolfo han bautizado su proyecto con el nombre de Glackma. Una contracción de tres palabras: Glaciar, Criokarst (cuevas o relieves en hielo) y Medio Ambiente. La iniciativa existe como tal desde 2001, aunque ya habían explorado juntos desde 1997. Para ellos las expediciones se han convertido en un modus vivendi. Exclama el geólogo: «Ya no las cuento. Sé que paso de 100…». Entre el Polo Norte y el Sur. Si en una imagen se ve a Carmen en Svalbard (79ºN), a menos 37 grados centígrados, pala en mano y rodeada de nieve, en otra estará Adolfo, pipa en la boca y mochila a la espalda, en el casquete glaciar Collins (62ºS).

Además de exactas, las mediciones que respaldan el trabajo que hacen en Glackma son continuas. Éstas se registran —cada hora de cada día— en las ocho estaciones distribuidas en los dos hemisferios. Cuatro están en el norte: en el Ártico Sueco (68ºN), Islandia (64ºN), Svalbard (79ºN) y en el norte de los Urales (68ºN). Otras cuatro en el sur: en la Antártida insular (62ºS), Patagonia Argentina (49ºS), Patagonia Chilena (51ºS) y en la Península Antártica (65ºS). Las que los expedicionarios llaman estaciones son en realidad sondas (conectadas a data loggers) que van almacenando información sobre el comportamiento de los glaciares. Incluidos los datos de pérdida de hielo. Son, en total, 70.008 mediciones al año.

Todas y cada una de las estaciones se encuentran en el interior de un glaciar. En concreto, en el punto donde confluyen los ríos, pequeños y grandes, producto del drenaje del glaciar. Llegar hasta allí no es fácil. Se accede a través de pozos en hielo— o moulins, que es el término empleado en glaciología— algunos de hasta 60 metros de profundidad. Luego están las cuevas y conductos que hay que recorrer hasta llegar al lugar perfecto para colocar la sonda. «Sé que me juego un poco la vida», reconoce Adolfo, quien estando a días de cumplir los 83 años no ha dejado de explorar entre las gélidas grietas. Siguiendo kilómetros y kilómetros de ríos subterráneos…

Menos mal que es hábil espeleólogo y que Carmen, de 48 años, se ha convertido en una gran bajadora a golpe de experiencia. De prueba y error. De manos ensangrentadas en la primera expedición al Ártico (por no usar guantes) a descender moulins de 55 metros como si lo llevara haciendo desde siempre. Y no sólo es bajar una vez a colocar la sonda en el lugar adecuado. Es subir y volver a bajar cada tanto para recoger los datos y poder analizarlos.


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KARMENKA EN EL ÁRTICO. Tiene 48 años y aquí se le ve bajando a uno de los pozos del Polo Norte para recabar datos del deshielo, en 1997. Ha llegado a bajar a 55 metros de profundidad.


EN LA NEVERA DEL MUNDO

Eso es precisamente lo que ha hecho Karmenka hace un par de semanas. Acaba de regresar de una excursión de 40 días al Ártico Sueco y a Islandia. Esta vez se ha unido al grupo Carlos Caraglia, fundador de la International Alliance for Nature Conservation (IANC), expedicionario y operador de cámara. La matemática cuenta a Crónica que desde 2013 no iban de expedición. Lo hace desde el Land Rover blanco en el que han recorrido los 12.000 kilómetros de ida y vuelta que separan España de estas regiones polares. En ese año les cortaron la financiación y los dos viajes al año que hacían en verano a cada uno de los polos se acabaron. «Esta vez», asegura, «el presupuesto ha salido de nuestros bolsillos».

Han sido días duros. De soportar vientos de 180 kilómetros por hora o nevadas muy intensas. De dormir en tiendas de campaña o no hacerlo. De llevar una dieta de comida liofilizada… Pero ha valido la pena. Aunque perdieron los datos de la estación del Ártico Sueco (había desaparecido), la información recabada en Islandia dice mucho de lo que está pasando en el planeta. Han podido determinar que la onda de descarga de hielo —el periodo en el que se registran los valores máximos de deshielo— se extiende ahora fuera de los meses de julio y agosto, como era habitual. Entre 2014 y 2017 este periodo ha pasado de durar de dos a seis meses (de mayo a octubre). Es decir, que el tiempo de duración del periodo de máximo deshielo se ha triplicado en sólo tres años.

Pese a las dificultades, no es una labor que les pese demasiado. A Karmenka, ávida lectora de las novelas de Julio Verne, la pasión por la naturaleza le viene desde niña. También a Adolfo. Cuando era crío exploraba las montañas y cavernas de su Estella natal. Dice que le gusta hinchar los pulmones en el Polo Sur. Que allí, rodeado de nieve, se siente «como en su tierra», Navarra. Ese es su laboratorio. Donde puede observar en silencio. Y eso que admite que «investigar en la Antártida no es nada sencillo». Pero el veterano geólogo no es de los que se rinde fácilmente (eraso significa acometer en euskera). Ni un melanoma maligno —que ya le quitaron— pudo frenar su ímpetu explorador. Ese cáncer fue el precio a pagar por estar tanto tiempo en zonas donde hay agujeros en la capa de ozono.


CAMINOS CRUZADOS

Los caminos de estos dos científicos se cruzaron cuando Carmen viajó de Salamanca a Madrid para recibir un curso en la Universidad Politécnica de Madrid. La casualidad (y la curiosidad) la llevaron hasta una conferencia impartida por un profesor llamado Adolfo Eraso. La expedicionaria lo relata en el libro Diario Polar (2011). Era una charla sobre su experiencia en el glaciar Perito Moreno, en la Patagonia. Fascinada por las historias del hidrólogo en el fin del mundo, supo allí que aquello era lo que quería hacer…

Y si en la novela de Verne el joven Axel, su tío Otto y el guía Hans descienden por el volcán Snæfellsjökull para llegar al centro de la Tierra, Karmenka se interna en los moulins para encontrar evidencias del calentamiento global. Explica la matemática que los glaciares son «sensores naturales», unos chivatos del clima. Se dice incluso que en ellos está la clave de nuestra supervivencia como especie. Al recopilar y analizar los datos que obtienen de sus gélidas profundidades, monitorean la evolución del cambio climático.

La ola de calor que esta semana ha recalentado España, con máximas de 42º y mínimas de 25º en Extremadura, Castilla-La Mancha y Andalucía, es, según ella, uno de los efectos del derretimiento de los polos y del cambio climático. «Los glaciares desempeñan un papel muy importante en el sistema climático global», explica. De hecho, son los responsables de que el clima sea como lo conocemos hoy y de que se den las condiciones favorables para la vida. Dice la investigadora que cuando los glaciares se funden a gran velocidad, como está pasando, los fenómenos atmosféricos se vuelven cada vez más violentos. Las sequías se alargan, las lluvias son más torrenciales, las olas de calor, más intensas y frecuentes...

La diferencia entre el deshielo de uno y otro hemisferio es también una evidencia. Según los datos recabados por los investigadores de Glackma, la descarga glacial en el Ártico es de 3,5 a cuatro veces mayor que en la Antártida. Karmenka detalla que «esto sucede porque la Antártida es un continente entero hecho de hielo, con puntos de altitud de hasta cuatro kilómetros». Mientras que el Polo Norte está formado por hielo marítimo. Pero hay otro factor: «El hemisferio norte abarca a los países que más contaminan».

¿Qué se puede hacer para frenar el deshielo? Adolfo dice que «hay que estudiar el fenómeno muy a fondo primero, que no está del todo hecho». Para Karmenka la clave reside en la divulgación de sus investigaciones enfocadas sobre todo en los jóvenes. Por eso en Glackma apuestan por compartir sus conocimientos con estudiantes, a quienes invitan a seguir las expediciones virtualmente desde sus aulas (a través de El blog de Karmenka, una suerte de diario de viajes). «Porque es imposible cambiar las mentalidades adultas».

—¿Qué le diría a Trump, que no cree en el cambio climático?

—Que se venga con nosotros a verlo —responde la matemática de los glaciares en medio de una risotada.


EL MUNDO / CRÓNICA / DOMINGO 18 DE JUNIO DE 2017

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Mensajepor Invitado » Mar 11 Jul, 2017 5:32 pm

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La mayoría de los europeos minimiza el papel humano en el cambio climático

El 51% cree que la actividad humana no es la principal responsable de las alteraciones del clima

España destaca como el país con más crédulos: el 60% de los españoles acepta que el cambio climático tiene un origen humano



A pesar de Donald Trump, parece haberse alcanzado un cierto consenso global sobre la necesidad de combatir el cambio climático. Sin embargo, el reparto de responsabilidades por esa alteración todavía confunde a la población. Una encuesta realizada entre 10.000 europeos, publicada hoy, muestra que la mayoría de estos ciudadanos minimiza el papel de los humanos en el origen del cambio climático. Únicamente el 46% cree que la mano humana es la principal responsable de este cambio global, que es la explicación que nos da la ciencia. Frente a esta explicación científica, un 51% opina que o bien el cambio se debe esencialmente a una evolución natural (8%) o es una mezcla de los dos factores anteriores (42%) o directamente que el cambio no existe (un residual 1%). Un 2% no sabe qué contestar.

El estudio, publicado en Frontiers in Mariluchi Science, muestra que únicamente el 18% de los europeos cree que el cambio global es el mayor problema que afronta el mundo. Pero quizá lo más interesante de sus conclusiones sean las diferencias que se dan entre países y entre grupos demográficos. Por ejemplo, España destaca como el país que mejor conoce este problema: el 60% de los españoles sabe que el cambio climático tiene un origen humano, el dato más alto de los diez países encuestados y que contrasta, en el otro extremo, con el 26% de los estonios.

"Los ciudadanos españoles destacan por su convencimiento de que el cambio climático se debe a la acción humana, y sus convicciones de estar adecuadamente informados sobre el cambio climático, su nivel de preocupación y concienciación sobre este tema, y su voluntad y su respaldo a actuaciones para atajar las causas del cambio climático", explica el oceanógrafo Carlos Duarte, que está entre los firmantes del estudio. "Los españoles también destacan entre los ciudadanos que confían más en los científicos y entre los que menos confianza tienen en opiniones sobre el cambio climático de amigos o familiares, como el primo de Rajoy", bromea el científico.

"Sin embargo", aclara Duarte, "al profundizar y hacer preguntas sobre hechos objetivos, como el aumento de la temperatura o del nivel del mar, se constata que su nivel de información es aún precario y que tienden a magnificar los cambios ya constatados, confundiendo previsiones futuras de modelos con hechos ya acaecidos". Este aspecto es lo que más le preocupa a Duarte, director del Centro de Investigación del mar Rojo, perteneciente a la Universidad de Ciencia y Tecnología Rey Abdalá. La encuesta, que se centra esencialmente en los problemas que afrontan los océanos por culpa del cambio climático, indica que muchos ciudadanos dan por hecho que ya se han producido algunas de las situaciones más temibles: tienden a exagerar los cambios e impactos que el océano ya ha experimentado, confundiendo estos con los que se prevé que puedan ocurrir, al ritmo actual de emisiones, a finales de este siglo.

"Esto apunta a un grave error de comunicación de los científicos, que al insistir en los cambios que podrían ocurrir hacia fin de siglo, hemos confundido al público. Creen que esos cambios han ocurrido ya: 2º C de calentamiento, un Ártico sin hielo en verano, y un océano cuyo nivel ha aumentado en más de 50 centímetros", explica el oceanógrafo. Y añade: "Esto lleva a la desesperanza y la inacción, pues si ellos piensan que esos cambios ya han tenido lugar, ¿cuál será su incentivo para evitar que estas cosas ocurran?".

En general, los ciudadanos europeos se muestran preocupados, se sienten relativamente bien informados (Alemania, Italia y España a la cabeza) y confían en la información sobre los impactos del cambio climático que les llega desde los científicos. Sin embargo, su información parece centrarse en la pérdida de hielo, la contaminación de los mares y la sobrepesca, mientras que otro problema esencial, como es la de la acidificación del océano, está fuera de su conocimiento ("es un problema que, en general, no entienden", lamenta Duarte).

Como es natural, son los ciudadanos que viven en la costa o vinculados al mar los que más preocupados se muestran sobre el efecto del cambio sobre los océanos. "Las mujeres están mejor informadas y más preocupadas", asegura Duarte, y sin embargo el porcentaje de hombres que aseguran sentirse bien informados de todos estos problemas es mayor que el de las mujeres. Los jóvenes se sienten menos preocupados que los más mayores, pero priorizan tomar acciones contra las causas del cambio, como reducir las emisiones de CO2, como también sucede en países como España e Italia. Los mayores, en cambio, priorizan actuaciones para adaptarse al cambio climático y mitigar sus consecuencias, como levantar defensas costeras.

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Mensajepor Invitado » Mar 11 Jul, 2017 6:48 pm


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Mensajepor Invitado » Sab 22 Jul, 2017 7:26 pm



Cambio Climático: ¿Qué dicen los científicos?
El cambio climático es un tema urgente de discusión entre políticos, periodistas y celebridades ... pero ¿qué dicen los científicos sobre el cambio climático? ¿Los datos validan quienes dicen que los humanos están transformando la tierra en catastróficamente caliente? Richard Lindzen, físico atmosférico del MIT y uno de los principales climatólogos del mundo, resume la ciencia detrás del cambio climático.





Lo que no te han dicho sobre el cambio climático
Desde tiempos inmemoriables, nuestro clima ha estado y estará cambiando. Patrick Moore explica por qué el "cambio climático", lejos de ser un desastre causado por humanos, es, por una miríada de razones complejas, un hecho de la vida en el Planeta Tierra.

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Mensajepor Invitado » Dom 23 Jul, 2017 12:20 am


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Mensajepor Invitado » Mié 26 Jul, 2017 2:02 pm


¿ECOLOGÍA? MEJOR CONFÍE EN LA PROVIDENCIA
Hoy, el director de www.hispanidad.com, Eulogio López, recuerda que es más eficaz confiar en Dios que en el reciclaje o el cambio climático.

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Mensajepor Invitado » Jue 27 Jul, 2017 1:52 pm


INSISTO: MÁS PROVIDENCIA Y MENOS ECOLOGÍA
Hoy, el director de www.hispanidad.com, Eulogio López, recuerda que la ecología no hace más que angustiar a los hombres.

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Mensajepor Invitado » Sab 29 Jul, 2017 1:52 am

Lo que no te cuentan en los telediarios: crece la superficie de nieve y hielo en Groenlandia.



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Mensajepor Invitado » Sab 29 Jul, 2017 12:05 pm


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Mensajepor Invitado » Mié 06 Sep, 2017 12:37 am


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Mensajepor Invitado » Jue 07 Sep, 2017 2:19 pm


EL HOMBRE FERTILIZA LA NATURALEZA, NO LA DESERTIZA
El director de www.hispanidad.com, Eulogio López, recuerda que el hombre no desertiza la naturaleza. Todo lo contrario.

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Mensajepor Invitado » Mié 27 Sep, 2017 6:39 pm


EL HOMBRE ES EL CAUSANTE DEL CAMBIO CLIMÁTICO. ¡CLARO! Y DE TODO
El director de www.hispanidad.com, Eulogio López, denuncia la obsesión por culpar al hombre de todo.

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Mensajepor Invitado » Sab 30 Sep, 2017 11:23 pm




Al Gore recobra confianza en la lucha contra el cambio climático

Planeta Futuro presenta en exclusiva un extracto del documental 'Una verdad muy incómoda: ahora o nunca', que se estrenará el próximo 6 de octubre

"En 10 años ya no podremos invertir el calentamiento", alertaba en 2006 el exvicepresidente de Estados Unidos, Al Gore. Acababa de protagonizar Una verdad incómoda, un documental que esbozaba un aterrador panorama del planeta y fue galardonado luego con dos oscars. Una década después, el político recobra algo da fe y cree que no todo está perdido en la lucha contra el cambio climático. En un viaje alrededor del mundo, que le lleva de Groenlandia a India, a través de Europa, Asia y Estados Unidos, Al Gore ya no se pregunta si debemos cambiar y qué, sino si lo estamos haciendo con la rapidez necesaria. El nuevo documental, Una verdad muy incómoda: ahora o nunca, se estrena el próximo 6 de octubre y el tráiler ya puede verse en YouTube. Planeta Futuro presenta hoy un extracto del documental en exclusiva, Los glaciares se derriten.

En esta nueva entrega, dirigida por Bonni Cohen y Jon Shenk, Al Gore reconoce que nunca ha habido tanto en juego, pero confía en que los peligros del cambio climático se pueden superar mediante el ingenio y la pasión que atesora el ser humano. Sus esperanzas echan raíces en las acciones correctivas que, a su juicio, se han sucedido en los últimos años, como las crecientes inversiones en energía renovable o la firma del Acuerdo de París (aunque el presidente de EE UU, Donald Trump, posteriormente haya abandonado este compromiso).





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