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Cartón-piedra

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Mensajepor Cartón-piedra » Mar 18 Abr, 2006 5:38 pm

Aniversario de la boda de la primera Leticia

Jaime Peñafiel

El miércoles 19 pasará a la historia de las monarquías por ser el aniversario de la boda de la primera Leticia.

Eran los años en los que a los titulares de las monarquías europeas sólo les preocupaba conservar la pureza de la sangre a tavés de uniones sentimentales de unas Casas con otras.

Se daba la cruel paradoja de que, con estas relaciones sentimentales endogámicas, la consanguinidad iba acabando con esa pureza que deseaban conservar.

Era un club tan exclusivo que allí no entraba ni dios. Preferían casarse con la prima o con el primo, aún a riesgo de la vulnerabilidad de la descendencia. Tal vez, por ello, ha habido tanto tarado en las Cortes de la vieja Europa.

Les preocupaba tanto este tema, que incluso una reina reinante, Federica de Grecia, decidió organizar un crucero por las islas del Egeo a bordo del Agamenón, en el que sólo embarcaron los príncipes y princesas solteros de la realeza europea.

Como los soberanos titulares de la monarquía mantenían una estrecha relación entre ellos, era lógico pensar que, en lo más profundo de sus sentimientos, desearan la continuación de esas buenas relaciones entre sus hijos educados, desde la cuna, para ser reyes o reinas, evitando con ello a los intrusos.

El crucero, en aquella arca de Noé, como fue calificada, y en el que participaron 91 royals, duró 13 días, mal número para conseguir buenos resultados. Tuvo una enorme repercusión mediática. Sin embargo, de aquel barco celestinesco del amor sólo salió una pareja, la formada por María Pía de Saboya, hija del último rey de Italia, y Alejandro de Yugoslavia. Acabaron en divorcio.

Pero el 19 de abril de 1956 las familias reales se conmocionan ante el atrevimiento de uno de sus soberanos, nada menos que el decano, que había decidido elegir, como esposa, no ya a una joven del pueblo, sencillo y llano, a una plebeya, sino a una actriz de cine que, aunque no era divorciada, sí había tenido aventuras sentimentales, novios o amantes varios.

Esto no se podía tolerar! Y decidieron, todos de mutuo acuerdo y por consejo de la más reina de todas las reinas, Isabel de Inglaterra, boicotear la boda. ¡Quién se lo iba a decir, con lo que después ha tenido que tragar!

Por ello, aquel 19 de abril, en la catedral de San Nicolás de Montecarlo, no había un solo miembro de familias reales. Sólo un curioso ex soberano, Faruk de Egipto, que vivía exiliado en la Costa Azul.

Eso sí, entre los 600 invitados se encontraban Cary Grant, Frank Sinatra, Ava Gadner, Alfred Hichtcok, David Niven...

Fue una gratuita humillación que Rainiero nunca perdonó y Grace no olvidó. Era la primera Leticia, ¡y qué Leticia!, que se casaba. Pero la más importante, famosa, glamurosa y bella actriz de Hollywood, galardonada incluso con un Oscar. Además, inmensamente rica. Como dato, aportó al matrimonio dos millones de dólares de entonces.

La endogamia se había roto. La puerta había sido abierta y la modernización de las monarquías, una institución medieval en pleno siglo XX, comenzaba incluso la vulgarización. Y la carrera de las Leticias a la caza de los reyes solteros y los príncipes herederos.

Tras la actriz Grace vendría la azafata Silvia (hoy Reina de Suecia); la costurera Sonia (hoy Reina de Noruega); la banana Teresa (hoy soberana de Luxemburgo); la economista argentina Máxima (hoy consorte heredera de los Países Bajos); la logopeda Matilde (heredera consorte de Bélgica); la abogada Mary (consorte heredera de Dinamarca); la periodista Letizia (heredera consorte de España) y la ex drogadicta y ex de tantos vicios Mette Marit (heredera consorte de Noruega).

Pero ninguna tiene la belleza, el glamour, el encanto, la dignidad y las fuerzas que tuvo aquella gracia perdida del principado.




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