MONARQUIA INGLESA - Noticias sobre los Winsor

Las últimas noticias de la Realeza. Monarquía vs. República
¿Cuánto reinarán Felipe VI y Letizia?


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Mensajepor MELBA » Sab 03 Abr, 2021 9:15 pm

MI REPUESTA LECTOR DE UMBRAL A TU ESTUPIDEZ, TE LA HE DADO EN EL HILO LOKO TEMA: KOTORRAS... PAGINA 515.

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Mensajepor Invitado » Sab 03 Abr, 2021 11:02 pm

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Si tu reina más reina no queria un bisnieto mulato imagina un nieto medio arabe y hermano del heredero al trono. Ya sabemos como se las gastan en Buckingham, verdad súbdita de Isabelita?.

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Mensajepor MELBA » Dom 04 Abr, 2021 3:30 am

QUIEN TE HAS DICHO A TI QUE LA RINA DE INGLATRRA NO QUERIA 1 ''BIZNIETO MULATO...?'' DIFAMANDO SIEMPRE A LA GENTE. SI LA REINA DE INGLATERRA NO HUBIERA QUERIDO ESE BIZNIETO, ESTABA EN SUS MANOS IMPEDIR ESA BODA.

CADA VEZ QUE QUIERES ARREGLAR MIS MENSAJES, REBUZNAS MAS RAFAELILLO. A VER SI EN SANLUCAR DE BARRAMEDA, PRONTO ABREN 1 UNIVERSIDAD PARA QUE TU Y TU ANILLA GALANA,APRENDAIS 1 POQUITO DE HISTORIA.

PD: NO CONTESTAS A MI MENSAJE EN EL HILO LOKO TEMA LAS KOTORRA...'' ESO ES LO QUE SABES HACER: COPIAR LA MISMA LINEA QUE YO ESCRIBI. ANDA BURRO A DEFENDER AL MEMO/MEMA QUE EN BUEN ''LIO'' HAN METIDO A SU ABUELA CON LO DEL RACISMO.

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Mensajepor Invitado » Jue 08 Abr, 2021 10:22 pm


Trabajos Ridículos Que La Reina Isabel Hace Que Su Personal Haga

La Reina Isabel II emplea la asombrosa cantidad de 1.200 personas solo para mantener la Casa Real en funcionamiento. Los puestos que ocupan van desde cocineros a choferes, pero muchos terminan haciendo trabajos que son bastante inusuales.

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Mensajepor Invitado » Vie 09 Abr, 2021 1:01 pm

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Muere Felipe de Edimburgo, el marido de la reina Isabel II, a los 99 años

El Palacio de Bukingham comunica que el duque de Edimburgo ha fallecido esta mañana en el castillo de Windsor

Felipe de Edimburgo ha muerto este viernes a los 99 años de edad. "Con gran tristeza, su majestad la reina ha anunciado la muerte de su querido esposo", puede leerse en el comunicado oficial del Palacio de Bukingham, que especifica que el duque de Edimburgo murió "tranquilamente" durante la mañana del viernes en el castillo de Windsor.

El marido de la reina Isabel II había abandonado el hospital el pasado 16 de marzo tas ser ingresado por una infección no especificada y posteriormente intervenido del corazón. Su muerte se produce días antes del 95 cumpleaños de Isabel II, el 21 de abril. El propio Felipe de Edimburgo habría cumplido 100 años el próximo 10 de junio.


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Re: MONARQUIA INGLESA - Noticias sobre los Winsor

Mensajepor Maritxu » Vie 09 Abr, 2021 1:24 pm

Muere el duque de Edimburgo, marido de Isabel II, a los 99 años
A punto de cumplir los 100 años el próximo junio, Felipe, quien nació como príncipe de Grecia y después adoptó el apellido Mountbatten, deja viuda a la soberana de Reino Unido



Por N.Tiburcio
09/04/2021 - 13:04 Actualizado: 09/04/2021 - 13:37
El duque de Edimburgo ha fallecido este viernes, 9 de abril, a los 99 años de edad. El duque de Edimburgo se encontraba en el castillo de Windsor después de haber estado ingresado en el hospital hace apenas un mes. Hace escasos minutos, Buckingham Palace comunicaba la noticia vía comunicado oficial: "Es con profundo pesar que Su Majestad la Reina ha anunciado la muerte de su amado esposo, Su Alteza Real el Príncipe Felipe, Duque de Edimburgo. Su Alteza Real falleció pacíficamente esta mañana en el Castillo de Windsor". A punto de cumplir los 100 años el próximo junio, Felipe, quien nació como príncipe de Grecia y después adoptó el apellido Mountbatten, deja viuda a la soberana de Reino Unido tras más de 73 años de matrimonio, cuatro hijos en común, ocho nietos y once bisnietos, dos de ellos en camino.

Fue el 17 de febrero cuando el duque de Edimburgo ingresó en el hospital Edward VII, pero el 1 de marzo el marido de la reina Isabel lo abandonaba tras haber estado allí durante casi dos semanas para ser admitido en el St. Bartholomew´s Hospital. Allí no solo siguió con la medicación que se le administraba para tratar la infección de la que Buckingham informaba en un principio, sino que además se le hicieron diferentes pruebas para detectar una afección cardiaca preexistente. Este es el motivo por el que fue trasladado de centro, ya que el St. Barth Hospital es uno de los principales del país especializados en cardiología. Hay que recordar que ya en 2011 fue tratado para solucionarle el bloqueo de una arteria coronaria, por lo que el equipo médico estaba especialmente preocupado por su corazón.

https://www.vanitatis.elconfidencial.co ... i_2973731/

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Re: MONARQUIA INGLESA - Noticias sobre los Winsor

Mensajepor Maritxu » Vie 09 Abr, 2021 1:30 pm

HA MUERTO EN EL CASTILLO DE WINDSOR
Fallece Felipe de Edimburgo, marido de Isabel II, a los 99 años
La Casa Real ha hecho un comunicado en el que se puede leer: 'Con profundo dolor Su Majestad la Reina anuncia la muerte de su amado esposo'

09 DE ABRIL DE 2021 - 13:11 CEST POR BEATRIZ CASTRILLO
Felipe de Edimburgo, marido de la reina Isabel II, ha fallecido a los 99 años tal y como ha anunciado en un comunicado la Casa Real. "Es con profundo dolor que Su Majestad la Reina anuncia la muerte de su amado esposo, Su Alteza Real el Príncipe Felipe, Duque de Edimburgo. Su Alteza Real falleció en paz esta mañana en el Castillo de Windsor.
Windsor. Se harán más anuncios a su debido tiempo. La Familia Real se une a la gente de todo el mundo en el duelo por su
pérdida.", se puede leer en el texto, que aparece acompañado de una imagen en blanco y negro del Duque, quien a mediados de marzo recibía el alta tras estar un mes ingresado tanto en el Hospital King Edward VII como en St Bartholomew's Hospital. El esposo de la soberana, que iba a cumplir 100 años este mes de junio, recibió "tratamiento por una infección" y fue "operado debido a un problema preexistente".

Nacido príncipe de Grecia y Dinamarca su destino quedó para siempre unido al del Reino Unido cuando el 20 de noviembre de 1947 contrajo matrimonio con Isabel II con quien tuvo sus cuatro hijos: los príncipes Carlos, Ana, Andrés y Eduardo. Desde entonces, se ha mantenido como el más fiel vasallo de Su Majestad durante casi siete décadas en las que ha trabajado activamente para la Corona hasta la edad de 96 años. El 3 de agosto de 2017, el duque de Edimburgo pasaba revista a las tropas de la Marina Real por última vez. A partir de entonces pasó a disfrutar de su jubilación. Desde entonces, sus entradas y salidas del hospital han sido relativamente frecuentes y en los últimos tiempos protagonizó un aparatoso accidente de coche del que salió por su propio pie, pero que le costó renunciar a su carnet de conducir. Una vida de leyenda, junto a una de las mujeres más influyentes de la época contemporánea, marcada por una infancia difícil, por un particular sentido del humor y, sin duda, por un matrimonio que cambió para siempre su destino.


Sus primeros años y su llegada al Reino Unido
Aunque nació en Corfú y nació siendo príncipe de Grecia y Dinamarca desde bien joven conoció los sinsabores del exilio tras el gobierno militar que desterró a su padre, el príncipe Andrés, para siempre del país. Su temprana y apresurada marcha de Grecia le hizo no conocer el idioma, pero dejó un poso en él que permaneció durante toda su vida y ha hecho que siempre haya guardado una cercana relación con doña Sofía y la Familia Real española.

Tras una estancia en Francia, a donde llegó en una cuna hecha con una caja de frutas, la familia se estableció en Reino Unido. El Felipe niño fue inteligente, pero siempre "notablemente cortés”, en palabras de su tutor francés Donald Mac Jannet. A los pocos años acudió a la escuela Cheam del condado inglés de Hampshire. Durante su estancia se alojó en el Palacio de Kensington (hoy residencia oficial de su nieto, el duque de Cambridge). Mientras el joven príncipe se formaba al más puro estilo inglés, su familia se resquebrajaba y vivía uno momentos muy complicados. Su madre, la princesa Alice era internada en un centro psiquiátrico mientras que su padre se mudaba a Montecarlo. De Inglaterra fue a Alemania. Allí estudió en el colegio privado Schule Schloss Salem y después acabó en el internado escocés de Gordonstoun, por el que muchos años más tarde pasaría su primogénito, el príncipe de Gales.

Cuando conoció a Isabel II
Alcanzada la mayoría de edad, Felipe entró en la Marina Real británica, una decisión que cambiaría su destino de manera drástica y marcaría de por vida. El mar se convirtió en su pasión y pronto promocionó hasta convertirse, con solo 21 años, en uno de los tenientes más jóvenes de la Marina por su visión estratégica en varias misiones. Fue en esta época donde el apuesto oficial conoció a la por entonces princesa Isabel de 13 años. Ella quedó prendada del apuesto y rubísimo marinero y comenzaron una relación epistolar que culminó el 20 de noviembre de 1947 con una gran boda en la Abadía de Westminster no sin antes renunciar a sus títulos griegos y daneses, convertirse al anglicanismo y tomar el apellido Mountbatten, de la familia de su madre, momento en el que le fue concedido el tratamiento de alteza real. La mar siempre fue su pasión y aunque su carrera terminó en julio de 1951, a lo largo de toda su vida estuvo muy relacionado con las Fuerzas Armadas.

Aunque el matrimonio de Felipe de Edimburgo e Isabel II ha resistido, los años y las décadas hubo quien no lo vio apropiado en su época por no tener suficiente capacidad financiera y por los lazos de sus hermanas con nobles alemanes relacionados con los nazis, en definitiva un príncipe que sintió Gran Bretaña como su patria y se convirtió en el mejor vasallo de Su Majestad. Juntos tuvieron cuatro hijos los príncipes Carlos, príncipe de Gales; Ana, princesa real; Andrés, duque de York y Eduardo, conde de Wessex, que a su vez le han dado ocho nietos y diez bisnietos (el último nació el 24 de marzo y se llama Lucas Philip, ridiéndole así homenaje). Isabel II y el duque de Edimburgo han estado juntos durante 73 años, en un matrimonio de récord que ha celebrado sus bodas de plata, de oro, de diamante y se quedó a un paso de las de brillantes.

Su servicio a la Corona
Incansable trabajador, durante sus casi 70 años de servicio a la monarquía acudió a más de 22.000 compromisos oficiales, a 637 viajes al extranjero y ha dado casi 5.500 discursos. Labores institucionales que ha compaginado con el polo, la equitación, los barcos y los coches. Hasta el momento de su muerte, el duque de Edimburgo era patrón, presidente o miembro de más de 780 organizaciones, con las cuales seguía vinculado, aunque en sus últimos años no acudía a los compromisos.

El duque de Edimburgo tenía un particular sentido del humor alejado de la corrección política, que en más de una ocasión han dejado sin palabras a sus interlocutores y que han levantado ampollas en Reino Unido. Genio y figura para el hombre que siempre caminó dos pasos por detrás de Isabel II.

https://www.hola.com/realeza/casa_ingle ... go-muerte/

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Mensajepor ABC es » Vie 09 Abr, 2021 10:28 pm

EL FALLECIDO MARIDO DE LA REINA DE INGLATERRA ''NO TENDRA FUNERAL DE ESTADO POR SU PROPIO DESEO...''
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Mensajepor Invitado » Sab 10 Abr, 2021 5:56 pm


La Desgarradora Muerte Del Príncipe Felipe

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Mensajepor Invitado » Sab 10 Abr, 2021 5:58 pm

ABC es escribió:EL FALLECIDO MARIDO DE LA REINA DE INGLATERRA ''NO TENDRA FUNERAL DE ESTADO POR SU PROPIO DESEO...''
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Mi mas sentido pesame MELBA supongo que seran momentos muy tristes para ti como subdita de la corona inglesa. Arriba ese animo.

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Mensajepor Invitado » Dom 11 Abr, 2021 1:13 am

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Felipe de Edimburgo junto a su madre.

La familia de Felipe de Edimburgo: tres hermanas marcadas por el nazismo y una madre con esquizofrenia

El fallecido marido de Isabel II creció entre problemas familiares y tensiones políticas tras la Segunda Guerra Mundial

ALBERTO MUÑOZ

Felipe de Edimburgo era hijo de las grandes monarquías europeas. No sólo era príncipe de Dinamarca y de Grecia por parte de padre, sino que su madre, la princesa Alicia de Battenberg, era la tataranieta de la reina Victoria. Una línea de sangre real que se remontaba también hasta la casa Romanov y el emperador Nicolás I de Rusia, lo que le hizo estar en constante relación con todo lo que ocurría dentro de un continente atrapado por las consecuencias de la guerra. De hecho, además de tener que exiliarse de su país cuando no era más que un niño por el conflicto con Turquía, tuvo que pelear por el bando aliado en la Segunda Guerra Mundial. Enfrente, sus hermanas y respectivos maridos se habían afiliado al partido nazi de Adolf Hitler, aunque uno de ellos llegó a ser acusado de tramar un plan para asesinar al líder alemán.

Su padre, Andrés de Grecia, roto por el trágico fallecimiento en un accidente de avión de su hija Cecilia, una de las hermanas de Felipe, nunca quiso una relación demasiado cercana, y el control sentimental y financiero que ejerció sobre él su joven amante, la actriz de Hollywood Andrée Lafayette, terminó por separarles. Apenas se veían una vez al año, y el abandono del hogar del padre en 1930, cuando Felipe no tenía más que ocho años, marcó para siempre a un duque de Edimburgo que siempre mantuvo que le guardaba un enorme respeto.

Por su parte su madre, quien padeció problemas psiquiátricos, terminó convirtiéndose en un símbolo de la caridad ortodoxa en Grecia. Las continuas depresiones que sufrió la princesa Alicia a raíz del abandono de su esposo le valieron un diagnóstico de esquizofrenia paranoide en una prestigiosa clínica de Berlín, por lo que fue internada y separada de sus hijos. Por su parte, mientras que sus hijas se casaron con príncipes alemanes, a cuyas bodas no pudo acudir, Felipe fue enviado a un internado de Inglaterra y se encomendó su cuidado a los Mountbatten, unos tíos lejanos que terminaron acompañándolo durante toda su vida y que tampoco estuvieron exentos de polémica.

El reencuentro definitivo entre madre e hijo no se produjo, sin embargo, hasta 1967, momento en que cayó el rey Constantino II de Grecia y se impuso un régimen militar en el país en el que la princesa Alicia había fundado una orden de enfermeras religiosas ortodoxas. Temiendo por su vida, Felipe de Edimburgo y la reina Isabel la invitaron a vivir en el Palacio de Buckingham, donde falleció dos años después tras reconciliarse con su hijo por los largos años separados.

Unas hermanas marcadas por el nazismo

La historia familiar de Felipe, por tanto, no está solo marcada por la separación forzosa de su madre y el abandono de su padre, sino también por el distanciamiento de sus hermanas. Las cuatro fueron casadas con príncipes alemanes entre 1930 y 1931, años finales de la República de Weimar, pero todo cambió para ellas en 1933, año en que Adolf Hitler llegó al poder.

Fue entonces cuando todos, exceptuando Theodora y su esposo, se convirtieron en miembros de alto rango del partido nacional socialista. Cecilia, que falleció unos meses después en un accidente de avión, tuvo un funeral nazi al que tuvo que acudir un joven Felipe que no había alcanzado aún la mayoría de edad, y de ahí las fotografías rodeado de simbología nazi que han circulado sobre él. El marido de Sophie, otra de las hermanas, era el príncipe Christoph, un oficial de las SS, la organización militar y política de Hitler, al que Sophie definió como un "hombre encantador y bastante modesto".

Por su parte el príncipe Gottfried, marido de Margarita, también fue un soldado nazi, pero, tras resultar herido en el frente oriental, llegó a renegar del régimen e incluso fue acusado de intentar participar en un intento de asesinato fallido contra Hitler en 1944. A pesar de que ni Theodora ni su marido se relacionaron con el Reich, el rechazo que existía en la sociedad británica hacia todo lo que pudiese estar relacionado con Alemania evitó que pudieran ser invitados a la boda con la reina Isabel en 1947.

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Mensajepor Invitado » Dom 11 Abr, 2021 1:24 am

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Isabel II, una reina de luto para apuntalar una corona en crisis

La reina continuará ejerciendo su papel hasta que la salud la obligue a dar un paso atrás, según los expertos. "Éste es un trabajo para toda la vida", llegó a decir, en medio de rumores sobre su abdicación o una regencia de Carlos

CARLOS FRESNEDA

Isabel II ultimaba los preparativos de su 95 cumpleaños, el próximo 21 de abril, cuando se anticipó la tragedia. La reina llevaba en realidad casi una década mentalizándose para la muerte de Felipe de Edimburgo, desde el "susto" del Jubileo de Diamantes del año 2012, cuando los británicos temieron lo peor tras su ingreso en el hospital con una infección de vejiga, poco después de una operación del corazón.

Desde entonces, Isabel II lució la corona con fuerza propia, y el hombre que fue su "roca" durante décadas se fue desdibujando a sus espaldas hasta su retirada de la vida pública hace más de tres años, en 2017.

Pese a su ausencia, la reina cumplió con su cometido con una redoblada determinación, como ocurrió también durante la larga convalecencia de 28 días de su marido en el hospital. Lejos de venirse abajo, la monarca dio un paso al frente e incitó a sus compatriotas a vacunarse y a "pensar en los demás".

Ese gesto, unido a su primer acto presencial en cinco meses (el pasado 31 de marzo en la localidad de Surrey, en un homenaje a las Fuerzas Aéreas), ha sido interpretado por los analistas como una señal inequívoca de que la reina piensa continuar adelante con su cometido y cumplir con su vieja promesa: "Éste es un trabajo para toda la vida". "Puedo asegurar que la reina no abdicará", vaticina el historiador real Hugo Vickers, saliendo al paso de las especulaciones sobre una posible renuncia al trono tras la muerte de Felipe de Edimburgo. "Todas las indicaciones apuntan a que su estado de salud es extremadamente bueno y que continuará siendo nuestra reina durante todo el tiempo que sea posible".

"La reina seguirá siendo firmemente la reina", atestigua otro reconocido historiador, Robert Lacey, asesor de la exitosa teleserie The Crown, que algún quebradero ha dado a la familia de Isabel II por el recuerdo del episodio de Diana de Gales. "Puede que dé un pequeño paso atrás, y que veamos al príncipe Carlos y al príncipe Guillermo asumiendo nuevas funciones de representación de la Casa Real, pero ella seguirá en su sitio".

Como una clara indicación, los planes para celebrar sus 70 años en el trono (aniversario que se celebrará en el próximo 2022) han sido ya anunciados por el Gobierno. Como otros analistas, Lacey asegura que su sentido del deber -y el humillante recuerdo de la abdicación de su tío Eduardo VIII- la harán seguir en su puesto a menos que un repentino giro en su salud se lo impida.

Los analistas anticipan incluso que tras su recogimiento de esta semana de duelo, la reina volverá previsiblemente a la actividad aprovechando la segunda fase de la desescalada de la pandemia de coronavirus y con nuevos actos presenciales tras haber recibido la segunda dosis de la vacuna del Covid-19. Pocos esperan una retirada a las sombras como la de la reina Victoria, que llegó a ser conocida como "la viuda de Windsor" tras la muerte su marido, el príncipe Alberto.

La corona británica se encuentra en cualquier caso en una de sus mayores encrucijadas, aunque todo parece indicar que Isabel II se seguirá desmarcando del ejemplo trazado en los últimos años por otros monarcas europeos, del rey emérito español, Juan Carlos, a Alberto II de Bélgica, pasando por la reina Beatriz de los Países Bajos.

Otro experto real, Duncan Larcombe, lleva sin embargo tiempo advirtiendo de que la ausencia de Felipe de Edimburgo podría precipitar el relevo en el trono del Reino Unido.

La visita en el hospital del príncipe Carlos y las lágrimas que dejó escapar el heredero de la corona dieron pie a todo tipo de rumores ¿Cuál fue el "mensaje especial" que le trasmitió su padre? ¿Llegó a existir un pacto secreto entre ellos?

Carlos de Inglaterra fue el primero en acudir el viernes al castillo de Windsor para arropar a su madre tras conocerse la noticia. El heredero del trono, con 72 años ya cumplidos, ha ido reemplazando la reina sobre todo en viajes internacionales y es previsible que siga subiendo el volumen, en una coreografía cuidadosamente diseñada desde Buckingham.

Durante meses se dispararon también las especulaciones sobre si Isabel II podría nombrar a su hijo mayor como su "regente" nada más cumplir los 95 años. El último príncipe "regente" del Reino Unido, entre el periodo de los años 1811 y 1820, fue el hijo de Jorge III (Jorge IV al llegar al trono) por la enfermedad mental de su padre.

"La posibilidad de una regencia sería una cuestión personal entre la reina, el príncipe de Gales y el primer ministro", advierte al periódico The Times un ex asesor de la monarca que prefiere no revelar su nombre. "Si la reina sintiera que no puede continuar en su papel como ella quisiera, su propio sentido del deber la llevaría a tomar la mejor decisión tanto para el país como para la institución".

El momento político, en plena crisis del coronavirus -que ha segado las vidas de casi 128.000 británicos y ahora parece remontar gracias a la campaña de vacunación exprés de Boris Johnson- y con el Brexit aún reciente, es posiblemente el menos propicio para un cambio de guardia en la más alta institución británica.

El premier Johnson, como en su día David Cameron, se ha apoyado además en el símbolo "unificador" de la reina para intentar aplacar las veleidades independentistas en Escocia. Los disturbios en Irlanda del Norte, que se han recrudecido esta semana, son un renovado foco de tensión política en el que la monarquía podría jugar también un papel.

Isabel II tiene además el reto añadido de aplacar el fuego dentro de la propia familia real por las acusaciones de racismo de Meghan y Enrique. Quizás el viaje del príncipe para el funeral de su abuelo podría ser el principio de la reconciliación.

El título del Duque de Edimburgo lo heredará el más joven de sus cuatro hijos, el príncipe Eduardo (57 años), a quien la reina quiere dar también un especial protagonismo.

No habrá redención posible para el príncipe Andrés, atrapado en la madeja del escándalo pedófilo de Jeffrey Epstein. Aunque sí habrá un espacio reservado a partir de ahora para la princesa Ana, que en la emotiva despedida de su padre destacó su capacidad "para estar siempre presente" y convertir la monarquía británica en una especie de "doble acto".

"Si alguien puede llenar el vacío dejado por Felipe es la princesa Ana", escriben en The Daiy Mail los cronistas reales Richard Kay y Geoffrey Levy. "Como su padre, es una persona muy centrada que trasmite confianza, con un sentido del ingenio que rara vez exhibe en público. Siempre ha estado más cerca de la reina de lo que mucha gente piensa, y puede convertirse en su confidente".

Kay y Geoffrey vaticinan de paso el ascenso de las mujeres en el círculo interno de la reina, con un papel destacado para su asesora personal, Angela Kelly (que decide mucho más que los trajes y los sombreros de la monarca), y también para Sophie Wessex, la esposa de su hijo Eduardo, que se ha convertido en compañera predilecta de la reina de Inglaterra en sus paseos a caballo por Windsor.

La duquesa de Wessex se convirtió de hecho en la protagonistas del día, saludando a la multitud apiñada a las puertas del castillo desde su coche y alabando en voz alta el papel "asombroso" de la reina en medio de las trágicas circunstancias.

La reina seguirá "fortificada" de momento en el castillo, que siempre fue su residencia favorita, en competencia con Balmoral en Escocia, donde seguirá dilatando previsiblemente sus estancias de momento. Todavía no hay planes para la vuelta al palacio de Buckingham, del que lleva ausente ya más de un año por la pandemia.

Miles de británicos acudieron desde el viernes a la verja del palacio, a dejar narcisos, rosas y tulipanes en memoria de Felipe de Edimburgo, pese a las peticiones reiteradas de las autoridades para evitar aglomeraciones.

Un total de 99 salvas fueron disparadas ayer en Londres y el país entero entró en una semana de duelo nacional que durará hasta el próximo sábado, cuando se celebrará un funeral austero y privado en la capilla de San Jorge en Windsor, en el que participarán un máximo de 30 personas por las restricciones impuestas para frenar el virus.

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Mensajepor Invitado » Dom 11 Abr, 2021 1:37 am

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Felipe de Edimburgo, en castillo de Windsor en 2017.

Felipe de Edimburgo: un leal consorte, políticamente incorrecto

El esposo de la reina Isabel II ha sido su gran apoyo durante más de siete decenios

Corría 2003 y la reina Isabel II de Inglaterra y su esposo realizaban su primera visita a Nigeria desde que el país africano dejara de pertenecer al Imperio británico. En un acto, el presidente recibió a la pareja real ataviado con un traje tradicional. El duque de Edimburgo, tras estrecharle la mano, le espetó: "¡Ah! ¿Ya está usted preparado para irse a dormir?".

Felipe de Mountbatten nunca tuvo pelos en la lengua. Su biografía está plagada de infinidad de salidas de tono como ésta. Para muchos, meteduras de pata impropias del consorte de la reina de Inglaterra. Para tantos otros, muestras de un humor cáustico típicamente británico con el que el príncipe trataría de romper el hielo y rebajar el encorsetamiento que imprime la sola presencia de cualquier miembro de la familia real. Sus chascarrillos, a veces subidos de tono, a veces machistas, a veces incluso en el filo racista, se acabaron convirtiendo en su sello personal, en un estilo propio de ejercer un cargo tan complicado: el de bastón de la reina durante más de siete decenios con todos los focos apuntándole, sin tener ningún papel político reconocido.

Pero el mordaz sentido del humor era también un perfecto antifaz bajo el que ocultaba un complejo carácter forjado en una dura infancia, primero, y en una larguísima trayectoria después, siempre a la sombra de la mujer más influyente de la tierra.

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Felipe de Edimburgo posa en el palacio de Buckingham en su 35 cumpleaños, en 1956.

Nació en junio de 1921 en la isla de Corfú como príncipe de los Helenos y de Dinamarca. Por sus venas corría sangre de varias dinastías europeas, incluida la de los zares. No en vano, sus padres eran el príncipe Andrés, cuarto hijo de Jorge I de Grecia el infante danés al que la Historia colocó en el Trono de Atenas a instancias de las potencias de mediados del siglo XIX, y la princesa inglesa Alicia de Battenberg.

Cuando el futuro duque de Edimburgo llegó al mundo el matrimonio de sus padres ya estaba roto, aunque aún mantenían las apariencias. Pero apenas año y medio después, el príncipe Andrés fue declarado culpable por la derrota de la contienda grecoturca. Toda la familia real se vio obligada a exiliarse y el pequeño fue protagonista inconsciente de una huida de película. Llegó a Francia por mar, protegido por un buque británico, en una caja de naranjas convertida en improvisada cuna.



Un carácter fuerte forjado a base de soledad

Felipe pasó su infancia de internado en internado, en colegios de Inglaterra y Alemania. La absoluta falta de afecto y de calor familiar con que se educó forjó un carácter fuerte que después le sería de gran ayuda como consorte real. Pero que le privó de toda empatía para, llegado el momento, ser capaz de mostrarse como un buen padre.

La restauración de la monarquía en Grecia en los años 30 no impidió que su familia se hiciera añicos. Su madre, diagnosticada de esquizofrenia, fue internada durante un largo periodo en un sanatorio. Y su padre se dedicó a malgastar su fortuna en Montecarlo, donde murió en 1944.

Su tío Louis, Lord Mountbatten, le apadrinó y guió cada uno de sus pasos en suelo británico. Siguiendo su consejo, Felipe desarrolló una carrera militar meteórica, tras su ingreso en 1939 en el Real Colegio Naval de Dartmouth. Fue allí donde se conocieron él y la aún princesa Isabel, en una visita que ésta realizó junto a sus padres en el verano de aquel año. Lord Mountbatten ejerció de celestino y consiguió que los monarcas invitaran al cadete Felipe a una cena en el yate real. Aquel joven alto, rubio y atlético causó sensación.

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El duque de Edimburgo, con su esposa la reina Isabel II y sus hijos, los príncipes Carlos y Ana, en 1951.

Felipe se convirtió en 1942, con 21 años, en el más joven subcomandante de la Armada británica y participó en la Segunda Guerra Mundial a bordo del buque Wallace. Durante toda la contienda, mantuvo contacto epistolar con la princesa Isabel. Ella decidió que quería compartir su vida con él. Felipe ya había obtenido su pasaporte británico y, en plena germanofobia, adoptó el apellido inglés de su madre, enterrando la ristra de apellidos alemanes paternos: Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg. En la corte el apuesto marino era visto como mujeriego, inculto, rudo y de sospechoso linaje por su cuota de sangre germana. Pero la determinación que demostraría Isabel II como reina la tuvo ya de adolescente en su empeño de casarse con Felipe. Y no cejó hasta que su padre, el rey Jorge VI, consintió.

La boda se celebró el 20 de noviembre de 1947. El país aún trataba de recuperarse de los rescoldos de la guerra y se intentó conciliar la solemnidad que el enlace exigía con la austeridad a la que obligaban las maltrechas arcas públicas. Felipe recibió el título de Duque de Edimburgo. Pero tuvo que renunciar a sus derechos dinásticos en Dinamarca y Grecia, abandonó la fe ortodoxa para convertirse al anglicanismo y se vio obligado a arrinconar a su familia, no pudiendo invitar al enlace a sus hermanas por sus vínculos con la Alemania nazi -dos tuvieron maridos jerarcas del régimen-.

Una vida de renuncias

Sus renuncias personales no habían hecho más que comenzar. Y pronto llegaría una de las mayores estocadas a su orgullo. Apenas habían transcurrido cinco años del enlace cuando el rey Jorge VI falleció repentinamente. Isabel II se convirtió en la joven soberana del Reino Unido. Y para él comenzó una larguísima trayectoria como consorte, siempre a su lado, un paso por detrás y en un rol de subordinación difícil de asumir pero que con el tiempo ejercería con impecable profesionalidad para un hombre educado con patrones machistas de la época.

La decisión de la monarca de mantener el Windsor como apellido familiar y no sustituirlo por el Mountbatten que él aportaba al matrimonio fue un sapo de difícil digestión. El siempre políticamente incorrecto Felipe lo describiría con una ya célebre y amarga queja: "Soy el único hombre en el país al que no se permite dar su nombre a sus hijos. No soy más que una jodida ameba".

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El duque de Edimburgo, junto a su esposa la reina Isabel II, su hijo el príncipe Carlos y su entonces mujer, Lady Di, EN 1982.

El matrimonio tuvo cuatro hijos y no se puede decir que la relación del duque con ninguno de ellos haya sido fácil. Pero Carlos, el primogénito, es quien más ha sufrido su duro carácter. Nunca sabremos si el príncipe de Gales le llegó a perdonar el que le empujara a casarse con la joven, dulce e insípida Diana de Gales, Lady Di, con quien formaría el matrimonio más infeliz y tormentoso de la realeza contemporánea.

Aquel enlace fue una imposición del duque para que el futuro rey de Inglaterra asumiera su responsabilidad de engendrar al heredero pero, sobre todo, para que dejara su romance con Camilla Parker Bowles, de la que estaba perdidamente enamorado. La historia es bien conocida. Un cuarto de siglo después llegarían el escándalo público, el divorcio real, el annus horribilis para la Monarquía británica, la muerte de Diana y, finalmente, la paz en la familia Windsor con la divorciada Camilla convertida al fin en la mujer del futuro monarca.

Un rosario de amantes interminable

Felipe de Edimburgo probablemente tampoco ha sido un buen marido. El rosario de amantes que se le han atribuido es interminable. Sin embargo, la lealtad a la reina -para ella lo único importante frente a algo tan mundano como la fidelidad- y a la Corona ha sido absoluta. El duque ha sido el mejor apoyo para la jefa del Estado y a lo largo de más de siete décadas ha representado los intereses británicos en cientos de viajes y en miles de actos oficiales. El sentido del deber en el matrimonio ha sido tan fuerte que, como si fuera uno de sus chistes, el duque anunció que iba a bajar el ritmo de su actividad ¡cuando cumplió 90 años!, lo que no impidió que al año siguiente, en 2012, participara en una interminable maratón con motivo del Jubileo de Diamantes por los 60 años de reinado de Isabel II.

Sólo en agosto de 2017, a los 96 años y consciente de que su envidiable salud de hierro ya no le acompañaba, el duque decidió jubilarse.

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Fotograma del documental de la BBC de 1969 'Familia Real'.

La reina y su esposo lograron formar un buen equipo y ella siempre ha declarado que no habría sido capaz de desarrollar su ingente tarea sin él. Incluso en la intimidad parece que el tándem funcionaba gracias a una complicidad basada en saberse piezas insustituibles de un matrimonio consagrado a la Nación y a la Historia. No debió de resultar sencillo para alguien como él, que lo único con lo que soñaba en su juventud era con ser un marino. Su actuación durante toda su vida sólo se entiende por un elevado sentido del honor y de la palabra, comprometida cuando juró a su mujer, el día de su coronación, servirle como el más humilde vasallo hasta el último día de su vida.

Felipe de Mountbatten, duque de Edimburgo, nació en Corfú (Grecia) el 10 de junio de 1921 y murió en el castillo de Windsor el 9 de abril de 2021.

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Mensajepor Invitado » Dom 11 Abr, 2021 1:56 am

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La reina Isabel II y el duque de Edimburgo en Ascot en una imagen de archivo de 2012.

Caída y auge de Felipe de Edimburgo, el consorte abnegado de lengua afilada

De linaje real danés y griego, Felipe de Edimburgo ejerció con entrega sus labores de consorte durante los 73 años de matrimonio con Isabel II.
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El Palacio de Buckingham ha comunicado este viernes que Felipe de Edimburgo, marido de la Reina Isabel II, murió “pacíficamente esta mañana en el Castillo de Windsor” a los 99 años. Una paz con la que no vivió, si hay que fiarse de su fama de hombre colérico en la intimidad, de su pasado militar o de los divertidos episodios en los que vulneró el protocolo durante los actos oficiales. Y es que su lengua, bien salpimentada, estuvo a punto de crear serios conflictos diplomáticos por culpa de sus geniales deslices.

«¿Sois todos de la misma familia?», preguntó a un grupo de danza étnica. A un viajero que venía de hacer escala en Papúa Nueva Guinea le preguntó cómo se las había apañado para que no le devoraran los lugareños. Se refirió a una obra de arte etíope primitivo como una manualidad semejante a las que su hija traía de la escuela. Comentó al presidente de Nigeria que parecía que «listo para irse a dormir», refiriéndose al atuendo tradicional que vestía el político africano.

Tampoco sus paisanos se libraban de sus hirientes comentarios. Afirmó, en el Instituto de la Mujer de Escocia, que las mujeres británicas no sabían cocinar. En el curso de un evento, mientras admiraba una tela de tartán confeccionada para el Papa, se dirigió a Annabel Goldie, entonces líder del Partido Conservador escocés, para preguntarle si «tenía bragas fabricadas con ese material».

Felipe de Edimburgo como portada de octubre de 1954 de la revista Picture



Linaje real, romances y una gran fortuna

Para hacerse una idea de la magnitud de la riqueza de la Casa Real británica, y de cómo ha sido amasada, hay que fijarse en ese mismo castillo donde el guapo e impertinente Philip ha pasado a mejor vida. Fortaleza emblemática de los Windsor y máxima expresión del periodo georgiano tardío, este palacio casi milenario alberga en su interior 450 relojes (tantos que, cuando el mes pasado se adoptó el horario de verano, el relojero estuvo 16 horas recorriendo el recinto para ponerlos en hora). Un espacio inmenso que sin embargo es míseramente calentado por pequeños radiadores de plástico gris de apenas 30 euros. Y es que según hemos podido ver en las fotos de sus recepciones oficiales su viuda, la Reina Isabel, gran tacaña, utiliza esos pequeños radiadores para calentarse, en medio de opulentos muebles y chimeneas que acumulan polvo.

Se dice que en el Castillo de Windsor viven veinticinco fantasmas, más que inquilinos vivos, pero dudamos de que Felipe de Edimburgo tenga ganas de formar parte de ellos. Sus únicas y acreditadas fantasmadas fueron los romances que coleccionó en su juventud, como el de la debutante Osla Benning, cuando Philip era un playboy de ojos mentolados, mirada penetrante y porte juncal al que sentaban divinamente los uniformes.

Nacido en Corfú, el príncipe por cuyas venas corría la sangre de linajes reales daneses y griegos, tuvo que ser evacuado de su país con un año de edad, al término de la guerra greco-turca, dentro de una caja de frutas a bordo del buque británico de guerra Calypso. Su vida tuvo esa impronta errática de las aristocracias caídas de entreguerras: primero un suburbio de París y luego una escuela en Reino Unido, donde a los 7 años se quedó solo: su madre ingresó en un psiquiátrico y su padre huyó a Montecarlo con su amante. Nunca tuvo sensación de pertenecer a ningún sitio. “¿A qué te refieres con hogar?”, respondió con amargura cuando le preguntaron qué idioma se hablaba en su casa.

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Isabel II y Felipe de Edimburgo en la ceremonia de coronación en 1953.

Joven encantador, cautivó la mirada de la futura reina de Inglaterra. En términos materiales, valió la pena estar casado con ella, a juzgar por los alrededor de 30 millones de dólares que componen el patrimonio que deja a sus herederos. De acuerdo a la Ley de Subvención Soberana de 2011, Felipe de Edimburgo recibía una cantidad anual de 500.000 dólares, con objeto de financiar sus gastos en el desempeño de sus funciones públicas, pese a que estaba retirado de las mismas desde 2017.

En el Antiguo Régimen los enlaces entre personas de distinto rango se conocían como “matrimonios de la mano izquierda”, porque el novio sostenía la mano derecha de la novia, cuando lo normal era hacerlo al revés. No fue así en la foto nupcial del 20 de noviembre de 1947, en la que Philip Mountbatten aparece a la izquierda de la novia con una bocamanga festoneada con galones, la pechera cubierta de medallas y una mano sobre la empuñadura de un sable, tan firme como lo eran en el pasado las manos masculinas. Sin embargo, aunque ambos eran príncipes, lo cierto es que Felipe estaba llamado a ocupar el papel subalterno de consorte.

Aquel apuesto lord Mountbatten, antes de la boda, era visto con desconfianza. Pertenecía a una rama marginal y depauperada de la realeza europea, vinculada además a Alemania, en una época en que la germanofobia sacudía la vida pública del Reino Unido. Sus hermanas estaban casadas con aristócratas alemanes que ocuparon un espacio prominente en el ecosistema nazi. Jorge VI, pese a todo, dio el visto bueno al casamiento con aquel espigado lord que poseía pasaporte británico y había adoptado la traducción inglesa de su apellido materno.

La diferencia de patrimonios no enturbió un matrimonio que se sostuvo con vínculos férreos. Se estima que la monarquía británica tenía un valor de alrededor de 88 mil millones de dólares en 2017, y que el patrimonio personal de la reina Isabel asciende a 350 millones de libras esterlinas.

El exministro Norman Baker, en su libro ‘And What Do You Do?: What The Royal Family Don’t Want You To Know’, elevó esa cantidad hasta los exorbitantes 1.600 millones de libras (por los 44 que, según sus cálculos, amasó su consorte), joyas, propiedades y objetos de valor aparte. A la tacañería de la reina se ha sumado el hecho de que ni ella ni ningún royal tuvo que pagar impuestos hasta 1993, cuando Isabel II decidió hacerlo por voluntad propia. Uno más de los graciosos privilegios que atesora Su Majestad, que también es la propietaria de todos los cisnes británicos, de dos jaguares negros, de una colonia de murciélagos y de todo el fondo marino de Gran Bretaña. Posesiones más excéntricas que provechosas económicamente.

El enfoque ahorrativo de la reina se forjó durante la adolescencia, que vivió en paralelo a los racionamientos de ropa y comida de la Segunda Guerra Mundial. Es capaz de mandar a zurcir unas cortinas que se caen de viejas, pero el difunto Philip no era precisamente de la cofradía del puño cerrado. O no lo vivía con entusiasmo. Kitty Kelley, reina de la biografía no autorizada, posó en los años 90 su mirada cruel sobre la Casa de Windsor a través de un libro que dejaba claro que Felipe era todo lo contrario: alguien que aborrecía la espantosa clase turista, y que durante una visita a la mansión en Acapulco de la actriz británica Merle Oberon dio muestras de dejarse seducir por el lujo, que estaba aparentemente desterrado de Buckingham.

Quizá Felipe prefería el lujo funcional del siglo a la pompa fosilizada en obras de arte y tapices que servían de escenario a Su Majestad. El Palacio de Buckingham pertenece al monarca pero no es propiedad personal de la Reina. Los 14.000 millones de dólares en propiedades en el Reino Unido, los 140 del Castillo de Balmoral –donde veraneaban–, o los 65 de Sandringham House –donde pasaban la Navidad–, no eran tan apabullantes para el viejo príncipe danés.

No está claro hasta qué punto la renuncia a ser príncipe de Grecia y Dinamarca, para convertirse en duque de Edimburgo, ensombreció su vida conyugal, pero siempre se mantuvo como un leal aliado de su esposa en las tareas y ceremonias de Estado. “Es un macho alfa en una posición beta”, manifestó Ingrid Seward, la autora de ‘Prince Philip Revealed’, que ha desmentido la imagen deformada de Felipe de Edimburgo que la serie ‘The Crown’ ha proyectado en el imaginario popular.

En su libro, retrata a un hombre impulsado por el deber, con una inteligencia rigurosa, que bajo el avatar de cascarrabias alimentado por la prensa supo cultivar una personalidad empática con gran sentido del humor. El biopic de Netflix sobre la reina Isabel no muestra al abnegado Philip de carne y hueso, en un segundo plano dócil y cumplidor, sino a un tipo áspero en la ficción, desafiante, ‘party animal’ feroz y mujeriego. Su metamorfosis tiene lugar durante la primera temporada, en la que pasa de ser el atento marido modelo a un arrogante que no acepta su nuevo papel tras la coronación de su esposa. Sea como fuere, lo cierto es que nunca ha sido demasiado popular entre el pueblo británico, que lo ha percibido como a un ente extranjero en su Casa Real.

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Felipe e Isabel en una foto de archivo de 1982.

La vida de aquel apuesto príncipe se ha extinguido hoy, pero pervivirá el título con que afrontó su vida de consorte. Hace años se decidió que fuera el príncipe Eduardo, el menor de los cuatro hijos de la monarca, y gran olvidado de la familia real, quien ostentara el Ducado de Edimburgo a la muerte de su actual titular. Un título que no pasa automáticamente de padres a hijos, sino que es la reina quien tiene la facultad de concederlo. Será el gran legado de un hombre que abandonó su carrera en la Marina por amor. Se dijo que las obligaciones de la realeza le aburrían terriblemente, con todos esos compromisos formales y apretones de manos, y que tuvo varias amantes, como la escritora Daphne du Maurier o la estrella del musical Pat Kirkwood. No hay pruebas. Pero seguramente el carácter difícil de Philip se sintió complacido con el rumor.

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Mensajepor Invitado » Dom 11 Abr, 2021 2:04 am

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Line of duty

ROSA BELMONTE

Cómo no te vas a enamorar de un dios griego nacido en Corfú (si, me pongo en lugar de una reina, entonces princesa). Felipe de Edimburgo era El Hombre. El más guapo. El más elegante. El que acabó sabiendo cuál era su lugar en un primerísimo segundo plano. Eso sí era line of duty. Un señor en cumplimiento de su deber. Ese que nunca diría «voy al baño a refrescarme. Te espero ahí». Y aunque lo hubiera dicho. Ojalá no fuera un personaje de 'The Crown'. Ojalá no lo viéramos con las caras de Matt Smith, Tobias Menzel o Jonathan Pryce, que no le llegan a la suela de los Lobb. Un hombre al que la Inglaterrita cobarde recrimina salidas racistas o colonialistas. «Eso parecen los dibujos de mi hija», dijo en una exposición de dibujos primitivos etíopes en 1965. O «si sigues mucho tiempo aquí vas a acabar con los ojos rasgados» (a un estudiante británico en China en 1986). Mi homenaje: el príncipe Harry vuelve a Gran Bretaña para vestirse de negro.




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