BERTONE SERA EL NUEVO PAPA

Cajón de Sastre: Foro para temas variados

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Mensajepor Invitado » Dom 12 Jul, 2015 12:28 am

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La Iglesia espera que la gira papal frene la huida de fieles

Si, en 1970, el 97% de los latinoamericanos se consideraba católico, ahora solo el 69%

La Iglesia católica tiene las venas abiertas en América Latina. La región donde más fieles posee —425 millones— es también donde la sangría es mayor. Si, en 1970, el 97% de los latinoamericanos se consideraba católico, ahora solo lo es el 69%. Los protestantes, en cambio, han pasado del 4% al 19%, lo que significa que uno de cada cinco cristianos de la región frecuenta ya iglesias evangélicas. El Vaticano espera que el éxito religioso, político y mediático de la visita a Ecuador, Bolivia y Paraguay de Francisco —el primer papa latinoamericano— ayude a revertir esta tendencia.

“Solo él puede parar esta hemorragia”. El que habla sentado en un café de Santa Cruz de la Sierra es cura, boliviano, mediana edad, muchos trienios de servicio en las primeras filas de la Iglesia católica. Ni los peligrosos pasillos del Vaticano ni los difíciles años de misión en territorios donde jamás habían visto un alzacuello le han hecho perder la fe. Hay un momento de la conversación que sus ojos amenazan lluvia. Es cuando cuenta el caso del anciano que murió sin recibir la extremaunción: “Su párroco estaba con la amante”.

Dice que, durante el cónclave que tenía que elegir sustituto para Benedicto XVI tras su renuncia, compró una botella de champán para festejar al nuevo Papa. Pero que, cuando apareció Jorge Mario Bergoglio en el balcón, dudó de su capacidad para sanar a una Iglesia enferma y decidió no descorcharla. Ahora, dos años y cuatro meses después, su opinión ha cambiado de forma radical: “El mejor regalo del Papa en este viaje es abrir unas puertas que llevaban mucho tiempo cerradas”.

El cura boliviano, que prefiere no dar su nombre, lo explica, poniendo el ejemplo de la situación de la Iglesia católica en su país, especialmente delicada, pero con bastantes puntos en común con otros países de la zona. A la secularización de la sociedad y al incremento constante del número de protestantes, se unieron los ataques cada vez más directos del presidente Evo Morales contra la jerarquía eclesiástica. “El plan del Gobierno para hacernos desaparecer”, explica, “estaba en marcha. El objetivo último era crear una Iglesia católica alternativa y, mientras tanto, apoyar económicamente a los evangelistas, fomentar los rituales aymaras y desatar una campaña de descrédito contra curas sospechosos de corrupción o adulterio”.

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Para más inri, a la Iglesia —tanto en Bolivia como en otros países como Ecuador— el ataque desde el poder político le pilló con la guardia baja: ni era capaz de conectar con los jóvenes, ni tenía suficientes sacerdotes para asistir a los mayores, ni tampoco recibía del Vaticano impulsos demasiado edificantes. Hasta L’Osservatore Romano, su diario, describía en 2013 a Benedicto XVI como “un pastor rodeado por lobos”, cardenales más preocupados por sus luchas de poder que por las necesidades de los fieles al otro lado del Atlántico. El sacerdote sentado en el café de Santa Cruz admite: “La gente no es tonta. Se va con quien le ofrece una fiesta mejor”.

El pastor Pedro Yambay, ingeniero informático, empresario de éxito y líder de la Iglesia Cristiana Evangélica del Centro, radicada en Asunción (Paraguay), se lo toma con humor. “Han tardado en darse cuenta”, ironiza, “la Iglesia católica siempre ha ignorado, e incluso atacado, los avances tecnológicos, tal vez porque sabía que la verdad le sería perjudicial. Nosotros entendimos mucho antes que la música o la tecnología son formas excelentes de llevar el mensaje de la Biblia. Millones de iglesias evangélicas disponen ya de un canal de YouTube y hasta nosotros tenemos un grupo de WhatsApp con 400 o 500 fieles siempre conectados. Y todo ello sin separarnos de la palabra de Dios escrita en la Biblia. Porque, mire, para escuchar mensajes políticos ya están los políticos. ¿No está de acuerdo?”.

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La andanada no es inocente. El viaje a Latinoamérica ha confirmado que, además de un líder moral, el papa Francisco no tiene empacho en respaldar las apuestas políticas de Rafael Correa y Evo Morales, en poner la diplomacia vaticana al servicio de conflictos tan enconados como la salida al mar de Bolivia o de subir el listón de su crítica feroz al sistema económico actual. La cuestión es ver si todo ello, unido a los millones de fieles que han asistido a sus misas, los cientos de titulares periodísticos que Bergoglio o sus gestos de cercanía con enfermos o presos, logra abortar la fuga de creyentes.

El padre César Piechestein, portavoz de la archidiócesis de Guayaquil (Ecuador), no es demasiado optimista a corto plazo: “Nuestro principal problema es que la cantidad de sacerdotes es insuficiente. Y es natural que mucha gente, que aquí prefiere acudir a un guía espiritual antes que a un psicólogo, se vaya hacia donde encuentre apoyo y respuestas. La presencia y el mensaje del Papa están marcando un hito y tal vez más gente se acerque a la Iglesia e incluso haya más vocaciones. Pero un sacerdote no se crea en dos días”.

El pastor paraguayo Yambay, que abandonó la Iglesia católica a los 15 años, considera, por el contrario, que la visita de Francisco será flor de un día. Ejemplo de la cordial antipatía entre cristianos con diferentes apellidos, se resiste a encontrar un aspecto positivo en la presencia del Papa en Asunción: “Lo único que tengo que reconocer es que han arreglado todos los baches de la ciudad”.


http://www.franciscoenbolivia.org/




BOLIVIA TE ESPERA PAPA FRANCISCO-SAXOMAN Y LOS CASANOVAS

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Mensajepor Invitado » Mar 21 Jul, 2015 4:56 pm



El Papa junta a 65 alcaldes para hablar de cambio climático y esclavitud

Manuela Carmena pide en el Vaticano un debate sobre la prostitución

De la teoría a la práctica. Apenas un mes después de publicar su encíclica sobre ecología –en la que vinculaba el cambio climático al aumento de la desigualdad--, el papa Francisco ha reunido en el Vaticano a 65 alcaldes de grandes ciudades para debatir sobre el cambio climático y las nuevas fórmulas de esclavitud. En el foro, organizado por la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales, están exponiendo sus tesis cada uno de los alcaldes, y está previsto que a las cinco de la tarde intervenga Jorge Mario Bergoglio.

Durante su turno de 10 minutos, la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, pidió un debate sobre las causas del consumo de prostitución entre los jóvenes. Carmena aseguró que se trata de un debate vivo en los colegios pero que la sociedad esconde: "Entre los muchachos se suscita el tema de por qué uno va de putas, por qué uno acepta la prostitución, etc...". La alcaldesa de Madrid dijo también que "no se puede desglosar" el cumplimiento de los derechos humanos con la lucha contra la corrupción: "La corrupción política lo que hace es plantear dos sociedades diferentes: la aparente o formal y la real".

"Si queremos evitar el terrible crimen de la esclavitud sexual", añadió Carmena, "tenemos que reflexionar con sinceridad sobre las causas". La temática del foro –el cambio climático y las nuevas formas de esclavitud-- fue expresamente sugerida por el papa Francisco al secretario de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales, monseñor Marcelo Sánchez Sorondo. Según el Vaticano –en línea con lo expresado por Bergoglio en su reciente encíclica sobre ecología--, los dos fenómenos están estrechamente ligados, por cuanto "el calentamiento global es una de las causas de la pobreza y de las migraciones forzadas", circunstancias que favorecen "la trata de personas, el trabajo forzado, la prostitución y el tráfico de órganos". En el encuentro participan, entre otros, los alcaldes de Nueva York, París, México o Bogotá. Los regidores firmarán luego una declaración conjunta con las conclusiones del foro.

El foro fue abierto con el testimonio de dos jóvenes mexicanas, Karla Jacinto y Ana Laura Pérez, que narraron su experiencia de esclavitud. La primera explicó que, tras una infancia terrible dentro de su propia familia –"mis hermanos me violaban y mi madre me odiaba"--, se enamoró de un joven que la obligó a prostituirse durante años: "Incluso después de dejarme embarazada, tuve que prostituirme hasta los ocho meses de gestación". Ana Laura Pérez explicó con detalle la forma en qué fue esclavizada en un taller de sastrería. Dijo que, hasta que consiguió escapar y denunciar su situación, recibió golpes, vejaciones, falta de alimentación y hasta fue encadenada para que no se separara del puesto de trabajo.

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Mensajepor Invitado » Dom 06 Sep, 2015 2:22 am

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Los planetas formaron un crucifijo el día de la muerte de Jesús

Urano y Júpiter parecen representar las manos, mientras que la Tierra y Venus forman los pies, explican desde la Universidad de Wisconsin-Madison


Un historiador ha observado que el 3 de abril del año 33 —fecha en que, según muchos investigadores, tuvo lugar la crucifixión de Cristo— los planetas Saturno, Urano, Júpiter, la Tierra y Venus se alinearon formando una figura similar a un hombre crucificado. "No son pocos los estudios que indican con precisión la fecha [de la muerte de Jesús]: la Biblia, los calendarios, las condiciones astronómicas, incluso la geología", señaló en un comunicado el historiador de la Universidad de Wisconsin-Madison Miguel Antonio Fiol.

Ahora, y tomando como referencia la fecha que señalan muchos historiadores, el 3 de abril del año 33, el historiador explica cómo los anillos de Saturno tenían el aspecto de un halo o de una corona de espinas colocada sobre la cabeza de Jesús. Urano y Júpiter parecen representar las manos, mientras que la Tierra y Venus forman los pies. "Incluso a primera vista, yo sabía que se parecía a la crucifixión", agregó Fiol en una entrevista al Ghospel Herald. "Pero me tomé tiempo para descubrir todos los paralelismos posibles". El investigador dice que la alineación planetaria se inició a mediados de marzo y se prolongó hasta mediados de abril del año 33. La misma alineación se produce una vez cada 333 años, por lo que fue observada seis veces entre el año 0 y el 2000.

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Mensajepor Invitado » Mié 23 Sep, 2015 12:15 am

http://www.youtube.com/v/166Bg4X5jvI&iv_load_policy=3

USA: Obama greets Pope Francis as he touches down in in Washington

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Mensajepor Invitado » Mié 23 Sep, 2015 10:05 pm

http://www.youtube.com/v/z5mk3_yU02g&iv_load_policy=3

Pope Francis in the USA- Welcome ceremony and visit to the President

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Mensajepor Invitado » Jue 24 Sep, 2015 7:05 pm

http://www.youtube.com/v/Pp6-dQ8RoPQ&iv_load_policy=3

Papa Francisco in la misa de canonización de Fray Junipero Serra


http://www.youtube.com/v/j2e2rqczk2U&iv_load_policy=3

Papa Francisco visita el Congreso de los Esatados Unidos


http://www.youtube.com/v/b39ql79WF3o&iv_load_policy=3

Papa Francisco visita un centro de caridad y se reune con vagabundos

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Mensajepor Invitado » Vie 25 Sep, 2015 7:44 pm

http://www.youtube.com/v/LRxFzoC0aeQ&iv_load_policy=3

Papa Francisco visita la ONU. Discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas


http://www.youtube.com/v/MWQWtAN4pDA&iv_load_policy=3

Papa Francisco acude a encuentro interreligioso en la Zona Cero

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Mensajepor Invitado » Vie 02 Oct, 2015 2:13 am


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Mensajepor Invitado » Vie 02 Oct, 2015 2:31 am



Todos los miércoles el Santo Padre concede audiencia pública para saludar a los peregrinos presentes e impartir una catequesis.

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Magic Francis

Mensajepor Invitado » Vie 02 Oct, 2015 3:21 am


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Mensajepor Invitado » Lun 02 Nov, 2015 3:41 am

27.09.2015 - Editorial Imagen
CATOLICISMO CRISTIANO

Marcelo Nelson Mouhapé Furné



ImagenEl título parece una redundancia, pero no lo es.

La sede de la Iglesia Católica se llama Vaticano, que corresponde al lugar donde se encuentra la colina Vaticana, cuya denominación data de los primeros pobladores de lo que después fue Roma, los Etruscos, quienes allí tenían su cementerio. La diosa que protegía esa necrópolis era “Vatika”.

Al Papa se le llama Sumo Pontífice; viene del latín “Pontifex Maximus”, función que desde la Roma pre Imperial tenía el principal jefe religioso; un cargo que muchas veces se compraba y que ejerció Julio César.

La institucionalización de la Iglesia Católica la concretó un Emperador Romano, Constantino, cuando hizo del catolicismo la única religión del imperio y ordenó las bases instrumentales del culto durante el Concilio de Nicea, en el año 325.

Cómo se aprecia, en los símbolos de la estructura burocrática de la fe Católica hay poco de Cristo, y en algunos casos, nada. Pero lo peor es que durante muchísimo tiempo se dejó de lado lo principal: la forma de predicar, y la prédica misma, de Jesús.

Hoy, con el Papa Francisco, eso tiende a cambiar.

El actual líder de fe de casi 1.300 millones de personas en el mundo le devolvió la esencia cristiana a la Iglesia Católica: la de ir en persona, como hacía Cristo, a consolar a los sufrientes. El Papa quiere lo que el catolicismo necesita, curas que gasten sus zapatos y se embarren la ropa ayudando a la gente y predicando in situ, en vez de porteros de edificios con forma de Iglesia que atienden en horario de oficina.

Otro cambio importante de intramuros tiene que ver con la postura del Vaticano ante los casos de sacerdotes que abusan de menores; el Papa Francisco ordenó a las diócesis colaborar en todo con la Justicia que investiga a los curas denunciados como pederastas.

En la Santa Sede, a Bergoglio le queda mucho por hacer para lograr la necesaria adaptación de los seculares dogmas ortodoxos al mundo de hoy. La inclusión clerical de la mujer es el gran desafío para el Papa. Es obvio que dejar sin efecto dos milenios de misoginia institucional no es fácil; pero sería un acto de suma justicia con ellas reconocer que las mujeres también son capaces de difundir la palabra de Dios, y con el propio Dios, quien creó al varón y a la mujer como complemento en igualdad.

Está claro que Francisco tiene mucha más resistencia dentro de los muros del Vaticano que fuera de ellos, en un mundo al que acerca con gestos muy claros.

Es en este rol, el de referente global, en donde Bergoglio más hizo en los treinta meses que lleva como Papa. Además de acercar posiciones entre países que llevaban mucho tiempo distanciados, se mete con las cuestiones que los Papas anteriores, -demasiado indulgentes con el capitalismo avasallante-, no criticaron: como la destructiva afectación del medio ambiente; la cruel explotación en diversas formas del ser humano; el creciente negocio armamentístico que provoca guerras; y la vergonzosa falta de equidad en la distribución de los recursos que genera hambruna y provoca la inmigración forzosa.

Con el Papa Francisco haciendo observaciones desde un púlpito universal muy influyente, y predicando con ejemplos propios de Cristo, el mundo tiene una luz de esperanza de mejorar; de ir acercándose al hoy muy lejano ideal de ser lo que debe ser para los fines que Dios lo creó.

Marcelo N. Mouhapé Furné.



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Assia
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Mensajepor Assia » Lun 02 Nov, 2015 11:23 am

No tengo ganas de leer al ''desertor'', el guapo de La Pampas. Esta contento conque el Papa sea argentino.? Y a ver si no nos engana mas este Guapo de Las Pampas con fotos sin canas,mas delgadito y con fotos retocadas. Vamos, digo yo, este Guapo de las Pampas sale tan retocado en las fotos como la querida del ''gaga'' Varguitas,la filipina que esta esperando casarse
con el Premio Nobel pero me parece a mi que la filipina se va a casar con Varguitas, el ''mismito'' dia que se case el Guapo de las Pamas con su platera. Ay mi ''mare!'' confio no haberme equivocado y a lo mejor el Guapo de las Pampas,ya esta ''ataito'' a la platera y quien sbe si ya esta pensando hasta en el divorcio por segunda vez.
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Re: BERTONE SERA EL NUEVO PAPA

Mensajepor BOIRA_A » Mar 08 Dic, 2015 8:51 pm

Eres tremmenda Assias pero me rio cantidad con lo que escribes Un saludo

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nuevo ateísmo

Mensajepor Invitado » Jue 24 Dic, 2015 12:58 am

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«Probablemente Dios no existe», anuncio del Partido Humanista de Suecia. Fotografía: Let Ideas Compete


La incómoda vigencia del «nuevo ateísmo»

E.J. Rodríguez


El fenómeno religioso nunca ha estado tan abierto a debate y crítica como en los últimos quince años. Durante buena parte de la historia, en casi todas las épocas y lugares, la sola negación de las creencias imperantes acerca del mundo sobrenatural o de los dogmas revelados por alguna divinidad despertaba incomprensión y rechazo social, cuando no suponía la persecución e incluso la muerte. Cabe imaginar que la apertura resultaba todavía más difícil para quienes además de desmentir en público que poseyeran creencias religiosas, se atrevían a señalar sus inconsistencias, sus errores lógicos, o peor aún, las facetas oscuras de sus textos fundacionales o de las personas e instituciones que representaban dichos cuerpos de creencias. El ateo confeso era, pues, una figura poco común. Aunque es todavía minoritario en algunos países occidentales y desde luego apenas existe en determinados países musulmanes, en las sociedades más avanzadas su situación ha cambiado gracias a un proceso de secularización generalizada que ha permitido que los más militantes defensores de una sociedad laica, e incluso los que son abiertamente detractores de la religión, puedan difundir su mensaje de manera más o menos libre. Y así surgieron algunos célebres detractores de la religión, a quienes se suele englobar bajo la etiqueta «nuevos ateos».

El término «nuevo ateísmo» es un mal menor que cabe usar a despecho de que produzca la impresión de que existe algún manual del nuevo ateo, repleto de directrices y principios, porque tal cosa no existe. Se suele decir, aunque no es cierto, que el término apareció por primera vez en un artículo que la revista Wired publicó en 2006, titulado «La Iglesia de los No-Creyentes». Allí era empleado con carácter despectivo por un periodista que se confesaba no religioso, pero que bajo el aspecto formal de un reportaje, aprovechaba fragmentos de entrevistas a tres de los más célebres ateos militantes del momento para atacarlos, algo que demostraba tanto la antipatía del autor hacia los entrevistados como el intento de crear polémica a su costa. En cualquier caso, «La Iglesia de los No-Creyentes» era un texto no demasiado brillante pero puso de moda la expresión. En realidad el término ya había sido utilizado con ese sentido desde por lo menos dos décadas antes, empleado casi siempre por apologistas del cristianismo evangélico para referirse al auge de un nuevo ateísmo más militante que el conocido hasta entonces. Por ejemplo, en los años ochenta se publicó un libro llamado El nuevo ateísmo y la erosión de la libertad. Escrito por un pastor evangélico y de contenido más bien panfletario, pone de manifiesto que la expresión fue acuñada por sus detractores. Continúa siendo la etiqueta preferida de quienes están en contra, aunque hoy, por fuerza de la costumbre, es también usada por muchos de sus defensores o por los comentaristas neutrales.

Una vez creado el término, la siguiente pregunta es: ¿en verdad engloba el término «nuevo ateísmo» algún tipo de movimiento grupal, una escuela de pensamiento? La respuesta breve es que no. Aunque es un asunto complejo. Por un lado, el ateísmo es la mera ausencia de una creencia concreta (la de que existe un ente sobrenatural y todopoderoso, creador del Universo), pero más allá de ese detalle, no implica sostener principios o dogmas concretos de ninguna clase. Existen ateos de todas las razas, culturas y tendencias políticas. Muchos ateos defienden principios opuestos en cuanto a la propia religión, desde quienes sostienen posturas antirreligiosas furibundas hasta quienes se declaran pertenecientes a una cultura religiosa cuyos valores morales, pese a no ser creyentes, comparten. Hay ateos anticlericales y hay ateos que defienden los valores religiosos con un fervor parecido al de muchos creyentes. Y huelga decir que las diferencias entre ateos son tanto o más marcadas en cuanto a otros asuntos. Así pues, el que dos individuos sean ateos no implica ningún parecido entre ellos, ni siquiera a nivel ético o intelectual, por lo que pretender definir el ateísmo como una doctrina grupal es un absurdo intelectual de primer orden. Con todo, es por igual evidente que algunos ateos se parecen más entre sí que otros. Algunos comparten actitudes y mensajes similares. El término «nuevo ateísmo», en realidad, es el intento de englobar a ciertas figuras mediáticas basándose en ciertas características comunes (que sí tienen) para poder presentarlos como pertenecientes a una misma escuela doctrinal (que no comparten). Esto explica que fuesen ciertos apologistas religiosos los primeros en usar el término, con la intención de presentar el ateísmo, o parte de él, como un movimiento ideológico organizado, una especie de lobby antirreligioso. Pero ¿por qué «nuevos» ateos? Se deduce que debían existir algunos estereotipos sobre lo que se suponía era el perfil de un ateo «viejo». Y en efecto, así era.


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Carl Sagan en Cosmos (1980). Imagen: KCET / Carl Sagan Productions / BBC / Polytel International.


Los estereotipos sobre los antiguos ateos mediáticos

Falsos o no, y dejando claro que por cuestiones de espacio vamos a pintar con trazo muy grueso, durante el siglo XX existían estereotipos que distinguían a los ateos mediáticos en dos grandes grupos. Por un lado estaba lo que podríamos llamar ateos políticos, cuyo retrato robot describía a progresistas de izquierdas cuyo ateísmo formaba parte de un conglomerado ideológico más amplio, marxista por lo general, que se caracterizaba por el anticlericalismo más que por la intención de presentar una elaborada justificación intelectual de su personal falta de fe. Esta figura podía resultar polémica en ocasiones pero en el fondo preocupaba poco a los sectores religiosos más conservadores, especialmente cuando quedó comprobado que la extensión del comunismo por el mundo se había detenido, y no digamos cuando cayó la URSS. Después de esto, el «progre» anticlerical podía ser considerado, en esencia, una minoría ruidosa pero inofensiva.

Existía un segundo estereotipo, el del filósofo o intelectual ateo, que lejos de limitarse a una crítica política de la religión, podía ofrecer muy elaboradas justificaciones racionales para sus respectivas posturas. Este tipo de ateísmo no difiere demasiado en su espíritu del ateísmo de algunos filósofos de la Antigua Grecia, por citar un referente clásico, aunque se comprende que ahora maneja argumentos y conocimientos científicos impensables hace veinte o veinticinco siglos. Este ateísmo filosófico, pues, ha existido siempre, aunque durante buena parte de la historia fue poco menos que clandestino. A partir del siglo XVII, el racionalismo, el liberalismo y la revolución científico-industrial ayudaron a que ganase visibilidad. En el siglo XX ya era una idea asumida que en la intelligentsia de los países occidentales, incluso en aquellos más conservadores, abundaban los ateos y los agnósticos. Hace algunos años, uno de los pocos estudios extensos y en profundidad que se han realizado al respecto terminó ilustrando lo que muchos observadores ya suponían por mera intuición, que dentro de la población (en este caso la estadounidense, pero por analogía, podría suponerse que lo mismo sirve para el conjunto de la población occidental) la religiosidad era menor conforme aumentaba el nivel académico y cultural de los entrevistados. De hecho, el sector de la población con un menor porcentaje de creyentes era el de los científicos de élite. Y de entre los científicos, por si sienten ustedes curiosidad, eran los biólogos quien resultaban ser los menos religiosos.

El intelectual ateo del sigo XX no por necesidad causaba particular animosidad entre los sectores religiosos. Esto se debía a su reticencia a la hora de criticar la religión, o quizá también al mero hecho de que sus críticas y afirmaciones más elaboradas se restringían a un público limitado. Pero el tabú existía y era un obstáculo difícil de superar. El filósofo Bertrand Russell, a quien podríamos considerar el patrón de los intelectuales ateos contemporáneos, ya decía que las creencias religiosas gozaban de un estatus particular de inmunidad social hacia ciertos tipos de crítica. El británico Jonathan Miller, el mismo que en 2004 creó la serie televisiva Atheism: A Rough History of Disbelief, lo ilustraba con una anécdota: durante conversaciones casuales en grupo, su mujer le reprendía por su «mala educación» si criticaba los aspectos negativos de la religión, temiendo que pudiese ofender a sus amigos creyentes. Sin embargo, no le reprendía cuando las críticas, por feroces que fuesen, eran dirigidas hacia el comunismo u otras ideologías políticas. Esta consideración del ataque a la religión como algo inapropiado marcó el tono del siglo XX incluso en países donde, de manera oficial, estaba estipulada la libertad de expresión. Volviendo a Bertrand Russell, sus propias críticas a la religión eran bastante directas, pero estaban argumentadas con tal finura y sentido de la lógica que no se le podía confundir con un ciego militante antirreligioso. Más discretos tendían a ser los más importantes científicos ateos. Veamos el más célebre ejemplo: al contrario que Russell, Albert Einstein casi nunca entraba en materia y sucede que, incluso hoy, existe quien piensa que Einstein era creyente porque con frecuencia usaba a Dios como metáfora o licencia literaria (algo que también ha hecho Stephen Hawking, por cierto), mientras que su explícita negación de un Dios personal, que sí la hizo, no produjo citas tan célebres como «Dios no juega a los dados». Entre los divulgadores científicos, cuyo papel mediático fue muy importante para la formación filosófica del público, el ateísmo era predominante pero también poco militante. Por ejemplo, Carl Sagan valoraba su labor como divulgador por encima de cualquier posibilidad de entrar en polémicas, sobre todo en televisión, y por ejemplo su celebérrima serie Cosmos hacía guiños al ateísmo. Pero aunque poca gente dejó de percibirlos, estaban hechos con tal sutileza y elegancia que no se lo podía acusar de intentar influir a nadie que no compartiese de antemano sus ideas. En general, Sagan optaba por confiar en la fuerza de sus argumentos positivos sobre la ciencia y el conocimiento racional, antes que emplear argumentos negativos en contra de la religión que pudiesen ofender a sus espectadores creyentes. Isaac Asimov, cuya labor divulgativa fue tan importante como su papel como novelista de ciencia ficción, estaba más en la línea de Bertrand Russell, empleando una lógica parecida para explicar su preferencia por el racionalismo por sobre la religión. De hecho, algunos de sus argumentos eran tan brillantes como los del propio Russell. Y sus críticas eran incluso más abiertas, aunque quizá en ambos casos llegaban todo lo lejos que su momento histórico les permitía y eran críticas englobadas dentro de la discusión filosófica.

En resumen: durante el siglo XX teníamos en los medios un ateísmo político más agresivo pero que pocos pensadores más allá de su círculo ideológico tomaban en serio, y un ateísmo filosófico mucho más convincente pero cuyos proponentes solían optar por una aproximación discreta. Esto cambió con el nuevo siglo, cuando comenzaron a aparecer figuras mediáticas cuyas críticas a la religión eran tan frontales y despiadadas que pulverizaban todas las antiguas líneas rojas de lo que se había considerado «apropiado», «de buena educación» o «de buen tono». El cómo adquirieron su resonancia quizá merezca una pequeña explicación aparte.


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El porqué de la resonancia del nuevo ateísmo

En el mundo anglosajón existe una tradición muy poco implantada en España: la tradición del debate. En Estados Unidos, las islas británicas o en Australia existen programas de televisión y debates en vivo cuyo formato no tiene equivalente directo en nuestro país, o si lo tiene se trata de algo esporádico. Es verdad que esos debates no compiten con los deportes, el cotilleo y demás productos de consumo masivo, y es verdad que están dirigidos a las capas más interesadas de la población, pero aun así, su popularidad excede lo que podemos llegar a imaginar en nuestro país. Por supuesto tienen un componente de espectáculo, sobre todo en su versión televisiva, y casi podía hablarse de una «industria del debate», pero eso no significa que no se suelan caracterizar por el alto nivel dialéctico de las figuras que participan en ellos. Esto responde a la importancia que en aquellos países le conceden al debate como institución también en ámbitos no mediáticos. Estos eventos suelen tener un carácter muy abierto, con frecuente participación del público, y en los de «primera división» el contenido rara vez decepciona. Esto hace que determinados temas, como la religión, se mantengan de manera sostenida en primera línea de discusión mientras exista un público al que le interese. Y al público no ha dejado de interesarle. De hecho, es uno de los asuntos estrella.

Existen varios motivos que explican ese interés, aunque dos por encima del resto. Uno es la creciente influencia de la derecha religiosa en Estados Unidos, país en el que emergen debates constantes sobre el papel de la religión en la sociedad y sobre la separación entre la Iglesia y el Estado. Los estadounidenses se enfrentan a fenómenos que en Europa se consideran obsoletos, como los intentos de introducir en el temario escolar justificaciones pseudocientíficas del creacionismo bíblico. O el que las creencias sobrenaturales jueguen un papel relevante en la imagen pública de los principales candidatos políticos. Para los ateos estadounidenses, la mezcla entre religión y política puede ser muy incómoda. Recordemos que en 1942 se adoptó un juramento a la bandera que los niños recitan en el colegio y que era tradicional desde mucho tiempo atrás, pero cuyo contenido era exclusivamente civil. Pues bien, en 1954, por iniciativa de diversas organizaciones religiosas, se introdujo por ley una mención a Dios en el susodicho juramento, medida que contradecía el espíritu de la República pero que fue aprobada en el Congreso con el entusiasta apoyo del presidente Eisenhower, recién convertido al cristianismo presbiteriano. Dos años después, también por deseo de Eisenhower, la frase «en Dios confiamos» se convertía en un lema nacional y empezaba a imprimirse en los billetes de curso legal. Este tipo de detalles no son bien digeridos por los defensores de una república laica donde la religión sea un asunto exclusivamente privado, como tampoco los problemas que causa el dogma religioso a la hora de adoptar avances sociales, muy en particular cualquier asunto relacionado con la sexualidad y la reproducción.

El otro gran catalizador de la explosión mediática del nuevo ateísmo, esta vez a ambos lados del Atlántico, es la preocupación por los efectos del islamismo, primero despertada por fenómenos como el del Ayatolá Jomeini, después acentuada por los hechos del 11 de septiembre de 2001, y que finalmente ha llegado al paroxismo con la subsiguiente oleada de atentados en diversas partes del mundo, el surgimiento del Estado Islámico (EI) y de células terroristas islámicas formadas por europeos y estadounidenses, o lo que se percibe como una tendencia a la radicalización en diversas áreas del mundo musulmán. Bajo estas circunstancias, las voces más brillantes del Nuevo Ateísmo han alcanzado una relevancia enorme. Primero, por la polémica que despiertan en un mundo donde pese a todo todavía existen muy arraigados tabúes sobre lo que se puede decir y no acerca de la religión. Y segundo, porque suele suceder que sus argumentos son más poderosos y lógicos que los del bando contrario, en el que no han emergido equivalentes con un similar peso dialéctico (aunque sí los hay con muchos seguidores). A los cuatro «nuevos ateos» más relevantes se los bautizó como «los Cuatro Jinetes». Algunos de sus nombres les resultarán muy familiares.


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De izquierda a derecha: Christopher Hitchens, Daniel Dennett, Richard Dawkins y Sam Harris. The Four Horsemen (2008). Imagen: Upper Branch Productions.


Los cuatro jinetes del nuevo ateísmo

El periodista, escritor, conferenciante y polemista Christopher Hitchens fue la avanzadilla de esta corriente, antes incluso de que el 11-S sacudiese las conciencias de la prensa y el público sobre lo que estaba produciéndose dentro del ámbito del extremismo musulmán. Hitchens es británico, aunque vivió durante mucho tiempo en Estados Unidos —se nacionalizó antes de morir—, así que podía vérsele opinando con mucha soltura, y acento inglés, sobre política estadounidense. De los cuatro jinetes, Hitchens era el más vehemente en sus opiniones. También, con mucho, el más carismático. Y, por lo menos en el formato de debate, el más brillante. Su intensidad era abrasiva; rara vez sonreía, y no recuerdo haberlo visto reír una sola vez, pese a que su cortante ingenio brotaba con una pasmosa naturalidad en los momentos más insospechados. Su tesis central era la de que la religión resulta nociva per se. No escatimaba en acusaciones sobre la naturaleza alienante de las creencias sobrenaturales; baste decir que publicó un libro llamado Dios no es bueno: Cómo la religión lo envenena todo. Era ferozmente crítico con el cristianismo, en el que había sido educado, pero todavía más con el islam. En muchos aspectos, el actual concepto de «nuevo ateísmo» se ha modelado en torno a la figura de Hitchens. Era el macho alfa de la manada; debatir con él era difícil, dada su rapidez mental y su capacidad para responder a casi cualquier objeción. E igualmente rápido a la hora de volverse bronco cuando perdía la paciencia. Era el enfant terrible de las discusiones religiosas, sin duda, pero como podía justificar y argumentar cualquiera de sus aparentemente gratuitos exabruptos, y partía de una sólida base ética de carácter humanista que le permitía rechazar con poderosas afirmaciones las elaboraciones teológicas de las religiones, era muy respetado en el ámbito mediático incluso por quienes se sentían escandalizados pero se veían en la circunstancia de tener que intentar rebatirle.

Algo que también lo define era la complejidad de su figura, porque resultaba imposible situarlo en un punto determinado del espectro ideológico. Esto descolocaba a muchos de sus seguidores. Hitchens tuvo un papel importante en el inicio de la ruptura del nuevo ateísmo con el tradicional ateísmo político. Provenía de la izquierda, pero desdeñaba lo «políticamente correcto» y a menudo chocaba con la tolerancia del progresismo más prototípico. El mejor ejemplo era su constante belicosidad hacia el islam, tomado en su conjunto. También podría citarse su inesperado apoyo a George W. Bush durante la invasión de Irak, quizá el giro político que más perplejos dejó a muchos de sus simpatizantes en la causa atea, entre los que había muchos izquierdistas opuestos a la guerra que sabían del desprecio que Hitchens parecía sentir hacia Bush, o de sus opiniones inequívocamente progresistas en muchos otros asuntos. Bien es verdad que con el tiempo matizó su postura en cuanto fue sospechando que las causas de la guerra habían sido impostadas, pero es que hasta los periodistas conservadores más cerriles terminaron renegando de aquella guerra (cómo olvidar el día en que Bill O’Reilly la calificó por primera vez como «un error»). No es menos cierto que incluso en asuntos como ese cabía admitir que sus argumentaciones eran como poco consistentes, desde luego muy superiores a las de la propaganda simplista de los políticos que alentaban aquellas decisiones. Pero bueno, con sus contradicciones, amado y odiado por igual, hay algo que ni siquiera sus mayores detractores pueden negar: Christopher Hitchens era un personaje único, con quien se podía coincidir o disentir, pero cuya sola presencia en cualquier debate elevaba el interés de manera instantánea. Quizá pase mucho tiempo hasta que volvamos a ver a alguien como él. Hitchens murió en 2011; con él se apagó una de las mentes más polémicas, pero también más afiladas de nuestro tiempo.

Más conocido en España es la actual estrella del nuevo ateísmo, el también británico Richard Dawkins, biólogo evolucionista y autor de best sellers como The God Delusion. Sin duda alguna, el punto fuerte de Dawkins son sus libros, cuya brillantez es unánimemente reconocida incluso por quienes le detestan. Sostiene sobre la religión unas tesis parecidas a las de Hitchens, aunque con menos ferocidad. Su discurso es más mecánico, en el sentido de que está tan estructurado que resulta previsible; lo cual no es de por sí negativo, pero lo hace mucho menos espectacular que Hitchens, de quien uno no sabía nunca qué esperar. Dawkins entra en política con menor profusión y vehemencia; el terreno que prefiere es el contraste entre pensamiento científico y religioso. Quizá su mayor defecto, o el motivo por el que despierta mucho recelo, es que no parece modular su discurso en función de a quién tenga delante, lo cual produce una impresión de falta de sensibilidad y escasa empatía por sus interlocutores. Es verdad que Hitchens era feroz en su dialéctica, pero su fogosa entrega, de manera paradójica, lo hacía parecer sincero hasta la candidez. Dawkins, en cambio, suele adoptar un tono frío y distante, en ocasiones incluso petulante, que levanta ampollas. En su favor, sin embargo, hay que decir que se le somete a un escrutinio desmedido (y no solamente por parte de sectores religiosos), porque en realidad no es tan ogro como se lo pinta. Aunque muchos no lo crean, Dawkins tiene bastante sentido del humor y una deportiva capacidad de encaje, como demostró leyendo ante una cámara algunos de los mensajes insultantes de creyentes que recibe a través de internet, a los que llama con sorna «correspondencia caritativa» (para conocer esa otra faceta del personaje, merece la pena echarle un vistazo a las dos entregas de hate mail que ha aireado hasta ahora: una y dos). No se puede negar que a Dawkins muchas veces le falta mano izquierda, pero tampoco que su discurso, sin ser perfecto, muestra pocas grietas y eso pone muy nerviosos a sus detractores.

El estadounidense Sam Harris es licenciado en Neurociencia y también en Filosofía. De origen judío, sobre el papel es el más espiritual de los cuatro, ya que estudió meditación en la India, familiarizándose de cerca con el hinduísmo y el budismo. Su mensaje antirreligioso, no obstante, es bastante similar al de Hitchens en el fondo, pero no en la forma, porque Harris, como Dawkins, es mucho más frío. En 2004 publicó un libro, El final de la Fe, que vendió muchísimo, y desde entonces es un habitual en los medios anglosajones. Su lógica suele ser impecable cuando desmenuza el asunto religioso, aunque en política ha generado muchos encontronazos con sectores progresistas, sobre todo cuanto toca el asunto de Israel y Palestina. Sin entrar a valorar sus opiniones al respecto, sí cabe señalar que su casi siempre precisa lógica quirúrgica se resiente cuando habla de Israel, siendo algunas de sus argumentaciones menos sólidas de lo que cabe esperar de alguien como él. Esto se produce por causa, creo yo, de un sesgo proisraelí que se niega a admitir y una visión del islam que puede ser tanto más despectiva que la de Hitchens, lo que lo ha convertido en un sujeto todavía más incómodo para la izquierda tradicional. Un buen ejemplo es el célebre intercambio público de e-mails con Noam Chomsky, una discusión polarizante como pocas, que ha terminado de situar a Harris como persona non grata de una parte del progresismo estadounidense y le ha ganado inesperados aplausos desde sectores de la derecha. Aun así, cuando no habla de Israel o de geopolítica, sus argumentos están magníficamente estructurados desde el punto de vista de la consistencia interna.

También estadounidense es el filósofo Daniel Dennett, el más veterano de los cuatro (es algo mayor que el fallecido Hitchens). Su mensaje es el más moderado y tranquilo, pero también el más distintivo por su interesante énfasis en las causas antropológicas, sociológicas y psicológicas del fenómeno religioso. Dennett ha demostrado que su formación filosófica le proporciona un campo de visión más amplio que el de otros muchos polemistas, y su aproximación al hecho religioso no se distrae tanto con cuestiones geopolíticas como les pasa a Hitchens o Harris. Ciertos mecanismos de su pensamiento recuerdan a los de Bertrand Russell, y se mueve en un registro, si me permiten la expresión, más «elevado». Mientras los análisis de Hitchens, Dawkins y Harris son fuertemente circunstanciales y por lo tanto cargados de implicaciones políticas, Dennett desarrolla una tesis holística que lo conduce a formular conclusiones distintas. Por ejemplo, resta importancia al papel de la religión en Occidente y por tanto a la magnitud de sus posibles efectos nocivos, diciendo que «los creyentes occidentales no creen en Dios, sino que creen en creer en Dios; piensan que creer en Dios es algo bueno» aunque después, en sus vidas cotidianas, casi nunca sigan los principios que dictan sus respectivos dogmas. Esto, según Dennett, podría explicar que el ámbito cristiano haya experimentado una evolución que no se produce en el ámbito islámico. No es que el dogma religioso cristiano haya provocado el cambio sobre la base de sus valores, porque también conoció una época de barbarie, sino que el dogma ha ido a remolque de una sociedad occidental que se ha ido secularizando. Dennett ha llegado a decir que no está seguro de desear una desaparición completa de la religión, por si acaso esta fuese un ancla moral para muchas personas. Esto no es algo que jamás hubiésemos podido oír en boca de alguno de los otros tres «jinetes». También propone, por ejemplo, que la historia de todas las grandes religiones se enseñe en la escuela de manera no doctrinal. Según él, conocerlas y encontrar sus contradicciones equivale a dejar de creer en ellas. Este tipo de argumentos psicológicos y sociales abundan en su discurso y producen menos resquemor porque parecen menos agresivos, pero en realidad Daniel Denett es quien presenta un análisis de lo religioso más demoledor y que podría tener un mayor efecto a largo plazo.


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Neil Degrasse Tyson en Cosmos: A Spacetime Odyssey (2014). Imagen: Cosmos Studios / Fuzzy Door Productions / National Geographic Channel / Six Point Harness


Las consecuencias, buenas y malas, del nuevo ateísmo

Hitchens, Dawkins, Harris, Dennett y otros han abierto una brecha al manejarse en unos términos que hace unas pocas décadas resultaban impensables en el debate público, por la consideración especial del hecho religioso como el único sistema ideológico que recibe sobreprotección social e incluso legal ante determinados ataques verbales en casi todos los países del mundo. Lo que antes era tema tabú hasta en discusiones privadas, ellos lo han llevado a las pantallas de televisión. No deja de ser admirable su valentía; recordemos que han arado terreno inhóspito y que en algunos casos han tenido que recurrir a seguridad personal o a omitir la mayor cantidad posible de datos personales en sus apariciones mediáticas, por si acaso. Pero su actitud ha favorecido muchas «salidas del armario» y ha dado forma a una nueva manera de encarar el tema religioso. Un ejemplo, la posibilidad de que internet ofrezca nuevos canales de referencia y discusión (véase, por ejemplo, The Atheist Experience, un muy interesante programa amateur realizado en Texas donde se discute sobre religión con todo tipo de intervenciones telefónicas de espectadores). En una sociedad democrática que valore la libertad de expresión, los pioneros, incluso con sus ocasionales excesos, deben ser valorados. Ya antes de las protestas por las caricaturas de Mahoma publicadas en Dinamarca y antes de los tristes sucesos de Charlie Hebdo, las figuras del nuevo ateísmo estaban clamando por la igualdad de condiciones a la hora de someter la religión a los mismos rigores de la libertad de expresión que sufre cualquier otra institución humana. Por otra parte, es positiva, aunque quizá algo traumática, la ruptura entre ateísmo militante y progresismo de izquierdas, o mejor dicho, la desaparición del estereotipo mediático de que ambos deben ir unidos. Esto continúa causando roces en pleno 2015 y los seguirá causando durante varios años más, pero porque pone de manifiesto que el discurso secularista no debe tener propietario ni color ideológico alguno; la asunción de este principio permitirá que sea valorado como un principio independiente que tiene vida propia más allá de los ejes izquierda-derecha o conservadurismo-progresismo.

En el apartado negativo está el propio uso de una etiqueta, «nuevo ateísmo», para un movimiento que como tal nunca ha existido, siendo más bien una mera constelación de nombres cuyo mensaje excede los moldes tradicionales. Es verdad que a menudo los vemos participar en los mismos eventos, pero no porque constituyan algo así como un partido político o una asociación, sino porque en estos eventos se invita a las estrellas del debate mediático, y en cuanto a religión ellos son las estrellas. De hecho sucede lo mismo en el bando apologista, donde también vemos reunidos a varios defensores de la religión que no necesariamente comparten una ideología común entre ellos (los hay católicos, protestantes, musulmanes, etc.). El ateísmo, cabe insistir, es la carencia de la fe en Dios, pero no implica contenido ideológico alguno. Aun así, aunque es verdad que los viejos estereotipos sobre el ateo van quedando desfasados, la etiqueta Nuevo Ateísmo ha propiciado que sean sustituidos por otros. Esto explica que alguien como Neil Degrasse Tyson, cuya falta de fe es más que notoria, rechace ser considerado «ateo» e insista en presentarse como «agnóstico». Y el propio Tyson explica que ese es el motivo: no quiere ser identificado con un conjunto de valores que los medios y el público asocian a un supuesto «movimiento ateo» organizado. Como Sagan en su día, Tyson cree que su labor divulgadora es más importante y que la misma requiere de un cuidado de su imagen pública, por lo que, pese a compartir con frecuencia estrados y platós con figuras del nuevo ateísmo, se desmarca de manera abierta.

En cualquier caso, uno de los mecanismos fundamentales de la democracia es el poder discutir cualquier asunto con libertad, porque toda institución humana tiene sombras que cabe denunciar. Determinados pensadores han partido de la base de que la religión no debía continuar siendo una excepción. En estos tiempos, en los que el extremismo religioso es un complicado problema que nuestras sociedades están teniendo que manejar sin saber muy bien cómo, es cuando puede entenderse mejor la necesidad de que algunas voces rompan barreras, sea para acertar o para equivocarse, pero sobre todo para dejar establecido que el debate y el intercambio de ideas no será una herramienta útil si no nos permitimos aplicarla en todos los ámbitos, incluso cuando resulta incómodo. Cualquier asunto prohibido en una discusión es un asunto cuyos problemas no podrán solucionarse jamás. Por esto, los nuevos ateos, o como se les quiera llamar, están de más actualidad que nunca.



BOIRA_A
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Re: BERTONE SERA EL NUEVO PAPA

Mensajepor BOIRA_A » Sab 26 Dic, 2015 12:17 am

Un articulo largo, pero que no tiene sentido en este panel donde se debatia si bertone seria papa a o no, y las posibilidades que tenia de serlo
Siento que el espiritu santo estuviera tomando el solecito y no se entero de que escogieron al peor del grupo de los peores y asi andamos con argentindas, bergolianas y demás




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