¡Qué Seduce a los Hombres de las Mujeres!

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De senectute

Mensajepor De senectute » Mar 06 Ene, 2015 3:29 pm

Buenoooooo, el marías se nos ha hecho mayor...


Patente de corso


Mujeres como las de antes

ARTURO PÉREZ-REVERTE | El Semanal - 22/7/2007


Muchas veces he dicho que apenas quedan mujeres como las de antes. Ni en el cine, ni fuera de él. Y me refiero a mujeres de esas que pisaban fuerte y sentías temblar el suelo a su paso. Mujeres de bandera. Lo comento con Javier Marías saliendo del hotel Palace, donde en el vestíbulo vemos a una torda espectacular. «Aunque ordinaria», opina Javier. «Creo que no lo sabe», apunto yo. Seguimos conversando carrera de San Jerónimo arriba, en dirección a la puerta del Sol. Es una noche madrileña animada, cálida y agradable, que nos suministra abundante material para observación y glosa. Yo me muevo, fiel a mis mitos, en un registro que va de Ava Gardner y Debra Paget a Kim Novak, pasando por la Silvana Mangano de Arroz amargo; y Javier añade los nombres de Donna Reed, Rhonda Fleming, Jane Rusell y Angie Dickinson, que apruebo con entusiasmo. Coincidimos además en dos señoras de belleza abrumadora, aunque opuesta: Sophia Loren y Grace Kelly. Al referirnos a la primera, Javier y yo emitimos aullidos a lo Mastroianni propios de nuestro sexo -no de nuestro género, imbéciles- que vuelven superfluo cualquier comentario adicional. Haciendo, por cierto, darse por aludidas, sin fundamento, a unas focas desechos de tienta que pasan junto a nosotros vestidas con pantalón pirata, lorzas al aire y camiseta sudada; creyendo, las infelices, que nuestro «por allí resopla» va con ellas. Respecto a Grace Kelly, dicho sea de paso, me anoto un punto con el rey de Redonda -me encanta madrugarle en materia cinéfila, pues no ocurre casi nunca-, porque él no recuerda la secuencia del pasillo del hotel en Atrapa a un ladrón, cuando doña Grace se vuelve y besa a Cary Grant ante la puerta, de un modo que haría a cualquier varón normalmente constituido dar la vida por ser el señor Grant.

Pero no sólo era el cine, concluimos, sino la vida real. Los dos somos veteranos del año 51 y tenemos, cine aparte, recuerdos personales que aplicar al asunto: madres, tías, primas mayores, vecinas. Esas medias con costura sobre zapatos de aguja, comenta Javier con sonrisa nostálgica. Esas siluetas, añado yo, gloriosas e inconfundibles: cintura ceñida, curva de caderas y falda de tubo ajustada hasta las rodillas. Etcétera. No era casual, concluimos, que en las fotos familiares nuestras madres parezcan estrellas de cine; o que tal vez fuesen las estrellas de cine las que se parecían muchísimo a ellas. Hasta las niñas, en el recreo, se recogían con una mano la falda del babi y procuraban caminar como las mujeres mayores, con suave contoneo condicionado por la sabia combinación de tacones, falda que obligaba a moverse de un modo determinado, caderas en las que nunca se ponía el sol y garbo propio de hembras de gloriosa casta. En aquel tiempo, las mujeres se movían como en el cine y como señoras porque iban al cine y porque, además, eran señoras.

Con esa charla hemos llegado a la calle Mayor, donde se divisa por la proa un ejemplo rotundo de cuanto hemos dicho. Entre una cita de Shakespeare y otra de Henry James, o de uno de ésos, Javier mira al frente con el radar de adquisición de objetivos haciendo bip-bip-bip, yo sigo la dirección de sus ojos que me dicen no he querido saber pero he sabido, y se nos cruza una rubia de buena cara y mejor figura, vestida de negro y con zapatos de tacón, que camina arqueando las piernas, toc, toc, con tan poca gracia que es como para, piadosamente -¿acaso no se mata a los caballos?-, abatirla de un escopetazo. Nos paramos a mirarla mientras se aleja, moviendo desolados la cabeza. Quod erat demostrandum, le digo al de Redonda para probarle que yo también tengo mis clásicos. Mírala, chaval: belleza, cuerpo perfecto, pero cuando decide ponerse elegante parece una marmota dominguera. Y es que han perdido la costumbre, colega. Vestirse como una señora, con tacón alto y el garbo adecuado, no se improvisa, ni se consigue entrando en una zapatería buena y en una tienda de ropa cara. No se pasa así como así de sentarse despatarrada, el tatuaje en la teta y el piercing en el ombligo a unos zapatos de Manolo Blahnik y un vestido de Chanel o de Versace. Puede ocurrir como con ese chiste del caballero que ve a una señora bellísima y muy bien puesta, sentada en una cafetería. «Es usted -le dice- la mujer más hermosa y elegante que he visto en mi vida. Me fascinan esos ojos, esa boca, esa forma de vestir. La amo, se lo juro. Pero respóndame, por favor. Dígame algo.» Y la otra contesta: «¿Pa qué?... ¿Pa cagarla?».

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Mensajepor Invitado » Mar 10 Feb, 2015 12:29 am



8 cosas que NO hacer con la chica que te gusta

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hacer el ridi

Mensajepor hacer el ridi » Dom 26 Abr, 2015 3:39 am



¿Qué harías si volvieras a encontrarte con el amor de tu vida?

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Mensajepor Invitado » Dom 31 May, 2015 2:22 am



Love and Basketball proposal 2015 - Superman Johnson vs Breyschoice

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Pochola y Borja

Mensajepor Pochola y Borja » Dom 31 May, 2015 2:25 am


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Mensajepor Invitado » Vie 07 Ago, 2015 4:46 pm



¿Ayudan los coches caros a ligar?

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Mensajepor Invitado » Dom 11 Dic, 2016 3:23 pm

La mala educación hecha mujer :shock:


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Mensajepor Invitado » Dom 11 Dic, 2016 4:45 pm

ay po favó, que jartá a reir :juas: :juas: :juas: la gente está fatal :lol: :lol: :lol: :lol: :lol:

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Mensajepor Invitado » Dom 30 Jul, 2017 4:33 pm

Dennis Prager tranquiliza a la mujeres sobre los peligros del verano


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Mensajepor Invitado » Jue 07 Jun, 2018 6:28 pm

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Sophia Hadjipanteli, la modelo con entrecejo que ha revolucionado la moda

La maniquí, de origen griego, defiende su particular estilo luciendo cejas anchas y unidas. Sophia Hadjipanteli ha llegado a ser tachada de 'repugnante' en su propia cuenta de Instagram.

Sophia Hadjipanteli (21 años), modelo, griega y creadora del movimiento uniceja #UnibrowMovement. Lejos de lo que pudiera parecer, la joven es una de las caras más cotizadas del sector moda y además cuenta con un importante respaldo mediático. No es ningún secreto si afirmamos que su inspiración proviene del universo Frida Kahlo. Más allá de admirar y seguir la doctrina estética de la artista mexicana, la modelo pretende romper con los cánones de belleza establecidos en el universo de la posverdad, las redes sociales y el mundo it-boy, it-girl.

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"Creo que la belleza en sí misma es grandiosa porque es muy subjetiva en todas las culturas, pero también creo que hay una gran comunidad que avergüenza a la gente por ciertos tipos de belleza y creo que eso está mal", declaró en una entrevista exclusiva para la revista VICE. Desde que decidiese llevar sus características cejas, Sophia ha tenido que soportar no solo los ataques de quienes la señalan como una usurpadora cultural por su evidente inspiración en Frida sino también insultos como "antihigiénica" y "repugnante".

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Nacida del matrimonio entre un griego y una británica, Sophia creció y vivió su adolescencia en Maryland, donde ella misma ha confesado haber sufridio bullying. En estos días, Hadjipanteli se encuentra en el top de la moda, ha colaborado con firmas como Gucci y ha posado para el objetivo de los fotógrafos de Vogue Italia. Su mejor plataforma es su cuenta de Instagram, donde ya supera los 183.000 seguidores entre los que encuentra admiradores y detractores, a partes iguales.

"Como hija de un fotógrafo, definitivamente aprendí mucho sobre cámaras. Puede sorprender, considerando cuántas fotos mías publico aquí, pero prefiero estar detrás del objetivo que frente a él", confesó en una de sus publicaciones de Instagram. Sea como fuere, no parece sentirse incómoda frente a los focos. Posa, se luce y vive de su controvertida imagen, que la desmarca del grupo y la postula como una de las modelos más reclamadas en el presente y el futuro del sector de la moda.

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Mensajepor Invitado » Dom 14 Oct, 2018 5:32 pm

Estudio de mercado de la oferta masculina


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Mensajepor Invitado » Sab 11 Abr, 2020 3:25 am

Ni edad, ni sexo, ni condición social: 14 parejas que dinamitaron todas las convenciones sociales

Los separaban décadas, millones en el banco, imposiciones morales o sus diferentes razas, pero el amor se impuso y estas uniones cambiaron nuestra forma de contar las historias de amor: al final, la protagonista se iba con alguien inesperado

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Soon Yi y Woody Allen

La relación prohibida. No hace falta haber visto ni una película de Woody Allen (Nueva York, 1935) ni siquiera saber quiénes son Soon Yi, Mia o Dylan Farrow para exclamar “Woody Allen se casó con su hija” ante cualquier conversación en la que salga a relucir el nombre del cineasta. Pero la realidad es que no, la mujer con la que Allen se casó el 23 de diciembre de 1997 en Venecia no es su hija, es la hija del músico André Previn y Mia Farrow. Y como tanto Allen como Soon Yi se han cansado de repetir ni siquiera habían convivido juntos porque Allen y Farrow vivían en distintos apartamentos.

Soon Yi Previn (Seul, 1970) era hija de la pareja de Allen y eso ya fue suficiente motivo para que la prensa amarilla hiciese su agosto, pero en su relación no hay ningún elemento delictivo ni siquiera ningún tabú religioso. Lo que perjudicó notablemente al inicio de su historia de amor es que tras descubrir la relación Mia Farrow declaró que Allen había abusado sexualmente de la pequeña Dylan que sí era hija de los dos. Una acusación que fue investigada y desestimada en los noventa.

Durante la relación de Farrow y Allen el cineasta no mostró ningún interés en Soon Yi, a la que encontraba aburrida. El sentimiento era mutuo: Soon Yi creía que cualquiera que encontrase interesante a su madre adoptiva, a la que aborrecía, tenía algún problema. Hasta que un día, instigados por la propia Farrow, empezaron a pasar más tiempo juntos y lo que desafiaba toda lógica sucedió: se enamoraron. Allen lo cuenta detalladamente en su autobiografía Apropos of nothing, Soon Yi era mayor de edad y la relación con Mia estaba acabada, pero seguían juntos. Una tarde Allen olvidó unas fotos sugerentes que le había realizado a su amante y Mia estalló al descubrirlas. Se hizo dueña de la historia y despellejó al cineasta ante quien quisiera escucharla, obviando intencionadamente que ella tenía la misma edad cuando se había casado con Frank Sinatra que también era ostensiblemente mayor que ella y que en su momento no había tenido remilgos a la hora de romper la relación de André Previn con su buena amiga Dory.

A pesar del escándalo, Hollywood no se posicionó y tanto Allen como Farrow mantuvieron sus carreras con normalidad, a finales de la pasada década el movimiento me too resucitó la historia de Dylan y los mismos actores que, conociendo las acusaciones, habían estado orgullosos de participar en sus películas le dieron la espalda.

¿Aguantaron la presión? Tras 25 años y dos hijas en común, la relación de Allen con Soon Yi ya es la más estable y duradera de la vida del actor.

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El duque de Windsor y Wallis Simpson

La relación prohibida. El reinado de Eduardo VIII (Reino Unido, 1894 - Francia, 1972) apenas llegó a un año, pero asestó tal zarpazo a los cimientos de la institución monárquica que estuvo a punto de destruirla. El heredero al trono británico tuvo claro desde que conoció a Wallis Simpson (Estados Unidos, 1896 - Francia, 1986) que amaba a su país, pero amaba más a aquella enjuta norteamericana divorciada doblemente, y ni la iglesia ni la sociedad ni la casa real pudieron quebrar su voluntad de estar con ella. El breve monarca ofreció la alternativa de un matrimonio morganático, según el cual ella jamás sería reina de Inglaterra y, al no ser aceptado, renunció al trono tras 325 días de reinado. “Me ha resultado imposible soportar la pesada carga de la responsabilidad y desempeñar mis funciones como rey, en la forma en que desearía hacerlo, sin la ayuda y el apoyo de la mujer que amo”, declaró, unas palabras que serían oro molido en un guion, pero en la realidad supuso el mayor dolor de cabeza en la historia de la monarquía británica. La línea de sucesión al trono sufría un viraje inesperado y la corona acabó en la cabeza de Jorge VI y posteriormente en su hija Isabel.

Cuando Wallis consiguió el divorcio se casaron en Francia sin la presencia de ningún miembro de la familia real. A partir de ahí el lujoso y decadente estilo de vida de la pareja les situó siempre bajo la lupa de los medios y sus coqueteos indisimulados con el nazismo no les convirtieron precisamente en la pareja favorita de los británicos.

¿Aguantaron la presión? Se mantuvieron juntos y perfectamente conjuntados hasta la muerte del duque en 1972. A pesar de que su romance ha pasado a la historia como símbolo de un amor capaz de superar cualquier obstáculo, en 2018, el azote de los famosos, Andrew Morton, escribió en Wallis in Love que la duquesa había mantenido varias relaciones extramatrimoniales. No supuso ninguna sorpresa: durante su relación se había especulado con la bisexualidad de ambos y su afición a las relaciones sadomasoquistas.

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Ingrid Bergman y Roberto Rossellini

La relación prohibida. "Querido Sr. Rossellini: he visto sus cintas Roma, ciudad abierta y Paisá y las he disfrutado mucho. Si usted necesita una actriz sueca que habla muy bien inglés, que no ha olvidado su alemán, que no entiende mucho de francés y que en italiano sólo puede decir ti amo, estoy lista para viajar y hacer un filme con usted. Ingrid Bergman". Así empezaba la famosa carta que Ingrid Bergman (Suecia, 1915 - Reino Unido, 1982) escribió a Roberto Rossellini (Roma, 1906 - 1977) y que dio paso a una fructífera relación artística y también personal que transgredió la moral puritana de la época y acabó en el Senado de los Estados Unidos.

Bergman era una estrella oscarizada, pero lo que más importaba a la sociedad biempensante es que era una respetable madre de familia. Rossellini también estaba casado y tenía dos hijos, por eso la pía Italia se consternó cuando su romance durante del rodaje de Stromboli se convirtió en un secreto a voces. Y no sólo eso, Bergman se había quedado embarazada.

Por supuesto la película fue un fracaso, el público odió todo lo que la pareja hizo y convirtió a la sueca en blanco de los más enfurecidos ataques, como la propia Bergman recogió en sus memorias: “Me llamaban pvta y fulana. No podía creer que me odiara tanta gente. Al margen de lo que pensaran sobre mi vida, se trataba de mi vida privada, y yo no le había hecho nada.”

La iglesia se opuso firmemente al romance y en Estados Unidos un senador denunció a Bergman: "De las cenizas de Ingrid Bergman crecerá un Hollywood mejor", declaró. A pesar de todo, en 1950 se casaron en México y la actriz se quedó en Europa, consciente del odio que despertaba en Estados Unidos.

¿Aguantaron la presión? Los insultos de los antiguos fans y las reprimendas de la iglesia pesaron menos en el fin de la relación que el carácter autoritario de Rossellini, que prohibía a su mujer trabajar con otros directores, y sus constantes infidelidades. Tras siete años y tres hijos en común, Bergman solicitó el divorcio y volvió a Estados Unidos.

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Emmanuel Macron y Brigitte Macron

La relación prohibida. La sociedad francesa está curtida respecto a la vida privada de sus líderes políticos. Vivieron el romance de Carla Bruni y Sarkozy, el episodio de la hija secreta de Mitterrand, las amantes de Chirac o las escapadas en moto de Hollande, por lo que la poco convencional relación de su presidente Emmanuel Macron (Francia, 1977) no pasó de ser una anécdota durante la campaña electoral.

Pero el origen de su relación no pasó tan desapercibido. Cuando se conocieron, Brigitte Macron (Francia, 1953) era la profesora de teatro del joven Emmanuel y según cuenta la periodista Maelle Brun en Brigitte Macron, l'Affranchie, sus primeros años no fueron un camino de rosas. Algo fácil de entender teniendo en cuenta que cuando se enamoraron él tenía quince años y ella era su profesora, estaba casada y era madre de tres hijas, una de ellas compañera de clase de ese amante del que la separaban 24 años. Es fácil imaginar el estruendo que causó aquel romance entre los muros de un colegio jesuita de una localidad burguesa (Amiens). Esta historia habría hecho las delicias de Claude Chabrol y pudo tener consecuencias más graves. En Francia la edad de consentimiento sexual era de 15 años, pero en el caso de profesores y alumnos se elevaba a 18, Brigitte podría haber acabado en la cárcel como la profesora norteamericana Mary Kay LeTourneau.

El marido de Brigitte desapareció de su vida mientras los padres de Macron sacaban a su hijo del colegio y se trasladaban a París. Pero diez años después los amantes se reencontraron y ya nada pudo frenar su amor. Se casaron en 2007 y ella se convirtió en una de los principales apoyos en la fulgurante carrera política de su marido.

¿Aguantaron la presión? Y probablemente incluso reforzó su relación, llevan juntos trece años y su amor no da ningún síntoma de fatiga.

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Elton John y Renate Blauel

La relación prohibida. A pesar de la escandalosa vida del cantante, la relación de Elton John (Reino Unido, 1947) que más cejas arqueó fue la que le unió a una mujer, la alemana Renate Blauel (Alemania, 1953), con quien mantenía una fructífera relación profesional y de amistad y que en algún momento a principios de los ochenta confundió con el amor romántico.

John le pidió dos veces matrimonio y a la segunda ella dijo que sí. Tal vez ellos dos creían que era un primer paso hacia la heterosexualidad, pero el mundo, que no se había creído jamás su bisexualidad (ni la de nadie) torció la nariz y se sentó a esperar. Se casaron el día de San Valentín de 1984 por la iglesia y ese acto probablemente fue el único de toda su relación que implicó algo de romanticismo.

¿Aguantaron la presión? Está claro que Elton John no soportó la mayor de las presiones: ser gay. Se divorciaron cuatro años después y, como el cantante contó en sus memorias Yo (ed. Penguin Random House), “Renata no solo se casó con un drogadicto gay, sino con un drogadicto gay cuya vida estaba a punto de desmoronarse”. Lo que eximía a su amiga de toda culpabilidad en el fin de su matrimonio. Ella nunca ha hablado sobre el tema a lo que probablemente haya contribuido la indemnización de trece millones de euros que recibió tras el divorcio. A pesar de que no suele referirse a ella, en 2017 John escribió sobre Renata en su cuenta de Instagram. “Hace muchos años elegí Australia para casarme con una maravillosa mujer por la que tengo tanto amor y admiración. Quise más que nada en el mundo ser un buen marido, pero estaba negando quién era realmente yo, lo que le causó tristeza a ella y una enorme culpa y arrepentimiento a mí. Para ser merecedor del amor de alguien debes ser lo suficientemente valiente y tener la mente clara para ser honesto contigo mismo y con tu pareja”.

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Carlos de Inglaterra y Camilla Parker Bowles

La relación prohibida. Probablemente el tiempo la situará entre las más grandes historias de amor, pero sus coetáneos no lo sintieron así, probablemente porque no le gustaban demasiado sus protagonistas. Carlos de Inglaterra (Reino Unido, 1948) y Camilla Parker Bowles (Reino Unido, 1947) se conocieron en 1970 durante un partido de polo y el flechazo, al menos por parte de él, fue instantáneo. Les unía su amor por los caballos y la naturaleza y les separaba el origen plebeyo de ella, algo que para Carlos no era relevante, pero sí para las férreas tradiciones británicas. La reina Isabel ya tenía a la candidata perfecta para él: la dulce y tímida Diana Spencer, muy del gusto del pueblo británico y muy poco del que debía pasar con ella el resto de su vida.

El 29 de julio de 1981 contrajeron matrimonio en la Catedral de San Pablo en Londres para solaz de 750 millones de espectadores que siguieron la ceremonia en todo el mundo. Pero la verdadera historia de amor de Carlos transcurría detrás de los focos. Como la propia Diana reconoció años después "Éramos tres en ese matrimonio. Cuando caminaba al altar solo la buscaba a ella entre los invitados, y fue muy doloroso verla allí, sentada en la iglesia”. A pesar del escándalo y la tremenda erosión que el divorcio del heredero al trono podía causar a la corona, el divorcio fue inevitable. Un año antes Camila se había divorciado de Andrew Parker Bowles y la casa real empezó una labor de blanqueo de la imagen de la denostada amante sabiendo que el matrimonio entre ambos era inevitable. En 2005 y tras tres décadas la pareja se casó en el Ayuntamiento de Windsor el 9 de abril de ese mismo año, esta vez el gran amor de Carlos no estaba entre los invitados si no a su lado en el altar.

¿Aguantaron la presión? Si alguien pensaba que la ausencia de obstáculos provocaría desinterés en la pareja, se equivocó, quince años después de su matrimonio siguen siendo una pareja modélica.

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Sammy Davis Jr. y May Britt

La relación prohibida. Apenas cinco años antes de que el actor, cantante y miembro del mítico rat pack Sammy Davis Jr. (Estados Unidos, 1925 - 1990) contrajese matrimonio con May Britt (Suecia, 1933), un chico afroamericano de apenas catorce años había sido linchado en Mississippi por silbarle a una mujer blanca. Una imagen que se vale por sí sola para demostrar el nivel de desafío que implicó la boda de un Davis que ya sabía a lo que se enfrentaba: más de treinta estados consideraban el matrimonio interracial un delito grave. Y no era un problema del que su fama y su dinero pudiesen protegerlo, tres años antes el todopoderoso Harry Cohn había pagado a la mafia para que lo secuestrase tras descubrir su idilio con Kim Novack.

La audacia de Davis removió conciencias y supuso un paso abismal para los Derechos Civiles, pero también implicó amenazas de muerte y cancelaciones de conciertos y, por supuesto, el fin de la incipiente carrera de Britt en Hollywood. La hostilidad hacia la pareja tanto en Estados Unidos como en Inglaterra fue brutal; sin embargo en Suecia, país natal de la novia, no supuso ningún problema y su familia asistió encantada al revolucionario enlace.

¿Aguantaron la presión? May Britt y Sammy Davis Jr estuvieron casados durante ocho años tuvieron una hija y adoptaron dos niños más, pero en 1968 Wilkens descubrió la infidelidad de Davis con la actriz y cantante Lola Falana y a pesar de las súplicas del cantante, solicitó el divorcio.

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Ellen Degeneres y Anne Heche

La relación prohibida. En los noventa las lesbianas en Hollywood seguían siendo tan escasas como su representación cinematográfica, que no pasaba de papeles de sádicas asesinas o de disimuladas notas a pie de página de la historia principal (como sucedía en Ellas dan el golpe o Sólo ellas...los chicos a un lado). Al menos, hasta que Ellen Degeneres (Estados Unidos, 1958) dio el campanazo y convirtió a la protagonista de su exitosa serie Ellen en lesbiana al mismo tiempo que ella revelaba su orientación sexual. Ambas, personaje y actriz, salían del armario ante una audiencia millonaria. Poco después presentó al mundo a su novia, Anne Heche (Estados Unidos, 1969), una actriz semidesconocida que empezaba a ser ubicua y en aquel momento estaba a punto de estrenar la película de catástrofes Vulcano y se preparaba para rodar uno de los proyectos con más expectativas de la temporada, Seis Días y Siete Noches, con Harrison Ford.

Heche habló del inicio de su relación en el podcast Irish Goodbye: “Ellen y yo nos conocimos un domingo por la noche en una fiesta de Vanity Fair. El martes fue su salida del armario en su serie Ellen. El miércoles era el pase de prensa de Volcano y el jueves la premiere”. “Llevé a Ellen al preestreno y nos dijeron que Fox rescindiría mi contrato y que yo sería despedida y que también me despedirían de la película que iba a hacer con Harrison Ford. Nos dijeron que no podíamos permitir que la prensa nos hiciera fotos juntas. Esa misma semana fuimos despedidas las dos”.

Seis días y siete noches sí se grabó y Ford fue uno de sus principales apoyos, pero su carrera se hundió. Hollywood no le perdonaba que se hubiese salido del carril, ni siquiera que hubiese dejado a Steve Martin, su pareja por entonces. Ambas actrices vivieron un vía crucis laboral y se convirtieron en el blanco favorito de los conservadores americanos y el tele-evangelista Jerry Falwell acuñó el término Ellen DeGenerate (Ellen "Degenerada").

¿Aguantaron la presión? En 2000 rompieron y el público optó por echar las culpas a Heche: no les gustó demasiado que, tras Ellen, volviese a casarse con un hombre. La homosexualidad ya era demasiado para sus cabezas como para tener que lidiar también con la bisexualidad.

Ellen declaró a Los Ángeles Times que no sabía qué había pasado y que se sentía engañada. Muchos quisieron pensar que Heche la había utilizado como un trampolín a la fama, aunque declararse lesbiana a mediados de los noventa era más bien como desfilar por el tablón de un barco pirata. La guinda de la historia llegó cuando a la mañana siguiente de la ruptura una Heche notablemente confusa entró en una casa ajena y mantuvo una conducta errática que provocó la intervención de la policía. Si hay un tabú que resiste agazapado todavía es el de la salud mental, aquellas imágenes de Heche fueron el beso de la muerte para su carrera.

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Marta Luisa de Noruega y Durek Verrett

La relación prohibida. Probablemente la familia real noruega creyó que había digerido su píldora más amarga cuando el heredero Haakon contrajo matrimonio con la plebeya Mette-Marit o incluso cuando la rebelde Marta Luisa (Noruega, 1971) inició romance con el díscolo y recientemente fallecido Ari Behn, un enfant terrible culto, divertido y estudiadamente escandaloso. Ni en sus mayores pesadillas podrían imaginar un escenario peor, pero llegó en forma de chamán bisexual entre cuyos logros figura haber... ¡resucitado! Durek Verrett (Estados Unidos, 1974) es gurú de celebridades como Gwyneth Paltrow y autor de un libro, Spirit Hacking, en el que realiza afirmaciones tan controvertidas como que la infelicidad provoca cáncer.

Ni la familia real ni los noruegos ven con buenos ojos la relación de Marta Luisa con Verret. Incluso se ha sugerido que debería abandonar su título de princesa con el fin de evitar la tentación de lucrarse gracias a él, algo que ya ha sucedido durante la gira de conferencias en las que bajo el título La princesa y el chamán ambos comparten sus experiencias sobrenaturales para pasmo de una familia real que ya creía haberlo visto todo. Marta Luisa, que ya sabía lo que le esperaba, se anticipó a las críticas desde su cuenta de Instagram: "No elijo a mi pareja para satisfacerles a ustedes ni las normas o compartimentos estancos que han elegido en su mente para mí".

¿Aguantaron la presión? Cada posado por separado alimenta los rumores de separación, pero parece más bien las ganas tanto de la sociedad noruega como de la familia real. Recientemente la princesa se saltó las recomendaciones de su país sobre el coronavirus para viajar a Estados Unidos con su pareja.

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Bo y John Derek

La relación prohibida. A mediados de los setenta, la adolescente Mary Cathleen Collins (Estados Unidos, 1956) –el nombre de Bo llegaría después– viajó a las islas griegas a grabar su primera película acompañada por su madre. A la progenitora le preocupaba que los adolescentes griegos fuesen un peligro para su guapísima hija. Lo que ninguna de las dos podía imaginar entonces era que el verdadero peligro era el hombre que les había llevado allí. Ese hombre era el director John Derek (Estados Unidos, 1926-1998), ex galán cinematográfico treinta años mayor que ella, casado con la actriz Linda Evans y con dos divorcios a sus espaldas. Las fuertes diferencias entre ambos convirtieron el inicio del rodaje en un infierno, pero cuando volvieron a Estados Unidos ya eran una pareja, para consternación de Evans, que esperaba que su marido recapacitase. No fue así: a pesar de la diferencia de edad, la pareja paseó su amor por medio mundo, incluida España, principalmente porque las leyes de Estados Unidos lo consideraban violación, y no pudieron residir en su país hasta que Bo alcanzó la mayoría de edad.

¿Aguantaron la presión? Ni la diferencia de edad, ni el escrutinio de los medios hicieron mella en su relación: John y Bo estuvieron juntos hasta la muerte del director en 1998.

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Meg Ryan y Russell Crowe

La relación prohibida. A mediados de los noventa un puñado de éxitos habían convertido a Meg Ryan (Estados Unidos, 1961) en la reina de la comedia romántica. Su aire de chica de la puerta de al lado, dulce, soñadora y ligeramente patosa, la había convertido en un seguro de taquilla, ya fuese en compañía de Tom Hanks, Billy Cristal o Kevin Kline. Para redondear ese romance con el público, la vida privada de Meg también parecía de ensueño: estaba casada con el guapo Dennis Quaid, epítome de las virtudes del sanote muchacho americano, al que había conocido en el rodaje de El chip prodigioso y con quien –para redondear el paquete aspiracional– se había casado un día de San Valentín. De puertas adentro la situación era distinta: el éxito de Meg había coincidido con una época menos afortunada de Quaid, que lidiaba con su adicción a la cocaína mientras Meg hacía mohines frente a la cámara. Sabiendo que su papel de joven atribulada por el amor tenía fecha de caducidad, Meg intentó dar un giro a su carrera y se embarcó en el rodaje de Prueba de vida, un thriller sobre una mujer que, tras el secuestro de su marido en un país extranjero, contrata a un negociador para liberarlo. Las noticias sobre su exceso de química con su coprotagonista, Russell Crowe (Nueva Zelanda, 1964), enervaron al público y a una prensa que encontró una mina zarandeando a Ryan. La enésima novia de América había tirado a la basura casi una década de matrimonio por un rudo neozelandés malencarado. No iban a ponérselo fácil.

La película fue un fracaso. Si en otras ocasiones el salseo había servido como promoción, en este caso fue un frasco de veneno: los espectadores se sentían traicionados por Ryan. No solo había engañado a Quaid, les había engañado a ellos. Las comedias románticas de Ryan eran un refugio en la tormenta, y nadie quería refugiarse en la vida de una adúltera

¿Aguantaron la presión? La relación apenas duró unos meses, pero asestó un golpe brutal para la carrera de Ryan. No así para la de Crowe, al que nadie culpó de destrozahogares e inició un coqueteo con la Academia y la taquilla que aún perdura. La prensa que había machacado a Ryan durante la relación se regodeó en el presunto abandono del neozelandés, aunque la realidad parece haber sido distinta. “Russell no rompió el matrimonio”, declaró a InStyle en 2008. "Definitivamente estaba allí al final, pero no fue su culpa. Yo era un desastre. También lo lastimé al final. No podría estar en otra relación larga, no era el momento para eso. Así que salí". También reveló que durante su “idílica relación”, Quaid le había sido infiel repetidas veces y ese sí había sido el verdadero detonante de la ruptura.

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Olivier Sarkozy y Mary-Kate Olsen
La relación prohibida. Su romance sacudió las páginas de sociedad neoyorquinas y parisina y las de chismes de Hollywood. Era difícil imaginar una pareja más opuesta, por origen, intereses, estilo de vida, edad e incluso, y casi es lo más perturbador, altura.

En 2010, Olivier Sarkozy (Francia, 1969), hermano del presidente Nicolás Sarkozy, estaba casado con una adinerada escritora de libros infantiles con la que tenía dos hijos y vivía en la zona más elegante de Manhattan, dos años después compartía piso en el barrio más bohemio de la ciudad con Mary-Kate Olsen (Estados Unidos, 1986) una de las gemelas protagonistas de Padres forzosos y diseñadora de moda, dieciséis años más joven que el banquero.

Su matrimonio con Charlotte Bernard, oficiado en París por su hermano, había durado casi tres lustros y su ruptura supuso un trauma para toda la familia, que asociaba su huida a la zona alternativa de la ciudad a la típica crisis de mediana edad. Los amigos de él miraban con desconfianza a la diminuta estrella de Hollywood a la que presuponían disoluta y vacua y los de ella miraban con recelo al enorme banquero cincuentón y burgués.

¿Aguantaron la presión? El 27 de noviembre de 2015, tres años después del inicio de su relación, se casaron en una ceremonia discretísima en Nueva York a la que sólo asistieron cincuenta personas, según desveló Page Six. Desde entonces han mantenido su relación alejada de los focos, pero sin evitar las muestras de afecto. "Tengo un marido, dos hijastros y una vida. Después de trabajar, debo regresar a casa y hacer la cena", así de convencionalmente definía Olsen su relación a la web Net a Porter en 2017.

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Estefanía de Mónaco y Daniel Ducruet

La relación prohibida. El pequeño principado de Mónaco se creía curado de espantos tras los romances de juventud de Carolina de Mónaco, pero nada les había preparado para todas las portadas que protagonizaría la pequeña de la familia. Estefanía de Mónaco (Mónaco, 1965), la “princesa rebelde”, combinaba su gusto por las celebridades como el actor Rob Lowe o los hijos de Belmondo y Delon, con anónimos con ínfulas de vividores como Mario Oliver –con quien compartió flequillo oxigenado– o Jean-Yves Le Fur y, sobre todo, los guardaespaldas. El primero de ellos, que no el último, fue Daniel Ducruet (Francia, 1964). Ducruet había formado parte de la seguridad del príncipe Alberto y fue este quien se lo recomendó a su hermana cuando empezaba su carrera como cantante. La sintonía entre ambos fue obvia desde el primer día y se afianzó cuando la acompañó en su gira por Sudamérica. Mientras Europa bailaba Ouragan, la princesa y el ex policía imitaban a Whitney Houston y Kevin Costner en la intimidad, hasta que Paris Match publicó unas fotos de ambos retozando en Portugal y estalló el escándalo.

La familia real se opuso al romance e incluso anuló la asignación de la princesa, que acabó vendiendo la exclusiva del nacimiento de su primer hijo a la prensa. Tras la llegada del segundo bebé, Rainiero aceptó lo inevitable y el verano de 1995 se celebró un matrimonio discreto en el principado.

¿Aguantaron la presión? Apenas un año después de la boda, el 28 de agosto de 1996 unas fotos –sesenta en concreto– de la revista española Interviú hicieron que todo saltase por los aires. En ellas el consorte real aparecía manteniendo relaciones sexuales al borde de una piscina con la striper Fili Houteman. El guardaespaldas aseguró que todo había sido un montaje e inició una batalla legal contra la publicación. Estefania pidió el divorcio y meses después el matrimonio llegó oficialmente a su fin, pero a pesar de lo traumático y humillante de la situación, han sabido reconducir su relación y es frecuente verles juntos en las actividades de sus hijos.

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Edward Furlong y Jackie Domac

La relación prohibida. Edward Furlong (Estados Unidos, 1977) era el James Dean de la generación Calvin Klein. Frágil y desvalido, pero con una mirada desafiante, fue el gran descubrimiento de Terminator 2, una de las películas más taquilleras de los noventa. Tras conquistar el cine más comercial, Furlong se unió a la pandilla disfuncional de John Waters en Pecker, compartió plano con Meryl Streep en Antes y después y salió airoso de su duelo con Edward Norton en American History X. Con apenas quince años solo su debacle personal iba tan rápido como su carrera. Mientras su madre y sus tíos se peleaban por su custodia (y por la de su dinero), Furlong iniciaba una relación con Jackie Domac, su tutora en el set de rodaje de Terminator 2 y trece años mayor que él. Tras muchos rumores sobre lo inapropiado de su relación, Furlong confirmó el romance y se fueron a vivir juntos. Él acababa de cumplir los quince y ella tenía veintiocho, pero eso no era óbice para que se paseasen abrazados por las alfombras rojas. Sus tíos intentaron que Domac fuese juzgada por violación e incluso que perdiese su licencia como profesora, pero fue infructuoso. Además de amante, Domac ejerció también el papel de manager de Furlong, que se distanció de su familia para siempre.

¿Aguantaron la presión? Cinco años, esa fue la duración de su relación. Mucho más de lo que la inestabilidad de un Furlong, cada vez más dependiente de las drogas, prometía. Se separaron en 1998 y Domac le denunció por abusos y reclamó el 15 por ciento de las ganancias del actor durante los tres años que ella había sido su manager.




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