EL DERECHO A MORIR

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delamorena

Mensajepor delamorena » Mié 28 Nov, 2007 11:54 pm

se muere cuando se estira la pata

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Delarrubia

Mensajepor Delarrubia » Mar 04 Dic, 2007 10:59 am

delamorena escribió:se muere cuando se estira la pata


Indudablemente que las perogrulladas son simplemente un reduccionismo que no ayuda en nada a situarnos en el tema del foro (el derecho a morir), ante todo se debe de intentar no banalizar la muerte, ya que ¿es acaso un final de nuestra existencia? o ¿no es nada más que un punto del presente continuo (pasado-presente-futuro) al cual estamos sometidos por el simple hecho de haber nacido?

Y por tanto ¿quién se atreve a mofarse de ella…?

No se ha de ser místico ni religioso para tener sensibilidad y esta falta de sensibilidad es la que genera la mayoría de veces violencia, violencia por no saber responder ante situaciones conflictivas y que al final se convierte en violencia sin sentido.

Todos tenemos derechos, pero también deberes delante de la muerte. Derecho a una muerte digna, pero deber de hacer que las personas que nos rodean también la tengan y el respeto para que quien se encuentre en esta situación terminal no se sientan como un ser ínfimo, sino que se le inculque la idea de que [shadow=darkred]morir no es el final[/shadow], que morir es un puro tramite para la eternidad, que morir es la transición entre el nacimiento y el infinito. :oops:

Un ser existe mientras haya alguien que le recuerde, ya que una porción de su personalidad ha quedado en él (gestos, vivencias, enfrentamientos, amor,…) y por tanto allí quedará hasta que al final, todos los que le recuerden desaparezcan y de esta manera pasará al lado oscuro, donde se encuentran los que perdieron todo los fragmentos dejados en vida, y éste será (posiblemente) la muerte real.

Todos los que piden ayuda para morir tienen derecho a ser escuchados, en esto no estamos preparados la mayoría de los humanos. Lo más fácil es escondernos y huir. Por suerte existen los medios socio-sanitarios que mejor o peor ayudan en la transición. Pero cuando estos fallan, muchas veces por falta de lógica, quizá ¿no debamos de procurar al menos intentar mejorar la situación y armarnos de valor para ayudar a morir dignamente… a ese ser que nos lo pide?.

Se ha de defender por tanto formas alternativas eutanásicas (eu=bien tanatos= morir), cuando el que lo pide tenga motivos suficientes (y eso sólo él lo sabe), ya sea por una enfermedad terminal o por un deseo inalienable de [shadow=darkblue]dejar de sufrir la miseria de una vida sin sentido[/shadow].

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T5

Hanna la niña brtanica que quiere morir

Mensajepor T5 » Vie 14 Nov, 2008 10:32 pm



Una niña británica quiere morir

Los médicos reconocen su madurez




Entrevista en exclusiva con Hanna

Diego Reinares entrevista para 'Está pasando' a Hanna, la niña que quiere morir

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Invitado

EL DERECHO A MORIR

Mensajepor Invitado » Dom 15 May, 2016 2:39 am

LES PEDÍ QUE ME MATARAN Y ME MATARON

Era veinteañera, vivía en Holanda y llevaba años pidiendo a las autoridades que le aplicaran la eutanasia. Lo logró. Murió por inyección letal. Una depresión crónica, resultado de los abusos sexuales que padeció entre los 5 años y la adolescencia, la llevó a la fatal decisión. En el informe que justifica la terminación de su vida por medio de la eutanasia, los expertos coinciden en que “curarla ya no era posible”. Este texto es una reconstrucción en primera persona de los últimos años de Femke, nombre ficticio otorgado a la protagonista del Veredicto 2015/64, a partir del informe hecho público por las Comisiones Regionales de Evaluación de la Eutanasia de Países Bajos. El relato se apoya también en su historia clínica

BERTA HERRERO


Hoy termina mi vida. Voy a morir. A decir verdad, siento que llevara 15 años muriendo, pero no moría. Mi cuerpo ha ido dejando de ser cuerpo al ritmo que iba avanzando la depresión. Maltratada, la piel se ha ido desprendiendo de los huesos por falta de alimento. Poseída por horrores que no querían abandonarme, la mente se ha ido descomponiendo en recuerdos que no me han permitido asimilar el presente...

He dormido y he despertado en más ocasiones de las que me hubiese gustado, en todas ellas sin ganas de que amaneciera otro día. He saltado a un vacío que nunca se acababa.

EN CONTRA
HAY QUE PROTEGER AL PACIENTE DE LOS MÉDICOS

El caso de esta chica es terrible. Pero, desde el momento en que la ley holandesa permite la eutanasia a quien padece un «sufrimiento insoportable», cabe todo. No hay una raya clara, un límite objetivo que determine qué es ese sufrimiento y qué no. Desde el punto de vista jurídico es muy ambiguo y la decisión, absolutamente arbitraria, porque cada paciente tiene una sensación subjetiva del dolor. ¿Con qué escala se mide? No hay barrera, y la barrera debería ser la que dictó la Asociación Médica Mundial: practicar la eutanasia es contrario a la ética médica. La eutanasia es una salida muchísimo más cómoda. En vez de tratar durante meses a un paciente, liquidas el caso en un minuto. Hay que proteger al paciente de los médicos.

Antonio Pardo es médico, licenciado en Filosofía y profesor de Bioética en la Universidad de Navarra.

La desesperanza de mi situación sólo me ha hecho sufrir a mí y a los que se han visto obligados a cuidarme. Confío en que ha sido así. Pues así, de hecho, lo puedo leer en el informe médico que justifica que mi existencia vaya a llegar a su fin en este día no identificado de 2015. Lo ha redactado algún funcionario de la Sanidad pública holandesa a partir de los diagnósticos vertidos por todos los médicos que me han tratado en los últimos tres lustros. Algunos hoy se encuentran aquí conmigo, en esta habitación. Podría ser la de mi casa o la de algún hospital, aunque eso importa poco porque ya no distingo una de otra. Entre ambos lugares he pasado la mayor parte de los últimos años, postrada en la cama y dependiendo de los demás para sobrevivir.

Me llamo Femke. Aún no he cumplido los 30, ni los cumpliré ya. Me encuentro bajo los efectos de estrés postraumático permanente y sufro anorexia nerviosa refractaria. Todos los médicos que firman el documento oficial de mi defunción anticipada opinan que no hay esperanza alguna para mí.

Ésta es mi pesadilla resumida en unas pocas páginas que arranca hace 15 años, justo después de que abusaran de mí sexualmente. No encuentro en el informe ninguna nota que haga referencia a mi existencia antes de los abusos. Si fui feliz alguna vez, no consta. Parece como si mi vida se redujera a mi camino hacia la muerte.

Y es, de hecho, este camino lo que quedará de mí cuando me haya ido y las Comisiones Regionales de Evaluación de la Eutanasia decidan publicar este historial clínico. Lo harán de manera totalmente anónima. En él no aparecerán ni mi nombre, ni mi edad exacta, ni la ciudad donde nací; ni tan siquiera el lugar donde me dispongo a morir; no habrá rastro alguno de mi identidad. Algunos de los doctores que intervienen en la enumeración de los hechos me recordarán como esa pequeña niña que comenzó a visitarles recién entrada en la adolescencia, antes quizás, aterrada por las vejaciones que la habían condenado a este final. Los que se limiten a leer el informe, que más que de mi vida lo es de mi muerte, me recordarán sólo como Femke. No es mi nombre real, pero en mi lengua significa también niña pequeña.

Sufro depresión crónica desde que fui víctima de abusos sexuales. Dicen los psiquiatras que tengo tendencia al suicidio. Me he autolesionado en numerosas ocasiones porque la infinidad de tratamientos intensivos a los que me he sometido no han surtido en mí ningún efecto, sino todo lo contrario: el dolor físico ha ido en aumento...

He llegado a verme tendida en la cama de algún ambulatorio, entubada, siendo alimentada a través de una sonda. Un catéter suprapúbico ha servido para paliar las retenciones urinarias que he sufrido y otro colónico ha hecho lo propio con el estreñimiento. Mi cuerpo se ha ido debilitando al tiempo que los continuos flashbacks a esos momentos de horror de mi niñez tardía (o de mi adolescencia temprana) se apoderaban de mis pensamientos. La anorexia nerviosa ha desembocado también en anemia crónica —leo—, trastornos electrolíticos y disfunción renal.

A FAVOR
QUIEN PUEDE SUICIDARSE NO NECESITA INYECCIÓN LETAL

Hay una confusión de conceptos porque se habla de eutanasia cuando en realidad se trata de un suicidio asistido. En la eutanasia, que yo apoyo, la persona está en estado terminal y no puede poner fin a su vida por sus propios medios. En cambio, esta chica, que tenía problemas psiquiátricos tras haber sufrido abusos, podía haberse suicidado. En mi opinión, el suicidio asistido no debería regularse porque el Estado se excede en sus competencias. Por lo tanto, sí a regular la eutanasia para aliviar un sufrimiento innecesario siempre que uno exprese su voluntad; pero no a la regulación del suicidio asistido. Quien es capaz de suicidarse no necesita la inyección letal de ningún médico.

Roberto Augusto es doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona y autor del libro ‘Contra el sistema’

Me he hallado al borde de la inanición, han dicho los expertos. Y, a pesar de ello, mi trastorno de estrés postraumático ha resistido a todas las terapias que han probado sobre mi cuerpo. Ninguna ha conseguido acabar con las alucinaciones, las compulsiones y las obsesiones que me atormentan desde que abusaron de mí. Como si nada pudiera rescatarme de un infierno al que yo no decidí viajar.

He luchado durante años. He luchado para salir de él, de veras. Lo he hecho hasta que los médicos han coincidido en que curarme ya no es posible. He pasado las últimas primaveras sin poder moverme prácticamente de la cama en la que me hallo postrada. El sufrimiento ha sido insoportable...

Insoportable. Pero mi médico de cabecera no lo admitió hasta hace algo más de dos años. Entonces confirmó que los tratamientos que se me podían dar eran, por naturaleza, paliativos. Ninguno iba a mejorar mi calidad de vida. Cuando lo hizo, comencé a hablar de la eutanasia con él. Quería conocer cómo era el proceso y le hacía preguntas. ¿Cómo sería morir? Fuera como fuese, era la única opción. Mejoraría mi calidad de vida simplemente poniéndole fin.

Así lo confirmó el psiquiatra tras someterme por última vez a un tratamiento intensivo antitraumático, que también fracasó. Su opinión fue definitiva. «No había ninguna esperanza para ella», escribe en este informe. Les pedí que me mataran y aceptaron. Quisiera poder afirmar que me retuerzo de dolor al recordarlo, pero lo cierto es que escuchar sus palabras fue un alivio.

Hace 19 días recibí la visita de un segundo experto, cuya opinión favorable era necesaria para que yo esté hoy aquí, preparada para morir. Como hicieron otros antes, este consultor estimó que estaba en pleno uso de mis facultades mentales. Desde el punto de vista clínico, la depresión crónica y las constantes réplicas del horror parecieron no afectar a la fiabilidad de mi decisión. En la conversación que mantuvimos le dejé claro que era mi voluntad someterme a la eutanasia para poner fin a este sufrimiento. El médico había sido capaz de llegar a la conclusión de que no cabía otra solución razonable, y así lo confirmó también este último. «El deseo de la paciente fue morir», escribió ya en pasado en mi historial, que será lo último que lea antes de despedirme.

En efecto, mi deseo fue morir y las autoridades sanitarias me lo concedieron. Y por fin voy a hacerlo. Cierro los ojos. A pesar de que los tubos, las agujas y las pastillas han pasado a formar parte de mí, como si de otros miembros más de mi cuerpo se tratase, no quiero ser testigo de cómo el doctor me despierta de mi pesadilla. Sé que haciendo lo que tenga que hacer me liberará de ella, e igual que a mí a todas las personas que se arremolinan en torno a mi lecho, muy quietas.

«El médico llevó a cabo la eutanasia haciendo uso de la cantidad de fondos recomendada y en la manera indicada por la Real Asociación Médica Holandesa». Ésa es toda la información que recogerá el documento acerca de los últimos instantes de mi existencia. No atisbará lágrimas, gemidos de dolor, convulsiones o gritos.

Y es que hoy no sufro. Otros me han matado durante 15 años, pero hoy muero yo, Femke. Muero como antes lo han hecho miles de personas más, asistidas por el sistema de salud público de nuestro país y amparadas por su legislación. Sus nombres, como el mío, sólo quedan atrapados en la memoria de quienes nos han querido, mientras que en el registro público pasan a figurar como meros «casos». «El caso de esa veinteañera víctima de abusos sexuales que no pudo superarlos y vio en la eutanasia el único fin», dirán algunos de mí. La historia de mi vida quedará eclipsada por la historia de mi muerte. Pero eso significará que yo ya descanso.


EL MUNDO / CRÓNICA /DOMINGO 15 DE MAYO DE 2016

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Assia
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Re: EL DERECHO A MORIR

Mensajepor Assia » Sab 21 May, 2016 7:28 am

Se me olvido ponerlo en el Tema taurino,pero creo que es en este Tema donde deberia ponerse. Naturalmente, La Administracion puede moverlo. El PANA, 1 torero mediocre mexicano de 64 anos de edad, tuvo 1 grave cogida que desde 1 principio se aseguro que quedaria en silla de ruedas. La cosa ha empeorado y ya ha tenido 1 par de ataques cardiacos que los medicos han conseguido revivirlo. Ahora, el pobre PANA, no hace mas que implorar a los medicos que lo atiende que lo dejen morir.
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EL DERECHO A MORIR

Mensajepor Invitado » Mié 29 Mar, 2017 2:33 pm

Derecho a decidir

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ANTONIO LUCAS 22/03/2017 02:51


El asunto de la muerte digna en cualquiera de sus variantes (sedación terminal, suicidio asistido y eutanasia) es tema tabú (otro más) entre los mismos políticos que no nos dejan vivir. No hay manera de concretar una ley que ampare el derecho a elegir de quien ya no tiene más vida por delante que el daño atroz, la falta de expectativas y la redundante certeza de un siniestro final. El derecho a morir dignamente no está desligado del derecho a ser feliz. Recuerden aquello que, muy enfermo, le dijo Kafka a su médico cuando estaba ya en el último codo de la vida, trepado por los dolores: «Si no me matas serás un asesino». Digamos que permitirle a alguien marchar dignamente cuando lo reclama, cuando lo requiere, cuando no le queda alternativa, puede ser un ejercicio de amor.

No se trata de dispensar la salida en cualquier circunstancia, sino en aquellas que más degradan sin solución. En las irreversibles. Vivir biológicamente no es vivir humanamente (Savater). Lo propio del hombre no es sólo vivir (eso a veces es muy poco), sino hacerlo con avales humanos. Algunas elecciones no deben ser sólo asuntos de Estado. En el Congreso volvieron a tumbar ayer la propuesta de una ley de eutanasia. El Gobierno, el PSOE y Ciudadanos se encargaron de atajarla. Está clara la voluntad: no dar sitio a un asunto que reclama un gramaje alto de valentía, de comprensión, de legislación, de inteligencia, de valor de la existencia humana y de bondad. La propia vida es sagrada cuando dentro se aloja la palabra vida. Hay adversidades de la biología tan letales y humillantes que sólo alcanzan un punto excelso si alguien acepta que conviene detenerlas. Y se le permite. Y se le ampara. Para eso es necesaria una regulación firme. Pero además un alto grado de libertad individual: la de poder solicitar que actúen sobre el propio cuerpo cuando los indicadores confirman que el cuerpo es un derribo insoportable.

Estoy a favor de la despenalización de la eutanasia en casos terminales que clínicamente no disponen alternativa. Aunque más aún estoy a favor del derecho a reclamarla. Sí, del derecho. Del sagrado ejercicio de amparo y autoridad. De la soberana dignidad de elegir por uno mismo. Incluso por el otro en un supremo acto de generosidad que nace del consentimiento informado. La vida puede ser un ejercicio extraordinario, pero no es buen plan afianzarse como un fanático del vivir en cualquier circunstancia. Por eso la eutanasia regulada tiende a desfanatizar la muerte. Un niño jodido es un fracaso de la vida. Un fracaso incalculable. Pero hacer sufrir a alguien sin más garantía que el avance imbatible del dolor puede ser una forma de tortura. Dice Nietzsche que quien tiene una razón para vivir puede soportar cualquier forma de hacerlo. Vale. Sostiene Quevedo que «mejor vida es morir, que vivir muerto». También vale. Cada cual que elija.

Entre las cosas mejores que justifican la breve vida humana está el poder tomarle a la muerte cierta ventaja. No por vía de la inmortalidad, sino por el cauce de la consideración. Dejar de morir no es la solución, sino hacerlo de un modo razonable. Llegar a vivir no es una elección. Y lo otro, sí.

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EL DERECHO A MORIR

Mensajepor Invitado » Mié 29 Mar, 2017 3:23 pm

Morir no es ningun derecho es una obligacion.




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