El problema de la educación

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El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Mar 18 Dic, 2018 2:18 pm

El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Mié 31 Oct, 2018 1:49 pm


BICICLETAS Y PATINETES IMPONEN LA VULGARIDAD EN VESTIMENTA Y EN URBANIDAD

Hoy, miércoles 31 de octubre de 2018, el director de www.hispanidad.com, Eulogio López, recuerda las evidencias ocultas sobre las bicicletas.

El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Lun 13 Ago, 2018 3:35 pm

Un perfecto caballero

16 Jul 2018 /ARTURO PÉREZ-REVERTE / Patente de corso

He escrito alguna vez que los tiempos pasados, los que se fueron, liquidaron oportunamente muchas cosas injustas o perniciosas; pero también arrastraron consigo, en la natural demolición que el tiempo aplica a todo, algunas, y no pocas, cosas buenas. También –y eso es lo que más lamento– determinadas actitudes, maneras de situarse ante la vida y los semejantes que, aunque trasnochadas, imposibles y hasta seguramente ridículas hoy en día, elevaban al ser humano por encima de su condición material y grosera, facilitaban la convivencia y lo convertían en respetable. Le daban dignidad y grandeza.

No hablo de gestos espectaculares, de épica o heroísmo. Tampoco hablo de actitudes relacionadas con una u otra clase social. Al contrario: con frecuencia era más fácil encontrar esa dignidad y esa grandeza en gente socialmente humilde que en otra más afortunada. Aquel magnífico y muy español «en mi hambre mando yo» me parece, quizá, la más exacta exposición de esto último. Y a menudo había, por irnos a un pasado no demasiado lejano, más dignidad en el padre analfabeto que liaba para su hijo el primer cigarrillo que éste fumaba, en el andén del tren que iba a llevarlo al barco en el que viajaría para morir en Cuba, que en el adinerado individuo que había dado unos duros de plata al Estado para que ese pobre muchacho fuese a la guerra en lugar de su hijo.

Las maneras. Con frecuencia insisto en ellas en esta página. En mi opinión, como buen reflejo exterior de lo que somos o no somos, ellas nos salvan o nos condenan. Siempre lo he creído así, y no es casual que la segunda novela que escribí tratara en buena parte de eso: la estética asumida como ética cuando las grandes palabras se desvanecen. La actitud elegante, digna, heroica a fuerza de orgullo –la soberbia es defecto, pero el orgullo puede ser una virtud–, de un viejo maestro de esgrima durante la caída de Isabel II: la historia del último hombre honrado en un mundo de conspiraciones políticas, mercachifles y canallas. Hay un diálogo en ese relato que es mi momento favorito, cuando el marqués de los Alumbres le comenta al maestro Astarloa: «Se olvida usted de Dios», y éste responde: «Dios no me interesa. Tolera lo intolerable. Es irresponsable e inconsecuente. No es un caballero».

Tuve la suerte –aunque quizá hoy sea una desgracia– de que me educaran para admirar esa clase de cosas. Para respetar ciertos ejemplos. Después la vida que llevé me condujo a otros lugares; pero mantuve intacta, o así lo creo, la facultad de admirar la dignidad y la elegancia moral en hombres y mujeres, sea cual sea su estado o condición. Al hilo de eso, recuerdo lo ocurrido a una de mis abuelas en los años 30 del pasado siglo. Estaba embarazada de seis meses y viajaba en tren de Cartagena a Madrid. El viaje duraba toda la noche; pero, al no quedar plazas libres en los coches cama, se vio obligada a viajar en un vagón convencional. En el compartimento sólo iban ella y un hombre de mediana edad, de aspecto modesto pero muy educado, a quien después de aquello mi abuela no olvidaría jamás.

El avanzado embarazo la tenía molesta, y eso era evidente. Tras interesarse por ella con extrema corrección, el señor le aconsejó que se tumbara en los asientos. Hay que entender que corrían otros tiempos, y una señora no se tumbaba por las buenas en un tren delante de un desconocido; así que la gestante viajera se mostró reacia a ponerse cómoda. Entonces, el caballero demostró que era exactamente eso. Cogió su petaca de cigarrillos, el encendedor y un libro, se puso el gabán, salió al pasillo, corrió las cortinillas, cerró la puerta, y se pasó toda la noche de guardia ante ella, fumando y leyendo, para impedir que nadie entrase en el compartimento e incomodase a mi abuela. Y por la mañana, al llegar a Madrid, la ayudó a bajar la maleta de la redecilla del equipaje y la acompañó hasta el andén, hasta dejarla en manos de los familiares que la esperaban. Ni siquiera dijo su nombre, escuchó las palabras de agradecimiento de mi abuela con una sonrisa amable y casi distraída, saludó por última vez tocándose el ala del sombrero, y se marchó.

Mi abuela me contó muchas veces esa historia, que cuando era niño me gustaba escuchar. Y ella siempre llegaba al final con un brillo en los ojos y una expresión dulce y conmovida. «Aún me parece verlo alejarse aquella mañana entre la gente –decía medio siglo después–. Ni siquiera era guapo. Tenía el cuello de la camisa rozado, el traje lleno de arrugas y las uñas tal vez demasiado largas. Pero nunca en mi vida vi tan perfecto caballero».

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Publicado el 15 de julio de 2018 en XL Semanal.

El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Jue 14 Jun, 2018 7:21 pm

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El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Jue 03 May, 2018 4:17 pm

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El tribunal de evaluación estaba integrado por tres profesoras de la Universidad Rey Juan Carlos, Alicia López de los Mozos, Cecilia Rosado y Clara Souto

El juez imputa a una profesora y la secretaria del máster de Cifuentes

Se trata de Amalia Calonge, secretaria que presuntamente falsificó las notas de la expresidenta y Cecilia Rosado

El juzgado de instrucción número 51 de Madrid ha citado a declarar como imputadas a dos de las personas vinculadas con el fraudulento máster de la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes. Se trata de Amalia Calonge, secretaria que presuntamente falsificó las notas de la expresidenta y Cecilia Rosado, una de las profesoras que formaban parte del tribunal de evaluación del postgrado y cuya firma fue falsificada. El juzgado ha decidido ampliar la causa que sigue por presunta falsedad en documento público también al acta relativa a la defensa del trabajo de fin de máster de Cifuentes.

El juez tomará declaración a estas personas el próximo 10 de mayo junto con otros testigos, entre ellos, las profesoras Clara Souto, Alicia López de los Mozos y Sergio Pulido, marido de esta última y que pudo acompañar a López de los Mozos en alguna de las reuniones con el catedrático responsable del máster, Enrique Álvarez Conde, tras la elaboración del acta fraudulenta de fin de master de Cristina Cifientes.

Unos interrogatorios que suponen una preparación para el interrogatorio como imputado de Álvarez Conde, prevista para el mes de junio.

El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Vie 09 Feb, 2018 2:21 am

El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Lun 22 Ene, 2018 4:02 am

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El juez Emilio Calatayud, en el Cerro de San Miguel este miércoles.


Juez Calatayud: "Confundir un cachete a un hijo con maltrato es una barbaridad"





Es el juez decano de menores en España, ha juzgado a unos 20.000 niños y aquí habla del mal uso de los móviles, la falta de autoridad de los padres y hasta de su internamiento adolescente"Suspendí ocho, yo no era malo, pero iba con un grupo y entrábamos en casas, cogíamos cosas, dinero...", reconoce sobre su juventud"Es más difícil ser padre que ser juez. Yo al fin y al cabo tengo a la Guardia Civil y le puedo dar un par de hostias al chico jurídicamente hablando. ¿Pero el padre?"


PEDRO SIMÓN


Si estuviésemos en un western, Emilio Calatayud sería el sheriff que se toma los güisquis de un trago, planta cara al forajido en medio del saloon y se enciende la cerilla en la barba de dos días con sólo rascar el fósforo. Un tipo honesto y duro, con ojos y arrugas del que lo ha visto todo.

Lo piensas cuando le escuchas hablar con ese vozarrón y te señala con ese dedo que parece un Winchester mientras contesta: «A mí llámame Emilio, coño, y de tú».

Pero estamos en el Juzgado de Menores de Granada y al juez de adolescentes que más tiempo lleva ejerciendo en España nadie le llama así. Es «don Emilio» para los dos guardias de la puerta, para los funcionarios, para el educador que viene a verlo, «don Emilio» para la madre de la víctima y hasta para el asesino.

Calatayud no lleva placa de sheriff, pero sí un corazón de ley a la altura del pecho.

-Ahí está el expediente, don Emilio. Un chico de 14 años le ha atravesado la mano a su madre con un cuchillo.

-¿Y eso?

Encarni, funcionaria del juzgado, termina de explicar.

-Ha sido porque le quitó internet... don Emilio.

Si estuviésemos en un western, el sheriff ahora escupiría por el colmillo. Pero lleva puesta la toga y no es plan. Así que hace un gesto de rabia y contesta como cualquiera.

-Vamos, un hijo puta...

    Muchos jueces defienden recuperar el derecho de corrección de los padres a los hijos...
    Eso lo reclamamos los jueces al entrar Rajoy: el derecho de corregir razonable y moderadamente a los hijos. Es lo que decía el Código Civil hasta que lo cambió Zapatero. ¿Cómo se corrige moderadamente? Eso ya cada uno...

    ¿Consecuencia?
    Ahora los chavales no reconocen ninguna autoridad. Toda autoridad tiene un derecho sancionador, lo hemos visto con el 155... [En lo que queda de respuesta golpeará hasta cinco veces con el puño en la mesa] ¿Qué derecho sancionador tengo yo con mi hijo? ¿Entonces qué autoridad tengo si no dispongo de un derecho sancionador? Te dicen que hay que educarlos sin atentar contra su integridad física o psíquica. ¿Y eso cómo se hace? Si al niño le digo que no, se trauma [irónico]... Es lo mismo que en Cataluña: se ha permitido todo hasta que se ha desbordado la criatura.

    Pasamos de los correazos del franquismo a ponerles el desayuno acojonados por si no les gusta.
    Hemos pasado de ser esclavos de los padres a ser esclavos de los hijos. Ya hemos visto sentencias que condenan a una madre por pegarle un soplamocos a un niño y darse con el lavabo en la barbilla: 65 días de prisión... Yo no soy partidario del castigo, pero confundir un cachete con un maltrato me parece una auténtica barbaridad.

    Hay muchos pedagogos que dicen que castigar a un niño es una abominación.
    Eso es un disparate. Yo soy lo que soy gracias a mis padres. Y a mí me han castigado lo que no está escrito. Si mis padres no me hubiesen castigado seguro que no era juez... A ver, ¿cómo puedes evitar que un niño de tres años meta los dedos en un enchufe?

    Fácil.
    Hay dos posibilidades. Cuando vaya a meter los dedos le das en la mano: «Pupa, nene». La otra es que le digas: «No introduzcas los dedos en el enchufe porque puedes originar un cortocircuito con unas consecuencias para tu salud». Te pones a razonar con el niño y se te electrocuta el niño... Si hasta Rajoy le pegó una colleja a su hijo en la radio.

    Muchos niños quieren las cosas aquí y ahora. Y los padres van corriendo con la red debajo.
    El problema es que los niños no admiten la frustración. Y la frustración es muy buena. Estamos haciendo unos niños muy light. Y la vida es dura.

    ¿Qué hace más daño a un niño, la abundancia o la carestía?
    Las dos. Hay chavales que lo tienen todo y cometen un delito. Chicas a las que les he quitado el móvil de 800 euros un fin de semana e intentan un suicidio. Otro que le rompió la nariz a su madre ciega por desconectarle el ordenador: el chico llevaba meses enganchado a un juego en red sin dormir...

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A lo que está enganchado Emilio Calatayud (sin el don) es a su Albaicín, al Madrid, a sus amigos, a sus «chorizos» y al tabaco de liar. Para fumar menos, se los hace muy finos y les pone dos filtros. Otra vez la imagen del western: el pitillo se le consume mientras habla y habla y te recuerda un poco a Lucky Luke.

-Cuando les condeno me llaman hijo de puta, pero luego me lo agradecen. ¿Tú fumas?

-No.

-Yo fumo pero ando mucho. Un roble.

Dice el juez que cuando era joven nadaba bastante y hacía los 100 metros en menos de un minuto. Lo hemos estado mirando: en los Juegos de Río hubo un señor etíope que tardó cinco segundos más que el juez en recorrer esa distancia.

    ¿Algún menor te ha pedido por favor que le pongas límites?
    Eso te lo agradecen después. Mira todos esos regalos que hay ahí. Son de chicos a los que condené. Los que absuelvo no vuelven... Hace cinco meses estaba tomando una cerveza. «Usted me condenó a una redacción de 200 folios, todavía me acuerdo de lo que me dolía la mano, pero me he sacado las oposiciones de bombero». Esa es la mayor satisfacción para un juez.

    ¿Y el mejor regalo de los que tienes ahí?
    Esa talla que ves ahí me la regaló un menor que le pegó cinco tiros a su suegro y al que condené a ocho años de internamiento.

    ¿Por qué lo mató?
    Porque se enteró de que su suegro violaba a su mujer. Me dijo: «Don Emilio, yo voy a hacer lo que usted me diga, pero si me vuelve a pasar lo volvería a hacer». Hoy es un tipo estupendo con tres niños, su mujer y su trabajo.

    ¿Y la piedra la talló él?
    No, no, ¡la robó!... Es del siglo IV. Yo me asusté al verla... Llamé a la Guardia Civil, la tasaron los expertos y se decidió que se quedara aquí en los juzgados.

    ¿De qué sentencia estás más orgulloso?
    De la de un chico enganchado a la droga al que condené por tentativa de asesinato. Iba con otros, abordó a dos chicas, se las llevaron a un descampado y al tratar de huir les pegó varios tiros. No las mató. Se comió ocho años. No le autoricé a salir para casarse ni cuando tuvo el niño.

    ¿Y qué sabes de él?
    Ahora es amigo mío.

    ¿Los móviles están cambiando a los chicos?
    Muchísimo. Recuerdo el caso de una niña de 12 años que se peleó con su noviete de 14, entonces un coleguilla del chico le dice a la chica que si quiere ser su nuevo novio. Y le pide una prueba de amor. [Da un golpe en la mesa. En lo que queda de respuesta la grabadora registrará hasta cuatro veces un golpe del puño en la mesa]. La niña se hace una foto y se la manda por WhatsApp. El nuevo novio le pide una prueba de amor más fuerte. La niña le manda una foto en tetas. El nuevo novio le pide una tercera prueba de amor. La niña le manda un vídeo de seis minutos masturbándose. El nuevo novio se lo manda al antiguo. Y éste lo cuelga.

    Las palizas ahora no se dan en los recreos sino en las redes.
    Esto [coge su teléfono] nos está ocasionando tres problemas. 1) es una droga; 2) es un instrumento muy peligroso para cometer hechos delictivos. Y 3) es un instrumento muy peligroso para ser víctima de un hecho delictivo. Yo soy fumador, pero a mí nunca se me ha ocurrido darle un cigarro a mi hijo con dos años. Pero estoy harto de ver a padres que le dan la tablet a bebés para que no den la murga en un restaurante. Yo lo primero que hago nada más levantarme es encenderme un cigarro. Cualquiera que haga lo mismo con el móvil tiene un problema.

    ¿Tendrías menos trabajo si no existiera internet?
    Sí. Y menos desagradable. Porque yo pongo a los padres a ver el vídeo del juicio. Hubo una vez en que cuatro chicos y una chica le dieron una paliza a un mendigo y lo grabaron. Les leí el escrito de alegaciones y los chavales decían que no. Dije: «Se ha terminado». Me cogí a un padre y a otro y a otro, cada uno con su hijo, a solas, y les fui poniendo el vídeo. No veas las caras.Porque el padre no se cree lo que hace su hijo...

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En el mirador del Cerro de San Miguel de Granada, justo al lado del centro de menores, varios jóvenes hacen botellón. El juez se acaba de quitar el casco y se baja de la moto. Uy si estuviésemos en un western.

Paseamos. Le hacemos unos retratos. El hombre toca la pared del edificio donde hay chicos en régimen cerrado como el que pone la mano sobre una barriga preñada. El juez que condena a hacer un cómic al que pinta una pared o a dar clases de informática al hacker no se olvida de sus otros condenados.

-Hay una persona en esa ventana del centro, Emilio. Arriba. A la derecha. Te está mirando.

-Es un niño. Cuando a las diez se apagan las luces en el centro de menores de Oria o en este de San Miguel, lo que se escuchan son llantos de niño.

    ¿Es más difícil ser padre o ser hijo?
    Es más difícil ser padre que hijo. Y es más difícil ser padre que ser juez. Yo al fin y al cabo tengo a la Guardia Civil... [se ríe] y puedo dar un par de hostias jurídicamente hablando. Pero el padre...

    ¿Fuiste peor padre o hijo?
    He sido peor hijo. Lo que sí he sido es buen marido... Perdí a mi mujer hace seis años. De cáncer de pulmón. Treinta años juntos. Falleció el 25 de agosto de 2011. Azucena tenía 50 años y yo 56. Me acuerdo de una imagen de Gran Torino, una peli de Clint Eastwood en la que sale escupiendo sangre en el pañuelo. Así veía yo a mi mujer. Fueron años duros y felices... Lo que más siento es no haberle dicho todos los días lo mucho que la quería. Luego entré en un túnel, claro. Comía en los bares, no me cuidaba... Me costaba entrar en casa, no iba más que a dormir, todo el día trabajando o zascandileando. Me salvó la familia, el trabajo, el barrio.

    ¿Qué habría hecho el juez Calatayud con el adolescente Calatayud?
    Le hubiese internado. Yo era el cuarto de siete hermanos y mi padre me internó con 13 años.

    ¿Y qué hiciste?
    Suspender ocho. Es que era tímido para los estudios [sonríe]. Y mi padre me ayudó a vencer la timidez... Y al verano siguiente me metió en un garaje de coches a trabajar. A 500 metros del colegio. Cambiar aceite, lavar coches, de todo...

    ¿Sólo por eso te mandaron a un internado?
    Hombre, yo no era malo, pero iba con un grupo y entrábamos en casas... Cogíamos cosas, dinero, travesuras...

    ¿Has conocido a algún chico del que hayas dicho: «Coño, así era yo a su edad»?
    Claro. Cuatro chicos cometieron el mismo delito que yo: entraron a una casa de verano en una urbanización. Los padres, gente bien, estaban deseando que yo los machacara. Yo les pregunté a los chicos: «¿Os han castigado vuestros padres?». Y ellos: «Sí». «¿A qué?». A esto, a esto y a esto, me dijeron. «Pues entonces marchad, no os preocupéis, que lo único que os puede pasar es que lleguéis a ser jueces de menores».


Emilio Calatayud: "Hay que violar la intimidad de nuestros hijos"

El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Lun 27 Nov, 2017 2:20 am

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¿Y si Clint Eastwood tuviera razón? Hacia una sociedad adolescente

El irresistible avance de la corrección política es una señal muy potente que nos advierte de la infantilización de la sociedad occidental, reflejada con pavorosa nitidez en su universidad, de donde precisamente proviene.


En la genial novela de de Philip Roth, La mancha humana, la vida del decano universitario Coleman Silk se desmorona tras interesarse por dos estudiantes que han faltado a todas sus clases, “¿Conoce alguien a estos alumnos? ¿Tienen existencia sólida o se han desvanecido como negro humo?” pregunta en el aula. Desgraciadamente para Coleman, uno de los aludidos resulta ser afroamericano y, cuando llega a sus oídos la pregunta, la interpreta como un ataque racista. Aunque no había ánimo ofensivo en sus palabras, puesto que jamás había visto al estudiante, Silk es acusado de racista, cesado como decano y despedido. Sin otra universidad dispuesta a contratarlo, su economía familiar se deteriora rápidamente. Padece el rechazo de la comunidad, el repudio de amigos y conocidos y, en el colmo de la desdicha, su esposa sufre una apoplejía a causa del estrés y fallece.

Numerosos profesores norteamericanos son censurados o expulsados de las universidades porque sus discursos, o siquiera sus apreciaciones, turban a un alumnado cada vez más sobreprotegido e infantilizado


Aunque el decano Silk sea un personaje de ficción, Philip Roth refleja las vivencias de infinidad de profesores norteamericanos censurados o expulsados de las universidades porque sus discursos, o siquiera sus apreciaciones, turbaban a un alumnado cada vez más sobreprotegido e infantilizado. Porque no se ajustaban a lo políticamente correcto.


¿Universidades o jardines de infancia?

Hace poco más de dos años, según realtó Judith Shulevitz, estudiantes de la Universidad de Brown organizaron un debate abierto sobre agresiones sexuales. Inmediatamente, otro grupo de alumnos, temeroso de que los intervinientes pudieran exponer ciertas ideas “negativas”, protestó ante la dirección argumentando que la universidad debía ser un “espacio seguro” donde nada avivara los traumas de las víctimas. Las autoridades académicas no cancelaron el acto, pero pusieron a disposición de los asistentes su propio "espacio seguro": una sala contigua donde cualquiera pudiera acudir para recuperarse de algún punto de vista turbador, y, si se sentía con fuerzas, regresar al debate. La estancia estaba equipada con cuadernos para colorear, juegos de plastilina, cojines, música relajante, mantas, galletas, chuches, incluso un video en el que aparecían perritos jugando. También contaba con personal cualificado para atender posibles traumas. Cuando el evento finalizó, dos docenas de personas habían pasado por esta sala, una de las cuales explicó: "me sentía bombardeada por unos puntos de vista que van en contra de mis creencias más íntimas".

En otra ocasión, un profesor del Columbia College recomendó la visita a una interesante exposición de arte samurai japonés. Inmediatamente, uno de sus estudiantes protestó airadamente, tachando su sugerencia de políticamente incorrecta porque podía herir la sensibilidad de los alumnos chinos. Obviamente, la objeción era absurda; la invasión de China por el ejército imperial japonés había finalizado setenta años atrás. Sin embargo, para el estudiante el tiempo transcurrido era irrelevante. Siguiendo su lógica, el arte alemán ofendería en Francia, el francés en España por la invasión napoleónica, o el español en Flandes.

Larry Summers tuvo la desgraciada ocurrencia de defender teorías donde se mostraba que el coeficiente de inteligencia de los hombres presenta una dispersión, una varianza mayor que el de las mujeres


Otro caso llamativo es el del ex presidente de la Universidad de Harvard, el economista Larry Summers, que tuvo la desgraciada ocurrencia de defender teorías donde mostraba que el coeficiente de inteligencia de los hombres presenta una dispersión, una varianza mayor que el de las mujeres, planteando como hipótesis que este hecho podía influir en la asignación de puestos de trabajo en las escalas más altas y más bajas. Automáticamente fue acusado de machista y, tras una durísima campaña en su contra, Summers se vio obligado a dimitir en 2006.


Del oscurantismo a la ignorancia

El calvario de todos estos profesores ilustra la plaga de la corrección política, una moda que invade los campus universitarios del mundo desarrollado, constituyendo una asfixiante censura que, en no pocas ocasiones, provoca dramas absurdos perfectamente evitables. Lo peor, con todo, es que condena a la sociedad al oscurantismo, a la ignorancia. Al fin y al cabo, Summers sólo podría haberse ahorrado el calvario falseando las teorías, adaptándolas a la “realidad” de lo políticamente correcto o, sencillamente, renunciando a su exposición. Por su parte, el profesor de Columbia debería pensárselo dos veces antes de recomendar exposiciones de arte a sus alumnos puesto que todas, de alguna manera, herirán la sensibilidad de alguien. En cuanto a los estudiantes de la Universidad de Brown, para evitar sobresaltos tendrían que renunciar a organizar debates abiertos.

"La universidad no puede ser un 'espacio seguro'. El que lo busque, que se vaya a casa y abrace a su osito de peluche"

Richard Dawkins


El irresistible avance de la corrección política es una señal muy potente que nos advierte de la infantilización de la sociedad occidental, reflejada con pavorosa nitidez en su universidad, de donde precisamente proviene. Tanto despropósito llevó a Richard Dawkins, profesor de biología evolutiva de la Universidad de Cardiff a advertir a sus estudiantes, con indisimulada indignación: "La universidad no puede ser un 'espacio seguro'. El que lo busque, que se vaya a casa, abrace a su osito de peluche y se ponga el chupete hasta que se encuentre listo para volver. Los estudiantes que se ofenden por escuchar opiniones contraria a las suyas, quizá no estén preparados para venir a la universidad".

La corrección política es producto de ese pensamiento infantil que cree que el monstruo desaparecerá con solo cerrar los ojos. Pero la maduración personal consiste justo en lo contrario, en descubrir que el mundo no es siempre bello ni bueno, en la toma de conciencia de que el mal existe, en llegar a aceptar y encajar la contrariedad, el sufrimiento. Y, por supuesto, en aprender a rebatir los criterios opuestos. En su esfuerzo por hacer sentir a todos los estudiantes cómodos y seguros, a salvo de cualquier potencial shock, las universidades están sacrificando la credibilidad y el rigor del discurso intelectual, remplazando la lógica por la emoción y la razón por la ignorancia. En definitiva, están impidiendo que sus alumnos maduren.


La trampa del “espacio seguro”

Cuando se designa unos espacios universitarios como seguros, implícitamente se está marcando otros como inseguros y, por lo tanto, tarde o temprano habrá que “asegurarlos”, hasta que cualquier opinión desconcertante quede prohibida en todo el campus. Y, si esto es válido para la universidad, ¿por qué no trasladarlo a la sociedad en su conjunto? Así, la represión se extiende como mancha de aceite, prohibiendo palabras, términos, actitudes, estableciendo una siniestra policía del pensamiento.

En la práctica, es la autoridad quien acaba dictaminando lo que es políticamente correcto y lo que no. Y lo hace, naturalmente, a favor del 'establishment' y de los grupos de presión mejor organizados


Desde el punto de vista conceptual, la corrección política es incongruente, cae por su propio peso. Dado que no todo el mundo opina igual ni posee la misma sensibilidad, no es posible separar con rigor lo que es ofensivo de lo que no lo es, establecer una frontera objetiva entre lo políticamente correcto y lo incorrecto. Hay personas que no se ofenden nunca; otras, sin embargo, tienen la sensibilidad a flor de piel. La ofensa no está en el emisor sino en el receptor, Así, en la práctica, es la autoridad quien acaba dictaminando lo que es políticamente correcto y lo que no. Y lo hace, naturalmente, a favor del establishment y de los grupos de presión mejor organizados.

La corrección política es una forma de censura, un intento de suprimir cualquier oposición al sistema. Y es además ineficaz para afrontar las cuestiones que pretende resolver: la injusticia, la discriminación, la maldad. No es más que un recurso típico de mentes superficiales que, ante la dificultad de abordar los problemas, la fatiga que implica transformar el mundo, optan por cambiar simplemente las palabras, por sustituir el cambio real por el lingüístico.

"Es un error juvenil confundir los nombres con las cosas. Las palabras son sólo signos convencionales para identificar objetos o hechos: son estos últimos los que cuentan"

W. E. B. Du Bois


Lo expresó de forma certera el defensor de los derechos civiles W. E. B. Du Bois en 1928. Tras ser recriminado por un joven exaltado por usar la palabra "negro", Du Bois respondió: "Es un error juvenil confundir los nombres con las cosas. Las palabras son sólo signos convencionales para identificar objetos o hechos: son estos últimos los que cuentan. Hay personas que nos desprecian por ser negros; pero no van a despreciarnos menos por hacernos llamar 'hombres de color' o 'afroamericanos'. No es el nombre... es el hecho". En efecto, ni la discriminación, ni el racismo, ni cualquier otro problema, se resuelven por cambiar los nombres. Como mucho, se logra tranquilizar la mala conciencia de algunos.


Y el resultado es... Donald Trump

Hay mucha gente en el mundo, demasiada en España, que, al parecer, carece de la madurez emocional o de la capacidad intelectual para escuchar una opinión política que se aparte de sus convicciones sin considerarla un insulto personal. Al poner los sentimientos por encima de los hechos, de las razones, cualquier opinión válida puede ser desactivada tachándola de racista, sexista, discriminatoria. Puede que a estas personas la corrección política les haga sentirse más cómodos, pero a costa de instaurar la cultura del miedo en los demás. Clint Eastwood declaró: "Secretamente, todo el mundo se está hartando de la corrección política, del peloteo. Estamos en una generación de blandengues; todos se la cogen con papel de fumar". Aun así no era plenamente consciente del peligro que se avecinaba: tarde o temprano el virulento efecto péndulo invierte las magnitudes, la gente acaba hastiada de tanta censura, y como reacción... vota a Donald Trump.

Renunciar al libre discurso, al libre pensamiento, para evitar herir la sensibilidad de algunos es peor que estúpido: es peligroso porque pone en cuestión los principios de la democracia. Debemos ser respetuosos con todo el mundo, por supuesto. Pero también expresar con libertad nuestras ideas y argumentos. Si alguien se molesta, se rasga las vestiduras, es muy probable que esté mostrando su talante inmaduro, su carácter infantil e intolerante. Lo advirtió George Orwell en su novela 1984: "La libertad es el derecho de decir a la gente aquello que no quiere oír".

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Javier Benegas y Juan M. Blanco

El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Lun 18 Sep, 2017 6:22 pm


MAJESTAD: A LA UNIVERSIDAD SE ACUDE PARA APRENDER, NO PARA ENCONTRAR EMPLEO
El director de www.hispanidad.com, Eulogio López, recuerda al Rey que el sistema educativo es una cosa y el INEM otra.

El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Dom 10 Sep, 2017 8:19 pm

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El vino de la infancia

FERNANDO ARAMBURU

Aunque desde la perspectiva actual podría parecer un crimen pedagógico de muy graves consecuencias hepáticas, hace no mucho los niños bebían vino en la infancia. Una circunstancia que a alguno le familiarizó pronto con una cultura de afirmación de la vida. Como los libros o el amor físico.


No es que fuéramos Oliver Twist ni Lázaro de Tormes. Vamos a decir, para entendernos lo más rápidamente posible, que nuestros progenitores, mientras atendían a sus obligaciones familiares y laborales, acostumbraban confiar una parte de nuestra educación infantil al campo o a la calle. Yo no recuerdo huertos claros donde maduraba el limonero; pero tampoco, años 60, miseria.

Mi infancia son principalmente brazos ortigados y piernas arañadas. Por más que paso páginas, no encuentro en la memoria niños gordos. Miento. Había uno, el gordo por antonomasia, que, a la hora de repartir la tropa futbolera en dos equipos, quedaba como última opción tanto en el barrio como en el colegio. Conceptos como bulimia, anorexia, acoso escolar, aún no existían.

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Algo sano, no sé con exactitud qué, había en la ausencia de tutela demasiado protectora. Distábamos mucho de ser la generación mejor preparada de la Historia; pero, en líneas generales, abundaban en nuestras filas los espabilados. Quizá, simplemente, porque al pasar largos tramos del día sin vigilancia el niño estaba obligado a tomar decisiones por su cuenta. Bueno, y porque nos adiestraban a bofetada limpia, la verdad sea dicha, lo que quieras que no ayuda bastante a forjar el carácter.

El caso es que a la edad de siete u ocho años ya me dejaban beber vino en casa. Desde la perspectiva actual, tamaña permisión podría parecer un crimen pedagógico de muy graves consecuencias hepáticas. He de decir que a mí, sin embargo, la ingesta prematura, durante las cenas familiares, de vino cristianizado con gaseosa, más tarde sin bautizar, me vacunó de por vida contra el alcoholismo. Al mismo tiempo me familiarizó pronto con una cultura de afirmación de la vida que asocio desde entonces al vino. También incluyo en la categoría de potenciadores vitales a los libros y al amor físico, que en mi caso particular llegaron más tarde.

Mi madre, ama de casa a mucha honra, era la encargada de comprar aquel vino tinto y proletario en garrafones de cinco litros. Era un vino de mesa barato que ella nunca probaba. Tenía una embocadura más bien poco sedosa. Deleitaría, supongo, a los amigos de lo agrio. Mi padre, obrero fabril, era el encargado de beberlo. En la bodega, como llamábamos al sótano, lo trasegaba a la botella desnuda de etiqueta con ayuda de un embudo, sin derramar gota; después, en la cocina de casa, de la botella al porrón, donde lo mezclaba con gaseosa La Casera hasta darle, a la luz hogareña de los tubos fluorescentes, un hermoso y burbujeante color de aloque.

A mi padre, que en paz descanse, le disgustaba que yo chupase el pitón. Me amonestaba a su manera blandamente rigurosa de hombre bueno. Con instinto didáctico, aprovechaba para mostrarme cómo el bebedor ha de empuñar la vasija y sostenerla con la vista dirigida al techo, y cómo al final del trago ha de arrearle una pequeña y rápida sacudida al mango con el fin de que el pitón no le escupa un chorrillo de vino a la camisa o directamente en el ojo. A continuación, me invitaba a demostrarle que había comprendido. Yo (siete, ocho años) agarraba el porrón como es norma que se agarre, para lo cual no hace falta experiencia ni lección; embocaba el orificio minúsculo entre los labios separados y, olvidándome de las recientes instrucciones, mamaba de él con una delectación succionadora que hacía poner a mi padre los ojos en blanco.

Por aquel entonces pasábamos temporadas vacacionales en el pueblico navarro donde nació mi madre, Oteiza de la Solana, en la Merindad de Estella. Decíamos bajar a Oteiza influidos por la disposición geográfica del mapa, aun cuando desde San Sebastián hasta allí era todo subida, con dos puertos por medio. El pueblo está en lo alto de un cerro. Es sitio seco, rodeado de tierras de pan llevar y viñas. En una de estas, llegada la época, vendimiaba mi tío Víctor. Yo lo acompañé alguna vez con el tractor y los cestos. Toda la actividad consistía en cortar racimos. Cuando nadie me veía, picaba algún que otro grano gordo. Después la lengua morada me delataba, lo cual no importaba mucho porque todos, incluyendo mi tío, la tenían igual.

La uva vendimiada se llevaba al lagar de una cooperativa. En el recinto amplio y sombrío trascendía un aire de mosto dulzón que mareaba agradablemente. Detrás, a poca distancia, estaba el cementerio de Oteiza. En el galpón de la cooperativa, me asaltaron en cierta ocasión unos asomos traumáticos que a punto estuvieron de malquistarme para siempre con el porrón paterno. Y fue que vi a unos hombres de piernas pilosas, con los pantalones remangados hasta las rodillas, pisar uva descalzos. La imagen de los pies violáceos sobre la montonera de racimos me colmó de repulsión.

Estas y otras averiguaciones las hacíamos los niños por nuestra cuenta y a veces daban que pensar. Los adultos les quitaban importancia o las despachaban con algún refrán; en el caso de los manjares y las bebidas con aquel tan conocido que dice: Lo que no mata, engorda, útil también en nuestra casa cuando la coliflor cocida llegaba al plato infestada de pulgones o cuando te salía la fruta habitada de gusanos. Se practicaba poco la sutileza educativa en los años de mi niñez. Quizá no esté de más añadir que esto era antes del influjo de las películas de Walt Disney, en tiempos cada vez más lejanos en que los niños no estaban avezados a asignar cualidad humana a los animales.

Así que, durante un tiempo, no pude evitar el recuerdo desagradable del pisado de la uva a la vista del porrón de vino y gaseosa. El desagrado se acrecentaba si el garrafón era de los traídos del pueblo de mi madre, lleno de vino obtenido de uva estrujada en parte con los pies; en parte, supongo, en el trujal. Aunque el reparo se me pasó pronto, lo tengo tan presente como la sensación del vino rebajado con gaseosa, que es uno de los sabores emblemáticos de mi niñez.

Pongo en duda que la jerigonza del buen catador acierte con las palabras precisas para describir lo que sentíamos mi paladar, mi olfato y yo en las lejanas cenas de la infancia: aquel golpe inicial de dulzor, con frecuencia engañoso, por cuanto no era extraño que mi padre hubiese favorecido al vino en detrimento de la gaseosa dentro del porrón, con los efectos paulatinos que se dejan imaginar; aquella repentina y fresca explosión de las burbujas sobre la lengua que hacía tolerable, incluso delicioso, el punto amargo del vino peleón. Y no es que el niño se embriagase, pero cuántas noches el angelito se acostaba con una viva sensación eufórica, de sopor placentero, o como decía mi madre sin rebozo, con el morro caliente. No es por nada, pero luego yo dormía la noche de un tirón.

El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Jue 31 Ago, 2017 3:07 am

El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Mié 16 Ago, 2017 2:20 am

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España es el único gran país rico sin universidades entre las 200 mejores del mundo

Es el único gran país desarrollado sin un centro en el top, en el que están otras 27 naciones como Francia, Alemania, Portugal o Brasil


Si hay una clasificación por excelencia de universidades, es el ranking de Shanghái. En la última edición, España no tiene ninguna institución entre las 200 en cabeza. Es el único gran país desarrollado sin universidades en ese grupo, en el que sí están otras 27 naciones. Desde Estados Unidos y Reino Unido, las mejor clasificadas, a Francia, Alemania, Portugal o Brasil. Las 11 mejores españolas, todas públicas, se sitúan entre los puestos 200 y 500.

La imbatible Harvard en cabeza

La Universidad de Harvard, en Boston (EE UU), vuelve a aparecer como la mejor del mundo en la clasificación ARWU que mide el impacto de las investigaciones, los premios de renombre y el prestigio de las universidades.

Harvard no se ha movido de ese puesto desde hace 15 años, según informan desde la organización de este ranking internacional. Le siguen la Universidad de Stanford, que repite respecto a 2016 y la británica Cambridge, que pasa del puesto cuatro al tercero. Reino Unido y Estados Unidos copan los 20 primeros puestos. La excepción, en el número 19, es la Escuela Politécnica Federal de Zúrich.

Estados Unidos y Reino Unido son los países que encabezan la clasificación, el ranking de Shanghái o ARWU (Clasificación Académica de Universidades del Mundo, en sus siglas en inglés). Entre las 100 primeras hay 52 universidades americanas, 35 europeas y 13 de Asia y Oceanía. África no tiene ninguna. España ha tenido entre nueve y 13 representantes entre las 500 citadas pero ninguna se ha situado entre las primeras 100 y, en algunas ediciones, como la actual, tampoco entre las 200. Hay 12 naciones en el top 50, entre las que están Dinamarca, Canadá, Francia o Alemania. Otras seis más entre las 100 mejor clasificadas, donde se añaden Finlandia, Noruega, Bélgica o Israel. Y hasta un total de 27 entre las 200 en cabeza, donde están países como Italia, Irlanda, Portugal o Brasil.

Solo las 100 iniciales están ordenadas en función de la puntuación. A partir de la 101, se clasifican por orden alfabético de 100 en 100.

La Universidad de Barcelona, que el año pasado sí estaba entre las 200 mejores, baja hasta el bloque de las 300, junto con la también catalana Pompeu Fabra, que mejora con la Universidad de Granada, que se mantiene.

Entre las 400 primeras, se añaden la Autónoma de Barcelona, la Autónoma de Madrid, la Universidad Complutense de Madrid y la de Santiago de Compostela. Y antes del puesto 500, la Politécnica de Valencia, la Universidad Jaume I de Castellón, que ingresa por primera vez, la Universidad del País Vasco y la de Valencia. Del escalafón se caen este año la Politécnica de Cataluña y la Rovira i Virgili (Tarragona).

El rector de la Universidad de Barcelona, Joan Elias, ha valorado en una nota que los resultados de las universidades españolas son “positivos” considerando la coyuntura en la que desarrollan su actividad. Elias alude a una “infrafinanciación notoria, la imposibilidad de ejecutar políticas de profesorado que estabilicen y renueven las plantillas y una insuficiente apuesta por el sistema de educación superior”. “Sin inversión y sin confianza en nuestras universidades, no podremos mejorar estos resultados. Los efectos de la crisis económica y de los recortes en educación han sido evidentes”, indicó este martes.

El ranking de Shanghái prima además algunos criterios en los que España no ha mejorado desde que comenzó su andadura esta clasificación impulsada desde China.

Hasta el 30% de la nota final, por ejemplo, depende del número de alumnos o de miembros del cuerpo de profesores de la institución que hayan obtenido un premio Nobel o la medalla Fields en Matemáticas. La Complutense es la única de las españolas que ha obtenido puntos en este apartado. Entre sus docentes premiados, Severo Ochoa o Santiago Ramón y Cajal. Entre sus alumnos, Mario Vargas Llosa o Camilo José Cela.

Para puntuar la calidad de la investigación, se consideran los artículos producidos con relación a la plantilla del centro, además de investigadores citados por otros científicos. También las publicaciones en las revistas científicas Nature y Science y en otras de alto impacto, hasta el 40% de la nota, en la que todas las universidades españolas obtienen puntos.

El problema de la educación

Mensaje por Leviathan » Mar 06 Jun, 2017 2:52 pm

La educación en toda Europa, siguiendo a Estados Unidos, ha ido bajando el nivel de contenidos. Hay razones objetivas para medir el contenido y otras perversas que podrían indicar posibles causas. No hay trabajo, se vive con una tasa de paro, en Estados Unidos bien escondida con el encarcelamiento masivo, y los trabajos no son estables ni de calidad. Para aceptar estas premisas que mejor modo de tener una población joven entretenida por la obligatoriedad de acudir a la escuela y engañar las estadísticas de paro. El contenido tiene que ser inoperante y estúpido para así integrar a los infantes que luego con suerte encuentren trabajo unos meses de camareros o limpiadores. Si los padres se empeñan en que sigan cursos superiores, creyendo que la titulación universitaria continuará como antaño siendo una forma de igualación social, el batacazo es enorme. En los centros universitarios imparten enseñanza los sumisos que dicen que sí al titular que los proahija, además para contentar y colocar amigos cada autonomía exige una universidad no, cuantas más mejor. El valor lógicamente del título es inexistente, solo una minoría de enchufados se colocará y esa minoría tendrá nulo valor académico. No pienso que las cosas sean tan maravillosas en otros lugares pese a ser en España una mierda, ni los informes PISA, con el recorte de asignaturas, validación de deportes, picoteos y viajes a otros lugares, la gente es más estúpida en diversas lenguas y lugares, parece el sino de los tiempos con la salvedad de Asia.
Hay filólogos que explican el milagro educativo de Singapur, Japón, o Corea por tener estos pueblos una escritura pictográfica, esto es válido para una capacidad mayor en las matematicas pero no es tan simple. Son sociedades donde la familia pese a la industrialización capitalista ha mantenido su papel preponderante, en China en mayor medida que en los paises citados. Quitando estos paises que justamente son el motor económico del resto del mundo, la educación occidental ha ido degenerando al tiempo que lo han hecho sus sociedades y economías. En Occidente se ha importado mano de obra de paises con otros idiomas y costumbres que casaban mal con los valores racionalistas y laicistas de la enseñanza pública, ante ese problema se ha reaccionado devaluando el nivel, si se bajaba todos podrían continuar en el aula sin problema. Tanto la intrasigencia supuesta del laicismo francés, a todas luces falsa en su aplicación en los institutos, como el infantilismo aplicado en España y otros paises, han demostrado su inoperancia. La escuela-instituto no ha ejercido una labor que no debería nunca habérsele exigido y a todas luces imposible: suplir el papel de la familia para unir a comunidades de diferentes culturas.
A esto el neoliberalismo opone entusiasta el ejemplo de USA, un error no cínico, porque realmente lo creen, tiene fé en su ideología, no deja de ser una ideología tan falsa como el comunismo o el nazismo. Estas personas no saben que contestar a la burbuja universitaria del país, donde sigueindo la máxima de Adam Smith en su riqueza de las naciones, "los profesores según el libre comercio, eran tanto más buenos cuando la gente por ellos pagara" máxima que como tantos dogmatismos se ha visto sobrepasada. Así vemos como los que pagan, y se endeudan en las mejores universidades americanas, eligen a los más divertidos, más faciles, pero evidentemente no a los mejores o exigentes, también valoran los alumnos el nivel de las fiestas de las asociaciones estudiantes y las diversiones que ofertan sin pudor las universidades para venderse. Obviamente ha sido un desastre irremediable que continúa.
Podría aducirse que el imperio americano al ir perdiendo poder ha ido degradando su educación, pero sería erróneo en su totalidad. Hay paises en América Latina por ejemplo donde el nivel comparado sería demoledor en su favor. Aquellos que no se han visto con la imposición externa de demoler lo existente a favor de una colonización cultural externa han salido ganando. La globalización ha destrozado a aquellos que no han podido integrar su cultura y modus vivendi y no ha perjudicado tanto a aquellos que sí han sabido combinarla. De cualquier forma es imposible históricamente una vez destrozado algo pensar que puede arreglarse.

El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Jue 25 May, 2017 4:03 pm

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El Supremo avala que la educación diferenciada por sexos sea sufragada con fondos públicos

Rechaza, por cuatro votos a dos, la posición de la Junta de Andalucía, contraria a subvencionar por concierto a un colegio privado religioso que separa a niños y niñas.

El Tribunal Supremo ha confirmado la decisión del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía de revocar una orden de la Consejería de Educación por la que denegó el régimen de concierto educativo al colegio privado religioso de Sevilla Altair a partir del curso 2014/2015 y por un período de tres años. La denegación de la subvención se basó en que ese centro educa a los niños y a las niñas en clases separadas.

La Sala de lo Contencioso-Administrativo del Supremo ha desestimado el recurso interpuesto por la Junta de Andalucía contra el fallo del Tribunal andaluz sobre la base de que la actual normativa sobre educación no considera discriminatorio el sistema de educación diferenciada por sexos.

La Consejería de Educación del Gobierno andaluz denegó el concierto por estimar que el citado colegio incumplía el artículo 14 de la Constitución en cuando a la discriminación por razón de sexo, la Ley de Ordenación de la Educación de 2006, la Convención de la UNESCO y la Ley de la Igualdad de Género en Andalucía al impartir enseñanzas en los niveles obligatorios conforme al sistema de educación diferenciada. El Supremo explica, sin embargo, que los colegios privados que quieran acogerse al sistema de concierto tienen que cumplir los requisitos recogidos en la Ley de Ordenación de la Educación en la redacción dada por la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE).

Esta última norma está vigente desde diciembre de 2013, por lo que es anterior a la orden de la Junta de Andalucía que denegó el régimen de concierto al colegio sevillano. Según la LOMCE, "no constituye discriminación la admisión de alumnos y alumnas o la organización de la enseñanza diferenciadas por sexos", destacando además que esta elección en ningún caso podrá implicar “un trato menos favorable, ni una desventaja, a la hora de suscribir conciertos con las Administraciones educativas".

Para el Tribunal Supremo, con la reforma efectuada por la LOMCE el legislador "ha seguido y reafirmado un criterio de compatibilidad" de los sistemas de educación diferenciada por sexo con el principio de igualdad, "cuya constitucionalidad no suscitó dudas durante la aplicación del marco normativo previo a la LOE, ni las suscita ahora". Los magistrados destacan que la normativa impone a los centros que impartan enseñanzas bajo ese sistema la exigencia de que garanticen el pleno respeto a los requerimientos derivados de la normativa internacional, a cuyo fin deben exponer en su proyecto educativo las razones de la elección de dicho sistema, además de las medidas académicas que desarrollan para favorecer la igualdad.

La sentencia, con ponencia del magistrado José Luis Requero, indica que el artículo 84.3 de la LOE que introdujo la prohibición de la discriminación por razón de sexo ha quedado superado tras la reforma de ese precepto por la LOMCE, que establece que la educación diferenciada por sexos no es un supuesto de exclusión del régimen de conciertos educativos, ni implica una discriminación por razón del sexo.


Voto discrepante

La magistrada Pilar Teso Gamellaha redactado un voto discrepante, al que se ha sumado el magistrado Pablo Lucas, en el que sostiene que había que suspender la votación y fallo de este recurso de casación hasta que el Tribunal Constitucional resuelva el recurso de la Junta de Andalucía contra diversos preceptos de la LOMCE, entre ellos el artículo 84.3, que es el que se refiere a la educación separada por sexo.

El presidente de la sección, Jorge Rodríguez-Zapata Pérez, ha emitido un voto concurrente ya que está de acuerdo con los argumentos y el fallo pero considera que habría que haber añadido que si la Sala hubiera suspendido el procedimiento el efecto sería equivalente a la estimación del recurso de la Junta de Andalucía.

El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Dom 19 Mar, 2017 6:28 pm

A mis hijos

Domingo 05 de Marzo de 2017 JAVIER GOMA


QUERIDOS CHICOS: Cuando leáis esta carta ya no estaré con vosotros en este mundo. He sido vuestro padre mientras vivía y no tengo intención de dejar de serlo ahora solo porque haya muerto. La paternidad no declina, ni siquiera por la circunstancia de la muerte. Aunque naturalmente muta y estas líneas son para explicar ese cambio.

Como padre, una de mis ambiciones ha sido la de no estorbar demasiado. Si un padre no estorba el desarrollo natural de su hijo, ya contribuye positivamente a su educación. Tantos padres castrantes, autoritarios, frustrados y frustrantes, preferí no tener influencia sobre vosotros a tenerla excesiva o mala. No estoy de acuerdo con Platón cuando afirma que la descendencia es una forma de eternidad para los mortales. A la descendencia hay que dejarla en paz y no usarla como coartada, ni siquiera de eternidad. Nunca me formé un plan previo para vosotros que debierais satisfacer, así que tampoco hubo riesgo de que lo defraudarais. La naturaleza tiende a su propia perfección y así lo ha hecho durante millones de años antes de la aparición del homínido. Con esta confianza elemental en el impulso de la naturaleza, me senté a contemplar cómo esta hacía su trabajo en vosotros y fui feliz testigo de vuestro maravilloso crecimiento.

Como padre, una de mis ambiciones ha sido la de no estorbar demasiado. Si un padre no estorba el desarrollo natural de su hijo, ya contribuye positivamente a su educación

Con todo, los hijos están al cuidado de los padres. De estos depende que los primeros no solo crezcan, sino que crezcan sanos. Somos proveedores de vuestra salud. La del cuerpo, claro está, pero también la mental, sentimental y anímica. Emulando el magisterio de vuestra madre, cuidé paternalmente de vosotros para proporcionaros las condiciones de una vida saludable y salvaros –salud significa salvación– de lo insano, mórbido y vicioso al acecho. Nada hay seguro para los mortales, todo se halla expuesto a los antojos de la caprichosa Fortuna. Pero ciertamente, aun sin garantía ninguna de éxito, el trabajo en la propia salud, si luego se combina con una sabia administración de las expectativas en la vida, jugando entre la experiencia y la esperanza, aumenta las probabilidades del gozo inteligente, lo único que al final de verdad quise para vosotros.

Por decirlo todo, quise algo más. Un padre te cae en suerte sin elegirlo: me gustaría, por supuesto, que pensarais que vuestra suerte en el sorteo ha sido buena. Pero mucho más me gustaría que sintierais la evidencia de que el afortunado he sido yo, porque vuestra mera existencia ha bendecido definitivamente la mía.

Ahora que me he ido, la paternidad se prolonga a través de la imagen de mi vida que vosotros custodiáis. Os seguirá tutelando en el recuerdo la imagen de un padre que procuró no estorbar, cuidó de vuestra importante salud y se sintió inmensamente afortunado.

¿Que cómo pretendo que esta carta no sea leída hasta después de mi muerte si ya ha salido publicada en un periódico global? Porque, entre las lecciones de vida que he transmitido a mis hijos, está la de leer solo por placer. Y he observado que tienen la sana costumbre de no leerme.

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