Aguas turbulentas - Pilar Eyre

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Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Lun 14 Jun, 2021 1:40 am

NO ES POR MALDAD - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 10 Jun, 2021 1:03 am




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El traje blanco de Armani

La petición de mano tuvo que adelantarse un mes a causa de las filtraciones. Letizia pidió que le abrieran la tienda de Armani de madrugada para burlar a los paparazis. Fue con una amiga de televisión, le gustó el traje pantalón de tres botones y cuello alzado, aunque no tenían su talla, la 34, y tuvo que quedarse la 38, sin tiempo ya para arreglos. Únicamente le cogieron el bajo del pantalón con alfileres, que luego su madre le cosió en la Zarzuela. Quiso arremangarse, pero le dijeron que no era elegante, y así la vimos, con los puños de la chaqueta que le llegaban hasta los nudillos.

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El fabuloso traje rojo de Caprile

Fue poco antes de casarse, en la boda de Federico y Mary de Dinamarca. “Estaba muy nerviosa por encontrarse con toda la realeza, era muy ingenua y nos lo contaba con admiración”, me dice un amigo de entonces. Como suele pasar con los tímidos, tiró de arrogancia para ocultar sus miedos y recibió las primeras críticas: “Caminaba como una vedette en la pasarela”, dijeron los periodistas, y ahí empezó su leyenda de antipática.

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El vestido de boda de Pertegaz

Por un escolta me enteré de que iba a hacer pruebas al taller del modisto en la Diagonal y así pude dar la exclusiva. También me habló de lloros y gritos, aunque la sobrina me aclaró que no eran con su tío: “Se llevaron estupendamente desde el principio”. Aun así, Letizia hizo modificar el diseño varias veces y al final adelgazó tanto que no acabó de sentarle bien. Pertegaz nunca volvió a vestirla.

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Los tacones

Letizia, que hasta su boda había ido con zapatillas de deporte, bailarinas o sandalias planas, se vio obligada a subirse a unos zapatos de trece centímetros para no hacer el ridículo, no solo al lado de su marido, que mide 1,97 m, sino también de sus cuñadas, que miden 1,80 m. Entre las tres mujeres se estableció un pugilato invisible, hasta el punto de que en algún posado se ve a Cristina con los anchos pantalones tapándole las plataformas como un mimo con zancos. Hubo toques de atención y las infantas se bajaron de sus tacones, no así Letizia, que tiene incluso el empeine algo deformado por llevarlo siempre casi vertical.

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Ropa interior

En aquellos ingratos primeros tiempos, la mujer más fotografiada de España dejó ver en varias ocasiones su ropa interior. En San Roque el viento levantó su falda plisada y pudimos ver unas castas bragas blancas, del tipo de las que compramos en los mercadillos. Hemos visto las tiras del sujetador asomando por las camisetas y también se han transparentado los mismos sujetadores a través de las telas de sus vestidos, por lo que hemos advertido que lleva copas triangulares con relleno, lo que vendría a desmentir que Letizia se ha aumentado el pecho. Fueron tantas las veces que vimos sus ‘dessous’ que los periodistas decían que quería crear tendencia para ayudar a la industria corsetera. Ahora, en lugar de utilizar dos piezas, la reina al parecer ha optado por los más discretos ‘bodies’.

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Biquini

Hasta seis veces hizo introducir cambios en un biquini de Custo. Seis veces la prenda fue y volvió al taller porque había algún detalle que no le gustaba.

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Rockera camuflada

En Benicàssim, en los conciertos alternativos de Matadero Madrid, en la sala La Rivera, viendo a Bon Jovi, los Planetas o a U2 en Barcelona, Letizia se pone vaqueros ajustados, botines negros (con tacones, por supuesto), chaqueta de cuero, baila y come pipas. Cuando alguien la reconoce dice: “Sí, soy yo, ¿qué pasa?, ¿no puede gustarme la música?”. Desde que es reina no ha vuelto a hacerlo.

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Mantilla

La relación de Letizia con las mantillas ha sido tormentosa. Reacia a ponérselas, convirtió preciosas mantillas en vistosas faldas, lo que le valió la recriminación pública de sus diseñadoras, a las que tuvo que pedir, también públicamente, disculpas. Después de eso, solo la ha llevado de forma ortodoxa y en muy pocas ocasiones.

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La suegra

Después del rifirrafe en la catedral de Palma, Letizia se excusó a los ojos de todos a su manera: poniéndose un vestido de Sofía en una entrega de premios. Le quedaba muy mal, pero dejó patente que conoce muy bien el valor de su imagen y quiere utilizar la ropa para expresar su pensamiento en público, ya que no puede hacerlo de otra manera. Su marido habla en sus discursos y ella habla con sus atuendos.

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Con las víctimas

Y aquí llegamos al mensaje más potente de Letizia. Fue la semana pasada, cuando lució un vestido diseñado por Ulises Mérida y cosido por doce supervivientes de explotación sexual, agrupadas en APRAMP, una ONG que nunca hubiéramos conocido si no hubiera sido por el gesto bonito y valiente de Letizia. Mientras Felipe debe permanecer en silencio por mandato constitucional, Letizia da un paso al frente y se posiciona en contra de la violencia hacia la mujer y al lado de todas las víctimas, también de las que no tienen un altavoz para hablar. ¡La moda ha dejado de ser un tema frívolo para convertirse en un mensaje directo a nuestras conciencias! Vaya desde aquí para Letizia, a la que tanto hemos criticado (y criticaremos), nuestro humilde homenaje y reconocimiento.

NO ES POR MALDAD - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 03 Jun, 2021 1:11 am



Una familia normal posando para los fotógrafos el día de su confirmación. A los lados, los padres: Felipe, trajeado, y Letizia, llevando lo que parece la bata de Ferran Adrià a punto de meterse en la cocina. En medio, Leonor y Sofía, vestidas, según dijeron en Twitter, “como María Teresa Campos”. ¿Los abuelos? Kaput. Ni están ni se les espera. Algo más me llama la atención: la ausencia de joyas. Ninguna de las mujeres lleva alhajas. A la blusa/bata de Letizia es difícil plantificarle un broche, que sería confundido con los feos botones negros grandes como sartenes, pero podría lucir los pendientes de zafiros y brillantes de su boda, con el reloj Audemars Piguet que le regalaron sus suegros.

Vale que no quiere nada que la relacione con Juan Carlos y sus tropelías, pero, majestad, os lo digo bajito y con todos los respetos, ¡el puesto que ocupáis lo tiene también gracias a don Juan Carlos, no lo olvidemos!

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¡Y no es que en la familia no haya joyas fabulosas! Otra cosa sería que las hubieran donado a causas benéficas, pero ahí siguen, oxidándose en sus cajas fuertes sin que nadie les dé uso. ¿Cuánto valen? ¡Nunca se nos ha dicho, no hay inventario! ¿Cuántas hay? Muchas. ¿No devolvieron los republicanos a la reina Victoria Eugenia veinte grandes cajas repletas, incluida su colección de jades, que llevaron personalmente a Fontainebleau atravesando una Francia en llamas? ¡No faltó ni una! Cuando la Reina quiso agradecer el detalle con una aguja de corbata, el mensajero contestó con altivez: “Ciudadana Borbón, soy funcionario de la República y estoy cumpliendo con mi deber para que vean ustedes que nosotros no somos unos ladrones”. Aunque había joyas de Patrimonio y joyas de propiedad privada, la familia dispuso de todas libremente a partir de entonces, hasta el punto de que Ena, para comprarse un piso en Londres, vendió enseguida unas esmeraldas a Harry Winston que resultaron ser falsas.

El joyero calló, pero la siguiente vez que la Reina le ofreció una cruz tallada en una sola esmeralda para comprarse su residencia definitiva en Lausana, la hizo tasar primero para evitar otro “tocomocho”.

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Desde entonces, las joyas de la familia real española conocen perfectamente el camino de las salas de subastas de toda Europa. Tita Cervera compró un 'corsage' de brillantes que había sido de la reina Cristina, el millonario Antenor Patiño se quedó con la cruz de esmeraldas y no olvidemos la fabulosa pulsera de brillantes de Corinna, muy parecida a la que llevaba siempre la reina Victoria. Similares a las joyas que suelen lucir las infantas Elena y Cristina son las que están subastando ahora en Londres, según Vanitatis. Algo normal, ya que ninguna de las dos va a tener ocasión de lucirlas y además se ha acabado el subsidio paterno, aunque tampoco tendrían problemas para conseguir préstamos en los bancos, siendo como son herederas legales de su padre y su inmensa fortuna.

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Cuando aquellas eran adolescentes lucían collares de perlitas de río, pulseras Cartier, relojes Panthère... Pero Leonor y Sofía ni siquiera llevan medallas, cosa que sería natural, ya que son católicas practicantes, aunque según un teólogo amigo: "Es una pena que alguien decidiera, en época de Juan Carlos, que la familia debía eliminar toda expresión externa de religiosidad...". No las veremos en el Camino de Santiago, ni en el tren de los enfermos de Lourdes, ni siquiera comulgando en público... La austera indumentaria de las niñas también está en esa línea.

No sé si Letizia conocerá los consejos de la reina Victoria Eugenia a la abuela de su marido: "María, es un desprecio no presentarte ante la gente lo más elegante posible, es una deferencia que te pongas tus mejores joyas para ellos, por humildes que sean...". Y también: "Brillantes para viajar, no, nunca... Si acaso perlas". Y también: "Si tuvieras que llevar bisutería, Dios no lo quiera nunca, al menos no la mezcles con joyas buenas".

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Sofía tampoco siguió estos sabios consejos de la exreina de España y, aunque en las ceremonias oficiales echaba el resto, en su vida privada cada vez se asemeja más a una extravagante echadora de cartas con sus decenas de amuletos, piedras de Mauritania, huevos de Pascua, colgajos varios y pulseras artesanales con los nombres de sus nietos. Algo que horroriza, por cierto, a don Juan Carlos, que detesta las cursilerías y el artificio. Y no es porque sea una modesta señora que abomina el lujo: cuando se casó Juanito observaba con displicencia las joyas que le enseñaba doña María, pero cuando esta le entregó con algo de solemnidad una bolsita en la que iba la perla Peregrina -"Es el símbolo de las reinas españolas y ha de pasar de generación en generación"-, Sofía sonrió y se abrazó a su suegra. Ya en Madrid, cuando pasaron delante del Palacio Real, le espetó a su marido desabridamente: "Supongo que aquí estarán las joyas buenas de verdad". El comentario se entendió cuando, años después, doña María se encontró en el fondo de un cajón, entre los pañuelos, a la Peregrina. Horrorizada llamó a su nuera: "Pero, Sofi, ¿qué había en la bolsita que te di?". "Una cadenita de plata, ya me pareció que era una tontería, pero como me la entregaste con tanto ceremonial...". Pues bien, la Peregrina, en la confirmación, tampoco estaba.

NO ES POR MALDAD - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 27 May, 2021 1:22 am



Ningún programa, en ninguna cadena, ha conseguido que se impliquen tantas figuras notables. Ha puesto en el primer plano los malos tratos y la violencia de género, antes un tema relegado a la crónica de sucesos que producía vergüenza a quien lo padecía: Rocío Carrasco.

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1. Las lágrimas. Los primeros planos del rostro de Rocío con las lágrimas deslizándose libremente por su cara –que aún lleva la marca leve de la mascarilla–, con los ojos abiertos, sin trucos, sin cortes, sin disimulo, sin una mano piadosa que las enjuague, nos dejaron pegados a la pantalla y forman ya parte de la historia de la televisión. Nos sobrecogieron porque contemplábamos, desde el salón de nuestras casas y quizás por primera vez, un alma al desnudo.

2. Las frases. Cuando Rocío, con su dicción perfecta, empezó a engarzar una frase tras otra (“He tenido a mis hijos muertos en vida”, “Si me hubiera suicidado, el ser impío hubiera culminado su obra”), sentimos que eran arponazos que se nos clavaban en el corazón porque eran sinceros, sin impostura. “Es el mismo lenguaje que utiliza Rocío sin cámaras, es su forma de hablar... Antes de la primera grabación fuimos a comer ella y yo, estuvimos muchas horas y dijo exactamente lo mismo”, me confiesa Ana Isabel Peces, la directora de la docuserie.

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3. La polarización. Las redes sociales han propiciado que se formen dos bandos antagónicos, agrupados en distintos ‘hashtags’: “rocíoyosítecreo” y “rocíoyonotecreo”. Insultos, amenazas, acciones coordinadas para lograr ser ‘trending topic’ el día en que se emite la serie... Un tsunami que ha logrado tumbar el resto de los temas sociales, desde Pantoja hasta el rey emérito pasando por ‘Supervivientes’, cuyo mayor interés es saber qué va a decir la mujer de Antonio David Flores.

4. La trascendencia. Ningún programa, en ninguna cadena, ha conseguido que se impliquen tantas figuras notables, aunque es cierto que muchas manifiestan su apoyo en privado para no arrostrar críticas negativas. Campos contó que Pedro Sánchez había llamado a Rocío, la reina Letizia es asidua a la serie y políticas valientes –como Irene Montero, Lastra o Victoria Rosell– se han puesto al lado de Carrasco, así como artistas y escritoras. Ha salido en portada de periódicos, revistas; ha sido mencionado incluso en espacios de la competencia, como La Sexta o Televisión Española; y es ya materia de estudio en las facultades de Periodismo. La propia Rocío está en contacto con una importante editorial para escribir un libro sobre su experiencia.

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5. El vestido. El color negro, que fue el preferido de Rocío durante muchos años, quedaba descartado porque ya era otra mujer la que se sentaba delante de las cámaras. El rojo, demasiado optimista para la historia que se iba a contar. El azul, sí, quizás... Pero a última hora se optó por el fucsia. No se lo probó, Rocío no está interesada por la moda. Lo único que necesitaba era un traje con el que se sintiera cómoda, con el que pudiera gesticular... El pantalón, ancho y con una pequeña mezcla de elastán, que le permitiera sentarse ‘a lo moro’, una postura muy suya.

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6. La música. ‘Tout l’univers’. La persona que ha elegido como ‘leitmotiv’ de la serie la canción de Gjon’s Tears es Sergio Calderón, un directivo de Mediaset con mucha sensibilidad musical y eurofán máximo. Y con esta genialidad ha conseguido que en el Festival de Eurovisión todo el mundo recordara a Rocío y que tuviera una audiencia de cuatro millones.

7. El peinado. Rocío se afeitó en el año 2013 una parte de la cabeza. Acababa de trascurrir el episodio de malos tratos de su hija, que tenía una orden de alejamiento y ya nunca volvería a vivir con ella. Sabiendo lo que sabemos ahora lo podemos interpretar como un grito de dolor, una forma de contar que era una mujer amputada, porque amputación es que te quiten a tus hijos. Aunque ella ni siquiera lo sepa, que continúe ahora con el mismo peinado significa que la herida sigue abierta.

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8. La familia. La docuserie, para bien o para mal, ha destrozado la imagen idílica de familia, esa entelequia ideal, tan mitificada sobre todo en los países latinos y que tan poco tiene que ver con la realidad cotidiana. Parejas que se mueven por interés, parientes acobardados por el qué dirán, herencias que dividen y enfrentan, hijos crueles, manipulación, egoísmo, rencor enquistado por viejas ofensas, rivalidad, envidia... Los lazos de sangre a veces son lazos de hiel.

9. Carlota Corredera. Gracias a su sensibilidad, elegancia y empatía hacia las mujeres, forma ya parte del ‘dream team’ de la cadena junto a Jorge Javier Vázquez, otro referente de los derechos de los más vulnerables. Con el punto justo de dramatismo, su presencia impone también por su aplomo y su rotundidad gestual. “Pilar, estas semanas he hecho dos másteres: uno en violencia de género y otro sobre la falta de autocrítica de mi gremio”, se desahogaba al finalizar la docuserie.

10. Los malos tratos. Pero no olvidemos el impacto más grande sobre nuestras conciencias y sobre la opinión pública: haber puesto en primer plano, en el ‘prime time’ de la cadena más vista, la cuestión de los malos tratos y la violencia de género, antes un tema relegado a la crónica de sucesos que producía vergüenza a quien lo padecía. De momento, sabemos que las denuncias por maltrato han aumentado, veremos si se traduce en leyes más justas para esta lacra que nos atañe a todos. Aunque únicamente fuera por eso, la serie no solo ha valido la pena, sino que además justifica la existencia entera de una cadena de televisión, privada, no lo olvidemos, lo cual tiene más mérito.

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 20 May, 2021 12:46 am



¡La noche de bodas de Juan Carlos y Sofía! ¿Qué pasó esa noche del 14 al 15 de mayo de 1962, hace ahora 59 años? ¡Tenemos las claves para disipar el gran misterio! El multimillonario Niarchos, además de regalarle a Sofía un espléndido conjunto de diadema, collar y pendientes de Van Cleef con gruesos rubíes rodeados de brillantes, puso a su disposición su velero, el ‘Creole’, de 65 metros, con una tripulación de 16 personas. Ante el suntuoso camarote donde iban a dormir por primera vez juntos, Juanito y Sofi se quedaron boquiabiertos: estaba recubierto de moqueta blanca y alfombrillas de ciervo. Los muebles con veinte clases de madera diferentes, en las paredes cuadros impresionistas e iconos rusos… Y en medio de la suite, la cama.

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El cabezal había pertenecido a la emperatriz Carlota de México y el colchón era de la pluma más suave. ¡Lo que iba a pasar en esa cama era la razón por la que se habían casado dos personas tan distintas y tan poco enamoradas! “Los reyes son como sementales de lujo, su única obligación es aparearse con una vaca de raza”, había dicho con brutalidad el padre del novio, Juan de Borbón, para atajar sus reticencias, y la reina Federica se había apresurado a aceptar la candidatura del príncipe español para borrar la mancha de que su hija hubiera sido despreciada por el príncipe noruego. Juanito y Sofía llegaron al lecho matrimonial en condiciones muy distintas. Él era ducho en amores, había tenido relaciones sexuales desde que era casi un niño. Tenemos constancia de que a los 18 años mantuvo sexo completo con la ardiente condesa Olghina de Robilant en el incómodo asiento trasero de un Volkswagen, “después de besarme con sus labios caldi, secchi e sapienti”. La misma condesa contó en su libro ‘Reina de corazones’: “Se notaba que Juanito, a pesar de su juventud, se había acostado ya con muchas chicas”. Sofía, sin embargo, “era una especie de monja”, decían los amigos del príncipe. Pero, por si acaso, Franco les había puesto una ‘carabina’, el general Castañón de Mena, que no los debía dejar solos ni a sol ni a sombra. Así pues, la princesa se había mantenido virgen hasta la boda... y quizás incluso más allá. Ni Juan Carlos ni Sofía han hablado jamás de aquella noche, como es natural, pero contamos con el testimonio privilegiado e indiscreto de la abuela de Juanito, la reina Victoria Eugenia, a la que sus nietos llamaban Gangan, que relató los detalles en una carta a su prima Bee, abuela de Ataúlfo de Orleans, el último testaferro de Juan Carlos. Primero esparció algún cotilleo malicioso sobre la tacañería de Federica: “Le regaló a su hija cuatro pulseritas sin ninguna importancia, ¡con los collares tan valiosos de perlas que tiene!”. Después se refirió con maledicencia a su nuera, la pobre María de Borbón, que desde la muerte de su hijo Alfonsito vagaba sin rumbo de sanatorio en sanatorio por su dipsomanía y depresión: “María está más gorda que nunca, iba con un vestido muy inapropiado... Estuvo todo el día en las viñas del Señor, espero que nadie se diera cuenta”. Y después llegaba al meollo de la cuestión, ¡la noche de bodas! Juanito se había roto la clavícula un día antes de la ceremonia haciendo kárate con su cuñado y llevaba el brazo escayolado. Su abuela no cree que esa noche pasara nada: “Cuando llegaron al barco se dieron cuenta de que el yeso se había pegado a la piel y tenía el hombro en carne viva, apenas podía moverse. Sofía se pasó la noche arrancándoselo, centímetro a centímetro. Tenía dolores horribles, daba alaridos...”. ¿Habría tiempo y, sobre todo, entusiasmo para, entre cura y cura y en medio de unos padecimientos espantosos, cumplir con su obligación? “Yo también estaba hecho una mierda cuando me casé y a pesar de todo cumplí con tu madre”, le había advertido don Juan a su hijo al ver su deplorable aspecto físico. “¡Las princesas no hacen el amor, hacen dinastía!”, le repetía a Sofi su madre. ¿Harían dinastía esa primera noche?

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Al día siguiente, avisaron de que tenían visita. Era la entrometida reina Federica, que, con la excusa de visitar el fabuloso barco, se metió hasta el camarote nupcial para comprobar quizás la prueba tangible, a la manera del rito gitano, de que la pareja hubiera hecho dinastía esa noche. Parece que se quedó tranquila porque Juanito, a pesar de sus dolores, a pesar de que Sofía no le atraía, sentía en la nuca el aliento de veinte generaciones de Borbones conminándolo a consumar el matrimonio. ¡Como para no hacerlo! Pocos meses después la pareja atravesó su primera crisis. Juanito se reencontró con un antiguo amor portugués y la princesa, enfadada, se fue de Estoril a Atenas a refugiarse en los brazos de su madre. La ingresaron en un hospital y la prensa griega comentó que había tenido un aborto a causa de los disgustos que le daba el marido, “del que está al borde de la separación”. El Parlamento solicitó que, si era el caso, se devolviera la dote que se le había entregado por su boda. Juanito se asustó, volvió al redil y al cabo de un año nació Elena. Después Cristina, después Felipe y, a partir de ahí, no hubo necesidad de seguir haciendo dinastía.

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Sab 15 May, 2021 1:50 am



En Madrid, a principios de los noventa, todo se celebraba, y Ana Obregón y Alessandro Lequio alquilaron el local de moda, Archy, para inaugurar el gimnasio que habían puesto en la calle Serrano. Estaba todo el mundo, en esa mezcla típica de aquellos años: faranduleros, pvtas y periodistas en confuso montón. Corrían las copas, pasabas la mano por los lavabos y te quedaba blanca, sonaba música de Madonna y todos nos sentíamos guapos, ricos y famosos. Los que más, la pareja de oro, Ana y Dado. Siempre me acuerdo de ellos dos esa noche como el epítome de la juventud, del glamur, de la alegría de vivir, como símbolo de una época. Ana reventaba de felicidad, llevaba un vestido negro, largo, con una raja casi hasta la cadera; la melena suelta; grandes pendientes; labios rojos... ¡Se parecía a Rita Hayworth! Dado era como una estatua de Miguel Ángel con traje de Collado. Se abrazaban para las fotos en una mezcla perfecta de marketing y pasión. Los hoyuelos de Ana eran tan encantadores que te daban ganas de abrazarla también.

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Se me acercaron –olían a perfume caro– y me besaron. Todo el mundo se extrañó. ¿Cómo?, ¿a esa periodista de provincias distinguiéndola del resto? Me susurraron, sin que nadie los oyera: “Mañana vas a ver a Antonia, ¿verdad?”. Asentí. Ese mismo día había estado con ellos. Ana se mostraba enfurruñada porque tenía la puerta llena de fotógrafos: “He ido a hacer pipí al lavabo y ha entrado uno”, pero cuando miraba a Dado se le iluminaba el rostro como si llevara una bombilla dentro. ¡Jamás he visto a ninguna mujer tan enamorada! ¡Hasta hablaba con acento italiano! Entonces acababan de tener a su hijo y vivían en la lujosa casa de ella en La Moraleja. Él, ese día, llevaba una toalla alrededor del cuello, acababa de dar una clase de defensa personal, estaba sudado y se desnudó con desenfado antes de entrar en la ducha. Lo vi entero y verdadero y entonces comprendí muchas cosas...

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Y sí, al día siguiente comí con Antonia. Y es que estábamos preparando un programa para Telecinco que iba a presentar Julián Lago: se iba a llamar 'La máquina de la verdad' y queríamos que el primer episodio fuera un bombazo. Y bombazo había sido la historia volcánica de amor de Ana y Dado. Dado era primo del rey, "aunque está enfadado por mi exposición mediática y no me habla", me había contado; trabajaba en Fiat, "pero ya no"; y se había separado de su mujer "aunque ya estábamos mal". De la mujer poco conocíamos aparte de que había sido modelo. Y nosotros, por primera vez, le íbamos a dar voz a cambio de una cantidad de dinero importante. Cuando llegamos al restaurante nadie reconocía a la 'condesa Lequio', nadie la miraba. Antonia era joven, pálida, frágil, sin esa apariencia apabullante que tiene ahora. Entonces solo te impresionaban sus maravillosos ojos verdes. Nos miraba con desconfianza, hablaba muy mal español, pero poco a poco fue mostrando su corazón herido, su soledad, sus temores ante el futuro. Sobre todo se desahogaba con la directora del programa, Pilar Díaz, porque yo no le caí bien. Antonia no conocía a nadie, a nadie podía consultar. Se enfrentaba a gigantes, pero tenía un arma muy poderosa: ¡la opinión pública! Sabíanis que esa batalla la tenía ganada porque era la abandonada e inspiraba compasión, sobre todo a las mujeres que podían sentirse identificadas con su historia: ¡una vampiresa había destruido su matrimonio! Para demostrarlo, contaba con una cinta que Alessandro, en un momento de debilidad, había dejado grabada en el contestador de su casa. Con esa grabación demostraba su verdad, que su marido seguía queriéndola y le pedía volver a su lado. Antonia no disimulaba que odiaba a Ana, hacia ella dirigía sus invectivas más feroces. Poco a poco se fue creciendo y al final de la comida ya era la Antonia que todos conocemos, fuerte, valiente, incontrolable, indomable.

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Al día siguiente Antonia hizo historia. Y fue esa Antonia la que convirtió, con sus escandalosas declaraciones, ese programa en historia de la televisión, con once millones de espectadores. Yo, al día siguiente, tenía que asistir en Barcelona al Premio Planeta. Cuando llegué los periodistas se levantaban de las mesas para venir a preguntarme. Llegó un momento en que tenía más gente alrededor que el ganador de ese año. Recuerdo que Jordi González me susurró: "Me siento muy solo porque soy la única persona que no ha visto 'La máquina de la verdad'". Todos hablaban de las cintas, unas cintas que un juez prohibió que se difundieran, obligó a borrarlas de la web o cualquier soporte y que nadie se hiciera eco de ellas. Como yo le había reprochado a Antonia que odiara más a Ana que a su marido, se enfadó y, cuando fuimos a comer tras la grabación, medio en broma intentó tirarme encima una copa de vino, pero se lo impidieron mis compañeros. También le dolió que, cuando estaba contando que la familia de Dado la quería más que a Ana, uno de los periodistas la interrumpiera en pleno programa: "Pues ayer la abuela de Alessandro, la infanta Beatriz, estaba paseando por La Moraleja el cochecito donde iba el hijo de Ana... Hablé con ella y me dijo que estaba alojada en su casa". Antonia, estupefacta y demudada, levantó el puño al cielo: "El dinero, ¡el porco dinero!". Hace ahora de eso treinta años.

NO ES POR MALDAD - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 06 May, 2021 1:38 am



Cómo está Juan Carlos? El amigo del Rey, el que nunca falla, ni a mí, ni a él, me contesta con rotundidad: “Nada ha cambiado... Te dije que no iba a volver... ¡y no va a volver!”. Cuando se preparaba la marcha de España del Rey emérito, hace más de un año, la Moncloa, al parecer, dijo a la Casa del Rey: “No regresará mientras los socialistas estemos en el poder”. Juan Carlos era muy consciente de este pacto, hasta el punto de que se despedía de sus amigos: “Es mi última Navidad en la Zarzuela”.

El enorme palacio está habitado únicamente por la reina Sofía y su hermana Irene, aunque Felipe tiene ahí su despacho. Los Reyes y sus hijas viven a 2 km, en el Pabellón del Príncipe. Los 600 empleados, que incluyen funcionarios, escoltas y 60 conductores para 44 coches, encabezados por siete Mercedes-Benz blindados, a causa de la pandemia y la baja productividad del matrimonio real están casi inactivos. Todo tiene un aire melancólico de acto final, aunque la ingente maquinaria sigue funcionando casi por inercia, como las dos piscinas, cuyo mantenimiento cuesta 250.000 euros al año, o el servicio de limpieza profesional, que cuesta 893.000 euros anuales y actúa en unas estancias que ya casi nunca se utilizan, excepto para algún acto puntual de los actuales Reyes. Hace años, un servidor de la Zarzuela me contó que en el desván hay tres grandes habitaciones llenas hasta los topes de objetos sin valor de la familia Franco: “Se llevaron allí cuando Carmen Polo fue obligada a irse de El Pardo. Desde alfombras apolilladas hasta cuadros muy malos, una veintena de orinales de loza y hasta el váter portátil que Franco utilizaba cuando iba de viaje”. Quizá pronto se deban habilitar nuevos trasteros para guardar los objetos de Juan Carlos, que siguen actualmente en sus estancias y permanecen tal cual los dejó. La ropa de civil en un armario, los uniformes en otro, hasta los objetos de tocador siguen en el cuarto de baño. Su silla de ruedas. Y su fabulosa colección de relojes valorada en varios millones de euros (tan solo su Patek Philippe de color rosa cuesta siete millones). Están en una estancia especial, en vitrinas provistas de rotores automáticos y temperatura constante. ¿Adónde irán a parar? Pero quizá lo que más dolores de cabeza da a Felipe es qué hacer con el pabellón donde se exhiben los 1.000 trofeos cinegéticos de su padre. Una nave dotada de luz, su propio servicio de seguridad, limpieza y calefacción, pues las piezas –desde un raro rinoceronte blanco de África hasta el pobre oso borracho Mitrofán, cazado en Rusia– deben permanecer siempre a 22 grados. ¿Donarlo, regalarlo a los amigos de Juan Carlos o demolerlo discretamente por la noche, sin que nadie se entere?

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Precisamente, uno de los puntos más interesantes del documental que emitió la televisión pública catalana la semana pasada fue la entrevista que realizaron al exalcalde de Almatí, ciudad de Kazajistán, hoy día refugiado político en Suiza. Viktor Khrapunov cuenta que Juan Carlos se desplazaba para cazar frecuentemente a su país, una exrepública soviética, invitado por el presidente Nazarbáyev, y que él debía recibirlo y despedirlo en el aeropuerto. En estas excursiones había mujeres y todo tipo de diversiones, luego cargaban en el jet privado cabras, muflones y osos preparados para el taxidermista y ser exhibidos en su pabellón de caza en España... "y maletines de piel negra con dinero, cuatro o cinco millones de dólares". El alcalde preguntó a su presidente, que le contestó: "Es un regalo, entiéndelo, es el rey de un país occidental. Parece que lo tiene todo, ¡pero en realidad no tiene nada! ¡Es pobre y debo ayudarlo como puedo!. Juan Carlos parece ser un especialista en lo que hoy llamamos "victimismo", ya que las palabras de Nazarbáyev recuerdan a las que dijo Franco cuando lo acababa de conocer, siendo niño: "Don Juanito está desamparado y debemos protegerlo... Es muy importante para los monárquicos y, sin embargo, qué descuidado está... Hay que comprarle ropa...".

El presidente kazajo también confesaba: "Juan Carlos tiene algo que le envidio, ¡es inviolable!, ¡puede hacer lo que quiera que no le va a pasar nada! No como yo, que tengo al Parlamento fiscalizando cada paso que doy". Hay que señalar que Nazarbáyev fue uno de los invitados de honor de la boda de Letizia y Felipe, que desde entonces son presencia constante en las páginas de sociedad de los diarios kazajos y despiertan pasiones. En la mesa nupcial el presidente y su hija se sentaron con Paloma Rocasolano. ¡Daría años de vida por saber de qué hablaron el comunista y la simpática sindicalista, madre de la Reina!

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Documentales sobre Juan Carlos, en estos momentos, se están rodando por lo menos tres. La televisión pública alemana está realizando entrevistas a decenas de personas en Madrid y Barcelona para un magno trabajo que se podrá ver este verano. También los suizos preparan su propio documental y la parecer hay un proyecto, en estado embrionario todavía, en una gran plataforma internacional. Ninguno en Televisión Española, que es la que cuenta con mejor material, no solamente el emitido, sinó también el que está guardado en cajones y que hasta ahora no ha visto la luz. Juan Carlos, en su exilio dorado, todo lo ve, todo lo escucha, pero su teléfono suena cada vez menos, aunque sus amigos fieles siguen al pie del cañón y lo han visitado para darle ánimos. Aunque él siga soñando con su sirena rubia.



La corona retratada - 30 minuts

NO ES POR MALDAD - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 29 Abr, 2021 12:07 am



!Veinticinco años! ¡Un cuarto de siglo ya desde unos sucesos que hicieron tambalear, no solo la prensa del corazón, sino el mismismo corazón de la familia real! Aunque los medios, sometidos a una férrea censura en esos tiempos, no llegaron a reflejar un escándalo que en otro país hubiera hecho temblar a la monarquía. ¿El protagonista? Felipe de Borbón. El hoy rey impecable y marido entregado tenía entonces 28 años y se revelaba tan ardiente como todos los Borbones. Las novias se sucedían a velocidad frenética, pero la prensa recibía serias advertencias, tanto de Moncloa como de Zarzuela, para no tratar su vida privada. En las revistas se las llamaba pudorosamente “acompañantes” o “amistades”. Las chicas que salían a su lado eran simplemente “amigas del príncipe”. Así había sucedido con Isabel Sartorius, por ejemplo, que, aunque llevaba más escolta que las propias infantas, nunca fue reconocida como novia oficial. Y con la princesa Tatiana de Liechtenstein, por la que no suspiraba Felipe, sino su madre, Sofía. Tatiana era de sangre azul y riquísima, pero Felipe no se sentía atraído por ella y respondía aburridamente a los reporteros: “Casi no la conozco”. Como, pese a todo, se filtró que el compromiso podría estar pactado ya por ambas familias, la pobre princesa se vino a vivir a España, aprendió el idioma, dijo que le encantaban los toros, la paella y la sangría, pero cuando por enésima vez Felipe la negó, un despechado soberano de Liechtenstein declaró que “mi hija no solo no es novia del príncipe, sino que ni siquiera le gusta”. La realidad es que Felipe estaba con otra y lo de Tatiana era una maniobra de distracción para ocultar unos amores muy inconvenientes.

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La reina Sofía, para apartarlo del nefasto ejemplo de su padre y un mal ambiente familiar en que se producían peleas constantes y enfrentamientos a gritos, lo había enviado a estudiar a Georgetown. Allí conoció a Gigi Howard, una modelo de una belleza espectacular. Y se volvió loco por ella. Un metro ochenta de medidas perfectas, voluptuosa, de larga melena hasta la cintura, sexy y liberada, era el prototipo de chica que le gustaba. La conoció a través de su primo Pablo de Grecia y su entonces novia Chantal.

Cuando Gigi venía a España se alojaba en casa de su amigo Javier López de Lamadrid, que ya había protegido sus amores con Isabel Sartorius y después haría lo mismo con Letizia. Fue un año de pasión absoluta, Felipe y Gigi lo vivieron en libertad, sabiendo que la prensa española no iba a publicar nada, aunque en Point de Vue, por ejemplo, sí se hablara de “el amor loco de Felipe por la americana”. Tímidamente, aquí solo apareció este titular: “Gigi Howard ¿la nueva Grace Kelly española?”

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Caminaban cogidos de la mano por Manhattan, seguían el circuito social de la jet set, comidas en Le Cirque o Côte Basque, los restaurantes más caros de Nueva York, fueron a la isla de Saint Martins, donde juguetearon sensualmente… La estancia les cuesta, según la revista Tiempo, medio millón de pesetas, en las que se incluían las conferencias de ella con su familia y una de Felipe a Zarzuela por importe de 6.000 pesetas. En una España azotada por la crisis, provocó un revuelo con sordina, aunque las fotos más fuertes se guardaron en un cajón. Horrorizados, los estamentos oficiales llamaron, no a Felipe, sino a los directores de las revistas para reprenderles e indicarles que no se iba a tolerar ni una indiscreción más sobre el príncipe.

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Lo que sucedió a continuación podría ser “un escarmiento” de Casa Real a los periodistas, como insinúa el biógrafo oficial de Felipe, José Apezarena. A Nueva York se había desplazado un reportero español para realizar un reportaje sobre Gigi, “alguien” denunció que había realizado escuchas telefónicas ilegales a la muchacha, un delito federal gravísimo en EE UU, y estuvo un año en prisión, sin que Zarzuela hiciera la más mínima gestión para atenuar su condena, aunque el periodista siempre se manifestó inocente e incluso envió una carta a don Juan Carlos pidiéndole amparo que no obtuvo respuesta. Gigi debió testificar, ¡una “amiga” de Felipe declarando!, ¡el nombre del príncipe arrastrado por los tribunales!, y dijo bajo juramento que “nunca he sido la novia de Felipe de Borbón”, aunque lo cierto es que la relación continuaba e incluso fueron fotografiados esquiando tranquilamente en Colorado porque el príncipe volvió a sentirse seguro, ya que el ultimátum había dado resultado. La prensa tomó nota y ni la situación sentimental de Felipe, ni el escandaloso juicio contra el periodista, para el que se pedían cuatro años, se mencionaron apenas en los periódicos españoles, a pesar de los esfuerzos del padre, también periodista, y de los compañeros de fatigas del esforzado paparazzi. Las acusaciones contra los servicios secretos españoles entonces se consideraron descabelladas, quizás hoy las veríamos bajo una luz distinta.

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Lo cierto es que tampoco supimos casi nada de las quince novias princesas y nobles, las decenas de modelos que jalonaron la vida de don Felipe, hasta que llegó a conocer al gran amor de su vida, Letizia Ortiz. Una relación que trató de proteger desde el principio, haciendo que la prensa, complaciente, atemorizada o ingenua, pusiera el foco sobre otra relación suya, ya periclitada en esos años, la de Eva Sannum. Pero esta es ya, como dirían los clásicos, otra historia.

NO ES POR MALDAD - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Mié 21 Abr, 2021 11:23 pm



El primer porro que se fumó mi hijo Miguel se lo di yo”, me confesó Luis Miguel Dominguín en una noche de vodka y confidencias en su apartamento de Marbella. “Se sentó ahí, en ese sofá, y yo le dije: ‘Miguelito, a partir de ahora no vamos a ser padre e hijo porque no nos ha ido muy bien desde que me separé de tu madre, vamos a ser amigos y te voy a explicar cosas de mí que nadie sabe’. ¡Nos reímos mucho y también lloramos!”. Se lo conté a Miguel Bosé pocos meses después y se sorprendió de que su padre me hubiera revelado esta intimidad: “Es cierto, mi primer porro me lo dio él cuando era un crío...”.

Le pregunté si había sido el último y rio con amargura: “Claro que no... A partir de ahí, ¡todo!”. ¿Y qué es todo? Se sobresaltó, me miró como calibrándome y se decidió: “Con drogas lo he experimentado todo, soy un hombre propenso a cualquier vicio y tuve una época, de los 17 a los 20 años, en que me metí de todo. Marihuana, heroína, cocaína, LSD... ¡Me trasformé en un drogadicto! Vivía en Londres y quería ser bailarín... Fue horroroso, porque cuando me di cuenta estaba enganchado y, en lugar de ser cada día más libre, cada día era más esclavo... Vi a mis tres mejores amigos muertos por el caballo, he visto a tíos y tías estupendos que hasta ayer eran gente maravillosa prostituyéndose, robando, convirtiéndose en mierda para conseguir un pico. Yo estaba pasando una crisis existencial fortísima, estaba deprimido, desesperado... hasta que vi en qué monstruo me estaba convirtiendo ¡y lo tiré todo a la basura!, ¡dije basta y ahora la droga me repugna! Si viera a alguien incitando a drogarse, ¡te juro que lo mataría con mis propias manos!”. Estas explosivas declaraciones me las hizo en 1983. ¿Qué habrá pasado para que esta semana le haya confesado a Évole que decidió probar la droga a finales de los 80 y estuvo consumiendo hasta hace siete años?

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Nadie puede imaginar la locura que despertaba Miguel Bosé en aquella época. Lejos ya del grupo de amigos con los que había empezado, se rodeaba de decenas de profesionales, guardias de seguridad con pinganillo, asistentes, ‘road managers’, azafatas, su propio equipo de comunicación... que constituían una barrera infranqueable para periodistas y fans, pero, aun así, en el Palacio de los Deportes de Barcelona, vi como una niña consiguió colarse y arrancarle un mechón de pelo. Mientras le taponaban la herida con un algodón, me contaba con voz temblorosa: “Me da miedo, pánico, todo este follón que me rodea, temo no poder controlarlo...”.

Un par de años después lo vi aún más destrozado. “Mi existencia es un infierno... Es espantoso no poder salir a la calle, no tener vida privada, que el Bosé gane al Miguel, ¡y ser un ‘teenager’ toda la vida me parece ridículo y humillante!, ¡me odio a mí mismo!”. Me decía también: “Me llaman maricón, lo sé, pero no me importa porque respeto a los homosexuales”, aunque solo me hablaba de sus novias y de que, cuando tenía una gira, “puedo estar sin tocar a una mujer diez meses con total tranquilidad”. Le conté que su padre me había dicho lo mismo, que cuando toreaba no tenía relaciones sexuales, y me soltó: “Ya sé que eres amiga suya”. Carraspeó, se miró las uñas y añadió: “¿Y qué más te cuenta?”.

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Porque en aquellos años apenas se hablaban, a pesar de que se habían fumado ese porro juntos y se habían sincerado. Cuando se separaron Lucía y Dominguín, al que los amigos llamábamos Miguel, empezó una guerra entre ambos parecida a la de Rocío y Antonio David, aunque con las tornas cambiadas.

“Es un machista, un mal padre y un mal marido, me ha puesto los cuernos, no soporto su forma de vida”, declaraba Lucía, mientras Dominguín, que la había abandonado por su sobrina Mariví, la alababa sin tasa: “Lucía es una mujer excepcional... Después de unos años llenos de conflictos, la invité a cenar y a partir de ahí nos convertimos en casi amigos. Cada día me llama por teléfono y me cuenta sus planes porque es muy inquieta... Si me necesitara se lo daría todo”. La hermana de Dominguín, Carmen, la mujer de Antonio Ordóñez, que estaba presente, apostillaba en voz baja: “Ya se lo ha dado todo... Mi hermano no tiene un duro y Lucía se ha quedado con la casa y los 10 picassos...”. El torero apuraba su enésimo cigarrillo rubio, fingía no escucharla y proseguía: “Lo que más agradezco es que los tres hermanos están muy unidos”.

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Miguelito sentía adoración por Lucía y Paola: “Mis hermanas son dos pedazos de bestias, son de una pureza y una honestidad brutales... Soy el más enano de la familia y el peor”. Y reía, súbitamente infantilizado. “Tenía una novia muy famosa que se enfadó mucho porque la dejé una noche en el hotel para salir con mis hermanas ¡y después me fui a dormir con ellas!”, añadía. Pero de pronto se abría la puerta del camerino y se oía el rugido de miles de adolescentes que lo esperaban con ansia caníbal, y se quejaba mientras se secaba el sudor con el pañuelo que siempre llevaba en el bolsillo trasero del pantalón: “¿Sabes qué me pasa, Pilar? Estoy harto de ser Miguel Bosé”. ¡Lo decía hace 38 años!

NO ES POR MALDAD - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Mié 14 Abr, 2021 11:29 pm



Habían pasado dos meses de la boda de Felipe e Isabel, ¡una locura, según todos los asistentes! Fue el despliegue de joyas más impresionante del siglo, las cajas fuertes de los bancos se abrieron por primera vez después de la Segunda Guerra Mundial. Las mujeres no iban con diademas, sino con casquetes enteros de brillantes. Una duquesa lucía un turbante de perlas grandes como cerezas que se balanceaban tanto que alguna cayó y se perdió entre los bancos de la abadía de Westminster. Otra llevaba un yelmo guerrero cubierto de esmeraldas. Como no sabían de qué manera exhibir tantas piedras preciosas, portaban gruesos cinturones de zafiros, tobilleras de turquesas, tiras de esmeraldas que caían por los hombros como capas... ¡Las indias deslumbraban con petos de rubíes y diamantes y los brazos envueltos en zafiros desde los hombros hasta las muñecas!

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Sus primeras indiscreciones. Pero dos meses después de la ceremonia, un solitario Felipe de Edimburgo, exhausto y agotado, se había refugiado con unos amigos en Mónaco. Tenía grandes ojeras, arrugas prematuras para sus 26 años y, mientras bebía una copa de ginebra en la terraza del apartamento de su primo, el duque de Milford Haven, confesaba con desaliento: “David, no puedo más”. El primo señalaba con delicadeza: “Claro, las responsabilidades...”, a lo que Felipe cortó bruscamente: “No, el problema es el desmesurado apetito sexual de Isabel. Vive Dios que no soy ningún mojigato y que ella era virgen, pero le ha cogido gusto a la cosa ¡y no puedo sacarla de mi cama!, ¡no aguanto más!”. Fue el propio primo quien delató a Felipe en Buckingham: “Hay que cortar esos comentarios de raíz, no puede explicar a todo el mundo que la futura reina de Inglaterra es una princesita cachonda obsesionada con el sexo”.

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Las impertinencias del duque. Esa escapada a la Costa Azul no fue la única. De hecho, una parte del año el duque la pasaba viajando con la excusa del deporte, bien a Argentina –donde al parecer tenía una amante, una señora viuda de la alta sociedad–, bien a México, donde lo acogían los brazos amorosos de la actriz multimillonaria Merle Oberon. Se habla de tres hijos naturales: uno argentino, otro mexicano y el tercero inglés. Y, como suele pasar casi siempre con los hombres públicos, se le atribuyen tendencias homosexuales, tanto en el colegio como en la Armada y también con su secretario, gay reconocido. Le atraía el mundo de Hollywood a diferencia de su mujer, que lo despreciaba y se negó a acudir a la boda de Grace Kelly con Rainiero de Mónaco porque habría “demasiadas actrices”. Quizá sabía que a su marido se le atribuían también romances con Marilyn Monroe e incluso con Brigitte Bardot. Romances que no salían en la prensa de su país, que sí se hacía eco con benevolencia de las meteduras de pata del duque. “Las inglesas no saben cocinar”, dijo delante de un grupo de amas de casa británicas, y en un viaje a Ámsterdam comentó que las holandesas tenían “cara de culo”. En Canadá confesó: “Como comprenderán, no venimos a este país por gusto, sino por obligación”. En Perú le entregó un libro sobre los incas que le acababan de regalar a su ayudante: “No hace falta que me lo devuelvas porque no lo voy a leer jamás”. En Escocia le preguntó a un profesor de autoescuela cómo se las arreglaba para que sus alumnos no estuvieran borrachos en el momento del examen. También despreciaba a miembros de su propia familia: a los duques de Kent, que vendían réplicas de objetos de la casa de Windsor, los llamaba “Ali Babá y los cuarenta ladrones”. La reina lo perdonaba porque lo amaba con locura... hasta cierto punto. En una ocasión en que posaban para un retrato oficial, el fotógrafo indicó su lugar a “la reina, el duque y los perros”. El duque protestó: “Pero solo UN maldito corgi, Isabel”. La reina no dijo nada, pero el resultado fue que apareció en la foto con sus 14 corgis... pero sin el duque.

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Juan Carlos piensa en su final. El entierro de Felipe de Edimburgo, el 17 de abril, reducido por estar en tiempo de pandemia, podría servir de modelo para los próximos funerales que inevitablemente tendrán lugar en las familias reales europeas. En España, Noruega, Suecia, Dinamarca, Liechtenstien y Holanda hay miembros que han pasado de los 80 años, algunos con buena salud, como Beatriz de Holanda o Sofía de España, y otros con mala, como Harald de Noruega o Juan Carlos.

El protocolo diseñado para este desde hace años, tomando como modelo la Operación Lucero de Franco y las exequias de Alfonso XIII y Tierno Galván, ha quedado obsoleto por los últimos acontecimientos que han llevado al Rey al exilio. Juan Carlos habrá pensado estos días cuál será su propio final y observando con envidia esas multitudes llorosas depositando flores en los lugares que frecuentó el duqe de Edimburgo. Nadie habla con él de este tema, pero alguna vez ha comentado melancólicamente: "Por mí, que me entierren en el mar...". Cuando su propio padre refunfuñaba: "Juanito, no quiero un final triste", él contestaba con la risa teñida en lágrimas: "Papá, que a los muertos tampoco se les lleva a un tablao flamenco...". Don Juan tuvo un funeral digno de rey, pero ¿y ahora? ¿Qué ocurrirá con su hijo? Un buen amigo de Juan Carlos, el socialista Rubalcaba, siempre decía: "Pase lo que pase, en España siempre enterramos muy bien".

NO ES POR MALDAD - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 08 Abr, 2021 12:18 am



Letizia está volcada en el tema Rociíto. Se ve los docudramas, llama a sus amigas periodistas para preguntar por la trastienda del asunto y toma partido apasionadamente. Tiene muy claro su veredicto porque es como todos nosotros, ¡nada humano le es ajeno! ¡Qué no daría ella por poder opinar libremente!, porque una cosa es dejar de ser periodista y otra cosa es que el periodismo la deje a una. En los primeros tiempos de su noviazgo pensó, ingenuamente, que podría seguir ejerciendo. Albergaba la remota esperanza de continuar esa carrera que le apasionaba.

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Una mujer muy curiosa. Una vocación que heredó de su padre, un periodista ‘de verdad’ que hizo calle, cubrió eventos y trabajó en una redacción soportando turnos y compitiendo por la exclusiva. Le costó darle el sí a Felipe, precisamente por tener que abandonar su profesión, e intentó autoconvencerse de que podría participar en un documental sobre historia o sobre naturaleza. Incluso llegó a hablar con una conocida productora, pero los ‘hombres de gris’, esos funcionarios que pululan por la casa real y son más monárquicos que los mismos Reyes, la disuadieron sutilmente: “Ahora no es el momento”, “La popularidad de la Corona está bajo mínimos”, “La posición de su suegro es muy delicada”. Al principio, hablaba personalmente con sus excolegas para aclarar informaciones. Carmen Rigalt narró su asombro cuando marcó su antiguo número y Letizia se puso, le confesó cuánto la admiraba y departió con ella sin tapujos, aunque no se conocían.

Una persona que coincidió con Letizia en algunas fiestas cuando aún era novia del príncipe, en casa de Paloma Segrelles, por ejemplo, me cuenta: “Letizia era muy divertida y estaba llena de curiosidad por esa gente popular a la que hasta entonces solo había conocido a través de las revistas y de su trabajo... Se dirigía a los famosos directamente, los cogía del brazo, les hacía preguntas, era muy espontánea... Más que guapa, era mona y atractiva; el príncipe babeaba mirándola”.

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Aún se paraba a hablar con los reporteros cuando la abordaban por la calle, como cuando la encantadora Adriana Abenia le preguntó para ‘Sálvame’ si cuando viajaba le dejaba comida preparada a Felipe en la nevera: “Pues la verdad es que no, para que voy a engañarte”. Pero todo fue cambiando a medida que la prensa arremetió con críticas que ella consideraba injustas, hasta el punto de que llegó a sospechar que eran cotilleos que se favorecían desde la Casa para apartar la atención de la conducta irregular de Juan Carlos. Despertarse cada día con una alusión malintencionada a su delgadez o el recuerdo exagerado de la humildad de su familia fue amargando su carácter y minando la confianza en sus antiguos colegas.

"Era una máquina de reñir" Su hermana Telma, cuando puso una disparatada demanda a 57 medios, llamó al presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid para justificarse; es de suponer que a instancias de Letizia, pero dió igual porque la impresión que causó fue pésima y las críticas se volvieron aún más virulentas.

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El círculo de amigas se fue estrechando, la sospecha de una indiscreción enviaba a la culpable a galeras y empezó a manifestar su disgusto en público con actitudes infantiles y desplantes que Felipe y los miembros de la Casa no sabían cómo tapar. "Se convirtió en una máquina de reñir", me confiesa mi informante, que siguió tratándola esporádicamente. "Se la notaba siempre malhumorada, incómoda... Los organizadores de los eventos no sabían qué hacer para contentarla". En Barcelona, en un acto de una empresa que le presta grandes servicios de imagen, hizo cambiar el 'catering' 24 horas antes porque el menú no le gustaba. La noticia se filtró y cuando se organizó un homenaje al patriarca de la compañía ella se negó a asistir, aunque sí fue Felipe. "El destinatario de sus invectivas empezó a ser su marido. Su actitud era: 'Si yo no me divierto, tú tampoco', prosigue mi interlocutor, aunque Letizia también se puso a señalar a periodistas por ofensas reales o imaginarias.

Se cuenta que, en una ocasión, hizo llorar delante de sus compañeros a una simpática cronista de un importante diario. Los Reyes asistieron a la entrega del Premio Planeta 2016. Antes, se había preparado un encuentro con los ganadores y finalistas de años anteriores, pero las amigas rodearon a Letizia estableciendo un cordón sanitario que la protegía y aislaba al mismo tiempo. Yo, que había quedado finalista dos años antes, quería presentarle a mi hijo, pero desistí, como los otros escritores, porque la barrera era infranqueable. En un momento dado fui al lavabo y oí un taconeo frenético detrás de mí. "Pilar, Pilar", me giré, asombrada. "Chica, te estaba saludando y no me veías... ¿Cómo estás?". Delante del espejo del cuarto de baño estuvimos conversando un rato mientras nos pintábamos y atusábamos el pelo. Salimos, le presenté a mi hijo y nos encontramos al periodista Andrés Guerra, que, al verla tan afectuosa, preguntó: "¿Podría grabarle unas palabras sobre este acto?. Se le notaban las ganas de decir que sí, pero al final se negó a regañadientes: "Qué más quisiera yo, pero esos...", y señaló a un señor de gris que la observaba desde lejos. "No me dejan". Encerrada en la Zarzuela, presidiendo actos sin brillo, ¿la Reina se aburre? Mi confidente concluye: "Ahora ha asumido que no hay vuelta atrás y está resignada". Siempre le quedará Rociíto.

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por MELBA » Jue 01 Abr, 2021 9:10 pm

'' NO ES POR MALDAD'' PILARITA, PERO PEDRO CARRASCO DE QUIEN ESTABA ENAMORADO ERA DE GRACIA MONTES QUE LE DEDICO UNAS SEVILLANAS. GRACIA MONTES LO DEJO Y EL DE ''LOS PUNOS DE ORO'' SE ''ENAMORO'' DE LA ''LA MAS GRANDE''
''AY SI PEDRO CARRASCO VIVIERA'' NO SE, PERO EN LOS ULTIMOS ANOS DE CARRACO, SOLO ''TRABAJABA'' EN TERTUIAS DE TLEVIION BASURA.

NO ES POR MALDAD - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 01 Abr, 2021 12:12 am



Rociito, ¿a quién quieres más?, ¿a papá o a mamá?”. Y la chiquilla respondía con descaro y desenvoltura: “A papá”, y a Pedro Carrasco se le caía la baba, pero se aclaraba la voz para decir con dureza impostada: “Bah, lo hace para engatusarme”. ¡Pedro Carrasco! ¿Quién se acuerda hoy de él? Y, sin embargo, no solo era el padre de la mujer de la que más se habla estos días, Rocío Carrasco Mohedano, sino también una figura tan famosa e importante como Rocío Jurado, ¡un héroe en aquella España en que el boxeo era deporte nacional! “La vida se ha portado muy bien conmigo”, me confesó en una noche de confidencias mientras se tomaba un whisky, con su eterno cigarrillo en la mano. “Gracias a Dios viven mis padres y tengo una mujer y una hija a las que adoro, no con el corazón, sino con la cabeza, porque soy un hombre muy cerebral, a pesar de que dicen que después de mi combate con Velázquez por el campeonato de España me quedé ‘sonado’ y no he vuelto a ser el mismo”, y se tocaba la cabeza y brillaba en su muñeca un Rolex de oro de un millón de pesetas. “Esa noche no nos matamos porque Dios no quiso, estuve meses con dolores insoportables y con dificultades en el habla”. Tenía 38 años (“Quitarse años es una cursilada”) y llevaba cinco con Rocío. Entonces le pedían tantos autógrafos como a su mujer, porque había sido seis veces campeón de Europa de los pesos ligeros y ultraligeros y llegó a disputar tres veces el título mundial que esa noche de confesiones recordaba con amargura, empañadas las aguamarinas de sus ojos. “Me lo robaron en Los Ángeles, pero esa derrota y mi boda con Rocío han sido mis mejores victorias”.

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Rocío había roto con su novio y aquí intervenía su mujer, que le cogía el cigarrillo y le daba una chupada mientras él rezongaba: “Me lo manchas de pintura, ya lo puedes tirar”. “Nos conocimos en una época muy mala mía… Tenía depresión, llevaba nueve meses sin cantar por un nódulo en la garganta”, y aquí bajaba la voz para que no la oyera Pedro: “Había roto con mi novio de toda la vida, Enrique García Vernetta, ¡doce años juntos! Lo nuestro no tenía futuro, él era un tarambana y un mujeriego, todo el día peleándonos...”. Pedro se hacía el despistado y Rocío volvía a levantar la voz: “Fui a un festival taurino donde toreaba Pedro y un grupo de fans me aplastó contra la valla. Me clavé un hierro en el pecho, me desmayé...”. Y aquí proseguía el boxeador: “Salté del ruedo, la cogí en brazos, me la llevé a la enfermería y esta boba, cuando se despertó, me preguntó: ‘¿Quieres venir mañana a tomar café a casa?”. Se los veía conmovidos por el recuerdo del día en que se conocieron, pero sin carantoñas. “Eso es de gilipollas”, afirmaba rotundo el boxeador. Y Rocío remataba: “Nos enamoramos y nos casamos, nadie daba un duro por nosotros y hasta hoy”. Claro que Enrique García Vernetta contó más tarde en televisión que, en realidad, Rocío se había casado con Pedro por despecho (porque él se negaba a pasar por el altar), que ella lo había telefoneado el día antes de la boda para decirle que si quería lo dejaba todo para volver a su lado y que después, varias veces, lo había llamado diciéndole que no podía olvidarlo.

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Ni feminista ni machista ¿Era verdad? ¡Quién sabe! Yo le preguntaba al matrimonio si lo suyo era para siempre y él contestaba que sí, mientras que Rocío respondía con cautela: “Hace tiempo que dejé de creer en las cosas eternas, pero sí me gustaría que fuera para siempre”. Pedro fingía enfadarse: “Cuidado, que dices estas tonterías y luego los periodistas escriben que estamos a punto de separarnos”. Me habían contado que cada vez que surgía un rumor de separación las marcas que Pedro promocionaba le retiraban su patrocinio y hasta algún banco le negaba un crédito. “Para evitar estas calumnias, a partir de ahora viajaré con mi mujer, nos vamos a ir los dos a América”. Rocío protestaba: “Pedro, ¿y la niña? ¡Sería mejor que te quedaras en casa con ella!”. Y él se enfadaba: “Sí, claro, para que digan que vivo a tu costa y que soy un mantenido...”. Se mostraba quejoso de la prensa: “Dicen que soy un borracho y un juerguista, pero he estado tantos años acostándome a las diez y sin beber nada que ahora me desquito, pero siempre con mi mujer”. Le pregunté si se consideraba feminista: “¿Feminista? Hombre, tanto como eso no, pero lo que no soy es machista. Yo opino, y no de ahora, que está de moda, sino de siempre, que la mujer y el hombre somos el mismo perro con distinto collar, aunque, por supuesto, hay cosas que en un hombre son más perdonables que en una mujer...”. Y Rocío le daba un golpe en el hombro con el abanico: “¿Qué me estás contando, Pedro Carrasco? ¿Me has puesto los cuernos?”. La niña llegaba y trepaba por las rodillas del padre: “Mamá, ahora papá y yo nos vamos a tomar un helado...”. Antes de irse, Pedro amagaba con pegarme un puñetazo: “A ver lo que publicas”, y cuando fingía asustarme, me tranquilizaba: “No te preocupes, hermana, que yo gratis todavía no he pegado nunca...”. Ay, Pedro Carrasco, si vivieras, ay, si vivieras.

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 25 Mar, 2021 7:05 pm

MELBA escribió:'' NO ES POR MALDAD'' PILAR. PERO DEJAS DE BEBER GIN-TONIC QUE LOS HAY MUY FUERTE Y NO LOS FLOJITOS QUE YO DE VEZ EN CUANDO BEBO.



:clap: :clap: :juas: :juas: :juas:

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por MELBA » Jue 25 Mar, 2021 10:39 am

'' NO ES POR MALDAD'' PILAR. PERO DEJAS DE BEBER GIN-TONIC QUE LOS HAY MUY FUERTE Y NO LOS FLOJITOS QUE YO DE VEZ EN CUANDO BEBO.

ROCIO JURADO SIEMRE FUE 1 POBRE INFELIZ QUE NO SABIA NI EXPRESARSE. FUE LA RISA DE LA PRENSA CUANDO COMENTO: '' YO SOY MAS LARGA QUE LA PIQUER'' CREO QUE LA PRENSA COMO YO, COMPRENDIO QUE LA JURADO NO SE EXPRESO BIEN. NO OBSTANTE, LA PRENSA SACO BUENA ''TAJADA'' DE ESA FRASE BURLANDOSE DE LA JURADO.
LO QUE YO CREO QUE LA JURADO QUISO DECIR ES QUE ELLA (CIERTAMENTE) PODIA CANTAR TODOS LOS TIPOS DE CANCIONERS, COPLAS, ZARZUELAS Y HATA RACHERARAS PORQUE TENIA 1 GRAN VOZ, AUNQUE EN MI OPINION, MUCHAS VECES NO SABIA UTILIZARLA Y CANTABA SEGUN QUE CANCION, DESAFINANDO MUCHISIOMO, COSA QUE NUNCA DESAFINO LA PIQUER.

EN CUANTO A SU HIJA, FUE MODELO POR SER HIJA DE LA JURADO, COMO LA JESULINA FUE MODELO POR SER HERMANA DE JESULIN DE UBRIQUE. NINGUNA DE LAS 2 HUBIERAN SIDO MODELOS PORQUE NINGUNA DE LAS 2 TIENEN EL ESTILO QUE TIENEN LAS FAMOSAS MODELOS.

NO CREO QUE QUISIERA SEPARASE DE ORTEGA CANO, PORQUE SI SE HUBIERA QUERIDO SEPARARSE DE ORTEGA CANO NO HUBIERA ADOPTADO A SUS 2 HIJ@S. MUCHO LE COSTO A ORTEGA CANO CONVERCER A SU MUJER PARA ADOPTAR A SUS HIJ@S.

LA JURADO SABIA QUE TENIA 1 ENFERMEDAD MORTAL E HIZO EL TESTAMENTO DEJANDO HEREDERA UNIVERSAL A SU HIJA ROCIITO. MANIPULO SU FORTUNA PARA DEJAR LO MINIMO A SUS 2 HIJ@S ADOPTIV@S.

LA JURADO SABIA QUE QUE NI ANTONIO DAVID NI EL VAGO DE FIDEL, SERIAN BUENOS MARIDOS PARA SU HIJA Y SIN EMBARGO, LA JURADO NO DEJO 1 FUNDACION PARA QUE A SU NIETO QUE LA JURADO SABIA QUE TENIA ALGUN RETRASO MENTAL,TUVIERA EL FUTURO ASEGURDO. HOY, QUIEN ESTA DISFRUTANDO DESDE HACE ANOS DE LA FORTUNA DE LA JURADO ES EL ACTUAL MARIDO DE SU ROCIITO, MIENTRAS EL NIETO DE LA JURADO QUE ESTARA INCAPACITADO PARA NUNCA PODER TRABAJAR, VIVE DE LO QUE GANA SU PADRE Y LA MUJER DE SU PADRE QUE ESTA SIENDO 1 MADRE PARA L@S NIET@S DE LA JURADO.

FUE HILARIO LOPEZ EL HOMBRE QUE MAS SABE DE LA COPLA Y DE LAS VIDAS PRIVADAS DE LAS COPLERAS EL QUE SIEMPRE DIJO QUE ROCIO JURADO TENIA 1 VOZ INCOMPARABLE, PARA CANTAR FLAMENCO. HOY, HILARIO LOPEZ, HA CAMBIADO MUCHO Y DONDE AYER DIJO DIGO, HOY DICE DIEGO. ANTES DE MORIR MARIFE DE TRIANA. EN 1 ENTREVISTA AL LOCO DE LA COLINA, DIJO MAS O MENOS: '' NO TE VOY A DECIR SU NOMBRE... PERO EL, SIEMPRE HA VIVIDO DE SABER DE LA COPLA Y AHORA HA CAMBIADO..'' TEXTUALMENTE NO RECUERDO, PERO ENSEGUIDA COMPRENDI QUE MARIFE HABLABA DE HILARIO LOPEZ.

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