Aguas turbulentas - Pilar Eyre

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NO ES POR MALDAD - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Vie 03 Jul, 2020 2:01 am



Año 1981. Viernes tarde. La secretaria de Interviú sacó la cabeza por la puerta de la redacción y preguntó: “¿Hay alguien?”. “Sí, yo, ¿qué pasa?”. Unos pies sobre la mesa, calzados con unas botas tejanas, identificaron al único periodista que quedaba en todo el edificio de la calle Rocafort: el más brillante de todos nosotros, el mítico y gamberro Luis Cantero.

“Te paso una llamada”. Una voz de tono pijo, ansiosa, apresurada. “Luis, tú no me conoces, soy Tita Cervera, mira, te voy a pedir un favor muy gordo. Tenéis unas fotos ahí en las que salgo desnuda…”. “¿En toples?”, se hizo el despistado Cantero.

“No, no, desnuda de arriba y abajo, y embarazada. Son del año pasado, en la piscina de mi casa, os las ha vendido una amiga… Vaya, quien yo creía que era una amiga… Te suplico que las retires y yo a cambio te daré un desnudo bonito, unas declaraciones exclusivas, lo que quieras, pero es que esto me da mucha vergüenza”. La desesperación hacía que su voz temblase y Luis, hombre compasivo, le dijo: “Te entiendo, pero no puedo hacer nada, es competencia del director, además el número ya está impreso”. Tita se puso a sollozar: “Pero qué horror, cómo me hacéis eso, os voy a demandar, ¿con qué cara salgo ahora a la calle?”.

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Al cabo de un par de semanas y de que la revista se vendiera en todos los quioscos con el sugestivo título “Carmen Cervera, un embarazo al descubierto”, subí a Sant Feliu de Guíxols para ver si le sacaba alguna declaración. Ella no estaba, pero hablé con su madre, que me enseñó orgullosa la fantástica casa, Mas Mañanas, colgada sobre el mar. Estaba decorada tipo americano, los dormitorios con sábanas de seda y cojines en forma de corazón, el cuarto de Borja lleno de peluches, y luego me invitó a merendar en un salón con espejos de marcos dorados y alfombras muy gruesas.

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Me contó: “El padre del niño, Manolo Segura, que es un chico del grupo de Tita en Madrid, está muy enamorado de mi hija, pero ella no quiere casarse… No está segura de sus sentimientos”. Me hablaba de su hija y sus amigos como si fueran tiernos adolescentes, cuando Tita ya había tenido dos maridos. Entonces ninguno sabíamos que ya había conocido al barón von Thyssen. A la salida, me abordó una de las criadas: “Son muy buenas personas, pero diga que hace seis meses que no nos pagan”.

Segundo acto. En 1983, nadie se acordaba de esas fotos de Interviú, ni la propia Tita, que me invitó a su boda con el barón von Thyssen en el bellísimo castillo de Daylesford, una especie de Downton Abbey, en la campiña inglesa. Después de dos años de estar juntos, al final Tita había conseguido enamorar a aquel riquísimo barón que nunca aprendió a decir en español otra frase más allá del “Tita, te quiero”, según nos demostró ese día, en que no dejó de repetirlo. Tita llevaba un colgante de platino con el fabuloso brillante Estrella de la Paz, de 179 quilates, el más grande y puro del mundo. ¿Qué habrá sido de él? Se lo compró a Harry Winston, el joyero de las familias reales, y en esa época estaba valorado en 600 millones de pesetas (3,6 millones de euros).

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Se movía rodeada de guardias de seguridad y rottweilers y, en un momento dado, se lo quitó porque le dolía el cuello y la madre me lo pasó para que lo tocase. En ese momento, se sentó a mi lado un hombre muy atractivo, y la madre me susurró: “Es el barón von Bülow… Ya sabes que ha intentado matar a su mujer, está en libertad provisional, lleva una tobillera de acero”. Del susto, se me cayó el brillante al suelo y se lanzaron guardias y rottweilers sobre mí, inmovilizándome. Cuando salí del trance, recordé que era periodista y le pregunté a Carmen madre: “¿Y Manolo Segura?”. Extrañada, me dijo: “¿Quién?”. “Manolo Segura, el padre de Borja”. Y me contestó con la sinceridad más absoluta pintada en los ojos: “El padre de Borja es el barón Thyssen”.

Costa Brava, verano 2003, sitio de moda. En una mesa estaba Tita Cervera con su amigo Javier Báñez y otra persona. En la mesa de al lado, un grupo bullicioso de chicas riendo y pasándolo bien (algunas eran primas mías). En la mesa de Tita no se hablaba, todo eran silencios solemnes y caras de enterrador. De pronto, uno de los acompañantes se levantó y se dirigió a la mesa divertida: “Veo que os lo estáis pasando genial, la baronesa os pregunta si podemos sentarnos con vosotras… Se acaba de quedar viuda y le gustaría distraerse”. Se abrió el corro inmediatamente, revuelo de sillas, servilletas, más bebida y la noche se estiró hasta la madrugada.

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En un momento dado, una de mis primas, impresionada por la mirada triste de Tita, hizo un aparte con el acompañante. “Pero, con todo lo que tiene, es raro que se sienta sola…”. Y el otro contestó: “Es algo típico en los millonarios, tiene un barco fantástico, pero no sabe a quién invitar para que navegue con ella, una propiedad inmensa aquí en Sant Feliu, otras en Marbella y en Madrid, pero no sabe cómo llenarlas. No tiene amigos porque todos se acercan a ella por interés, su hijo y su nuera apenas le hablan…

La sociedad española le ha dado de lado, ¡a ella, que tanto ha hecho por este país! ¿Cómo no sentirse sola? ¡Se ha muerto el barón y todos han desaparecido!”. Luego, Tita tuvo a las gemelas, apareció de nuevo en su vida Manolo Segura, esta vez con su mujer, y la baronesa fue tejiendo laboriosamente a su alrededor una nueva familia… Ahora, Manolo Segura se ha muerto y el mundo de Tita se ha hecho más pequeño porque se ha quedado huérfana de amigo. Lo siento mucho.

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Vie 26 Jun, 2020 1:30 am



Pilar Eyre abandona Espejo Público tras una contestación de Fran Rivera: "No queremos gente como tú"
La periodista Pilar Eyre ha dado por finalizada su intervención en el programa después de una discusión con el extorero Fran Rivera. Visiblemente afectada, la colaboradora se disculpaba y aseguraba que no estaba en condiciones para continuar.

NO ES POR MALDAD - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 25 Jun, 2020 2:46 am



No viene Julio Iglesias a España. Ha cancelado su gira por culpa del coronavirus. “Está muy triste”, declaran sus representantes, “porque tenía una gran ilusión por venir”. ¡Narices tenía ilusión! ¡Naranjas de la China! Julio estaba tan preocupado con esta gira que para él ha sido un alivio no tener que realizarla. Eran cinco conciertos programados, frente a los treinta de Raphael, su más directo competidor, que ha aplazado la mayoría para el año 2021 ¡y en algunos ya ha agotado entradas! Julio iba a actuar tan solo en Fuengirola, Alicante, Chiclana, Mérida y Córdoba. Lugares llenos de encanto, sí, pero tenía la espina clavada de no haber conseguido que las grandes plazas como Barcelona, Madrid, Valencia, A Coruña o Zaragoza, escenarios de sus grandes éxitos, se interesaran por contratarlo.

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Y es que ningún promotor privado quería arriesgarse porque lo cierto es que Julio ha descuidado a su público español y ya no tiene el predicamento de antes. No se puede olvidar que, en los últimos conciertos en España, concretamente el de Cap Roig en Girona, se tuvo que llenar el aforo con jovenzuelos captados a lazo a última hora porque “Julio se deprime si ve que no hay público”. ¡Aún recuerdo el cabreo de los espectadores que habían pagado 400 euros e iban elegantemente vestidos al ver a aquellos niñatos con sandalias y bañador sentados en las primeras filas que, encima, no habían pagado ni un euro! Y bostezando, porque el espectáculo, con sinuosas señoritas a las que Julio piropeaba incesantemente, y con discursos tipo: “Cuidado esos maridos, que aquí veo mucha señora guapa”, y chistes como: “Me llamaban el termo porque cantaba tan dentro de mí, conservo el calor…” les eran a aquellos muchachos tan ajenos como el ‘No-Do’ o la goma de borrar.

Pero Julio también se ha alegrado de cancelar su concierto, no solamente porque temía el fracaso artístico en su tierra, sino también que su hijo Javier Santos decidiera emprender alguna acción a la desesperada para reclamar su atención, presentándose en algún evento o abordándolo en su camerino o intentado subir a su avión privado. Y también tenía miedo a las preguntas de los periodistas. Han pasado ya aquellos tiempos en los que venían los mánagers a pedirte que de ciertos temas no preguntaras, o Julio te llamaba unos minutos antes de la rueda de prensa para mirarte a los ojos y suplicarte: “No me menciones eso… ¿no querrás verme sufrir, verdad, flaca?”. Y siempre cedías porque la carne es débil y tampoco te pagaban tanto.

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El hecho de que Julio maquille su vida no debe cogernos por sorpresa, porque, como todos los grandes artistas, miente muy bien. Los mas viejos del lugar recuerdan con asombro cuando llegó a las redacciones el documento que acreditaba que se había hecho súbdito panameño, y cómo lo negó en rueda de prensa: “Soy más español que la fabada y eso es un infundio de mis enemigos que quieren hundirme…”. O cuando dice que se lleva tan bien con su hijo Enrique y ahora nos hemos enterado por las memorias de Ramón Arcusa, “Soy un truhán, soy un señor (o casi)”, que conoció a sus nietos y a Anna Kournikova poco antes de la cuarentena del coronavirus.

Pero Julio es el primero en confesar: “Soy un mal padre”. La familia, los hijos, las mujeres, siempre han estado detrás de su carrera. Me contaba hace poco un amigo su asombro cuando había ido a verlo en verano a su casa de Ojén. “No sabía cómo se llamaban las personas de servicio y creo que ni sus propios hijos… Me los presentaba en plan, este es un fenómeno, pero yo creo que es porque no le venía el nombre a la cabeza en ese momento… Le pedí un vaso de agua y abría puertas al azar, no sabía dónde estaban los vasos, me dijo que nunca había entrado en la cocina… Menos mal que Miranda estaba al quite de sus más pequeños deseos, sin hablar, eh, porque es una gran silenciosa”. Pregunté si su fiel compañera de estos últimos treinta años seguía en la casa, y me dijo que sí. No es glamurosa ni fotogénica como Miranda, pero es la persona que mejor lo conoce y con la que más cómodo se siente.

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En estos días, Julio es noticia de primera plana en México, ya que la mujer del importante abogado Juan Collado, preso por delincuencia organizada, lavado de dinero y cargos muy graves que lo relacionan con la ‘mafia del poder’, ha dicho que su gran apoyo en estos tiempos, en los que todos huyen y tratan a la familia como si fueran unos apestados, es Julio Iglesias. “Es su hermano de sangre, me llama todos los días, me ofrece su ayuda a cualquier nivel, cuando el tema de la pandemia se acabe, quiere venir a verlo a la cárcel, aunque sabe el escándalo que representará esa visita…”. En cada celebración importante del millonario abogado, que atesora grandes cantidades de dinero en bancos españoles y andorranos y está casado con una actriz de telenovela muy famosa en México, Julio estaba allí, algunas veces cobraba un millón de dólares por actuación, y otras cantaba gratis, por amistad.

No es su primer contacto con este tipo de asuntos. Hace años, ya me contó Xavier Cugat que él le había presentado al sucesor del gánster Bugsy Siegel. “Todos los artistas del espectáculo en EE UU son contratados por la Mafia, si no, no podrían actuar, pregúntaselo a Frankie [Sinatra]… Eran unas personas muy agradables, yo les dije que Julio era como mi hijo y le abrieron las puertas de EE UU”, me dijo. Julio está bien de salud, mejor que estos últimos años. Ha pasado la cuarentena con la familia al completo, incluidos los perros de sus hijas, en su casa de Miami, “lavándome las manos varias veces al día”, según ha explicado él mismo, y sigue diciendo: “Me gustan las mujeres con locura” y también: “Me quedan muchos sueños inconfesables que cumplir”. Vente para España. Julio, va, y así nos lo cuentas.

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por GRACIAS » Sab 20 Jun, 2020 12:32 pm

POR TU INFORMACION. COMO DIJE, EL NOMBRE DE FUSTER LO ESCUCHE POR PRIMERA VEZ CUANDO URGENTEMENTE TRASLADARON A CARLOS CANO A NUEVA YORK PARA SER OPERADO DE URGENCIA. RECUERDO QUE CARLOS CANO ESCRIBIO 1 COPLA TITULADA: '' YO NACI EN NUEVA YORK'' SE MUY POCO DE MEDECINA, PERO NUNCA HE LEIDO NI HE OIDO QUE 1 CARDIOLOGO HAYA TRATADO A 1 PACIENTE QUE HAYA SUFRIDO 1 ICTUS.
GRACIAS 1 VEZ MAS, POR TU INFORMACION

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Sab 20 Jun, 2020 11:10 am

No es por maldad, anónimo, pero con una pequeña búsqueda en Google encuentras esa información:

Este lunes, 17 de febrero, los Reyes entregaron en el palacio de El Pardo los Premios Nacionales de Investigación, un acto al que asistieron numerosas caras conocidas como Alicia Koplowitz o el ex ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón. Aunque la gran sorpresa fue la presencia de Jaime de Marichalar, ex marido de la Infanta Elena, dado que se trataba de un acto institucional de los Monarcas.

Sin embargo, no era tan extraña, habida cuenta de que entre los premiados se encontraba el cardiólogo Valentín Fuster, quien mantiene una relación muy estrecha con el ex duque de Lugo, ya que es uno de los grandes artífices de su recuperación tras el gravísimo ictus que padeció en diciembre de 2001. El infarto cerebral dejó a Marichalar afectado de serias secuelas en el lado izquierdo de su cuerpo, y dado su empeño en demostrar que seguía siendo el mismo de antes, dedicaba más tiempo a la vida social que a su rehabilitación, lo que suponía un serio riesgo para su salud. Y quitaba el sueño a Don Juan Carlos, hasta el punto que se puso en contacto con el médico, residente en Nueva York, quien determinó que Jaime se instalara una larga temporada en la cuidad de los rascacielos, algo que hizo en 2003 junto con la Infanta Elena y sus hijos, Froilán y Victoria Federica. El tratamiento, supervisado por el propio Fuster, consistía en siete horas de rehabilitación diarias en el prestigioso hospital Monte Sinaí, donde este ejercía como especialista cardíaco.

etc.

https://www.elmundo.es/loc/famosos/2020 ... b45f1.html

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por VALENTIN FUSTER.? » Sab 20 Jun, 2020 7:21 am

'' NO ES POR MALDAD'' PILARICA, PERO LA PRIMRA VEZ QUE ESCUCHE EL NOMBRE DE VALENTIN FUSTER FUE CUANDO OPERO A CARLOS CANO DE 1 OPERACION DE CORAZON A VIDA O A MUERTE EN NUEVA YORK. DESPUES, EL NOMBRE DE VALNTIN FUSTER LO ESCUCHE VARIAS VECES POR HABER OPERADOS A OTROS ESPANOLES DE CORAZON. JAMS HE ESCUCHADO QUE VALETIN FUSTER, TRATARA A NINGUN ENFERMO DE ICTUS COMO TU DICES QUE TRATO AL MARIDO DE LA INFANTA ELENA.

NO ES POR MALDAD - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Sab 20 Jun, 2020 3:07 am



La primera llamada del día para don Juan Carlos es de su hija Elena. “Hola, papá, ¿cómo estás?”. “Bien, chiquitina”. Son conversaciones breves, porque ni él ni ella son personas cariñosas, pero el padre sabe que la hija siempre está ahí y que, a diferencia de Cristina, nunca le pide nada. En estos meses de confinamiento debido a la covid-19, la infanta, aunque ha debido permanecer aislada en casa, sin servicio y sin sus hijos, ha estado muy activa. Ha paseado a su perra Tula dos veces al día, ha salido a aplaudir al balcón a las ocho de la tarde y ha grabado algunos vídeos festivos en los que demuestra que las frivolidades de este mundo, tales como ropa de moda, peluquería o maquillaje, ya no forman parte de sus intereses.

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¡Qué diferencia de aquella infanta de tipo espectacular a la que yo vi bailar varias veces en el podio de la discoteca Tiffanys de Baqueira y que de pronto desaparecía y veías a los escoltas recorriendo el hotel Montarto de arriba abajo para tratar de encontrarla! Era la primera en llegar a las pistas por la mañana gritando: “¡Vamos al Mirador!”, y la seguía una fila de amigos tan larga como la cola del metro. O aquella muchacha entregada a la música que bailaba en la discoteca Cats de Puerto Portals jugueteando con dos abanicos a la manera de Locomía, a la que intentó fotografiar Gustavo González, pero fue expulsado de la ‘boîte’ por los miembros de seguridad que siempre la acompañaban y protegían. Una infanta en la que se han cebado la injusticia y la desgracia en tres ocasiones de su vida.

Al nacer, la primera. Le tocaba reinar al ser la primogénita, ya que en este país no impera la ley sálica. Pero fue el propio rey el que insistió a los ponentes de la Constitución para que se precisara que el heredero debía ser varón porque, según dijo: “Mi hija mayor no está en condiciones de reinar”, señalando a Elena de por vida con esta frase demoledora, achacándole algún problema que nunca hemos sabido cuál es en realidad. Mientras sus profesoras en la escuela de Magisterio dijeron que era perfectamente normal, también averiguamos que Sabino Fernández Campo, el que fue jefe de la casa real, la acompañó durante muchos años al psicólogo. Claro que esta circunstancia no le importó nunca a Elena, quien confiaba a sus amigos: “Rezo para que no le pase nada a Felipe, no soportaría ser reina”. Su abuela le inculcó el amor por los caballos aunque, según decía: “La niña tiene el mismo problema que yo, es demasiado grandota y nunca será muy buena”.

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Se enamoró perdidamente de su compañero en la hípica, Luis Astolfi, que la abandonó por la que después fue su mujer. Cuando la infanta se iba acercando a los 30 años y la prensa se preguntaba: “¿Elena se quedará para vestir santos?”, se empezó a ver a su lado a un muchacho larguirucho con cara de enterrador, que al poco supimos que era su novio. Jaime Marichalar pertenecía a la pequeña nobleza castellana, era un empleado de banca sin un duro, “bisutería fina” según la letal definición del experto en monarquía Juan Balansó. Su sueño era casarse con una infanta y convertirla en la mujer más elegante del mundo, un papel en el que Elena nunca se ha sentido a gusto, pues lo suyo es el ambiente rural de cacerías, caballos y fuego en la chimenea

Tuvieron dos hijos, pero solo cinco años después ya se rumoreaba que la infanta era tremendamente infeliz y quería separarse. Pero, en 2001, a Marichalar le dio un ictus haciendo bicicleta estática en su gimnasio y aquí se vio la madera de que estaba hecha Elena, pues tuvo que resistir al lado de su marido tres años terribles. Se fueron a vivir a Nueva York para tratarlo en el Mount Sinai con Valentín Fuster y se alojaron en el hotel Intercontinental, mientras sus hijos iban a una guardería de los jesuitas en Manhattan.

El carácter de Jaime se vuelve desconfiado, agresivo e irascible, le monta a la infanta unas escenas espantosas, se mete con la gente por la calle. A través de la hípica, Elena se hace amiga de los Hearst, quienes los invitan a su casa en los Hamptons. Nada más llegar, Marichalar le espeta a su anfitriona: “Llevas un traje feísimo”. No tienen dinero, no cuentan con ningún apoyo, excepto la directora del hotel, que es española y les hace un precio especial para que puedan seguir alojados. Cuando regresan a Madrid, la infanta está embarazada, pero pierde a su hijo. A partir de ahí no hay marcha atrás. Se enfrenta a sus padres, la madre no tolera el divorcio, y su padre, a pesar de que detesta a Marichalar, le recuerda lo difícil que es la vida para una mujer sola. Pero ella tira el divorcio adelante, no la anulación eclesiástica, que ni uno ni otro solicitan.

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Elena cambia entonces completamente. ¿Dónde están sus fastuosos trajes de Caprile y Lacroix, sus sombreros, sus largas sesiones en la camilla de la esteticista, su asistencia a fiestas y desfiles de moda? Todo eso pasa al olvido, se dedica a sus trabajos de profesora de inglés y en la Fundación Mafre, ejerce de madre soltera de sus dos hijos, se vuelca en la religión y en la amistad de su amiga Rita Allendesalazar, su segunda familia, y los periodistas pronto nos cansamos de seguirla y dejamos de hablar de ella. Y aquí se vuelve a dar otra injusticia en su vida: a pesar de su comportamiento irreprochable, la casa real decide prescindir de sus servicios y arrumbarla al desván de los trastos inservibles como su hermana Cristina, la gran repudiada. La apartan de todas sus funciones, apenas tiene trato con su hermano, su cuñada o sus sobrinas y, aunque no tiene ninguna culpa, se convierte, como Cristina, en una apestada. Con Letizia, el trato siempre ha sido frío y distante; una es una princesa de sangre real y la otra no, pero su cuñada tiene el poder y ella no. Es curioso que se mantenga tan apartada a la que va tercera en la línea de sucesión de la Corona, después de Leonor y Sofía. Un caso único en las monarquías europeas.

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"Elena hubiera sido feliz haciéndose monja”, me comenta una persona que ha estado muy cerca de ella. Desde su separación, lleva una vida monacal y no ha conocido varón, algo consecuente con su forma de pensar, ya que delante de los ojos de Dios sigue casada con Marichalar.

Es tan severa en sus juicios como su madre, pero mientras Sofía cultiva una religiosidad difusa y algo estrambótica, en la que se mezclan lo católico onda integrista, lo ortodoxo, lo budista, las enseñanzas indias del gurú Mahadevi e incluso la teosofía de madame Blavatsky, que cree en la reencarnación y la trasmigración de las almas, Elena es católica a machamartillo. El único hombre de su vida es su padre. “Hola, papá, ¿cómo estás?” “Muy bien, chiquitina”.

NO ES POR MALDAD - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Sab 13 Jun, 2020 3:07 am



Hace quince años nacía Irene Urdangarin Borbón, la hija pequeña de Cristina e Iñaki. ¡Y quién iba a decir que ese bebe rubicundo y sanote iba a ser el causante del primer enfrentamiento entre Letizia y Cristina! Terminaría por derivar en esa aversión manifiesta que se extiende hasta nuestros días y se puso en evidencia el día del funeral de la Infanta Pilar, hace pocos meses. Cuando Felipe parecía que iba a saludar a su hermana, se interpuso Letizia abortando la maniobra.

Este gesto del rey hubiera significado el respaldo público y el apoyo fraternal a una repudiada infanta Cristina, con un marido en la cárcel, apartada de la familia y de la vida pública.

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Pero aquel 5 de junio de 2005 nada hacía presagiar estas engorrosas tormentas familiares. Rubios, guapos, altos, en la puerta de la clínica Teknon de Barcelona, la familia Urdangarin Borbón parecía “de anuncio”, como decía una de las numerosas personas que a mi lado contemplaban esa primera presentación a la prensa de Irene. Corrieron en ese momento rumores de que se había recurrido a técnicas de fertilización para que la infanta alumbrara al fin a una niña después de tres chicos, pero se comentaba con cariño, porque todavía no sabíamos nada de los negocios opacos de Iñaki.

Cristina, “la nostra”, estaba muy guapa. Llevaba un blusón de color azul cielo, su peluquero había ido a la clínica a peinarla y maquillarla, y no había engordado demasiado, siguiendo las pautas que le había marcado su dietista, la doctora Folch. Iñaki llevaba corbata rosa, a juego con las camisas de Juan, Pablo y Miguel.



El bautizo de Irene tuvo lugar mes y medio después, el 14 de julio, en los jardines del palacio de la Zarzuela. Letizia, recién incorporada a la familia, estaba embarazada de cinco meses, solo cuatro meses después iba a nacer el heredero del heredero: ¡un brote nuevo en el ya robusto tronco borbónico! Todas nuestras miradas estaban puestas en ella, analizábamos hasta el menor detalle de su indumentaria, de su expresión, de las relaciones con su familia política. El proceso de adaptación estaba siendo duro y difícil. Dejar de ser una profesional libre y brillante para someterte a la rigidez de la vida en palacio, donde tu único cometido es sostener un ramo de flores y caminar cuatro pasos detrás de tu marido, estaba resultando muy decepcionante.

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De las dos cuñadas, con la que se llevaba mejor era con Cristina. Iñaki había comprado el anillo de compromiso en Barcelona, las dos parejas habían salido juntas varias veces, Cristina era universitaria, trabajaba, tenía muchas cosas en común con su cuñada. Cada vez que Letizia viajaba a Barcelona para probarse el traje de novia en el taller de Pertegaz en la Diagonal, llamaba a Cristina y luego comían en el Jardín de la Abadesa, al lado de la Cruz de Pedralbes.

Así pues, cuando Cristina organizó el bautizo de su hija en Madrid, empezó a calcular cómo distribuir a los invitados que acudían de fuera. Ellos y los parientes de los reyes, en la Zarzuela, los hermanos de Iñaki y los amigos de Barcelona, en hoteles. Pero pensó que sus suegros merecían trato especial y se le ocurrió que podrían alojarse en casa de su hermano. La Zarzuela bis, la casa de la pradera, como la llamaba el rey, o el Pabellón del príncipe, un extenso palacio/chalet de 3.200 m2 cuya construcción había costado 4,2 millones de euros. Los suegros aceptaron encantados y Cristina llamó a Felipe para pedírselo.

Éste le dijo que sí, naturalmente, pero que de todas formas llamase a Letizia, que no dejaba de ser la anfitriona, aunque no habría ningún problema, por supuesto. Así lo hizo la infanta y cuál fue su sorpresa ante la respuesta de su cuñada: se negó en redondo a invitar una noche al discreto matrimonio Urdangarin, Juan María y Claire. No es que le pusiera pegas, ¡es que le dijo lisa y llanamente que no! “Estoy embarazada, no me siento bien y no me apetece tener en casa a unas personas que no conozco”.

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Quien me contó este suceso, que publiqué en mi libro ‘Secretos y Mentiras de la familia real’, en 2007, lo juzgó con benevolencia dada “la extrema vulnerabilidad de Letizia esos días”. El bautismo, como es natural, estuvo lleno de caras largas. Aunque se celebró a las siete y media de la tarde y en una zona sombreada, al lado de la ermita que está en los jardines del palacio, el calor era insoportable y se eternizó por los parlamentos de monseñor Rouco Varela y los otros dos sacerdotes. Habían vestido a Irene con el traje de cristianar que ya había llevado su abuelo en su bautizo en Roma, la pila era la de plata sobredorada del Palacio Real y el agua venía (presuntamente) del rio Jordán.

Cristina, más acostumbrada a disimular y dado que a la postre estaba en su ambiente, en su casa y arropada por todos los suyos, posa sonriente en todas las fotos, pero la expresión de Letizia es un poema. No se levantó de la silla, se abanicaba continuamente, le brillaban las sienes, cuando posó en grupo se le hundieron los tacones en el césped y estuvo a punto de caerse… Tenía un rostro tan angustiado que uno de los invitados me dijo que temió que fuera a desmayarse. Ninguno de los cincuenta asistentes eran amigos o de su familia, se sentía en territorio enemigo, lo pasó muy mal.

Se había especulado que la madrina de Irene podía ser Letizia, pero fueron padrinos Rosario Nadal, entonces mujer de Kyril de Bulgaria, y Pedro López-Quesada, que terminaría pasándose al “bando” de Letizia y convirtiéndose en el “compi yogui”. Si estaba así calculado desde el principio o se cambió debido al enfrentamiento de las cuñadas, nunca lo sabremos.

Cristina le contó lo sucedido a su padre, que adora a sus hijas. Por supuesto, la respaldó y no le dirigió la palabra a Letizia en todo el bautizo. Felipe no tuvo más remedio que ponerse de parte de su mujer, y desde entonces el trato con su hermana no ha hecho más que empeorar.

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En el 40 aniversario de Iñaki Urdangarin, por ejemplo, tres años después, Cristina le preparó en la casa de Pedralbes una súper fiesta a la que acudieron los entonces príncipes de Asturias y la reina Sofía. Uno de los empleados que sirvieron el catering me contó que Letizia estuvo todo el tiempo en un rincón sin hablar con nadie y sin que nadie le dirigiera la palabra, mientras los invitados, reina incluida, bailaban la conga alrededor de la piscina. Los desencuentros han sido constantes, pero el árbol de la hostilidad hunde sus raíces en 2005. ¡Triste aniversario! Desde entonces, se ha hecho muy grande.

NO ES POR MALDAD - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 04 Jun, 2020 1:00 am



"Hace cinco años de mi abdicación de la Corona y desde el año pasado he venido madurando esta idea. Es mi voluntad y deseo dejar de desarrollar actividades institucionales a partir del próximo 2 de junio”. Hace un año de esta estremecedora carta de don Juan Carlos a su hijo Felipe que se hizo pública por expreso deseo de los dos.

Parece sincera y emotiva, pero contiene varias inexactitudes: el rey no llevaba un año madurando la idea, es más, ni siquiera fue idea suya apartarse de las actividades públicas, sino que fue fruto de una dura negociación entre padre e hijo. Felipe, un mes antes de esta misiva y sin que lo supiéramos nadie, había sido informado de las cuentas opacas de su padre en Suiza y de que Leonor y él mismo figuraban como beneficiarios. Y había acudido a la desesperada a un notario para declarar que no sabía nada de estos asuntos y renunciaba a todo beneficio que pudieran derivarse.

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A partir de ahí, don Felipe vivía con el temor de que el día menos pensado Corinna y las investigaciones periodísticas en el extranjero sacaran a la luz estas irregularidades, y saliendo del notario se enfrentó a su padre y le dijo: “No nos podemos fiar de tu amante ni de los fiscales suizos ni de los periodistas... Si quieres salvar la institución, esta es la única salida que te queda. Escribe esta carta en la que decides retirarte de las actividades públicas”.

Aunque al principio el rey emérito se negó tajantemente, al final, a regañadientes y con grandes reticencias, tuvo que aceptarlo. Como tuvo que aceptar la abdicación en 2014. ¡Cuentan que los gritos entre padre e hijo se oían desde el jardín! Don Juan Carlos estaba tan enfadado que incluso se negó a ir a la proclamación de Felipe y estuvo sin hablarle muchos meses. Desde entonces, los desencuentros han sido numerosos: homenajes programados de los que de pronto dejaba de hablarse, su ausencia en ceremonias importantes...

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En el aniversario de los 40 años de la Constitución se lo quería sentar en el gallinero del Congreso y decidió no ir. ¡Estaba indignado! ¡Él, que se consideraba uno de los padres de facto de esa constitución! Y es que Felipe y sus asesores –y quizás también Letizia–, avisados de que iban a ir saliendo a la luz las tropelías de Juan Carlos, tenían que ir poniendo parches antes de la herida y acotando las cuotas de poder que aún conservaba el rey emérito.

Aunque la carta de renuncia de 2019 sirvió de poco, en marzo de este mismo año el propio don Felipe tuvo que dar un paso adelante y rematar simbólicamente a su padre, ya que habían aflorado al fin las informaciones de la existencia de esas cuentas opacas en Suiza, como él se temía. Y tuvo que explicar que un año antes “renuncié en cuanto lo supe a mi herencia y al beneficio de cualquier estructura financiera que no esté en consonancia con la legalidad”, reconociendo implícitamente que su padre había cometido hechos presuntamente delictivos. Don Juan Carlos apuntaba en el mismo documento que su hijo “no tenía conocimiento de estas actividades”, asumiendo también, en cierta manera, su culpabilidad.

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¡Cuánto no sabemos todavía! ¡Son muchos años de impunidad, contando con la complicidad tácita de muchos políticos y periodistas! Como dice Corinna en las cintas de Villarejo: “El rey es como un niño… no distingue lo legal de lo ilegal”. Aunque cada semana, gota a gota, vamos enterándonos de más anomalías económicas, y aunque los delitos en España no pueden juzgarse ya que el rey era inviolable, ¿podría hacerse en Suiza? Quizás todavía veremos a don Juan Carlos sentado en el banquillo de los acusados. ¡A los que vivimos la transición nos sangrarán los ojos ante esa imagen! Y es que los asuntos de dinero son los que menoscaban realmente la figura de un rey y, por tanto, lo que más temor producen. Así me explico que, cuando una persona próxima a don Juan Carlos le avisó de que yo estaba escribiendo ‘La soledad de la reina’, el rey le preguntó: “¿Y qué dirá?”. Su interlocutor le respondió: “Pues, barbaridades, señor, las infidelidades, las mujeres…". "Ah ¿habla de mis novias? Pues mientras hable de mis novias me es igual... No tiene importancia”.

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En este largo confinamiento, el rey vive con el temor de que le arrebaten lo último que le queda: el tratamiento de rey y los privilegios que conlleva, desde el uso del avión hasta vivir en Zarzuela y las casas de Patrimonio. Dándose la paradoja de que él, que ha sido rey durante 40 años y uno de los motores de la transición, pueda ser enterrado como un ciudadano cualquiera, mientras que su padre, que no reinó ni un solo día, reposa bajo una losa en la que pone Juan III. ¡No sabe qué va a pasar, y la incertidumbre es lo peor de todo! Se mueve por Zarzuela como alma en pena en silla de ruedas, aunque estos días está más acompañado, ya que se va reincorporando poco a poco todo el personal de la casa. No habla con su hijo, pero tampoco con esa mujer con la que se casó sin amor y a la que ha llegado a detestar profundamente. Hay una frase recurrente que te dicen los amigos de Juan Carlos: "La reina no ha sabido crear ni familia, ni hogar...". Irene, que acompaña a Sofía y que estuvo algo enamorada de Juanito hasta el punto de que los amigos de Estoril dudaban de si se iba a casar con una hermana o con la otra, tampoco le dirige la palabra. Por su cabeza, nunca ha pasado irse a vivir a ningún país caribeño. Su sueño en estos momentos es volver al mar. Como decía su padre cuando estaba ya ingresado en la clínica de Navarra, a punto de morir: "El mar... añoro el mar". Está siendo un final de tragedia griega para una vida extraordinaria.

NO ES POR MALDAD - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Vie 29 May, 2020 1:48 am



Lovía sobre Manila y sobre el corazón de Isabel Preysler ese mes de enero de hace 50 años cuando se embarcaba rumbo a Madrid, ¡rumbo a lo desconocido! Hasta el último momento esperó que su novio, Juny Kalaw, apareciera en un caballo blanco y la raptara para llevársela con él. ¡Madrid! ¿Qué se le había perdido a ella en Madrid? Quería seguir en Filipinas, quería casarse, quería tener muchos hijos, dejarlos en manos de las criadas y pasar el verano en una isla privada bajo una sombrilla para no broncearse demasiado. Quería tener, en fin, el destino de todas las chicas de su edad y de su clase.

¡Para eso la habían educado! Yo conocí a unas primas suyas muchos años después y eran así, desdeñosas, educadas, de piel muy clara y tan ociosas que nunca habían entrado en la cocina de su casa. Porque Isabel era de familia bien venida a menos, su padre saltaba de trabajo en trabajo y su madre, que tenía un cuarto de sangre mestiza, porque descendía de la nobleza indígena, los kapampangan, era quien sacaba adelante la familia. Y era precisamente esa gota de sangre indígena la que aportaba a la niña Isabel esa belleza exótica y femenina que volvía locos a los hombres.

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En las pocas revelaciones que Julio Iglesias hizo a un amigo sobre la que había sido su mujer, dijo: “Es asombrosa. Bajo su aparente frialdad, oculta un volcán de fuego”. Un volcán que ya había entrado en erupción algunas veces: con dos grandes herederos de la aristocracia local, uno después de otro, y con el depredador de mujeres y millonario Juny Kalaw, motivo por el cual el padre la había embarcado hacia España. ¡Para evitar el escándalo y para que lo olvidara!

Cuando llegó a Madrid, la estaban esperando sus tíos, Tessy Arrastia, hermana de su madre, y el embajador Miguel Pérez Rubio. Eran una pareja muy rica y muy bien conectada con la alta sociedad, donde nadie sabía que habían abandonado a sus cónyuges para vivir juntos, lo que hubiera supuesto un escándalo, ya que entonces el adulterio estaba penado con seis meses de cárcel. Pero como todos creían que eran matrimonio alternaban con la duquesa de Alba y con los marqueses de Villaverde, de cuya hija Carmencita, Isabel en seguida se hizo íntima amiga. Precisamente, su primera aparición en una revista se produjo con ella, en un desfile del modisto filipino Pitoy. Escribían: “El todo Madrid estaba en el Tiro de Pichón... Las maniquíes, pertenecientes a la sociedad madrileña, se detenían y giraban ante el marqués de Cubas y el marqués de Villaverde que, galantes caballeros, correspondían con aplausos y requiebros…”.También iba al Pardo a ver cine. Una vez apareció Franco, el ‘abu’, y les preguntó si las películas eran “aptas para menores”.

La nostalgia por Juny duró muy poco. Casi lo mismo que sus estudios en las irlandesas de la calle Velázquez, que cambió por un cursillo de secretariado, que era lo que hacían las chicas bien en esa época en la que solo las ‘raras’ íbamos a la universidad. Y empezó a salir con Johny Güell, tío político, por cierto, de Cayetana Álvarez de Toledo.

Hasta que, como un bulldozer arrasándolo todo, aparece en su vida Julio Iglesias. Se lo presenta Julio Ayesa en una fiesta ¿Qué quién era? ¡Pues nadie! Sí, había ganado el Festival de Benidorm, pero Isabel ni siquiera sabía dónde estaba esto de Benidorm. Y es que era… ¡Cantante! Cuando el padre se enteró de que la niña tonteaba con un artista, se llevó las manos a la cabeza. ¿Para eso la habían enviado a España?

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Salieron a cenar. La primera vez Julio la llevó a ver un concierto de Juan Pardo, pero la hizo sentar de espaldas al escenario porque Juan era muy atractivo. Después la llevó a ver a José Feliciano y no le importó que se sentara de cara porque total era ciego, la riñó porque iba con minifalda y, como hacían todos los chicos de esa época para poder ligar a fondo, le dijo que se quería casar con ella. Después fueron a casa de unos amigos al pantano de San Juan y en una de las tres noches que pasaron juntos se quedó embarazada.

¡Isabel se horrorizó! Se reía con Julio, le conmovía que la quisiera tanto... Pero no estaba enamorada. Le propuso irse a Estados Unidos y tener su hijo allí sin necesidad de casarse, pero Julio se negó en redondo. Se lo repetía su padre, que era ginecólogo, tanto a él como a su hermano Carlos:

-¡Si dejáis a una chica embarazada hay que cumplir y casarse con ella, como caballeros españoles que sois!

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La boda, el 29 de enero de 1971, fue un despropósito, fueron 1.500 personas, todos los vecinos de Illescas, se colaban los perros en la iglesia y hacían pipí contra las patas de los bancos, los fotógrafos empujaban a los familiares, se tuvieron que repetir tomas porque los focos no se encendían. Enrique Herreros, el mánager de Julio, le gritó al cura:
-¡Repita el discurso que no va el micro!

El padre José Aguilera protestó débilmente:

-Oiga, que esto no es un show.

Y Herreros rugió:

-¡Claro que es un show! ¡No ha habido uno mejor desde la boda de Sarita Montiel! ¡Desde la de Elvis Presley!

Así llamaban a la novia, ‘Presley’, nadie sabía aún pronunciar su apellido.

Isabel, tan tranquila siempre, se echó a llorar y el cura dijo:

-Nunca había visto a una novia tan triste.

¡Le daba miedo su futuro desordenado con aquel hombre al que apenas conocía! El viaje de novios a Maspalomas (Gran Canaria) –no había dinero para más– fue el momento de su matrimonio en el que estuvieron más unidos, aunque hay que señalar que apenas vieron la luz del sol. Luego lo acompañó de gira, viajando en aviones de mala muerte, en autobuses desvencijados por México, en pensiones con chinches, con contratos que no se cumplían... Iban con Alfredo Fraile y su mujer.

Alfredo me contó:

-Isabel todo lo aguantaba... No se quejaba nunca y a todo le encontraba su lado bueno.

Cuando llegó la hora de dar a luz, su suegro le dijo:

-Mira, Isabelita, tú te vas a Cascais y allí te atenderá un ginecólogo muy amigo mío.

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Y Julio le contó que los periodistas no se podían enterar de que se habían casado ‘de penalty’. ¿Cómo quedaría él? ¿Y ella, que vendía esa imagen de chica decente? La embarcaron como un fardo en un taxi, dio a luz completamente sola y Julio fue desde Albacete, donde estaba actuando, aguantó media hora para las fotos y, luego, mintieron diciendo que el parto se había adelantado y que la oronda Chábeli había sido ochomesina.

Aquí voy a dar un salto en el tiempo e introduciré un recuerdo personal. En Telecinco grabamos unos ‘Hormigas blancas’ dedicados a Isabel dirigidos por mi querida Carlota Corredera. Yo hablaba por las noches con Isabel y le contaba cómo habían ido las grabaciones. Un día le dije: “Hoy he visto que se va a comentar que te acostaste con Julio antes de casaros”. Le tembló la voz. “Pilar, eso es una mentira horrorosa, por favor, desmiéntelo… ¡Es una más de las calumnias que me dedican!”. Yo la creí y esa noche me batí como una jabata con el bueno de Jaime Peñafiel, que la conocía mucho mejor que yo y contaba que se había casado embarazada de dos meses. Al final, Jaime, que es hombre educado, se retiró con elegancia: “Lo que tu digas”.

Llamé a Isabel sintiéndome el caballero de la brillante armadura. Me dijo: “Muchas gracias, Pilar, has estado muy mona”. Yo aún protesté: “¿Pero cómo podía decir eso Jaime?”, y ella me contestó dulcemente: “Lo dice porque… es verdad”.

Sí, llamadme imbécil. Cierro paréntesis.

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Isabel llevaba una vida escondida, de ama de casa, de madre de familia. Tuvieron dos hijos más, cuidaba de ellos, todas las tardes la visitaba su suegro, que atravesaba por problemas matrimoniales, y su suegra también iba a vigilarla. Era amiga de Carmencita Martínez-Bordiú, pero tampoco mucho porque a su marido, Alfonso de Borbón, no le hacía gracia que salieran juntas. Julio siempre estaba de gira, pero por Navidades se encontraban en el aeropuerto de Madrid e iban juntos a Manila. Los periodistas aprovechaban y les hacían un reportaje. Pero un año Julio se retrasó –se había quedado dormido en brazos de miss Puerto Rico– e Isabelita estaba sola con sus hijos. El periodista le dijo que le iba a hacer una foto de todas formas para amortizar el desplazamiento a Barajas. Y cuál fue la sorpresa de Julio al ver que, a la vuelta de Manila, el rostro de Isabel estaba en todas las portadas. ¡No con él, sino sola y posando como una modelo!

En un ataque de rabia tiró todas las revistas al suelo, pero no sirvió de nada porque la carrera de Isabel estaba lanzada… A partir de entonces siempre tuvo que aparecer con su marido en las fotos y, con el tiempo, los reportajes, su popularidad, su fotogenia, llegarían a ser su medio de vida. Ocho años tardó Isabel en enterarse de que su marido le era infiel desde el primer mes de matrimonio. Se lo dijeron unos primos que vivían en Argentina: hacía vida marital con la actriz Graciela Alfano y nadie sabía que en España estaba casado. Al poco tiempo, lo sorprendió en el hotel Meliá con Virginia Sipl, a la que llamaba ‘La Flaca’. ¡Lo peor de todo es que no le dolió porque ya no lo amaba!

Fue a buscarlo al aeropuerto y le dijo que su matrimonio se había terminado. Julio, a pesar de todo y sabiéndose culpable, se quedó tan hundido que tuvo una depresión que lo llevó a cometer una locura. ¡Dicen que Isabel ha sido el gran amor de su vida y que nunca la ha olvidado!

Desde entonces, Isabel se ha casado varias veces, ha tenido hijos, ha llevado una vida movida e interesante, pero quién sabe si en el fondo no sigue siendo aquella niña que esperaba, hace 50 años, que su príncipe azul viniera a buscarla a lomos de su caballo. Porque, créanme ustedes, lectores, todo envejece menos el corazón.

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 21 May, 2020 12:33 am



Lola y Antonio Flores

Ay, mi Antoñito. ¡Tiene una gracia tremenda! Me dice: ‘Odio a Lola Flores, pero quiero a mamá’… porque yo le gusto ‘asina’, con mi bata de boatiné y un moñito cogido en lo alto de la cabeza con una horquilla”. Lola Flores, sentada en una butaca de la sala Scala de Barcelona, en un alto del ensayo de la tarde, suspiraba delante de mi magnetofón de cien kilos. “Yo quería que fuera abogado o arquitecto, pero no sé… Ahora se deja los pelos largos, que yo ya le digo que se los corte, pero no quiere. ¡Aunque se ducha cada día, eso sí, no vayas a creerte!”.

Claro que Lola Flores esa vez no iba vestida con bata de boatiné, sino con mucho joyerío de oro en cuello y muñecas, un conjunto blanco con pinta de caro, con botines, blancos también, y un abrigo de visón de color beige. “Tengo cinco”. Y su hijo Antonio no transitaba aún por las rutas de la droga. “Bueno, algunos porros se fumará pero no hacen daño, no son droga dura… Yo misma me he fumado bastantes y aquí estoy, tan bien y tan hermosota, con esta piel y este cuerpo que no se puede aguantar”. Y me arrimaba la cara: “Mira, pellizca, no se me puede coger la piel… Y nada de tironcitos, ¿eh?”. Se ponía de pie: “Y mira mi cuerpo, todo fibra”.

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Un cuerpo que, sin embargo, ya había sido atacado por el mal que habría de llevarla a la tumba doce años después, un cáncer de pecho que la obligaba a internarse, medicarse, y, cuando se creía curada, salir a los escenarios. Entonces, exigía a los periodistas que le tocaran un pecho, para que vieran lo bien que estaba. “Y todo es mío”. Pero volvía a recaer porque no se cuidaba. ¡Tenía tantas bocas que alimentar! ¡Y sus deudas con Hacienda! Debía sacar adelante a los suyos como fuera, y los suyos eran muchos, porque poseía una generosidad apabullante: a su ‘novio’, el Junco, le compró un apartamento en Sevilla, mantenía a las hijas de Antonio y a varios amigos desvalidos. Llevaba un bolso con dinero y, cuando se acababa el día, estaba vacío. Cuando ya no le quedaba más, daba hasta los billetes de lotería que había comprado. “Toma, hijo, a ver si te toca algo”.

El escritor José Luis de Vilallonga la llevó a París, a una consulta con el mejor oncólogo del mundo, en el instituto Pasteur. Le dijo que había posibilidades de cura, una operación, un tratamiento, unos meses retirada... “¿Meses?”, dijo ella. “¡No puedo!”. Y se fue tal como había entrado, aunque quizás ese doctor le hubiera podido salvar la vida. Pero lo que más le dolía era Antonio, su Antoñito, el sensible, el más artista, el vulnerable... El que no se parecía a nadie. ¡Un alma libre, un talento inconmensurable!

De los porros pasó a drogas mayores, la madre recorrió con él todas las estaciones de su vía crucis, se llegó a decir que era Lola la que iba a comprar la heroína a la Cañada Real para que no lo timasen. Y le dijo que quería pincharse con él, para que se diera cuenta del sufrimiento horrible que era ver morirse lentamente al que más amas. Para espantar sus demonios, Antoñito escalaba hasta la ventana de la habitación de su madre, se metía en su cama y hablaban toda la noche, de animales, de la vida, de la dureza de la vida, la madre lo abrazaba entre lágrimas. “Eres demasiado bueno para un mundo tan malo”. Le construyó una cabaña en el jardín, para que fuera independiente y no se marchara más lejos, pasó una buena época cuando estuvo con Ana Villa y tuvieron a su hija, Alba, pero al final el caballo, la pandemia del siglo XX, arrasó con todo. Era más fuerte que él.

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Lola aún salía al escenario, ahogándose, hinchada por la cortisona, con enormes picores y llagas en todo el cuerpo. Actuó en las Fallas de Valencia e hizo una última visita, genio y figura, al casino de Monte Picayo. Después se metió en casa y dijo: “Que nadie venga a verme, no puedo más”. Ya no había dinero, Lolita aportaba todo lo que podía, Lola se miraba en el espejo, sin peluca, con el cuerpo escuálido y gemía: “¡Ay, Lolita Flores, para lo que has quedado!”.

Lola se asfixiaba, pero sus pensamientos eran para Antoñito, siempre Antoñito, y si no quería irse, a pesar de sus sufrimientos atroces, era por ese niño, esa criatura descarriada, para no dejarlo desamparado. Era consciente de la inmensa carga que ponía en los hombros de su hija mayor, porque sus últimas palabras antes de morir fueron para decirle: “Hay que ver lo que te dejo...”. Poco antes había llamado a su marido y le había suplicado con su voz honda que apenas se entendía: “Te pido perdón por todo el mal que te he hecho”, y Antonio le contestó entre lágrimas: “No me has hecho nada, nada tengo que perdonarte”.

A las seis de la mañana del día 16 de mayo de 1995 murió en los brazos de su amiga más fiel, Carmen Mateo. Todos lloraban cuando llegó Antoñito gritando: “¿Dónde está mi madre?”. Cuando le dijeron que estaba muerta, pegó un puñetazo en la pared y se rompió la mano, que llevó escayolada hasta su propia muerte. Entró en la habitación de Lola y estuvo horas allí dentro, encerrado. Lo oían hablar, gritar, reñir, suplicar, cantar… Silencio.

No quiso ir al entierro. ¡Empezaba para él su tiempo de descuento! 15 días. En esos 15 días no comió ni durmió, vivía a base de tranquilizantes, bebía, adelgazó brutalmente. Tenía una novia azafata de televisión, pero dejó de verla. Las hermanas Chamorro, amigas suyas y de la familia, fueron a visitarlo e Irene se quedó a vivir en la cabaña.

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Antonio puso una foto de su madre y cada día le llevaba rosas, sus flores favoritas. Tuvo una última actuación en Pamplona, donde cantó con la voz rota y levantó la mano vendada al cielo, con unos ojos tan heridos que los periodistas no se atrevían ni a mirarlo. Se metió en la cabaña la noche del 29 de mayo. Fue Antonio Carmona a hacerle compañía y se quedó hasta las dos. Luego se echó una manta por encima y se acostó. Irene Chamorro, en su cama, dormía desde hacía rato.

A las 7 de la mañana se dio cuenta de que Antonio estaba inmóvil, plácidamente echado sobre el costado derecho, solo desordenada su larga cabellera. Salió gritando al jardín, llamaron a la doctora Pulido, del centro de salud de Miraflores, y cuando llegó ya estaba allí un equipo de la Cruz Roja. La doctora solo pudo certificar que Antonio González Flores tenía los pulmones encharcados y estaba muerto. A los 33 años. Una muerte que los periódicos atribuyeron al consumo de alcohol, barbitúricos y otras sustancias, debido a la depresión que arrastraba desde el fallecimiento de su madre. Guillermo Furiase, que ya se estaba separando de Lolita, aunque nadie lo supiera en ese momento, gritó: “¡pvta droga!”.

Lolita, abrazada a la manta que había cubierto el cuerpo de su hermano, se enfrentó a la prensa. Hablaron los taxistas que lo habían llevado a comprar heroína, se identificó al último camello que se la vendió, se especuló que si suicidio, que si sobredosis accidental… La respuesta era simple y la dio, una vez más, Lolita: “No sabía vivir sin mamá”. Ahora hace 25 años que se han muerto y estarán en el cielo porque el cielo, para ellos, era estar juntos.

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 14 May, 2020 12:58 am



Tamara y Chábeli

Cuando Isabel Preysler dio a luz a Tamara Falcó, el padre de Julio Iglesias, al que familiarmente llamábamos Papuchi, un nombre que inventó Alfonso Arús, nos dijo a los periodistas que ese nacimiento le ponía muy triste. Cuando le preguntamos la razón respondió, suspirando: “Porque el papá de Tamara, Carlos Falcó, que es un chico al que quiero mucho, es marqués y, cuando Tamara sea mayor, heredará el título”. ¿Y?, preguntamos sin entender. “¡Pues que la pobre Chábeli, que encima es la hermana mayor, será una plebeya toda la vida! ¡Su hermana aristócrata y ella, una simple plebeya! ¡Tendrá que hacerle reverencias y dejarla pasar antes por las puertas! ¡Infeliz Chábeli! ¿No entendéis que será muy traumático para la pobre niña?”. Sorprendidos, preguntamos la opinión al respecto del gran Julio, su hijo, el cantante: “Piensa lo mismo que yo… Chábeli es la niña de sus ojos, teme que se acompleje. ¡Le da pena esta diferencia de rango!”.

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Julio Iglesias y Papuchi

Y añadió: “Nosotros tenemos derecho a un título por parte de Charo, la madre de Julio, pero lo ha reclamado un sobrino y se lo han dado”. Papuchi nos hizo una tímida sugerencia: “Claro que los periodistas podríais ayudarnos”. Entusiasmados, preguntamos cómo y nos respondió, exaltado: “¡Haciendo presión! Pidiendo públicamente un título para Julio, ¡se lo merece más que nadie! ¡Y así las dos hermanitas el día de mañana serían marquesas, sin distinciones!”. Elucubramos un poco acerca de qué título merecía Julio, pero el padre lo tenía muy claro: “Marqués de Orense. De allí viene mi familia y Julio ha paseado nuestra tierra por todo el mundo con su ‘Canto a Galicia”.

Era una época en la que el rey empezaba a conceder títulos no relacionados con la política y la idea no parecía descabellada. Julio Iglesias, cuando se le planteaba la cuestión, fingía no saber nada, pero añadía: “Ahora que lo dices, sería bonito… y lo recibiría con mucha honra”. Lo cierto es que este objetivo se convirtió en una obsesión para el padre de Julio. La periodista Maruja Torres, quien realizó un reportaje y más tarde un libro sobre una gira de Julio por EE UU, contaba que Papuchi la perseguía por el jardín, apuntándole: “Di que le den un título a Julio, se lo merece… Lo llevaría con orgullo. Es el único que haría buen papel como marqués porque es un señor y viste muy bien… ¡No se lo van a dar a esos comunistas, Víctor Manuel y Ana Belén, a Aute o a Serrat, digo yo!”. Lo cierto es que el rey estuvo a punto de concederle un marquesado a Julio Iglesias, incluso se consultó si procedería a Juan Balansó, experto en títulos nobiliarios y escritor, y Balansó dijo que claro que sí, que la reina de Inglaterra ennoblecía a artistas como Laurence Olivier o John Gielgud. Pero que, quizás antes de concedérselo a un cantante de música ligera, sería conveniente dárselo a un divo de la ópera como Alfredo Kraus, Montserrat Caballé o… ¡Plácido Domingo! Al final se optó por hacer marqués de Salobreña al guitarrista Andrés Segovia y el título a Julio Iglesias fue desestimado. Papuchi se puso triste: “Estuvimos a punto, mecachis… Seguro que se metió por en medio algún hijo de p... que le tenía envidia a mi chico, ¡algún comunista de esos!”.

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Tamara

Estoy segura de que estos días en que Tamara es ya marquesa de Griñón como auguraba su abuelastro, Julio habrá recordado este episodio de su azarosa vida y habrá brindado con un vino de cosecha propia por ese padre suyo que está en los cielos.

Por cierto, en el caso de que hubieran hecho marqués a Julio Iglesias, Isabel Preysler hubiera entrado en el libro Guinness de los Récords por haber hecho casi pleno. ¡Tres de cuatro! ¡De cuatro maridos, tres marqueses! Julio, Griñón y Vargas Llosa, al que concedieron el título de marqués de su apellido en 2011, aunque él declaró en ese momento que siempre seguiría siendo plebeyo de corazón.

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Lola Flores

Conste que Julio Iglesias no ha sido el único artista que ha reclamado un título nobiliario. En los años 60, Franco dijo que la mejor aristocracia era la del trabajo. Lola Flores se lo tomó al pie de la letra y le pidió que le concediera el título de marquesa de Torres Morenas. Lo solicitó insistentemente a través de las páginas de los diarios, acababa de nacer su hijo, y explicó que le haría mucha ilusión que heredara el marquesado. Nadie sabía muy bien de dónde venia el nombre, que inventó el periodista Antonio Olano. Se dijo que esas Torres Morenas eran sus legendarios muslos. Quizás esta alusión tan explícita no gustó al dictador, que, sin embargo y según decían, bebía los vientos por otra folclórica, Juanita Reina, pero en plan platónico, ya que doña Carmen vigilaba mucho. También el bailarín Antonio me confesó que quería ser marqués del Martinete, que era un baile de su creación. Me lo dijo para que lo publicitase en Interviú, con éxito nulo, todo hay que decirlo, porque en esa época el genial bailarín se había convertido en un apestado por contar públicamente sus amores con la duquesa de Alba.

Otros artistas fueron o son nobles porque les venía de familia, como Luis Escobar, que era marqués de las Marismas del Guadalquivir, Raphael, que es marqués de Santo Floro consorte, pues la titular es su mujer Natalia Figueroa, Bertín Osborne, hijo del conde de Donadío, o Mari Trini, que hubiera podido reclamar el título de marquesa de Peñacerrada. El escritor José Luis de Vilallonga heredó el marquesado de Castellbell de su padre, con el que no se hablaba. Y Jaime de Mora y Aragón, además de hermano de la reina Fabiola de Bélgica, hubiera podido ostentar un título, pese a que estaba peleado con su familia y su hermana había conseguido que le prohibieran la entrada en Bélgica. Aun así, en Argentina, donde vivió varios años y se ganaba la vida con la lucha libre, figuraba en los carteles del Luna Park con el seudónimo de ‘El Conde’. Salía a pelear con capa española y sombrero, besaba la mano a las señoras de primera fila y, en esos combates amañados, era el bueno y elegante que acababa ayudando a levantarse a su oponente, un armenio feo y ordinario, después de haberlo tumbado con una llave (fingida) de karate. “La gente me adoraba, pero a mí me daba pena el armenio y terminaba regalándole la mitad de mi bolsa”, me contaba Jaime. Era lo que se llamaba ‘ovejas negras’ o ‘chicos mal de casa bien’. Nada que ver con la dulce Tamara, cuya máxima travesura ha sido participar en ‘MasterChef’. De momento.

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por MIENTES PILARICA » Vie 08 May, 2020 6:28 am

Antonio Ordonez NUNCA dio 1 ''taco de entradas de la corrida goyesca'' a su hija Carmina. Antonio Ordenez NUNCA CONFIO EN NINGUNA DE SUS 2 HIJAS. EN LOS TIEMPOS DE ANTONIO ORDONEZ, SE VENDIAN LAS ENTRADAS DE LA CORRIDA GOYESCA POR LO MENOS 2 SEMANAS ANTES DE QUE SE CELEBRARA ESA CORRIDA. RONDA SIEMPRE RECUERDA QUE FUE PEDRO ROMERO EL QUE DIO FAMA A RONDA Y ESA CORRIDA GOYESCA SE CELENBRA CADA ANO EN HOMENAJE A PEDRO ROMERO.

Otra de tus mentiras que te he pillado. Como cuando hara mas de 1 ano…? escribistes que Carmina Dominguin te dijo que su cunado Juan de la Palma, se suicido tirandose por 1 ventana. Cuando cualquier persona puede comprobar en GOOGLE que Juan de la Palma se suicido con 1 monton de tabletas.

Si Carmina Ordonez se fotografio desnuda de cintura para arriba NO FUE PARA PAGARLE AL PADRE ESE '' TACO DE ENTRADAS'' PARA LA CORRIDA GOYESCA.

ANTONIO ORDONES SE ESCANDALIZO CUANDO VIO COMO SUS HIJAS CARMINA Y BELEN, EN MENOS DE 1 ANO, TIRARON LA FORTUNA QUE LES DEJO SU MADRE. POR ESO ANTONIO ORDONEZ DEJO MUY POCA FORTUNA A SUS 2 HIJAS Y LA MAYOR PARTE DE LA FORTUNA SE LA DEJO ORDONEZ A SU NIETO FRAN CON EL ENCARGO DE QUE CUIDARA O ASISTIERA A LA FAMILIA SI LO NECESITABA. COSA QUE HA CUMPLIDO FRAN.
AHORA BIEN, ANTONIO ORDONEZ NO TENIA NI QUERIA A JULIANCITO CONTRERAS NI A BELENCITA, HIJA DE SU HIJA BELEN.NO OBSTANTE, ANTONIO ORDONEZ CREO QUE LE DEJO 1 MILLON DE DUROS O DE EUROS...? A JULIANCITO CONTRERA Y A BELENCITA.
MENUDA FORMO TU GUAPA CARMINA CUANDO SE LEYO EL TESTAMENTO DE SU PADRE QUE QUISO RECURRIRLO, PERO NO TUVO EL APOYO DE SU HERMANA BELEN Y NO DIGAMOS COMO TU GUAPA CARMINA INSULTO A LA SEGUNDA ESPOSA DE SU PADRE.

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 07 May, 2020 2:56 am



El día 2 de mayo hubiera cumplido 65 años! Carmen Ordóñez Dominguín, a quien la prensa llamaba Carmina Ordóñez, hoy sería una señora que podría salir a pasear en la franja de 6 a 10 de la mañana y de 8 a 11 de la noche y que, estoy segura, conservaría intacta su legendaria belleza. Cuando la conocí, en casa de sus padres en Ronda, su hermana Belén me había advertido: “¿Tú sabes Sofía Loren, la virgen de la Macarena, la emperatriz Soraya y Ava Gardner? Pues mi hermana, más”. Cuando llegó en un coche destartalado, con sus dos niños, en medio de una nube de polvo, me quedé sin respiración.

Era una belleza sin artificios, con la piel marfileña levemente azulada debajo de los ojos negrísimos y los labios muy rojos y sensuales, como si se los hubiera mordido. Llevaba el pelo medio recogido y parecía una beldad antigua de calendario.

Estaba recién separada de Paquirri y me saludó con dos besos cálidos y apresurados: “Ya os conozco de Marbella, tú eres la que das palmas a la catalana”, y nos reímos porque en los tablaos todos se cachondeaban de mi poca gracia para seguir el ritmo. Ella siempre era el centro, y no solo por ser guapa, sino por la alegría de vivir que desprendía, su desenvoltura, su naturalidad, lo generosa que era con todo el mundo, lo buena gente. Salía con el playboy local Antonio Arribas, el hombre más simpático que he conocido, pero un golfo sin remedio y sin un duro. Yo ese verano estaba pasando unos días en el Recreo San Cayetano porque estaba escribiendo una especie de memorias de su padre, Antonio Ordóñez, que iban a salir por capítulos en Interviú. En la revista acababan de sacar a Carmen desnuda de cintura para arriba y temíamos que nos cerraran las puertas, pero la verdad es que no nos comentaron nada y Carmen madre, que ya padecía el cáncer de pecho que la llevó a la tumba, me cuidó amorosamente cuando cogí uno de esos resfriados persistentes de verano, y me regaló unos cojines hechos a punto de cruz que todavía conservo.

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También estuve el día en el que Javier Escobar, el mítico dueño de la agencia Buque, le dio su primera oportunidad como modelo en Barcelona. No lo hacía muy bien, pero de todo te olvidabas cuando contemplabas su rostro y su forma de moverse. En esa época ya le había cogido gusto a las exclusivas y se desplazaba siempre con la periodista Mayka Vergara. Pero nosotros nos colábamos en el taxi, le hacíamos preguntas, como era tan educada nos contestaba, y Mayka le pegaba bronca. Una noche estuvimos tomando copas en Bocaccio –yo varias y ella pocas, porque no bebía mucho alcohol– y me confesó lo que había pasado con su desnudo en Interviú.

Su padre les había dado un taco de entradas para la corrida goyesca de Ronda que organizaba todos los años, y Arribas se había gastado el producto de la venta. Habían tenido que realizar el reportaje para poder entregarle el dinero a su padre, y me dijo que nunca se había sentido más humillada que ese día. “No lo voy a hacer más”, repetía obsesivamente una y otra vez, y me explicó que había tenido pesadillas porque Paco le hubiera podido quitar a sus hijos. Desde entonces, buscaba las mil y una maneras para ganarse la vida, hacía de relaciones públicas para un local de Ruiz Mateos en Sevilla, “y venderé todas las exclusivas que haga falta”. “Vestida, por supuesto”, le dije, y se echó a reír porque tenía mucho sentido del humor: “Sí, vestida”. También me contó que su adorada madre estaba muriéndose y que no sabía cómo iba a poder vivir sin ella.

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Cuando a Paco lo cogió el toro Avispado ella estaba en Madrid, ya casada con Julián Contreras. La llamé y me citó en su casa de Sevilla. Iba vestida de blanco. “Su viuda, digna y dolorida, es Isabel Pantoja”, y me dijo: “Ahí, donde estás sentada, le tuve que contar a Francisco, un hombrecito de diez años: ‘Papá se ha ido al cielo vestido de torero...”. Llevaba cinco años separada de Paquirri: “Solo recuerdo las cosas buenas y le estoy muy agradecida a Isabel por lo bien que se ha portado estos años con mis hijos…”. Le pregunté si se habían visto: “No quise ir al funeral porque no era mi lugar, pero ayer estuve en su casa y sobre la cabecita de los tres niños nos comprometimos a que seguiríamos unidas por su bien”.

Ya se hablaba entonces de una herencia cuantiosa, pero cuando se lo comenté, Carmen tuvo un gesto elegante con la mano que me hizo sentir como una arpía, aunque luego el tiempo me haya dado la razón: “El dinero de Paco no me importa nada… No lo necesito porque tengo mi trabajo y Julián va a grabar un disco con una compañía muy importante… Hay la parte de mis hijos, la que marca la ley, voy a coger un abogado para que defienda sus intereses, claro está, porque yo no quiero mezclarme en eso, pero confío en Isabel”. En la casa se oía el llanto de un bebé, Carmen me aclaró: “Es Pituchi, la hija de mi hermana Belén, ¡vaya temporada horrible llevamos!, primero mamá, luego Curro, el compañero de Belén, que ha muerto de leucemia, y ahora esto... A veces tengo ganas de hundirme, pero debo luchar por mis hijos y para que no se olviden de su padre y estén orgullosos de él”.

Luego, la vi pocas veces, siempre ya en los platós de televisión, donde nos abrazábamos y recordábamos a su madre y nuestros días felices de juventud. También me pedía que le enviara fuet de Vic: “Chica, no me puede gustar más”. Hoy esa mujer generosa, que amaba tanto este mundo que lo apuraba más allá de sus posibilidades, habría cumplido 65 años. Me la imagino celebrando una gran fiesta rodeada de gitanos y flamencos, de sus hijos y sus nietos, levantando su copa por los vivos y los que ya se han ido, en ese canto a la vida que fue su existencia. Pobre mariposa, que de tanto acercarte a la luz, te quemaste las alas.

NO ES POR MALDAD - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Mié 29 Abr, 2020 8:45 pm



Todo lo eligió Letizia. Por una vez hicieron las cosas bien en Zarzuela y se dieron cuenta de que no había nadie mejor para organizar las dos apariciones de Leonor y Sofía en televisión –las primeras de su vida– que Letizia Ortiz, que no solo es la madre, no solo es reina, sino que ha trabajado en el medio y conoce perfectamente cómo funciona. La lectura del Quijote tenía que ser el primer y único acto.

Se decidió después de varias conversaciones y un tira y afloja entre Letizia y el staff de Zarzuela, esos señores en la sombra que mueven los hilos de la intendencia de las casas reales a los que la duquesa de York calificaba de “hombres de gris”. A Letizia no le parecía que la lectura del Quijote fuera a aportar nada a los niños de España y prefería un acto más distendido, pero los “hombres de gris” dijeron que ni pensarlo, que no se podía exponer a la princesa de Asturias a la más leve crítica y que lo mejor en estos momentos tan difíciles era recurrir a lo que nunca falla: El Quijote.

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Claro que, cuando se anunció el acto en el que iban a participar Leonor y Sofía, surgió una inmensa avalancha de críticas por la frialdad del mensaje, críticas que Letizia se apresuró a poner en conocimiento de los “hombres de gris”. Y, con esa mano izquierda que ha adquirido después de dieciséis años de tira y afloja con ellos, propuso añadir una comparecencia de las princesas un par de horas después, en apoyo de los sanitarios y de los niños de España confinados en sus casas desde hacía cinco semanas.

Fue un acierto, pues hasta los acérrimos enemigos de la monarquía, tuvieron que callarse. Ahí se le dio carta blanca con un suspiro de exasperación. Letizia eligió los modelos, huyendo de los vestiditos infantiles que hasta ahora lucían las princesas, propios de niñas que aún no se han desarrollado. Y optó por dos camisas de Zara, sin entallar, pero que tampoco trataban de ocultar que se han convertido en dos adolescentes espléndidas. Azul para la moderna expresividad de Sofía, rosa para los rasgos más clásicos de Leonor. La espesa melena heredada de la parte Ortiz, porque los borbones tienen un pelo escaso y rizoso, lucía en todo su esplendor, sin esas trencitas aniñadas que creo que ya no vamos a ver nunca más.

Los mensajes se grabaron en su casa, es decir, no se desplazaron a la Zarzuela primitiva, donde residen los abuelos y están los despachos en que Felipe y Letizia suelen realizar sus audiencias por vía telemática. Para el fondo, Letizia no tuvo dudas: si salía alguna escena doméstica, el cuarto de estudio, la cocina, despertaría críticas. El sofá de color beige, donde se sentaron para leer el Quijote, está en un lugar secundario del salón, tiene detrás una pared neutra y un enorme cuadro abstracto, que se descolgó para que no se viera. Y de pie, y en esa misma pared de fondo, se realizó la segunda comparecencia.

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La dicción de las princesas fue buena pero no forzada, buscando la naturalidad ante todo, aunque tiene más mérito la segunda aparición pues se preparó en pocas horas. No había peluquero ni maquillador ni estilista y fue la propia Letizia la que tuvo que maquillar levemente a sus hijas: base, gloss en los labios y oscurecer un poco las cejas, ya que ambas las tienen muy rubias. También llevaban un ligero toque de rímel en la punta de las pestañas.

Ellas mismas se peinaron. Las camisas se habían elegido en la tienda online de la marca y se recibieron pocos días antes. Las dos iban con pantalones vaqueros, aunque no se vieron. Probablemente la abuela Paloma esté confinada también en Zarzuela, ya que vive más allí que en su propia casa, pero no tengo constancia cierta de ello. Quienes no aportaron nada a esta comparecencia fueron los reyes eméritos, que se tuvieron que limitar a ver a sus nietas por televisión. Separados, pues Juan Carlos y Sofía, aunque están en el mismo recinto, siguen sin verse. Después Sofía, siempre tan atenta, les escribió un mensaje de felicitación.

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Sofía está confinada en sus estancias con su hermana, la inseparable princesa Irene, que tiene su habitación fija con un gabinetito. Dos hermanas muy unidas… tanto como puedan estarlo Leonor y Sofía, aunque sus circunstancias han sido muy distintas. Las princesas españolas se han criado entre algodones, pero Irene nació en plena guerra mundial, en Sudáfrica, donde estaba exiliada la familia real griega. Eran tan pobres que llegaron a comer hasta la hierba de los caminos. No podían alimentar al bebé recién nacido y le tenían que dar una lata de carne a cucharaditas. Durante cinco años vivieron en veintidós casas de varios países porque nadie quería a los reyes de esa Grecia que circulaba por las carreteras secundarias de la historia. Su dura infancia unió a las hermanas para toda la vida, y Sofía siempre ha intentado proteger a su hermana pequeña, en la que se ha cebado la mala suerte.

Una Irene jovencita se enamoró de su primo Mauricio de Hesse, que la dejó por otra. Después, se hizo ciertas ilusiones con el irresistible don Juanito, que coqueteaba con ella antes de decidirse por Sofía. Y luego ha tenido algunos noviazgos discretos. Jesús Aguirre, más tarde duque de Alba, la pretendió mientras fue director general de música, la invitaba a conciertos y se carteaban, hasta que Juanito lo llamó: “Oye, tú, a mi cuñada la dejas en paz”. Luego mantuvo un noviazgo truncado también con el embajador Guido Brunner. Sofía le cedió su parte de la herencia familiar, que la princesa gastó en un proyecto benéfico en la India que no salió bien. Desde entonces, discreta y callada, vive a la sombra de su hermana. Los sobrinos la llaman ‘tía Pecu’ por sus originales ideas, que expresa en un castellano todavía peor que el de Sofía. Un visitante de Zarzuela, amigo del rey, me contó que una vez se había perdido por el palacio y había ido a parar a las estancias particulares de Sofía: “Solo iluminadas por una lámpara de pie, estaban cenando las dos hermanas en una mesa camilla, vestidas de negro… En silencio y sin esas sonrisas profesionales que siempre exhiben en público parecían dos ancianas. ¡Se las veía tan griegas! Me impresionó la escena”. ¿Cuál será el futuro de las hermanas Borbón Ortiz? ¿Sentirá celos Sofía ante el destino de Leonor, como los sentía doña Pilar hacia Juan Carlos? Le “daba mucha rabia que, de pronto, porque iba a ser rey, mi hermano pequeño se llevara todas las atenciones”. ¿O pensará como don Alfonsito, el malogrado hermano de su abuelo, que rezaba cuando Juanito se embarcaba para que no tuviera un accidente y le tocara ser rey a él? Creo que han pasado con nota su primera aparición pública y que no debe ser más que el principio. Cuando don Juan Carlos le preguntó, angustiado, a Franco qué debía hacer para que lo quisieran los españoles, Franco le contestó: “Muy fácil, alteza, viajad y que os conozcan”. Era Franco, vale, pero el consejo está muy bien.

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