UNA NOCHE EN LA OPERA

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UNA NOCHE EN LA OPERA

Mensaje por Invitado » Dom 22 Mar, 2020 4:05 am

Re: UNA NOCHE EN LA OPERA

Mensaje por Assia » Lun 16 Mar, 2020 2:27 am

Gracias '' Invitado'' por el buen gusto que tienes por la opera. Seguro que en lectura tendras el mismo buen gusto que tienes por la musica.

UNA NOCHE EN LA OPERA

Mensaje por Invitado » Lun 16 Mar, 2020 1:08 am

UNA NOCHE EN LA OPERA

Mensaje por Invitado » Dom 15 Mar, 2020 3:16 am

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Plácido Domingo, en septiembre de 2015, en el Dorothy Chandler Pavilion de Los Ángeles. Art Streiber August


Plácido Domingo, la caída del divo

Plácido Domingo jamás llegó a imaginar un final tan oscuro para su carrera. De leyenda viva de la ópera ha pasado a enfrentar el ocaso, al borde de sus 80 años, acusado de acoso sexual a 27 mujeres en Estados Unidos. Esta es la crónica de una caída. Y la historia paralela de un seguimiento periodístico, con varios encuentros y desencuentros desde el pasado verano.

Jesús Ruiz Mantilla


Hasta para la caída, Plácido Domingo ha preferido cierto sentido del espectáculo. Una épica del patetismo, podríamos decir. A pesar suyo y a conciencia, una vez con las cartas boca arriba. Con pulso incluido. Con tensión, con drama. En escena, reivindicándose, y en público, autoinculpándose. Sin dejar a nadie indiferente. Con acérrimos defensores y voraces detractores. Todo antes que precipitarse en la indiferencia, en el olvido.

¿Caerá Plácido en el olvido? Por lo que su última temporada ha provocado entre sus seguidores, sus admiradores, enemigos, en los teatros, entre sus colegas y en las redacciones de los medios de comunicación, parece que, por ahora, no. Algo ha obsesionado al cantante desde un punto muy temprano en su carrera: la construcción de una leyenda. Pero hasta para eso, las leyes y las narrativas han cambiado de forma abrupta en el siglo XXI respecto al anterior. De ensalzar hechos de santos hemos pasado a exhibir las virtudes del diablo. Dos ejemplos de esa técnica son la biografía de Steve Jobs escrita por Walter Isaacson y la serie The Crown, sobre la reina Isabel II. Ensalzan el mito apoyados en sus mayores debilidades —incluso miserias— humanas. De haber entendido eso Plácido, habría dejado de intentar vendernos esa imagen de supermán beato que ha recibido la bendición de cinco papas —literal— y en la que se ha empeñado a conciencia. Quizá tampoco anduviera hoy tan desconcertado como lo vimos en diciembre pasado al entrevistarle en Valencia.

La pregunta que muchos nos planteamos ahora es: ¿quién es? ¿Hasta qué punto debemos separar sus logros de sus desmanes? ¿Cómo recordarlo? ¿Dónde enmarcarlo desde esta nueva perspectiva: como figura crucial del arte y la música o como un acosador sexual que se sentía intocable? ¿Las dos cosas a la vez? ¿Cuánto de autenticidad y de hipocresía lo ensalzan y lo hunden al tiempo?

El periodismo es atestiguar: desde el pasado julio hasta ahora hemos podido contemplar lo que ha sido su descalabro siguiéndolo de cerca. Con encuentros y desencuentros. En el último, aún me echaba en cara: “¿Por qué tienes que escribir esas cosas de mí? Es innecesario”. No era la primera vez que me lo reprochaba.

Desde Madrid a Salzburgo y en su regreso a España, lo fuimos observando. La pesadilla empezó en verano de 2019 con la que ya será seguramente su última aparición en el Teatro Real. Perpetró una versión horrenda en concierto de Giovanna d’Arco. Domingo salió a escena tocado. Se había destapado días antes el chantaje al que la Iglesia de la Cienciología lo había sometido a él y a su familia. Lo confesó su antigua nuera, Sam, divorciada de su hijo Plácido, en la prensa británica. Al parecer, tuvieron que pagar hasta dos millones de dólares para ver a sus nietos.

Aunque muchos han despertado después teorías conspiranoicas que él mismo ha desmentido, eso quedó atrás ante la gravedad de lo que se destapó el 13 de agosto y el 5 de septiembre: 20 mujeres, a través de la agencia Associated Press, lo acusaban de acoso. La lista ha aumentado a 27, según la investigación aún no hecha pública del Sindicato de Artistas de Ópera de Estados Unidos (AGMA, en sus siglas en inglés). Esta concluye que las acusaciones son ciertas y van desde “el flirteo hasta proposiciones sexuales, dentro y fuera del ámbito de trabajo”. A todo ello se ha sumado la öpera de Los Ángeles, que tras la investigación pertinente anunció el miércoles 10 que veía indicios de algunos hechos.

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Plácido Domingo en Sevilla. Marisa Flórez

Comenzaba pues en verano la caída. Primero, de los escenarios: se sucedieron las cancelaciones en Estados Unidos mientras que en Europa se mantenían aún sus actuaciones. Los medios también se dividieron entre ataques y desagravios. Los periodistas buscaban incidentes similares en otros países, pero nada se encontró fuera de Estados Unidos, seguramente por una razón sencilla: los casos se habían dado en las óperas de Washington y Los Ángeles, los lugares donde tenía el poder de decidir contratos.

La cantante Patricia Wulf —la única junto a Angela Turner Wilson que ha dado su nombre— lo describió como “un depredador”, que la persiguió hasta conseguir acostarse con ella. “¿Cómo le dices ‘no’ a Dios?”, dijo Wulf. Mientras, en España, colegas suyas admitían su donjuanismo, pero insistían en que por delante prevalecía su condición de caballero. Don Juan… Curioso. En la propia visión que Plácido Domingo tiene del personaje podemos hallar pistas. Desde que se recicló en barítono al borde de sus 70 años, muchos le han preguntado por qué no se metía en la piel del personaje de Mozart. Lo más cerca que ha estado de hacerlo fue con Gustavo Dudamel en Los Ángeles. Pero hasta ahora, él lo ha rechazado. “No me gusta el personaje. Me parece antipático a menos que encuentre yo la posibilidad de hacerlo simpático. ¿Cómo podría conseguirlo? No es fácil”, le confesaba a Rubén Amón en su biografía Plácido Domingo. Un coloso en el teatro del mundo (Planeta).

Hasta ese punto alcanza la complicidad paradójica de Plácido. No hacer Don Giovanni suponía una cuestión de comodidad moral para quien ama el riesgo. Pero no hasta el límite de enfrentarse de esa forma a sí mismo ante el crudo espejo que le colocan delante Mozart y su libretista, Lorenzo da Ponte. Quienes sí se han enfrentado a varios dilemas a raíz de su caso han sido otros. Los teatros, para empezar. Los medios, la crítica y los aficionados, también. El caso Plácido nos ha colocado frente a un dilema. ¿De qué manera las acusaciones perforan lo que de digno queda en la leyenda? ¿Vale aún la leyenda?

La defensa de algunos de sus colegas fue cerrada. La soprano Ainhoa Arteta hablaba en estos términos: “Yo me niego a referirme a él como acosador. Es respetuoso, cariñoso con todo el mundo, no solo ya con las mujeres que le pudieran gustar. Mientras no se demuestre lo contrario, para mí esto es una caza de brujas”. Nicoletta Mantovani, viuda de Luciano Pavarotti, también respondía a El País Semanal sobre quién fue el rival y luego aliado de su marido. No ha querido borrar el testimonio de Domingo del documental recién estrenado sobre el tenor de Módena, dirigido por Robert Zemeckis. “Plácido ha sido un gran amigo y una gran ayuda, el primero en decir que sí a nuestros proyectos cuando se lo hemos pedido. Le quiero mucho, hemos convivido con él. Solo puedo estar a disposición suya, me resulta insensato este ataque”.

El tenor Javier Camarena elevaba el debate y hablaba de las consecuencias que el caso pueda llegar a tener en la profesión: “Este asunto debe hacernos reflexionar. Para eso sirve la lucha feminista. La cosificación, tanto en mujeres como hombres, existe. Hay que pelearlo: un trato digno y justo, es lo que tiene que cambiar en muchas mentalidades. Tal vez se llegue a establecer un protocolo de qué cosas se pueden llevar a cabo en escena, hasta en los contratos. Pero también eso forma parte y se debe regir por el sentido común. Yo no le pongo una mano a una compañera en ninguna acción del escenario si no nos hemos puesto de acuerdo antes por el bien del espectáculo”. Aun así, Camarena siente pena por lo que le está ocurriendo: “Es muy triste toda esta situación, creo que hay gran diferencia entre una declaración y una denuncia. En todo caso, lo que espero es que se haga justicia en el amplio sentido de la palabra. Siempre he visto en él un comportamiento muy educado con las colegas que estaban en escena. Es lo que a mí me consta”.

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Plácido, como Otelo, en el Met. Markus Schreiber AP

Mientras, Plácido forzaba en cada aparición la dimensión amenazada de su propio mito. Salzburgo se convirtió en la primera prueba. Y allí estuvimos. La capital austriaca, 12 días después de la primera publicación de las acusaciones, le resultó un punto de inflexión. No todo estaba perdido. Cuando apareció en escena para cantar Luisa Miller en versión concierto en la Festspielhaus, el público en pie lo aclamó sin que abriera la boca. Era un Plácido completamente distinto al que encontramos en julio en el Teatro Real de Madrid. En Salzburgo vimos a un Domingo resucitado sobre las cenizas de la peor versión en escena de sí mismo. “Salí con rabia, estaba muy reciente el caso, aparecí con ganas de decir: ‘Aquí estoy, esto es lo que he hecho toda mi vida”, nos confesó en diciembre en Valencia.

La división global en torno al caso quedaba servida. Y con el caso Weinstein en medio, ese sí en los tribunales, azuzando el debate. Exactamente igual que en Salzburgo reaccionaron en octubre en Zúrich y en diciembre en Valencia, cuando se metió en la piel del rey Nabucco. Y días después, en otro templo: La Scala de Milán, que le rindió homenaje en el 50º aniversario de su debut con una ovación cerrada de 20 minutos.

Nunca se había debatido con más pasión en todos los foros sobre Plácido Domingo. Ni las discusiones sobre sus hazañas o errores de trayectoria y musicales provocaron tamañas trifulcas. La cuestión rebasaba lo artístico y se trasladó a lo icónico. Hemos mantenido debates de calado incluso para ilustrar el presente reportaje. Plácido nos movía hacia adelante y hacia atrás. Nos ponía a prueba de riesgo y frenada. Nos planteaba dudas y nos imponía obstáculos a salvar: éticos, profesionales.

Más que nunca tocaba seguir el rastro. Preguntar en el mundillo y fuera. Plantarse en los lugares claves donde fuera a cantar, arrancarle algunas declaraciones más allá de comunicados oficiales como este: “Las acusaciones de estos individuos no identificados que datan de hasta 30 años atrás son profundamente inquietantes y, tal como se presentan, inexactas. Sin embargo, es doloroso escuchar que puede haber molestado a alguien o haberles hecho sentir incómodos, sin importar cuánto tiempo atrás y a pesar de mis mejores intenciones. Creía que todas mis interacciones y relaciones siempre eran bienvenidas y consensuadas. Las personas que me conocen o que han trabajado conmigo saben que no soy alguien que intencionalmente dañaría, ofendería o avergonzaría a nadie. Reconocemos que las reglas y estándares por los cuales somos, y debemos ser, medidos hoy son muy diferentes de lo que eran en el pasado. Tengo la suerte y el privilegio de haber tenido una carrera de más de 50 años en la ópera y me mantendré en los más altos estándares”.

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Plácido Domingo, a la izquierda, con José Carreras y Luciano Pavarotti, los Tres Tenores. Richard Haughton AP

Las palabras datan del 13 de agosto, cuando saltó la primera publicación de AP con nueve víctimas. ¿Qué hacer con algo así? Si falla estrepotisamente la sintaxis gramatical en un texto traducido literalmente. Eso sí, el cantante no niega la mayor. Incluso va más allá en febrero, cuando el sindicato AGMA anuncia sus conclusiones. Tras el informe, que al cierre de este reportaje no se había publicado —El País Semanal lo ha pedido y no ha obtenido respuesta, mientras que al Teatro Real se lo han negado—, Plácido Domingo lanzó otra declaración: “Me he tomado un tiempo durante los últimos meses para reflexionar sobre las acusaciones que varias compañeras han hecho en mi contra. Respeto que estas mujeres finalmente se sintieran lo suficientemente cómodas para hablar y quiero que sepan que realmente lamento el dolor que les causé. Acepto toda la responsabilidad de mis acciones”.

Entre el primero y este segundo comunicado median siete meses y varios acontecimientos. Quizá también 500.000 dólares. Los que, según The New York Times, Domingo habría estado dispuesto a desembolsar al AGMA para minimizar los daños. Pero han sido sus propias palabras las que le han acarreado más consecuencias. De la fase en que algunos se enrocaron de defensa cerrada pasamos a la queja y a la decepción: había dejado en evidencia a amigos, medios y, lo que es más grave, teatros como el Real que salieron públicamente en su defensa el pasado verano, casi sin venir a cuento.

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Plácido Domingo con su esposa, Marta Ornelas y su hijo Plácido en Madrid. Carlos R. Alvarez Getty Images

Todo ha acarreado serias consecuencias. Los teatros españoles rompían la posición europea y cancelaban compromisos con el artista. Todos sus citas: en el Palau de les Arts de Valencia, en el festival de Úbeda, en los teatros de La Zarzuela y el Real de Madrid, la ciudad en la que nació hace 79 años. El lugar donde pensaba retirarse al cumplir los 80, en enero de 2021.

Quizá no llegue a tanto encima de un escenario. Seguramente habría debido decir adiós mucho antes. Resultaba tentador aconsejárselo. Cuando entre todos los periplos aterrizó en Valencia para hacer Nabucco, nos concedió una entrevista. Sentía la necesidad imperiosa de reivindicarse. Pero no encontré al Plácido seguro de sí mismo de otras ocasiones. Era el Domingo aturdido, rabioso, desconcertado, sin norte, que matiza y matiza sin fin sus posiciones en privado y en público. Con el objetivo de que ambos nos sintiéramos cómodos, le propuse un pacto: “Para que yo pueda preguntar lo que debo y usted responder lo que considere oportuno, podrá matizar por escrito todas sus respuestas. Le daré una copia”. Nos lo permite el Libro de estilo de EL PAÍS. Aceptó.

Aquel Plácido andaba tocado. Lejos del que hace tan solo cuatro años protagonizara anécdotas propias de un desacomplejado divismo. Aquí una que lo ilustra bien: cuando Pedro Sánchez se enrocó en el famoso “no es no” que lo hundió a corto plazo y lo catapultó después, le dijo a él y a su mujer, Begoña Gómez, en presencia de unos comensales cercanos al cantante: “Mira que sois guapos, verdaderamente guapos…, pero en España ¡tiene que gobernar Rajoy!”. Ese era el Domingo acostumbrado a tratar con mandatarios y decidir cuestiones de políticas culturales tanto en Madrid como en Washington y Los Ángeles. El que departía con la reina de Inglaterra o con varios presidentes de Estados Unidos. El que había recibido la bendición de cinco pontífices —desde Juan XXIII al actual— o contaba entre sus líderes favoritos con trato personal a Gorbachov, a Isaac Rabin, a Nelson Mandela, a Václav Havel…

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Plácido Domingo dibujado para Los Simpson.

La guinda de todos los espectáculos, las recepciones o los shows televisivos. El único español que dio el salto de los escenarios elitistas de la ópera a ser también rey de la cultura pop: la figura que había pasado de ser Plácido Flamingo en Barrio Sésamo y cantar a la cerdita Peggy a formar parte del universo de Los Simpson junto a Homer en el capítulo dos la 19ª temporada. El urdidor junto a Pavarotti, Carreras y Zubin Mehta de los Tres ­Tenores sin dejar de lado sus plusmarcas en la historia de la ópera. Hazañas tales que le catapultaron hasta llegar a ser considerado en una encuesta de la BBC de 2008 el mejor tenor de todos los tiempos, por encima de Enrico Caruso y Pavarotti.

Junto a una búsqueda obsesiva —y legítima— de la popularidad, Domingo sumaba hitos en la exigencia de su estricta profesión. Llegaba a alcanzar el mayor número de papeles cantados nunca por un intérprete de ópera —­alrededor de 150—, se coronaba como el que más veces se ha metido en la piel de Otelo, sumaba décadas de continuidad sin atisbo de abandono en los teatros de mayor exigencia: La Scala milanesa, Salzburgo, el Metropolitan de Nueva York, el Covent Garden de Londres…

Lugares en los que debe primar ahora una reflexión que no se ha dado, según el crítico y escritor británico Norman Lebrecht: “Los teatros y las orquestas, en estos tiempos de crisis, dependen en parte de ciertos taquillazos. Se pueden contar con la mano los que actualmente lo consiguen: Anna Netrebko, Jonas Kaufmann o Joyce DiDonato en Estados Unidos, y de eso se trata. De una cierta dependencia en el mundo de la cultura que concede licencia sin límites a los que demuestran más brillo para hacer lo que les plazca al tiempo que se arrodillan ante ellos para que no cancelen sus compromisos. Y eso es insano y humillante económica y psicológicamente. El mundo de la música debe superar esa dependencia y crear un frente de intérpretes carismáticos de los que el público se pueda fiar”.

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Steve Friedman AP

En el caso de Domingo, el divismo, entendido a su manera, vivió su época de adaptación al medio. Hoy, como en el mercado de divisas, los teatros se miran unos a otros a ver cómo fluctúa la marca: “Los mánagers europeos sospechaban lo que ocurría antes de que saltara el caso de las denuncias, pero les preocupaba más la venta de entradas. Esto va a cambiar después de la decisión de los teatros españoles de cancelarle los compromisos”, asegura Lebrecht.

La realidad es que en Europa se le van cerrando también puertas. Apenas le quedan cartas que jugar. Quizá haya llegado el momento en que se vea obligado a forzar un mutis por el foro. Aun así, algunos de los responsables de teatros con los que ha tratado su entorno aseguran que Plácido confía todavía en una salida más digna. Incluso regresos apoteósicos en teatros de Estados Unidos. “Eso denota estar fuera de la realidad”, admiten gestores consultados en España. “En Estados Unidos ya no tiene apoyo alguno, en Europa veremos dónde aguanta. De seguir, tendrá que centrar su carrera en Rusia y Asia”. ¿Para qué obcecarse con esta dinámica inútil desafiando las leyes de su trayectoria menguante? Él, más que nunca, intuía la salida en el encuentro que mantuvimos en Valencia: “Solo deseo que los días buenos sean quizá más largos, y los malos, más cortos”.

UNA NOCHE EN LA OPERA

Mensaje por Invitado » Mié 04 Mar, 2020 4:10 pm



La primera mujer que denunció acoso: "Plácido Domingo es un depredador y fue agresivo conmigo y con otras mujeres"

La mezzosoprano Patricia Wulf, la primera mujer que denunció públicamente el acoso sexual que sufrió hace tres décadas por Plácido Domingo, lo tiene claro: el tenor español "es un depredador que ha hecho esto repetidamente", y asegura en una entrevista con Efe que "fue agresivo" con ella y con otras mujeres.

"¿Patricia tienes que irte a casa esta noche?", recuerda como si fuera hoy la mezzosoprano, una de las 27 mujeres que, según el sindicato de artistas de EEUU (AGMA, por sus siglas en inglés), vivió en sus carnes el acoso de Domingo, quien la semana pasada aceptó "toda la responsabilidad" de sus acciones; pero luego rectificó y aseguró que "nunca" había sido agresivo con nadie.

En una entrevista con Efe, Wulf rebate al cantante al afirmar que sí que fue agresivo con ella y con otras mujeres y asevera que "este es un hombre que ha hecho esto durante años y años".

"Era casi como conocer a Dios"

¿Recuerda el momento en que conoció a Plácido Domingo?

Oh, sí, sí. Cuando le conocí, fue como conocer a una persona que tiene un halo a su alrededor. ¿Sabes? En ese tiempo, puede que suene tonto, pero era casi como conocer a Dios. Él estrechó mi mano y recuerdo pensar que sus manos eran muy suaves. Las mías eran considerablemente más ásperas por haber vivido en una granja por algún tiempo. Recuerdo haber recibido un beso en la mejilla. La siguiente vez que nos vimos, se acercó mucho más aquí (se señala cerca de la comisura de los labios). Y fue entonces cuando los besos comenzaron a acercarse más y su cuerpo se acercaba más con cada beso. Empecé a pensar que eso era un poco extraño. Y luego, cuando estaba en la ópera de la "Flauta Mágica", él era el director artístico. Yo interpretaba a la segunda dama. Cuando salía del escenario, yo me iba a la izquierda para marcharme. Siempre que él estaba en la ópera se colocaba en uno de los extremos del escenario. Me esperaba y venía hacía mí colocándose así de cerca y me preguntaba: "¿Patricia, tienes que irte a casa esta noche?" (Wulf usa su mano para situarla delante de su rostro e ilustrar lo cerca que supuestamente se colocaba Domingo).

Golpes en la puerta del camerino

¿Cómo le hacía sentir su comportamiento?

Bueno, esa fue la primera vez que pasó. Recuerdo que estaba un poco conmocionada y desconcertada y, luego, instantáneamente, me di cuenta de lo que estaba pasando. Le dije: "sí, me tengo que ir (a casa)". Me fui rodeándolo y me metí en mi camerino. Recuerdo sus continuos golpes en la puerta del camerino: "Patricia, ¿Puedo entrar? ¿Puedo entrar?". Lo hacía cuando el encargado de vestuario estaba en la habitación vistiéndome. Era perturbador.

¿Qué estrategia adoptó para protegerse?

A menudo yo entraba en el camerino y cerraba la puerta. (Las cantantes) Laura Knoop y Julia Anne Wolf solían estar también en el vestidor y sabían lo que estaba pasando. Él llamaba a la puerta: "¿Puedo entrar? ¿Puedo entrar?". "No, no, me estoy vistiendo". "¿Puedo entrar?". Finalmente cuando estaba vestida, él entraba y hablaba mirándome al pecho. Recuerdo que un día hice así intentando captar su mirada y llevar sus ojos hacia arriba (se agacha como si estuviera tratando de captar la mirada de Domingo fija en sus pechos). Le dije: "Estoy bien, ¿cómo estás tú?". A menudo cerraba la puerta de mi camerino y me quedaba ahí tanto como podía.

Entre 15 y 20 encontronazos

¿Cuántas veces tuvo esos encontronazos con Domingo?

En la "Flauta Mágica" ocurrió seis, si no, siete veces. En "Don Carlos", él no actuaba, pero estaba dentro del teatro de la ópera. Lo mismo, golpeaba mi puerta, siempre se acercaba demasiado. Y, luego, estuvo en "Fedora". Continuó ocurriendo. Diría que probablemente ocurrió unas 15, 20 veces.

¿Cuál fue el impacto en tu vida?

Fue muy difícil para mi familia (...) Fue muy duro, es decir, me lo traía a casa. Recuerdo que a menudo lloraba de camino a casa, pensando: "¿Por qué tengo que pasar por esto? ¿Qué hago? ¿A dónde voy?" No tenía dónde ir, realmente no tenía dónde ir. Me encantaba mi papel, quería conseguir más papeles. Pero fue muy duro. Realmente me lo traía todo a casa. Mi familia me apoyó mucho y me ayudó a superarlo (...) Contar esto no fue una decisión de la noche a la mañana. Me costó un año y un cuarto aceptar que usaran mi nombre en ese artículo de Associated Press (AP) en el que se denunció por primera vez el acoso en agosto de 2019

"Sí que fue agresivo"

La semana pasada el tenor aceptó "toda la responsabilidad" de sus acciones, pero luego aseguró que "nunca" se había "comportado agresivamente con nadie" y que "jamás" había hecho "nada para obstruir o perjudicar la carrera de nadie". ¿Cómo le hizo sentir eso?

Este es un hombre que ha hecho esto durante años y años (...) Está mal. Fue agresivo. Fue agresivo con la soprano Angela Turner Wilson, a la que manoseó, fue agresivo cuando no la dejó salir del camerino. Fue agresivo conmigo cuando se metía en mi espacio (vuelve a colocarse la mano cerca de la cara para mostrar lo cerca que Domingo se ponía). Era agresivo cuando me hacía esa pregunta ("¿Patricia tienes que irte a casa esta noche?"), sabiendo que estoy casada. Estaba indignada, estaba conmocionada y enojada, todos los sentimientos volvieron hacia mí. Como dije, fue agresivo. Puedo confirmar que fue agresivo. También dijo que no había perjudicado la carrera de nadie. No puedo decirle la cantidad de mujeres que me han llamado y me han contado sus historias, pero aún no están dispuestas a hacerlo público porque todavía están actuando. Él les prometía roles y cuando ellas no cumplían, y no me refiero a cantar para él, sino a cumplir sexualmente con él de alguna manera, entonces les arrebataba esos papeles..

Su poder sigue siendo "inmenso"

El sindicato de artistas de EE.UU. (AGMA) ha estado investigando el comportamiento de Domingo y la semana pasada confirmó que fue "inapropiado". Sin embargo, su informe no se ha hecho público. ¿Por qué?

El poder (de Domingo) es y continúa siendo inmenso (...) Y ahora mismo él manda sobre AGMA porque puede vender las entradas. Creo que es realmente importante que AGMA publique ese informe completo. Creo que es extremadamente importante que lo expulsen del sindicato. Y no permitir que siga dentro un depredador. Este es un depredador que ha hecho esto repetidamente. Simplemente porque ha dado una disculpa débil, ¿nos hace pensar que no va a volver a hacerlo? Es un hábito.

UNA NOCHE EN LA OPERA

Mensaje por Invitado » Lun 02 Mar, 2020 2:45 am


Happy Birthday in the Styles of 10 Classical Composers - Nahre Sol

UNA NOCHE EN LA OPERA

Mensaje por Invitado » Jue 27 Feb, 2020 2:50 am

UNA NOCHE EN LA OPERA

Mensaje por Invitado » Mar 04 Feb, 2020 2:27 am

Invitado escribió:


UNA NOCHE EN LA OPERA

Mensaje por Invitado » Mié 29 Ene, 2020 3:31 am


Mozart, Piano Concerto No 3 in D major - Eliséi Mysin

Re: UNA NOCHE EN LA OPERA

Mensaje por Assia » Vie 17 Ene, 2020 2:51 am

Bueno, NO creo que Bach fuera Dios, pero por lo que he leido de Bach, si toco el organo y compuso muchas letras para Dios o para las Iglesias donde esta Dios. Aunque segun la BIBLIA. DIOS ESTA EN TODAS PARTES Y NO SOLO EN LAS IGLESIAS.

UNA NOCHE EN LA OPERA

Mensaje por Invitado » Vie 17 Ene, 2020 2:20 am

UNA NOCHE EN LA OPERA

Mensaje por Invitado » Mié 01 Ene, 2020 5:34 pm



Concierto de Año Nuevo 2020

RTVE ofrece en directo el tradicional Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena, que celebra este año su 80ª edición. Dirigido por el letón Andris Nelsons, con coreografías de José Carlos Martínez y la dirección de televisión de Michael Beyer.

Re: UNA NOCHE EN LA OPERA

Mensaje por Assia » Mié 25 Sep, 2019 3:23 am

Solo 1 dia antes de la representacion de la gran Opera Macbeth en el Metropolitan de Nueva York,Placido Domingo se ha retirado y ha anunciado que no volvera a ese teatro donde el Tenor espanol ha actuado por 51 anos seguidos.Por lo que he entendido,Placido Domingo esta dolido por las acusaciones contra el, por acoso sexual.

UNA NOCHE EN LA OPERA

Mensaje por Invitado » Lun 02 Sep, 2019 3:07 am

La ovación sospechosa

Elvira Lindo


Lo que deberíamos reivindicar es un cambio de mentalidad



ES SORPRENDENTE lo que ha ocurrido con Plácido Domingo. La defensa en torno al tenor ha sido tan abrumadora que las que han visto, en este caso, arrebatada su presunción de inocencia han sido las nueve mujeres que señalaron un mal comportamiento en el artista. A ocho de ellas se les reprochaba no dar la cara; a Patricia Wulf, en cambio, darla. Ocho testimonios eran falsos porque se escondían cobardemente en el anonimato; el noveno era falso porque respondía a un afán de notoriedad. Se celebraba como una victoria contra el #MeToo cuando un teatro manifestaba su apoyo al artista, y también la declaración de esas cantantes que alzaban su voz para decir, “conmigo fue un caballero”. Se glosaba una vez y otra la vieja idea de que las mujeres jóvenes son muy aficionadas a rondar a los maestros y a deslizarse en sus camas para, a cambio de sexo, conseguir un empujoncito profesional. La ovación de Salzburgo vino a confirmar algo que no quiere ser puesto en duda: el sistema funciona, y a nuestros maestros, genios, directores, no se les discute su honorabilidad.

Hay algo incompleto, erróneo, en centrar los abusos de poder en el terreno sexual, porque en un mundo tan opaco como el de la música clásica, sobre el cual el público solo llegar a conocer a las estrellas del star system internacional, la cúspide de todo el entramado, es casi lógico ignorar los episodios de humillación, manipulación y autoritarismo que se dan en un sistema en el que los artistas comienzan casi adolescentes y pasan a depender artística y emocionalmente de sus maestros. Ocurre en otros ámbitos, pero en este se advierte un componente clasista que tiene que ver con la práctica de un arte considerado sublime: los que se encuentran dentro de un grupo tan selecto no están dispuestos a que los aires de otros sectores más populares perturben un concepto caduco y abusivo de autoridad que se ha respetado hasta el presente. Lo sexual es, por así decirlo, el terreno más farragoso porque hay una inercia cultural a seguir entendiéndolo como un intercambio de favores entre un genio y sus pupilas o pupilos, más aún cuando a la posición de poder se une el reconocimiento artístico que puede influir en trayectorias de aspirantes tan esforzados.

No habría estado de más que, desde la perspectiva de quienes frecuentan el mundo de este arte exquisito, hubiera habido algo más que una exculpación incuestionable, y a otra cosa mariposa. En estos tiempos en que los derechos laborales están continuamente vulnerados, y dado que en ese universo tanto capital se mueve, por qué no investigar sobre aquellos abusos que son aceptados y que niegan una práctica musical más coherente con los tiempos y, sí, más democrática. Pero solo se contempla la absolución o la condena. A mi juicio, más que poner el acento en el aspecto punitivo, que condena a los señalados a una desproporcionada muerte social, muerte en vida, habría que considerar que la ventilación de estos interiores alfombrados puede contribuir a cambiar el engranaje. Las ovaciones desproporcionadas en estos casos contienen un profundo mensaje reaccionario, que descorazona a quien sufre cualquier abuso de autoridad. Cuando Plácido Domingo declaró que “las normas y valores por los que hoy nos medidos, y debemos medirnos, son muy distintos de cómo eran en el pasado”, provocó que sus amigos le reprocharan una defensa tan pobre, casi autoinculpatoria. Sin embargo, yo aprecié ese gesto de honestidad, tal vez no calibrada. Y es esa actitud de cambio de mentalidad la que deberíamos reivindicar.


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    Plácido Domingo en el Festival de Salzburgo

UNA NOCHE EN LA OPERA

Mensaje por Invitado » Lun 26 Ago, 2019 8:53 pm



Monumental ovación doble para Plácido Domingo en Salzburgo

El cantante recibe el respaldo del público en su primera actuación después de que se conocieran las acusaciones por su comportamiento sexual

El Festival de Salzburgo ha indultado a Plácido Domingo en su primera actuación desde el polémico reportaje publicado por Associated Press en el que varias mujeres acusaban al cantante español de acoso sexual.

En la primera de las dos representaciones (la próxima será el domingo 31) de Luisa Miller, de Giuseppe Verdi, en la cita salzburguesa, Domingo ha cosechado una monumental ovación doble. Dado que se trata de una ópera en versión concierto, los cantantes han aparecido, como suele ser habitual, a saludar antes de la representación, uno detrás de otro. Cuando ha aparecido Domingo sobre el escenario, el auditorio se ha puesto en pie y la sala se ha llenado de 'bravos'.


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