HABLEMOS DE LECTURAS CUALES SON VUESTROS AUTORES/AS...

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Re: HABLEMOS DE LECTURAS CUALES SON VUESTROS AUTORES/AS...

Mensaje por Assia » Lun 25 Ene, 2021 11:49 am

Creo que lo anunciare en este TEMA mas serio que en el Hilo Loko. Mary L Trump, la unica sobrina hembra del presidente saliente Donald Trump, es doctora en psicologia y esta preparando 1 segundo libro que saldra a la venta o casi a final de Junio o casi a final de Julio de 2021
Ya se ha publicado el titulo del libro: ''THE RECKONING'' Por lo que he entendido es 1 analisis de como se ha vivido en USA estos 4 anos y sobre todo el trauma que esta dejando en los norteamericanos lo de la pandemia.

HABLEMOS DE LECTURAS CUALES SON VUESTROS AUTORES/AS...

Mensaje por jaja » Jue 14 Ene, 2021 2:30 am

Cien noches con un peso atado a los pies

ESCRITO POR MOLINOS

Advertencia: este post contiene lenguaje y expresiones vulgares y descripciones crudas de lo que se supone son actos sexuales entre adultos.

Segunda advertencia: no me hago responsable de la vergüenza ajena que los lectores puedan sentir al leerlo.

Tercera y última advertencia: el post es un puro spoiler pero no importa nada porque de ninguna manera y bajo ninguna circunstancia, ni siquiera de fuerza mayor (como que os secuestraran a un hijo y os exigieran leerlo) debéis acercaros a este libro ni con un palo, ni con una pértiga. Ni lo miréis.

Allá vamos. Para empezar entono el mea culpa, casi un año después de poner a Dios por testigo, de prometer que no leería más libros aclamados por la crítica y premiados he vuelto a caer. Y Dios me ha castigado fortísimo. Lo único que puedo hacer para redimirme es salvar a otros de mi error.

«—Quizás yo lo recuerdo mal, no importa. Quizá yo tampoco tenía sentimiento de culpa. Pero un día, con mi semen todavía en la boca, me preguntaste si era razonable lo que estábamos haciendo. Tú amabas a Claudio y yo era feliz con Harriet como nunca lo había sido con nadie».

Con esta imagen tan innecesaria y tan asquerosa en mente, os voy a contar quienes son los protagonistas de esta escena tan bochornosa.

La del semen en la boca (ojalá dijera Pamplona que me parece una frase muchísimo mejor para decir en esas circunstancias que preguntar por la moralidad de los cuernos que estás poniendo) es Irene y es guapísima. Pero guapa de doler, guapa de tener un problema. ¿Qué problema tienen los guapos? Nadie lo sabe, pero es un problemón. «¿Qué habría sido de mi si no hubiera sufrido la maldición de la belleza?» Pues mira, Irene, lo mismo nos habíamos ahorrado este espanto. El caso es que Irene es guapísima aunque por supuesto de niña era feúcha pero cuando se vuelve guapísima, pero una cosa mala de guapa (si os está resultando cansina esta reiteración, imaginad lo que es la novela cuando ella misma no se cansa de repetirlo), los hombres la acosan muchísimo, todos quieren ligar con ella. Como consecuencia de esto, su amigo Hugo la viola. Mal por Hugo pero tal y como está contando y a pesar de que estás en la página diez, ya te da igual.

Bueno pues la Irene guapísima y de familia millonaria con un tío en la cárcel por corrupción en el franquismo y una tía que vive en Estados Unidos porque quiso ser piloto y su padre no le dejó y no me acuerdo pero pasó algo y se fue y volvió y luego se volvió a ir, se va estudiar psicología o psiquiatría a Chicago. ¿Por qué Chicago? Porque su amiga del alma Adela quería ir ahí. Es su amiga del alma pero Irene la describe así cuando recuerda como su amistad se rompió cuando, de adolescentes, a Hugo empezó a gustarle ella y no Adela que estaba enamorada de él: «Ella sintió celos de Hugo. El amor dejó de ser un juego social y se convirtió en un torneo de guerra en el que no se respetaban las lealtades ni las jerarquías. Adela se había transformado en una jovencita gorda y con la piel llena de escamas. Los carrillos le caían blandos sobre la mandíbula, y los molledos de los brazos y las piernas blancuzcos se le escurrían sin consistencia. Incongruentemente, era corpulenta en todo menos en el pecho: tenia unos senos pequeños, casi masculinos».

Podría detenerme en que si tienes una amiga que te describe así lo mejor es que jamás le des la espalda o en la absoluta ignorancia que refleja el hecho de que al autor le parezca incongruente ser gorda y tener pechos pequeños pero no tenemos tiempo...sigamos.

Irene se va a Chicago a estudiar algo. Además está obsesionada con asesinos en serie y psicópatas así que a lo largo del libro reparte historietas de asesinos que puedes buscar en la wikipedia y te dan exactamente los mismos datos pero con menos adjetivos. En Chicago decide que se va a follar a todo lo que pille y apuntarlo en un cuadernito para algo, para sus teorías, ¿Qué teorías? da igual, a nadie le importa. Ella folla y lo apunta y le deja claro al lector que a ella lo de saltar de cama en cama le parece muy muy liberador y lo ha descubierto ella y todos los demás, lector incluido, son unos mojigatos y unos estrechos. Alardea de acostarse con todo tipo de hombres incluidos los feos, gordos, desagradables y maleducados. Irene es además de guapa, imbécil pero misteriosamente ella no se da cuenta en todo el libro y ningún personaje se lo dice. Irene vive en un universo de luz y de color y de sexo. Vive en una peli porno con ínfulas pero ella se cree Grisom de CSI y Gillian Anderson en Sex Education.

Bueno pues en Chicago mientras hace el idiota, un buen día, en un bar, se le acerca un tipo porque ella es tan guapa que los atrae como un imán y la escena transcurre así:
«—Estoy buscando una mujer que sepa apreciar el dinero.
Yo hice lo que había aprendido a hacer en aquellos últimos meses: controlé mi miedo y me comporté como una taxónoma que mira fríamente la realidad.
—El dinero es lo único que sé apreciar, Mister Cary Grant- le respondí- El dinero y los penes grandes.»

(Yo ahí hubiera dicho pollas, pero en fin.. que sé yo de diálogos encorsetados y ridículos. Si supiera estaría ganando premios literarios y no despellejándolos)

Acaban en el catre después de que él ponga mil quinientos dólares encima de la barra porque ella le dice que cobra quinientos. Y el dice «quinientos por cada vez» y cuando crees que no vas a poder más de bochorno ella dice «¿solo aguantas tres?». (El lector en ese momento sueña con pagar por darle tres bofetones con la mano abierta).

Este supuesto Cary Grant es Adam el otro protagonista de la escena del semen en la boca (que no quiero que olvidéis). Por supuesto, y como no podía ser de otra manera, es guapo, multimillonario, elegante, encantador, educado, culto e inteligente. Podría haber sido feo, asqueroso, deforme, gañán, inculto, de extrema derecha y con boqueras de saliva en las comisuras de los labios porque recordemos que a Irene le da igual ocho que ochenta pero no, resulta que tiene suerte en esto. Bueno pues eso, se acuestan y el autor escribe muchas veces verga y muchas veces vulva porque por lo visto se le ha olvidado la palabra coño que no escribe ni una sola vez en todo el texto. Y se hacen amantes ocasionales porque lo suyo es especial, ellos son especiales y unos ridículos.

Mientras andan en este ir y venir de polvos, Irene va a un concierto, se fija en el guitarrista, cuando termina el concierto va al camerino, le mira y él la besa, se la lleva a casa, la empuja del pelo para que se arrodille y blablabla: verga, gritos y lo de siempre. Si fuera una peli porno se llamaría "El argentino guitarrista que con su mástil era todo un artista"

Irene en su querido diario de polvos escribe: «tiene un pene grande, de diecinueve o veinte centímetros, sin circuncidar. Cuando está erecto, hace un ángulo de cuarenta y cinco grados con el vientre, apuntando hacia el frente. Los testículos, casi sin vello, están pegado al cuerpo».

No puedo añadir nada.

Con este inicio de relación tan prometedor, Irene la guapísima se enamora del guitarrista que se llama Claudio, es argentino y está atormentado por algo que sinceramente al lector le importa un pepino. Irene tiene mucho muchísimo amor pero decide que para comprobar si el amor y el sexo son lo mismo va a seguir follándose a todo lo que se encuentre y luego pasar muchísimo rato decidiendo si tiene remordimientos o no. Claudio, además de estar atormentado, es idiota porque no se entera de nada y es una pena porque el lector está ya fantaseando con que lo descubra y en un ataque de celos mate a Irene haciéndola sufrir muchísimo. Pero no ocurre. Irene sigue vivita y "culeando" (Perdón, perdón) y por supuesto sigue con Adam haciendo cosas que ellos creen que son de glamour y son de peli porno cutre.

«Llegué puntual al hotel. Adam me esperaba desnudo y con la cena recién servida. Me quitó el mismo toda la ropa y luego me llevó hasta la mesa. No comimos con prisa. A pesar de su erección casi continua, el paladeó con gusto cada uno de los platos».

Qué imagen eh. Ahí con el capullo en el borde de la sopa. Puro erotismo.

A todo esto, Claudio le ha contado a Irene que su madre ha escrito un libro sobre el Petiso Orejudo un niño asesino muy famoso en Argentina y como a Irene los asesinatos le gustan le pide a su tía (si, la que he nombrado antes y que es piloto) que cuando vaya a Buenos Aires le compre el libro. (Si estáis pensando que porqué no lo pide por Amazon, la novela está ambientada en los años 80 más o menos). La tía llega y le dice que el libro no existe e Irene en vez de decirle a Claudio: chaval, que trola me has contado? se queda en plan "mmmm... soy tan lista que algo me huelo, voy a follar con otros catorce y luego apuntar en mi querido diario mis teorías"

Llega el verano, se van a Detroit a unos conciertos de Claudio y se alojan en un hostal inmundo y asqueroso y ella dice: «aquella habitación mal ventilada era, en mi arrogancia juvenil, un espacio de aventuras». Irene, eres imbécil no arrogante. Bueno pues follan allí entre chinches y mierda y la última noche cuando ella se despierta, él no está. ¡Uy! ¿Dónde estará? ¿Qué misterio habrá? ¿Habrá sido su gran noche? Y sí, porque Claudio además de guitarrista es ludópata y ha perdido todo el dinero que tenían. Irene se enfada muchísimo, sale de la habitación y piensa:

«¿qué hago? ¿Entrar en la habitación, desnudarle, vaciarle los testículos hasta que gritara?»

Claro que sí, Irene y con la boca llena le dices: PAMPLONA.

Vuelven a Detroit y Claudio confiesa que debe seis mil o nueve mil o da igual la cantidad a unos prestamistas malísimos de Chicago. Irene compra el periódico, busca un puticlub, llama, concierta una cita y conoce a Mimí (me apuesto una mano a que si buscas madama en wikipedia también sale Mimí como primer resultado, como novela investigada es un prodigio) que le dice: pues nada chica, aquí lo que quieras, sé limpia y haz lo que los clientes quieren, aquí tienes un corpiño y unas bragas, empieza cuando quieras. Y ahí está Irene la guapa trabajando para salvar a su novio haciendo lo que lleva haciendo toda la novela. Pasa alguna cosa más de mucha pereza y poco interés pero llega el momento en que ella tiene que volver a Madrid porque su madre que, por supuesto, es malvada y estrecha (imagino al autor con una lista de estereotipos al lado del ordenador y haciendo check cada vez que calza uno hasta cantar bingo), le exige que vuelva. Justo antes de marcharse de Chicago llega la madre de Claudio que la mira en plan ¿tú quien eres piltrafilla? y que básicamente se descojona en su cara cuando le pregunta por el libro. Luego Claudio llora y le dice que en realidad se llama Mateo. Aquí viene una historia que al lector, o sea a mí, le provocó carcajadas de pura histeria por el despropósito que es todo. Resumiendo: Claudio y su familia viven bajo identidades falsas en USA porque su padre hizo algo que no se explica bien pero que tiene que ver con corrupción, dictaduras, Alfonsín y no se qué y les persiguen "los argentinos malos" (sic). Algo raro ha pasado y se tienen que marchar a esconderse de nuevo pero le jura a Irene que le escribirá siempre. (Cualquiera con un mínimo de cultura de peli mala de sobremesa sabe que si estás escondido no puedes escribir cartas pero después de preguntar con el semen en la boca si somos buenas personas es obvio que la verosimilitud no es algo que preocupe al autor). Se separan, se escriben cartas e Irene, en Madrid, se reencuentra con Adela y dice estas cosas:

«Tal vez si le hubiera contado que la belleza me había vuelto tan insegura como a ella la fealdad, habríamos seguido siendo amigas siamesas. Pero yo me escondí en mi concha de perla y ella en su concha de molusco hinchado»

Por supuesto yo voy a tope con Adela, es mi personaje favorito de la novela y me hubiera encantado que se convirtiera en asesina y matara a Irene pero se convierte en heroinómana y muere una semana antes de la boda de Irene. ("Mi concha de perla y su concha de molusco", Irene además de cursi es una odiosa como una casa).

Sigamos. ¡Oh, sorpresa! Claudio la escribe al final del verano y le dice que eso que les preocupaba tantísimo, ese peligro tan gravísimo que corrían no era real, que no pasaba de verdad y que va a volver a Chicago. (lo de la verosimulitud ya lo he dicho, ¿no?) Así que nada, vuelven a Chicago, van a un apartamento nuevo, Irene siente muchísimo amor por el reencuentro pero antes de recoger a Claudio en el aeropuerto pasa a follarse a Adam y después de estrenar la cama con Claudio, vuelve al hotel a follarse a Adam. Pero se desborda de amor por Claudio, never forget.

(Llevamos dos mil palabras y os juro que no me he inventado nada y os estoy ahorrando mucho bochorno)

Cuando vuelve a casa de Claudio, éste no le abre la puerta. ¿Qué pasara? ¿Qué misterio habrá? ¿Puede ser su gran noche? Pues pasa que a Claudio lo han asesinado. ¡Vaya por Dios! Ahora que los argentinos malos no le perseguían y ella haciendo de pvta había pagado la deuda, van y lo matan, que disgusto. ¿Quién será el asesino? ¿Los argentinos malos? ¿Los argentinos buenos? ¿Los prestamistas de Chicago? ¡Oh, oh, oh, qué misterio más misterioso! Irene hace lo que hace siempre, llama a Adam que vuela a verla y hablando con él decide que quiere ser policía y que va a investigar que ha pasado. Investiga fenomenal fenomenal y os resumo: a Claudio lo manda matar su madre porque le daba mucha pena que en tres semanas se fuera a morir de cáncer de páncreas. ¿Cómo te quedas? Pues muerto como Claudio pero de bochorno y descojone. Irene sin embargo cuando lo descubre se queda muy hecha polvo y que hace:

«Le pedí (A Adam) que me penetrara hasta hacerme perder la razón. Diez veces, cien veces. Durante el resto de la vida».

PAMPLONA.

¿Y qué pasa con el bueno de Adam? Pues resulta que todo esta historia de la juventud de Irene se entremezcla con una escena en la época actual en el que ambos se encuentran en el Hotel Santo Mauro de Madrid, los dos ya con cincuenta y muchos. El sigue casado con Harriet y ella se ha casado tres veces, tiene varios hijos y habla así de ella misma:

«En estos últimos años de vejez erótica, me he acordado a menudo de Adela por esa causa. No soy capaz de imaginar cómo es la castidad. No soy capaz de entender qué razón queda para vivir cuando el cuerpo ya no sirve o no les sirve a otros, cuando el deseo se convierte unicamente en una idealización intelectual. Mis fundamentos existenciales no han sido Sigmund Freud o William Shakesperare sino los pezones, la espiral de las orejas, los tobillos, el clítoris, las encías o la boca del ano. Mi espíritu se ha manifestado a través del flujo vaginal y no de la oración o de la poesía».

Pues cenan y Adam le cuenta que como es multimillonario y muchimillonario y tenía un traumita desde siempre por si los cuernos que le ponía a su mujer, Harriet, eran algo normal que hace todo el mundo o una cosa super especial que solo hacía él, ha encargado un super estudio con psicólogos, psiquiatras y científicos para saber los hábitos sexuales de la gente. No contento con eso, como la mitad han dicho que son fieles, ha pagado otra millonada a detectives e investigadores privados para que comprobaran si eso era verdad y ¡sorpresón! la gente miente cuando dice que no engaña. Que esto se lo podía haber dicho el lector o cualquier hijo de vecino ni se plantea, él se ha gastado trescientos millones de dólares en eso. ¿Y por qué ha hecho esto? Pues porque Adam siente que Harriet se ha alejado de él y ha pensando "Oh, oh, Charlie Babbit ¿y si yo tengo también una cornamenta digna de trofeo de caza".
«—He venido a Madrid para contártelo—responde Adam—Porque sé que eres la mejor detective del mundo y solo tú puedes encontrar la respuesta que necesito.
—Yo busco a personas desaparecidas y a asesinos.
—Busco a una persona que quizá desapareció-dice Adam- A Harriet.
Es medianoche. Se oyen las campanadas de un carillón de pared que hay en una sala vecina. Irene vuelva la cabeza hacía allí para disimular su confusión. Después mira otra vez a Adam, que espera.
—¿Te ha abandonado?
—No lo sé-responde Adam—. Sigue en nuestra casa, duerme conmigo, me acaricia a veces. Pero tal vez me ha abandonado hace mucho tiempo.- Se queda callado durante unos instantes y sostiene la mirada de Irene. No hay nadie a quien pueda encargarle esta tarea-suplica-Ella no le dirá a nadie la verdad. A ti sí».

Lo normal vamos: oye, amante, ¿por qué no hablas con mi mujer a ver si me ha puesto los cuernos?

En un epílogo en el que grandes lágrimas de descojone y de alivio, por vislumbrar el final de este horror, caían por mi cara, Harriet (que también es guapísima) e Irene se reúnen y la mujer de Adam le cuenta que ella quiere mucho, muchísimo pero mogollón y mazo a Adam pero que cuando se dio cuenta de que él se acostaba con otras, ella tuvo una crisis existencial, sufrió muchísimo, mogollón y mazo pero al final decidió que ella también podía follar alegremente por ahí pero queriendo mucho, muchísimo, mogollón y mazo a Adam.

Y chimpún.

Este relato tan inolvidable está interrumpido por informes de los detectives sobre personas investigadas. Esos informes han sido escritos por otros autores que no consiguen ni de lejos alcanzar el nivelón de la trama principal. Son como oasis en medio de la travesía del desierto.

Cien noches de Luisgé Martín ha sido galardonado con el Premio Herralde de novela de la editorial Anagrama. Cada uno le da el premio a quien quiere, tú montas un premio en tu editorial y haces lo que quieres pero como lectora y admiradora de la editorial de los libros amarillos me siento estafada, engañada y bastante dolida.

HABLEMOS DE LECTURAS CUALES SON VUESTROS AUTORES/AS...

Mensaje por Invitado » Jue 14 Ene, 2021 1:50 am

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La incómoda gloria de Gil de Biedma: "¿Puede homenajear el Instituto Cervantes a quien se ha jactado de pederasta?"

El Instituto Cervantes incluye al poeta en su sala de honor, entre quejas por el encubrimiento de su pederastia. Opinan Andrés Trapiello, Arcadi Espada, Anna Caballé, Pau Luque y Félix Ovejero

LUIS ALEMANY


Algunos hechos conocidos: en 1956, con 26 años, Jaime Gil de Biedma pasó seis meses en Filipinas comisionado por la Compañía General de Tabacos. El abogado español, que desde hacía dos años prefería a los hombres como amantes, encontró en Manila un ambiente permisivo. Una noche, a la salida del bar Bay View, un proxeneta llamado Pepe le ofreció mujeres. "No me interesan las mujeres", contestó.

-¿Qué le interesa, entonces?

-Los chicos.

-¿Le gusto yo?

-Suba a mi taxi.

Pepe llevó Gil de Biedma a un prostibulo, el primero en Manila para él. Semanas después, el español fue a otro local de la calle Escolta, lleno de niños y se emparejó con un crío "de 12 o 13 años". "Ya no recuerdo su cara. Sólo sus calzoncillos lacios, color ala de mosca y desgarrados en la cintura; era lo único que llevaba encima cuando me volví hacia él después de haber cerrado la puerta", escribió Gil de Biedma en su diario. La experiencia no le gustó porque juzgó al niño apático. "No me dejaba besarle, no me dejaba hacer nada. Nada de nada". El poeta escribe como un cliente estafado. "Empiezo a temer que el defecto de los chulos de aquí sea la falta de afición y mi recuerdo va, nostálgico, a los maravillosos chulos españoles".

En realidad, la escena no apareció en la primera versión del diario filipino de Gil de Biedma (Diario del artista seriamente enfermo, 1974), pero sí en la segunda, póstuma (Diario del artista en 1956; Península, 1994). Si se fuerzan un poco las cosas, se puede pensar que Gil de Biedma escribió aquel encuentro "contra Jaime Gil de Biedma". Puede ser. Pero es poco atenuante si se considera la gravedad de los hechos y la falta de empatía por la víctima. "Jactancia" es la palabra con la que describe la narración el escritor Andrés Trapiello, que fue el primero en denunuciar su contenido en 1996.

Trapiello comentó aquellas líneas con indignación en su libro Los caballeros del punto fijo (1996). Rosa Regàs y Pere Gimferrer le respondieron en las páginas de El País. El artículo de Gimferrer se tituló Homofobia y se refirió al matrimonio de Antonio Machado y Leonor Izquierdo. El de Regás se llamó Moralidades. Los dos achacaron a Trapiello un prejuicio anticatalán. Terenci Moix también quiso defender al poeta en La Vanguardia pero desistió tras leer la escena del burdel.

TENÍA DOCE O TRECE AÑOS. YA NO RECUERDO SU CARA. SÓLO SUS CALZONCILLOS LACIOS, COLOR ALA DE MOSCA Y DESGARRADOS EN LA CINTURA; ERAN LO ÚNICO QUE LLEVABA ENCIMA CUANDO ME VOLVÍ HACIA ÉL DESPUÉS DE HABER CERRADO LA PUERTA. ME DESNUDÉ"


Dio igual: el desagravio funcionó. Gil de Biedma ha permanecido en el podio de la literatura española como protagonista de tesis doctorales, premios y calles a su nombre, reediciones, biografías, películas... Los hechos de Manila no han sido un secreto, pero se han visto como el claroscuro de una personalidad y una obra fascinantes. Y por eso, en la semana del 30 aniversario de su muerte (el pasado 11 de enero), el Instituto Cervantes homenajeará a Gil de Biedma. Los familiares del escritor y el director del Cervantes, Luis García Montero, depositarán el viernes un legado in memoriam en la Caja de las Letras y, ya de noche, la cantautora Silvia Comes estrenará un espectáculo titulado Vals del aniversario, dedicado al poeta y basado en sus textos.

¿Cuál es el problema ahora? El problema es la jurispruencia moral reciente: Plácido Domingo, César González Ruano, etcétera. 2021 ya no es laxo ni relativista, y menos aun con los delitos sexuales y contra la infancia, como lo era 1994. El encubrimiento colectivo de los hechos de Manila es muy extraño en el mundo del #metoo, sobre todo, si el Estado es el que lo avala a través del Cervantes. Y, en realidad, el debate es recurrente desde hace años: ¿qué hacemos con Pound, Céline, Quevedo...? Con todos los escritores de textos admirables que fueron nazis, antisemitas, maltratadores... ¿Qué hacemos los lectores y qué hacen las instituciones públicas?

Algunas opiniones, ahora: "Me parece una calamidad que las instituciones públicas lo homenajeen", explica Pau Luque, autor de Las cosas como son y otras fantasías: Moral, imaginación y arte narrativo, Premio Anagrama de Ensayo de 2020. "Un homenaje no es sólo decidir si se publica un libro o no, es algo más que eso e involucra algunas consideraciones éticas inevitables, consideraciones que para una editorial tal vez no tienen carácter decisivo (aunque tampoco deberían ser irrelevantes), pero para las instituciones públicas desde luego que sí. Para mí no hay dilema: que se ahorren ese homenaje. Y lo mismo creo que pienso respecto de casos como el de Pound: una cosa es que las instituciones públicas sean sensibles al pluralismo moral y político a la hora de hacer reconocimientos oficiales a escritores tanto progresistas como conservadores, pero hay que ser particularmente obtuso para pensar que el abuso o las simpatías militantes por el fascismo entran dentro del pluralismo moral o político".

Las cosas como son y otras fantasías habla de ética y creación, igual que El compromiso del creador, de Félix Ovejero (Galaxia Gutenberg, 2014). "A los poetas se les homenajea con mucha frecuencia, forma parte de las reglas de esa singular tribu", explica ahora Ovejero. "Otra cosa son las instituciones. Cuando el homenaje es a la persona, hay que calibrarlo mucho porque supone otorgarle el reconocimiento de 'profeta ejemplar'. Y no parece. No se trata, obviamente, de valorar ni aun menos de prohibir la obra por la calidad moral de su autor. La pregunta, más enojosa, es si alguien insensibilizado ante obvias injusticias o indignidades puede asumir una comprensión amplia de la condición humana. No quiero decir que lo incapacite para una comprensión de sí mismo, más que probada en el caso de Gil de Biedma, pero sí de la vida de los otros".

La idea es interesante: Gil de Biedma fue un maravilloso escritor contra sí mismo, pero no en atención de los otros, tampoco en atención del niño de Manila. "Debemos distinguir las conductas públicas de las privadas porque de lo contrario la vida puede llegar a ser un infierno", dice Anna Caballé, Premio Nacional de Historia por su biografía de Concepción Arenal. "Nuestra obligación como sociedad que ha incorporado las conductas privadas y las literaturas privadas a la esfera del conocimiento y del juicio es ser consciente de ello humanamente y comprender que las vidas no son un repertorio de perfecciones. Ahora leemos a Gil de Biedma siendo conscientes de su promiscuidad sexual, de su drama personal por vivirla clandestinamente, de la infamia que supone aprovecharse de la pobreza de un país tercermundista y de unos niños indefensos para satisfacer los propios impulsos. Jaime Gil de Biedma, como ser humano, es todo eso y de ese ser compuesto sale su poesía, su culpa y su íntima desesperación, tan perceptible en su Diario. Nosotros, como lectores, aprendemos a reflexionar sobre la vida, sobre la explotación en las relaciones, sobre cómo son las cosas del mundo. La madurez para mí es esto, la disposición a enfrentarte con la complejidad humana y aprender de ella. Otra cosa muy distinta es dónde depositamos nuestra admiración. Y ahí le doy la razón a Trapiello".

¿Y Trapiello, qué dice en 2021? "Va a parecer que se trata de blanquear desde las instituciones conductas no solo reprobables sino punibles penalmente, sólo porque quien las cometió era un poeta prestigioso. Resulta como mínimo chocante la indulgencia con unos y la severidad con otros". ¿Qué hacer entonces? "El criterio deberían establecerlo las administraciones. ¿Puede rescindirse el contrato a un tenor acusado de abusos no probados y homenajear al mismo tiempo a quien se ha jactado de pederasta y abusador? Por otro lado aquí no se juzgan valores literarios, sino hechos. A Céline no se le juzgó por haber escrito Viaje al fin de la noche, sino por antisemitismo. Y dicho esto, a quien le gusten los poemas de Gil de Biedma incluso ese Diario, adelante; son todo suyos, que circulen libremente".

A Céline también lo homenajeó la República de Francia hace justo 10 años y también hubo protestas. El Gobierno de Sarkozy suspendió los actos y el periodista Arcadi Espada escribió entonces que era un error: el Estado debía promover el conocimiento de Céline, incluida su realidad más sórdida: "Da un cierto apuro mezclar a Céline en esta objeción a Gil de Biedma", cuenta ahora Espada. "El caso de Céline, como el de Quevedo, permite debatir cuestiones realmente interesantes, porque en uno y otro caso el antisemitismo forma parte de su poética. El alcance técnico del error moral es un grave asunto. Pero nada tiene que ver con nuestro amado punto filipino".

Arcadi Espada es el autor de Raval: del amor a los niños' (Anagrama, 2000), un libro sobre pederastia e hipocresía. ¿Le parece bien el homenaje a Gil de Biedma? "No me consta que el Cervantes lo homenajee por putero, que lo era mucho, o por abusador de chiquillos, que lo era muy esporádicamente si nos atenemos a la famosa página donde describe su gusto y recomienda que los colegiales vayan con colegiales, los jóvenes con los jóvenes y él con el taxista. Yo creo que el Cervantes habla de versos y no de pvtas, aunque bien es verdad, reconozco, que él tiene un verso que dice: 'Si no fueras tan pvta!', en el poema en que para empeorarlo habla de su reputación. Pero, en fin, me parece subsanable".

Sólo queda preguntar a las instituciones. En el Cervantes la respuesta es sencilla: "El viernes se hablará de todas esas cosas". Y la Dirección General de Derechos de la Infancia y de la Adolescencia, del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, no ha querido comentar el homenaje. "Me temo que la explicación hay que buscarla en que el mando en plaza lo considera Gil de Biedma de los nuestros", termina Félix Ovejero. "Y eso lo disculparía todo. El experimento mental para probarlo es si se contemplaría parecido homenaje a otro poeta del bando ganador en parecidas circunstancias. Claro que, bien pensado, Biedma formaba parte del bando ganador, el de la pérgola y el tenis".


Homofobia

Pere Gimferrer
Toda colectividad históricamente marginada o en algún sentido perseguida en España (los homosexuales, los judíos, los protestantes, los musulmanes, los catalanes, por ejemplo) tiende a reaccionar con alarma ante cualquier dato relacionable con su problemática. Pero nadie parece saber o tener en cuenta que Camilo José Cela, en su libro Reloj de arena, reloj de sol, reloj de sangre , publicado en Barcelona en 1989, describe en primera persona del plural, y no para condenarla, la sodomización activa, por parte de un grupo de amigos, de un adolescente indio. No estimo ésta la forma de escribir de un homófobo. E, inversamente, nadie parece advertir la homofobia de Andrés Trapiello al señalar con el dedo a Jaime Gil de Biedma por su ocasional trato carnal con un chico de 13 años en Manila y encontrar, en cambio, naturalísimo el continuado trato carnal de Antonio Machado con una Leonor que acababa de cumplir 15 años; eso sí que es homofobia, esa diferencia de pesos y medidas según el sexo. Y homofobia es, por lo demás, la de Antonio Machado al escribir: «La pederastia -actividad erótica desviada y superflua- es la compañera inseparable de la gimnástica».- .

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0019, 19 de junio de 1998.


Moralidades

Rosa Regás
Sea cual sea el lugar donde hayamos situado la línea de exclusión de nuestra identidad -la pareja, la familia, el pueblo, la comarca o el país- siempre alcanza a contener el sermón de un moralista, cuando no los lamentos y amenazas de una voz que clama en el desierto y reclama una sociedad que prescinda de los pecadores, de los que no practican el ascetismo, de los que se permiten los desmanes del placer, de los que creen que hemos venido al mundo a pasar el verano, o como en el caso del autor de El escritor de diarios, Andrés Trapiello, de aquella gauche divine que tuvo la osadía de pretender renovar la posguerra cultural que había recibido en herencia. El moralista arremete siempre contra el acusado en un intento de aniquilarlo, lo amenaza con el fuego eterno del desprecio colectivo y del olvido terrenal y celestial, y desde su autoproclamada situación de derecho y privilegio esparce a los cuatro vientos los males morales de su enemigo. Porque es de verdad su enemigo, no hay más remedio que así sea estando como está plácidamente instalado en la otra orilla, una orilla -¡demos gracias al proceder y al devenir de este bajo mundo!- inalcanzable para el moralista. El ansia de moralidad se extiende a todos los órdenes de la vida y a todos los tiempos. En los años que yo fui a la Universidad, buena parte de los que se creían comprometidos en política formaron una raza de moralistas que, escudados en la lucha de clases, arreciaban contra el pobre estudiante que tenía la desgracia, la desfachatez y la desvergüenza de no ser hijo de viuda, ni vivir en una chabola o en un barrio marginado de casas de hormigón, de no ser hijo de guardia civil y de no tener que ganarse la vida en una mina. Lo maldecían y lo vilipendiaban, pero sobre todo lo ninguneaban, lo excluían de la lucha que cada pocos meses entablaban contra la policía en una esquina cualquiera de la Gran Via, y no le dejaban pertenecer a sus células, compartir sus ideas, colaborar en sus proyectos. Y el pobre desgraciado al que la vida había dado una hacienda que hoy haría sonreír al prolífico señor Trapiello, volvía a casa con la cabeza gacha, avergonzado se sentaba a la mesa y comía la ensalada de endivias con tal sensación de culpabilidad que aún hoy, a estas alturas del siglo, sigue aferrado al garbanzo para que le perdonen sus orígenes quienes presumiendo de pijoaparte han olvidado probablemente a qué escritor barcelonés deben el epíteto bajo el que se arropan. Eran pobres desgraciados que creían haberse librado de los terrores del fuego eterno bajo el cual fueron educados por los jesuitas para pasar a comprender, sin el menor resquicio de tiempo ni esperanza, que su vida no tenía solución ni más consuelo que espiar los encuentros clandestinos regados con vino peleón de los militantes, y morderse las uñas suspirando por un domicilio en Badalona o el Baix Llobregat, los barrios rebeldes, progresistas y revolucionarios por derecho propio, tan alejados de los barrios burgueses de la ciudad que los moralistas decían no conocer. Como los de entonces, los moralistas de hoy tampoco conocen lo que anatematizan. No lo conocen ni le ven el más mínimo sentido a conocerlo. Les da asco, simplemente, o mejor aún, "grima". Eso es, les da grima, y añaden a la ignorancia, la superstición. "¡Lagarto! ¡Lagarto!" dicen para conjurar el mal cuando ante ellos alguien tiene la osadía de pronunciar una palabra como "Cadaqués", tan preñada de desvaríos y frivolidades. Y es que nosotros, pobres pecadores que no estamos tocados por la gracia ni la clarividencia, olvidamos que cuando se analiza a través de la lente de la moral a un escritor, un arquitecto, un fotógrafo, su obra y su proceder quedan hasta tal punto invalidados por su culpa que sobran los estudios y los análisis sociológicos, literarios o críticos. Lo que hizo, intentó, innovó o se propuso el escritor al moralista le importa poco, se limita a ponerle una etiqueta, casi siempre inexacta, y con ella pasea el juicio moral que le merece por libros, revistas, prólogos, presentaciones, televisiones, radios y entrevistas. Andrés Trapiello así nos habla de la situación moral de ciertos escritores a los que ni conoció ni cree que valga la pena conocer o leer, pero de los que en cambio dictamina cuál fue el problema que los afectaba: "Su problema", dice, "y el de muchos de los llamados escritores de la Escuela de Barcelona, no fue sino que la vida, su posición social, su dinero, incluso su diletantismo, les puso en una terraza con un gin tonic en la mano". ¡Eso sí que es un problema definitorio y fundamental, y difícil de diagnosticar! Fueron Gil de Biedma, Gabriel Ferraté, Carlos Barral, Juan Marsé, los Goytisolo, Costafreda, Oliart, y muchos más, dice. ¡Qué bien! A eso se llama un pensamiento matizado y profundo. ¡Qué frase tan certera, enjundiosa y penetrante, tan social y psicológicamente aclaratoria, tan cargada de sabiduría y de análisis literario. Una frase cuyos contenidos barren de un plumazo cualquier otro conflicto del entorno, la vida y la obra de los escritores. Y es que, si bien se mira, un escritor que se toma un gin tonic en una terraza de Barcelona con dinero suficiente en el bolsillo para pagarla, es que no es escritor ni es nada. Así se estudian los movimientos artísticos y sociales de determinados periodos de nuestra historia literaria, incluidos los que llevan tras de sí un intento de renovación cultural, claro que sí; por la moral y con ella, la descalificación. ¿Dinero? ¿Gin tonic? ¿Terraza? Es cierto, son los tres enemigos mortales de la literatura. Y así será por los siglos de los siglos, porque los moralistas no mueren, no desaparecen jamás, es una raza difícil de extinguir cuyos sacerdotes se suceden agarrándose unos a otros como los eslabones de las cadenas fantasmales y así atraviesan el mundo y la historia. Y mientras escritores y artistas, homosexuales y heterosexuales, amantes del sol y de la lluvia, sentados en una terraza, con gin tonic o sin él, o a bordo de un avión, o en la penumbra de su alcoba, o en la fiesta de una noche de verano, buscan su lugar en este mundo, la belleza de un verso o de un amanecer y las fantasías y leyes del pensamiento y la palabra, ellos, los moralistas, sólo tienen ojos para el pecado que denuncian, y ajenos a lo que verdaderamente ocurrió, se erigen en jueces sin testigos y en acusadores de quienes les sobrepasan, como si -rocambolesco proceder de la naturaleza- se hubieran propuesto sin saberlo que el mundo siguiera iluminado por la verdad del poeta y, desde la sima de 60 años de historia, el verso de Machado permaneciera vigente e incólume para la posteridad: "Castilla envuelta en harapos, desprecia cuanto ignora".

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0010, 10 de junio de 1998.

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Mensaje por Invitado » Lun 11 Ene, 2021 1:00 am


Charlas con Santi Royuela y Pablo Parellada, última pareja del escritor Terenci Moix

Tendremos de invitado en el canal a Pablo Parellada, quien fuera la última pareja del escritor Terenci Moix. Su testimonio, junto a los papeles hallados en el expediente, podrían desvelar un crimen donde Terenci pudo ser asesinado.

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Mensaje por Invitado » Jue 03 Dic, 2020 2:00 am


ENTREVISTA A MARIO VARGAS LLOSA. Entrevista realizada el 30 de noviembre de 2020

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Mensaje por Invitado » Sab 28 Nov, 2020 10:30 pm


Presentación completa del libro 'La vuelta del comunismo', de Federico Jiménez Losantos

Tras el éxito de ventas que ha supuesto (y supone) 'Memoria del Comunismo', Federico Jiménez Losantos regresa con el esperado y anunciado libro 'La vuelta del comunismo' (Espasa)

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Re: HABLEMOS DE LECTURAS CUALES SON VUESTROS AUTORES/AS...

Mensaje por Assia » Lun 02 Nov, 2020 9:19 pm

Tan ''gran escritor'' fue Umbral que NO pudo conseguir convencer ni a Lita Trujillo ni a Pepa Flores (MARISOL) para escriibir las biohrafias de Lita Trujillo y la de Pepa Flores. El pobre Umbral iba detras de Lita como detras de Pepa Flores: como 1 penitente. A Lita Trujillo le decia mas o menos: '' LITA,ERES UNA MANZANA GOLPEADA Y YO, PUEDO ESCRIIR UNA GRAN BIOGRAFIA DE TU CLAMOROSA VIDA.'' Lita le contestaba: '' Mi biografia la escribire yo, no te necesito Paquito.''
Pepa Flores, simplemente le decia: '' NO ME FIO DE TI, PACO'' Con ''toito el pagne'' que hubiera ganado el ''gran escritor'' Umbral si hubiera podido escribir esas dos biografias. Claro, que para gustos, colores.
Y como famos@s NO le dejaron escribir sus biofrafias, el pobre Paquito Umbral, se invento 1 media biografia de Lorca en la que titulo: ''LORCA, POETA MALDITO'' Retratando a Lorca, a la imagen y semejanza del ''gran escritor'' Paquito Umbral.Pese a que yo pague el precio de ese libro: '' LORCA, POETA MALDITO,'' UNA SEMANA DESPUES QUE YO LO COMPRARA, EL LIBRO ESTABA DE REBAJA.

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Mensaje por Invitado » Dom 01 Nov, 2020 2:40 am



'Anatomía de un dandy' nos descubre la verdadera vida de Umbral, todo un farsante

Francisco Umbral fue un gran escritor que se inventó una vida, como coraza o como impostura, pero como él decía, "todo es mentira".

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Mensaje por Invitado » Lun 10 Ago, 2020 2:32 am

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Un Negroni en la biblioteca

KARINA SAINZ BORGO

Todos los días nueve de cada mes pienso en esto. Incluso en los días previos paso revista a la misma pregunta desde hace ya seis meses. ¿Cómo ha podido ocurrir? No es la primera vez que hablo de la muerte de David Gistau, acaso porque a mí misma me cuesta creerla y a veces me sorprendo buscando su contra en El Mundo. Sé que usted, lector, también lo echa de menos y se preguntará también cómo habría contado él lo que hoy nos pasa, que no es poco. A mí, como a usted, lector, sólo me unían a Gistau sus palabras: esos zafiros engarzados con un punzón o un puñal en las mañanas de los domingos. Hay una película de irrealidad que envuelve todo lo que tiene que ver con su desaparición: ha sido un enganchón del destino o la obra de un Dios despótico.

El sábado pasado volví a leer Gente que se fue (Círculo de Tiza), quería volver a su prosa contundente. No leí la primera edición, que conservo subrayada, sino la segunda. Quise liberarme de lo ya vivido y comenzar desde cero, como una página en blanco. Eva Serrano decidió reeditar el libro con un prólogo de Manuel Jabois que se añade al de Javier Aznar y con una actualización de la biografía de Gistau. Cuesta leer su trayectoria en pasado: hizo, escribió, trabajó, falleció… Ya saben, esa primera muerte que ocurre en el lenguaje y que destierra a los hombres y las mujeres a vivir en el pasado.

Leí Gente que se fue con otros ojos. Ya no con la sorpresa y entrega de la primera vez, sino con la certeza de que debía demorarme y paladearlo, estirar con buen criterio el tiempo que dedicara a cada página. En la lentitud de esta nueva lectura encontré aún más belleza en uno de los relatos, «Negroni», la historia rocambolesca de un hombre que no sabe conducir y termina acunando al bebé de una stripper en el asiento de un Jaguar. Hallé aún más humor, ternura y genialidad. Entonces volví a cabrearme con Dios, que a veces sale a pasear con la gente equivocada y le pilla lo importante en otro lado.

Lo dije en su momento: Gente que se fue es un bestiario de lo masculino y un zoológico de la hombría, pero, sobre todo, es un paisaje de la ausencia, una multitud de gente rota. Me emocionaron el Daniel guionista con su plaza Santa Ana y sus croissants o esos hombretones entristecidos como el Arturo, un personaje descrito con elegancia y empatía. Alguien que después de recibir un guantazo de un rumano y pasar la noche entera varado en un puticlub encerrado en un coche de alta gama con una cría en brazos, busca la primera mesa libre del bar y se bebe un Negroni mientras lee el ABC.

Nunca había tomado un Negroni hasta que leí este libro. Desde el velatorio de Gistau el cóctel ya no es inofensivo, como si en un vaso se mezclaran sabores y sentimientos contrarios. Sus amigos se las apañaron para ofrecerlo a las personas que acudieron a despedirlo al tanatorio, un episodio que a mí me pareció inverosímil como las canciones de La Fania, esa música con la que puedes echarte a llorar bailando. Había pesar en ese brindis, pero también vida. Pienso mucho en eso, en el miedo que siento hacia la muerte y lo mucho que me empeño en escribir sobre ella. Pero ese es otro tema.

Peleo conmigo misma cada vez que entro en la nebulosa de la muerte de Gistau. Es estéril resistirse a su verdad tiránica e irrevocable, casi como enfadarse porque existe la ley de gravedad. Por más que me reprendo, la sensación es la misma e incluso se amplifica. Pero este sábado, a diferencia de otras veces, la lectura de sus páginas luminosas cauterizó el vacío que recorre mi estado de ánimo cuando se acerca el aniversario de su partida.

Hay quienes tienen razones de verdad, de las que sí importan, para que brote la ira al pensar en su marcha. Pero no puedo decirle a mi yo lector que se quede en casa y no salga a patear contenedores. El boxeador novato que aprendió a pegar leyendo sus columnas encuentra dolor e ironía en su ausencia, un enfado acre y bilioso, una sensación de revancha. Aún más cuando la víspera de su muerte coincide con la víspera de mi cumpleaños. Nueve de febrero. Nueve de todos los meses del año que no existió, el 2020. Una fecha sin piedad.

El premio de columnismo que lleva su nombre, y que El Mundo y ABC anunciaron hace apenas unos días, me pareció una manera de ganarle terreno a la muerte, de hacerle perder pasos ante el recuerdo de un escritor clásico y elegante como un vaso de Campari, ginebra y vermú rojo posado en la balda de la biblioteca: un mar al que irán a ahogarse los fantasmas, los de Gistau y los nuestros, lector.

Nueve de agosto. Nueve, pues.

Eso, nueve.

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Mensaje por MELBA » Dom 28 Jun, 2020 6:16 am

CON ESTO DE LA PANDEMIA, NO QUIERO SACAR NINGUN LIBRO DE LA BIBLIOTECA
BUSCANDO EN MI BIBLIOTECA, ENCONTRE 1 LIBRO MUY ANTIGUO QUE ME LO REGALO 1 SUIZO. TITULO DEL LIBRO: '' E L I A '' ESCRITO CON SEUDONIMO MASCULINO: FERNAN CABALLERO,
CUANDO LA AUTORA DE ESTE LIBRO ES 1 MUJER LLAMADA:CECILIA BOHL DE FABER. LA EXPLICACION ESTA DE
QUE ESTA AUTORA QUE MURIO EN 1796 BUSCO 1 SEUDONIMO MASCULINO PARA QUE TOMARAN EN SERIO SUS OBRAS LITERARIAS.

LO MISMO O ALGO PARECIDO LE PASO A LA AMANTE DE CHOPIN, QUE SIENDO 1 GRAN AUTORA, SE PUSO TAMBIEN SEUDONIMO
MASCULINO: GEORGE SAND, CUANDO SU NOMBRE ERA AMANTINE LUCILE AURORE. MURIO EN 1876. SI HE SACADO ESTE TEMA, ES POR LOS SERMONES DE CESAR VIDAL EN EL QUE NOS DIJO QUE EL HOMBRE ES SUPERIOR A LA MUJER Y NOS PUSO VARIOS EJEMPLOS DE LOS INVENTORES MASCULINOS. PERO EL VICAR NO DIJO QUE A LA MUJER NADIE LA TOMABA EN SERIO POR MUY BUENA
QUE FUERA Y AHI OS DEJO EL EJEMPLO, COMO 2 GRANDES AUTORAS TUVIERON QUE PONERSE SEUDONIMOS MASCULINOS PARA QUE TOMARAN EN SERIO SUS GRANDES OBRAS LITERARIAS.

Re: HABLEMOS DE LECTURAS CUALES SON VUESTROS AUTORES/AS...

Mensaje por Assia » Mar 21 Abr, 2020 1:26 pm

Esta manana escribi mas o menos el titular en la pagina CULTURA EL PAIS sobre Sartre y su filosofia. He buscado en GOOGLE y NO es cierto lo que dicen LAS ADELAS del la pelea entre Sartre y Camus. La verdadera pelea por la que dejaron de hablarses para siempre Sartre y Camus se debio a la Guerra de Argelia. Sartre desde 1 princippio se opuso a esa Guerra y Camus, quizas por ser argelino, estuvo a favor de que esa Guerra continuara y la ganaran los franceses.
Es cierto, que ya antes de esa pelea, hubo sus dimes y diretes entre Sartre y Camus y lo que mas le molesto a Camus es que cuando le envio el manuscrito a Sartre de su libro (de Camus) '' THE FALL'' Sartre le contesto que tenia que volverlo a leer porque no lo habia entendido bien…? Honestamente, solo recuerdo que Sartre le dijo a Camus que tenia que volver a leer otra vez, ''THE FALL''
Como Camus insistia en la opinion de Sartre sobre su libro, Sartre le contesto: ''QUE NO LE GUSTABA ESE LIBRO.'' Para gusto colores, yo compre ese libro, ''THE FALL'' y a mi tampoco me gusto. No obstante, insisto, que fue LA GUERRA DE ARGELIA, LA CULPABLE DE QUE NUNCA MAS SE HABLARAN LOS 2 FILOSOFOS. Los libros de Camus, 2 o 3 que he leidos si son libros de filosofia PERO A MI ENTENDER, CAMUS NUNCA ESTUDIO FILOSOFIA. Si la memoria me es fiel, el primer libro que escribio Camus esta dedicado a su madre y en la dedicatoria dice mas o menos: '' AUNQUE SE QUE NUNCA LO LEERAS'' La madre de Camus era analfabeta y muchos aseguran que la madre de Albert Camus era espanola casada con... unos dicen frances y otros dicen argelino. Lo que si se es que a Camus NO le gustaba decir que era argelino.

Re: HABLEMOS DE LECTURAS CUALES SON VUESTROS AUTORES/AS...

Mensaje por Assia » Mar 21 Abr, 2020 3:00 am

Ayer lei en el HILO politica la entrevista a Varguistas el de ''los punos de hierro.'' Ya sabia y CREO que hace tiempo lo puse en este foro que Varguitas durante su estancia en Paris era admirador de Sartre, para despues, pasarse a ser gran admirador de Albert Camus. Es que ya sabemos que Varguitas lo mismo cambia de gustarle 1 filosofia para despues cambiar de gusto; lo mismo que Varguitas cambia de mujeres.

Lo que en esa entrevista se le olvido decir a Varguitas, que antes de la famosa pelea entre Sartre y Camus, cada libro que escribia Camus le gustaba que lo leyera Sartre. Pobre Camus que muy pocos lo recuerdan hoy.!

En cambio, hoy en EL PAIS viene este titular refiriendose a Sartre: '' 15 DE ABRIL DE 1980,SARTRE PERMANECE EN UN PURGATORIO FILOSOFICO MIENTRAS SU OBRA LITERARIA TODAVIA GENERA FASCINACION Y DEBATE...''

Pese a que ser que habra lectores de este foro que NO esten de acuerdo conmigo, para mi Sartre FUE, 1 DE MIS FILOSOFOS PREFERIDOS Y DE SU COMPANERA SENTIMENTAL, APRENDI, LO QUE ES SER FEMINISTA.

Camus era soberbio e insoportable con los de mas abajo. Mas de 1 vez los trabajadores de la empresa que printaban el periodico de Sartre, creo que se llamaba: '' TIEMPOS MODERNOS...?'' No estoy segura, pero mas de 1 vez, esos que imprimian ese periodico se quejaban a Sartre por como los trataban Albert Camus.

Camus, escribia todo lo contrario de lo que hacia. Los libros de Camus, pueden parecer moralistas, pero Camus llevaba 1 vida de juergas que vaya usted a saber todo lo que lei de Camus... Hasta hubo rumores que solon fueron rumores, donde se rumoreaba que Camus YA al no gustarle a las mujeres, hizo que su companero que era el que conducia el automovil, le diera tanto al pedal, que los 2 se mataron en ese accidente. Naruralmente, esto solo son rumores. Como naturalmente, quizas si Camus hubiera tenido ''toito'' el pagne que tiene Varguitas. seguro que Camus hubiera seguido gustandoles a las mujeres.

Aun siento verguenza ajena cada vez que leo el dicursito de Camus dando las gracias despues de recibir EL NOBEL. 1 poco parecido al de Varguitas que agradecia a su mujer Patricia cuando a pocos dias despues la abandono por la filipina, Seguro que Varguitas tomo algo de ese discurso de Camus que tambien agradecia la libertad en Francia mientras la policia francesa cerraban la oficina de los maoistas franceses y detenian en las calles a manifestantes. Cierto, Varguitas, no me sorprende que cambiaras de Sartre a Camus.

Re: HABLEMOS DE LECTURAS CUALES SON VUESTROS AUTORES/AS...

Mensaje por Assia » Lun 20 Abr, 2020 7:37 am

No se si este sera el Tema adecuado para comentar 1 opinion de Almudena Grandes sobre 1 de mis escritores favoritos: Perez Galdos. He comentado muchas veces que no me gustan los libros de Almudena Grandes, pero tambien he comentado que muchisimas veces estoy de acuerdo con sus opiniones en EL PAIS.

Parece ser (segun GOOGLE) que Almudena escribio sobre Galdos (5 ENE 2020) se me pasaria a mi esta opinion o.., es que ultimamente EL PAIS como otros periodicos NO nos permiten ultimamente leer todas las opiniones completas si no nos subscribimos.

El Titulo de la opinion de Almudena Grandes es: '' GALDOS PARA ENTENDER LA ESPANA DE HOY'' A mi me ha irritado Almudena que hayas escrito que '' GALDOS NO ERA NEUTRAL...?'' Claro, en 1 democracia todos tenemos derecho a dar nuestras opiniones y para mi. Almudena, la que NO eres ''neutral'' eres tu con defender a este gobierno del PSOE que con tal de estar en el poder, es capaz de pactar con el diablo.

Mucho dano le hicieron a ese gran escritor espanol. Por si hay algun lector que no lo sabe, Perez Galdos estuvo en la lista para ganar el Premio Nobel de Literatura, pero unos envidiosos, dicen que escribieron a los academicos suecos para que a Perez Galdos, NO LE CONCEDIERAN EL NOBEL.

Hara 1 par de dias, CREO que fue en EL MUNDO, Varguitas Llosas escribio 1 articulo sobre es gran escritor, Perez Galdos. Lamentablemente NO lo pude leer porque como escribi mas arriba, ahora no te dejan leer los articulos por completos o seria mejor decir, opiniones de famosos si no te subscribe al periodico.

Recapacita para tus adentros Almudena Grandes que la que NO es neutral eres TU, con tanto defender a tu PSOE que con tal de estar en el poder, pacto con el partido politico que dijo que NUNCA PACTARIA. A ver si recapacitando tu, Almudena, encuentras que la que NO ES ''NEUTRAL'' ERES TU Y NO GALDOS.

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Mensaje por Invitado » Mar 07 Abr, 2020 3:26 am

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Mensaje por Invitado » Jue 02 Abr, 2020 2:40 am

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Woody Allen y Mia Farrow junto a Misha, Dylan (en brazos de Mia), Fletcher y Soon-Yi, que luego sería la mujer de Allen, en 1986.

Woody Allen: "Sin creer en la vida futura, es igual que me recuerden como director o pedófilo"

'A propósito de nada', la autobiografía recién publicada del director, se convierte en un ajuste de cuentas contra Mia Farrow

LUIS MARTÍNEZ

Cuesta recuperar el aliento tras la lectura necesariamente atenta (y, por momentos, estupefacta) de A propósito de nada, la autobiografía siempre pospuesta (y hasta negada) de Woody Allen. El lunes, y tras la negativa de Hachette de editar el libro, Arcade Publishing sorprendió no tanto con noticia o promesa alguna como directamente con un hecho rotundo. De golpe, el libro estaba ahí como si se tratara de uno de los trucos de magia que tanto han cautivado siempre a su autor. Son 400 páginas que pesan como plomo fundido hasta en el Kindle, la manera instantánea de acceder a él. «Me desagrada», se lee casi al final, «haber dedicado tanto espacio a la acusación falsa de la que he sido víctima, pero digamos que el asunto ha traído agua al molino del escritor. Al fin y al cabo, ha añadido un elemento dramático a una vida por otro lado bastante banal».

Se antoja difícil cuantificar cuantas palabras ocupan en el total lo que se puede considerar, a tramos, como una aclaración o un resumen o un desquite o, directamente, un ajuste de cuentas. Mia Farrow empapa cada párrafo, aunque no aparezca. Por momentos, da la impresión de que la puntual descripción de toda su carrera, desde su trabajo como negro para shows televisivos a su filmografía película a película pasando por sus inicios como monologuista de éxito, está ahí para dar fe únicamente de que él hace cine y que, obviamente, ni tiene tiempo ni le interesa el abuso de niños. Pero un paso más allá, y de forma ya explícita, el no menos detallado relato de su vida amorosa mujer a mujer cumple el declarado propósito de reivindicar para sí el bien confuso de la normalidad. «Es mentira», dice en varias ocasiones, «que me hayan interesado nunca las menores de edad. Casi ninguna de mis amantes ha sido más joven que yo». Y luego está, ya sí, la durísima reconstrucción de su relación con la mujer con la que compartió 13 años de vida y cine. «Desequilibrada», «manipuladora» o «mentirosa» son adjetivos que se van alternando con acusaciones nada veladas de maltrato a sus hijos o de la utilización de su afán por adoptar con fines oscuros («Tú haces películas, mi trabajo consiste en ser madre», dice Allen que le llegó a decir).

«¿Cómo se entiende que dos de sus hijos adoptados se suicidaran?»

En realidad, Woody Allen no ofrece, ni lo pretende, datos nuevos. Su versión, por así decirlo, es clara y varias veces hecha explícita. Pero nunca hasta ahora de manera tan meticulosa y hasta agresiva. La única culpa que se atribuye el autor es la de no haber sido capaz de ver las señales de peligro. Cuenta que apenas entablar conocimiento con Mia, ella le propuso sin apenas mediar ni cortejo ni casi conversación tener un hijo juntos. Entonces, ella era madre de siete (cuatro adoptados y tres biológicos con el músico André Previn). Toda su familia, sigue con saña, presentaba un historial de «alcoholismo, drogodependencia y problemas con la ley. De entre sus tres hermanos y sus tres hermanas, uno se suicidó, otro acabó en el manicomio y un tercero fue a prisión por molestar a los niños». Esa fue la primera «bandera roja», dice, que no fue capaz de ver. Otra, sigue, es el «apego antinatural» que mantenía con su hijo Fletcher. Y para que no quede duda trae a colación la descripción de Moses, uno de los siete hijos ya alejado de la madre. Salvo él, Fletcher, todos sufrían, siempre según el relato de Moses, maltratos: «Incluso mi hermano Thaddeus, un parapléjico por culpa de la poliomielitis, estuvo encerrado toda la noche en un cobertizo de jardín, como castigo por alguna tontería».

Allen insiste en que la distancia (cada uno vivía en un apartamento a un lado y otro del Central Park neoyorquino) y el trabajo (al ritmo de una película por año desde Zelig a Maridos y mujeres, un total de 11 películas, obra maestra tras obra maestra con la excepción quizá de September y Sombras y niebla) le impidió darse cuenta de nada. Y así hasta que se enamoró de Soon-Yi, su mujer actual desde hace 20 años e hija adoptada de Mia. El director insiste en que sólo reparó en ella cuando estaba en la universidad con 22 años cumplidos; y que nunca (y por culpa de los comentarios de Mia que la trataba de «idiota») había pensado en ella más que como una niña con un pasado cruel y desestructurado a la que había que ayudar. Y así hasta llegar al episodio de las fotos que desencadenó todo. Tras una noche de pasión, él y ella se hicieron una fotos «muy sexys» («para aumentar la presión del momento», escribe) y esas polaroids fueron a parar de manera descuidada a una repisa al alcance de cualquiera, incluida la propia Mia, madre de una y ex amante del otro.

Es quizá éste el único punto en el que Allen pierde el aplomo demostrado en cada línea de la autobiografía. «¿Dejé las fotos a propósito a la vista para cortar una relación ya agotada? ¿Inconscientemente quería romper? No. Fue solo el error de un tonto», se lee entre la rabia, el arrepentimiento y sólo el desconcierto. Lo que vino después es conocido: la ruptura después de que Mia acusara a Allen de haber abusado de la otra hija de siete años de edad adoptada por los dos, Dylan. Eso y un largo caminar por tribunales, psicólogos y fiscales donde quedó sin demostrar nada. Allen lo vuelve a contar todo y desciende a una aburrida prolijidad sólo compensada por la ira. «¿Cómo se entiende que dos de sus hijos adoptados se suicidaran, un tercero casi los imitara, mientras que otra hija, VIH positiva, murió de SIDA a los treinta años sola en un hospital en la mañana del día de Navidad?», se pregunta el autor en un momento dado antes de acusarla de recorrer orfanatos en busca de niños desvalidos «como el que hojea libros de segunda mano», o de denunciar como la madre amantísima dormía desnuda con Satchel; es decir, con el que luego cambiaría el nombre a Ronan y que teóricamente era hijo biológico de los dos (y lo de teórico corre a cuenta de que posteriormente ella confesaría que el padre era Frank Sinatra, pareja anterior). La rabia, en efecto, es esto.

«... la mujer siempre tiene razón»

Allen no deja pasar la ocasión para, precisamente, pasar lista y acordarse de todo y de todos: los que se apuntaron, y ahí siguen, al «linchamiento» (en palabras del Javier Bardem) y los que le defendieron. Primero se dirige al juez que instruyó el caso (Wilk) y le acusa de utilizar su puesto para incluso acosar a algunas de las mujeres por él juzgadas. Y, luego, a todos los demás que tras la nueva declaración de Dylan ya en pleno MeToo con 30 años cumplidos le abandonaron. «Me sorprende que alguien como yo, que ha prestado tanta atención a los personajes femeninos en todo mi trabajo, haya sido atacado con tanta furia por los talibanes del MeToo», dice sin bajar el tono. Se lamenta de que actrices como Greta Gerwig, con la que trabajó en A Roma con amor hayan hecho público su arrepentimiento. Intenta comprender que, por aquello de su candidatura al Oscar, Timothée Chalamet haya incluso declarado su intención de devolver el dinero recibido por su trabajo en Día de lluvia en Nueva York. Pero sus palabras más amargas son para el periódico The New York Times del que se confiesa lector de toda la vida y que, dice, no le ha dado jamás ningún opción ni a él ni a nadie de su entorno ni de explicarse ni de intentar explicar lo que consideran la verdad. Hillary Clinton, además, rechazó su donación de 50.000 dólares.

También hay agradecimientos (a Bardem, Scarlett Johansson, Alec Bladwin o Blake Lively) y entre ellos destacan los dedicados a cada una de sus mujeres: «Harlene, Keaton, Louise Lasser y Stacey. Después de conocerme íntimamente y, en algunos casos, de haber vivido años conmigo, habrían tenido que darse cuenta si podía acosar a una niña». Y un grito, éste de rabia: «Con la llegada del MeToo, el hecho de que una falsa acusación se volviera contra mujeres acosadas reales parecía ser secundario». Y una más: «Por Dios, los que me acusan estan en contra de la pedofilia y no tienen miedo de decirlo en voz alta, especialmente a la luz del nuevo descubrimiento científico de que la mujer siempre tiene la razón».

«Que mis cenizas se esparzan cerca de una farmacia»

Allen, en cualquier caso, y pese al evidente enfado, no pierde la voz. Por una vida entera dispuesta casi en línea recta, el autor no renuncia a ser él mismo. E insiste en sus clásicos. Que si él jamás ha conseguido una obra maestra; que si lo único que tiene de intelectual son sus gafas negras; que si lo daría todo por escribir como Tennessee Williams y rodar como Elia Kazan; que si lo daría todo, por tanto, por haber firmado la obra a la que siempre vuelve: Un tranvía llamado deseo. En cuanto descansa de su ira, el texto se enreda sobre sí mismo para perderse y volverse a reencontrar en divagaciones, pensamientos y hallazgos deslumbrantes. Siempre sincero: «Nunca he leído Ulises, Don Quijote,Lolita, Trampa 22, 1984. Nunca he leído una línea de Virginia Woolf, E.M. Forster, D.H. Lawrence; Lo mismo ocurre con Dickens y las hermanas Brontë». Y sin renunciar nunca a ese catastrofismo inteligente, a ese pesimismo iluminado «Sin creer en una vida futura, no veo qué cambiará si me recuerdan como director o pedófilo. Solo pido que mis cenizas se esparzan cerca de una farmacia», escribe como sólo él es capaz.

"'Maridos y mujeres', mi obra más libre"

La autobiografía añade poco sustancial a la literatura 'alleniana' existente y publicada. Poco nuevo sobre su cine en sentido estricto. En muchos aspectos, el nivel de detalle de la larga entrevista de Eric Lax al cineasta de Brooklyn resulta mucho más revelador. Sin embargo, la lucidez con la que él mismo reivindica trabajos olvidados y fulmina algunas de sus grandes obras se antoja impagable. Tiene claro que 'Maridos y mujeres' es sin duda su obra más libre, más arriesgada; discute con voluntad casi suicida la parte en la que él es es el personaje principal de 'Delitos y faltas'; adora 'Balas sobre Broadway' por lo que tiene de comedia sin complejos; está convencido de que 'La rosa púrpura del Cairo' es la película que mejor le define como cinéfilo profundamente alérgico a la realidad (sólo dio con la clave cuando, de repente, imaginó el encuentro entre el personaje que sale de la pantalla y el actor que visita la ciudad), y tanto el intento de imitar a Bergman ('Interiores') como de jugar a ser Chejov ('September') le pueden y le abruman. ¿Y su obra preferida? Nadie los sospecharía: 'Wonder Wheel'. Lugar de excepción tienen en 'A propósito de nada', dos de los directores de fotografía con los que ha trabajado: Gondon Willis y Carlo de Palma. El primero, por meticuloso y genial; el otro, por caótico y exactamente igual de brillante. Por lo demás: "Hacer películas me gusta, pero carezco de la decisión y el empeño de Spielberg o Scorsese. No consigo permanecer el el set hasta el agotamiento y renunciar a ver el principio de un partido de baloncesto o a acostarme con mi mujer a su hora".

«Un 'schlemiel' (idiota) de bronce en Oviedo»

España tiene también su espacio en A propósito de nada. Y lo tiene tanto para la calma como para el ruido. «Oviedo es un pequeño paraíso, con la única mancha de la presencia de un schlemiel (idiota en hebreo) de bronce», dice. Y lo hace justo después de comentar divertido esa obsesión por robarle las gafas a la estatua que pasea por el centro de la ciudad asturiana. Recuerda cuando recibió el Premio Príncipe de Asturias, uno de lo pocos que ha aceptado en su vida, y tiene presente de manera muy especial su encuentro con Arthur Miller gracias a Oviedo, a España y a sus príncipes. De paso, reconstruye la cena que ofreció a los ahora reyes en su casa de Nueva York. Pero es la ciudad de San Sebastián la que recibe el honor de aparecer justo al final. No en balde es ahí donde por fin ha podido hacer la que es su última película. El festival de Rifkin, pese a todo.

«¿Cómo resumir mi vida? Tantos errores estúpidos compensados por la suerte. ¿Mi mayor arrepentimiento? Que tenía millones para hacer películas en total libertad y nunca filmé una obra maestra. Si pudiera cambiar mi talento por el de cualquier otra persona, viva o muerta, ¿a quién elegiría? Bud Powell. Aunque Fred Astaire viene poco después. ¿Mi heroe favorito? Shane [Raíces profundas]»



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La crítica se ensaña con la autobiografía de Woody Allen, "un pervertido peligrosamente desequilibrado"

"Si usted se ha quedado sin papel higiénico, las memorias de Woody Allen también son de papel", titula su crítica el 'Washington Post'

PABLO PARDO

Leer las memorias de Woody Allen, A propósito de nada puede provocar coronavirus mental. O peor. Es la peste bubónica intelectual del siglo XXI. Cuando el crítico literario del New York Times Dwight Garner anunció a su esposa e hija que iba a hacerla, "me miraron estupefactas, como si les hubiera dicho que iba a ir al último bufé que todavía siga abierto y a lamer las "barras de estornudar", es decir, las mamparas de plástico transparente que protegen la comida para que la gente no les eche encima gérmenes, o saliva, o mocos.

Así lo explicaba Garner el miércoles pasado en el tercer párrafo de su reseña del libro. En el cuarto, anunciaba que el artículo "no es un veredicto acerca de la moralidad de Allen". Pero en el sexto el pobre hombre tenía que dejar constar, antes de entrar en materia, que "creo que la relación sexual de Allen con Soon-Yi Previn, la hija adoptiva de su pareja durante muchos años, Mia Farrow, que empezó cuando Previn tenía 21 años, fue, evidentemente, un acto de un pervertido cuyas neuronas están peligrosamente desequilibradas".

En el séptimo párrafo entraba en las acusaciones - rechazadas tras dos investigaciones por la policía de EEUU - de que Allen había abusado sexualmente de otra hija adoptada de Farrow cuando ésta tenía 7 años. En el octavo, advertía una vez más al lector que el libro había sido escrito por Woody Allen, así que "máteme o siga conmigo: tenemos un libro del que hablar". Iban luego seis párrafos sobre, increíblemente, A propósito de nada, culminados con otros 15 acerca de los comentarios sexistas que el director y actor dedica a una serie de mujeres. Entre medias, 71 palabras para recordar que Allen se casó dos veces, tuvo una larga relación con Diane Keaton, fue amigo de Mel Brooks y Norman Mailer, y toca en un grupo de jazz.

La actitud de Garner, aunque condescendiente como solo puede serlo el New York Times, es de las más educadas hacia A propósito de nada. El Washington Post ha sido mucho más directo. La escritora Monica Hesse ha titulado su reseña del volumen pensando, de nuevo, en el coronavirus: "Si usted se ha quedado sin papel higiénico, las memorias de Woody Allen también son de papel". Y la columnista del Guardian Catherine Bennett lo ha calificado de "autoinculpatorio".

En todos esos casos, la crítica es la misma: en sus memorias, Allen aparece como un tipo con mala leche, egocéntrico y neurótico, y, sobre todo, incapaz de mirar a una mujer joven y guapa sin desnudarla mentalmente. ¿Quién podría imaginar semejante cosa del director de títulos como La comedia sexual de una noche de verano, o Todo lo que usted quería saber sobre el sexo pero no se atrevía a preguntar, o de frases del estilo de "nunca te he visto como una hembra de tipo humano" (Balas sobre Broadway)?

El libro deja claro, según Garner, que Allen "es un hombre del siglo XX en el siglo XXI". Lo que, de nuevo, considerando que el cineasta tiene 84 años, revela, más que otra cosa, que el crítico del Times sabe contar. Evidentemente, el tratamiento que da el cineasta a las mujeres es impropio de la era actual. Allen, quién lo iba a pensar, es un viejo verde que hace de las mujeres objetos a los que se refiere como "rubia cañón", "aperitivo delicioso", "frutita exquisita", "grácil modelo de lencería" o "chica de póster central de revista". Una de sus ex esposas "nunca encontró un colchón que no le gustara". Scarlett Johanson es "sexualmente radioactiva". Christina Ricci, "completamente deseable". Penélope Cruz es "una actriz buena y complicada" pero, sobre todo, "uno de los seres más sexies sobre la faz de la Tierra y, emparejarla con Scarlett eleva la valencia erótica de cada una al cubo".

Para describir la relación que él tuvo a los 42 años con Stacey Nelkin, que entonces apenas tenía 17, explica que "entramos en faena".

No está claro si son reseñas o ataques, pero esas críticas soslayan el hecho de que el libro de Allen es sorprendentemente lineal alguien de su talento narrativo. Es como si se hubiera quedado sin ideas. Los mejores momentos son los de su infancia, cuando relata cómo fue su vida en Nueva York bajo su nombre verdadero, Allan Stuart Konigsberg. Una vida de un niño bien adaptado socialmente, nada del empollón frustrado que cabría esperar de su obra posterior y al que se refiere a menudo en sus películas. Allen aparece, en realidad, como un tipo bastante normal, casi hasta aburrido, con una mentalidad muy de los sesenta a la hora de ligar, y que, pese a la pretenciosidad de sus películas, insiste en que no tiene una cultura especialmente grande. El resto es una crónica relativamente formulaica de su vida, siempre con ingenio - "Oviedo, una pequeña ciudad con un clima como el de Londres y encantadora" - pero sin demasiado atractivo.

Eso es una lástima, porque cabría esperar mucho más de alguien que, al margen de todo su arte y sus controversias, ha logrado hacer más que nadie para integrar la identidad judía en Estados Unidos y, de paso, en Occidente. Solo con eso, Allen habría tenido material para escribir una - otra - obra maestra. Los críticos que se centran en la relación del cineasta con las mujeres son con W., la su pareja en el cuento "Selecciones de los cuadernos de Allen", publicado en noviembre de 1973 en el semanario The New Yorker, con la que el autor decide romper porque "no comprende lo que escribo. La otra noche declaró que mi Crítica de la realidad metafísica le recordaba a Aeropuerto".

En realidad, el libro y las reacciones son el reflejo de una sociedad tribalizada. Allen, un tipo de izquierdas cuyo nihilismo existencial escandalizaba a los conservadores, ha visto cómo A propósito de nada ha sido elogiado por el National Review, el semanario fundado en los años sesenta por el ideólogo de la revolución de Ronald Reagan, Christopher Buckley y por el estandarte de los tories británicos de más rancio abolengo, el Daily Telegraph. Acaso sea señal de cómo las guerras de la cultura - un término que le gustaba mucho a Buckley - han acabado devorando el legado de uno de sus mayores guerreros, Woody Allen, alguien que hizo del humor más corrosivo e iconoclasta una seña de identidad.

Paradójicamente, ha sido la izquierda - el bando en el que Allen militó - quien se ha acabado volviendo contra él. Leyendo las reacciones de los críticos en relación a A propósito de nada, es imposible recordar el artículo que Woody Allen publicó el viernes 10 de agosto de 1979 en el New York Times: "Más que nunca en ninguna época de la Historia, la humanidad se halla ante una encrucijada. De los dos caminos a tomar, uno conduce al desaliento y a la desesperanza más absoluta y otro a la total extinción. Roguemos al cielo sabiduría para elegir el que más nos convenga".

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