DE CINE

Publicar una respuesta


Esta pregunta es una forma de evitar inserciones automatizadas por spambots.
Emoticonos
:cry: :blackeye: :up: :loker :fire: :lol: :grin: :calceta: :pinocho: :shock: :mrgreen: :clown: :juas: :>D: :pukeright: :x :bravooo: :sun: :clap: :salute: :happy0021: :sherlock :wave: :cheerleader3 :guitarman: :bobas :up2 :door :glob :smt031 :roll: :king: :FUCK YOU: :blah :kiss :welcome :eat :bowdown2 :eusaprayrf4: :juggle :cool: :walkman :yes: :pc :pale: :jump :amen: [-X :drunk :smoke :angrywife :acomer:
Ver más emoticonos

BBCode está habilitado
[img] está habilitado
[Flash] está habilitado
[url] está habilitado
Emoticonos están habilitados

Revisión de tema
   

Expandir vista Revisión de tema: DE CINE

DE CINE

Mensaje por Invitado » Jue 10 Oct, 2019 3:58 am

El revuelo causado por 'Joker' dice mucho más de lo que parece del mundo (y el cine) de hoy

La autocensura y los lloriqueos, el poco exigente cine comercial actual y el paternalismo, la doble moral... Las lecturas de las reacciones de la película de Todd Phillips han retratado nuestros problemas al enfrentarnos a la ficción.

Juan Sanguino


Cuando Clark Gable se veía obligado a compartir la habitación de un motel con Claudette Colbert en Sucedió una noche, las salas de cine se alborotaban cuando se quitaba la camisa y se paseaba con el torso al descubierto. Las ventas de camisetas interiores masculinas cayeron en picado. Era 1935 y el cine de Hollywood ejercía una influencia masiva en el estilo de vida de la población, sobre todo, gracias a una estrategia del gobierno estadounidense tras la Primera Guerra Mundial. Cuando el poder se dio cuenta de que los intelectuales, los filósofos y los artistas eran demasiado peligrosos como ídolos del pueblo, se alió con Hollywood para convertir a las estrellas de cine (maleables, vacías y, por aquel entonces, literalmente propiedades de los estudios) en los símbolos aspiracionales del pueblo: mediante cláusulas de moralidad (si daban escándalos perderían sus contratos) se controlaba su rectitud y decencia, mediante cazas de brujas se deshacían de aquellos menos afines a la ideología del Estado y mediante una asociación de empresarios denominada Academia de Hollywood se legitimaba la industria como una institución cultural a pesar de que esa organización lo único que tiene de academia es el nombre, porque su sola función es repartir premios una vez al año.

Desde entonces el cine ha sido el lugar donde el público ha peregrinado para entender el mundo, para decidir cómo vestirse, para construir su personalidad, para aprender en qué consisten las relaciones románticas, para mejorar sus maneras y para distinguir el bien del mal. En el siglo XX ir a misa los domingos fue siendo reemplazado por ir al cine cada viernes. La conversación social dominante pasó a ser “¿Has visto ya esta peli? Tienes que ver esta peli” porque, como aseguraba Gale Weathers en Scream, la cultura pop es la política del siglo XX. Y como ocurre con cualquier religión, la única forma que tuvo la industria del cine americano de mantener su virtud fue recurriendo a la hipocresía y a la doble moral. Durante un descanso del rodaje de Resacón en Las Vegas, Zach Galifianakis cogió un muñeco de bebé y comenzó a simular una masturbación. El director, Todd Phillips, estalló en una carcajada y exclamó “esto va a ir en la película”. Galifianakis se negó en rotundo: una cosa es que él bromee sobre la masturbación de un bebé en la vida real y otra que esté dispuesto a recrearlo delante de una cámara. Phillips no se rindió, habló con el estudio y con los padres del bebé real, y acabó rodando la escena. En Resacón en Las Vegas Galifianakis simula una masturbación con el bebé en dos ocasiones distintas.

Esta anécdota expone la doble moral que se ha acabado asentando como la norma en Hollywood y, por extensión, en todo el mundo: la mayoría de la gente hace chistes inapropiados en privado, pero se ha extendido un acuerdo tácito de que hacerlos en público es monstruoso. El cine no representa la vida, sino una versión estilizada, manipulada y aspiracional de la vida. El problema, por tanto, no es el chiste machista/racista/homófobo en sí. El problema es quién lo escucha y qué hace con ello, porque solo parecen existir tres posibles reacciones: reírse y pasar a otra cosa, ofenderse y llamar al boicot o celebrarlo y hacer apología de su machismo/racismo/homofobia. Y eso es exactamente lo que ha ocurrido con Joker, una broma que ha despertado tres únicas reacciones, sin espacio para los matices: ha sido valorada por lo que es (una película excelente), ha sido atacada por glorificar la violencia y ha sido celebrada como el antídoto canallita contra la corrección política que está arruinando toda la diversión en el primer mundo.

La Asociación de víctimas de Aurora (el cine en el que, durante una proyección de El caballero oscuro, la leyenda renace en 2012, un hombre mató a 12 personas) emitió un comunicado donde que expresaban su preocupación por que Joker presentase al villano de Batman como “un protagonista con una historia de orígenes el público empatiza”, a pesar de no haber visto la película todavía porque en el mundo en el que vivimos eso ya no hace falta. “Queremos dejar claro que apoyamos la libertad de expresión, pero invitamos a Warner a unirse a nosotros en la lucha para construir comunidades más seguras con menos armas”, concluía el comunicado. El ejército americano comenzó a planificar un refuerzo en la seguridad de las salas de cine donde se proyectaría la película, los medios alertaron del peligro de un efecto llamada (mucha gente sigue creyendo que el asesino de Aurora iba disfrazado de Joker, a pesar de haber sido desmentido por la policía tajantemente: el tirador eligió esa película porque sabía que habría mucha gente en la sala) y Warner respondió con otro comunicado. “Warner cree que una de las funciones de contar historias es provocar conversaciones difíciles alrededor de asuntos complejos. Que nadie se confunda: ni el personaje ficticio Joker ni la película apoya la violencia en el mundo real. No es la intención de la película, de sus responsables o del estudio elevar a este personaje a la categoría de héroe”. En cualquier otro momento de la historia esto parecería una obviedad, pero en episodios de tensiones sociales se ha dado la necesidad de aclarar que contar una historia violenta no significa justificar la violencia: ya ocurrió en 1967 con Bonnie y Clyde.

Como los espectadores españoles estarán comprobando este fin de semana, Joker es un drama psicológico que busca provocar angustia y desasosiego en todos y cada uno de sus planos sin dar respiro. Su violencia, sin embargo, no es tanto explícita como latente: el protagonista es agredido por unos gamberros, pero también es vejado por su jefe, juzgado por los desconocidos en el autobús, abandonado por los servicios sociales, ignorado por aquellos que en teoría están ahí para ayudarle y humillado sistemáticamente por su propia madre. Además de la violencia terrorista que perpetra el Joker, la película retrata cómo las violencias sociales, políticas e intrafamiliares campan a sus anchas en un sistema que las permite y las alimenta para que los fuertes se sigan haciendo fuertes a costa de los débiles. Para cuando Joker empuña un arma, su agresividad no es estilizada (como la de John Wick), sino visceral porque el público sabe exactamente de dónde proviene. Y si en esos momentos tan perturbadores, en la sala de cine, un espectador se levanta con una máscara y una pistola de juguete es comprensible que el caos que se desencadenaría pudiera poner en peligro la seguridad del resto de espectadores. Ante este ambiente inquietante, la cadena de exhibición Cinesa también ha prohibido la entrada a la sala con artilugios.

Pero en 2018, sin películas sobre terroristas urbanos maquillados de payaso de por medio, hubo 323 tiroteos en Estados Unidos con un total de 387 víctimas mortales. Joker no va a causar ninguna violencia que no estuviera ya ahí. El espectador que salga de verla planteándose liarse a tiros ya entró en esa sala con instintos homicidas. El fan que se dedica a insultar en redes sociales a todo el que cuestione la película seguro que ya ha insultado a alguien antes por cualquier otro motivo. Lo que Joker ha conseguido es exponer una violencia sistémica que, de un tiempo a esta parte, hemos venido asimilando, normalizando e interiorizando como comunidad. Los políticos usan un lenguaje agresivo, hostil y barriobajero. Los grupos de WhatsApp de padres y madres son excusas para desacreditar a los profesores y de paso explicarles a los demás padres todo lo que están haciendo mal con sus hijos. La película no busca glorificar la violencia ni presentar a un terrorista como a un héroe, sino como resultado de un sistema podrido. Tan podrido que, en la película, Joker acaba teniendo fans. Pero esta adoración al payaso violento ha ocurrido antes en el mundo real (políticos, youtubers) que en el cine: Joker no es causa de la violencia, sino su consecuencia.

Otra cosa es que los incel (un movimiento con varias ramificaciones cuyo nombre proviene de “involuntariamente célibes”) conviertan al Joker en su ídolo porque, como ellos, es presentado como una víctima del sistema: nada de lo que le pasa al Joker en la película es culpa suya. Otra cosa es que un tipo salga de ver la película, coja un arma y se lie a tiros. Eso solo significa que la película es moralmente compleja, algo que durante años se consideró una cualidad imprescindible en el gran cine (Rebelde sin causa, La noche del cazador, Ciudadano Kane, Thelma y Louise, Retorno al pasado, El padrino, ¿Quién teme a Virginia Woolf?, Atracción fatal, La red social) pero que hoy provoca escalofríos entre unos productores que, al acabar el trimestre, tienen que presentar un power point a sus accionistas japoneses mostrándoles beneficios netos.

Su director, Todd Phillips, no ha hecho más que echar leña al fuego de la controversia con declaraciones como “la extrema izquierda está incurriendo en prácticas de la extrema derecha” (resulta entrañable que los americanos crean que saben lo que es la extrema izquierda, cuando lo más parecido que tienen allí es el –más o menos– socialista Bernie Sanders) o “los tíos más graciosos están abandonando la comedia porque ahora es imposible no ofender a nadie”. Estas reflexiones encajan en el carácter honesto de Phillips, uno de los pocos cineastas que se ha atrevido a criticar al sindicato de guionistas por unas reglas que le impidieron acreditarse como guionista de Resacón en las Vegas a pesar de haberla reescrito él de arriba a abajo, pero también parecen buscar la complicidad de un tipo de espectador específico. Uno que probablemente encuentre consuelo en Joker como una fábula cuya moraleja es “si el sistema me ha jodido, yo estoy legitimado a joder el sistema”.

Joker se ha convertido, por tanto, en un campo de batalla para todas las ansiedades de la sociedad actual y ha atizado un nervio que llevaba tres años expuesto, palpitante y supurando. Desde que el #MeToo dio lugar a la cultura de la cancelación, los opresores han empezado a verse a sí mismos como víctimas y al final todos estamos cayendo en el mismo vicio facilón: Todd Phillips insinúa que ya no se pueden hacer chistes sin que salgan los lloricas a cancelarte, cuando lo que él está haciendo en ese momento es precisamente comportarse como un llorica. Universal canceló el estreno de The Hunt, una sátira sobre un grupo de ricos que se van de caza para matar pobres, por coincidir con el tiroteo en Dayton. Lo que esta (auto)censura preventiva parece ignorar es que la ofensa es algo imposible de controlar o contener: siempre habrá alguien que se ofenda por cualquier cosa y, si ese día está huérfano de noticias, miles de personas se subirán a la caravana de la indignación.

Teniendo en cuenta que en lo que llevamos de año se han perpetrado 337 tiroteos en Estados Unidos, ¿para qué se molestó Universal en producir The Hunt siquiera, sabiendo que había un 6 a 1 de probabilidades de que hubiera un tiroteo durante la semana de su estreno? La autocensura, por tanto, responde más a la doble moral que a la sensibilidad real: hace dos años, Bojack Horseman ya ridiculizó estas decisiones, movidas por la imagen corporativa y no por la integridad humana, en un episodio en el que rodaban una película de acción y se iban viendo obligados a recortar escenas para no herir la sensibilidad del público. Acababan estrenando una película de siete segundos.

La creación esta semana del colectivo Ficcial, presentado durante el festival de Sitges, para asesorar a los guionistas españoles que tengan dudas sobre si sus guiones hacen apología del machismo, el racismo o la homofobia suena más a distopía que a progreso. Para empezar, porque siempre va a haber alguien que considere que una película es machista, racista u homófoba al no haber un manual oficial de estilo. Si ni las feministas se ponen de acuerdo en qué es y qué no es feminismo (los trajes de Cristina Pedroche en Nochevieja: ¿empoderamiento o sumisión?), ni el colectivo LGTB tiene claro en qué dirección avanzar (los Javis: ¿necesarios para la visibilidad o maricas amables que perpetúan la heteronormatividad?), ¿cómo demonios se va a alcanzar un criterio único que no ofenda a nadie?

Intentar educar al público mediante el cine es paternalista, condescendiente y, a la vista de los resultados, inútil. Cuando se estrenó Scream los cines se llenaron de gente disfrazada de Ghostface con cuchillos y a nadie le preocupó porque su violencia era lúdica, cómica y exagerada. La de Joker, sin embargo, es cruda, perturbadora y reconocible. Pero eso es exactamente lo que las mejores obras de arte han hecho siempre: remover al público, conmocionarle y hacerle plantearse cuestiones morales, sociales o políticas. El cine comercial de esta década ha buscado tan desesperadamente el mínimo común denominador, huyendo de la más remota controversia y produciendo películas inocuas, inofensivas e intrascendentes que de repente ha llegado una película con agallas y el público ha salido trastornado. Pero culpar a Joker de la violencia sistémica que consumimos a diario y con la que nos comunicamos es como señalar a la luna y quedarse mirando al dedo: el trastorno lo traemos cada uno de casa. Nos hemos acostumbrado a vivir recibiendo insultos y amenazas, nos hemos acostumbrado a vivir con miedo y los titulares que advierten de posibles tiroteos en las salas donde se proyecta Joker solo están alimentando el alarmismo y convirtiendo nuestro miedo en clicks y en más dinero para las multinacionales. Multinacionales como Warner, la distribuidora de la película, que va a forrarse con una película antisistema. O como la propietaria de este medio, que va a beneficiarse de los lectores que valoren, apoyen o critiquen este artículo. Lo más perverso de Joker, por tanto, es que el discurso de su protagonista se está materializando en el mundo real.

DE CINE

Mensaje por Invitado » Mar 17 Sep, 2019 2:06 am

DE CINE

Mensaje por Invitado » Dom 25 Ago, 2019 3:08 am

Tarantino nos lleva de fiesta al lado oscuro del sueño ‘hippie’

DAVID GISTAU




CON LAS películas me ocurre lo mismo que a Bismarck con las leyes y las salchichas: cuanto más sé de cómo se hicieron, menos me gustan. Por ello, el del metacine, el del cine explicándose a sí mismo, no es mi género favorito. Ello no me salva de la contradicción de haber disfrutado con muchas películas caracterizadas por ese origen endogámico.

En los últimos años, por ejemplo, y en torno al afán de revisitar el macartismo, nos vinieron películas buenas, algunas humorísticas, otras dramáticas, que por añadidura traían la nostalgia de un Hollywood consciente de la decadencia de todo por lo que supuso, y no sólo por el neón, una acepción distinta de la «brillante ciudad sobre la colina».

Clooney en Buenas noches y buena suerte; los hermanos Coen con Ave César; la biografía de Dalton Trumbo, encarnado por Bryan Cranston, que prolongaba la expiación de un complejo de culpa de los estudios que reprimieron al gran guionista y consintieron el encarcelamiento de Los 10 de Hollywood, entre los cuales estaba Ring Lardner Jr., que escribió a ese respecto un libro limpio de rencor: Me odiaría cada mañana.

Sobre Hollywood, los únicos libros que me gustan más son los de Budd Schulberg. Lo mismo las memorias del guionista criado literalmente en los estudios que esa novela extraordinaria, El desencantado, donde cuenta los tristísimos últimos años de Scott Fitzgerald, cuando no le quedó más remedio que atarse a la cadena de montaje de guionistas en la que los estudios disfrutaban manteniendo cautivos, asalariados, a grandes escritores de la época –¡incluido Jardiel Poncela una década antes!–. Algo a lo que siempre se resistió Hemingway, pero no Chandler ni Faulkner, cuyo retrato en short, escribiendo a máquina en una terraza rodeada de palmeras y luz, nos lo enajena por completo de los herrumbrosos sables de su ecosistema literario.

La película de Tarantino que está en boca de todos es, en parte, metacine. Y es absolutamente divertida, hasta en detalles como el uso de la radio en las escenas de conducción, que a los usuarios de la Play les recordará el GTA. O en los regalos que Tarantino se hace con el fetichismo de los pies y con la incorporación de Pacino y de otros amigos en papeles pensados sólo para que se sumen a la fiesta. No alude al macartismo, sino a las sucursales europeas como Cinecittà o la Almería del espagueti, a la educación sentimental influida ya entonces por las series y, sobre todo, a la agonía de la utopía floral de los años 60. Para lo cual el argumento metacinematográfico se entrevera con la familia de Manson del rancho Spahn en la inminencia del crimen de Cielo Drive, con el que terminaron la inocencia hippie y la alegría de un Hollywood que hasta entonces fue una versión orgiástica y narcótica del País de Nunca Jamás.

A los años 60 les faltaba todavía el golpe de gracia, que fue el desastroso festival de Altamont (diciembre del 69), un intento de revitalizar los grandes conciertos a lo Woodstock del Verano del Amor, que se saldó, entre invasiones del escenario, con el asesinato de Meredith Hunter a manos de Los Ángeles del Infierno, mientras Mick Jagger, vestido de bufón medieval, cantaba Simpatía por el diablo.

Tarantino tiene un conocimiento exhaustivo del crimen de Cielo Drive y lo demuestra en el sutil modo en que desvía hacia su propia ficción cosas que ocurrieron. Por ejemplo, la anécdota de la autoestopista que lleva a Brad Pitt al rancho Spahn está inspirada en cómo conectó con la familia Dennis Wilson, el batería de los Beach Boys, devoto de Manson y de sus esclavas sexuales durante un tiempo. No sigo cotejando las tramas reales y las de Tarantino porque temo cometer spoiler, delito penadísimo en los mentideros culturetas.


    Imagen
    ARDE BEVERLY HILLS
    Quentin Tarantino consigue dar un significado gamberro y divertido a un adjetivo que antaño se puso de moda en el cine: “Crepuscular”. Porque crepusculares son los galanes de película, el propio Hollywood y la década de los años 60 del pasado siglo, cuyas flores están a punto de marchitarse bañadas en sangre y mugre.

DE CINE

Mensaje por Invitado » Mar 28 May, 2019 3:00 am

DE CINE

Mensaje por Invitado » Mié 22 May, 2019 5:29 pm


'Once Upon A Time In Hollywood' Press Conference - Cannes Film Festival


“Érase una vez en Hollywood” crítica de la nueva película de Quentin Tarantino
Carlos Gómez Iniesta y Rubén Peralta Rigaud comentan la nueva película de Quentin Tarantino, “Érase una vez en Hollywood” estrenada en el festival de Cannes 2019.




BOYERO: "NAUFRAGIO de TARANTINO en CANNES"
Carlos Boyero analiza 'Erase una vez en... Hollywood', la nueva película de Tarantino que ha sido presentada en Cannes.

DE CINE

Mensaje por Invitado » Mié 22 May, 2019 1:27 am


Once Upon a Time in Hollywood Trailer # 2


Pre estreno en Cannes de "Oce Upon a Time in Hollywood"


CRITICA MALA



Naufragio del muy esperado Tarantino

La trama de 'Érase una vez en... Hollywood' no se sabe bien adónde pretende conducir, con diálogos insustanciales y carentes de ingenio

Hay directores tan legendarios como escasos cuya nueva entrega se espera como agua de mayo, que convierten lo que hayan decidido parir en algo ansiado por los espectadores, la industria (tan necesitada del éxito de los más dotados en estos tiempos agónicos), los informadores y los críticos. La obra de Quentin Tarantino justifica esas expectativas. En Cannes su cine tuvo un bautizo esplendoroso hace 27 años con la revolucionaria Reservoir Dogs y en 1994 dejó flipado a todo el personal con la inclasificable Pulp Fiction, que logró la Palma de Oro y se ha convertido en un clásico. Por ello, la película que marcaba esta edición de Cannes, en la que estaban depositadas las esperanzas colectivas, era Érase una vez en... Hollywood. Tarantino aceleró hasta límites febriles su montaje para que se celebrara aquí el estreno mundial, la han exhibido en dos sesiones casi paralelas intentando algo tan democrático como que todos los asistentes a Cannes la vean al mismo tiempo. Antes ha salido un señor al escenario hablando en nombre de Tarantino y rogando que nadie cuente su argumento. En fin, un montaje a la altura de lo que se espera de las sorpresas confirmadas.

Y, efectivamente, es sorprendente. Pero no por la exhibición de talento que tantas veces ha acreditado su creador, sino por su lamentable falta de gracia, por una trama que no se sabe bien adónde pretende conducir, por diálogos insustanciales y carentes de ingenio (algo inaudito en el mejor y más original dialoguista del cine moderno), por situaciones alargadas hasta el aburrimiento, por actores excelentes como Leonardo DiCaprio, Brad Pitt y Al Pacino, que parecen tan perdidos como su director.

https://elpais.com/cultura/2019/05/21/a ... 96579.html



CRITICA BUENA


SensaCine

DE CINE

Mensaje por Invitado » Mar 16 Abr, 2019 8:44 pm

Análisis del 1º episodio de la ultima temporada de Juego de Tronos -Winterfell- SIN SPOILERS

DE CINE

Mensaje por Invitado » Mié 03 Abr, 2019 5:42 pm

GRACITA MORALES en Cómo está el servicio

DE CINE

Mensaje por Invitado » Dom 31 Mar, 2019 3:28 am

Los últimos jinetes de frontera galopan en un Ford

DAVID GISTAU




KEVIN COSTNER acaba de pasar por España para promocionar ‘Emboscada final –qué pésima traducción palomitera para ‘The Highwaymen’–, la película en Netflix sobre la caza de Bonnie & Clyde y su banda. Fue sometido a una rueda de prensa en la que se...

...declaró consciente de la cantidad de españoles que hay llamados Kevin por culpa de su papel en El guardaespaldas. Era posible intuir su fastidio cuando alguien le preguntó si tanto él y sus personajes recurrentes como la propia película, cargada de una añeja interpretación de la masculinidad directamente sacada del western, son de militancia trumpiana. Qué pesadez.

He aquí, revelada, la mutación actual de la eterna fobia antiamericana. La misma por la cual, antaño, los intelectuales europeos que se interesaban por el cine despacharon las películas de John Ford motejándolas de fascistas. Por supuesto, la palabra fascista, como ahora trumpiano, debía servir como eufemismo negativo de americano. El tipo de superstición cultural que, en el cine, también sufre Clint Eastwood, el autor que una vez dijo que para comprender su América bastaban el jazz y el western. Por eso dejó hechas dos obras maestras como Bird, la biografía de Charlie Parker en la que hay cosas que recuerdan a El perseguidor de Cortázar, y Sin perdón, que contiene una idea de la extinción cultural y de los hombres desconcertados por haber sobrevivido a su propio tiempo revisitada por Hancock y Costner en Emboscada final. El pretexto argumental es seguir la búsqueda de dos veteranos de los Texas Rangers que aún llevan un Colt al cinto y palpan los restos de las hogueras para comprobar su temperatura en un mundo que los deja atónitos por la irrupción de los pulcros G-Men del FBI que son capaces de escuchar lo que otras personas hablan por teléfono. Tan apartado de su siglo está ya ese pistolero fondón, Frank Hamer, incapaz de correr para perseguir a un crío, que, al proliferar los asesinatos que nadie logra detener, tienen que ir a buscarlo a su granja en una escena que, a saber por qué, me hizo pensar en cuando una comitiva de supremacistas blancos encabezada por Jack London hizo lo mismo para sacar de su retiro a Jim Jeffries con objeto de que evitara que un negro, Jack Johnson, se proclamara por primera vez campeón del mundo de los pesos pesados.

La inteligencia europea, la que antes intentó hacer pasar por fascista a un país que combatió el fascismo europeo en las playas y en los bosques, no es consciente del favor que hace a Trump al asociar automáticamente con él todo cuanto es genuinamente americano, todo cuanto se extiende más allá del cosmopolitismo de las grande urbes costeñas. Trump, quien al fin y al cabo es un millonario urbanita que lleva pocos años en la vida pública y sólo tuvo instinto para atender a la porción del país agraviada y olvidada por los mandarines demócratas y por los experimentos de ingeniería social, no inventó sin embargo esa América ni su emulsión cultural. Es anterior a él. Es mucho más grande que él. Incluso la percepción fatalista de su decadencia ocurre antes de Trump. Por circunscribirnos a Emboscada…, hablamos del mito de la carretera y de las grandes distancias esteparias, de los campamentos de los okies de Steinbeck, de los forasteros y, también, de una época, la de la Depresión, durante la cual, por fallar el Estado a sus ciudadanos y dejarlos sin oportunidades, la metralleta Thompson y el gánster que se labraba un destino diferente adquirieron un prestigio social descomunal. El que tenían, en su acepción romántica, Bonnie & Clyde, aclamados como ídolos del pop en los pueblos, pero una pareja de psicópatas a la que esta película trata de poner en el lugar de la memoria que le corresponde.

    Imagen
    ‘BORN IN THE USA’ Como Clint Eastwood, Kevin Costner es un cineasta fascinado por lo genuinamente americano. Ello le ha valido la hostilidad del prejuicio europeo que niega a EEUU incluso la capacidad de dispensar cultura. Si las epopeyas fronterizas de John Ford eran fascistas, las de Eastwood y Costner son reducidas al nuevo adjetivo maléfico: son ‘trumpianos.

DE CINE

Mensaje por Invitado » Jue 28 Mar, 2019 6:07 pm


Rodaje de Kubrick en El Resplandor - The Shining (1980)

Re: DE CINE

Mensaje por Assia » Mié 20 Feb, 2019 7:38 am

El manchego Pedro Almodovar, no solo salio su nombre en los papeles de Panama para pagar lo minimo a Hacieda. Almodovar que dicen (yo no lo se) que cobra subvenciones por sus peliculas segun GOOGLE ha apovechado la falsa propaganda de Rosalia para rodar 1 pelicula en la que la catalana cantara 1 copla de la inemitable Lola Flores: '' A TU VERA '' Que 1 manchego quiera sacar pagne de 1 catalana que no sabe cantar la copla andaluza ni el flamenco ligero, aun tiene pase porque ya sabemos gracias a los papeles de Panama que Almodovar lo que le gusta es el pagne. Al que no perdono si ES CIERTO LO QUE HE LEIDO, ES QUE SEA 1 MALAGUENO COMO ANTONIO BANDERAS EL QUE SE PRESTE A TRABAJAR EN ESA PELICULA BARATUCHA Y HABLANDO Y CANTANDO UN ANDALUZ POSTIZO. VAMOS, QUE ALMODOVAR NO HA SABIDO ELEGIR A COPLA MAS SENCILLA SINO 1 DE LAS COPLAS QUE HIZO GRANDE LA GITANA CANI: LOLA FLORES. ESTAIS TIRANDO A ANDALUCIA Y A SU CULTURA POR EL ESTIERCO.
CUANTOS FALTAS NOS HARIA AHORA OTRO CARLOS CANO QUE OS MANDARA CON SU ''MALA FOLLA'' GRANADINA A LA MIERDA A TODOS ESTOS ANDALUCES TRAIDORES. LA CULTURA ANDALUZA NO ESTA DE REBAJA POR MUCHO QUE LA QUIERAN REBAJAR LAS MULTINACIONALES. CON ALGUIEN CANTO: /// NO SE VENDE POR DINERO// NO HAY QUIEN COMPRE A ESTA MUJER/// MANUELA LA DE JEREZ///

DE CINE

Mensaje por Invitado » Dom 03 Feb, 2019 12:11 am

:spain:

DE CINE

Mensaje por antiespañoles » Sab 02 Feb, 2019 11:02 pm

@borjacobeaga sobre la petición de @vox_es de hacer una película sobre Blas de Lezo: "No me da la pvta gana"

DE CINE

Mensaje por Invitado » Sab 02 Feb, 2019 11:00 pm

Abascal: "No vamos a ir a los Goya y no queremos ni que nos inviten. Estamos hartos de que hablen mal de nuestra Patria y no vamos a ir a ningún sitio donde se insulte lo que siente y en lo que cree la #EspañaViva"

:spain:

DE CINE

Mensaje por Invitado » Mar 29 Ene, 2019 2:52 am

Imagen
Si eres fan de los documentales de asesinatos, la conoces.


La historia real que ha inspirado 'True Detective' es más inquietante que la serie (y está en HBO)

■ Niños en bici, satanismo y siniestras amenazas. Estos son los tres casos en los que se basa la nueva temporada de 'True Detective'.

■ Uno de ellos es el de los tres de West Memphis. La trilogía documental 'Paraíso perdido' cuenta su historia, y está disponible en HBO España.



El boom de los documentales criminales de los últimos años, gracias en gran parte a Netflix, nos ha generado un intenso interés por la crónica negra, y un olfato especial para los asesinatos reales. De hecho, es probable que tu serie de ficción preferida esté inspirada en algún suceso que recogieron los informativos hace años. En esta ocasión le ha tocado a 'True Detective'. Así es, la tercera temporada de la aclamada producción de HBO contiene sutiles referencias a tres casos que conmocionaron a Estados Unidos, y que nos ayudan a prevenir posibles giros argumentales.

Damos por hecho que ya le has echado un vistazo al primer episodio de esta nueva entrega; si no es así, te ponemos en antecedentes. Mahershala Ali ('Moonlight', 'House of Cards') es Wayne Hays, un policía que investiga, en diferentes líneas temporadas, el caso Purcell: William y Julie, hijos pequeños de un matrimonio mal avenido de un pequeño pueblo de Arkansas, desaparecen en un paseo en bicicleta, en noviembre de 1980.

Los tres de West Memphis

Nuestros compañeros de la edición estadounidense de 'Vanity Fair' han publicado un artículo en el que analizan los asesinatos reales en los que se ha podido basar Nic Pizzolatto para crear su nueva historia, y es probable que, si eres seguidor del true crime, conozcas uno de ellos, el más evidente:
los tres de West Memphis. Se trata de un caso tristemente célebre en 1993, abierto tras el descubrimiento de los cadáveres de tres niños de ocho años en un municipio de Atlanta: Steve Branch, Michael Moore y Christopher Byers.

Por aquello fueron condenados tres adolescentes: Damien Echols, de 18 años, Jessie Misskelley Jr., de 17, y Jason Baldwin, de 16. En 1996, el documental 'Paraíso perdido: los asesinatos de los niños de Robin Hood Hill' narró esta historia, y pronto se convirtió en un título paradigmático en el género. Te puedes imaginar por qué: las pruebas contra ellos no eran precisamente sólidas. Puedes ver la trilogía completa de este documental en HBO España.



Las referencias que por ahora vinculan este caso con la tercera temporada de 'True Detective' son varias y claras. En primer lugar, el universo donde se ambienta la ficción, West Finger, Arkansas, que nos recuerda a West Memphis, del mismo estado. En segundo lugar, los inquietantes jóvenes que conducen un escarabajo violeta y que tienen cara de pocos amigos. Cuando Wayne Hays y su compañero Roland West (Stephen Dorff) interrogan a uno de ellos, Ryan Peters (Brandon Flynn), le preguntan por su camiseta de Black Sabbath, que si es satánica.

A los tres de West Memphis también se los relacionó con el satanismo y el ocultismo, lo que no queda muy bien cuando te están juzgando por asesinato, y aquello creó cierto pánico social en la época. Por último, sabemos que Amelia Reardon (Carmen Ejogo) escribe una crónica que se convierte en un best seller. La periodista Mara Leveritt hizo lo mismo en 2002: 'Devil’s Knott' fue llevado al cine en 2013, en la película 'Condenados'.

El caso de Jacob Wetterling

Niños en bici y una peligrosa amenaza. El segundo suceso real que podemos localizar en 'True Detective' es el de Jacob Wetterling, un niño de 11 años, de St. Joseph, en Minnesota, que fue secuestrado y asesinado en 1989. Desapareció junto a su hermano y un amigo, pero ellos fueron liberados. Como recuerdan en 'Vanity Fair', el podcast 'Into the Dark' abordó en 2016 este trágico episodio, y recogió la noticia de que Danny Heinrich, sospechoso del crimen en la época de la investigación, había revelado por fin a las autoridades dónde se encontraban los restos del pequeño.

El caso estuvo casi 30 años sin resolver. La referencia de la serie es evidente, ¿no? William y Julie Purcell desaparecen en sus bicis, un símbolo nostálgico y a la vez inquietante, ya que Wetterling se esfumó con ella (desde ese momento, muchos padres prohibieron a sus hijos hacer expediciones sin su supervisión). Una ley de 1993 que endurece las penas contra los agresores y violadores de niños lleva el nombre de la víctima.

Los chicos de las vías

El último capítulo de la crónica negra estadounidense que recoge 'Vanity Fair' tiene una conexión menos estrecha que la anterior con la ficción de HBO. ¿Recuerdas a Mara Leveritt, que narró en un libro el caso de los tres de West Memphis? También escribió 'Boys in the Tracks', sobre la muerte de Kevin Ives y Don Henry, de 17 y 16 años, de Alexander, Arkansas. Sus cuerpos aparecieron en 1987, junto a unas vías, y aunque en un momento se barajó la idea del accidente, más tarde se teorizó con que podían estar relacionados con una operación narcótica del gobierno.

¿Tuvieron las autoridades algo que ver? Antes de salir de casa, Ives y Henry preguntaron a sus padres si podían salir a hacer spotlighting, cazar de noche con una linterna (una actividad ilegal), y en 'True Detective' vemos a la policía hacer lo mismo al rastrear el terreno en busca de William y Julie. Aún no tenemos muchos más datos sobre qué ha podido ser de los pequeños, pero estos casos nos permiten hacer nuestra propias conjeturas.

Arriba